¡Déjame pensar!
Alice inclinó su cabeza a un lado estudiándome con la mirada, entrecerró los ojos como si estuviera deseando meterse en mi mente. Me recordaba a mi padre cuando me miraba con sus ojos fanáticos, intentando indagar en mi mente, algunas veces fallaba pues tenía una habilidad tremenda para bloquear mis pensamientos, era algo extraño, cerraba mi mente por completo y todos mis pensamientos se acumulaban en mis manos pues de algún modo éstas servían de enlace al exterior.
Por supuesto, siempre existía la posibilidad de que mi mente flaqueara pues hablando a las claras, si Edward hubiera estado aquí, habría bastado con decir el nombre de Jake para que se desatara en mi mente un montón de pensamientos incoherentes, de los cuales estaba decidida a mantener en secreto.
Decidí que lo mejor era mantener a Alice a raya, tenía muy claro que sospechaba algo, pero también tenía de mi parte el beneficio de la duda, que debía aprovechar al máximo. Alice solo podía intuir algunas cosas, pero necesitaba saber exactamente que era.
No tenía muchas opciones para escapar de mi adorable tía. Si intentaba escabullirme volvería a insistir una vez y otra y otra hasta que un día terminara en esta misma habitación soltándole todo lo que albergaba en mi mente y un montón de cosas más incluyendo el hecho de que, de verdad, necesitaba ayuda.
La miré inocentemente y luego dije con voz tranquila.
-¿Y bien?
Alice sonrió con malicia enarcando una ceja.
-¿Puedo preguntarte algo? – musitó con evidente emoción en su voz.
-Si claro.
Suspiré.
-Que…
-Depende, de lo vallas a preguntar – la interrumpí señalándola con mi dedo índice.
Mi tía caviló por unos segundos su pregunta y luego suspiró.
-¿Qué soñaste?
Lo sabía, Alice era increíble.
Hubo una pausa.
-No lo recuerdo –mentí, poniendo mi mejor cara de confusión, pero que mal me salía.
Alice torció el gesto con acritud. Luego negó con la cabeza lentamente con decepción.
-¿entonces por qué llamabas a Jake? – inquirió confundida.
-No lo…
-Recuerdas – Alice terminó mi frase.
-No – murmuré bajando la vista hacia mis manos.
-Parecías aturdida y algo asustada – Alice no había dejado pasar ningún detalle.
-Los sueños son oscuros y confusos – murmuré casi al instante.
-Solo las pesadillas son confusas y oscuras.
-Sí, es cierto.
Fue toda una pesadilla, por supuesto que lo era. Confusa, incoherente, fuera de lugar y… definitivamente perturbadora.
-Tu pesadilla tiene nombre – dijo con gesto sospechoso esbozando una sonrisa divertida.
-¡Alice por favor! – dije alzando la voz.
Entorné los ojos y luego me levanté de la cama, mis labios se curvaron en una sonrisa nerviosa. Entendía perfectamente el doble sentido de sus palabras.
Se levantó de la cama despacio mirándome con esa sonrisa malévola en su boca.
-Te conozco, eres una Cullen y digna hija de Edward "el astuto" y de Bella la "predecible."
Alice rodeó la cama para llegar hasta mí. De un salto atravesé la cama y aterricé en la madera emitiendo un fuerte sonido. Alice estuvo frente a mí en medio segundo, me sostuvo por los hombros y me miró fijamente.
-Dime – exigió.
- ¿Qué? - Dije cerrando los ojos con fuerza pues su mirada me atravesaba los sesos.
Una voz, afloró en lo más profundo de mi mente, me gritaba con desesperación - ¡Piensa Nessie piensa! Me sorprendí, realmente me estaba volviendo loca.
- Yo no… estoy segura. – dije al fin algo confundida.
- Astuta y predecible - repitió con voz monocorde.
Abrí los ojos de nuevo con cautela, me miraba como un doctor que intenta por todos los medios diagnosticar a un paciente que no se presentó en su trabajo por una simple jaqueca.
-Soy una Cullen y digna sobrina de Alice "la adivina" - dije en tono de burla. – Astuta predecible y adivina. ¡Me gusta!
-No cambies el tema…
-Alice no tengo la menor idea – dije sonriéndole - Tu eres la de las visiones, dímelo tú.
- Sabes que no puedo ver en tu futuro – refutó bajando la vista hacia el suelo – Tampoco en el de Jake.
Recordé que esto le hacía sentir impotente y de alguna forma, inútil.
-Sabes que no es tu culpa, Jake y yo somos los fenómenos.
-Sí, claro.
-Es en serio, Alice – suspiré y luego añadí – Si logro recordar…sabes que te lo diré.
Alzó la vista hacia mí con los ojos centelleándoles de alegría, me sonrió y luego me abrazó. Le devolví el abrazo dándole unas palmaditas en la espalda. Acababa de firmar mi sentencia de muerte, si antes tenía opciones ahora no me quedaba ni una.
-Ahora deja que tome un baño y bajaré en unos minutos ¿de acuerdo?
-Muy bien – soltó mi abrazo y desapareció de mi vista.
Suspiré.
Mientras el agua corría por mi cuero cabelludo, reflexioné las palabras de Alice y la forma en que describió a mis padres, Edward el "astuto" y Bella la "predecible." No era astuta, porque si lo fuera no estaría estrujándome los sesos para hallar la forma de entender lo que me pasaba. Mi confusión impedía que las cosas fluyeran en mi mente con facilidad, tenía que encontrar una manera de entender lo que me estaba sucediendo con Jake, por supuesto, que no era para nada astuta porque si realmente lo fuera, no hubiera discutido con Jake de esa manera y seguía sin ser astuta porque no tuve el valor para decirle a la cara lo que estaba pasando. Predecible… claro que lo era maldita sea.
Vestida y peinada como dios manda, Salí de la habitación. Jake ya no roncaba y eso quería decir que había despertado, así que cerré la puerta con cuidado para que no sonara demasiado al cerrarse y avancé por el pasillo hacia las escaleras en completo silencio. No quería que escuchara que había salido de la habitación, no estaba preparada para verlo a la cara, no todavía. Era una total y completa cobarde, pero así tendría más tiempo para pensar en la mejor forma de disculparme.
Con una nota de horror en mi rostro escuché como Jake saltaba de su cama y corría hacia la puerta, intenté escabullirme por las escaleras pero era demasiado tarde.
-¿Nessie? – dijo con voz ronca.
Me detuve frente a las escaleras maldiciendo en silencio. Después de unos segundos de valor, me giré lentamente hacia Jake. Se encontraba plantado en el umbral de la puerta con expresión avergonzada, su pelo enmarañado se cruzaba entre sí en diferentes direcciones, aún parecía soñoliento pero su rostro era tan hermoso como siempre.
-H…hola Jake - tragué saliva, pero las palabras se negaban a salir de mi boca –Buenos días.
Jake me sonrió con dulzura pero no se movió.
-¡Buen día! – respondió aún con esa sonrisa irresistible en sus labios.
-Yo…eh…voy a…bajar a desayunar. – dije dando media vuelta.
-Sí, eh… – dijo dando un paso hacia adelante – Espera, Ness…
Oh no, aún no por favor, aún no.
-¿Sí? - pregunté con cautela. Luego me giré de nuevo.
-Yo...eh, pues – parecía indeciso – Bueno, yo…que tengas buen provecho – añadió, luego bajó la mirada.
-Gracias…
Antes de que pudiera decir algo más, me volví hacia las escaleras y bajé con rapidez, salté los últimos seis escalones y con un fuerte golpe aterricé en el suelo. Caminé con decisión hacia la sala con una inmensa felicidad en mi pecho, Jake me había perdonado. Bueno, no lo había dicho formalmente, pero podía sentir que así era.
-¡Buenos días a todos! – dije con alegría.
Avancé hacia la cocina donde se encontraba Rose haciendo el desayuno.
-¡Que rico huele! – la elogié tomando una tostada del plato que se encontraba en la barra y mordí una esquina.
-¡Gracias! - musitó Rose.
Salí de la cocina con pasos danzarines. Alice estaba sentada en el suelo con el jarrón de cristal y un montón de fresias, estaba escuchando música con su reproductor. No sé cómo puede soportar todo ese sonido con esos enormes audífonos.
-¡lindas flores Al! – Alice me pasó una pequeña flor sin dejar de mover la cabeza al ritmo de la estruendosa música que sonaba en sus oídos. No sabía cómo se llamaba exactamente la cantante, lo único que tenía claro era la cantidad de pelucas rubias que se ponía. La miré por última vez sonriendo y luego coloqué la flor en el nacimiento de mi oreja.
-Te vez bien – dijo guiñándome un ojo.
-¡gracias!
Miré hacia la salita donde se encontraban Emm y Jazz viendo el canal de noticias.
-¡Que hay chicos!
-¡Que hay Nessie! – dijeron al unísono.
-¡Nessie, a comer! – anunció Rose.
Me volví hacia la mesa de comedor donde mi tía ya había puesto dos platos rebosantes de comida.
-¡Gracias Rose! – dije con fervor. Luego comencé a comer en silencio.
-¡Por nada!
Mientras masticaba Emm se acercó a la mesita del comedor y se sentó frente a mí.
-¡Hoy es el gran día! – me sonrió animado.
-¿Hoy? – Pregunté incrédula – ¿Qué día es hoy?
Todos volvieron la vista hacia mí, me miraron como si fuera demasiado obvio.
-¿Ya lo olvidaste? – preguntó Jazz justo a mi lado. Le extendió una mano a Alice para ayudarle a levantarse del suelo.
-¿Este día es el más importante para ti, recuerdas? – musitó Alice colocando el jarrón lleno de fresias en el centro de la mesita al lado del sofá.
-Pues… - pero no terminé la frase.
Entonces me levanté de la mesa de un salto. Entorné lo ojos mientras los miraba con una sonrisa en mis labios. Por supuesto, hoy es el gran día, la única razón por la que vine hasta aquí, lo que había estado esperando. ¿Cómo era posible que lo olvidara?
-¡Mis lecciones! – grité alzando los brazos dejándolos caer de nuevo a los lados.
-¡Oh, sí! – dijo Emm asintiendo sin dejar de sonreírme.
-¡Voy por mi chaqueta! – les anuncié mientras me volvía hacia las escaleras.
-¡Hey, hey, hey! - dijeron todos a la vez. Me detuve cuando ya estaba lista para saltar a las escaleras y me volví hacia ellos.
-No tan rápido – dijo Emm.
-Primero, lo primero Nessie – musitó Jazz.
-¿No se te olvida algo? – inquirió Alice enarcando una ceja mientras se quitaba los enormes audífonos.
-Tienes que ir de caza - dijo Rose cruzando los brazos.
Al instante una ola de fuego subió hasta mi garganta repentinamente seca. Llevé una mano a mi garganta tragando con dificultad a causa del ligero dolor. No recordaba que debía cazar. No me había dado cuenta de la resequedad de mi garganta hasta que hablaron de ir de caza. Habría podido ignorarlo fácilmente.
-Ah – articulé después de unos segundos.
-De eso hablaba –inquirió Rose.
-Si…voy por mi chaqueta. – me volví y subí las escaleras, en medio segundo estuve arriba.
Mientras caminaba hacia la habitación, escuché como Jake se acercaba a la puerta. Me paralicé y "las mariposas" extraña sensación, que ya empezaba a gustarme, adoquinaron completamente mi estomago hospedándose en mi vientre. Jake abrió la puerta con el pulso atronándole los oídos.
-¿Nessie?
-¿Sí? – pregunté al mismo tiempo. Me volví al momento en que Jake asomaba la cabeza por la puerta.
Nos miramos y luego reímos con vergüenza.
-¿Quisierasirconmigodecaza? – las palabras salieron de mi boca atropelladamente. Ni yo misma lo entendí.
-¿Qué? – preguntó Jake sonriendo.
Su sonrisa resplandeciente me inmovilizó de nuevo. Cerré los ojos y luego inspiré profundo.
-¿Quieres… ir conmigo…de caza? – bajé la mirada al suelo esperando su respuesta.
-Claro que quiero ir Nessie - dijo acercándose a mí con cautela. Las mariposas revolotearon de nuevo en mi estomago.
-¡Bien! –logré decir, dando unos pasos hacia atrás. – ya vuelvo.
Abrí la puerta y entré a la habitación cerrando con rapidez tras de mí, obligándome a respirar de nuevo.
-Mi chaqueta – dije mirando a los lados sin lograr concentrarme – ¿Dónde está? Donde…la maleta… sí.
Miré a los lados buscando la maleta. Pero no tuve que buscar demasiado. La chaqueta se encontraba doblada justo encima de la pequeña mesita que había junto a la maleta. Mientras me la ponía me acerqué a la cama y busqué debajo de la almohada mi teléfono celular, presioné una tecla para que se iluminara la pantalla y comprobé si tenía algún mensaje. Tenía solo uno, pero lo ignoré y guardé el teléfono en mi bolsillo trasero. Por último pasé corriendo al baño y me miré en el espejo.
-Bien – dije acomodando un grueso rizo detrás de mi oreja.
Salí del baño y caminé hacia la puerta con decisión. Inspiré profundo y luego la abrí. Jake se encontraba recostado de la pared al lado de la puerta de su habitación, con las manos en los bolsillos y una pierna cruzada sobre la otra. Alzó la mirada y me sonrió.
-¿Vamos? - pregunté devolviéndole la sonrisa.
-Vamos – repitió. Extendió una mano para que pasara primero.
-gracias – dije. Luego bajamos las escaleras en silencio.
Al llegar al rellano de la escalera todos alzaron la vista hacia nosotros dos. Con la mirada recorrí sus rostros hermosos hasta lo inverosímil, Emm y Jazz parecían un poco confusos e incrédulos mientras que Alice y Rose nos sonreían.
-Lleven el auto – musitó Alice guiñándome un ojo - regresen cuando quieran - añadió desde el sofá.
Emm la miró ceñudo, como si mi tía nos estuviera enviando a Volterra para hacerle una visita rápida a Aro. Me estremecí ante la idea, pero reí para mis adentros.
-De acuerdo – aceptó Jake asintiendo una sola vez.
-Oye eso no es así. Antes de las seis deben estar aquí – sentenció Emm.
-De eso hablaba – dijo Alice con inocencia.
-De acuerdo – dije.
Sonreí.
-Muy bien – dijo Rose levantándose del sofá. – ¿Llevas tu teléfono Ness?
-Ajá.
-Dime por favor que tienes batería.
-Completa.
-¿El mapa?
-Voy con uno – dije señalando a Jake.
-Aquí - dijo Jake alzando una mano.
Tanto en su forma lobuna, como humana, Jake podía internarse en cualquier bosque aunque no lo haya visitado jamás y fácilmente podía encontrar el camino de regreso. Estaba demás decir, que yo también podría regresar aún sin haber visitado el bosque de ginebra.
-Perfecto.
-También traigo ajo y estacas – dije a modo de burla.
Todos rompieron a reír en sonoras carcajadas. A Jake pareció gustarle demasiado mi chiste pues se sujetaba la barriga mientras reía sonoramente.
-¿Y las balas de plata? - preguntó Alice riendo de nuevo, los demás la imitaron pero este nuevo chiste no pareció gustarle a Jake. Se creía que las balas de plata eran mortales para los licántropos así que las historias cuentan que siempre los cazadores guardaban algunas.
-Que graciosa Alice – murmuró Jake con expresión seria.
-Bah – exclamó Alice entre risas.
-Bien basta de bromas, ¿Jazz? – Rose buscó con la mirada a Jasper que al instante empezó a hurgar en su bolsillo, luego arrojó al aire lo que parecía ser las llaves del auto. Jake las atrapó con un ligero movimiento de manos.
-Conduce hasta el final del sendero – le explicó a Jake.
-¿Qué hay al final del sendero? – pregunté adelantándome a Jake.
-El bosque.
-Claro – musité como si fuera demasiado obvio.
Suspiré.
-Entonces…volveremos en un rato. – avancé hacia la puerta con Jake a mi lado.
-¡Nos vemos! – dijo Jake. Abrió la puerta y se apartó para que saliera primero.
-¡Con cuidado! – gritó Rose.
-¡Nos vemos luego! – grité haciendo un mohín.
Mientras bajaba las escaleras del puente, con Jake justo detrás, una vez más quedé ensimismada y deslumbrada por la belleza del paisaje. Los cerezos eran más hermosos aún y seguían cayendo flores de las copas de los árboles. Las mariposas de colores vivos revoloteaban entre las ramas de los cerezos. Todo parecía sacado de un cuento de hadas y para mi sorpresa, mientras caminábamos al coche, estuve atenta por si acaso veía alguna.
Apenas fui consciente de Jake, que pasó casi al trote frente a mí. Subió al coche, en el mismo que usamos para salir del aeropuerto y lo encendió. Con aire distraído, caminé hacia el coche que me esperaba con la puerta del copiloto abierta.
-¿Pasa algo? – preguntó Jake cuando cerré la puerta del auto.
-No.
-Bien.
El silencio hiso presencia mientras Jake conducía por el sendero. Podía sentir que me miraba de reojo a cada momento. Me sentí atrapada de nuevo en esa extraña sensación de nerviosismo, estábamos realmente solos y lo estaríamos por unas horas más. Jake parecía más nervioso que yo pues su pulso se aceleró con violencia. Ignoré el olor dulzón de la sangre que corría a gran velocidad por sus venas reclinando la cabeza contra el cristal de la ventanilla, incapaz de decir una palabra.
-¿El ratón te comió la lengua? – preguntó Jake al cabo de unos espantosos minutos.
-No, fue el lobo – respondí sonriendo, pero sin apartar la mirada del cristal.
-Es un lobo bastante osado – musitó Jake en tono serio.
-Suelo meter la pata cuando hablo – dije jugueteando con un mechón de pelo entre mis dedos. – Así que es bueno… que lo haya hecho.
-Si hubiera estado en lugar del lobo…
La frase quedó en el aire.
Lo miré por primera vez y esperé que hablara pero no lo hiso.
-¿Qué hubieras hecho?
-No te habría comido la lengua…por supuesto. – dijo arrugando el ceño.
Volvimos a caer en la tortura silenciosa.
El sendero se iba acortando más y más a medida que avanzábamos. Los árboles se extendían imperantes a los lados del camino. Jake redujo la velocidad hasta detenerse completamente. Llegamos a lo que parecía ser el final, pues la senda quedó reducida a un tamaño que parecía imposible atravesar en auto. Allí donde se terminaba el camino se encontraban más árboles y por supuesto, le seguía la espesura del bosque.
-¡Parece que llegamos! – dije mientras Jake apagaba el motor. Abrí la puerta y Salí. Escuché como Jake cerraba la puerta del otro lado.
Miré a mí alrededor, inspirando profundamente.
- ¿Nadie viene aquí? – preguntó Jake a mi lado.
-No, es un bosque y poco aconsejable merodear por él.
-Sí, ya veo – dijo Jake señalando con la cabeza un cartel pequeño de color verde que decía en letras blancas – "prohibido el paso" - asentí frunciendo el ceño.
-Bien, hoy tengo un menú bastante extenso. – dije retomando mi inspección de olor.
-¿Ah sí? – Preguntó Jake con interés inspirando fuerte – Yo huelo a barbacoa de alce y...
- Estofado de oso pardo. – dije arrugando la nariz.
Comenzamos a reír de nuestro propio chiste. Nos miramos el uno al otro entre risas y esas risas quedaron reducidas a tímidas sonrisas. Contemplé a Jake, encogiéndome ante sus turbadores ojos. Luego, fielmente bajamos la mirada. Respiré con dificultad pues la proximidad de nuestros cuerpos me hiso estremecer.
De algún rincón de mi mente surgió de nuevo esa voz, mi conciencia tal vez, se parecía mucho a la voz de la cordura. Me decía de forma repetitiva – ¡reacciona tonta! Al mismo tiempo que le gritaba en mi mente – Bien, ¡déjame pensar! - definitivamente iba a necesitar esta voz de vez en cuando.
-Bien eh…debes - dije alzando la vista de nuevo.
-Si claro…ya voy – musitó Jake casi al mismo instante.
Se apartó de mí unos centímetros mientras se quitaba la camiseta. Los músculos de sus hombros y brazos se retorcieron al mismo tiempo que su abdomen se contraía por el movimiento. Su pecho quedó desnudo pero no me sorprendí pues estaba acostumbrada. De pronto arrojó la camiseta a mi cara para luego caer al suelo.
-Tienes mejores reflejos que eso – dijo sonriendo.
-Sí, solía tenerlos - admití avergonzada.
-Bien, ya vuelvo.
Se alejó de mí y desapareció entre los árboles.
Miré la camiseta de Jake que sostenía entre mis manos y la subí lentamente a mi nariz. Respiré el olor, ese olor que tanto me gustaba. Con aire distraído caminé al coche abrí la puerta y arrojé la camiseta sobre el asiento del copiloto y luego la cerré.
