Amigos
El cuerpo del animal tembló al contacto de mis manos, luego comenzó a retorcerse con violencia luchando por zafarse de mis dedos.
-¡Lo lamento de verdad! - pensé. El oso pardo abrió el hocico enseñando sus grandes y afilados dientes emitiendo un rugido ensordecedor atravesando mis oídos lastimándolos.
-¿Eso es una amenaza? – pregunté mirando al oso de manera perspicaz.
-Bien, ¡Hagámoslo!
Salté sobre mi misma impulsando mi cuerpo hacia atrás, di una voltereta en el aire y caí de pie en la tierra. El enorme oso se incorporó al instante como si nunca le hubiera apretado el cuello con mis manos. Me sobrepasaba en tamaño, con grandes patas y afiladas garras que podrían destrozar a un ser humano en segundos. Un nuevo rugido inundó la espesura del bosque.
-Sí que eres bastante valiente – musité sin perder de vista al oso que avanzaba a mi posición, erguido completamente en dos patas. – ¡Sabes, no era necesario todo esto!
El oso se abalanzó sobre mí al mismo tiempo que le atinaba un porrazo con una mano en el pecho, cayó de bruces en la tierra con un golpe seco.
Increíblemente volvió a levantarse pero esta vez no lo pensó demasiado y corrió hacia mí envistiéndome de nuevo. Caímos al suelo, todo el peso del animal estaba sobre mi cuerpo aplastándome. Sostuve con firmeza su gran mandíbula con las manos mientras forcejeaba para quitármelo de encima.
Jake aulló desesperado, lo vi correr hacía mi con destreza al mismo tiempo que emitía un grito ahogado.
-¡Jake no! – grité con fuerza.
Jake se abalanzó sobre el lomo del oso y comenzó a morderlo. Mientras intentaba sacarme el oso de encima, impedía que dirigiera sus grandes fauces hacia la cara del lobo que ahora rugía con furia.
-¡Jake déjalo, basta! – grité de nuevo con autoridad.
De un tirón me saqué al animal de encima, pero esta vez la bestia calló encima de Jake. Me levanté de nuevo y enterré mis uñas en la piel del oso y lo levanté en vilo para liberar a Jake.
-¡Sal de aquí! – Jake negó con la cabeza arrugando el hocico dejando sus dientes desnudos – ¡Hazlo!
Solté al oso arrojándolo a un lado, pero éste me golpeó en la cara y caí al suelo. Jake aulló de nuevo irguiéndose frente a mí en posición defensiva mientras el oso se acercaba hacia nosotros acechando. Jake me pasó la lengua por la mejilla tímidamente.
-Estoy bien Jake, ¡tranquilo!
Me levanté del suelo desorientada. Caminé hacia el oso con paso decidido y le estampé un manotazo en el enorme pecho. El animal se tambaleó pero no cayó al suelo.
-Bien, ¡ya basta de esto!
Jake, dudoso se apartó del camino con el pelo del lomo erizado. Miré al oso con expresión tranquila y caminé una vez más a su encuentro. Con destreza salté hacia el pecho del oso obligándolo a caer al suelo y con un simple movimiento de las manos le partí el cuello. El chasquido resonó entre los árboles. Jake se sentó sobre sus patas traseras sin despegar la vista de mí.
El oso pardo no figuraba exactamente en mi dieta diaria. Cazaba osos solo cuando iba con Emm, pero solo por diversión. Emm me había enseñado a manejar este tipo de mamíferos pues él sí que tenía experiencia en esto. Recuerdo que me decía que no confiara en los osos pues eran animales que nunca se rendían tan fácilmente y por naturaleza no sentían miedo a nada. Por supuesto cuando era "más pequeña" no podía con uno yo sola así que siempre tuve ayuda.
Emm disfrutaba luchar con los osos antes de beber su sangre, hasta que decidía dejar en paz al animal. Siempre lo observaba con fascinación, imaginándome a mi misma luchando contra uno de ellos por mis propios medios. Un día le pedí a Emm que me dejara hacerlo y casi termino con la cabeza entre las fauces del animal, sin embargo logré derrotarlo sin mucho alboroto. Por supuesto, al llegar a casa nos llevamos un buen sermón por parte de nuestras madres. Emm recibió un buen regaño de mi abuela Esme y yo tuve que escuchar a Bella.
Jake bufó a unos metros más allá. Se encontraba recostado en el suelo reposando su cabeza sobre las patas. Se había alterado demasiado mientras me enfrentaba al oso, no porque dudaba de mí, sino que siempre se mostraba protector cuando íbamos de caza. Cuando cazaba pumas, Jake caminaba de un lado a otro emitiendo suaves rugidos que salían de su pecho. Por eso, a veces, renunciaba a la idea de ir de caza con él, me gustaba hacerlo con Alice o con Emm que nunca se preocupaban, solo interferían si veían al puma o un oso con sus grandes dientes muy cerca de mi cuello.
-¿Aburrido? – pregunté mientras dejaba a mi espalda el cuerpo inerte del oso.
Jake alzó la cabeza moviendo las orejas de un lado a otro.
- ¡Yo sí! – Jake ladró y luego volvió a posar su cabeza sobre las patas delanteras.
-Salgamos de aquí – musité revolviéndole el pelo de la cabeza.
Jake se levantó al instante y comenzó a caminar a mi lado con la lengua colgándole a un lado.
-¿Sabes? Siempre quise tener una mascota.
Jake ladró con ánimo.
-¿Lo sabías no?– sonreí. Rocé con mis dedos la oreja de Jake. – Aquí está bien. – dije señalando un lugar lleno de matas verdes.
Me recliné contra un árbol, deslizándome hacia al suelo. Jake se recostó a mi lado posando su cabeza en mis piernas. Introduje mis dedos entre la pelambrera del lomo de Jake y comencé a rascarle detrás de las orejas. Un suave ronroneo salió desde su pecho.
-Los gatos son muy aburridos – señalé arrugando el ceño. – Los conejos y los peces…no lo sé…no me llaman la atención.
Jake alzó la cabeza y me miró con aquellos ojos oscuros.
-Los ratones no me gustan, ni las lagartijas – dije mirándolo con las cejas arqueadas – Las aves…nacieron para ser libres y no me dejarían tener un águila en la cabaña. - Jake puso los ojos en blanco.
Sonreí.
-Las serpientes y las arañas son muy silenciosas – agregué jugueteando con un mechón de pelo.
Jake me miró ansioso mientras enumeraba los diferentes animales con mis dedos.
-Los hurones me parecen tiernos, pero…no como mascota – Jake comenzó a jadear con la lengua colgándole a un lado.
-Pero… ¡me muero por tener un perro! - Jake se levantó del suelo y aulló. Era un aullido de alegría y regocijo. Reí con alegría.
-Dicen que los perros son los mejores amigos del hombre – dije sin mirar a Jake que asentía con alegría agitando las orejas. – Bien, yo tengo dos amigos en uno – musité mirando a Jake tocándole la punta de la nariz con mi dedo índice. Jake levantó la cabeza y me pasó la lengua por el dorso de la mano.
-Pero… ¡me gustas más con dos piernas!
Jake se levantó de un salto y corrió en dirección a los árboles desapareciendo entre ellos. Me quedé sentada esperando que volviera mi Jake, el Jake que tanto me gustaba ver. Percibí los pasos acercándose por la tierra seca y el chasquido de las hojas bajos sus pies.
-¡Gracias por… lo de amigo! – dijo acercándose a mí a medio trote. Luego se sentó a un lado rozando mi hombro.
-Siempre te he considerado mi amigo – dije sin mirarlo.
-Pensé….que era más como un hermano. – murmuró con cautela.
Siempre había pensado en Jake como un hermano, por la simple razón de que al nacer él se había mantenido cerca de mí sin alejarse demasiado, no se ausentaba y cada vez que necesitaba ir a la Push por obligación con la manada, me llevaba con él y me dejaba en casa de Charlie y Sue, luego me recogía al caer la tarde y me llevaba a tomar un helado. Pero algo había cambiado, quizá en la forma en que me miraba, o la manera de hablarme. Lo único que se mantenía igual en mí y me atrevería a decir que en Jake también, era el sentimiento de pertenencia, esa necesidad que nos teníamos el uno al otro de estar juntos, de mirarnos, de hablarnos y hasta de tocarnos.
La realidad era que en estos momentos, teniéndolo frente a mí con su hermosa sonrisa y su irresistible mirada, me aventuraba con la idea de quererlo como un amigo, pero con más intensidad.
-Yo…eh…
-No. Está bien – dijo al instante al notar mi expresión – Es perfecto que me consideres tu amigo.
-¿De verdad?
-Por supuesto.
-Pero acabas de decir…
-Es porque pensé que realmente me considerabas tu hermano.
-¿Entonces no te molesta?
-Para nada, ¡es genial!
-¿Y tú qué?
-¿Qué de qué?
-¿Me quieres como una hermana?
Jake lo pensó por unos momentos.
-Siempre me ha gustado pensar en Edward y Bella como amigos, pero definitivamente no como padres. – dijo arrugando el ceño sonriendo para sí mismo.
-Así que…
-Al principio era diferente…
-Sí, lo era – dije al mismo tiempo. Jake me miró al instante con el ceño fruncido. – Lo es…ahora.
-Lo es – murmuró Jake asintiendo.
El silencio hizo presencia, esto me hacia incomodar de manera instantánea así que lo intenté de nuevo.
-¿Qué es lo que ha cambiado Jake? – Pregunté incapaz de verlo a la cara – ¿Cuál es la diferencia? – añadí con cautela.
Jake enmudeció por un momento mientras pensaba su respuesta.
-Supongo que ahora te vez diferente…
-¿A qué te refieres?
-Te he visto crecer y de algún modo…te consideré mi hermana…
-Pero todo cambió.
-Sí, todo cambió.
Hubo una pausa.
-Entonces…la diferencia es que, ¿crecí?
-A la velocidad de la luz – dijo Jake asintiendo.
-No lo entiendo. Explícate… Por favor.
-Son muchas cosas Nessie.
-No importa. Dímelo. – le pedí con autoridad. Pero con gentileza.
Suspiró.
-¿De verdad quieres saberlo? – preguntó con una sonrisa tímida.
Lo fulminé con la mirada.
-Bien, eh…la primera es que crecías muy rápido, pero eso ya lo sabes. – Me miró con cierta vergüenza – se supone que los hermanos mayores siempre…serán mayores.
-Es razonable. ¿La segunda? – pregunté con interés.
-La segunda es que, eras más inteligente que yo…y lo sigues siendo. – arqueó una ceja luego bajo la mirada.
-¿Y eso qué?
-Pues ya sabes, los hermanos mayores, siempre…lo saben todo.
Lo miré como si sus palabras no tuvieran sentido.
-Y eso fue lo que te hiso cambiar de idea – dije más como afirmación que como pregunta.
Jake asintió dudoso.
-Así que… ¿soy tu amiga porque crecí muy rápido?
-Pues…eso creo.
-Entonces debería pensar que Rachel y Rebecca son tus amigas también – afirmé. Esta vez Jake alzó la mirada con el ceño fruncido por la confusión.
-¿Qué tienen que ver las chicas en esto?
-Tiene que ver porque a tu edad las superas en muchas cosas.
-¿Ah sí? – preguntó con una media sonrisa.
-Sí.
-¿A ver? – preguntó cruzándose de brazos. Yo hice lo mismo sonriendo por la imagen que parecía graciosa.
-Mira, las sobrepasabas en estatura – dijo comenzando a enumerar con mis dedos – Y puedo apostar que eres más inteligente que ellas.
Jake parecía confundido intentando entender el significado de mis palabras.
-Al morir tu madre – musité con cautela analizando su expresión – Tuviste que madurar más rápido de lo debido.
Mi voz se desvaneció al ver la expresión de Jake. Podía ver en su rostro que le estaba diciendo la verdad y que tenía la razón.
-Oh, Jake lo siento…
-No, está bien. Tranquila. No pasa nada. Continúa.
Mi voz no regresaba a mi garganta. Intenté hablar pero solo abría la boca varias veces.
-Tras el accidente, Billy no pudo encargarse de nosotros. Estaba…muy deprimido, pero lo estaba intentando.
Asentí con la vergüenza dibujada en mi rostro.
-¿Y bien? – preguntó con una sonrisa para infundirme seguridad.
-Pues…te hiciste cargo de tus hermanas. Tomaste el rol de ellas convirtiéndote en un hermano mayor que tanto necesitaban.
Jake me miró sorprendido con los ojos entornados.
- También te encargaste de Billy después que las gemelas se fueron – murmuré con una media sonrisa. – Además de unirte a la manada como el segundo al mando, el legendario macho beta, y por si fuera poco, tomar las riendas de otra, como el macho alfa.
-Cuidándole el trasero a Leah y Seth. – reímos al unisonó. Esto pareció alegrar más a Jake – Ahora lo entiendo Nessie.
-Ajá.
-¡Rayos es cierto!
-Sí. Yo crecí para convertirme en tu amiga…
-Y yo lo hice por mis hermanas – dijo mirando sus manos.
-¿No te hace sentir orgulloso?
-¡Caray, si!
-Gracias por…ser mi amiga Ness.
-¡Oh Jake!
Mis brazos se enroscaron en su cuello. Jake se quedó inmóvil por unos segundos y luego me abrazó envolviendo mi cintura con sus brazos. Nos apartamos con torpeza debido a la posición de nuestros cuerpos.
-No lo sé… si hice lo mejor por ellas.
-Claro que lo hiciste. – refuté mirándolo ceñuda. – Les diste cariño, protección, confianza y buenos concejos.
-Si claro, por un buen concejo Rachel se casó con Paul. – Jake se carcajeó cubriéndose el rostro con sus manos como solía hacerlo siempre, me uní a sus risas nuevamente. – ¡Rayos!
Recordé el día de la boda de Rachel. No estuve allí, era muy pequeña pero vi algunas fotografías donde Jake y Billy sostenían los brazos de la novia y otra donde Paul jugueteaba con la liga y todos los chicos lobos a la espera de que cayera en sus manos.
-¿Tu lo harías? – preguntó repentinamente serio.
-¿Hacer qué?
-No lo sé…pedirme concejos – entendí el doble significado de su frase.
-Supongo que sí.
-Pero… ¿y si no quiero dártelos?
Lo miré con expresión de burla.
-Tranquilo Jake no creo que me case… con el primero que vea.
- Es un alivio escucharlo.
Reímos nuevamente en armonía.
-Ahora mismo quiero pedirte uno.
-¿Un concejo?
Asentí con seguridad. Jake se aclaró la garganta.
-¡Adelante!
Lo pensé por unos segundos y luego dije lo primero que se me vino a la mente.
-Lo he pensado muchas veces y pues creo que…
Jake me miró con interés entrecerrando los ojos con curiosidad.
- Quiero ir a la escuela.
Jake me miró por unos minutos con los ojos entornados y puede notar un atisbo de decepción en sus ojos. ¿Qué estaría pensando que le pediría? Luego reaccionó al ver mi expresión.
-¿Qué dices? – preguntó parpadeando.
Puse los ojos en blanco.
-Dije que me gustaría ir al colegio.
-Oh.
No sé de donde surgió esa idea. Lo había pensado antes pero nunca consideré el hecho de tener que pedírselo a mis padres y mucho menos esperar un sí como respuesta. Había fantaseado con la posibilidad de ir al colegio, honestamente no lo necesitaba, pero deseaba hacerlo. Mis padres y tíos lo habían hecho, yo merecía las mismas posibilidades.
-¿Realmente quieres ir? – preguntó Jake al cabo de un minuto.
-Creo que si… ¿eso es malo para mí?
-Para nada. Para ti no es malo, lo será para todos esos chicos. – su comentario me hirió.
-He controlado muy bien todo esto. De veras me esfuerzo. –miré mis manos con vergüenza. Sabía que mi estancia en la escuela pondría en peligro la vida de esos chicos si no lograba controlarme.
-no hablo de eso, se que puedes controlarte – rectificó al notar mi expresión - Nessie, eres más inteligente que todos ellos. Los aplastarías.
-Oh.
-¿Lo ves?
-Seré discreta.
-Necesitarás más que discreción.
-Y mi apellido…
-Dirás que eres adoptada.
Mi expresión de horror sobresaltó a Jake.
-Quiero decir…es un pueblo pequeño ya sabes. Todos conocen al doctor Cullen su esposa e hijos.
-Eso sería horrible.
-Lo sé…pero, Edward lo hizo.
-Pero el sí es "adoptado" – señalé.
-Pero se supone que tienen una niña de cinco años – dijo en tono serio.
-Eso solo lo saben los que me conocen – Puntualicé utilizando mi dedo índice - Nadie sabe de mí en Forks – agregué.
-No hasta que entres en la escuela.
-Pero…
Jake tenía razón. ¿Cómo, la hija del menor de los Cullen podría haber nacido hace cinco años y aparenta quince? Era absurdo.
-Nessie, esto es algo muy delicado, que deberás discutir con tus padres. Y ellos harán lo que crean mejor para ti.
-Como no dejarme asistir al colegio.
-Ness… - comenzó Jake en tono persuasivo.
-Lo sé Jake. No aceptarán.
-Nessie – dijo tomándome del mentón – Si eso es lo que quieres…tienes todo mi apoyo.
-¿De verdad? - pregunté tomándolo de la mano. Jake asintió con una sonrisa en sus labios.
Nos quedamos en silencio por unos minutos.
-¿Caminamos? – dijo Jake finalmente.
-Sí, claro.
Nos levantamos del suelo y comenzamos a caminar sin rumbo fijo. Jake me hacia bromas mientras nos adentrábamos mas y mas en el bosque.
-¿Nessie puedo preguntarte algo?
-Lo haré, si respondes mi pregunta.
-Bien –dijo.
-Pregunta entonces – musité. Jake me pasó un brazo por los hombros.
Hubo una pausa.
-¿Que fue exactamente lo que dijo Edward cuando telefoneó y porque te hiso molestar?
-Ahora que lo mencionas…quería disculparme por lo de antes. No quería gritarte, lo siento. – desvié la mirada hacia los árboles.
-Más bien yo… quería pedirte disculpas a ti.
Sonreí con vergüenza.
-Lo siento de verdad Nessie…
-No Jake. No tienes porque hacerlo.
Suspiré.
-Supongo que… esto pasa entre los amigos.
-Si supongo –concluí.
Caminé entre los árboles mientras pensaba lo que diría a continuación. Jake me seguía de cerca en silencio.
Le relaté lo sucedido, todo lo que me había dicho Edward y lo que había escuchado en su conversación con Rose y Emmett. Jake asentía con lentitud frunciendo el ceño o enarcando las cejas, pero permitió que le contara todo sin interrumpirme.
-¿Entonces de que crees que se trate?
-No lo sé ¡no tengo ni idea! – le mentí.
-¿Estás segura? – preguntó con el ceño fruncido.
-Bueno, lo único que sé es que quiere mantenerme vigilada. – dije con la mirada gacha, pues temía que en mis ojos viera la respuesta.
-Parece que sí.
Jake sostenía en sus manos una ramita seca, la retorció con suavidad hasta que se rompió.
-¿Cuál es tu pregunta? - dijo Jake mirándome con curiosidad.
Cavilé por unos segundos. Luego suspiré.
-Edward se enfadó por algo que oyó en tu mente – dije con expresión desinteresada. Pero muriéndome de las ganas por saberlo. – En el aeropuerto.
-Ah.
-¿Y bien? – insistí.
-Nada que deba preocuparte Ness. Mi mente es algo loca, pudo haber confundido…
-Sí, pero algo lo hizo enfadar.
-No estaba enfadado. – lo miré con el ceño fruncido torciendo el gesto. – Solo estaba pensando en ti, solo eso.
Su respuesta me cogió fuera de base. Me quedé mirándolo confundida como siempre lograba dejarme Jake.
-¿Pensabas en mi?
-Pienso en ti siempre, como tú lo haces con tus padres. – admitió sin mirarme.
-¿Como lo hacen los amigos? – inquirí. Necesitaba saber el verdadero significado de esas palabras.
Suspiró.
-Si, como los amigos. – dijo como si la palabra "amigos" le causara una gran punzada en el costado.
Mi teléfono celular sonó en mi bolsillo trasero sobresaltándonos.
-¡Oh, oh! – canturreé. Busqué en mi bolsillo el pequeño teléfono. La pantalla cuadrada ya estaba iluminada. Un sobrecito color rosa titilaba insistente. Pulse la tecla para leer el mensaje: "Emm llamará en unos minutos. ¿Sabes qué hora es? Espero que ya estén de regreso. Rose."
Miré mi reloj de pulsera que señalaba las cinco treinta. El tiempo se nos había ido volando.
-Oh, oh - repetí de nuevo Mirando a Jake.
-¿Qué sucede? – preguntó Jake. Nos detuvimos en medio del bosque.
-Espera – dije alzando mi dedo índice – Primero déjame contestar esta llamada.
-Que…
-Shh – en ese instante el teléfono volvió a sonar en mi mano y pulsé una tecla para poner el altavoz. – ¿Tío Emm? - la voz de Emm resonó en el aire. Parecía algo enfadado.
-¿Nessie qué hora crees que es?
-¡Tío lo siento! Un oso se llevó todo mi tiempo y luego comencé a hablar con Jake y olvidé…
-¿Cazaste un oso tu sola? – podía imaginar su cara de estupefacción.
-Sí, bueno…
-¿Qué tal te fue?
Emm era incorregible.
-¡Excelente! – dije guiñándole un ojo a Jake que me sonrió.
-¿No te hizo daño verdad? – preguntó preocupado.
-Oh no, ¡todo fue miel sobre hojuelas! – inquirí.
-Bien– Me elogió - ¡Regresen ya!
-En seguida– dije con seriedad.
-Bien. Adiós
-Nos vemos en un rato. ¡Adiós! – colgué.
-¡Debemos irnos! – anuncié a Jake.
-Hay que correr –musitó - Estamos realmente lejos del sendero.
-¿En qué momento nos alejamos tanto? – pregunté entre risas.
-No lo sé ¡vamos! – respondió Jake uniéndose a mis risas.
Corrimos por el bosque a gran velocidad esquivando las ramas de los árboles y saltando las raíces que sobresalían de la tierra. No me había dado cuenta de lo lejos que estábamos del sendero. Ya casi se ponía el sol entre las montañas y dentro del bosque ya estaba casi oscuro.
-¿Jake? – pregunté aminorando el paso.
-¿Sí? – respondió mirándome.
Comenzamos a caminar uno al lado del otro, ya que nos encontrábamos cerca de la vereda donde habíamos dejado el auto.
-Serás mi amigo por siempre ¿verdad? – no sé porque dije eso pero necesitaba saber que así era. Toda esta conversación de los amigos me había dejado confusa. Jake me observó con el ceño fruncido. Luego me sonrió con dulzura.
- Seré… lo que tú quieras que sea. Si quieres que sea tu mascota, lo seré. Si lo que necesitas es un hermano pues… ahí estaré. Pero siempre seré tu amigo, por supuesto.
-Oh, Jake. ¡Gracias! – dije sorprendida pero con algo de vergüenza.
-Es mi trabajo – me sonrió de nuevo y siguió caminando.
-¿Tu trabajo? – pregunté torciendo el gesto.
-Cuidarte, protegerte…
Suspiré.
-¿Que no hay nadie que me quiera sin necesidad de usar la palabra "cuidado" como algo fundamental?
-No discutiré eso – negó Jake usando las mismas palabras de mi madre. Lo miré enfurruñada. – quiero decir…yo…
-no es…tu obligación cuidarme. – señalé.
Jake apartó la vista de mi rostro cerrando los ojos con fuerza. Luego volvió a mirarme.
-Aunque quisiera, no podría alejarme de ti. ¿Lo entiendes? – me pareció notar algo de enfado en sus palabras, así que bajé la guardia no quería enfadarme de nuevo con él.
-Eso tendrás que explicármelo luego – dije bajando la mirada.
-¿Por qué siempre hay que explicarte demasiado las cosas? – preguntó reanudando la marcha. Lo sostuve por una mano obligándolo a retroceder. Esta vez me miró contrariado.
-¿Por qué cada vez que intentas decirme algo lo enredas todo? – nos miramos por unos minutos desafiándonos. Era imposible, nunca dejaríamos de discutir.
-Porque…me es difícil… expresarme – dijo reemprendiendo el camino. Lo seguí aún más confundida que antes.
-Me gusta entender a la perfección…la naturaleza de las cosas – musité respondiendo a su pregunta.
Jake bufó.
-Se que no es mi obligación - dijo sin darme la cara.
-Entonces…
-Es solo que…no se…que haría… si llegara a pasarte algo.
Todo se resumía a una sola frase – "no quiero perderte pequeña terca" – sabia que esto era más difícil aún si yo no cooperaba. Pero no quería que me cuidara. Quería, que me quisiera sin temer perderme.
-Jake - murmuré tiré de su mano para obligarlo a que me mirara. – ¡Ven aquí!
Lo atraje hacia mí con sutileza y rodee su cuello con mis brazos alzándome de puntillas, Jake envolvió mi cintura con fuerza pero a la vez con delicadeza ocultando su rostro en el hueco que había entre mi mentón y mi hombro. Su respiración se volvió forzada, como cuando alguien que intenta reprimir un llanto. Alcé mi mano derecha y con cuidado de no lastimarlo, enterré mis dedos en su pelo, mi columna se arqueó adoptando la forma de su torso.
Jake me aferró con más fuerza contra él, entonces para mi sorpresa, sus labios tocaron mi cuello con ternura en un beso que me hizo perder la noción del tiempo y el espacio. Cerré los ojos con fuerza respirando entrecortadamente mientras que una sensación de placer irrumpía en mi cuerpo aumentando los latidos de mi corazón de forma vergonzosa. Automáticamente, apreté mis labios en la parte baja del maxilar inferior de Jake. Mi beso silencioso terminó en un jadeo y con los labios apretados entre los dientes inspiré el delicioso aroma de su sangre. Jake parecía estar en llamas en el mismo momento en que le susurraba al oído.
-Yo tampoco… quiero perderte - dije a media voz. – Y siento que…tengas que…cuidarme…yo… - mi respiración falló y las palabras quedaron en mi garganta. – Quisiera que…fuera diferente, sin miedos…ni dudas que…
-Shh, shh - acalló mis débiles palabras poniendo su dedo índice en mis labios.
Tomó mi rostro con sus manos apoyando su frente contra la mía, abrí los ojos y él me miró como nunca antes, en su mirada había una mezcla de anhelo y confusión, su aliento me embriagó y sentí que mis piernas fallaban, así que lo tomé de la cintura para no caerme. Estaba nerviosa y algo asustada pero extrañamente a gusto allí, donde me encontraba, en medio de la nada y con Jake cerca, muy cerca de mí.
Sus labios rozaron los míos con dulzura.
Reaccionó casi al instante, fue como si alguien hubiera apretado un botón en su cabeza con un ligero "clic" Luego se separó de mí con lentitud, negando con la cabeza gacha. Mis brazos cayeron flácidos a los lados, aún sostenía mi rostro con sus manos nerviosas. Con los ojos cerrados, intenté mantener acompasada mi respiración y mi pulso aumentó al mismo tiempo que mis manos apartaban las de Jake con sutileza. De nuevo esa extraña sensación de placer me invadió cuando al fin, fui capaz de abrir los ojos.
Jake estaba allí, tan hermoso como siempre. Sus ojos, amables y con ese brillo que iluminaba los míos como si se correspondieran. Me observó con un gesto extraño, como si estuviera esperando que lo golpeara o que me abalanzara a su garganta pero también con la esperanza dibujada en el rostro de poder explicarse.
Era incapaz de hablar, de moverme, hasta de respirar. Íbamos en el auto en silencio, un silencio que hacía más duro el recorrido de vuelta a casa. Los árboles se dispersaban ofreciéndole un matiz extraño a mis ojos, los pocos que quedaban, de un color verde intenso se oscurecían a medida que el sol se ocultaba más y mas. A mi lado, Jake parecía estallar de ansiedad. Me miraba de reojo a cada instante y respiraba con dificultad.
Cuando atravesamos el arco que nos daba la bienvenida al Edén decidí que lo mejor era canalizar la falta de expresión en mi rostro y la confusión que reventaba en mi mente, hacia otro lado. Jake estacionó el auto sin decir una palabra, abrí la puerta y Salí corriendo hacia lo primero que se me vino a la mente.
Corrí sin mirar atrás, atravesé los cerezos y el campo a gran velocidad, ni siquiera miré a Alice que se encontraba en el pasillo donde estaban las escaleras de caracol, solo corrí con el aire alborotando mi cabello y mis ojos lagrimeando a causa de la irritación por el viento. Atravesé el muelle a gran velocidad y sin más, salté al lago.
El agua golpeó mi cara cuando caí. El lago, ahora de un tono grisáceo por la oscuridad, empapó mi cuerpo y toda mi ropa. Nadé hasta el fondo, utilizando mis manos y pies sin preocuparme ni de respirar. No lo necesitaba. Mi contacto con la realidad se desvaneció bloqueando cualquier pensamiento. Sentía que estaba flotando, pero en el aire. Me dejé llevar por la corriente que me arrastraba hacia el fondo.
Me sentía complacida, satisfecha, pero también asustada y nerviosa, como lo había estado antes que Jake me besara. No sabía cómo reaccionar ante esto, nunca antes me habían besado así que no tenía ni idea que debía hacer a continuación. Tal vez, saltar al lago no era la mejor manera de afrontar la situación pero no quería ver a Jake ni a Alice ni a Rose solo quería estar aquí, en contacto con el agua en lo más profundo del lago de ginebra. Tampoco quería hablar, no sabría qué decir, ni cómo explicarme pues de mi boca no saldría más que palabras incoherentes y sin sentido.
Definitivamente estaba feliz y tal vez algo enfadada por el atrevimiento de Jake, de eso estaba segura, pero podía sentirlo en mi pecho, en mis brazos, en mis piernas y en cada recoveco de mi cuerpo. No había un lugar en mí que no estuviera a punto de estallar de la emoción contenida. No me importaba lo que pensaran mis tíos, tampoco si Emm se lo contaba a mi padre, no me importaba en lo más mínimo si Jake se sentía culpable o no, tampoco quería subir a la superficie, lo que significaba que era una cobarde pero eso tampoco me importaba. Solo me importaba lo que sentía en esos momentos. Solo eso. Después de casi media hora o más, no lo sabía con certeza, una mano fría sujetó mi tobillo impulsándome hacia arriba a toda velocidad, cuando logré zafarme ya estaba en la superficie del lago. Lo primero que visualicé fue el muelle a unos cuantos, demasiados, metros. Luego Rose apareció frente a mí con el rostro crispado del miedo y con el cabello aplastado a los lados de su cara.
-¿Qué crees… que haces? – Me gritó con desesperación – ¡¿Estás bien, maldición?
-¡Estoy bien! – Me apresuré a decir para calmarla – Estoy bien, ¿lo ves? – dije tocando mi rostro parpadeando por las gotitas de agua que comenzaban a caer a mis ojos.
-¡Rayos, lo sé! – dijo Rose enfadada. – ¡Sal del agua! – me ordenó con firmeza.
-Tía Rose…
-¡Sal del agua, ahora mismo! – dijo señalando el muelle.
Asentí con lentitud.
Comencé a nadar con rapidez hacia el muelle que desde mi posición se veía muy pequeño. Podía sentir a Rose justo detrás de mí, nadando en silencio. Nunca la había visto así, al menos no con el cabello todo aplastado en sus mejillas y toda empapada. Estaba enfadada, lo sabía, ¿pero qué podía hacer? Le explicaría luego. Cuando estuviera seca y calmada. Reí para mis adentros.
No había nadie en el muelle esperándonos con toallas calientes y con gestos confundidos por lo que deduje que no querrían enfrentarse a Rose. No en estas circunstancias cuando estaba pasmada por el susto y con el cabello totalmente arruinado. Subí al muelle y comencé a correr hacia la casa. Rose me seguía muy de cerca así que me apresuré a subir por las escaleras de caracol.
Todos, incluyendo Jake que estaba sentado en las escaleras con el rostro contrariado, me miraron cuando atravesé el pasillo de cristal hacia la salita. Alice se encontraba en la cocina, no presté atención a lo que hacía. Emm me miró con el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre su pecho. Jazz fue el primero en hablar.
-¿Necesitas una toalla? – preguntó levantándose del sofá. Tenía la expresión más tranquila que había visto nunca incluso parecía haber estado sonriendo.
-No…estoy bien. Gracias, tío jazz – murmuré.
-Un té caliente bastará – musitó Alice desde la cocina. Se volvió hacia mí con una taza de té humeante en sus manos. – Toma, Bébelo. – me ofreció con amabilidad cuando estuvo cerca de mí.
La tomé entre mis manos y comencé a beber a sorbos.
-Gracias, tía Al.
Todos alzaron la vista cuando Rose entró a la salita. Mis ojos se enfocaron en los grumos verdes del té que se concentraban al fondo de la taza.
-¡Guau, Rose! – dijo Emm acercándose a ella – Te ves…
-Cierra la boca, Emmett – dijo Rose sin mirarlo.
-Vamos, te acompañaré arriba – musitó ignorándola. La tomo por los hombros y se dirigieron a las escaleras.
Suspiré.
Miré a Alice y luego a Jazz que a su vez me observaban con serenidad.
-¡Buenas noches! – inquirí dejando la taza de té en la mesita de comedor.
-¡Buenas noches! – dijo Jazz.
-Subiré en un momento – informó Alice guiñándome un ojo.
-Claro – musité con resignación.
Jake aún se encontraba en las escaleras, con el mentón apoyado en una mano. Se levantó de un salto y me miró avergonzado sin saber que decir, abrió la boca para cerrarla de nuevo.
-¡Buenas noches! – murmuré pasando por su lado sujetándome el cabello que goteaba agua por todos lados.
-¡Buenas noches! – logró decir Jake.
