Capítulo Dieciséis: Todo lo bueno tiene un final
James volvió a sentir en el pecho la punzada de aguda tristeza cuando vio al sanador Sullivan mirar con mala cara el extraño termómetro con el que había medido la temperatura de su padre. Un humo verdino llenó la pequeña aguja, y el anciano se encargó de guardarla con rapidez para evitar que James pudiera verla.
-Debería pasar esta noche con ellos- dijo el chico pensando en la fiesta como un acto lejano y sin importancia, a pesar de que era aquella misma noche.
-Tu padre me ha pedido expresamente que te lo prohíba. Me ha dicho que te lleve yo mismo al valle de Godric si hace falta, que ya habrá tiempo de celebraciones mañana, en el nuevo año.- le comunicó el señor Sullivan sin perder la arruga de preocupación que había lucido en el entrecejo desde que entró a la habitación de sus padres.- tu madre dice que jamás se perdonaría que tuvieras una fiesta de fin de año tan deprimente.
-Pero… ¿no entienden que no voy a divertirme sabiendo cómo están?- dijo James más para sí mismo que para el sanador.
-Creo que confían en que algo…- "o alguien", le pareció a James que iba a decir- pueda distraerlo y hacer que se divierta.
-¡Increíble!- James golpeó con dureza la pared del pasillo, pero el anciano no se inmutó.
-Deberías hacerles caso, James, bastante duro está siendo para ti, tengo entendido que llevas una semana sin salir de casa día no y día sí, porque te vayas una noche y te despejes… no te hará ningún mal.- el anciano puso una huesuda y larga mano sobre su hombro, intentando tranquilizarlo, pero al muchacho lo inquietó aún más el gesto.- además, Gipsy cuidará de ellos. – Marcus Sullivan retiró la mano con rapidez al notar el escalofrío del chico.
-Tengo tiempo para pensármelo- James lanzó una mirada altanera al anciano, que cerró los ojos lentamente, con cansancio y pesadez. Al joven le pareció que habían pasado años cuando volvió a abrirlos.
-Cuídate, muchacho.- volvió a darle un suave apretón, más fugaz, y bajó las escaleras con aquella lentitud tan propia de él.
James suspiró y agradeció que el anciano se hubiera ido, había estado aguantando las lágrimas un buen rato, y los ojos le escocían, sin embargo, ni una sola gota salió de ellos. Apretó los puños y las mandíbulas y entró a la habitación de sus padres. Le recibió un ambiente seco y cargado, oscuro y denso. Su madre tosió débilmente, y abrió apenas un poco los ojos cuando notó que había alguien en la habitación.
-James… cariño… deberías- volvió a toser trabajosamente- deberías estar… arreglándote.- James se acercó a su madre y le cogió una mano temblorosa. Estaba helada. Como si fuera un cadáver en vida, como si estuviera anticipando lo inevitablemente cerca que estaba de morir.
-Me quedo con vosotros.- Una nueva tos, esta vez más ronca y fuerte, se elevó en el ambiente, el padre de James alzó un fuerte puño en alto, que cayó flácido al instante.
-¡No… digas… necedades!- gritó con la voz rasgada por la tos. James se sintió muy culpable por haber hecho que su padre se esforzara tanto para hablar.
-James, cariño…- su madre lo contempló con los ojos castaños humedecidos- nosotros no estamos ya para comer uvas… y menos en doce segundos.- Dorea consiguió al fin hacer reír a su hijo, que hubiera estallado en miles de desesperadas carcajadas si no se hubiera controlado.
-James… yo… yo nunca… perdí la oportunidad… de ir a una… fiesta- dijo su padre mirándolo decepcionado.- nunca. Así fue… como… como conocí a Dorea- James oyó la débil y suave risa de su madre.
-Dice la verdad- susurró la mujer- siempre…decía… que su hijo… saldría a él en ese… aspecto.
-Pero ya veo que no- Charlus Potter volvió a lanzar a su hijo una fugaz mirada de censura.
-Prométenos… que… irás… Hazlo, James- su madre apretó con inusitada fuerza la mano de su hijo, y James se asustó por la intensidad de la mirada de su madre.
-Lo haré- James habló con voz queda, conteniendo una emoción que amenazaba con escapar de su pecho.
-Y prométenos… que… te cuidarás… siempre.- Dorea volvió a apretar con fuerza la mano de su hijo.- que te casaras… con Lilian, y seréis felices… y tendréis niños… preciosos- a estas alturas, la mujer estaba casi llorando, con los ojos perdidos, imaginando una estampa de felicidad en la futura familia de James, una familia que ella nunca llegaría a conocer.
-Mamá…
-Y… y que… siempre, siempre… y pase lo que pase… lucharás… lucharás por lo que crees… por lo que quieres… por el bien, James… como te hemos enseñado- James se preguntó si su padre estaba al tanto de los ataques de Voldemort, pero fue un pensamiento fugaz, que volvió a desvanecerse tan rápido como había llegado.
-Papá…
-¡Hazlo!¡Prométenos que serás feliz!- gritó su madre exaltada. El esfuerzo hizo que de nuevo se desencadenase una nueva tanda de toses.
-¡Lo haré!¡Lo haré!¡Os lo prometo!- chilló James a su vez, deseoso de que aquel ataque terminara de una vez y su madre volviera a recuperar la respiración lenta y sosegada.
-Te queremos, James, ahora ve a arreglarte- dijo Dorea cuando el ataque acabó. James la contempló de nuevo, y de repente pareció que su madre nunca había estado enferma. Una paz y serena tranquilidad acudió a su rostro. Sonrió a su hijo, y cerró los ojos, cayendo en un profundo y apaciguado sueño.
-James salió de su habitación con lentitud, sin dejar de contemplar a sus padres, dormidos en una misma cama, agarrados de la mano. Cerró la puerta con suavidad para no despertarlos.
-Lo… hicimos… bien con …él, ¿no es así, Charlus?- susurró Dorea.
-Tiene … lo mejor… de ambos, querida…- y el señor Potter acarició con ternura, con delicadeza, la mejilla de su esposa, sintiéndose dichoso por su hijo, sintiéndose amado y querido por su mujer.
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- Lily, deberías tranquilizarte- aconsejó Estelle por milésima vez aquella tarde a la otra pelirroja.
- ¡No me ha llamado! ¡Ni un solo día!- gritó Lily desesperada, lanzando por los aires tres camisetas y dando vueltas por la habitación sin parar.
- Me vas a marear…- la pelirroja de pelo rizado fue víctima de una mirada asesina color esmeralda- vamos, Lily, ¿acaso lo has llamado tú? ¿No crees que tal vez esté un poco mosqueado por no habernos dicho delante suya que érais… novios?
Lily se tapó inmediatamente los oídos ante la mención de esa palabra. Con el paso de los días de aquella larga semana, el no tener noticias de James no había hecho más que plantearle si no se trataba de otra sucia jugarreta del vil, cruel y mezquino Potter de siempre. Su corazón se rompía en mil pedazos al imaginarse si quiera que todo hubiera podido ser una farsa, pero entonces volvía el recuerdo de aquellas horas en el jardín de la mansión de Godric Gryffindor, y por un segundo volvía a estar completamente segura de que James era sincero con sus sentimientos. Por desgracia un segundo no era el tiempo suficiente para hacerla sentir mejor.
-No digas más esa palabra, Estelle- le pidió esta vez más calmada a su amiga. La chica de ojos azules se levantó y la llevó al tocador agarrada de los hombros, donde la sentó en un elegante taburete blanco.
-No te preocupes, Lils, esta noche te enterarás de qué le ha pasado- dijo cogiendo un peine y arreglando la larga melena de su amiga.
-Pero yo no quiero ir…- ésta enterró la cabeza en la mesilla del tocador y fingió sollozar.
-Claro que quieres ir- sonrió Estelle obligándola a levantar la cabeza y contemplarse en el espejo- ¿dónde está la Lily valiente, impulsiva- Lily hizo una mueca, pues no pensaba que fuera nada impulsiva- y con ese fuerte carácter que se enfrentaba a todos sus miedos?- Lily volvió a hacer una mueca.
-Esa Lily no existe, te la has inventado tú- le espetó. Estelle le sacó la lengua a modo de burla.- y no voy a ir- se cruzó tercamente de brazos y cerró los ojos como si así pudiera expulsar todos sus fantasmas… o por lo menos echar a Estelle de la habitación. Pero eso no valía con su persistente amiga.
-Está bien, entonces vas a dejar que alguna otra muchacha sedienta de merodeador en traje se le eche al cuello en busca de un poco de amor, ¿no es así?- Lily abrió los ojos con una mirada un tanto homicida brillando en ellos. Estelle había pulsado el botón correcto, y casi podía ver a través de los verdes ojos de su amiga como ésta se encargaba de tirar al fondo del mar a una contrincante sin rostro.
-Vale, vamos.- y se levantó tan rápido camino del armario que casi se golpeó la cabeza con la lámpara que colgaba del techo, aunque ni siquiera pareció darse cuenta.
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Gipsy recibió a Sirius con la reverencia acostumbrada, aunque el merodeador no le prestó mucha atención y esperó ávido la respuesta de la elfina sobre dónde estaba James.
-En su habitación, señor, ¿quiere que le avise?- preguntó con la voz chillona de siempre.
-No, no es necesario, le daré una sorpresa- la elfina le devolvió una mirada desconfiada, pero dejó que el chico subiera los escalones de tres en tres hasta el cuarto de su amigo.
Estaba a punto de entrar sin ni siquiera llamar cuando oyó unos ruidos que lo dejaron paralizado… eran unos sollozos. Graves, interrumpidos. Sollozos de rabia, pena e impotencia. El vello se le puso de punta al darse cuenta de que era James el que lloraba… y pensar que estaba a punto de echarle la bronca del siglo por no haber hablado con él en una semana, ni haber contestado a sus cartas…
Golpeó la puerta con fuerza y esperó la respuesta de James.
-¿Quién es?- le gritó una voz pastosa y llena de ira.
-James, tío, soy yo, Pad- contestó Sirius intentando que su voz pareciera tan normal como siempre. James tardó un rato en contestar, aunque finalmente respondió con un "pasa" bastante seco.
-¿Qué hay, amigo?- Sirius entró con la sonrisa en la boca, aunque se le congeló pronto en el rostro- Vaya pinta tienes, Prongs- dijo al ver los ojos enrojecidos y la cara blanca de su amigo.- ¿Qué es lo que ha pasado?
-James lo miró con el ceño fruncido, culpándolo por haberlo pillado en semejante y deplorable estado.
-No deberías estar aquí- le espetó con dureza.
-¿Qué? ¿Qué quieres decir? ¿Qué es lo que pasa?- la preocupación de Sirius iba creciendo exponencialmente a medida que pasaban los segundos.
-No te importa para nada, deberías estar fuera de esta casa- respondió James con un tono que invitaba a obedecerle. Pero Sirius no estaba dispuesto a moverse de allí.
-No hasta que no me digas que ocurre, por qué estas así. Me tenías preocupado, James- dijo tercamente ignorando la mirada homicida de su amigo.
-A nadie le importa lo que pasa, Sirius- dijo tras unos segundos. La tensión de su rostro se calmó para mostrar los verdaderos sentimientos que cruzaban su rostro, y había mucha tristeza en ellos.
-A mí sí, James. Siempre lo dijimos. Juntos, en lo bueno y en lo malo. Desde que éramos unos mocosos de 11 años. Siempre lo compartimos todo, como hermanos- replicó el merodeador.
-¿Quieres saber lo que ocurre, Sirius?- James alzó una mirada oscura hacia Sirius, que no se amilanó- lo que ocurre es que pronto, muy pronto, James Potter será, además de James Potter, huérfano de padre y de madre.
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- ¿Por qué me has invitado a venir, exactamente, Remus? Creo que soy la última persona en el mundo que podría ayudarte- Yasmine observó los extraños cachivaches que el chico tenía sobre la mesa.- además, es un poco raro que sea yo la que esté en tu casa…
- ¿Por qué? Somos amigos, ¿no?- Remus la miró con ojitos de cordero degollado, pero Yasmine aún se sentía desconfiada. No sabía si Remus sabía algo de su relación con el lado oscuro, y no ayudaba que desde la mañana de Navidad no parara de ver fantasmas por todos lados. Replicaba a su madre, a sus hermanos, y lo poco que había visto a sus amigas había estado sumida en un inusual silencio. Por eso cuando Remus le envió aquella lechuza urgente se sintió más sorprendida y nerviosa que curiosa.
-¿Y Shyne?- preguntó sin contestar a la pregunta del licántropo.
- Arreglándose para la fiesta de James, dice que tarda horas y bla bla bla… - hizo un gesto elocuente con la mano y rodó los ojos aburrido.
- Es tu novia- afirmó Yasmine alzando una ceja.
-Lo sé- Remus resopló igual de aburrido que antes.
- Eres un maldito capullo…
-¡Ey!- se quejó Remus dolido.
- De ¡ey! Nada, ¿cómo puedes hablar así de tu novia?- le espetó Yasmine con el entrecejo fruncido.- eso nos duele a todas las chicas.
- Si, tienes razón, soy un capullo, no fue una buena idea salir con ella- admitió Remus arrepentido.- en realidad ni siquiera fue idea mía, era mejor el sexo que una rela…
- Oye, oye, oye- Yasmine se tapó los oídos con ambas manos y cerró los ojos- ahórrate los detalles morbosos.
- A cualquier chica le encantaría saber los detalles morbosos de un merodeador- Remus la miró con una sorprendida ceja alzada.
- De un merodeador tipo James o Sirius, y ni siquiera eso.
- Eso sí que ha dolido- se quejó Remus con su orgullo herido de muerte.
- ¡No quería decir eso!- exclamó Yasmine sonriendo a su pesar al darse cuenta de por dónde había tomado Remus sus palabras, y sentándose en la cama al lado del chico.- quería decir que tú no eres de la misma clase que tus amigos… tú eres el merodeador intelectual, romántico, cariñoso… y sí, vale, con un gran atractivo sexual, todo hay que decirlo.- añadió poniendo los ojos en blanco al ver la cara insatisfecha del licántropo.- además, creo que si dijeras que eres un licántropo salvaje ligarías más y todo…tal vez si informara a la Gaceta de Hogwarts…- empezó a fantasear la morena borrando la sonrisa de triunfo de la cara de Remus.
-¿¡Estarás de broma no!?- exclamó el chico con verdadero estupor separándose de ella rápidamente.
- Pues claro, tonto… Creo que lo de intelectual lo borraré de la lista- bromeó ella.
-Muy graciosa- ironizó Remus.
-Lo sé. Y bien, ¿me vas a explicar el urgente motivo por el cual estoy aquí en lugar de arreglándome para la fiesta con mis amigas?- Remus lo miró de nuevo con cara de cachorrito lobuno bueno.
- Bien…- empezó el merodeador algo inseguro- de eso se trata… quiero que me ayudes a… acercarme a Estelle.- Yasmine lo miró con los ojos entrecerrados unos segundos, no parecía para nada sorprendida por la noticia, aunque no pudo dejar de sentirse aliviada al comprender que Remus no tenía ni idea de su problema.
- ¿Y cómo podría ayudarte a eso?
- Verás… sé que le ha ocurrido algo, algo que la ha llevado a odiar a los de mi clase.
-¿Y por qué no le has preguntado qué es?- a Yasmine le vino fugazmente a la cabeza la imagen de su amiga destrozada mientras les contaba la historia de su padre, y un escalofrío recorrió su espina dorsal.
- No es fácil. No es que me haya dejado acercarme mucho a ella- reconoció apesadumbrado Remus.- es duro.
-Lo sé, Lily y yo intentamos meterle en la cabeza la idea de : licántropos hay buenos y malos, pero cada vez que le sacábamos el tema, se tiraba horas sin hablarnos. Pero no te entiendo, ¿por qué podría ayudarte yo? ¿Por qué no le has pedido ayuda a tus amigos, o a Lily?- aquella cuestión la estaba intrigando demasiado.
- Bien… James y Sirius, serán lo que quieras, pero a veces son poco… delicados. Y Lily… Lily jamás me ayudaría a engatusar a Estelle, si ella no me acepta por sí misma. Además ya se han peleado bastante por mi culpa.
- Así que en realidad la única opción que te quedaba era yo- dijo entendiendo que era el último plato de Remus.
-En realidad fuiste mi primera opción.- le confesó el chico, sorprendiendo a Yasmine.- creo que eres la persona adecuada.
-Estás loco.
-¿Me ayudarás?- preguntó Remus esperanzado.
-Por Merlín…- suspiró Yasmine, pensando que ya tenía bastantes problemas como para meterse en uno más- sí, te ayudaré, pero no si me vuelves a poner esos ojitos… a mí el chantaje emocional me pone de mala leche- le avisó Yasmine. Remus sonrió y corrió a abrazarla efusivamente.
-¿Y qué debo hacer?- preguntó Remus entusiasmado.
-Lo primero, sincérate con Shyne. – por la cara que puso, Yasmine entendió que al joven le hubiera gustado empezar por otra cosa… más sencilla- y cuanto antes, mejor.
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-No se van a salir con la suya…- Claudy se retocó a golpe de varita su estirado moño rubio adornado con pequeños diamantes mientras su mejor amiga Monique, y prima de Henry, la contemplaba reír con superior desdén.
-¿Y qué piensas hacer? Sirius te ha dejado. Van a estar juntos si es lo que quieren…- la joven intentó ajustarse aún más el corsé, de modo que sus pechos subieron un par de centímetros más y su cintura se estrechó de nuevo. Claudy terminó de arreglarse el pelo y se acercó a su pequeño bolso dorado de fiesta. Lo abrió y sacó una pequeña y brillante botellita azul de él.
-Con unas gotitas de esto… se les acabará la felicidad para siempre.- dijo ensanchando su cruel sonrisa perfecta.
-¿Qué es?- Monique contempló el botecito maravillada.
-El elixir de la pasión…- Claudy guardó el frasquito de nuevo, sin revelar a su amiga más acerca de los efectos que aquel elixir podría producir. Por su parte, Monique no entendió para qué diablos la pareja necesitaba más pasión de la que ya destilaban aún sin estar juntos, ni cómo demonios aquello iba a conseguir separarlos en lugar de unirlos aún más.
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-¿Por qué no me dijiste nada?- Sirius no quería que su amigo percibiera el dolor de su voz, pero no pudo evitar el tono amargo. James lo miró con los ojos enrojecidos. Nunca había llorado delante de nadie, y mucho menos de sus amigos. Aquello lo había pillado desprevenido y aún se sentía violentamente intimidado. Por eso le sorprendió la dolida pregunta de Sirius.
- Pensé que…- dijo encogiéndose de hombros- que quizás era algo que yo debía llevar solo. No quería que nadie se compadeciera de mí.- Sirius lo miró sorprendido.
- Menuda gilipollez- soltó sin ninguna delicadeza- ¿qué? ¡No me mires así, James!- le espetó ante la mirada que le había lanzado- ¿compadecerte? ¡Ayudarte! ¡Tal vez eso es lo que hubieras necesitado! ¡Ayuda! ¡Pero no! James Potter es muy maduro, muy mayor como para aguantar solo semejante problemón. Nadie, James, es capaz de eso… a mi me hubiera gustado que estuvieras ahí…
- ¿Has terminado ya el sermón?- replicó James sin sonreír. Sirius suspiró como si su amigo no fuera más que un hijo rebelde.
- A veces eres tan… terco… te pareces a Lily en esos momentos. ¿James? ¿Qué te pasa?- el chico de gafas había adquirido un peligroso color pálido.- espera un momento… ¿Lily? ¿no has llamado a Lily desde Navidad?- que la palidez aumentara en el rostro de James no pudo más que interpretarse como una afirmación por parte del merodeador.- dios, Prongs… la has metido hasta el fondo…- esta vez Sirius no pudo más que sonreír ante la ida de cabeza de su amigo.
-¡Vamos al baile!- James se levantó con rapidez camino del armario en busca de su túnica de gala recordando la promesa que le había hecho a sus padres acerca de Lily… y si no se equivocaba… el cabreo de la pelirroja sería tal que no la dejaría acercarse a él hasta que no pasaran miles de años… por lo menos.
Por suerte para James, el anfitrión del baile, Gipsy estaba más que dispuesta a colaborar en la puesta a punto de la mansión del valle Godric Gryffindor. Si no hubiera sido por Sirius, que desde que había dejado la casa de campo de su tío Alphard estaba viviendo en la mansión prestada por James, la casa tendría un aspecto deplorable. Y allí estaban, intentado que en tres horas escasas aquello adquiriera el ambiente lo más festivo posible.
-Menos mal que he ido a avisarte temprano.- dijo Sirius mientras observaba a Gipsy desaparecer de un chasquido- si no hubieras tenido a decenas de alumnos de Hogwarts emperifollados y cabreados por no tener fiesta alguna.
-Eso no me ayuda- dijo James mientras corría de un lado a otro de la casa intentado hacer algo pero demasiado ocupado pensando en qué podría hacer aquella noche con Lily. Gipsy apareció al instante con una docena de elfos domésticos de Hogwarts y empezó a dar órdenes con su potente vocecita chillona.
-Por cierto, ¿a quién has invitado?
-Era una invitación abierta- respondió James intentado centrarse- cuando Remus, Peter, tú y yo vinimos en Navidad, después de ver como estaba la casa, mandé lechuzas a unas cuantas personas.- Sirius alzó las cejas. Dada la popularidad de James en Hogwarts, esas "cuantas" personas se convertían en "muchas" personas.
-¿Invitación abierta? ¿quiere decir eso que…que Claudy puede aparecer por aquí en cualquier momento?- dado que su relación había terminado con Sirius echándola de la casa de su tío, no le alentaba la idea de verla aparecer por la puerta principal de la casa con sus aires de princesita mandona. James le lanzó una mirada que podría traducirse como "no me agobies más y ayúdame a ver qué puedo hacer con Lily". Sirius suspiró y siguió a su amigo a la cocina, donde los recibieron una docena de elfos comenzando a preparar suculentos manjares para aquella noche.
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Lily pitó tres veces el claxon de su escarabajo en la puerta de la casa de Yasmine, que vivía en un barrio residencial y tranquilo alejado del bullicioso centro londinense. La joven de pelo castaño oscuro no tardó en aparecer en la entrada de la casa. Llevaba un bonito vestido de raso color marfil con adornos dorados, unas sandalias altas doradas, y el pelo recogido en un moño romano que dejaba caer mechones libres sobre sus hombros, cubiertos por un chal de seda también de color marfil.
-Estás impresionante- dijo Estelle mientras Yasmine subía a la parte de atrás del coche.
-Sí, lo estás, como siempre- afirmó Lily haciendo reír a Yasmine- pero la próxima vez no nos dejas tiradas en una tarde de chicas- le espetó la pelirroja con dureza.- ¿dónde has estado?
-En casa de Remus- respondió Yasmine resueltamente, contemplando con cierta satisfacción como a Estelle la sonrisa se le quedaba congelada en el rostro.
-¿Y qué hacías en casa de Remus?- Lily la miró extrañada por el espejo retrovisor interior.
-Tenía unas dudas sobre pociones.- Yasmine sabía que antes de que Estelle se enterara de que Remus era un licántropo, ella era la encargada de las clases particulares de pociones del merodeador.
-Ya…- Lily no termino de creérselo y miró a su amiga dándole a entender que tenían una charla pendiente. Pero Yasmine solo sonrió enigmáticamente y volvió la cabeza hacia otro lado.
-¿Y a dónde vamos? ¿la fiesta no es en el valle de Godric?- preguntó para cambiar de tema mientras Lily arrancaba el coche.
-Antes tenemos que ir a por Iona y Kate.- Yasmine asintió entusiasmada y Estelle volvió a meterse en la conversación, intentado que no se le notara lo más mínimo lo mucho que la había turbado que Yasmine hubiera pasado la tarde en la casa de su nuevo y odiado vecino.
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Lily puso a Yasmine al corriente de su no-relación con James durante el trayecto, aunque cambió súbitamente de tema al recibir a Kate e Iona en el centro de Londres. Dejaron el coche aparcado en una calle poco transitada y las cinco chicas se aparecieron conjuntamente en el valle de Godric, guiadas por Lily, que ya había estado allí y sabía aparecerse directamente en casa de James.
-¿Y por qué has venido?- le preguntó Yasmine a su amiga en una mal disimulado susurro mientras atravesaban la enorme verja negra de la entrada.
-Chst.- Lily lanzó una rápida mirada a sus compañeras de habitación, pero Estelle le indicó con una mirada que no habían oído nada, iban demasiado ocupadas admirando la mansión de James.- no lo sé, no lo sé- de repente aquella fuerza de la que Lily gozaba normalmente había desaparecido- tal vez debería irme, tal vez no quiera verme más y esa es su forma de decirlo.
-Claro, así no verás cómo se le abalanzas encima las fieras hambrientas, muy valiente por tu parte Lyls, eso de no afrontar las cosas directamente- dejó caer Estelle.
-Tiene razón- Yasmine suspiró y a Lily se le acabó la baza de que fuera su otra amiga la que estuviera de acuerdo con ella- pero no por eso, James te debe una explicación.
Habían llegado a la puerta principal, de madera clara y pulida. Allí les esperaba una anciana elfa doméstica erguida servilmente.
-Buenas noches, señoritas- dijo con una voz chillona pero no desagradable.
-¡Señoritas!- exclamó una voz desde dentro de la casa que Yasmine conocía muy bien. Yasmine y todas las demás claro, pero ella fue la que retrocedió automáticamente un paso al ver aparecer a Sirius en la puerta.- ¡Nosotros recibiremos a las señoritas, Gipsy!- dijo seductoramente. Posó rápidamente la mirada en Yasmine, para desviarla a la velocidad del rayo hacia Lily, Estelle, Iona y Kate.- ¿Qué tal están, encantadoras damas?- dijo mientras besaba caballerosamente la mano de todas menos la de Yasmine. Ella lo miró con disgusto pero no protestó.
-¡Anda, Sirius, déjate de remilgos!- exclamó Estelle dándole un cariñoso beso en la mejilla. Yasmine pudo jurar que algo tenía que ver en ese saludo que ella hubiera pasado la tarde en casa de Remus.- ¿dónde está la música?- preguntó animadamente.
-Déjame que la conduzca, hermosa dama- Sirius la cogió de la cintura, tal vez con el mismo propósito que la pelirroja, y ambos desaparecieron al interior de la casa. Iona y Kate los siguieron entusiasmados, pero Lily y Yasmine se quedaron plantadas en la puerta. Ambas amigas se contemplaron resignadas unos segundos, y luego se echaron a reír a la vez. Se cogieron de la mano y juntas entraron a la casa, con más fuerzas que si lo hubieran hecho por separado.
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-Lily ha llegado- informó Remus a James. Ambos estaban en la cocina, terminando de despedir a los elfos que habían preparado la comida, y Remus se había asomado a la puerta cuando había visto entrar al grupo de amigas. No le gustó la manera en que Sirius agarraba a Estelle, pero se limitó a fruncir los labios en un gesto de impaciencia y girarse a su amigo.
-¿Qué voy a hacer, Moony?- James estaba pálido y sudoroso. La simple idea de enfrentarse a Lily después de una semana entera sin hablarle le hacía sentir hasta fiebre.
- Tal vez… deberías contarle el motivo por el cual no la has llamado- aventuró Remus con delicadeza. Pero a pesar del tacto del licántropo, James lo miró con mala cara.
-No puedo hacer eso- dijo rotundamente.
-¿Por qué?
- Porque… sencillamente no puedo, Rem, es imposible- decaído, se sentó en una silla descuidadamente y se cubrió la cabeza con las manos.
- Pues algo debes hacer si no quieres perderla para siempre, James, y créeme, la verdad desde el principio es la mejor solución- aconsejó Remus pensando en su propio caso.- y no creo que Lily sea tan poco receptiva como Estelle.
Remus fue interrumpido por un fuerte chillido de alegría procedente de la entrada. Al poco tiempo entró Sirius, que agarraba por los hombros al rechoncho Peter Pettigrew.
-¡Pet ha venido!- exclamó Sirius con entusiasmo. Remus y James se acercaron a saludar a su amigo- decía que las vacaciones en una pista de esquí con su madre estaban siendo aburridas y que ha decidido olvidar una fiesta de fin de año de lujo para estar aquí, con sus amigos- les informó Sirius.
-Sí, esto… quería estar esta noche con vosotros-Peter suspiró aliviado. No le habían invitado a ninguna fiesta, pero algo tendría que decir para impresionarlos y que no se dieran cuenta de lo muy aburridas que eran las Navidades encerrado en casa con su madre, y afortunadamente se lo habían creído.
-Genial, Pet- James sonrió con sinceridad y Remus le dio al chico unas palmaditas en la espalda.
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-¿Por qué no da la cara, el cobarde?- preguntó Lily a Yasmine mientras la segunda cogía un rico canapé de una bandeja de plata.
- Dale su ti…¡arg!- Yasmine se atrangantó con el canapé, y no era para menos. Por la puerta del salón acababan de aparecer Claudy, seguida de Monique, y el primo de ésta, Henry, que no tardó en encontrar a Yasmine con la mirada.- ¿Qué hace esta aquí?- chilló en un susurro desesperado mientras Claudy le sonreía con hipocresía y meneaba su larga melena rubia y extremadamente lisa.
-No tengo ni idea, pero yo me preocuparía más por Henry… ni siquiera te despediste.- Yasmine observó al chico, que no dejaba de mirarla, y suspiró.
-Ahora vengo.- y dejó a la pelirroja con una copa de champán en la mano mientras ella iba a enfrentarse a sus propios errores.
-¡Ey, Lyls!- Estelle apareció detrás suya con las mejillas coloradas y el pelo rizado empezando a alborotarse de tanto bailar.- ¡tengo una idea perfecta para que James reaccione! ¿Sabes quién me ha pedido que te presente?- preguntó con los ojillos chispeantes. Lily se encogió de hombros, temiéndose alguna idea loca de su amiga.
- ¡Patrick Dempt!- exclamó la pelirroja más emocionada que Lily, que no tenía ni idea de quien le hablaba- ¡oh! Lily, vamos. ¿No has oído hablar de él? ¡Imposible! Dejó Hogwarts hace cuatro años, y trabaja como medimago con mi hermano. Fue Premio Anual, tuvo numerosos premios al servicio del colegio, ¡incluso salvó a un chico de las ramas del Sauce Boxeador!
-¿Y qué hace él aquí?- preguntó Lily más curiosa que impresionada por los méritos de aquel joven.
- La invitación era abierta…. Y yo le dije que se pasara- Estelle le guiñó un ojo cómplice, y Lily comprendió que su amiga ya lo tenía todo planeado. Se dejó arrastrar por ella siendo consciente de que no le quedaba más remedio, aunque no pudo evitar sentir una pizca de curiosidad por conocer al famosísimo Patrick Dempt.
- Hola, Lily- Patrick era un joven moreno, con la piel clara y los ojos de un azul oceánico.- Estelle me ha dicho que eres encantadora.- la saludó con un beso en la mano y Lily sonrió.
- Sí, ella también es Premio Anual este año- informó Estelle con una sonrisa enorme.
-Genial- Patrick miró a Estelle de una forma que a Lily le pareció… ¿especial? Genial, así no tendría que fingir que estaba perfectamente. Podría dejarlos solos y esperar a James.
- Bien, chicos, Patrick, encantada de conocerte, pero creo que… tengo que ir a por una copa, casi está- dijo a pesar de que estaba completamente llena- lanzó una mirada de disculpa a Patrick, que estaba más interesado en Estelle que en que Lily se fuera, y los dejó en el sillón en el que estaban. Sabía que Estelle la mataría por lo que acababa de hacer, pero así tendría una buena excusa para poner celoso a Remus después de haber pasado la tarde con Yasmine. Al fin y al cabo, Lily era Lily, y no se le escapaba una.
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-Hola, Henry- Yasmine se acercó al ravenclaw, que le devolvió una sonrisa educada.- ¿cómo estás?
El chico guardó silencio unos segundos, mientras observaba a la gente que había a su alrededor. Vio la mirada interesada de su prima y unas cuantas personas más, así que miró a Yasmine a los ojos y le preguntó:
-¿Te apetece dar una vuelta conmigo al jardín?- Yasmine asintió levemente. Se lo debía. Lo siguió hasta la puerta acristalada y salieron juntos a la fría noche. Sin embargo, y seguro que por medio de algún hechizo, la temperatura del jardín era tan suave como una noche primaveral. Caminaron hasta sentarse en un banco de madera pintado de blanco y Henry volvió a mirarla. En sus ojos había confusión, tristeza.
- Te fuiste, así sin más.
-Te dejé una carta- intentó excusarse la chica inútilmente. Henry asintió impaciente.
- Sé lo de la carta. Y después no he vuelto a saber de ti. Ni un solo día. El único motivo por el que he venido, Yasmine, ha sido por ti. Por saber que había pasado. Ni siquiera tenía pensado pasármelo bien.
-Yo… lo siento, Henry.
-¿Lo sientes? Te confesé que estaba enamorado de ti. Me besaste en la torre, me acompañaste a la casa de mis tíos… pensé que era porque te apetecía, pero no soy el juguete de nadie, Yasmine.- Yasmine enrojeció, siendo consciente del dolor del chico, y de que aquel dolor era tan solo culpa suya. Culpa de sus errores. Recordó como ella misma se había sentido un juguete en manos de Sirius y se odió por haber hecho que Henry pasara por lo mismo que ella pasó entonces.
- Era por Sirius, Henry- cuando dijo aquello, le pareció oír su voz muy lejana, como si lo hubiera dicho otra persona. La cabeza le dio vueltas, pero se repuso pronto. No lo miró a la cara.
- Siempre él- suspiró el ravenclaw abatido.
- Ya no, Henry, no puedo estar con él- sabía que en aquella conversación estaba eligiendo. Eligiendo su futuro, eligiendo el futuro de Sirius y Henry, un futuro que no tenía nada claro.
-¿No "puedes"? – preguntó Henry remarcando la segunda palabra. Yasmine sabía que esperaba oír un "no quiero", pero aquello estaba demasiado lejos de la realidad, y no pensaba volver a mentirle.
- Lo siento, no puedo decir nada más.- lo miró a los ojos, aquellos ojos tan hipnóticos. Si Sirius no hubiera existido, Henry hubiera sido perfecto, no habría habido nadie más.
-¿Y entonces, que me queda? No me arrastro Yasmine, pero si no es él… no soy el segundo plato de nadie.- Y ahí estaba. Ahí estaba su elección. Lo que dijera en aquel preciso instante salvaría la vida de Sirius y la de las personas que quería, y la suya propia, o las tiraría por un precipicio sin escrúpulos.
- Puedes… olvidarme. Creo que eso es lo más acertado- un asomo de amarga sonrisa apareció en sus labios.- o puedes… puedes tener paciencia. Mucha más paciencia de la que nunca hayas tenido. Puedes estar conmigo, pero entendiendo que tal vez no sea perfecto, no sea maravilloso.- Henry la miró, obviamente estaba pensando su respuesta. Finalmente alzó la barbilla de la chica con dos dedos y la miró. Otra vez esa mirada oscura y misteriosa. Yasmine estaba completamente segura de que no era amor lo que sentía por Henry, pero si era una atracción por lo desconocido, por el misterio que había en sus ojos.
- Si me besas ahora mismo, si lo haces… te esperaré el tiempo que haga falta. Pero no solo eso, sino que además, prometo ayudarte a olvidarlo, prometo ayudarte a superar tus miedos… prometo ser tu amigo siempre, pase lo que pase.- aquellos ojos oscuros la atrajeron con la fuerza de un imán. Yasmine se acercó al chico, lo besó. Lenta, pero pasionalmente. Pensó en Sirius, sabía que deseaba que Henry fuera él en esos momentos, pero sabía también que de aquella manera, el merodeador siempre estaría a salvo.
Lo que Yasmine no sabía, era que desde la entrada del jardín. Un atractivo chico de pelo oscuro y ojos grises, los contemplaba con las manos convertidas en puños de acero, con los ojos vidriosos y llenos de angustia y dolor, y la mandíbula tan apretada que parecía que de un momento a otro saltaría en mil pedazos. Y así, en mil pedazos, estaba rompiéndose el corazón de Sirius Black en aquel mismo instante.
--**--
Sirius había llegado al jardín guiado por Monique, la prima de Sirius, que no parecía precisamente feliz de saber que su primo estaba paseando a la luz de las estrellas con aquella gryffindor insoportable y no cesaba de lanzar impacientes miradas hacia la puerta del jardín. Después de obsevar a la chica tan impaciente, había visto a Lily sola, al lado de una larga mesa cubierta con un mantel marfil y con una copa en la mano. La pelirroja llevaba un vestido esmeralda de seda hasta un poco por encima de las rodillas, palabra de honor, y unos tacones negros y altos que la hacían parecer aún más estilizada. El pelo lo llevaba recogido en trenzas que se entrelazaban en un bonito peinado medieval. Sin embargo, su rostro estaba tenso, con el entrecejo fruncido. Parecía disgustada, y Sirius sabía por qué. Se acercó a ella contemplándola exageradamente y a propósito de arriba abajo.
-¿Se puede saber que hace esta preciosa dama sola en una noche como esta?
-Supongo que esperar a que venga un príncipe a rescatarme- la pelirroja le siguió el juego y Sirius se dio cuenta de que estaba, además de furiosa, realmente triste.
-¿Y tú príncipe, dónde está, Lilian?- Lily rió y le dio un suave golpe en el hombro por llamarla así.
-Mi príncipe se convirtió en rana, caballero-dijo en un suspiro. Se bebió la copa de un trago y se dispuso a coger otra.
-Tal vez deberías hablar con él.
-Tal vez él debería hablar conmigo- Lily lo miró enfadada por defender a la persona que la había ignorado olímpicamente durante una semana. Sin embargo, Sirius la miró como si supiera algo que ella desconocía.
-¿Dónde está James? ¿Por qué no viene?- preguntó angustiada.
-Estoy seguro de que…
-¡Hola, chicos!- exclamó una voz alegre y aguda interrumpiendo al merodeador. Era Shyne, y estaba espectacular. Con un vestido corto y negro, muy por encima de la rodilla y un escote impresionante. El pelo negro lo llevaba completamente liso y le llegaba hasta las caderas.
-Hola Shyne- respondieron ambos.
-¿Habéis visto a Remus?- preguntó la joven con una sonrisa de oreja a oreja.
-Sí, por ahí viene- Sirius señaló a la puerta. Por donde acababan de entrar un James blanco como la tiza, y Remus, que se volvió del mismo color que su amigo al ver a Shyne sonreírle de aquella manera.
-Mierda- Lily se puso tan lívida como los dos anteriores, y le entró mucha prisa por apurar su copa. Respiró hondo y se serenó- se va a enterar.
-Lily… -Sirius la sujetó del brazo antes de que la pelirroja echara a andar- no seas burra- la pelirroja lo miró cabreada- y… ¿dónde está Yasmine?- dijo con una sonrisa de niño inocente.
-En el jardín- dijo secamente. Se soltó del merodeador y se dispuso a encarar a James, mientras Sirius se preguntaba que hacía Yasmine sola en el jardín y se disponía a averiguarlo.
--**--
-¡Hola, cariño!- exclamó Shyne mientras separaba a Remus de James y le daba un fugaz beso en la mejilla. Remus no correspondió al mimo de su novia.- ¿Remus? ¿Por qué estas tan blanco? ¿Qué te pasa?
- Pues… tenemos que hablar, Shyne- dijo Remus intentando seguir al pie de la letra los consejos de Yasmine.
-¿Hablar?- Shyne lo miró confundida. Ni siquiera le había dicho lo guapa y sexy que estaba, y eso que se había arreglado a conciencia.
- Sí, hablar.- Remus echó a andar hacia el vestíbulo, debajo de las escaleras de la casa que llevaban al piso superior había un hueco iluminado y medianamente amplio, de modo que el chico cupo sin tener que agacharse demasiado.
- Ya… hablar… yo ya sé lo que tú quieres, Remusito… quieres que nos lo montemos en el hueco de la escalera de James…- Shyne sonrió al entenderlo todo y se abalanzó contra Remus como una gata salvaje… sin embargo, el licántropo la cogió de las muñecas sin esfuerzo y con cuidado e interpuso sus brazos entre ambos.- ¿Remus?- Shyne había dejado de sonreír.
- Quería decir hablar de verdad- dijo el chico agachando la mirada.
-Pero… ¿hablar de qué? ¿Qué ocurre?- Shyne no era tonta, a pesar de que cuando empezó a salir con Remus su mundo había adquirido un matiz romántico que nunca había experimentado. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que en realidad era la única que había sentido algo parecido en la relación.- ¡oh! Ya sé de qué va esto.
-¿Sí?- Remus tenía la esperanza de que no tuviera que decir nada más.
- Sí, me estás dejando- replicó ella mirándolo con aquellos ojos terriblemente azules. Remus casi podía sentir la electricidad flotando en el ambiente, rodeándolo. Notaba como la fuerza lobuna que habitaba en Shyne se iba haciendo cada vez mayor a medida que la chica comprendía que Remus no estaba enamorada de ella, y la rabia se iba acumulando en su interior.
-¿Estás bien?- Remus sabía que cualquier cosa que dijera ahora podría hacerla estallar. De hecho, así fue.
-¡Perfecta! ¿¡Cómo iba a estar?! – gritó enrojeciendo de golpe- la persona de la que llevo enamorada desde hace años me deja por una estúpida niñata que lo odia por ser… por ser… por ser como es, ¡luchas por alguien que no merece la pena, Remus! ¡Que te odia, que te desprecia! ¡Vete de aquí!- gritó intentando contener las lágrimas delante de su ahora ex novio.
-Shyne… yo- no podía dejarla así, además de amantes, siempre habían sido amigos, y le dolía ver que sufría por su culpa.
-¡He dicho que te vayas!- pero la morena gritó tan fuerte, que esta vez la electricidad pareció ser real. Un campo de fuerza (magia, combinada con el poder del licántropo que Shyne llevaba en sus venas) hizo que Remus saliera despedido del hueco y se golpeara contra la pared. No fue un golpe fuerte, pero el licántropo quedó medio despeinado. Sin embargo, la dejó allí, sabía que Shyne necesitaba su tiempo para aceptarlo, y no iba a agobiarla. Respiró hondo unos instantes y luego entró en el salón. Sirius bebía en la mesa en la que antes estaba con Lily como si fuera lo último que le quedara por hacer en esa vida, y Remus se acercó.
- Sirius…
- Allí están- le dijo el moreno con la mirada perdida- besándose a la luz de la luna, como verdaderos tortolitos. Como enamorados, como…
- ¿Sirius?- Claudy apareció detrás del merodeador con una sonrisa zalamera- ¿qué tal? Oye quería disculparme por encajar tan mal lo nuestro. He preparado uno de mis cócteles favoritos, ¿te apetece probarlo?
Remus pensó que Sirius ya estaba bebiendo bastante, y aquella copa de color rosáceo tenía la pinta de ser lo que él necesitaba. Dado la cantidad de electricidad que corría por su cuerpo y que se le había quedado la boca seca con la escena de Shyne, fue él quien cogió la copa de cristal.
-Yo sí que tengo sed- le dijo a la rubia, que contempló con los ojos desorbitados y la mandíbula desencajada como el licántropo se bebía el líquido de un solo trago.
-¡Ey, Moony! ¡Era mío!- se quejó Sirius.
-Está… bastante bien- Remus se relamió para intentar degustarlo mejor- aunque en mi opinión está algo agrio- confesó dejando la copa en la mesa.
Claudy se había quedado sin palabras, aunque por la forma en la que miraba a Remus le parecía que quería decirle de todo menos bonito. Monique la arrastró unos metros lejos de los dos chicos.
-¿No te queda nada?- le preguntó con los ojos tan abiertos como su amiga.
-¡Nada! Bastaba un traguito para que Sirius se liara con toda la chica con falda en la fiesta, ¡y ese pobretón estúpido se lo ha bebido todo!
Los efectos no tardaron en dar la cara. Iona se acercó a la mesa donde estaban Sirius y Remus para rellenar su copa, cuando el merodeador de ojos dorados se le abalanzó sobre ella y la abrazó seductoramente por la cintura.
-Iona, creo que esta noche eres la mujer más hermosa de esta fiesta- dijo con voz ronca a su oído. La chica lo miró tan sorprendida como Sirius, y como los pocos invitados que los rodeaban y que lo habían oído, pero nada comparado como cuando Remus la giró en un gesto que parecía imposible y la besó. Un beso largo, de película, que Iona no disfrutó dado el ridículo de aquella situación. Cuando Remus la soltó y se quedó contemplándola con una media sonrisa satisfecha, Iona estaba tan roja que parecía que de un momento a otro iba a arder en llamas.
-¡Remus! ¡Estás loco!- gritó ajustándose el vestido y retirándose unos pasos.
-Y tú estás preciosa…- añadió el chico acercándose a su vez.
-Creo… creo que voy al lavabo- y la morena salió corriendo por la puerta sin mirar atrás.
-Pero Moony… - Sirius se había despejado con aquella escenita, aunque aún se refregaba los ojos como si quisiera constatar que no estaba soñando.- ¿y Shyne?
-¿Shyne?- Remus puso cara de hacer memoria, hasta que pareció iluminársele la bombilla y dijo con voz algo infantil y completamente natural:- la he dejado, pero también está buenísima. Voy a por ella.- por suerte, Sirius lo sujetó antes de que se dirigiera al hueco de la escalera y lo zarandeó con fuerza.
-¡Estás loco!
-Sí, tienes razón…- Remus se relajó y Sirius lo soltó, pero fue pasar delante Monique, que lo miró con cierto susto, cuando Remus repitió exactamente la misma operación que con Iona. Monique se quedó petrificada. Había intentado alejarse pero no le había dado tiempo, y el licántropo la había besado justo en el momento en el que Henry y Yasmine llegaban del jardín cogidos de la mano. Henry enrojeció al ver a Remus besando a su prima con tal descaro, y Yasmine abrió la boca tanto que podía haber cabido el Expresso de Hogwarts y el autobús noctámbulo juntos.
-¿Estás loco?- gritaron a la vez mientras se aproximaban a grandes zancadas al chico. Claro que por distintas razones.
-¡Cómo sigáis diciéndome que estoy loco me lo voy a creer!¡Yasmine!- gritó Remus como si no pudiera alegrarse más de verla- de verdad que estás…- nadie pudo pararlo, parecía como si todos se hubieran quedado paralizados. Fue en el momento preciso en el que Estelle se abrió paso entre la gente para hablar con Yasmine cuando Remus cogió a la morena con fuerza y delicadeza y le dio un beso que, si el de Iona fue de película, este pudo clasificarse como de Oscar. La mayoría de invitados, que ahora estaban pendientes de la locura de Remus, ahogaron un grito de sorpresa mayúscula, y Lily y James, que también acababan de llegar al comedor, pensaron que se habían metido por error en otra dimensión en la que Remus y Yasmine estaban completa y absolutamente entregados. Peter se atragantó con la aceituna de su Martini sin hielo y sin alcohol. Cuando el beso terminó, Yasmine se incorporó rápidamente y se ajustó el pelo. Tenía los ojos con la mirada perdida.
-Guau…- dijo simplemente. Entonces el caos se desató. Los invitados comenzaron a murmurar descontrolados. Estelle corrió hasta Remus y lo abofeteó con fuerza, para después salir corriendo al jardín a llorar desconsoladamente, y Henry, una vez hubo acabado Estelle, se encaró a Remus.
-Nunca le había pegado a nadie que no lo mereciera, Remus, y esta vez tampoco es así- así que estampó su puño en la mejilla de Remus ante la alucinada mirada de todos. Henry no le dio con la suficiente fuerza como para tumbarlo, así que James ayudó a Remus a sostenerse mientras Sirius lo observaba más que enfadado, aunque él nunca pegaría a un amigo, no le hubiera importado que Remus cayera al suelo y se golpeara la cabeza "por culpa del puñetazo de Henry". Sin embargo, sabía que algo no iba bien. Fue entonces cuando vio a Claudy cuchichear histérica y muy cabreada con Monique en la otra punta de la sala.
-Ahora vengo- dijo a James. Éste asintió y Lily susurró algo de que iba a evitar que ardiera Roma cuando vio a Yasmine salir al jardín en busca de Estelle.
-¿Qué te ha pasado, Remus?- preguntó James a su compañero- ¿cómo se te ocurre besar a Yasmine?
-Ha merecido la pena…- dijo con la vista perdida en aquel momento- y Lily también estaba muy guapa…- James no se lo pensó cuando cogió un vaso de cristal lleno de un líquido transparente y frío y se lo echó por toda la cara. A ver si así se le despejaban las ideas al licántropo ligón.
--**--
Momentos antes, cuando Estelle seguía conversando con Patrick y Sirius había ido a echar un vistazo al jardín en busca de su amada morena sin saber aún que estaba con Henry, Lily y James estaban manteniendo una conversación de lo más interesante en la cocina de la casa.
-¿Y bien?- la pelirroja parecía echar chispas con la mirada.
-¿Y bien… qué?-James se atrevió a responder con una pregunta, a conciencia de que eso no haría más que seguir cabreando a Lily.
-¿Qué-quieres-decir?- preguntó Lily entrecerrando los ojos como hacia siempre que estaba a punto de tirar una casa abajo. Sin embargo, todo ese enfado solo servía para ocultar el dolor que le estaba produciendo el rechazo de James.
-Yo…- pero James ya había probado lo que era estar en brazos de la pelirroja. Ya había probado sus labios, su piel blanca y sedosa. Había mirado en sus verdes ojos más allá de lo que había hecho nadie, y la simple idea de perder eso para siempre, lo hacían retorcerse de dolor.-… no he podido llamarte, Lily.- dijo con la voz temblorosa.
-No has podido- dijo ella simplemente, siendo consciente de que toda su fachada de furia se vendría abajo en breve- ¿hay alguien más?- preguntó sintiendo como cada palabra se clavaba en su corazón como afilados témpanos de hielo.
-¿Qué?- Lily alzó la mirada para encontrarse con los sorprendidos ojos de James.
-James, si hay alguien más... yo… no te voy a prometer que deje de odiarte por hacerme esto, pero… pero, dime, ¿hay alguien más?- Lily pensó que si Yasmine la estuviera viendo estaría realmente orgullosa de ella. Había madurado: habían pasado cinco minutos y aún no había tirado ningún plato a la cabeza de James, y eso que la enorme bandeja de plata llena de canapés estaba siendo un arma muy tentadora…
-Lily…- James se acercó a ella e hizo un amago de cogerle las manos, pero la muchacha las retiró antes. Aún no sabía que había ocurrido, aún desconfiaba.
-¿La hay?- quería escucharlo de su boca.
-Lily… aquella noche en la fiesta de Slughorn… bueno, aquella noche fue… fue la noche más maravillosa de mi vida. Créeme, fue el mayor regalo de Navidad que pude recibir.- Lily lo miró, ahora era ella la sorprendida- y ninguna chica, sea cual sea, puede igualarse a ti. Eres guapa, tienes un cuerpo de escándalo, eres inteligente, tienes personalidad… tal vez seas un poco testaruda… no me mires así- dijo sonriendo cariñosamente- para mí no hay nadie como tú, no hay nadie más, Lily- aseguró James. A medida que el chico había ido hablando, había sido ella quien al final había acabado cogiendo sus manos… y tenía tantas ganas de besarlo… pero aún tenía preguntas de las que necesitaba tener una respuesta.
-¿Entonces?
-Siento haberte dejado sola durante una semana. Sé que el principio es lo peor, la incertidumbre… sé que la he cagado, Lily. Pero ahora mismo no puedo decirte por qué- lo había decidido antes incluso de hablar con ella. No iba a permitirse aguarle la fiesta a la pelirroja. No iba a saber que la chica a la que amaba sentía pena por él.
-¿Por qué?- Lily no entendía nada, aunque por lo menos ya sabía que no se trataba de otra chica.
-Lily… ¿confías en mí?- James la miró a los ojos, y por primera vez desde noche buena sintieron la misma conexión especial que los hacía estar unidos aún sin estar juntos.
-Por supuesto, James- suspiró Lily- pero me lo contarás. ¿No es cierto?- James asintió, pensando en sus padres, pensando que tal vez Lily se enterara antes de lo que tenía previsto. Sin embargo, y por un momento, se olvidó de todo: Lily se había puesto de puntillas y lo había besado, lenta, y dulcemente. Y él no pudo más que dejarse llevar…
--**--
Volviendo al presente, Sirius se acercó a Claudy por la espalda y se inclinó sobre su oreja.
-Creo que ya sé quien ha sido culpable del arrebato pasional de Remus, fría princesa de la maldad- susurró el moreno peligrosamente. Claudy dio un respingo asustada y se volvió hacia el merodeador.
-Querido Sirius… me ofendes- dijo con voz afectada y gesto inocente.
-Pues tú a mí… me sorprendes- replicó el joven sin perder el tono peligroso de su voz…- no sabía que alguien tan… elegante- pronunció la palabra con desprecio- pudiera caer tan bajo…también intuyo que no era él el beneficiario de tan agradable licor. ¿Qué ha sido? ¿Elixir de la pasión? ¡Qué original!- sin embargo no pudo dejar de preguntarse cuál hubiera sido la reacción de Yasmine si lo hubiera visto liarse con todas las chicas de la fiesta.
-Cariño- Claudy había decidido perder toda la inocencia, y su mirada se tornó oscura y amenazadora- en el amor y en la guerra… todo vale.
-Eso sería cierto…- repuso Sirius empezando a marcharse- si tu tuvieras la mínima capacidad de amar… Adiós, princesa del rencor.- y desapareció entre un grupo de invitados que bailaban animadamente.
--**--
-¡¿Cómo has podido hacerme esto, traidora?!- cuando Lily encontró a sus amigas, Estelle estaba gritando a Yasmine a un palmo de la cara, con su rostro pecoso surcado de lágrimas.
-¡Estelle!- gritó Yasmine retrocediendo- ¡no es lo que parece! ¿Puedes parar un segundo de gritar y escucharme?
-¡No!- la pelirroja estaba fuera de sus cabales- ¡sabes que Remus me gusta!- gritó histérica.
-¡Error!- gritó Lily llegando junto a ella, e interponiéndose entre ambas. Estelle paró de hablar y miró a su amiga patidifusa- te gustaba, Estelle- repuso Lily.
-¡Ajá!- exclamó Yasmine- antes de que te enteraras de que era un licántropo-dijo en voz más baja por si había alguien entrometido. Estelle guardó silencio, la habían pillado. Sin embargo, Yasmine no podía estar más contenta. Y sospechaba que Remus lo estaría aún más cuando se lo contara. Ni de lejos hubiera pensado que todo iba a ser tan fácil. -Y eso quiere decir…- dijo la morena señalándola con un dedo acusador- que tal vez el hecho de que sea licántropo es algo demasiado insignificante para que deje de atraerte- dijo más suavemente- estás enamorada de él, Estelle, porque sabes que es bueno, sabes que su condición jamás te hará daño.- Estelle la miró con sus grandes ojos azules aguados. Habían pasado tantas cosas, había sentido tantas cosas… desde que había descubierto que Remus era su vecino no había hecho más que pensar que estaban predestinados… pensamiento que le había costado más de un quebradero de cabeza expulsar de su mente.
-Yo… no sé…yo…
Pero a Estelle no le dio tiempo a decir nada. Las campanadas del pueblo dieron las doce. En el interior de la casa, la mayoría de los invitados comían las uvas felizmente. Pero las campanadas eran tan fuertes que ahogaron la voz de Estelle. Sin embargo, no fue aquello lo que les hizo encogerse de miedo. Al finalizar la última campanada, un trueno retumbó con fuerza en el despejado cielo nocturno, y un rayo surgido de la nada, de un verde brillante, iluminó la cara a las tres chicas, que se vieron envueltas en una densa negrura que no les permitía verse unas a otras… una risa aguda las envolvió…
-¡Tachán!- gritó una voz fría y burlona- la oscuridad desapareció poco a poco, y ante ella aparecieron una docena de figuras negras encapuchadas, con terroríficas máscaras ocultando su rostro.
- Por Merlín…- susurró Estelle aterrorizada. Yasmine se acercó a sus amigas, temblando de miedo, sudando cuando percibió como los ojos rojos de Voldemort se posaron sobre ella. Oyeron pasos a sus espaldas. James había llegado seguido de Sirius, Remus y Peter, que no tardó en esconderse tras un seto de su mismo tamaño. Oyeron las voces de Iona y Kate, que gritaron asustadas. Pero estaban lo suficientemente lejos como para poder huir.
- ¡Idos!- gritó James a las chicas.- ¡Decidles a todos que la fiesta ha terminado! ¡Echadlos!- gritó con una voz autoritaria que no permitía réplica. Iona y Kate obedecieron, aún asustadas, y James, Sirius y Remus se colocaron delante de Voldemort, interponiéndose entre él y las chicas.
-¡Lárgate de mi casa!- gritó James encolerizado.- ¡Nadie te ha invitado a la fiesta!
Shyne llegó al lado de Lily, Estelle y Yasmine, parecía más sorprendida que asustada, pero adoptó una actitud defensiva. También llegaron Patrick Dempt, seguido de unos cuantos miembros del equipo de quidditch que habían ido a la fiesta y unos cuantos amigos cercanos que se había negado a marcharse sin saber que ocurría.
-¡Idos todos!- gritó James malhumorado viendo tantas vidas en peligro.
-No, no, no… señorito Potter- dijo Voldemort quitándose la capucha negra y avanzando hacia el joven, que se retiró un paso hacia delante de sus amigos. Sirius y Remus lo siguieron, colocándose ambos a cada lado del merodeador.- nadie se va a ir de aquí… ¡he venido a haceros una visita!- exclamó como un niño dolido.
-Aquí no eres bienvenido…- replicó James. Su voz sonó como el rugido de un león, y aquello pareció hacerle mucha gracia al señor oscuro.
-Solo he venido… a charlar- informó uniendo las yemas de los dedos en una clara imitación a Dumbledore. Los jóvenes ya estaban informados de que el diálogo no era precisamente su fuerte.- he estado investigando algunos de los datos de los alumnos de Hogwarts de este último año… y he descubierto algo muy especial…- dijo sin hacer caso de la actitud de sus interlocutores- todos tenéis mucho… talento- posó su mirada en Yasmine un segundo más de la cuenta, haciéndole saber que aún debía de estar de su lado si no quería que alguien saliera herido.
-¡Qué importa eso!- chilló Lily, avanzando y situándose al lado de James, entre él y Remus, no soportaba verlo más tiempo tan cerca de aquel peligroso maníaco y además con esa actitud que lo llevaría directamente a la tumba.
-Vaya, vaya… una leoncita traviesa… Lily, ¿no es así? Sangre sucia, como no- dijo con desprecio.
-¡Lárgate!- rugió James- ¡fuera de aquí!
-Te repites demasiado, querido amigo- Voldemort rió con frialdad.
-¿Qué quieres? Dilo y lárgate- chilló Lily deseando que aquello acabara.
-Os quiero a vosotros…- dijo ensanchando la ranura que tenía por boca en una amplia sonrisa- quiero que os unáis a mi ejército.
-¡Estás como una cabra!- gritó Sirius en una carcajada de mofa.- ¡como una regadera!- Voldemort fijó su mirada en él, reconociéndolo.
-Tú eres el hijo de Walburga… un Black… deberías ser un slytherin- dijo con voz siseante.
-¡Antes muerto que verme entre serpientes!- gritó Sirius con odio.
-Tal vez mueras entre serpientes… aunque unas sean más recientes que otras- Voldemort volvió a mirar a Yasmine, que se sintió desfallecer. – a tu hermano parecen gustarle mucho las serpientes, Black- dijo volviendo a centrar su atención en Sirius- demasiado, quizás.
-¡Deja a mi hermano en paz!- gritó Sirius con violencia. Tan solo James, Lily y Remus percibieron en escalofrío que recorrió a una de las figuras encapuchadas.
-¡Pero si tú tuviste la culpa!- gritó Voldemort riendo a carcajada limpia. Yasmine recordó la historia que Sirius le había contado acerca de su boda obligada con Claudy. Se sintió culpable al darse cuenta de que había sido su culpa que Sirius dejara a la ravenclaw para estar con ella.- ¡y tú lo sabes!- Sirius se había quedado sin palabras, aunque había apretado sus mandíbulas en un gesto de impotencia.
-¡Vete de una vez!- gritó James alzando la varita.
-¿Es vuestra última palabra?- la voz de Voldemort fue apenas un siseo, pero tan claro que todos los presentes lo oyeron. Podían sentir la tensión del ambiente, la ansiedad, pero nadie dijo nada.- perfecto.- Chascó los dedos y de repente todos sus secuaces se pusieron en marcha. Comenzaron a llover rayos de colores, aunque no tenían la orden de asesinar puesto que su señor no lo había ordenado. Sin embargo, Voldemort no se iría sin dejar una advertencia, algo que les hiciera entender que no iba en broma, que se jugaban su vida. Yasmine lo vio a cámara lenta. Vio como lanzaba una rápida y calculadora mirada a Sirius, que luchaba contra un encapuchado que podía ser su hermano perfectamente, y por ello el merodeador no se entregaba a fondo. Vio el rayo rojo salir de la varita del mago oscuro. Se vio gritando el nombre de Sirius, vio a James correr hacia su amigo con los ojos desorbitados, y vio como el rayo impactó en el costado de Sirius, salpicando diminutas gotitas de sangre, dañando la piel del chico y creando un corte amplio, profundo y terrible.
-Yo que tú, querido Potter, iría a echarle un vistazo a tus papaítos… volveré para que te cuestiones mi petición. Chascó los dedos y de nuevo una luz verdosa los iluminó a todos, desapareciendo junto a sus mortífagos. En el jardín de James solo quedaban heridos leves, gente cansada, y Sirius tumbado en el suelo, inconsciente, y con una herida sangrante adornando su costado.
James tuvo que respirar unos segundos para desbloquear su mente. Debía actuar rápido, debía salvar a Sirius y acudir a proteger a sus padres. Aquella amenaza no lo había dejado indiferente.
-¡Llevad a Sirius a San Mungo!- gritó a Remus, Estelle, Yasmine y Lily- ¡ayudad a los heridos! ¡Tengo que ir a mi casa!- gritó desesperado. Remus asintió y James se dispuso a aparecerse, pero Lily lo agarró de un brazo y cuando aterrizaron en tierra firme, ambos estaban juntos.
-¡Lily vete!- gritó James histérico. Pero Lily no pudo contestar. Observó la casa que tenían frente a ellos, y un escalofrío recorrió el cuerpo de James al ver una luz verdina reflejada en el rostro de Lily. Solo tuvo que darse la vuelta para comprobar que su pálpito era correcto. Una flamante y escalofriante Calavera con lengua de serpiente adornaba el tejado de su casa, la Marca Tenebrosa se alzaba imponente mirándolos burlona.
James echó a correr al interior de la casa, automáticamente, sin darse cuenta por donde pisaba. Lily lo seguía pero no podía alcanzar su ritmo. Sin embargo, cuando James llegó a la habitación de sus padres, Lily ahogó un grito al encontrarse aquella imagen.
Charlus y Dorea Potter estaban tan blancos como el papel. Seguían cogidos de la mano y no tenían el aspecto de haber sufrido demasiado. Sus rostros inmóviles reflejaban una paz y tranquilidad que James estaba muy lejos de sentir en esos momentos. Su mundo se había hecho añicos en menos de una hora. Su amigo del alma estaba herido de muerte, sus padres estaba muertos… no le quedaba nada, nada excepto…
-James…- Lily se acercó lentamente y lo abrazó, esperando el rechazo del joven. Pero James no tenía fuerzas para moverse, no tenía fuerzas para hablar. Dejó que Lily lo abrazara, que le acariciara el pelo, que lo consolara. Y lloró, lloró frente a ella, sin miedo, sin vergüenza… lloró expulsando todo el dolor, la angustia y la tristeza que albergaba su alma… lloró sin importarle que Lily, su amada, sintiera pena por él.
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Y volví!!! con capítulo extrahipermega largo!! para que tengáis para un tiempo. Sé que prometí actualizar antes de reyes pero ha sido materialmente imposible. Y hasta finales d marzo estoy de exámenes así que veremos como anda la cosa, aunque intentaré actulizar lo antes posible. No me enrollo mucho más, pero espero que me dejéis algún review más (que me estáis bajando el listón otra vez! xD) y nada, desearos mucha suerte para todo. Espero que os guste.
Laura: espero que este te guste jajajaja hasta prontitoo!! besos...p.d: la carta... hum... la carta puede que de que hablar...
Jusse: espero que la fiesta de fin de año te haya parecido movidita!! jaja no es para menos... un besoteee.
Adhara: creo que Yasmine está demasiado asustada por si sus amigos se convierten en "carne de Voldy" jajaja y sí, Sirius cree firmemente en eso, pero no siempre funciona. Y que te pareció crepúsculo?? estoy de exámenes ahora y me estoy acordando de lo de estudiar todos los días... jajaja de todas formas podía ir peor! ya te contaré si hablamos!! un besitoo guapaaa y suerte para tus exámenessss!!
rosixo: hola guapa! Bienvenida a mi fic! pues me alegro de que te guste. En cuanto a tu historia, prometo leerla en cuanto tenga un poco de tiempo y dejarte algún review con mi opinión. Y nada, espero que te guste este capi... un beso y nos leemos!! ^^
Hasta pronto guaps!!!
Roxy
