Recuerdos

Me mantuve pensativa por largo rato en la penumbra. Mis lágrimas habían cesado por lo que mis ojos estaban algo pesados. Intenté conciliar el sueño obligándome a no imaginar cómo estaría Jake. Está bien lo admito, me porté horrible, lo traté aún peor, fui totalmente ridícula y mi comportamiento fue estúpido. Pero aún así, Jake era un necio, manipulador, tonto, idiota y quizá el ser que me quitaría el sueño las siguientes noches. No podía seguir pensando en Jake, no así. No con la necesidad de ver su rostro cuando cierro los ojos, ni intentar mitigar la sensación que invade mi cuerpo al verlo. Cuando me toca, cuando me mira con ese brillo fanático en sus ojos. Su espectacular sonrisa me mantenía en forma cuando quería caerme en pedazos frente a él. Que me estaba pasando. Porque tenía que ser tan complicado. ¿Que era realmente lo que sentía hacia Jake? tenía semejanza con la historia de Emm y Rose.

Ahora bien, estaba en debate la otra cara de la moneda. Había crecido al lado de Jake, Con la visión herrada de que tenía un hermano. Un hermano con el cual compartí mi infancia prematura, los días de playa en la Push, los de invierno en el bosque, Mis pasteles de cumpleaños. Ese hermano protector, cómplice, consentidor de muchas cosas. Ese hermano, que me enseñó a escalar en los árboles y a levantarme cuando caía, y creó en mi, ese sentimiento tan hermoso que nunca podría olvidar. El sentimiento de que pertenecía a este mundo aunque eso fuera imposible. Jake me hiso sentir especial, cuando me negaba a aceptarlo.

Suspiré.

Los ojos me picaban por el cansancio, después de todo tenía casi veinticuatro horas sin dormir. Mi cuerpo comenzó a relajarse por la presencia del sueño.

Aún me sentía incómoda mientras una sensación de ansiedad se encajaba en mi estomago y se alojaba en mi vientre.

Pero ya no podía abrir los ojos. Debían ser un poco más de las cinco según mis cálculos. Poco a poco mis pensamientos se fueron a otro lado, mientras me sumía en la inconsciencia.

Me vi a mi misma caminar entre los árboles llenos de musgo y paracitos verdes. El suelo era irregular bajo mis pies, por lo que empecé a caminar con dificultad mientras me adentraba en un bosque que no reconocí. Llamaba a alguien, pero no alcancé oír a quien. Me veía muy mal, parecía pálida aunque fuera imposible pues mi piel de vampiro no me permitía palidecer ni ruborizarme. Me detuve en medio del bosque, me dio la impresión de que algo mareada, busqué apoyo en el viejo tronco de un pino intentando mantenerme en pié. Luego para mi sorpresa caí de bruces en la tierra.

Alguien se acercaba con rapidez, pronunciaba mi nombre con una nota de desesperación en su voz. De pronto apareció entre los helechos. Maravillada vi como Jake se acercaba a mi cuerpo inerte con expresión sombría. Me tomó en brazos sin dificultad mientras me sentaba en su regazo. Retiró con dulzura un mechón de pelo de mi cara observándome con una sonrisa en sus labios acercando su rostro al mío, y para mi sorpresa vi como besaba esos labios…mis labios. Intenté llamarlo pero de mi boca salían palabras mudas. Confundida por la escena, miré con odio como Jake movía sus labios suavemente, aferrando ese cuerpo entre sus brazos. Grité su nombre con autoridad mientras que de mis ojos caían lágrimas, luego todo se volvió borroso.

Una sensación de cosquilleo en la nariz me trajo de nuevo a la conciencia. No abrí los ojos pero un olor fuerte a fresias y lilas me hiso abrirlos de golpe.

Alice se encontraba a mi lado con una enorme sonrisa en su rostro. Me quedé inmóvil por la sorpresa. Sostenía en sus dedos índice y pulgar una pequeña pluma blanca, haciéndola girar de izquierda a derecha, la acercó a mi nariz mientras la movía hacia los lados con suavidad.

-Despierta dormilona – dijo en voz baja.

Medio dormida subí mi brazo y le arranqué la pluma de los dedos.

-Deja eso – dije con fastidio cerrando los ojos de nuevo – De da cosquillas.

-Levántate, vamos - dijo quitando un mechón de pelo de mis ojos.

La ignoré y me puse de costado. No estaba enfadada con ella, no mucho.

-Sabes, por un momento pensé - murmuré - Que había despertado en el jardín.

-Lo siento – dijo avergonzada.

Me volví hacia ella bruscamente mirándola ceñuda.

-¿Por qué?

-Siento…haberte dejado.

-Ah – dije en tono indiferente – Está bien.

Reí para mis adentros por la expresión de horror de Alice. Pero me sentí culpable así que le sonreí arqueando una ceja.

-¡Bienvenida Al! – dije abalanzándome hacia ella para abrazarla. Lo hice con fuerza. Alice me envolvió en sus brazos con ternura.

-Pensé que estabas enfadada.

-Lo estoy – dije apartándome de ella. Me senté cruzando las piernas.

-Oh.

-No es cierto – dije riendo con ganas. Alice se unió a mis rizas mientras lanzaba un cojín color rosa a mi dirección, el cual esquivé limpiamente. – ¿Cuando llegaron?

-Hace un rato. – dijo bajando la mirada hasta sus manos.

-¿Donde estuvieron?

-Por ahí.

-Ah.

Nos quedamos en silencio con la mirada gacha.

-Hay…un lugar muy hermoso al otro lado del lago - musitó Alice sin levantar la vista.

-Que más hermoso que esta casa junto a los cerezos.

-¿Te gusta?

Asentí sonriéndole.

-El lugar donde fuimos Jazz y yo, no tiene muchos cerezos, pero es hermoso.

Entendí el significado de la palabra. Por lo que asentí sin preguntar más.

-¿Cómo esta él?

- Estar en el Edén le hace bien.

-Cualquiera estaría bien en este lugar.

Alice me miró con una media sonrisa en sus labios.

-Te extrañé – murmuré.

-Oh Nessie, ¡Yo también! – nos tomamos de las manos mirándonos la una a la otra.

-Te perdiste presentarme tu casa – dije con dramatismo.

-¿Estoy a tiempo aún? - preguntó esperanzada.

-Estas a tiempo de contarme la historia.

-Pensé que Rose lo había hecho.

Sonrió.

-Oh no, eso te lo dejó a ti.

-¿Bien, entonces que quieres saber? - parecía repentinamente animada.

Aún me sentía abrumada por el sueño tan vívido que había tenido, pero no quería desilusionar a Alice y privarla de narrarme la historia del Edén, así que mantuve una expresión normal, pero algo inquieta, pues sabía a la perfección que Alice me conocía demasiado y seguramente había estado hablando en sueños. Siempre lo hago o al menos eso es lo que dice mamá. Lo cierto es que si lo hice y Alice estaba allí, me esperaba una larga y tendida lista de preguntas pues tenía muy claro que no tardaría demasiado en hacerlo.

-Todo, quiero saberlo todo.

-Pues, pregunta - me animó.

-¿Por qué Ginebra?

Alice sonrió ante mi pregunta.

-Jazz y yo vinimos aquí justo después de habernos conocido en filadelfia…

-Pensé que habían ido junto a mis abuelos – la interrumpí mirándola con interés.

-Lo hicimos, pero…

-Oh, realmente pensé que…

Alice me miró arqueando una ceja con sarcasmo.

– lo siento, continúa.

- Al conocer a Jazz tuve mi primera visión, me vi junto a él viviendo con Carlisle y su familia. Había estado esperando esa visión desde que lo conocí

-Oh vamos Alice el abuelo…

-Nessie, cierra la boca intento contarte una historia.

-Lo siento – dije poniendo una mano en mi boca.

Me advirtió con la mirada antes de continuar.

-Bien, aquí solo había ruinas y los cimientos de piedra donde luego Esme construiría la casa. Ginebra siempre me atrajo, de niña soñaba con venir pues su historia y su gente me impresionaban. Todo lo que necesité fue una de mis visiones para saber que aquí sería el lugar perfecto para empezar mi vida con Jasper. Pero aún necesitábamos ir a conocerlos, a mi familia.

"Pues así fue, los conocimos y ellos nos acogieron en su casa, pues Edward "escuchó" en mi mente que todo lo que les había dicho era cierto. Al instante tu padre y yo nos hicimos los mejores amigos y luego él se convirtió para mí en el mejor de los hermanos, al igual que Emmett. Una primavera, reunimos a la familia y les participamos que nos casaríamos y que iríamos a vivir a Suiza. Ya habíamos convivido un buen tiempo con ellos, así que por supuesto Esme y Carlisle como los verdaderos padres que son, nos dieron su bendición."

"Los preparativos de la boda estuvieron a cargo de Rose y Esme. Con la única diferencia de que Rose se había quedado conmigo para ayudarme con el vestido mientras Esme estaba en Suiza con los chicos, construyendo lo que sería nuestro regalo de bodas. Eso lo vi"

Comprendí que había visto absolutamente todo en sus visiones quizá mucho antes de haber escapado de aquel manicomio. Alice suspiró con la mirada ausente, como si los recuerdos de su matrimonio estuvieran rememorándose en su mente. Luego me miró y sonrió.

-Nos casamos justo cuando las flores de los cerezos comenzaban a caer de las ramas. Fue una boda sencilla solo estuvieron la familia de Tanya, Peter, Charlotte, y mi familia.

-¿Estuvo la tía Tanya?

Alice asintió.

Tanya y sus hermanas, Kate e Irina eran primas políticas de mis tíos y mi padre, formaban parte de la familia pues su madre y mi abuelo Carlisle habían vivido juntos un tiempo, fueron como hermanos y al momento de su muerte, la madre de Tanya le pidió a mi abuelo que cuidara de sus hijas. Recordaba a la perfección a una de las hermanas, Irina, pues había sido ella quien acusó a mi familia con los Vulturi de haber creado un niño inmortal. Al ver que no era cierto, la familia real acabó con ella. Pero estaban también Carmen, Eleazar y Garrett, éste último prometido de Kate, que se había unido al clan de Tanya hacia un par de años.

-Entonces se casaron aquí - dije más como afirmación que como pregunta.

-En el jardín.

-¿Y qué sucedió entonces? - pregunté algo mas sorprendida que antes.

-Pues la boda estuvo muy linda, había fresias y lilas por todas partes, un arco enorme en la entrada lleno de mas flores, por supuesto, hubo un pastel enorme, que no comimos, pero le dio esencia a las fotografías.

Yo parpadeé.

-Foto… ¿¡qué! - pregunté alzando la voz – ¿Tienen fotografías?

Alice parecía complacida por mi reacción. Asintió varias veces con lentitud.

-¿Quieres verlas? – preguntó. Pero antes de que tuviera tiempo para responder se levantó de la cama y desapareció de mi vista como si se hubiera evaporado. La puerta sonó al serrase. Luego, de nuevo, apareció de la nada frente a mí.

-Por supuesto que… quiero verlo.

-Aquí tienes – dijo poniendo algo cuadrado y envuelto en una fina tela, sobre mis piernas cruzadas.

Toqué la suave tela color blanco rozándola con mis dedos, luego tiré de ella con suavidad. Era un álbum de fotografías. Había visto el álbum de fotos de la boda de Rose y Emmett que eran más antiguas, pues lo tenían en algún lugar de su habitación en la mansión. Alcé la vista hacia Alice que me miraba con expectación.

-¿Por qué nunca me lo mostraste? – pregunté algo ofendida.

-Siempre ha estado aquí, Jazz y yo decidimos dejarlo, siento que le pertenece a este lugar.

Asentí bajando la vista de nuevo. En la portada color azul cielo, escrito en finas letras plateadas decía – Recuerdos - al verlo me sorprendí pues mi álbum era exactamente igual. La miré con el ceño fruncido.

-Son idénticos.

-Pues sí, la última vez que Jazz y yo visitamos Filadelfia pasamos por una tienda y compramos cuatro iguales para navidad.

-Cuatro, por supuesto.

-Uno para Rose y Emmett, el otro de Esme y Carlisle, uno para Edward que ahora es tuyo, y este último.

-Claro.

Abrí el álbum con delicadeza mientras veía la primera imagen. Eran Alice y Jasper el día de su boda, me quedé pasmada ante la imagen. Alice estaba hermosa, el vestido cubría todo su cuello y pecho en un perfecto diseño en tela estampada. El corsé se ajustaba a su cintura dejando ver sus perfectas curvas mientras que las mangas largas envolvían completamente sus delgados brazos hasta sus muñecas, sujetaba un pequeño buqué con una mano, dejando ver en su dedo anular un anillo, que de haber tenido color la fotografía, hubiera resplandecido el pequeño diamante. El velo era tan largo como la cola del vestido y recubría parte de su cabeza, donde reposaba una fina tiara. Jazz se encontraba frente a ella, con un elegante traje de levita de la época, envolvía su diminuto cuerpo en sus fuertes brazos mientras se miraban con ternura.

-¡Guau! – dije mirándola con sorpresa.

-¿Te gusta? –musitó con una sonrisa enorme.

-Mucho.

Pasé la página donde se encontraban mas fotografías de la boda. Pero una especialmente atrajo por completo mi atención. Mi padre sostenía el brazo de Alice con una sonrisa en sus labios mientras avanzaban al altar. Entorné los ojos y alcé la vista hacia Alice.

-Tu padre me llevó del brazo todo el camino, pero – dijo señalando con un dedo la fotografía que estaba debajo – Carlisle me entregó en el altar.

Observé la fotografía que señalaba, donde mi abuelo la tomaba de las manos y las ponía sobre las de Jasper. Justo al lado, en la página siguiente había más fotografías. Una donde los novios posaban con los padrinos, Emmett, Peter, Charlotte y Rose. En la otra los novios y sus padres. Pasé la siguiente página y las miré con sorpresa, donde estaban Alice y Jazz con sus hermanos y primas políticas, un montón más con todos los invitados y otras cuantas cuando Alice lanzó el buqué, que cayó en las manos de Kate.

Alice rió con suavidad.

-¿Qué?

-Ese momento fue muy gracioso.

-¿Porqué? – pregunté mirando la fotografía donde Kate sostenía el buqué en sus manos.

-Pues imagínate a esas vampiresas intentando apoderarse del buqué. Rose y Charlotte querían casarse de nuevo. Tanya y las chicas eran solteras así que miraban el buqué con ansias incluso antes de pronunciar los votos. Pero Kate fue más rápida. Desde ese día espera su boda y finalmente lo logra.

-Pero aún no…

-Lo vi – dijo sonriendo.

- ¿¡Se van a casar! - dije sorprendida alzando la voz.

Alice asintió varias veces.

- Pero… ¿cuándo?

-Pues aún no lo deciden, el día que lo hagan lo sabré.

-¿Cuándo lo viste?

-Hace unas horas – dijo frunciendo el ceño – Ya deberían haber llamado a Carlisle y a Esme para darles la noticia.

-¿Eso también lo viste?

-Sí, debo decir que fue una visión bastante clara.

-Sorprendente – dije mirando de nuevo la fotografía – Garrett debe estar eufórico.

-No lo dudes.

La sola idea de una boda me producía entusiasmo, aunque Kate y Garrett eran mis preferidos tenía muy claro que mi futuro tío político me tendría como conejillo de indias ahora que sería definitivamente parte de la familia, pues le gustaba hacerme bromas, pero yo no me dejaba tan fácil. Hace un par de años en una navidad que pasamos en Denali, anunciaron su compromiso y me participaron formalmente que sería yo la que llevaría los aros de matrimonio. Me deshice de ese pensamiento pues me opondría totalmente hacer eso, me vería muy ridícula.

Pasé la página donde ya no había mas fotografías de la boda, en su lugar había una pequeña imagen donde se encontraban dos personas un hombre y una chica. La fotografía poseía imperfecciones y no estaba en buen estado, era bastante antigua. El hombre abrazaba a la joven mientras sonreían. Reconocí al vampiro en un instante pues sus rasgos eran inconfundibles. Tenía un rostro hermoso y brazos fuertes, aunque la imagen era blanco y negro su piel brillaba y su tez era bastante pálida en comparación con la chica, que parecía tener un poco más de trece años, con rostro de duende y brazos delgados, tenía el cabello corto hasta las mejillas y llevaba puesta una bata larga. Al pie de la foto decía en letras pequeñas – Dr. S. Malchovick y M. Alice Brandon. Biloxi, 1912. Hospital para niños especiales St Jude.

-Mary… - intenté decir pero de mi boca no salieron las palabras.

Miré a Alice confundida.

- Tenía trece años, el doctor Malchovick fue el que me transformó – Murmuró observando la fotografía.

Esperé.

- Le debo mi antigua vida y ésta a ese hombre.

-Mary Alice – dije en tono serio – te vez muy…humana.

Alice rió con ganas, me uní a sus risas al instante.

-Pensé que no conservabas nada de tu antigua vida.

-La encontré en el bolsillo de mi bata, el día que desperté.

-¿No recuerdas nada? – pregunté en voz baja arqueando las cejas. Alice negó lentamente encogiéndose de hombros.

Sabía la historia de Alice, de niña había sido recluida en un hospital porque creían que estaba loca, el doctor Malchovick estuvo con ella hasta el final y él mismo la trasformó porque corría peligro pues otro vampiro la quería matar.

Pasé la página del álbum con rapidez dando gracias que ese buen doctor estuvo allí, pues no tendría a Alice a mi lado en estos momentos.

Las siguientes imágenes eran a color y con perfecta nitidez, llenaban la primera página y la siguiente. Las reconocí pues yo misma me encontraba en algunas. Recorrí con la mirada las fotografías. En una de ellas se encontraba la familia completa en lo que parecía ser mi fiesta de cumpleaños número uno, mi padre me tenía en brazos mientras bailábamos, a mi primer año parecía una niña de casi tres, tenía puesto un vestido color azul eléctrico con unos zapatos negros brillantes, un lazo adornaba mi cabello recogido que llegaba hasta mi cintura. Junto a esa había otra, Jake me tenía en sus brazos mientras hablaba despreocupado con sus hermanos, fui la única que miró a la cámara.

Observé la siguiente, donde Clare y yo tomábamos un helado sentadas en el sofá de mi abuela. Para ese tiempo Clare era de mi tamaño, pero ella aún no hablaba y estaba aprendiendo a caminar cuando ya, yo hacia estas cosas.

En la otra página, habían mas fotografías de ese día, la siguiente que vi me hiso reír pues recordaba ese momento con claridad. Me encontraba de pie en medio de la sala y en mis pequeñas manitas reposaba el pastel de cumpleaños, justo a mi lado, mi abuelo Charlie me miraba sorprendido, con la boca abierta y haciendo ademan de quitar el pastel de mis manos. Alice rió en silencio a mi lado, mientras observaba la siguiente fotografía. Estaba sentada en el suelo con las piernas cruzadas, uno a cada lado, se encontraban Alice y Jazz, frente a mí, había un paquete enorme envuelto en papel de regalo con un gran lazo.

-La casa de muñecas – dije sonriendo.

-A Jazz le encantó desde que la vio – inquirió mirándome – Y quería regalarte una más grande.

-me encanta.

La fotografía que seguía me hizo reír aun más. Estaba la familia completa recorrí la mirada por sus rostros uno por uno, sonriendo, algunos mirando a la cámara otros no, se encontraban, Billy y Sue, mis abuelos Charlie, Carlisle y Esme. Los de Denali, Tanya, Kate, Garrett, Carmen y Eleazar. Haciéndose bromas entre ellos estaban los de la Push, Quil, que sostenía a Clare en sus brazos, Jared, Paul, Seth, Leah, Embry, Sam y su esposa Emily. Por último mis tíos Emm, Rose, Alice, Jazz, Jake y mis padres. Yo me encontraba sentada en medio de la mesa con el pastel de cumpleaños

-Te vez graciosa. – dijo Alice entre risas.

-¿Cómo me dejaron hacer eso? – musité riendo por lo bajo.

Alice se encogió de hombros.

-Disfrutaste mucho ese día.

En la última página del álbum había una fotografía reciente. Alice y yo nos sonreíamos la una a la otra, tomadas de la mano. Al pie de la página decía - Nessie y Alice. Atlanta - Me sorprendí pues no la había visto antes. Era bastante reciente apenas unos meses, me pareció raro que estuviera aquí pues Alice no venia al Edén desde hace tres años.

-¿Cómo llegó aquí?

-La traje conmigo.

-Ah.

-La puse en el álbum antes que despertaras.

-Claro.

Unos golpes secos en la puerta me sobresaltaron. Alcé la vista mientras inspiraba, el aroma a especias de Jazz que me hizo arrugar la nariz, era un olor muy fuerte pero me gustaba.

-¿Puedo pasar? – preguntó con cautela.

-Sí, claro tío Jazz.

Cerré el álbum y miré a Alice. Esta me asintió con seguridad.

-¿Puedo hablar contigo Nessie?

Jazz apareció en el umbral de la puerta. Tenía un sonrisa en su rostro, algo que me hiso sentir bien y me comprobó que estaba de ánimos después de todo lo que había sucedido.

– Quería pedirte una disculpa por lo sucedido en el aeropuerto.

-Oh, no tío jazz. Tranquilo.

Jazz asintió mientras se acercaba. Miró a Alice que le sonreía enseñando sus perfectos dientes.

-¿Puedo sentarme?

-Por supuesto, después de todo ésta – le di unos suaves golpecitos a la cama - Es suya.

Se deslizó con un grácil movimiento y se sentó en el borde de la cama junto a Alice, luego le rozó la mejilla con sus dedos. Intercambiaron una de esas miradas que hacía que desviara el rostro a otra parte y me hacían sentir tan incómoda como fuera de lugar.

-¿Te parece cómoda? – preguntó Jazz apartando la mirada de Alice.

-Si es…es muy cómoda.

-Es perfecta. – dijo lanzándole a Alice una mirada fugaz de complicidad. Sabía la doble intención de la frase. Bajé la mirada hasta mis manos.

-¿Cómo te sientes? – alcé la vista con rapidez. Jazz me observaba con interés estudiándome con la mirada. Estaba cavilando mi estado de ánimo.

-Pues mejor, ahora que están aquí. – le respondí con sinceridad.

Así me sentía, mejor. Después de todo había extrañado a Alice demasiado. Pero había algo que aún no me dejaba sentir del todo bien y era el hecho de que seguía enfadada con Jake. Sabía que debía tomar la misma decisión de Jazz y pedir disculpas porque hablando a las claras la que había armado bronca había sido yo. Me preocupaba cual sería la reacción de Jake. Imaginé su rostro lleno de confusión e incredulidad, mientras intentaba explicarme – porque tenía que hacerlo – y no confiaba mucho en mis débiles excusas. Pero tenía que hacerlo. Necesitaba hacerlo.

-¿En qué piensas? - la voz melodiosa de Alice me trajo de nuevo a la realidad, los miré mientras tocaba mi cabello con aire distraído.

-Tengo una pregunta – musité. Mis pensamientos tomaron un rumbo diferente.

-Adelante – me animó Jazz.

-Solo siento curiosidad, ¿por qué reaccionaste de ese modo tío Jazz? - lo miré arrugando el ceño. – En el aeropuerto.

Jazz me miró interpelado, entrecerró los ojos y arrugó el ceño mientras abría la boca para hablar al mismo tiempo que la cerraba de nuevo mirando a Alice.

-Quiero decir, estas cosas pasan. No todos los hombres tienen esposas como Alice o Rose y supongo que ese hombre no actuó de forma consciente. Solo digo que, ¿acaso no vio tu cara tío Jazz? Después de todo ese tipo parecía deslumbrado y lo digo en todo el sentido de la palabra, y puedo entender perfectamente tu reacción, es tu esposa y todo el asunto este de la "Bonne femme, Bonne femme" a cualquier hombre le habría producido cólera.

Me observaban con aire divertido mientras yo parpadeaba y seguía alisando un mechón de pelo con mi mano.

-Digo…solo es curiosidad – añadí enarcando las cejas.

-Claro Ness, está bien tener curiosidad. – inquirió Alice asintiendo para darme seguridad mientras dirigía la mirada hacia Jazz buscando apoyo.

-Por supuesto – dijo Jazz con rapidez al notar la mirada de insistencia de Alice.

Frunció el ceño.

-Te explicaré, pero debes entender algo primero. Nuestra especie mayormente vive y se guía por instintos. En su totalidad, son fuertes emociones que nos llevan a realizar acciones y reacciones anticipadas, comúnmente muy exageradas, tú lo sabes y aunque lo controlas muy bien siempre existe dificultad, ¿no es cierto? – me miró mientras yo asentía enérgicamente.

-Bien, en mi caso debería ser diferente ya que poseo un don que controla los estados de ánimo en las personas. – continuó Jazz, su voz sonaba tranquila pero había rudeza en sus palabras, por un momento pareció avergonzado. – Pero el mío no es muy fácil de dominar. Ya has presenciado lo que puedo hacer. – recordé el sentimiento de odio que invadió mi cuerpo cuando íbamos en el coche, y la expresión crispada de Jazz. - El odio, la frustración, el miedo y la desesperación son sentimientos y aunque no se pueden incluir en los estados de ánimo son emociones que día a día solemos experimentar y que se pueden controlar. Obviamente no se aplica en todos los casos. Carlisle por ejemplo. Es imposible turbar el estado de ánimo de Carlisle pero aún así, habría apostado que hubiera reaccionado igual que yo.

Me detuve a pensarlo pues no concebía que algo en lo mas mínimo pudiera exaltar la infinita paciencia de mi abuelo. Pero tal vez Jazz tenía toda la razón. En el aeropuerto, me di cuenta de la mirada de advertencia que Emm le había lanzado a aquel hombre cuando miró a Rose. Y la reacción hostil de Jake al subir al coche. No sabía si Jacob encajaba en el rol posesivo- compulsivo que había adoptado Jazz en el aeropuerto, pero de algo si estaba segura, si ese hombre hubiera tocado mi ventanilla, Jake no habría tardado siquiera un segundo en entrar en fase.

-¿Así que todo esto tiene que ver con la naturaleza vampírica? – pregunté. Me detuve a pensarlo mejor y luego añadí – o… ¿eres muy celoso tío jazz?

Esto los hiso reír a carcajadas. Alice cubrió sus ojos con una mano negando con la cabeza y Jazz parecía algo avergonzado.

-A eso quería llegar, hay una semejanza – dijo Jazz entre risas - esto no es solo cosa de vampiros, pues los humanos también padecen del mal de los celos.

-¿y cómo se relacionan entre sí? – pregunté con interés.

-Pues, todos los hombres de nuestra especie fueron humanos – me explicó haciendo gestos con las manos – y siempre quedan experiencias que uno trae a la nueva vida.

Al ver mi cara de confusión se apresuró a explicarme.

-Te lo haré más sencillo, y pondré mi propia experiencia como ejemplo – asentí con rapidez mordiéndome el labio. - Aún era humano cuando vivía en los suburbios de Houston, estábamos en guerra y no había tiempo para pensar en otra cosa que no fuera el fusil y la pólvora. Como ya sabes, a los diecisiete ya era soldado mayor y tenía muchas influencias. Cuando creces con la idea de que debes servir a tu país no importa nada más. Me dediqué por mucho tiempo a mi trabajo y me olvidé del mundo exterior, incluyendo a las mujeres…luego…me transformaron.

"Cuando decidí que era hora de hacer una vida y tener una familia – se detuvo para mirarme, comprendí al instante lo que quería decir, así que asentí para infundirle ánimo – bueno ya sabes lo que sucedió, era demasiado tarde. Fue un siglo difícil para mí, estuve sin pareja ese largo tiempo y esto contribuyó con mi decisión de abandonar a María, aunque pude haber permanecido a su lado pues ella si tenía intenciones conmigo, pero no lo hice y me resigné a vivir mi eternidad sin otra compañera que la soledad.

"Cuando Alice me encontró, me sentí vivo de nuevo, aunque eso pareciera imposible. Me aferro a ella cada día que pasa y me siento en el deber de protegerla a toda costa, nunca permitiría que nada le pasara porque si no la tuviera… – Jazz miró a Alice mientras la tomaba de las manos – Si no la tuviera ese… ese, sería el fin para mí – Alice le sonrió con ternura y pensé que si pudiera llorar estaría ahora mismo, hecha un mar de lagrimas.

-Por eso me comporté de esa forma en el aeropuerto. Pude…sentir, lo mismo que ese tipo. Además de que estaba fascinado y deslumbrado por Alice, la deseaba… - Jazz crispó el rostro con petulancia y cerró los ojos con fuerza – La deseaba de la forma más repulsiva…que pueda existir.

-La miraba de esa forma – suspiré asintiendo– Te entiendo tío Jazz.

-Y debes saber Ness, que esto es algo que entre los de nuestra especie no se perdona.

Lo medité por unos segundos.

-No comprendo.

-Mataría a cualquier hombre, vampiro o no, que intentara quitarme a Alice.

Me limité a asentir pues no alcancé articular palabra. Mi tío parecía avergonzado por lo que acababa de confesar pero había algo en su rostro que me hiso estremecer. Tenía muy claro que no estaba bromeando y sabía de sobra que se mostraría protector ante cualquier cosa que amenazara la tranquilidad de su esposa. Por otro lado, no cabía la menor duda que Alice solo tenía ojos solo para él y que era absurda la sola idea de pensar que dejaría ir a Jazz. Hasta sonaba gracioso.

Alice se aclaró la garganta y luego miró a Jazz.

- Supongo que ya todo está aclarado – murmuró mirándome enarcando las cejas – ¿Jazz, podrías dejarnos un momento? – me miró frunciendo el ceño con gesto sospechoso.

-Si claro, por supuesto.

Jazz se levantó de la cama y se fue en silencio, dejándonos solas.