De viaje
La intensa luz del sol traspasó mis párpados obligándome a poner un brazo sobre mis ojos. Supuse que ya sería de día pues la claridad invadía cada espacio de mi habitación. Me retorcí en la cama sacándome las sábanas de encima mientras bostezaba.
Podía escuchar afuera, en la salita, a mis padres hablando alegremente sobre algo, pude escuchar que pronunciaban mi nombre así que deduje que papá sabría que había despertado. Escuché unos pasos acercarse a mi habitación mientras me desperezaba y me sentaba en la cama cruzando mis piernas. Mi madre tocó la puerta, al abrir asomó la cabeza sonriéndome. Yo le devolví la sonrisa.
-¡Buenos días! – dijo con dulzura.
-Buenos días mamá – respondí mientras se me escapaba otro bostezo.
-Como estuvo la noche – dijo tras darme un fuerte abrazo y sentándose al borde de la cama.
-Muy larga.
La verdad es que se me había hecho eterna pues ya quería que amaneciera. Estaba emocionada con lo del viaje así que esto se me vino a la mente.
-Hoy es el gran día – exclamé en forma cantarina mientras me levantaba y me ponía a dar saltitos encima de la cama.
-Si hoy es el gran día, pero primero debes ir a cazar será un viaje muy largo – dijo mi madre levantándose de la cama sonriendo.
-Oh si, iré con Jake.
-Él salió temprano, fue a la Push a buscar unas cosas.
Me detuve mientras ponía cara de horror, mi madre notó mi desesperación al instante.
-Volverá, dijo que lo esperaras – aclaró mi madre con rapidez.
-Ah, está bien entonces.
-¡Buenos días cielo! – dijo Edward atravesando el umbral de la puerta.
-Hola papá, buen día – exclamé mientras saltaba de la cama para abrazarlo.
Me apretó con dulzura mientras me daba un beso en la frente.
- Pareces ansiosa – dijo Edward sonriendo.
-La verdad es que si – admití – Me voy a bañar.
Mi padre asintió mientras me dirigía al armario para sacar mi bata de baño. Pasé como un bólido entre ellos acercándome a la maleta que estaba en una esquina para sacar mi neceser de aseo pues ya estaba empacado.
-Ya vuelvo – dije mientras les dirigía una última mirada, al salir de la habitación Pude ver que sonreían.
Mi baño fue rápido incluso más rápido de lo habitual. Salí de la ducha y empecé a lavarme lo dientes igual de rápido. Al salir del baño me vestí, me puse algo ligero, mientras que mi madre me ayudaba con mi cabello. Desde pequeña mi madre acostumbraba a peinar mi cabello al igual que Rose y mi abuela, mis rizos eran así de perfectos gracias a ellas.
Jake estuvo de vuelta casi al mismo tiempo en que tomaba el teléfono para llamarlo. Llamó a la puerta con unos golpecitos ligeros.
-Hola Ness – dijo alegremente mientras me abrazaba, yo lo sostuve con más fuerza de la habitual.
-¡¿Qué hay? ¿Nos vamos? – le pregunté con prisa mientras Jake dejaba su equipaje en la salita.
- Si vamos – dijo sonriéndome.
-No tarden, su vuelo sale a las once – dijo mi padre desde el sofá.
-Los acompañaremos al aeropuerto – comentó mi madre desde la cocina.
-Bien, vamos Jake – dije tomándolo de la mano y sacándolo de la casa – ¡Estaremos aquí en una hora! – grité desde afuera mientras corríamos a toda velocidad en dirección al bosque.
Nos adentramos bien al sur hacia las profundidades del bosque. Agucé todos mis sentidos, mi olfato me ayudaría a percibir la sangre a kilómetros así que me mantuve atenta. Luego de unos minutos de recorrido me detuve en medio de los árboles cuando ubiqué a una manada de alces. Jake se detuvo a mi lado en silencio. Había cuatro alces, tres hembras y un macho, éste era el alfa y el más grande.
-¿Los tienes? – preguntó Jake a mi lado en voz poco audible.
-Son cuatro – dije casi al mismo tiempo mientras inhalaba profundo para saber el lugar exacto donde se encontraban. – Vamos – añadí.
Caminamos unos cuantos pasos más, siguiendo el rastro de la pequeña manada. No quería tardar mucho buscando un puma ya que eran poco mas de las siete y teníamos que llegar al aeropuerto antes de las once para tomar nuestro vuelo.
-¿No vienes? – pregunté a Jake al notar que se agazapaba contra un árbol.
-No – respondió Jake – Estaré aquí.
-Bien.
-Ve por él – exclamó Jake señalando al macho más grande.
Lo miré sonriendo mientras comenzaba a caminar hacia el alce.
Cuando estuve cerca de un árbol me acuclillé y salté hacia él mientras me trepaba por las ramas en silencio. Estuve arriba en medio segundo, el alce estaba justo debajo, la garganta me ardía a causa de la sed. Me concentré en mi presa mientras me preparaba para saltar. Caí en la tierra de pié, en silencio.
El alce me miró al mismo tiempo en que comenzaba a correr. Me abalancé hacia él con rapidez mientras lo tomaba del cuello y lo tiraba de bruces en la tierra.
El alce comenzó a retorcerse debajo de mis manos de hierro, lastimándose.
-Tranquilo, pequeño – dije en voz baja mientras acariciaba su cabeza – Lo siento, lo lamento.
El alce dejó de retorcerse al mismo tiempo que ponía mis manos alrededor de su cuello y lo partía en un movimiento seco. El chasquido resonó en medio del bosque. Mis dientes traspasaron la piel del alce mientras que la sangre pasaba por mi garganta dulce y tibia disminuyendo el dolor a causa del ardor. En pocos minutos el cuerpo del alce quedó totalmente seco. Me levanté comprobando que mi camisa estaba en perfecto estado, aparté un mechón de pelo de mi ojo mientras miraba a Jake que me observaba desde el árbol. Le sonreí mientras corría hacia él.
-¿Todo bien?- dije acercándome a él sonriendo.
-Todo bien – respondió Jake. Subió su mano hasta mi mejilla para acariciarla.
De nuevo esa extraña sensación, como mariposas, afloró en mi estomago obligándome a acercarme más a él.
-Te lamentas demasiado – musitó señalando el cuerpo inerte del alce – Siempre lo haces – agregó.
Suspiré.
-Lo hago porque le estoy quitando la vida para alimentarme – inquirí bajando la mirada.
-Eso es… muy gentil de tu parte – dijo Jake tomando mi cara entre sus manos.
-¿De verdad? ¿No parece demasiado… estúpido? – dije con sorna.
-Tienes que alimentarte Nessie, no es tu culpa – dijo Jake - Lo hemos discutido cientos de veces – añadió poniendo los ojos en blanco.
-Pues si Jake, pero aún me parece que es algo," horroroso" – exclamé haciendo énfasis en la última palabra.
-Algo horroroso es… hacer lo que hacen los demás de tu especie – dijo Jake con cautela.
-No lo niego… pobres humanos inocentes – me lamenté.
-Hay unos que no son tan… inocentes – exclamó Jake.
-Los que beben sangre humana no escogen a sus presas pensando que son buenas o malas – dije mirándolo – Solo matan y ya – añadí.
-Bueno y que hay de tu padre, él entraba en la mente de sus presas para cerciorarse – comentó Jake – Por un tiempo lo hizo – añadió al notar mi expresión.
- Mi padre fue criado por la excepcional y compasiva mente conservadora de mi abuelo – inquirí – pero aún así, tuvo fallas.
-Bien y que hay de Jasper…
-Es diferente
-¿Y Alice?
-Es distinto Jake, Alice y Jasper atravesaron por una… situación, que en ambos casos influyó en las diferentes decisiones que tomaron – exclamé.
-¿Situación?– preguntó Jake arqueando una ceja.
-Situaciones... cada uno tuvo una historia diferente.
-Tendrás que contarme la historia.
-Algún día… cuando no tengamos que tomar un avión – le dije con sarcasmo.
-Maldición el vuelo – exclamó.
-Llegaremos a tiempo – dije con seguridad.
-¿Tienes… mas sed?
-Creo… que si – le dije haciendo un mohín.
-Entonces, ¡adelante!
Casé dos alces más pequeños tomando mis precauciones pues viajaría con más de 300 personas y más de 300 pulsos palpitando en los casi 300 cuellos de los indefensos humanos, provocando en mi garganta un ardor casi irresistible. Confiaba plenamente en mi fuerza de voluntad, desde pequeña podía hacerlo, pero solo con los humanos que siempre estuvieron conmigo, mi abuelo Charlie, Billy y los hermanos de Jake, así que esto sería una prueba.
Ya regresábamos cuando decidí ir por la ruta en dirección a la mansión, corrimos por el bosque esquivando las grandes ramas y saltando las raíces que sobresalían de la tierra húmeda, en unos minutos estuvimos atravesando el río. Cuando estuvimos cerca, rodeamos la casa atravesando el pequeño prado. Frente a la mansión, se encontraban uno tras de otro lo autos en los que iríamos al aeropuerto.
-¡Justo a tiempo! – dije con alegría.
Pasamos al lado de los autos y nos dirigimos al porche de la entrada.
Emm atravesó el umbral de la puerta cargado con cuatro maletas color vino tinto que parecían ser las de Rose mientras me sentaba encima del capó del nuevo Mercedes SRLT color negro de mi abuelo.
-¡Hola chicos! – dijo Emm.
-¡Que hay amigo! – dijo Jake apoyándose de las puertas traseras del Mercedes.
-¡Hola grandulón! – respondí sonriéndole.
-¡Hola grandulona! – exclamó Emm.
-¿Todo listo? – pregunté.
-Sin problemas – respondió abriendo la maleta del auto de Rose, que estaba justo detrás del de mi abuelo, para meter el equipaje.
Mis padres acababan de salir por la puerta seguidos de mis abuelos y Rose quien traía otra maleta más pequeña en la mano.
-¿Nos vamos? – dije saltando del auto.
Corrí hacia mis abuelos para saludarlos. Esme me abrazó mientras me besaba en la mejilla.
-Hola cielito– exclamó mi abuela con dulzura sonriéndome – ¿Estás preparada?
-Sí, estoy ansiosa – respondí sinceramente – ¡Hola abuelo! –le saludé mientras me daba un beso en la frente.
-¡Hola cielo!
-Tus maletas y las de Jake están en el auto – dijo mi madre acercándose a nosotros– ¿Estás bien? – agregó mirándome a los ojos. Asentí muchas veces sonriéndole.
Mi padre se acercó a nosotras rodeando a mi madre por la cintura al mismo tiempo que me tomaba por el brazo acercándome a él y me daba un abrazo fuerte.
-Hola de nuevo mi pequeña - exclamó mientras me desprendía de su fuertes brazos.
Me volví para saludar a Rose, se encontraba cerca de mí, así que me acerqué a ella.
-Hola tía Rose.
-Hola cielo - dijo mientras metía algo en la pequeña maleta - Parece que esto es todo – inquirió mirándome.
-¿Donde está Al? – pregunté mirando hacia las ventanas de su habitación que estaban en el segundo piso.
-Rose, cielo… ¡ven aquí! – la llamó Emm desde el auto. Ella lo miró.
-Ya viene – musitó mientras se dirigía hacia Emm, volví a mirar arriba.
Alice asomó su pequeña cabeza de duende por la ventana de su habitación.
-Oye… ya, ¡vamos! – le dije mientras le sonreía.
-Ya voy, apártate de allí – dijo haciendo señas con las manos – Voy a bajar.
Me aparté con un movimiento rápido para dejarle el espacio libre. Todos miraron arriba.
-Oh no, por la ventana no – dijo mi abuela lamentándose.
-No le pasara nada Esme – dijo mi abuelo por lo bajo.
Alice sacó su torso por la ventana mientras se impulsaba hacia el vacio. Aterrizó de pié en la tierra limpiamente.
-Bien, ya estoy aquí…podemos irnos – dijo mientras se acercaba pasando un brazo por mi cuello.
- si vamos – dije sonriéndole.
La idea pareció alegrarme lo suficiente, quería ir con los chicos, pero no cabíamos todos en el auto de Rose así que terminé por sentarme junto a Jake en el asiento trasero del auto de papá.
Mi abuelo ya había subido al Mercedes con mi abuela de copiloto. Avanzaron primero para situarse a la cabeza de los demás. En el Nissan, estaban mis tíos con Emm al volante. Este auto me gustaba, su color plateado resplandecía con la luz del sol, era el perfecto modelo del 370z. Mientras que en el nuevo Audi A8 color blanco de papá íbamos mi madre a su lado, Jake y yo.
-¡Aquí vamos! – dije mientras mi padre encendía el auto.
-Los cinturones – dijo Bella mirándonos por el espejo retrovisor.
El rugido suave de los motores resonó entre los árboles. El auto de mi abuelo avanzó primero seguido del nuestro, justo detrás venía el de Rose. Abroché mi cinturón distraída, mirando por las ventanas cerradas del auto. Mientras salíamos del sendero, hacia la carretera, eché un último vistazo a la casa que ya desaparecía en la espesura de los árboles. A mi lado, Jake abrochaba su cinturón mientras me rosaba con sus dedos en el dorso de mi mano. Desvié la vista de la ventana para mirarlo. Jake me sonrió, a su vez le devolví la sonrisa.
-¿Cómo tomó Billy lo del viaje? – preguntó Bella a Jake al cabo de unos minutos.
-Pues, aquí me vez – dijo Jake con alegría – Casi me sacó a patadas de la casa – añadió mientras reía.
-¿Qué hay de la manada? – preguntó mi padre sin despegar la vista de la autopista. Jake lo miró con cautela.
-Sabrán que hacer sin mí, no es la primera vez que los dejo.
-¿Instrucciones, no?
-Sí, les dejé instrucciones.
Mi madre y yo oíamos la conversación con interés sin hablar.
-¿En la Push? – preguntó mi padre a Jake como si le estuviera leyendo el pensamiento.
-Probablemente en la noche – dijo Jake asintiendo – No lo sabemos – agregó.
-¿Es posible? – dijo mi padre con serenidad.
-¿Qué es posible? – los interrumpí.
-No es nada amor – dijo Edward – Jake cree que anoche estuvo…un visitante cerca de la Push, es todo – dijo mirándola de nuevo para ver su expresión.
Mi madre lo miró por unos segundos.
-¿Eso es posible Jake? – dijo mi madre.
- No lo sabemos…al parecer solo estuvo allí para cazar, los chicos perdieron el rastro cuando se dirigió a la playa – Jake parecía molesto con la idea.
-¿Atravesó el océano? – pregunté intuyendo la respuesta.
- A gran velocidad – exclamó Jake asintiendo – No sabemos si volverá, le dije a Leah que estuviera alerta – agregó.
-¿Qué hay de Sam? – preguntó de nuevo mi padre.
-Pues… tiene a los chicos vigilando la frontera y las inmediaciones de la Push.
-¿No es peligroso para ella? – musité mirando a Jake.
-Sabe defenderse cielo – dijo papá – Es muy buena en eso, es rápida y muy ágil.
- Menos mal que tu estas aquí – dije aún mirando a Jake - No te pasará nada si estas…con nosotros. – añadí bajando la mirada, eso parecía bastante egoísta. Pero estaba feliz que estuviera aquí conmigo fuera del peligro.
-Ness, eso no está bien – dijo mi madre mirándome sorprendida.
-No por supuesto que no, pero la manada sabrá defenderse mejor – dije mirando a Jake buscando apoyo.
-¿Dudas de mis habilidades? – preguntó Jake con aire ofendido.
-No – dije rápidamente – Quiero decir, los chicos sabrían que hacer en caso de que… suceda algo.
-Yo también sabría que hacer – dijo Jake un poco melodramático.
-No si hay vampiras como yo cerca y rondando por ahí – musité con sarcasmo arqueando una ceja.
-Pues los lobos como yo deberían tener miedo – dijo Jake mirándome con una media sonrisa – con vampiras como tú que ni ponzoña tienen. – añadió en modo de broma pero el comentario pareció insultarme.
-Ponme a prueba Jacob, y veremos si resistes una mordida de las mías ahora que mi mandíbula está lo suficientemente desarrollada como para destrozarte en segundos– dije un poco seria pero con tono de burla, Jake sabía que no podría con eso.
-Recuérdame decirte que no sabrías que hacer sin mi – dijo sonriendo ante mi comentario que pareció agradarle repentinamente.
-Lo prometo – inquirí alzando mi mano derecha. Mientras rompíamos a reír a carcajadas.
-Ness creo que este viaje te va asentar bien – dijo mi padre sonriendo, mi madre lo miró, sabía a qué se refería.
-Edward, recuerda que esto es… un hobbie – dijo mi madre con una sonrisa en los labios.
- Debes tener mucho cuidado cielo – dijo papá - Eres lo más importante para nosotros – añadió.
-Tranquilos, regresaré sana y salva, no me pasará nada – dije mirándolos con cansancio.
Esto parecía ser un verdadero reto para mis padres, nunca había viajado sin ellos, ni tampoco ellos se alejaban mucho de mí. De verdad que iba a disfrutar mucho estos días.
Nos quedamos en silencio el resto del viaje al aeropuerto de Washington. De vez en cuando miraba atrás mientras que Rose me saludaba desde el auto o Emm hacia muecas a la vez que yo le devolvía otra, mi vista se extendió hacia atrás donde podía ver a Alice que reposaba su cabeza en el hombro de Jasper mientras que este le besaba la frente.
Llegamos al aeropuerto con buen tiempo eran justo las diez. Desabroché mi cinturón mientras aparcábamos en el gran estacionamiento donde había unos cien autos más. Mi padre apagó el motor mientras se volvía hacia mí.
-¿Estás bien? – preguntó con caballerosidad, como siempre.
-¡Claro papá! – le dije con rapidez. Miré a mi madre que estaba frente a mí, parecía ansiosa.
Había humanos por todas partes. Como era de esperarse, el dulce olor de la sangre estuvo en unos segundos entrando por los orificios de mi nariz haciendo que un fuego abrazador impregnara mi garganta ahora repentinamente seca. No tenia sed pero esa ligera molestia me hiso dudar. Mantuve mi postura para que mi madre se sintiera segura y no flaqueara en el último momento, pues ya estábamos en el aeropuerto y la verdad es que no me gustaría regresar a casa por una debilidad que podía controlar. Les sonreí.
-Todo irá bien – les dije haciendo un mohín – Solo serán unos días mamá – insistí mirándola.
-Yo la cuidaré – intercedió Jake – siempre lo hago – añadió con seguridad mientras yo asentía en señal de aprobación.
-Lo sé – dijo mi madre.
Mi padre miró a Jake de forma extraña, como si estuviera estudiándolo con la mirada y viendo más allá de su mente. Jake parecía estar suprimiendo cualquier pensamiento que estuviera pasando por su mente, se miraron por unos segundos casi acechándose con la mirada o eso parecía.
-Sabes, que lo sabré – dijo mi padre, esto me hiso volver la mirada hacia Jake, confirmando mi teoría.
-No sé de que hablas – dijo Jake poniendo una mano en la puerta haciendo ademán de salir.
-Sabes perfectamente de que hablo.
-Pues estas equivocado – dijo Jake, ahora parecía alterado, se inclinó en su asiento totalmente tenso.
-Oigan, que… - comencé confundida.
-Hora de irnos – dijo mi madre chasqueando los dedos para captar su atención.
Abrí la puerta del auto y puse un pié afuera mientras me volvía para mirarlos. Mi madre veía a mi padre y a su vez este veía a Jake. Estaban inmóviles.
-¿Vamos? – dije alzando la voz y arqueando una ceja.
Me miraron sorprendidos, mi padre fue el primero en abrir la puerta, al salir dio un portazo tan fuerte que me sobresalté, mi madre le siguió mirándome con incredulidad. Me encogí de hombros.
Al salir mis tíos esperaban, sabía que habían escuchado nuestra conversación, por lo que al vernos desviaron las miradas. Mi padre sacó mi equipaje del auto dejando el de Jake a sus pies y llevando el mío hasta donde se encontraba el de los demás, Emm puso una mano en su hombro dándole un apretón, papá parecía bastante enfadado por algo que tenía que ver con Jake y también conmigo.
-¿Me perdí de algo? – pregunté a mamá en voz baja.
-No…no lo sé – dijo mirándome de reojo – Tranquila cielo, todo está bien – añadió pero no parecía muy segura de eso. Mis abuelos no se encontraban allí así que esto me distrajo.
-¿Donde están? – pregunté a nadie en particular, al llegar al grupo, mi madre y Rose intercambiaron miradas.
-Tuvieron que ir a otro lugar para estacionar el coche – respondió Jazz al instante. Asentí levemente.
Me volví para comprobar donde estaba Jake. Se había quedado atrás recostado en el auto con los brazos cruzados en su pecho, me miró y luego bajó la mirada. Lo miré ceñuda esperando que lo hiciera de nuevo para hacerle señas.
-No puedo resistir tu emoción Nessie – dijo Jazz. Me volví para mirarlo.
-Pues, pareces mucho mas emocionado que yo – musité dudando.
-Lo estoy – dijo guiñándome un ojo – Pero no más que tú, podría contagiar toda esta gente con esa alegría y optimismo que emanas. – dijo mirando a su alrededor. Le sonreí con desgana, volví la mirada a Jake que estaba aún en la misma posición.
Suspiré.
Me acerqué hacia Edward, pues deseaba saber que pasaba, sabía que no me diría nada pero era mejor intentarlo. Me sonrió al verme, lo rodee con los brazos mientras él me apretaba contra su pecho duro como una piedra.
-¿Pasa algo? – pregunté escondiendo la mirada en su pecho.
-No pasa nada cielo – dijo en tono serio.
-Entonces por qué…
-Eso es entre Jake y yo – me interrumpió dándome un beso en la frente.
Suspiré de nuevo desprendiéndome de su abrazo.
-Podrías hacer algo con estas emociones tío Jazz – musité mirando a Jazz quien sin decir una sola palabra me sonrió.
Repentinamente todos parecían emocionados, el sabio don de mi Tío desapareció la desazón de todos por lo recientemente sucedido. Comenzaron a hablar entre sí con más alegría, hasta mi padre se unió a las conversaciones.
Aproveché la situación y caminé con paso firme hacia Jake, me detuve frente a él y lo miré.
-¿Qué? – preguntó sin mirarme.
Enarqué una ceja mientras me volvía sobre mis pies haciendo ademan de irme. Jake me tomó de la muñeca suavemente.
-¿Qué? – pregunté del mismo modo
. Jake bajó la mirada avergonzado.
-Lo siento Ness, soy un imbécil – dijo aún sin mirarme.
-Sí, lo eres – musité.
-¿Lo soy?
-¿Quiero que me digas que pasa? – dije tomando su mentón obligándolo a mirarme.
-¡Nessie! – dijo Alice, me volví para mirarla, me hacía señas para que regresara.
-No aquí – dijo Jake tomando mi mano – Nos vamos.
Pasó una mano por mi cuello mientras caminábamos hacia a el grupo que nos esperaba, mis abuelos habían regresado, tomaron las maletas y se pusieron en marcha dejándonos atrás. Jake y yo caminamos con paso lento siguiéndolos hasta la gran sala de espera.
