La casa del lago
Nos abrimos paso por un camino estrecho donde uno tras otro, se extendían árboles de cerezos realmente hermosos, que se alineaban por la vereda, de los cuales, caían una por una y en forma lenta haciendo círculos en el aire las flores totalmente blancas que se apilaban al pié de los árboles, cubriendo el suelo de una espesa capa blanca como la nieve.
-¡Hermoso! – dijo Jake parpadeando sorprendido.
-Si hermoso – dije igual de sorprendida que Jake.
Seguimos avanzando por la estrecha vía siguiendo el auto de Emm, que se detuvo frente a un gran arco de madera donde se entretejían matitas verdes que caían en forma de cortina. Justo en medio, con letras de color dorado, decía, "Edén" de las cuales caía, al igual que el arco las matitas verdes.
Emm sacó un brazo por la ventana, abrió el buzón de correos que estaba a unos centímetros y sacó unos sobres color blanco al mismo tiempo que metía de nuevo el brazo y avanzaba. Jake lo siguió, al pasar por el buzón pude ver que decía en letras pequeñas, Alice y Jasper Cullen, y en la parte de abajo en letras más pequeñas decía - nuestro paraíso.
-Nuestro paraíso – repetí pensativamente la frase. Jake rió con ironía mientras yo lo miraba arqueando una ceja a modo de pregunta. – Me gusta – añadí después de unos segundos. Jake rió de nuevo negando con la cabeza.
-¿Qué? - pregunté entrecerrando los ojos.
-Nada.
Emm estacionó el auto en una esquina, entretanto Jake aparcaba el nuestro justo a su lado. Apagó el motor y salimos. Lo que vi me dejó sorprendida.
Justo frente a nosotros había unas escaleras, que conducían hacia un puente de madera construido en un cimiento de piedras. Era bastante alto dado que se alzaba a la altura de los cerezos que allí se encontraban. Las ramas de los árboles se entrecruzaban formando un túnel de espesas flores blancas sobre el puente.
Me encaminé atontada hacia las escaleras, mientras las subía intentaba no pisar las flores de cerezo que se encontraban tendidas en los escalones, eran tan hermosas que estaba mal que las pisara o que las apartara, porque hasta la forma en que habían caído en los escalones era hermosa, Jake venía tras de mí en silencio mirando a su alrededor, Emm y Rose nos seguían sonriendo ante nuestra reacción.
-¿Te gusta Ness? – dijo Rose desde atrás.
-Me encanta…es hermoso – dije mirando el techo de ramas de cerezo de las cuales mas florecitas caían en círculos.
Llegamos al final del puente donde había un enlace de suelo de madera, igual que la del puente que se extendía varios metros formando una superficie.
-Esme construyó la casa encima de estos cimientos de piedra – dijo Rose pasando al frente jugueteando con las llaves que tenía en sus manos. – Es…un porche pero a unos cinco metros de altura. – agregó riendo.
Miré a mi alrededor, pues tal y como decía Rose el porche se alzaba encima de los cimientos. La superficie estaba rodeada por un hermoso diseño de madera, tenía más pinta de un balcón que de porche dado a la altura. Cuatro columnas separadas entre sí, dos a los lados del puente, se extendían hacia arriba sosteniendo el techo, también de madera. Miré a la derecha donde había unas sillas y una pequeña mesita, parecía una salita de estar. Al otro lado guindando del techo había una silla mecedora color blanco para dos personas con hermosos cojines de color lila, el color preferido de Alice.
-¿Entramos? – preguntó Rose en voz baja.
-Sí, claro – dije parpadeando hacia ella.
Justo a los lados de la puerta había cuatro ventanales como los de la mansión, al parecer mi abuela le gustaba demasiado dar luz a las casas que construía.
Rose abrió la puerta y encendió la luz, entramos uno seguido de otro. Al igual que con el puente, quedé impactada al ver el interior de la casa.
-¡Hogar dulce hogar! – dijo Emm tomando por la cintura a Rose para después darle un largo beso en los labios.
Desvié la mirada al instante pues esto me producía incomodidad. Jake me observaba desde atrás mientras avanzaba hacia mí.
- Ven, vamos – dijo tomándome de la mano.
El interior de la casa era un poco mas acogedor, no era de gran tamaño pero definitivamente era hermoso. Justo a la izquierda, la pared tenía forma de medio circulo cubierta de ventanas de cristal, que iban desde el techo hasta el piso, allí se encontraba la salita donde había un sofá color blanco y una mesa de café redonda, encima descansaba un jarrón con hermosas fresias y lilas. El enorme televisor plasma se encendió al mismo tiempo que Emm se recostaba en el sofá con la cabeza en las piernas de Rose.
-Iremos a ver – dijo Jake a mi lado.
Rose asintió sonriéndonos.
La cocina estaba a la derecha, la decoración se basaba más que todo en el gusto de Alice. Estaba empotrada con mármol beige con detalles dorados. Justo en el centro estaba la pequeña mesa de comedor frente a otro ventanal igual de grande con vista al lago. Al verlo me entraron ansias de salir corriendo hacia él.
-¡Vamos a verlo! – dije tomando de la mano a Jake.
-No, espera. Vamos arriba, luego vemos las inmediaciones – exclamó señalando las escaleras que estaban al fondo.
-Bien – dije mientras Jake me tomaba de nuevo de la mano y se volvía hacia las escaleras.
Me detuve frente al rellano pues el pasillo que se extendía hasta el final captó mi atención. Solté la mano de Jake mientras caminaba hacia él. No tenía paredes solo ventanas iguales a las de la salita. Atesoraba una vista espectacular del lago. Sorprendida, eché a correr por el pasillo donde había una puerta de cristal, al notar que Jake no me seguía me volví.
-¿Vienes? Luego vamos arriba - dije mirándolo de forma persuasiva. Sonreí pues sabía que no se resistiría a esa mirada.
- ¡Caray! ¿Cómo es que lo haces? – dijo echando la cabeza hacia atrás mientras avanzaba hacia mí.
-¿qué cosa? – pregunté.
Abrí la puerta de cristal y al salir, La brisa sopló con violencia en mi rostro. Definitivamente estaba en el paraíso. Aunque todo estaba a oscuras unos farolitos daban claridad al porche que se extendía horizontalmente hacia otras escaleras pero en forma de caracol.
-Vamos – dije emocionada corriendo hacia las escaleras.
Jake me siguió sin titubear. Bajamos tan rápido como pudimos, hubiera podido saltar pero el jardín que se encontraba debajo me impidió hacerlo. Al llegar lo miré sorprendida.
En medio del jardín había un camino de piedras que sobresalía del suelo algo irregulares. Los tulipanes y las rosas rojas abundaban a un lado mientras que del otro, con hermosos colores en tonalidades blancas y amarillas, se encontraban las fresias.
-Son las favoritas de Alice y las mías también – dije desviando la mirada hacia Jake, que me observaba.
Jake saltó la cerca, avanzó por el camino de piedras y se acuclilló frente a las fresias, tomó una, la olió y luego se levantó. Estuvo frente a mí en medio segundo.
Extendió la flor hacia mí con la mirada seria.
-¡gracias! – exclamé mientras alzaba una mano para tomarla.
Jake fue más rápido pues al mismo tiempo que tomaba la flor de su mano, él sujetó la mía con delicadeza atrayéndome hacia su cuerpo. Nos miramos por unos segundos en medio de la oscuridad. Jake tomó la flor de mi mano y apartó el cabello de mi oreja donde acomodó la pequeña flor.
-Aquí se ve mucho mejor – dijo a mi oído.
Su aliento rozó mi mejilla obligándome a inspirar casi al instante.
Jake era mucho mejor de lo que pensaba. Algo había cambiado, quizá la forma en que mi mente y cuerpo reaccionaban, era como si necesitara de él, me había propuesto a mi misma descubrir por qué Jake actuaba de esta forma, pero no lo iba a negar, si lo descubría tal vez no me molestaría en pedirle explicaciones, o tal vez sí, lo haría.
-Vamos al muelle – dije desviando la mirada.
-Si vamos.
Suspiró.
-¿Carrera de aquí al muelle? – dije ya empezando a correr a toda velocidad. Jake me siguió pero sabía que no me alcanzaría, solo en fase podría hacerlo.
Atravesé el campo como un bólido y en unos segundos estuve corriendo encima del muelle. Me detuve al final de éste a esperar a Jake.
Miré hacia el horizonte cerré los ojos y dejé que la brisa fría se colara por los poros de mi piel. Pude sentir a Jake muy cerca de mí, pero no me volví. Abrí los ojos de golpe, pues Jake aún no se acercaba, me giré y allí estaba, sin camisa con sus grandes pectorales y su perfecto abdomen plano, pero duro como una piedra.
-¿Qué haces?
Arqueé una ceja.
-Querías venir al lago ¿no? – dijo con sarcasmo. Ya veía sus intenciones.
-Oh no, no, no Jake no lo hagas.
Jake se acercaba hacia mí con los brazos abiertos. No tenía salida, jake me lanzaría al lago y tenía puesta mi chaqueta favorita. Empecé a desabotonarla al mismo tiempo que me quitaba los zapatos y los tiraba a un lado. Saqué los brazos de la chaqueta de un tirón y la tiré junto a los zapatos.
-Sabes Jake, me encanta esta chaqueta – dije acercándome más a la orilla del muelle.
-Lo sé – exclamó dando un paso hacia mi – y a mí me encanta cómo te queda.
Corrió hacia mí tomándome de la cintura y los dos caímos al agua.
El lago estaba en calma, nadamos por mucho rato bajo el agua pues jake tenía las mismas facilidades que yo para aguantar la respiración.
- Jake debemos irnos – dije al cabo de una hora, o eso me pareció.
-¿Porque debemos irnos? -
Me tomó de la cintura halándome hacia el fondo. Como pude me solté y nadé hacia arriba agitando mis piernas y brazos para impulsarme.
-Porque Rose nos está esperando – dije apartando el pelo de mi cara justo cuando jake aparecía frente a mí – ¿acaso no tienes hambre? – pregunté nadando hasta el muelle.
-Pues valla que si – admitió.
Subimos al muelle mientras yo tomaba los zapatos y mi chaqueta goteando agua por todas partes.
-¿Carrera hasta la casa? – preguntó jake al mismo tiempo que echaba a correr.
-¡Te ganaré!
En unos segundos estuve al frente dejando a jake a unos cuantos metros de mí. Pasé frente al jardín y cuando estuve al pié de la escalera de caracol jake apareció a mi lado.
-Te dije que te ganaría – dije lacónicamente, mientras subíamos las escaleras.
-Oh, sí –respondió con pesar a mi espalda riendo.
Rose nos esperaba en el pasillo con dos toallas dobladas en los brazos. Con la misma expresión que la de mi madre cuando llegaba a casa con jake llena de lodo. Esto solía hacerlo todas las tardes cuando iba de caza con Jake, me divertía mucho.
-Nessie, estas empapada – dijo Rose envolviéndome en la toalla, tirando la otra a jake. – ¿Tienen hambre? – preguntó mientras me pasaba una brazo por el hombro y me llevaba adentro.
-¡Mucha! – dijimos jake y yo al mismo tiempo.
Comimos en silencio y rápido, Jake compitió conmigo para ver quien terminaba su comida más rápido y por supuesto el me ganó, por una cucharada, cabe destacar y luego subimos a nuestras habitaciones por orden de Rose, para tomar una ducha caliente. En el segundo piso solo había un pequeño vestíbulo con unas cuantas puertas, cuatro para ser exacta.
-Jake, dormirás aquí – dijo buscándolo con la mirada y señalando la primera puerta – dentro están tus maletas…y el baño es ese – dijo señalando la puerta contigua.
-Bien, Gracias Rose – dijo mientras abría la puerta de la habitación y tras echarme una mirada la cerró tras de sí.
-Y tú cielo, dormirás en la habitación de Alice y Jazz – dijo mirándome con una gran sonrisa.
-Gracias tía – dije con nostalgia, pues acababa de recordar que Alice no estaba.
Hubo una pausa.
– ¿volverá? - pregunté buscando su mirada.
-Por supuesto – dijo Rose.
Intenté por todos los medios creerle, no tenía sueño ni estaba cansada pero definitivamente necesitaba un baño para relajarme.
-Intenta dormir – musitó tomándome de los hombros – mañana será un gran día, tus lecciones… ¿recuerdas? Por eso estamos aquí – añadió mientras me besaba en la frente.
Mis lecciones, caray, casi lo había olvidado, pero sin Alice incluso sin ella mis lecciones carecían de significado.
-Lo intentaré – dije bajando la mirada.
-Buenas noches, cariño – dijo mientras veía el reloj de pared antiguo que estaba frente a nosotras. – ¡Buenos días en realidad! Son casi las tres.
- Iré a darme un baño – dije suspirando.
-Bien – dijo Rose – si necesitas ayuda, llámame.
Asentí mientras entraba a la habitación. La enorme cama de dosel con vaporosas cortinas blancas se situaba justo en frente. Miré a un lado donde había un pequeño armario de madera antiguo. Unas cortinas transparentes de color rosado cubrían el único ventanal de la habitación donde había un hermoso diván algo anticuado, del mismo tono de las cortinas, al parecer conservaban algunas cosas de la época en que Alice y Jazz habían contraído matrimonio. ¿Hace cuanto tiempo?, no lo sabía exactamente.
