Hermosa

Mientras masticaba, saboreando cada ingrediente homogeneizado de la galleta, escuche como mis tíos Emm y Rose se acercaban a la cocina, hablaban en susurros y parecía que discutían sobre algo. Sabia de que se trataba.

-¡Oh vamos, Rose! – dijo Emm en voz casi audible.

-No lo sé Emm, a su madre no le gustará y lo sabes – respondió Rose.

En cuanto los vi entrar a la cocina, de manera inconsciente mis ojos se precipitaron hacia Alice que también me miraba, estaba inmóvil, así que le lancé una mirada significativa, casi exigente. Me devolvió una mirada expectante y suspiró al notar mi insistencia. A juzgar por su expresión, estaba buscando la mejor forma de sacar el tema sobre mis instrucciones de lucha. Tomé otra galleta y empecé a masticarla rápidamente mientras mi abuela sacaba más galletas del horno.

-¡Que hay Ness! – dijo Emm sonriendo de oreja a oreja. Venia seguido de Rose.

-¡Que hay tío Emm! – exclamé sonriendo.

-Hola cielo – me saludó Rose acercándose, Me volví para abrazarla, al mismo tiempo le mostré lo que quería que viera. La toqué con suavidad y luego pensé.

-"¡Hola tía rose!, por favor por favor, déjame tener las lecciones de hoy, no me pasará nada, te lo prometo, después me las arreglo yo con mamá, por favor" – pensé.

Me separé de ella alzando la vista, y la miré suplicante.

Alice carraspeó. Me volví para mirarla.

-¿Eh…Esme? – dijo Alice, mientras la miraba con decisión.

-Sí, hija – respondió mi abuela.

-Eh, pues…bueno, Jasper y yo teníamos… pensado ir a pasar unos días al Edén – dijo con cautela.

No es cómo, que si le estuviera pidiendo permiso, es solo que a mi abuela le incomodaba tenerlos fuera de casa. Alice se había ido con Jasper hace como un año y regresaron después de un par de meses, que me parecieron años. Mi abuela les había insistido, casi exigido que regresaran y ellos habían aceptado de buen grado que ya era hora de volver a casa. Recuerdo que los recibimos en el aeropuerto. A mis abuelos no les gustaba tener lejos a sus hijos, esto les producía, diría yo, una sensación de incertidumbre. Mi madre decía que ellos nunca romperían el corazón de Esme al intentar hacer una vida separados de la familia. Así que a veces necesitaban estar solos y hacer un montón de cosas más que ella no quiso explicar.

-¿Al Edén? - preguntó mi abuela algo confundida acercándose a Alice.

Que pretendía Alice, ¿al Edén? Acaso estaba loca, se suponía que me ayudaría con lo de mis lecciones, ¡caray! ¿Es que estaba pensando irse y dejarme aquí? No lo creo.

El Edén era un bosque que estaba en algún lugar de Ginebra en la capital de Suiza. Mis tíos tenían una casa allí, había sido un regalo de mi abuela, así que al casarse fueron a pasar su luna de miel en el paradisíaco bosque.

-Si eh…bueno Jazz y yo queremos llevar con nosotros a Ness y pues a Emm y Rose, claro si ellos…"quieren" – inquirió Alice, lanzándole a Rose una mirada perspicaz, haciendo énfasis en la última palabra. Sonreí con disimulo y subí la mirada hacia Rose que a su vez me miraba sorprendida.

-¡Perfecto! – dijo Emm y sonrió a Alice triunfante.

-¡Genial! – añadí, también sonriendo.

-¿Qué dices Rose? – masculló Alice, dejando ver sus perfectos y relucientes dientes en una sonrisa pícara.

Rose lo meditó por unos segundos.

-¡Por favor tía…nos divertiremos! – dije en tono de suplica – Además… yo nunca he ido – agregué, Mostrándole una gran sonrisa mientras guiñaba un ojo.

La verdad, me sorprendió el lugar que había escogido Alice para mis prácticas. El Edén, era en cierta forma el lugar perfecto. Nunca lo había visitado, pues generalmente, íbamos de vacaciones a isla Esme o a Denali. En fin, nuestras vacaciones las pasábamos en lugares donde no tuviéramos que escondernos del sol ni de la gente. Mis abuelos habían sabido escoger los lugares perfectos alrededor del mundo, para pasar con su familia una temporada. Aún no había tenido la oportunidad de visitarlas todas, el Edén, era uno de los lugares favoritos que aún no conocía. Rose, pareció cavilar por la forma en que vio a Emm quien sonreía alegremente.

Suspiró.

-De acuerdo, está bien – dijo al final.

-¡Perfecto! bueno si van Emm, Rose y Ness no veo que haya problema entonces.- dijo mi abuela, definitivamente mucho mas complacida ahora que íbamos todos.

-¿Y cuando partimos? – pregunté sumamente feliz dirigiendo la vista a Alice.

- supongo que este fin de semana, llamaré a las líneas aéreas. – respondió Alice, sacando del bolsillo de su chaqueta un teléfono celular. Emm y Rose hablaban alegremente sobre nuestro próximo viaje.

-Estupendo… bueno, ya me voy abuela – dije acercándome a ella para abrazarla. – tengo que hacer maletas y supongo que papá ya habrá llegado así que…voy a darles la noticia.

-Muy bien cielo – dijo mi abuela – Dales un beso de mi parte.

- De acuerdo.

-¡Adiós, tío Emm! – Dije pasando por su lado - tía Rose - dije majestuosamente mientras le daba un beso en la mejilla.

- ¡Nos vemos! – dijeron al unísono.

Me acerqué hasta donde estaba Alice, que se encontraba sentada en las escaleras, aún hablando por teléfono. Hablaba tan rápido que apenas pude entender lo que decía.

-Consigue un boleto para Jake, por favor – le dije al oído. Ella me guiñó un ojo en señal de aprobación - adiós.

Pasé por su lado mientras me decía adiós con su mano libre por detrás de la cabeza, empecé a subir las escaleras con intención de salir por donde había entrado.

-¿Nessie? – Me llamó mi abuela desde abajo – ¿A dónde crees que vas?

Quiero que salgas por la puerta ¿de acuerdo? no quiero que te lastimes por estar saltando ventanas.

-De acuerdo – dije con fastidio, mientras bajaba de nuevo, pasando por el lado de Alice que aún hablaba rápidamente.

Caminé con paso lento hacia la sala, mis tíos estaban en el sofá frente al televisor haciéndose bromas entre ellos. La puerta de la casa estaba abierta.

-Bien, por la puerta –eché un último vistazo a mi abuela que estaba limpiando con afán el suelo de la cocina – ¡Adiós!

Pero ya estaba afuera, así que no alcancé oírlos cuando respondían.

Iba corriendo, mientras pasaba por el estrecho paso entre los árboles todo se volvía una cortina verde que se extendía ante mis ojos. Correr me hacía sentir bien, era como una sensación de libertad. El viento soplaba con violencia mientras iba adquiriendo velocidad. A veces sentía que debía correr en vez de caminar, para mi casi carecía de significado, dar pasos para dirigirme a un lugar ya que podía, al igual que los demás de mi especie, hacer las cosas mientras las pensaba sobre todo con mi extraño don, pero también había heredado de mi padre su habilidad para correr a grandes velocidades incluso más rápido que cualquier otro vampiro. Me sentía libre mientras corría, estar en movimiento me daba una sensación de seguridad.

Estaba cerca de la cabaña, debería estar a unos cinco kilómetros de distancia. Me dirige hacia el norte por un sendero estrecho, esquivando los árboles y saltando las raíces que sobresalían de la tierra húmeda. Las nubes ya habían cubierto el sol, el cielo se había tornado de un gris pálido, por lo que deduje que llovería.

Mantuve la vista fija hacia adelante, ya podía visualizar la cabaña, así que apresuré el paso. Un movimiento rápido y silencioso capto mi atención. Algo se movía casi tan rápido como yo entre la espesura del Bosque, me detuve al mismo tiempo que inhalaba profundamente. El efluvio me llego tan rápido como las ondas de sonido, lo que sea que se movía se detuvo al mismo tiempo en que yo lo hice. Conocía ese olor, era una mezcla de madera almizcleña y tierra húmeda. Cerré los ojos e inspire más profundo, Jake, pensé. Era el olor inconfundible del macho alfa de la manada y el que por supuesto yo reconocería a miles de kilómetros de distancia, había crecido con ese olor impregnado en mi cuerpo, ya que, desde mi nacimiento Jake no se había despegado de mí ni un momento. Cuando estaba en su fase lobuna podía reconocer sus pisadas en la tierra, ágiles y delicadas, el batir de su cola y su corazón desenfrenado mientras corría por el bosque. Siempre que estaba cerca de casa, aullaba insistente y alegre, al igual que su dulce voz, eran mis sonidos preferidos.

Suspiré y abrí mis ojos, sabía el lugar exacto donde se encontraba, así que di media vuelta y volví mi rostro hacia los árboles.

- Vamos lobo, ya sal de ahí, ya te vi – exclamé con una sonrisa en mis labios sumamente feliz de que Jake estuviera aquí.

Escuché su risa inconfundible que se filtraba entre los árboles. Pude escuchar sus pasos ligeros sobre las hojas y la tierra, su corazón palpitaba con furia al igual que el mío emitiendo un sonido acorde, acompasado. Lo vi venir hacia mí con expresión sorprendida con una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Vaya! – dijo mientras me miraba.

-¿Qué? – pregunté sonriendo mientras extendía los brazos hacia él.

No le bastó caminar, así que corrió hasta donde yo estaba y cuando estuvo cerca de mí, pasó sus enormes brazos por mi cintura y me alzó en vilo, dando una vuelta rápida sobre si mismo conmigo en brazos. Pude sentir su pecho ardiendo, como siempre, contra mi piel. Me encontré con su mirada que expedía un brillo excepcional, mientras que me acercaba hacia su mejilla lentamente y le plantaba un beso.

Pude sentir su pulso atronándole los oídos, su sangre subiendo y bajando aceleradamente por las venas y cada partícula de su cuerpo estallando al contacto. Su respiración se detuvo por unos segundos mientras que su sangre expedía un delicioso olor, un olor que me confundía me atontaba y ponía a prueba mí, no tan estable, naturaleza vampírica. Aún tenía fallas, en cuanto a mi instinto se trataba, pues el olor de la sangre humana provocaba que mi garganta ardiera. Sin querer gemí, pues un fuego abrazador recorrió mi garganta seca.

-Uy – exclamé con voz ahogada.

Jake pareció darse cuenta, al mismo instante en que separaba su cuerpo en llamas de mí, soltándome con ligera delicadeza mientras me dejaba de nuevo en el piso.

-¡Lo siento, lo siento! Nessie, soy tan estúpido – se disculpó mientras se alejaba de mi unos centímetros.

-No…está bien, no importa – musité mientras me detenía a respirar por unos segundos.

-De verdad…no necesitas que…

-No…estoy bien – exclamé interrumpiéndolo en medio de la frase.

Nuestras miradas se encontraron por un segundo. Lo miré avergonzada, una vez más, sus ojos me hipnotizaron de una forma extraña, de una forma que nunca antes había sentido.

-Lo lamento - musité desviando la mirada rápidamente, repentinamente avergonzada.

-No tienes por qué solo es cuestión de práctica – dijo en tono persuasivo.

De pronto hizo algo inesperado, algo que nunca antes había hecho. Me tomó del mentón obligándome a devolverle de nuevo la mirada y me besó en la parte baja de la mejilla cerca muy cerca de la comisura de la boca. Su aliento atravesó mis labios entreabiertos pero esta vez fui yo la que reaccionó de una forma extraña.

Un cosquilleo extraño bajó desde mi columna hasta mi estomago para luego alojarse en mi vientre, como mariposas, en forma violenta. Mi respiración se volvió repentinamente acelerada mientras que mi pulso aumentaba. Jake me tomo de la cintura y me acercó a él mientras me encerraba en un fiero abrazo. De nuevo sentí su piel arder bajo mis brazos y pecho. Estaba inmóvil, parecía cincelada en piedra, mi primer instinto fue apartarlo.

-Jake, que… - dije mientras apartaba sus manos de mi cintura y lo miraba confundida.

-Yo….

Estaba en trance pues Jake nunca había hecho esto. Parecía bastante avergonzado a juzgar por la expresión de su cara. Razoné por un minuto e intenté que se calmara pues la que había reaccionado estúpidamente había sido yo. Le sonreí mientras me echaba hacia atrás para ver mejor su rostro.

-Jake…

No respondió. Me acerqué de nuevo a él y tome su cara entre mis manos alzando su rostro para que me mirara.

-¿Qué te pasa? - le dije mientras lo miraba con una sonrisa en la cara para inspirarle confianza.

Lo miré ceñuda, aún sin repuesta alguna.

-¿Quieres que te diga algo?- esta vez alzo la mirada con interés. Le sonreí – Me gustó.

Puso los ojos en blanco. Mientras sonreía y cubría sus ojos con una mano.

-Lo lamento… de verdad – dijo con la mirada gacha.

- No hay culpa sin sangre – musité utilizando el viejo dicho de mi padre.

Nos miramos de nuevo sonriéndonos el uno al otro.

-En serio… ¿te gustó? – preguntó con cautela adquiriendo una aptitud seria.

Asentí varias veces con una sonrisa en mi boca.

-Tengo que practicar mas…no quiero quedarme como una vampira neófita toda mi vida – admití.

Jake pareció pensarlo y sonrió ante mi respuesta.

-Aunque… - dije pensativamente dejando la frase en el aire.

De nuevo, no sé si por un impulso, me acerqué a él mientras rodeaba con mis brazos su cuello y me aplastaba contra su perfecto abdomen. Me alcé hasta ponerme de puntillas y besé de nuevo su mejilla pero esta vez lo hice lentamente rociando con mi aliento sus labios. Jake pareció atravesar, de nuevo, el trance anterior haciendo que su pulso se acelerara, mientras que su corazón enviaba chorros de sangre hacia su torrente sanguíneo. Mi garganta ardió repentinamente ante el olor dulzón de la sangre. Se me escapó un gemido menos audible que el anterior.

Jake se endureció tensando sus músculos, pero esta vez fue él quien me apartó Pero lo hiso con delicadeza, tomando mis brazos y apartándolos de su cuello. Yo lo miré con gesto de dolor.

-Hay otras maneras… de hacerlo – dijo mirándome.

-Ésta… me gusta – respondí con la garganta seca – No sé porque reaccionas de esta manera…es extraño. ¿Por qué lo haces?

Suspiró.

-Íbamos a la cabaña… ¿no? – preguntó sonriendo con aire de suficiencia.

De verdad me había gustado y no podía entender por qué, pero quería que fuera, de alguna manera, por la simple razón de que, tenía que superar mis debilidades vampíricas que tanto me avergonzaban. Pero lo cierto era que me había gustado por el modo en que había reaccionado y que de una u otra forma, esa reacción la originé yo.

-Nessie - dijo Jake mirándome, interrumpiendo el hilo de mis pensamientos.

-Que…Ah sí…la cabaña, vamos.

-Espera – dijo tomándome del brazo y mirándome de los pies a la cabeza - Estás…

-¿Qué?

-No, olvídalo – dijo tras pensarlo unos segundos.

-No, quiero que me lo digas.

-Es solo que…estás…

-¿Sí?

-Estás, hermosa – dijo bajando la mirada cerrando los ojos con fuerza.

Nos quedamos en silencio mirándonos, no sabía que decir, esto me confundió pues Jake nunca me había dicho tal cosa y de esta forma tan seria.

-Nos…vamos – pregunté con sorna al cabo de unos segundos.

-Claro.

Nos pusimos de nuevo en marcha y corrimos ágilmente por el sendero a toda velocidad.

Bella estaba en la cocina preparando mi parte del almuerzo ya que iría con Jake a cazar por la tarde. Edward estaba en la pequeña salita frente al televisor viendo el canal de noticias al cual no le prestaba ni la mínima atención. Jake entró detrás de mí, pasando directamente a la cocina.

Decidí que lo mejor era decirle a mi padre lo del viaje antes que decírselo a mi madre. Con Edward tenía más posibilidades de un permiso. Así que fui directo al sofá donde mi padre veía el televisor.

-Hola papá – dije rodeando el sofá para sentarme junto a él – Hola mamá – grité desde la salita.

-Hola pequeña – musitó papá mirándome con gesto sospechoso, de seguro ya sabría lo que le diría, o al menos cuales eran mis intenciones.

Toqué el dorso de su mano con mis dedos mientras que en mi mente rememoraba las conversaciones sobre los planes de viaje. El recuerdo se desprendió de mi mente mientras viajaba por mi sistema nervioso y atravesaba la yema de mis dedos en fracciones de segundos.

-"Que piensas" – pensé, mientras lo buscaba con la mirada. Edward seguía sin apartar la vista de la pantalla, Algo por lo que me sentí sumamente agradecida.

Mi padre nunca había mostrado aversión hacia mis lecciones de lucha, pero siempre respetaba las decisiones de mi madre ya que a ella no le hacía mucha gracia verme luchar. Eché un ojo a la cocina para verificar si Bella estaba lo suficientemente distraída como para notar la conversación no verbal que mantenía con mi padre. Jake le hablaba animado mientras ella removía el estofado.

Miré a mi padre de nuevo mientras él se volvía hacia mí y asentía lentamente guiñándome un ojo, estaba hecho, lo había convencido. Me abalancé sobre él para abrazarlo. -"gracias" – pensé.

- Nessie, tu almuerzo está servido – me anunció bella desde la cocina.

-Ya voy – musité.

-Vamos – dijo mi padre levantándose del sofá.

Yo lo seguí mientras me pasaba un brazo por encima del cuello y me despeinaba ligeramente.

-Estofado, mi favorito – inquirí al entrar en la cocina.

Me senté frente a Jake en la pequeña mesa de comedor que estaba en una esquina.

-Sin aderezos, como te gusta – dijo bella sonriéndome.

-Gracias mamá, se ve delicioso.

Jake ya estaba terminando la primera de las dos raciones que deduje, comería.

Comencé a comer rápidamente, mientras alzaba la mirada a momentos hacia mis padres que nos observaban. Jake me miraba de reojo.

Edward desvió la mirada hacia Jake rápidamente entrecerrando los ojos como si le estuviera leyendo el pensamiento.

-Bella, mi amor, Nessie se irá al Edén este fin de semana con Alice, Jazz, Emm y Rose – dijo con rapidez.

Me tensé en el asiento mientras intentaba tragar un pedazo de estofado, casi me ahogo a causa de la sorpresa. Empecé a toser con violencia mientras tomaba el vaso de agua que tenía enfrente y empezaba a beber a tragos. Pensé que lo haría de otra forma más persuasiva por eso me sorprendió que se lo soltara de sopetón.

-No lo sabía… ¿Nessie? – dijo bella mirándome con las cejas enarcadas.

-No me lo dijiste – me acusó Jake algo enfadado.

-Pensaba decírtelo ahora – inquirí con un hilo de voz mirando a mi madre con cautela. - Tu irás conmigo – dije desviando la mirada hacia Jake y luego a mi madre.

Bella comenzó a negar con la cabeza con rapidez.

-claro – afirmó Jake con entereza pero esta vez miró a mi madre.

De pronto todos hablaron al mismo tiempo.

-Bella creo que deberías… - comenzó papá.

-Edward no, no lo digas….

-Mamá por favor - le supliqué.

-Nessie, creo que tu madre tiene razón - dijo Jake.

-¡Jake! – exclamé fulminándolo con la mirada.

Sabía que a Jake tampoco le gustaba mucho la idea, porque al igual que mi madre recelaba cuando yo hablaba de mis lecciones de lucha. Así que tanto mi madre como él sabían el significado del viaje. Pero por otro lado estaba la necesidad irrefrenable de Jake de estar conmigo. Le costaba mucho dejarme, algunas veces lo hacía por obligación, pues tenía que dirigir las patrullas de la manada en la Push y en el bosque.

Yo también odiaba cuando me dejaba, a veces lo hacía hasta por dos días. Pero a medida que fui creciendo entendí el porqué de su ausencia. Mis padres tuvieron que explicármelo muchas veces anteriormente dado que siempre terminaba enfadada con él cuando partía.

-Mamá – intenté razonar con ella mientras me levantaba de la silla.

Mi madre seguía negando con la cabeza.

Suspiré.

-Mamá – exclamé de nuevo – Sé que es difícil tomar decisiones en… lo que a mí respecta, lo sé y lo entiendo de verdad – dije tomándola de las manos – Se que les preocupa mi seguridad, pero la verdad es que… vivo rodeada de los depredadores más peligrosos del mundo, ¿qué me podría pasar?

- No puedes comparar… - me interrumpió Jake levantándose de la silla.

- ¡Cierra el pico Jake! – le dije entre dientes.

- ¡Bah! – murmuró algo mas, mientras se sentaba de nuevo y cruzaba los brazos encima de su voluptuoso pecho.

Miré de nuevo a mi madre que estaba inmóvil.

-¡No estás en peligro!

-Pues algún día lo estaré – respondí enfurruñada - Necesito saber…defenderme.

-No lo discutiré – dijo mi madre caminando hacia la salita, yo la seguí mientras que Jake y papá se quedaban en la cocina.

-¡Soy vampira!– la enfrenté una vez que se detuvo en la sala, cruzando sus brazos.

-¡También eres humana!

– no soy igual a ustedes mamá – maticé.

Pareció corresponder a mi pensamiento. Sabía que la mayor debilidad de mi madre era yo, en todos los sentidos. Y al igual que yo, ella también sabia cuales eran las mías. No estaba en peligro y de alguna forma, junto a ellos no lo estaría. Pero era mitad humana, y eso me hacía de muchas formas…vulnerable.

-Velo de esta forma – dije mirándola con aptitud seria.

-No voy a negociar.

-Solo…escúchame – dije – Esto para mi, solo será un hobbie.

Mi madre lo pensó por unos segundos, cerrando los ojos y cruzando sus brazos.

-Un hobbie – repitió.

Asentí mientras sonreía para relajar la tensión que reinaba en la atmósfera. Mi madre sabía que yo tenía la razón.

- Puedes tener otros hobbies – dijo mirándome con sarcasmo.

- Bien…entonces me estás diciendo que podría tomar el nuevo Porsche de Alice y hacer un viaje hasta Port Ángeles y venir de vuelta en el menor tiempo posible.

Se me vino a la mente el nuevo GTR de Alice pues ella sería la única de la familia que me dejaría tomar el auto aunque fuese por accidente.

- ¡Oh no, eso definitivamente no! – dijo mi madre mientras yo rompía a reír.

Pude escuchar que mi padre y Jake también reían, en unos segundos estuvieron fuera de la cocina uniéndose a nuestras risas. Esto parecía ser un sí, así que me sentí orgullosa de mi misma.

Estábamos en mi habitación haciendo las maletas, Bella estaba en medio de la cama con las piernas cruzadas en medio de mucha ropa sin doblar. La maleta descansaba abierta a un lado, mientras que yo iba poniendo mis cosas personales dentro.

-Ness recuerda llevar tu chaqueta, hace frío allá – dijo mi madre.

-La chaqueta, si – dije haciendo ademán de levantarme para buscarla en mi armario – Aunque sabes que puedo tolerar el frio.

-Llévala de todas formas.

-Te preocupas mucho por mí – musité, ya dentro de mi armario buscando mi chaqueta entre los tramos de la derecha.

-¿No debería? – dijo mi madre desde fuera.

-No.

-Soy tu madre, las… madres se preocupan.

- No deberías preocuparte por una niña de cinco años – dije aún buscando mi chaqueta de cuero preferida entre las demás.

-¿Qué te hace pensar que no?

-Nunca te he dado problemas... ¿O sí? - dije esperando un respuesta.

-No verdaderos problemas.

-Umm – dije mientras tomaba mi chaqueta que estaba colgada en el perchero - Aquí está.

-Muy bien – dijo mi madre.

Mientras me disponía a salir, mi silueta se reflejó en el espejo de cuerpo completo que tenía justo detrás. Nunca me había detenido a verme fijamente en él desde que Alice lo metió allí. Mi aspecto no era de mucha importancia para mi, pero algo hiso que me detuviera para mirarme estudiando cada detalle de mi cuerpo.

Tenía toda la pinta de una chica adolescente bien desarrollada de quince años. Con una estatura aproximada de uno sesenta, era delgada, mis brazos eran finos al igual que mis piernas. Mi piel parecía tan impenetrable como la de un vampiro y de un color blanco casi traslúcido bajo la tenue luz de la habitación, parecía cálida y suave al tacto. Mi cabello, de un bronce rojizo, caía en cascada hasta mi cintura en unos rizos perfectos. Mi rostro tenía las mismas facciones de mi padre, el mentón, mis pómulos. Mis labios gruesos de un color rosado cubrían mis perfectos dientes blancos como la cal. Observé mis ojos de un chocolate oscuro, como los tenía mi madre antes de convertirse en vampiro, Se reflejaron a través del espejo mientras miraba el tono rosado de mis mejillas.

Me observé de nuevo estudiando cada detalle, no era como mi madre o mis tías Alice y Rose y mucho menos como mi abuela que gozaban de una feminidad perturbadora, pero definitivamente era… bonita. De pronto me llego a la mente lo que Jake me había dicho unas horas atrás cuando nos encontramos en el bosque. "Estás hermosa". Había dicho hermosa, yo no era hermosa al menos no como lo era una verdadera vampira. Esto me había dejado confundida, ¿Jake diciéndome hermosa? Yo nunca le había dicho que él si era verdaderamente hermoso y valla que lo era.

Esto parecía ser la vorágine de toda una horda de sensaciones, al igual que en el bosque, algo extraño recorrió mi cuerpo dejándome aturdida. Realmente le parecía "hermosa" a Jake y esto me hacía sentir diferente, ya que generalmente estos elogios los recibía de parte de mis padres, de Alice y Rose, de mi abuela hasta de mi abuelo Charlie que siempre me decía que estaba muy linda, que crecía muy rápido. Pero escucharlo de parte de Jake sumado a su extraña reacción cuando le besé la mejilla, por supuesto, me desvió hacia nuevas perspectivas que, me hacían pensar…cosas.

Estuvimos casi toda la tarde y parte de la noche hablando de los planes de viaje hasta que Jake calló rendido en el sofá. Mi madre lo despertó para mandarlo a la habitación de huéspedes donde solía dormir casi siempre. Mañana sería un día largo y me sentía ansiosa así que mi madre me acompañó a mi habitación y allí se quedó, a mi lado, hasta que caí en un profundo sueño.