Capitulo Diecisiete: La serpiente chivata.
Yasmine contempló el pálido rostro de Sirius mientras éste permanecía inmóvil y respiraba débilmente en la diminuta cama de aquella sobria habitación de San Mungo. Los demás estaban tomando algo, aunque todos sabían que ni un gramo de comida entraría en sus cuerpos en aquel momento. Dumbledore había aparecido después del amanecer para comunicarles que los padres de James había sido asesinados por Voldemort, así que en ese mismo instante Remus estaba destrozándose los puños contra la máquina de café de una tienda cercana mientras Estelle lloraba en silencio acurrucada como podía en una silla de madera de la sala de espera del hospital, sintiendo tan cercana la muerte de su propio padre, mientras Patrick Dempt la estrechaba entre sus brazos protectores. Shyne estaba sentada en la otra punta de la habitación mientras suspiraba compungida y los miembros del equipo de quidditch junto a Henry y otros amigos de Hogwarts se hacían compañía en un profundo y sentido silencio.
Y mientras, Yasmine estaba allí, contemplando a Sirius, que parecía tan tranquilo, tan relajado, tan ajeno a todo el dolor que empañaba el ambiente. No supo el momento exacto en el que había empezado a llorar, pero en un instante se encontraba con las manos cubriendo su cara mientras intentaba evitar que los sollozos se escucharan fuera de la habitación. Sus padres estaban en camino, trabajaban en el hospital y el Profeta seguramente ya habría publicado el escandaloso ataque a los adolescentes que celebraban el año nuevo tranquilamente en la mansión de los Potter, además del asesinato de estos mismos. Yasmine supuso que Lily estaría junto a James, intentando mitigar su dolor, a sabiendas de que era una batalla casi perdida de antemano, y también sabía lo que tenía que hacer. Por su culpa, Sirius estaba inconsciente y con una larga y profunda herida adornándole su costado. Por su culpa, el merodeador había estado a punto de morir. Por su culpa, muchos de sus amigos habían estado a punto de morir, y era lo que había estado intentado evitar desde el principio. Aún no sabía cómo iba a salir de aquel embrollo, pero estaba decidida a hablar con Dumbledore costara lo que costase. Él era un anciano sabio, inteligente y valiente. Él sabría lo que tendría que hacer. Miró por última vez a Sirius, pensando que jamás se atrevería a mirarlo a la cara después de aquello, ni a él ni a ninguno de sus amigos, y salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí. Lo que no esperó ni mucho menos fue darse de bruces contra el mismísimo Lucius Malfoy, que la miró con una sonrisa de serpentina alegría. Lucius había salido de Hogwarts hacía unos cuantos años, y ya se había ganado alguna que otra fama relacionada con asuntos oscuros. Si no fuera por la influencia y el dinero de su padre, el slytherin ya estaría en Azkaban sin remedio alguno.
-A ti te estaba buscando, jovencita…- dijo agarrándola del brazo con fuerza y arrastrándola tras de sí. Yasmine intentó gritar, pero su garganta no emitió ningún sonido a pesar de que forzó sus cuerdas vocales al máximo.- ni lo intentes- murmuró Malfoy mientras la apuntaba con la varita. Abrió la primera puerta que apareció ante ellos y la empujó de mala manera hacia dentro de la habitación. Parecía un almacén de pociones curativas, y el olor que había en el ambiente la hizo marearse aún más de lo que ya estaba.- ¿ibas buscando a alguien?- le preguntó con una sonrisa falsa y cruel.
-Déjame salir- dijo con la voz temblorosa y los ojos llorosos. - ¡no puedo más! ¡voy a contárselo todo a Dumbledore!- gritó intentando esquivar a Malfoy para llegar a la puerta. Pero el hombre la cogió del cuello con una mano enguantada en cuero y la estampó contra una de las estanterías. Unos botecitos de cristal tintinearon y a Yasmine le llegó un olor penetrante a la nariz.
-Lo que me temía- casi siseó el hombre- veo que mi señor es más que inteligente- dijo con adoración.- suerte que te he pillado a tiempo.- cogió la varita y levantó el vestido de noche de Yasmine hasta la cadera. La chica forcejeó para desasirse del brazo de Lucius, pero era duro como el hierro. Notó como le clavaba con fuerza la varita en la zona de los riñones, y sintió un agudo pinchazo lacerante en esa zona. Dolía muchísimo, y de sus ojos escaparon lágrimas sin control. Cuando el contacto cesó, aún se mantenía un agudo dolor en la zona.
-Bien, jovencita. De habérselo contado a Dumbledore, hubieras tenido un margen de tiempo para salvar a tu familia. Sí, es así, lástima que no te dieras cuenta hasta ahora. Pero no, mírate, venga- Yasmine se alzó el vestido y vio una pequeña serpiente negra reptando por su cadera. Le dieron ganas de vomitar.- ahora, si te delatas… mi señor o cualquiera de nosotros tan solo tendremos que chascar los dedos para aparecer junto a tus papaítos o tus hermanitos y deshacernos de ellos. Sí, empezaremos por ellos, y luego por todos y cada uno de tus seres queridos. Y lo haremos delante de ti, para que veas cómo se retuercen de dolor, como sufren, y por último, como mueren, por culpa de tu deslealtad. Espero que eso te abstenga de contarle tu pequeño secretito a nadie que no debas- rió con fría crueldad, y luego, tras observar si había alguien en el pasillo, la abandonó en aquel almacén que olía a medicinas aún más sola e impotente de lo que Yasmine se había sentido en su vida.
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Lily oía rechinar el viejo columpio oxidado mientras James se balanceaba lentamente con la cabeza gacha. Habían huido literalmente de la casa de James cuando los empleados del ministerio habían llegado junto a un enjambre de periodistas hambrientos de morbo. Ahora estaban en un céntrico parque londinense, completamente vacío, y lleno de árboles sin hojas que no era para nada acogedor. Ella se había sentado en un banco de madera un poco retirada del chico. Podía casi palpar el dolor de James, y le hubiera gustado poder dejarlo solo, pero la idea se le hacía tan insoportable que le retorcía las entrañas. Además, mientras se mantuviera al margen, no lo molestaría… James aún no había tenido uno de sus arranques de furia ni la había echado de su lado a gritos. Parecía que la presencia de Lily lo calmaba, y su ausencia lo sumergía en un terrible pozo de desesperación. La pelirroja salió de su ensoñación cuando se dio cuenta de que el columpio había dejado de sonar, y que James se acercaba a ella lentamente. No se movió, incluso se le olvidó como respirar, atenta con cada uno de sus sentidos a la reacción del muchacho. Entonces James se puso de puso en cuclillas frente a ella y la miró con aquellos ojos marrones enormes brillando como dos soles.
-Gracias, Lily- dijo con la voz ronca.
-James…- la pelirroja lo abrazó con fuerza, mientras dos rápidas lágrimas rodaban por sus mejillas. Se apresuró a limpiar su rastro antes de volver a mirarlo.
-Si tú no hubieras estado conmigo…yo…- Lily se estremeció al pensar en las locuras que él podría haber hecho.- me voy a vivir a la mansión de Godric- le informó el chico con serenidad. Lily asintió, pero no dijo nada- cuando acabe el curso estudiaré en la escuela de Aurores, y me enfrentaré a él- esta vez Lily alzó su verde mirada alarmada.
-¿Qué?- preguntó sin aliento.
-No voy a dejar este crimen impune, Lily- James la miró ahora con fiereza, previniéndole de que se contuviera en llevarle la contraria.- mis padres están… Sirius está…- la voz del joven tembló violentamente.
-James Sirius está recuperándose- dijo Lily suavemente, acariciándole la mejilla mientras el giraba la cara.
-Pero podía estar muerto, ¿verdad? Dumbledore ha dicho que se ha salvado por los pelos.
-Se ha salvado.
-¡Por Merlín! ¿Y mis padres? Crees que me voy a quedar tan tranquilo de brazos cruzados mientras el asesino de mis padres anda suelto? ¡No va a parar, Lily! ¡Alguien tiene que frenarle!
-¿Y tú lo harás?- protestó la pelirroja empezando a temer por la vida de James.
-¡Lo intentaré! ¡Y si he de morir en el intento, yo…!
Lily no se contuvo. Calló a James de una bofetada. No fue muy fuerte, pero lo suficiente como para dejar al merodeador más que sorprendido.
-¿Tú qué?- le espetó la pelirroja hecha una furia- ¡¿morirás?! ¿Es eso lo que querían tus padres, no James? ¡Que te lanzaras a la muerte como un temerario! ¡Que te jugaras la vida que ellos te regalaron! ¡Me parece perfecto!
-Lo haré, Lily, te guste o no.
-Entonces yo te acompañaré- replicó ella cerrando los puños con fuerza. Vio como James palidecía y se dio cuenta de que había dado en el clavo aún sin proponérselo.
- Ni lo sueñes- James la miró como si estuviera loca.
-Lo haré. Lo haré James Potter, quieras tú o no, lo haré. Aunque no quieras estar conmigo, te seguiré, te espiaré, seré tu… ángel de la guarda- sí, a James pareció sonarle tan ridículo como a Lily, pues en un momento se encontró con el chico riendo a carcajada limpia casi retorciéndose en el suelo.
-No deberías reírte de mí… sabes que lo haré.
- Está bien- repuso James agarrándose el pecho y tomando aire con dificultad- está bien…- aunque aún sonreía ampliamente- dejemos la vendetta para más tarde… ya lo negociaremos.- dijo esta vez más serio. Lily lo miró sorprendida. Ese James maduro y negociador era completamente nuevo para ella.
-Está bien.- aceptó la joven, sin fiarse demasiado.
- Vamos a ver a Sirius- le tendió la mano, y Lily vio de nuevo aquel amargo gesto que lo había poseído durante tanto tiempo, y aún más desde aquella madrugada. Era normal, dijo pensando en el breve paréntesis de risa que había tenido…. Por lo menos había conseguido hacerle reír, y aquello no era poco.
James tomó la mano de Lily. La sintió suave y cálida, como si volviera al hogar después de estar mucho tiempo fuera de él. La miró por el rabillo del ojo y aquel gesto preocupado de la joven lo enterneció. Se recriminó mentalmente su estupidez por haberla dejado sola tanto tiempo después de la noche de Navidad, sin embargo, sabía a ciencia cierta que la felicidad no iba a durar demasiado. Había dicho a Lily lo de la escuela de los Aurores para calmarla. Sabía que tarde o temprano, la pelirroja recelaría sobre su necesidad de ir tras el mago tenebroso, y aquello la mantendría al margen al menos durante un pequeño período de tiempo. Solo necesitaba pensar rápido, y actuar.
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Sirius parpadeó. Estaba en una enorme habitación oscura. O tal vez ni siquiera fuera una habitación, ya que no veía nada a su alrededor. Sin embargo, sentía un dolor lacerante rodeándole. No lo sentía en su cuerpo en sí, pero si a su alrededor, acosándole. Estaba empezando a cansarse de no ver nada, de andar sin rumbo, de sentir el pinchazo palpitando junto a él, cuando una enorme franja roja se abrió sobre su cabeza. Era una luz rojiza, que se fue tornando anaranjada, y casi sin darse cuenta blanca brillante. Oyó voces a su alrededor. Una voz grave, y luego dos voces conocidas que se alegró de oír. Parpadeó varias veces, y a través del pitido de sus oídos, logró entreoír unas palabras sueltas: "poción analgésica… por muy poco… a perdido mucha sangre…" Por fortuna, la voz tenía razón, y aquel pinchazo doloroso y molesto que sentía fue desapareciendo poco a poco. Al parecer, nadie se había dado cuenta de que había despertado hasta que oyó a Peter exclamar con voz acongojada y de pito en una esquina. Intentó girar la cabeza, pero le fue completamente imposible.
-Está inmovilizado, la poción para anestesiar el dolor que le hemos aplicado es bastante fuerte.- dijo la voz grave y desconocida, mientras un hombre que rondaría los cincuenta años se asomó a su campo de visión y comprobó la reactividad de sus pupilas con la luz de su varita. Sirius no sabía quién era, pero aquella barba entrecana y la cara redondeada acompañadas de una amplia sonrisa campechana le confirieron cierta tranquilidad.
-¿Cuánto tardará en volver a la normalidad, señor Roberts?- preguntó la voz de James a su lado. Esta vez el corazón de Sirius se aceleró a la velocidad del rayo. Eso de tener al padre Yasmine delante y estar en aquel estado no era precisamente alentador.
-Es cuestión de tiempo. Pero es un chico fuerte y sano, será cuestión de unos minutos más.- contestó el medimago con tranquilidad.-¿Dónde está mi hija, chicos?- Sirius notó un deje de preocupación en la sosegada voz del hombre, así que dedujo que aún no había visto a Yasmine después del ataque de Voldemort. Él mismo estaba intranquilo, pero el hecho de haber oído a James y a Lily lo habían relajado un tanto. Es más, incluso podía empezar a mover un poco las puntas de los dedos de los pies.
-Creo, creo que dijo que iba a dar una vuelta- dijo la voz de Shyne entrando a la habitación seguida de unas cuantas personas más que Sirius no pudo ver. La voz de la gryffindor, siempre tan alegre y vivaz, parecía ahora temblorosa y triste. El joven se preguntó si no habría habido alguna víctima más a parte de su desastroso despiste, y de nuevo un nudo de preocupación se instaló en su estómago.
-Iré a buscarla, no le vendría mal un reconocimiento médico- bromeó el hombre, aunque era una clara excusa para dejar a los jóvenes un momento de intimidad.
-James… yo…- la voz de Shyne temblaba descontroladamente, como si fuera a romper a llorar de un momento a otro. De hecho, así fue. Sirius se imaginó a James abrazando a la chica, o tal vez fuera otra persona. Pero de todas formas había algo que no le gustaba para nada, una sensación de tristeza y agonía que no tenían nada que ver con él. La urgencia de saber que estaba pasando casi lo obligaron a procesar con rapidez el anestesiante que corría por sus venas. Giró la cabeza y vio a Lily cogiendo una mano de James, mientras que la otra del chico se encontraba crispada, y vio a Remus abrazando a Shyne mientras la joven lloraba.
-¿Qué… es lo que ha… pasado?- si, había sido él. Aún no sabía cómo pero había pronunciado todas aquellas palabras seguidas a pesar de encontrarse bajo los efectos de un potente sedante. Todos lo miraron sorprendidos.
-¡Sirius!- exclamó Lily anonadada.
-¿Por qué me miráis todos así? ¡Sí! ¡Estoy bien! ¿Qué ha pasado?- a pesar de notar la voz pastosa, Sirius estaba empezando a impacientarse.
-Chicas, creo que es mejor que vayamos a tomarnos algo, un café tal vez, necesitamos espabilarnos- dijo Remus soltando a Shyne. Sabía que James necesitaba espacio para contar aquello a alguien por primera vez. Lily cogió a Shyne de la mano y ambas desaparecieron por la puerta, seguidas de cerca por Remus, que lanzó una última y preocupada mirada al chico de gafas.
-¿James?- Sirius ya no aguantaba ni un minuto más la incertidumbre. Y la cara de su amigo no auguraba precisamente una buena noticia.
-Pues…- James tomó aire y sus labios formaron una sonrisa forzada, para nada alegre- Voldemort a asesinado a mis padres, Sirius.- lo dijo muy rápido, del tirón, aunque no por ello le dolió menos. Sintió una oleada de desesperanza al ver la cara de pasmo que se le quedó a su amigo.- sí, eso es.- murmuró cabizbajo, se sentó en una silla cercana a la cama y miró unos segundos el suelo, para cuando levantó la cabeza, tenía a Sirius plantando delante suya, con aquel ridículo pijama azul con la insignia de San Mungo bordada toscamente en el pecho. Sirius no habló, pero su expresión lo decía todo: había rabia, impotencia, más rabia y tristeza. Tomó de la mano a su amigo y ambos se fundieron en un varonil pero emotivo abrazo.
-Esto no va a quedar así, James- dijo Sirius con voz acerada.- va a pagar por lo que ha hecho.
-Sí… lo sé- James estaba conteniendo la emoción por muy poco. Bajó de nuevo la cabeza y empujó con suavidad a su amigo de vuelta a la cama- pero ahora tienes que ponerte bien, Pad. Así lo único que conseguirás es que tus reflejos vuelvan a fallar.- se burló James.
-¡Ey! ¡Eso ha dolido!- se quejó Sirius, aunque una sonrisa se dibujó en su rostro- ya no hay excusa para volver a dar unas cuantas sesiones intensivas de Defensa Contra las Artes Oscuras, ¿no es así?
-Sí… así es- sonrió James melancólico. Cuando los merodeadores cursaban tercero, momento en el que empezaban a estudiar esta asignatura, los cuatro chicos se dedicaron durante todo ese curso a ensayar diversos hechizos de ataque y defensa… a veces en solitario… y a veces con Snape. Sin embargo, esto era mucho más serio que unas simples bromas con el slytherin.- necesitas descansar, nos vemos en un par de horas.
Sirius titubeó, no le hacía demasiada gracia dejar a James solo en ese momento, pero notaba como de nuevo un cansancio sobrenatural volvía a apoderarse de todo su cuerpo, de modo que quedó plácidamente dormido segundos después de que su amigo abandonara la habitación.
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El cielo estaba despejado, pero la temperatura aún era tan baja que cada respiración les helaba los pulmones. El pequeño cementerio de detrás de la iglesia del pequeño pueblecito del Valle de Godric estaba empezando a abarrotarse. Sin embargo, James no parecía darse cuenta de nada. No parecía reconocer las caras que le daban tristemente el pésame, ni siquiera parecía escuchar a las decenas de personas que le prestaban su ayuda, al fin y al cabo, hacia menos de un año que había alcanzado la mayoría de edad. Sin embargo, James no había hablado aún con nadie de lo que había decidido hacer con su vida después de la muerte de sus padres. Lily le dio un suave apretón de manos que lo sacó de su ensimismamiento. Observó como la pelirroja le regalaba una sonrisa de ánimo y sin darse cuenta se sintió un poco mejor. Con ella, el mundo que lo rodeaba parecía adquirir un tono más alegre.
-Estoy bien- le susurró al oído. Lily acentúo su sonrisa y volvió a apretarle la mano cariñosamente.
-James…- el joven alzó la mirada para encontrase con la cristalina mirada de Albus Dumbledore, que le tendía una anciana y huesuda mano. El director se había mantenido en un discreto segundo plano para con el joven, pero dejando siempre claro que estaría ahí para lo que necesitara. Era esa clase de mirada las que hacían que James no se sintiera tan terriblemente solo y desamparado. Aceptó la mano de su director y el anciano le guió un ojo amistosamente. Al otro lado de James, Sirius palmeó la espalda de su amigo. Así, escoltado por Lily y Sirius, y seguido del director y sus mejores amigos (entre los que faltaba Yasmine, unas filas por detrás y guardando un profundo silencio), James se encaminó hacia el nevado cementerio que parecía refulgir con el brillo del sol.
Allí, delante de las tumbas de los padres de James, fabricadas con cristal de duende bordado con filigranas de oro, los familiares y amigos más cercanos del matrimonio Potter dedicaron unas breves pero sinceras palabras para los dos fallecidos. Fue cuando James sintió que apenas conocía a sus padres. Todos hablaban de batallas, de victorias, de luchas y derrotas… y él apenas había conocido de sus padres la terrible enfermedad que los había acechado durante los últimos años. Sintió que todos se quedaban en silencio, y como decenas de pares de ojos se centraban en su persona. Era su turno, pero él no había previsto este instante, ni siquiera se había permitido el lujo de pensar ni un segundo en el temido entierro.
-Habla con el corazón, James, es lo mejor que sabes hacer- le susurró Lily al oído poniéndose de puntillas. Sirius le dio un leve pero eficaz empujón que lo llevó delante de la multitud congregada.
-Ejem… yo… esto…- James agachó la cabeza azorado, pero entonces pensó en todo lo que había pasado, como si lo hubiera asimilado de golpe, y tras suspirar profundamente, alzó la cabeza para contemplar las cabezas de todos aquellos que habían conocido a sus padres, tanto o más que él mismo. Vio a Sirius, Remus y Peter, dándole fuerzas, a Lily sonriéndole, a Shyne llorando desconsolada, y muy de cerca a Estelle y su hermano. También vio a Yasmine, que lo miraba con los ojos rojos y las mejillas humedecidas, acompañada de toda su familia, a Dumbledore, McGonagall, Hagrid y todas aquellas personas que lo querían y estarían siempre a su lado en momentos tan duros como aquel, y vio a lo lejos, muy a lo lejos, como se abría una pequeña luz al final del camino. No estaba solo. Nunca lo estaría.- mis padres fueron asesinados- dijo con la voz firme y potente- asesinados por una persona que cree que lo único que importa en esta vida, es la sangre, la pureza, el poder. Un monstruo sin corazón, que nunca sabrá lo que es sentirse como yo, ni como ninguno de nosotros. Nunca sabrá lo que es sufrir por un ser querido, nunca sabrá lo que es amar, ni ser feliz, tan solo porque en ese corazón putrefacto no cabe ni una chispa de afecto.- tomó aire, consciente de que todos contenían la respiración- y no se acercan tiempo fáciles. Esto es solo el principio. Pero, si hoy me he dado cuenta de algo, es que podemos acabar con todo el odio, con el racismo que empieza a filtrarse en nuestra sociedad como un veneno mortal. Podemos luchar, luchar juntos. Mientras estemos juntos… mientras sigamos amando, queriendo y siendo felices con toda nuestra alma, nada, ni nadie, podrá vencernos… ni siquiera ese loco psicópata que se hace llamar Lord Voldemort.- y así, pronunciando con todas y cada una de las letras el nombre del mago oscuro, James volvió al lado de Sirius y Lily, ambos pálidos, pero firmes, seguros de que James no podía haber tenido más razón en sus palabras.
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Hacía frío en el valle de Godric. Un día largo y pesado que recordarían el resto de su vida. Lily reposaba la cabeza cansada sobre el regazo de James. Aunque no había tenido tiempo de hacerlo oficial, estaba más que claro que la pareja se estaba consolidando poco a poco. James se entretenía mesando los cabellos pelirrojos de su novia, mientras Sirius jugaba con el borde de su vaso de cerveza de mantequilla mientras observaba por el rabillo del ojo a Yasmine, que miraba por la ventana a la oscuridad de la noche y no paraba de estremecerse. La morena no había hablado demasiado, pero como en realidad ninguno tenía demasiadas ganas de hablar, aquello no les parecía para nada extraño. Por otro lado, Remus estaba sentado cómodamente en el enorme sofá del salón con Estelle muy pegado a él, a pesar de que el sofá era lo suficientemente grande como para que cupieran ambos sin tocarse. Peter lanzaba nerviosas miradas a la puerta de la casa, parecía asustado.
-Creo que debería irme a casa, chicos, a mis padres no les hará mucha gracia que llegue tarde con este tiempo que hace- dijo Yasmine rompiendo el denso silencio de la habitación.
-Mmmm- Estelle se espabiló y se desperezó mientras bostezaba- te acompaño…
-Os acompaño, chicas- se ofreció Remus inmediatamente.
-Creo que yo también debería irme- murmuró Lily desde el regazo de James. Sin embargo no parecía muy por la labor de levantarse.
-Vamos, Lily, debes de estar cansada…- dijo James sin dejar de acariciarla. La pelirroja respondió con un gruñido afirmativo pero siguió sin moverse.
-Pues yo me voy a la cama- declaró Sirius bostezando y desperezándose abiertamente.- ¿Dónde está el cuarto de invitados, James?- preguntó el chico. James sonrió a su amigo. Eso significaba que a partir de ahora Sirius y él vivirían bajo el mismo techo, bajo petición expresa del merodeador de gafas a su mejor amigo. Sirius ya había pasado el verano pasado acampado en el jardín de la casa del Valle de Godric. Los padres de James habían insistido en que el joven de pelo azabache durmiera en una de las habitaciones de invitados de la enorme casa, pero Sirius no había querido abusar de su hospitalidad.
-Es la que está al lado de la mía, Pad, la otra no está tan bien- dijo James. Sirius asintió y se dirigió a Remus- le dio un medio abrazo, al igual que a Peter, y saludó a Esther y Yasmine con un caballeroso gesto. Yasmine asintió levemente con la cabeza y volvió a estremecerse, de modo que se encaminó a la puerta de la casa seguida de cerca por Remus, Peter y Estelle.
-Buenas noches a todos- se despidió Remus. Estelle lo imitó y Yasmine se despidió con la mano sin decir palabra alguna, al igual que Peter.
-Que descanséis… y gracias.- murmuró James, aunque sus amigos estaban ya con un pie fuera de la casa.- esto es agotador- le dijo a Lily.- creo que mis fuerzas están consumidas- se tumbó sobre el suelo con las manos tras la cabeza mientras Lily se incorporaba y lo miraba con cara de sueño.
-Ha sido un día muy largo- susurró la pelirroja echándose sobre el pecho de su chico.- necesitas descansar.
-¿Te gustaría descansar conmigo?- preguntó James al aire. Escuchó la risa de Lily y se relajó un poco.
-Por supuesto que me gustaría… - casi sin darse cuenta los labios de ambos se encontraron en un profundo y suave beso. James alzó a la pelirroja sin dejar de besarla y así, ambos se dirigieron al cuarto del chico. Sin embargo, aquella no sería la noche en la que ambos desataran su pasión más desmedida. Estaban demasiado exhaustos y el cansancio cayó sobre ellos como una losa en cuanto sus cuerpos sintieron el suave tacto del mullido colchón. Lily rodeó a James por el cuello mientras el chico hacía lo mismo con su cintura, y cayeron dormidos de esa manera. Cada uno mitigando a su manera el pesar y el dolor que reinaba en la mente del otro. Era poco tiempo el que tenían para descansar, para organizar sus atribuladas mentes, pues en tan solo un par de días, Hogwarts volvería a abrir sus puertas para ellos.
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Capítulo muy muy cortito para ir haciendo ganas y entrar poco a poco de nuevo en la historia. ¡¡Lo siento mucho!! No he podido escribir desde enero mi tiempo ha sido completamente cero, pero poco a poco espero ir actualizando sin dejarlo tanto tiempo. Espero que hayáis estado bien estos meses. Dudas, preguntas, críticas... os resuelvo lo que queráis de la historia que no entendáis! un besazo grande a todos, y gracias laura y justweasley por vuestro review, espero que disfrutéis este capi!! un besazo sabor vainilla guapetones!! hasta muy pronto!!
Roxy
