Si así me lo pides…
-¡Pensé que nunca saldrías de allí!
Mi mente quedó en blanco. La persona que menos esperaba y que tenía pensado ir a buscar, se encontraba allí, sentado a la orilla del muelle y tan insoportablemente hermoso como siempre, me sonrió con timidez para luego bajar la mirada hacia sus manos, avergonzado.
-¿Podemos hablar? – dijo Jake sin alzar la mirada.
- C-claro – fue lo único que pude decir.
La madera del muelle se estremeció cuando me apoyé con las manos para subir. Me senté a su lado en silencio, exprimí el agua de mi cabello con las manos y luego me dediqué a observar las montañas sin saber que decir, Jake tampoco dijo nada así que juntos miramos hacia el horizonte. Las montañas, ya estaban rodeadas por una delgada línea de luz a causa del sol, que ya se escondía detrás de ellas. Por primera vez, el silencio no me molestó.
-Ness, yo… – dijo después de unos largos minutos sin apartar la vista de las montañas - Yo…
Lo miré con expresión de angustia.
-Jake…
-No espera, quiero terminar.
Jake parecía estar intentando mantener la postura a toda costa. De pronto comenzó a hablar a tal velocidad que tuve que mirar sus labios para ver si entendía que era lo que decía.
-Sé que me comporté como un idiota, lo admito, quiero decir…no debí haber hecho eso, no sabes lo mal que me he sentido todo este tiempo, no sabes lo confundido que he estado y mira, lo intento sí, De verdad intento…
-¿Intentas qué? – murmuré interrumpiéndolo.
-Intento sacar… de mi mente lo que pasó – dijo gesticulando con las manos – Pero no puedo, no puedo, te juro que no puedo y por eso soy un maldito idiota que…
-¡Jake, Jake, Jake! – dije con voz severa. No me gustaba que se dijera así. Tampoco quería que sacara esto de su mente, no sé por qué - Escucha yo... lo he estado pensando…
-Has estado pensando que soy un idiota, lo sé...
-No, nunca pensé eso.
-Pues eso es lo que soy…
-Lo que quiero decirte es que…
-Claro ahora piensas diferente, te apuesto que no pensabas igual cuando…
Esto me hiso salir de mis casillas.
- ¡Está bien, eres un idiota! – dije alzando la voz mientras le sostenía el mentón obligándolo a que me devolviera la mirada. -¡mírame!
Jake me miró con ojos heridos.
-No eres ningún idiota – murmuré – Y tampoco tienes que disculparte por…
-claro que tengo que hacerlo.
-¿Te sentirás mejor si lo haces? – pregunté con voz queda.
Jake asintió con lentitud.
-¿Estás bien? – pregunté aferrando su cabello con mi mano. Jacob asintió de nuevo pero esta vez me miró con cautela. Le sonreí con timidez.
-Perdóname, cielo – me suplicó con un hilo de voz. – ¡Por favor!
Alzó una mano y acarició mi mejilla sin dejar de mirarme, de nuevo nuestras miradas volvían a sumergirse una de la otra. Mi mano libre se deslizó desde su hombro hasta su cuello, luego hasta la perfecta línea de su mejilla, pero no
Pude resistirlo más y mi cabeza cayó rendida sobre su hombro.
-No tengo nada que perdonarte – dije a media voz – Pero si te hace feliz…está bien, te perdono.
Suspiré.
-Gracias – murmuró apoyando su mentón en mi cabeza.
-¿Puedo preguntarte algo? – dije mirándolo nuevamente.
-Lo que quieras.
Esperé unos segundos.
-Por qué… – las palabras se quedaron estancadas en mi garganta.
Jake me miró con el ceño fruncido. Pero con la certeza de la pregunta que le haría.
-No lo sé, solo lo hice – dije negando con la cabeza confundido – lo siento…
-No, está bien.
-Quisiera explicarme pero no puedo.
-Lo sé. Lo hablaremos después. Aquí no. – dije desviando la mirada hacia la casa.
Jake asintió en señal de que había entendido mi intención. Decidí cambiar el tema para evitar la incomodidad.
-Nos iremos mañana – le anuncié con pesar.
-Oh.
Inspiré profundamente.
-Y tú tienes cosas que arreglar, ¿no? – pregunté ahora más serena.
-Supongo.
-La manada – dije más a modo de afirmación que como pregunta.
Jake dudo por unos segundos.
-Seth, le está dando problemas a los chicos.
-¿En serio?– pregunté extrañada. Seth nunca había dado mayores problemas.
-Bueno, no estoy muy enterado aún – dijo con vacilación – lo único que sé es que todo el deber recaerá en mí, cuando vuelva – inquirió con pesar.
-¿Qué quieres decir?
-No sé ni siquiera que ha estado haciendo ese chico.
Lo miré ceñuda por unos segundos.
-No es tu responsabilidad lo que haga Seth.
-No, La manada es mi responsabilidad.
-No te lo tomes muy a pecho – dije tomando su mano dándole un suave apretón. Jake me miró al instante. – Quiero decir, no sabemos qué fue lo que hizo.
-Pues, si.
Suspiró.
-Cuando dices que todo el deber recaerá en ti – dije haciendo una pausa para formular la pregunta – ¿Lo dices en qué sentido?
Jake acarició el dorso de mi mano con sus dedos tibios. Esto me hacía sentir bien.
-Lo más seguro es que el concejo se reúna – dijo despacio con la cabeza gacha, mirando nuestras manos – Si consideran que lo que hiso Seth estuvo mal, tendré que dar la cara por él.
-Entonces…
-Entonces…no quisiera tener que enfrentar a Seth.
Esto hiso que me incorporara en mi lugar.
-¿Un momento, enfrentarte a él en qué sentido? – pregunté buscándolo con la mirada.
-Seth es una de las personas más básicas y con más cualidades que he conocido, pero es un chico y se deja llevar muy rápido.
Esperé por unos segundos.
-No sé que habrá ocurrido, pero no quiero disgustarme con él.
-Entonces no te adelantes a los hechos.
-Espero que no sea nada grave.
-Todo estará bien – dije para consolarlo.
-Billy te envió saludos – me anunció cambiando el tema. – Y Leah.
-¿Leah? – Pregunté sorprendida.
- Necesitaba informes de la manada así que la llamé ¿no te importa?– dijo con un suspiro.
- No, claro que no. Leah, es una buena chica.
-Sí, lo sé.
Leah no era exactamente mi mejor amiga, pero nos llevábamos bien, muybien a decir verdad. Era la segunda al mando en la manada, por lo que siempre estaba haciéndole bromas a Jake, como: "oye, tú no eres el único que manda aquí" – aunque algunas veces tenía que obedecer – siempre noté cierto respeto entre Leah y Jake. Al fin y al cabo, estos dos chicos eran hermanastros de mi madre y por ende, unos tíos para mí. Pero nunca los había tratado de esa forma, sobre todo por Seth, que podría ser mi hermano.
Me pareció notar a Jake algo ausente y preocupado.
-¿Estás bien, corazón? – pregunté acariciándole el pelo. Jake sonrió con dulzura, luego me miró.
-Solo algo preocupado, nada más – dijo con los ojos cerrados. Me observó por unos minutos y luego me sonrió para darme seguridad.
-¿Quieres hablar? – musité con cautela.
-No creo que sea el momento – dijo quitándole interés.
-¿Entonces qué te preocupa?
-Es…Billy – Jake bajó la mirada con la angustia dibujada en su rostro.
-¿Le pasa algo?- pregunté alarmada.
-No se ha sentido bien.
-Oh, no – me lamenté. – ¿Pero estaba bien, no? Quiero decir, antes de venir no estaba así.
-Estoy seguro que está escondiendo algo. – dijo con el mismo tono de angustia.
-¿Tú crees?
-No lo sé – dijo con un suspiro – Pero hace una semana llegó muy agotado de casa de Charlie, como si… le fuera difícil respirar. ¿Qué crees que sea?
-No lo sé Jake, no soy médico. – dije con pesar.
-Pero tú leíste todos esos libros de medicina que están en el despacho de Carlisle.
-Pero aún así, necesitaría revisarlo un médico. Tal vez Rose pueda decirte, ella sabe mucho mas de esto que yo, mi abuelo le enseñó todo lo que sabe…
-Escucha – dijo interrumpiéndome - Según Rachel, se siente muy cansado, se le dificulta la respiración y se le sube la presión.
Lo miré con expresión alarmada.
-No lo sé – Dije despacio – puede… que esté sufriendo del corazón.
Jake perdió la postura de su cuerpo, comenzó a negar con la cabeza lentamente, mientras le daba palmaditas en la espalda para consolarlo.
-Jake esto es solo una hipótesis, no puedes confiar en lo que dije. No lo hagas. Puede que esté equivocada.
-¿Y si no lo estás? – Preguntó con hilo de voz – ¿Y si Billy realmente está enfermo?
-Él…estará bien. – dije cavilando su expresión. – Es duro, fuerte.
-Nessie, debo pedirte un favor – dijo tomándome de las manos, con los ojos llenos de inquietud.
-Si claro, lo que sea – dije sin respirar. Ya empezaba a preocuparme.
Billy Black era una de esas personas de las que nunca esperas encontrar con alguna dolencia física típica de la edad. Lo conocía bien, el padre de Jacob siempre se mostraba seguro y confiado de sí mismo, además de verse en perfectas condiciones de salud.
Jake lo pensó por unos momentos.
-Se que no va a querer visitar el hospital, es muy terco. Pero de verdad me gustaría, no sé…si sería posible que Carlisle lo chequeara – inquirió con pesar. – Crees que podrías…sé que es mucho pedir…
-Por supuesto Jake, claro que si – dije al instante con rapidez – ¿Quieres que lo llame ahora?
-¿En serio? – preguntó parpadeando con rapidez. – ¿No te importa?
-¡Jake! - exclamé algo ofendida por sus dudas – ¿Tienes el teléfono?
-Eh…lo dejé arriba, iré por él – anunció levantándose de un salto.
-Voy contigo.
Jake me tendió una mano para ayudarme y comenzamos a caminar casi al trote por el muelle hacia la casa. Al llegar a la escalera de caracol, Jake se apartó para dejarme pasar primero, anduvimos por el pasillo en silencio, con las miradas gachas, Jake parecía muy preocupado aún. Abrí la puerta que daba hacia el pasillo de cristal. Al llegar al rellano de la escalera, me detuve mirando hacia la salita, donde se encontraban mis tíos.
-Los veo en seguida – les anuncié. Asintieron sin decir una palabra. Luego subí por las escaleras.
Jake ya se encontraba en su habitación.
-Aquí está – dijo cogiendo el teléfono que descansaba en la mesita de noche al lado de la cama.
La habitación no era muy diferente a la de Alice y Jazz, solo que más pequeña y sin baño. La cama era igual de grande, y justo encima de esta, a la altura del cabecero, se extendía un ventanal con vista al lago.
Suspiré.
- Perfecto – dije tomando el teléfono de sus manos marcando el número de mi abuelo. Lo puse a mi oído y esperé unos segundos.
-¿Diga? – dijo la majestuosa voz de mi abuelo.
-¡Hola abuelo!
-¡Hola mi pequeña, que sorpresa! – Dijo con alegría – ¿Como estas?
-Todo bien, abuelo – dije esperando a que pasara el momento del saludo.
-¿Cómo van esas prácticas?
-Espero el momento para mostrarte lo que aprendí.
-Pues eso será pronto.
A mi lado Jake parecía estallar de la ansiedad.
-Eh... ¿abuelo? se que estarás ocupado…
-No estoy ocupado ahora, cielo. ¿Necesitas algo?
-Un favor – dije con cautela.
-Espero poder ayudarte. ¿Pasa algo? – de pronto su voz se tornó diferente.
-Es Billy.
-El padre de Jacob – dijo mas como afirmación que como pregunta – ¿Qué pasa con él?
-Es que ha estado algo enfermo, No se ha sentido bien, tiene dificultad para respirar y se agota muy rápido, la presión se le sube…
-¿Le ha dolido el pecho en alguna ocasión? – dijo con tono de voz clínico.
Miré a Jake quien a su vez negó con la cabeza enérgicamente.
-No – dije mordiéndome el labio.
-¿Con que frecuencia le pasa esto?
-Es reciente – dije con impaciencia.
Mi abuelo suspiró.
-¿Qué opinas? – me preguntó como si le estuviera pidiendo una sugerencia a un colega.
-¿El corazón?
-Es muy posible.
-¿Angina de pecho? – pregunté cerrando los ojos. Jake me miró exaltado.
-Umm, no lo creo– musitó con la voz tensa. – Tendré que revisarlo.
-Era lo que quería pedirte, ¿será posible?
-Cuanto antes.
Jake me miró con la esperanza dibujada en su rostro. Le sonreí.
-¡Gracias abuelo! – dije con fervor.
-Por nada cielo – dijo con dulzura – Cuando regrese lo iré a ver. Dile a Jake que él estará bien.
-De acuerdo. Oye, envíale a la abuela un millón de besos de mi parte.
-Lo haré.
-Bien, ¡adiós abuelo!
-¡Nos vemos pronto! – musitó y luego colgó.
Jake se levantó de un salto de la cama y me abrazó con fuerza.
-Gracias – murmuró a mi oído.
Mis brazos, lentamente, comenzaron a subir desde su cintura hasta sujetar firmemente su espalda y hombros.
-¿Lo ves? Todo irá bien. – dije a media voz.
Me desprendí de su abrazo y nos miramos fijamente por unos segundos.
-¿Estás menos preocupado? – pregunté delineando su mentón con mi dedo índice.
-Todo gracias a ti – dijo tomando mi mano para atraerme más hacia él.
- Y a Carlisle. –agregué atontada.
-Y a Carlisle.
Subió mi mano hasta su cara y la apretó contra su mejilla. Luego bajó la suya y cerró los ojos.
-Esto me gusta – dijo despacio en voz baja. Acaricié su mejilla por unos segundos maravillada.
-¿Qué es lo que te gusta? – pregunté confundida. Todo me daba vueltas.
-Esto… Tú. – dijo con la mirada perdida en mi rostro.
Mis ojos se dirigieron a la puerta con rapidez. Abajo, Rose intentaba persuadir a Emm para que no subiera a la habitación.
-¡Tranquilo! – dijo Rose con severidad. Casi pude verla mirando a Emm con aquellos dominantes ojos suyos.
-Creo que... – dije apartándome de él con la mirada gacha.
-Sí, eh…
-Voy a empacar – le anuncié ya dirigiéndome a la puerta.
-Sí, yo…yo igual.
Abrí la puerta, sin mirarlo y salí cerrando tras de mí.
Jake volvía a hacerlo, otra vez.
Entré a la habitación de Alice y Jazz frotándome las sienes. Confundida y aún aturdida comencé a empacar lentamente. No quería volver a caer en la misma situación de antes, así que no pensé demasiado en lo que acababa de decir Jake. Sus palabras Carecían totalmente de significado, por ahora, pues aún teníamos pendiente una conversación en la que aclararíamos todo de una vez por todas. Así que hasta que no hablara con Jake, no iba a tomar esas palabras muy en serio. Algunas veces pensaba en mi cordura, pero dudaba de la de Jake, el loco era él, por lo menos ahora.
-Oh, no lo sé Alice – dijo Rose justo detrás de la puerta. – Emm no quiere salir de aquí. – agregó a la conversación que no alcancé oír antes.
-¡Pero hay que ir! – le insistió Alice.
Ignoré las palabras de Rose y seguí empacando. La puerta sonó débilmente.
-¿Podemos pasar Ness? – dijo Rose abriendo la puerta al mismo tiempo.
-¿Ir a donde? - pregunté sin mirarlas. La puerta se cerró tras ellas suavemente.
-De caza – dijo Alice mientras se sentaba en la cama de un salto – ¡Tenemos que ir de caza! – añadió mirando a Rose.
Rose se sentó al borde de la cama, luego le echó un vistazo a la ropa que faltaba por empacar.
-¿Está todo aquí? – preguntó sin mirar a Alice.
-Sí, solo…
Busqué con la mirada la blusa que había mojado en el lago anteriormente. Ahora seca, la tomé y la doble para luego meterla en la maleta.
-Listo.
-Bien – dijo Rose con una sonrisa.
-¡Rose! – dijo Alice alzando la voz para llamar su atención. Alzamos la mirada al mismo tiempo, Alice parecía desesperada. – Siento que Emm no quiera ir, porque quiere quedarse haciendo de niñera, pero tenemos casi una semana sin ir de caza así que si no te importa, mañana quiero tomar el primer vuelo, y eso es a primera hora. Así que, no creo que nos dé tiempo para ir de caza. ¿Vamos ahora si? tengo sed…de verdad.
Alice parecía una niña mientras hablaba, sonreí ante la imagen chistosa. Rose miró a su hermana cansinamente.
-Al, cariño, ¿por qué no vas tú con Jazz? no tengo ningún problema en ir de caza en lo que regresen, será como un relevo. – dijo en tono persuasivo.
-Nos tardaremos demasiado – musitó en tono de súplica – ¡Lo sabes!
-Esperaremos.
-Tú también tienes sed.
-Sí, pero…
-¿Por qué no pueden ir tía Rose? –la interrumpí con voz serena. Rose me miró con los ojos entrecerrados.
-Si iremos – señaló Rose mirando a Alice – Pero luego que ustedes regresen. – agregó señalándola con la cabeza.
-No tengo ningún problema en quedarme sola…con Jake.
-Lo sé, cielo…
-Creo que deberían ir, se divierten mucho cuando van de caza juntos – dije como quien no quiere la cosa.
Rose dudó por unos segundos.
-Y de verdad creo que deberíamos tomar el primer vuelo mañana –musité sin mirara a Rose – ¿No estás ansiosa de ver a Esme y Carlisle? – eso no era justo pero bastaría.
-Oye eso no es justo, claro que quiero verlos…
-No llegaríamos a tiempo ni para el segundo vuelo – dije interrumpiéndola a mitad de frase.
-¡Es el último día en el Edén! – canturreó Alice.
Rose caviló por unos segundos.
-Vayan a divertirse, yo estaré bien – inquirí sonriendo con seguridad - No saldré de esta habitación.
Rose parecía mas convencida.
-Tu cena… - comenzó Rose.
-Comeré algo después, no voy a morir de hambre.
-La cena, está en el microondas. – dijo Rose terminando su frase.
-¡Sí! – dijo Alice triunfante
Asentí enérgicamente mientras nos levantábamos de la cama para salir de la habitación. Alice me guiñó un ojo detrás de Rose, le sonreí en silencio devolviéndole el guiño. Ya habíamos convencido a Rose, aún faltaba Emm, que se negaba a dejarme sola con Jake, pero sabía que si Rose se lo pedía, él no se resistiría. Ella sabía cómo hacerlo.
Al llegar abajo Emm fue el primero en hablar.
- Rose, de una vez te digo que no iré ¿de acuerdo? – dijo cruzándose de brazos.
-Lo sé. Eres demasiado terco. Pero de verdad me gustaría ir. – dijo bajando la mirada hacia sus manos.
-Oh vamos Rose, no lo hagas mas difícil. – murmuró Emm rodeándola con sus enormes brazos.
Rose lo miró por unos segundos.
-Está bien – dijo Rose suspirando con nostalgia – Iré sola con Jazz y Alice – añadió encogiéndose de hombros apesadumbrada. La miré fascinada.
Jake me decía muchas veces que tenía un poder de convencimiento muy fuerte, pero siempre se preguntaba cómo lo lograba. Una vez Rose le dijo que eran cosas de mujeres, ahora sé por qué lo dijo.
-Rose - dijo Emm en tono persuasivo. Los hombres también tenían su poder de convencimiento, Rose lo detectó en seguida, así que alzó la vista y habló con rapidez. – ¿Podemos ir Emm? ¡Por favor! Nessie estará bien. ¿Verdad Ness? – dijo mirándome.
-Sí, no me moveré de aquí. – musité.
Emm suspiró.
-Bien – dijo al fin. – Pero con una condición, Renesmee. – dijo en tono serio.
Asentí firmemente intentando no soltar una carcajada. Emm hacía muy mal el papel de "papá sustituto."
-Quiero que te vayas a la cama temprano, y no tienes permiso para merodear por ahí, aunque estés "acompañada" – dijo haciendo énfasis en la última palabra. Sabía a que se refería con lo de "acompañada." – Es muy extraño lo que voy a decir pero…no dejes entrar a extraños.
No podía controlar las ganas de reír, pero me mantuve con la expresión serena, Emm hacia lo mejor que podía.
-¿Mucha gente viene aquí? – pregunté con el ceño fruncido.
-Nadie – señaló Emm – Al único lugar al que lleva esta carretera es al bosque y está prohibido, porque es habitado por animales salvajes.
-¿Los alces? – pregunté con sarcasmo enarcando las cejas.
-Los osos, pumas, panteras, serpientes y un montón más – dijo Emm cruzando sus brazos.
-¿Somos el único clan de la zona? – pregunté con interés.
- Sí, pero no nos pertenece. Hay otro clan, los conocemos pero no hablamos mucho con ellos. – dijo Emm quitándole importancia.
Tenía entendido que dos clanes no podían establecerse en un lugar al mismo tiempo, y algunas veces hasta en un país completo. Pero siempre existían los nómadas que viajaban hacia diferentes lugares por una corta temporada pues sabían de la existencia de un clan mayor en el lugar. Suiza era un país relativamente grande para dos clanes y suficiente hasta para tres. Nuestra familia era de Olympia, con la única diferencia de que mis tíos tenían una residencia en Ginebra, pero nunca se quedaban por un largo periodo. Nuestro lugar era en Washington, dentro de un bosque alejado de la civilización y en el cual podríamos quedarnos por un tiempo más.
-¿Crees que vendrán? – preguntó Rose mirando a Jazz con una nota de preocupación en su voz.
Jazz lo meditó por unos segundos, luego miró a Alice.
-No lo creo – dijo Jazz con el ceño fruncido.
-No iremos lejos – dijo Alice dejando su tono de impaciencia. Ahora parecía algo protectora.- sabremos si vienen incluso si se acercan por el lago.
-Pero son inofensivos... ¿no? – preguntó Emm dudando.
-Lo son, pero… no estoy segura Jazz – dijo Alice mirando a su esposo con preocupación.
Paseaba la mirada de uno hacia otro mientras discutían sobre dejarme sola o no con un clan que podría venir de visita.
-Al, no se atreverían a hacerle nada. ¿La conocen recuerdas? – dijo Jazz intentando calmar la tención a Alice.
Esto captó mi atención.
-Espera, ¿me conocen? – dije mirando a Jazz y luego a Alice.
-Por supuesto. – dijo Alice con una media sonrisa. –les enseñamos algunas fotografías.
-Oh, no – dije horrorizada, suponiendo que las fotografías que habían visto los del otro clan, eran las mismas que estaban en el álbum de Alice. – ¿por qué hicieron eso?
-No había ninguna razón para ocultar la llegada de un nuevo miembro de la familia Cullen. Además, Alice no dejaba de hablar de ti. – dijo Jazz sonriendo.
-Muchos saben de tu existencia Nessie, ¿eres la hibrida recuerdas? – dijo Emm en tono burlón.
-Nessie la rara – señalé cruzándome de brazos.
Emm rió por lo bajo.
-¿Entonces no hay problema? –preguntó Rose en tono serio. Siempre tan preocupada como mi madre.
-No lo creo – dijo Jazz negando con la cabeza – pero no quiero confiarme. Será mejor que los vallamos a ver antes que ellos decidan venir a saludar.
-¿Es que siempre lo hacen? – pregunté con vacilación.
-Algunas veces. – dijo Alice un poco más segura.
Suspiré.
- Todo bien, entonces – dije caminando hacia la puerta – No tienen de que preocuparse. Pueden ir de caza tranquilos.
Les sonreí para que estuvieran seguros. Aún indecisa, Rose me besó en la mejilla y salió seguida de Emm y Jazz, Alice me acarició el cabello guiñándome un ojo, luego salió sin decir más.
-¡Que se diviertan! – dije cerrando la puerta con fastidio. Observé por la ventana, como subían al auto.
Después de unos segundos el rugido del motor del auto resonó entre los árboles. Emm tocó el claxon varias veces y luego desaparecieron por el sendero.
Me alegraba la idea de que pudieran salir de aquí. Me habían traído al Edén solo para complacerme, siempre lo hacían pero este lugar resultaba mágico incluso para Emm y Rose y no iba a permitir que dejaran de divertirse por mi y por la tonta idea de no dejarme sola.
Mi estomago rugió indicándome que ya era hora de la cena. Con paso lento, entré a la cocina para encender el microondas donde Rose había dejado un delicioso omelette. Esperé unos minutos mientras se calentaba, luego tomé un par de platos y tenedores y los llevé a la mesa.
-¡Jake, la cena! - grité volviendo a la cocina para sacar la bandeja de metal del microondas.
Jake apareció en medio segundo en la cocina con una sonrisa de oreja a oreja.
-¡Deja te ayudo! – dijo tomando de mis manos la bandeja caliente para llevarla a la mesa.
-¡Gracias! – musité. Jake me sonrió con dulzura. – ¿quieres una soda?
-Sí, claro.
Me volví hacia el refrigerador y lo abrí.
-¡Guau!
El refrigerador estaba repleto de cosas, algo que me pareció raro pues no habíamos parado en ningún supermercado para comprar suministros de comida. Todo este tiempo aquí, y me hacía esta pregunta justo ahora.
-¿Qué? – Preguntó Jake a mi espalda.
-¿Cómo es que todo esto llegó aquí?
-¡Guau! Esto sí que es bueno. – dijo tomando un pedazo de pastel de chocolate y crema que había a la vista. -¿Quieres un poco? – me ofreció.
-No gracias, se lo que puedes hacer con uno de esos. – dije recordando las muchas veces que caí en sus bromas. Siempre terminaba con la cara llena de crema de pastel.
-No te haré nada. Ya no caes en mis bromas como antes. – dijo acercando el trozo de pastel a mi boca.
Lo miré con gesto sospechoso por unos segundos y luego, sin dejar de mirarlo mordí el pastel con lentitud.
-¿lo ves? – dijo Jake observándome.
-¡Está bueno! – dije masticando con rapidez.
-Tienes un poco de…
-¿Qué?
Jake alzó una mano con cautela y con su dedo índice retiró el resto de la crema que había quedado en mi labio inferior.
-Eh…gracias – dije bajando la mirada hacia mis manos.
-Por nada, ¿cenamos ya?
-Claro.
Comenzamos a cenar en silencio con sonrisas en nuestros labios. Jake me lanzaba miradas divertidas a cada momento haciendo gestos con su cara para hacerme reír, tal y como lo hacía siempre.
-A veces se me olvida que no tienes cinco años – dijo Jake sin mirarme al cabo de unos minutos.
De nuevo el tema de la edad que tanto me disgustaba.
-¿Por qué lo dices? – dije con naturalidad fingida. Arrugué el ceño sin dejar de mirar mi plato.
-Es solo que sigo haciendo estas cosas para ti – musitó suspirando. – incluso ahora
-A mí me gusta.
-Antes lo hacía para que comieras.
-Y para que hablara – añadí sonriendo.
Mi mente retrocedió hace un par de años atrás cuando Jake hacia maromas y todo tipo de cosas para lograr que tomara mi desayuno, solo para hacerlo más divertido y a la vez interesante. Ahora encuentro demasiado interesante comer varias veces al día. También lo hacía cuando mi madre se lo pedía pues a Bella le preocupaba que no hablara lo suficiente ni si quiera para llamarla o llamar a mi padre.
-A veces, siento que has cambiado– dije con lentitud cavilando su expresión.
Jake bajó la mirada con vergüenza, sabia a lo que me refería.
-¿Tan diferente soy ahora? –preguntó confundido.
-No, eres mejor – me apresuré a decir.
-¿Qué quieres decir? – preguntó Jake jugueteando con el tenedor entre sus dedos.
-Me gustas ahora que puedo discutir contigo, enfadarme, hablarte de nuevo, quizás golpearte…
Jake me miró con una ceja enarcada y expresión divertida.
-¿Y que había antes que te gusta menos que ahora? – preguntó sonriendo.
Esperé unos segundos.
-Bueno ya no andas correteando detrás de mí, entre otras cosas– dije con expresión pensativa – Aunque ya no me cantas cuando duermo, extraño eso…
-Es porque… ya no duermo contigo – dijo Jake algo sorprendido.
-Solía quedarme dormida justo después de ti. – Dije sonriendo con timidez – Cada noche.
-Lo sé. – dijo Jake esbozando una sonrisa. – ¿Pero si querías que cantara para ti de nuevo por qué no me lo dijiste?
Su pregunta me tomó desprevenida.
Mi niñez, fue relativamente corta pero pude disfrutar de algunas cosas típicas de la edad, como mis noches de sueño en brazos de mi madre o mi padre, las siestas con mi abuelo aunque este no durmiera, pero siempre se quedaba inmóvil hasta que despertaba, todas mis travesuras consentidas y por supuesto las demasiadas veces que Jake me llevaba a la cama y allí se quedaba rendido, primero que yo, pero al menos lograba que cantara mi nana.
No sé en qué momento esto dejo de suceder, pero podría decir que pasó desde que no dormí más en la cama de mis padres justo en medio de ellos, cuando cerré por primera vez la puerta de mi habitación y cuando Jake comenzó a dormir en el cuarto de huéspedes, todo eso sucedió cuando me hice adolescente, sin serlo realmente.
-No lo sé – dije al final negando con la cabeza contrariada.
Jake asintió con lentitud con la mirada gacha.
-Lo haría de nuevo si así… lo quisieras – dijo Jake después de unos segundos.
Lo miré sorprendida.
-¿Sí?
-Claro que si Nessie – dijo Jake con una nota de nerviosismo en su voz. Luego tomó mi mamo extendida sobre la mesa y me dio un leve apretón para luego sonreírme.
