Ángeles o Demonios
Al llegar al rellano de la escalera miré hacia la salita donde Emm me esperaba con los brazos cruzados en su pecho, por supuesto. Rose estaba apoyada en el sofá a su lado, acariciando su hombro, con expresión serena. Alice salió disparada hacia el porche donde estaba Jazz sentado en la mecedora, esperándola. Me acerqué hacia ellos con paso lento y me senté junto a Emm, sin mirarlo.
-Estoy enfadado – dijo con la mirada ausente.
-lo sé – dije al instante – Lo siento, tío Emm sé que me dijiste…
-En realidad no te dije nada.
Lo miré confundida.
-Me dijiste que…
-No hablo de eso, es que no te pedí que vieras el partido de beisbol por mí – dijo en tono serio. – me lo perdí.
Cerré mis ojos y suspiré con alivio. Rose rió por lo bajo.
-Ah. – dije con un hilo de voz. – Estoy segura que harán una repetición del partido.
-Te recompensaré por eso Emm – dijo Rose tomándolo del mentón, luego le plantó un beso en la boca.
-Eso espero señora Cullen, eso espero – dijo divertido mientras le devolvía el beso.
Puse los ojos en blanco.
Me levanté sin hacer mucho ruido y caminé hacia la cocina. Abrí el refrigerador y con una sonrisa en mis labios tomé un trozo de pastel de chocolate.
-Llevaré uno de estos para comer en el avión – dije a nadie en particular mientras mordía un pedazo.- No quiero comer esas galletas de nuevo.- añadí arrugando el gesto.
Cerré el refrigerador y mis ojos se dirigieron hacia el reloj que había justo encima. Eran las cuatro de la madrugada.
-Creí que era más temprano.
-Jake podrá dormir un par de horas más. – dijo Rose a mi espalda.
-Sí, le hará bien descansar un poco antes de regresar – dije mientras me giraba hacia ella.
-¡Rose! – dijo Alice desde el porche. – ¿Puedes venir?
-Claro – dijo Rose volviéndose hacia la salita.
La seguí en silencio hasta la puerta y observé cómo se acercaba hacia Alice. Mis ojos se dirigieron más allá del sendero principal que daba la bienvenida al Edén, hacia las profundidades del bosque, escuchando el sonido que producían los insectos al caminar silenciosamente por la tierra o sigilosos por los troncos de los árboles.
-¿A qué hora salimos? – preguntó Alice. No alcancé escuchar de que hablaban – No quiero regresar sin haberlo saludado antes.
-¿A qué hora sale el primer vuelo Rose? – preguntó Jazz mirando a su hermana.
-A la una en punto. Dijiste que querías irte en el primer vuelo –musitó Rose mirando a Alice.
-Pues si pero…
-Está bien Alice, ¿quieres que lo llame para decirle que venga más temprano? – Preguntó Jazz acariciándole la mejilla.
-Son las cuatro de la mañana Jazz…
-Al, si quieres cambiar nuestro vuelo puedo llamar…
-No, Hay que estar allí a la una – dijo Alice con seguridad.
-Bien – dijo Rose encaminándose hacia la puerta de nuevo sin antes pasar una mano por el cabello de Alice.
Me acerqué sigilosa hacia ellos, mientras Rose pasaba por mi lado sonriéndome con dulzura, y me senté en una de los sillones frente a Alice y Jazz.
-¿A quién quieren despertar a esta hora? – pregunté mirando a Alice que parecía acongojada.
- A Theodor – dijo Jazz sin despegar la mirada de Alice.
Enarqué una ceja a modo de pregunta.
-Es el hombre que cuida el jardín de Alice – musitó Jazz alzando la mirada.
-¿Es humano? – pregunté al instante en que escuché la palabra "hombre."
-Lo es – dijo Jazz. – ha dedicado toda su vida al jardín y viene algunas veces para echarle un vistazo a la casa.
-Sabe lo que somos – dije mas como afirmación que como pregunta.
-Sabe que somos "algo" pero no podría decir qué somos en realidad – dijo Alice con naturalidad pero con nostalgia en su voz – nos ha guardado el secreto por años, es un viejito muy sabio y bastante amable.
Esto no me sorprendió en absoluto. Crecí sabiendo quienes eran los pocos humanos que estaban al tanto de lo que éramos, pero nos temían demasiado como para hablar siquiera de ello. En isla Esme, dos brasileros un hombre y una mujer, nunca pregunté sus nombres, bastante sombríos y raros, nos observaban con expectación y algo de miedo cada vez que íbamos de vacaciones. Desempeñaban el mismo trabajo que Theodor. Algunas veces los llegué a ver observándome y susurrándose entre sí.
Estaba también el hombre que se encargaba de falsificar todos los documentos de la familia, ya sea para actualizarlos y traerlos con nuevas fechas, desde pasaportes, actas de nacimiento, licencias para conducir, tarjetas de crédito y las cuentas de los bancos. A este último, Jasper le pagaba muy bien y no era para menos.
Así que en algunos casos el precio del silencio era una buena suma de dinero, mientras que en otros, el miedo y la intimidación representaban un factor clave para mantener nuestras identidades bajo perfil. Aunque me costaba imaginar a Alice amedrentando a un anciano.
-así que el señor Theodor es el que mantiene el jardín tan de hermoso – dije al fin. - y fue el mismo que llenó el refrigerador de comida.
Jazz y Alice asintieron al mismo tiempo. Supuse que le habían dicho que me gustaba el pastel de chocolate y crema.
-Claro, por eso al llegar, la casa estaba como nueva y las fresias estaban frescas en los jarrones…debí imaginarlo. – dije arrugando el ceño, como se me pudo haber pasado por alto.
-Sí, Nessie es encantador. –musitó Alice suspirando.
-¿Entonces no podré conocerlo?
-No lo creo– dijo Alice.
Nos quedamos en silencio por unos minutos. El aire soplaba con furia, haciendo que las ramas de los árboles se movieran de un lado a otro al mismo tiempo. Alice reclinó su cabeza en el hombro de Jazz y este pasó su brazo por encima de su cabeza para abrazarla.
Jake seguía roncando arriba, el corazón le latía despacio, como lo hacía siempre cada vez que dormía. Escuché como rodaba sobre su costado, hacia el lugar donde debería haber estado yo. La palma de su mano tanteó hasta subir a la almohada y luego volvió a bajarla y luego la subió de nuevo. Percibí, con una sonrisa en los labios, como alzaba la cabeza de la almohada buscándome en la oscuridad. Su corazón se aceleró mientras que su respiración se volvió menos pausada.
-Será mejor que subas antes de que le un ataque de pánico - dijo Jazz al mismo tiempo que me levantaba del sillón de un salto.
-¿Nessie? – dijo Jake.
Atravesé la sala sin mirar a Rose y a Emm y en medio segundo estuve arriba. Abrí la puerta con suavidad y entré.
-Estoy aquí– dije en voz baja para no aturdirlo.
-¿Dónde estabas?
- Abajo, con los chicos – le anuncié mientras subía a la cama de un salto para recostarme a su lado.
-Oh, ya están aquí.
-Sí, y partiremos en unas horas. –Jake puso cara de poco amigos – ¿Cómo estuvo la siesta?
Jake esperó unos segundos.
-Siento haberme quedado dormido – dijo con sinceridad.
Reí con suavidad, Jake se unió a mis risas algo avergonzado.
-No te golpeé en la cabeza porque te veías cansado.
-¿En serio?
Jake apartó con sutileza el mechón de pelo que caía sobre mi ojo y lo acomodó detrás de mi oreja
-¿Y porque no lo hiciste? – continuó él.
-Ya te dije, te veías cansado.
-Sí pero…prometí no quedarme dormido.
Me eché a reír. Jake cerró los ojos.
-¿Lo hiciste?
-Demonios. Creí que lo había hecho.
-Por lo menos llegaste mas lejos de lo habitual – comenté.
-¿Y eso es bueno o malo?
-Pues...mejor de lo que pensé.
Abrió los ojos de golpe.
-¿Pensaste que lo haría mal?
-Claro que no Jake, quiero decir…
-Está bien, está bien.
-Casi había olvidado lo bien que lo hacías.
Sonrió.
-¿Por qué no sigues durmiendo? – articulé con los labios.
-¿Y por qué tú no lo haces? – protestó.
-Porque no lo necesito. No, por ahora.
-Umm.
Jake bostezó abriendo mucho la boca.
- Vamos sigue durmiendo, solo te quedan unas pocas horas – lo insté.
Hice ademán de levantarme pero Jake me sostuvo por la muñeca.
-Quédate – susurró.
Se hizo una gran pausa.
-Por favor – dijo soñoliento.
No le contesté. Me recosté a su lado de nuevo y puse mi mano en su pecho caliente. Jake la tomó con la suya y allí la dejó, justo en su corazón que empezaba a latir un poco más lento.
Cerré mis ojos y con un suspiro, dejé que el cansancio se apoderara de mis párpados y lentamente fui cayendo en un hoyo oscuro. Lo último que escuché fueron los ronquidos de Jake.
Abrí los ojos de golpe.
Mi garganta ardía. Me llevé una mano al cuello y allí la sostuve por unos segundos intentando tragar, pero allí no había saliva sino un fuego abrazador que subía desde mi esófago.
Me aparté de Jake sin hacer ruido, casi podía sentir el sabor de su sangre en mi boca. Observé desesperada la silueta de Jake esperando encontrar el motivo de mi sed, la sangre. Pero allí no había nada, No era Jake.
No podía ser posible…tal vez el haber estado así con Jake, pegada a su cuerpo mientras dormía, había causado mi sed. Pero… ¡Claro que no!…antes había dormido con él, esto era más fuerte… humanos, dos de ellos. Pensé.
Se estaban acercando pues el olor se hacía más y más fuerte a medida que avanzaban.
-¡Es Theodor! – escuché decir a Alice desde la sala.
-¿Quién es la niña? – dijo Jasper a su vez.
Se hizo una pausa.
-No lo sé.
Así que era Theodor y venía con una niña.
Volteé para mirar a Jake. Dormía como un bebé, en la misma posición con la que se había quedado dormido. El sol profería un rayo de luz que se colaba por el ventanal y caía sobre la cama haciendo una forma extraña en las sábanas. Aún aturdida, me senté en el borde de la cama y apreté los labios, mientras mi cuerpo asimilaba. Solo tardó unos minutos para que el ardor se aminorara, estaba allí latente pero podía soportarlo.
Empecé a levantarme con cuidado para no despertar a Jake.
-¿A dónde vas? – preguntó Jake perezosamente.
-Al baño – dije en voz baja haciendo un mohín – Quédate en la cama.
Jake murmuró un "ajá" y luego Salí. Entré directo a la habitación de Alice y Jazz. Me di un baño rápido, luego me vestí y bajé.
-Buenos días – dije pasando directo a la cocina.
-Buenos días – respondieron al unísono.
Parecían demasiados distraídos como para mirarme solo mantenían la vista fija en la puerta.
Abrí el refrigerador y lo inspeccioné por unos segundos. No me apetecía nada aún así que solo tomé la jarra de agua y bebí a tragos directamente de ella. El líquido recorrió mi garganta refrescándola, pero no lo suficiente y tampoco ayudó el hecho de que Theodor ya empezaba a subir las escaleras del puente. Puse la jarra en su lugar y cerré el refrigerador.
Me apoyé del arco de la cocina y esperé.
Rose y Emm se levantaron del sofá mientras que Jazz se situaba detrás de su esposa.
-¡Oh Theodor, que gusto verte! – dijo Alice con una sonrisa radiante al abrir la puerta. – ¡Pasa por favor!
Alice se apartó de la puerta para dejarlo entrar. Theodor entró con dificultad, era de bajo tamaño, pero el arco que formaba su columna lo hacía ver más bajito. Tenía los ojos y las comisuras de la boca cubiertas de arrugas al igual que sus manos, en donde sostenía un bastón. Su pelo, blanco como el algodón solo cubría la parte baja de su cabeza pero allí llevaba un gorrito, bastante antiguo. Su vestimenta era igual de antigua, una camisa a rayas y una chaqueta de cuero negra.
-¡Señora Cullen, el gusto es mío! – dijo el anciano con majestuosidad tomando la mano de Alice con sutileza para luego besar el dorso. Me sorprendí del tono de su voz, no parecía la de un anciano.
Jazz se aproximó hacia el anciano con un movimiento grácil. Al verlo, Theodor bajó la mirada y apretó el viejo bastón contra su pecho.
-¿Theodor como has estado? – musitó Jazz situándose junto a su esposa.
-Señor Cullen - lo saludó Theodor bajando la cabeza, como haciendo una reverencia, sin dejar el mismo tono de majestuosidad de su voz, pero sentí algo diferente, temor quizá.
-Ya conocías a mis hermanos – dijo Jazz extendiendo un brazo hacia Emm y Rose quienes sonrieron amablemente mientras asentían en señal de aprobación.
-Claro que si, un honor volverlos a ver – dijo Theodor haciendo la misma reverencia.
-¡El honor es nuestro! – dijo Rose sonriendo con dulzura, a veces me recordaba mucho a mi abuela Esme – ¿qué podemos ofrecerle?
-¡Oh, gracias pero no quisiera molestar! – musitó Theodor con vergüenza.
-¡Pero no es molestia! – Dijo Alice al instante – ¿Rose, por favor podrías hacerle un té de hierbas? De las que están en el jardín.
-Por supuesto – dijo Rose poniéndose en marcha.
Cuando Rose pasó frente a mí, me sonrió y luego desapareció por el pasillo de cristal. Cuando volví la mirada de nuevo hacia el grupo, sentí el peso de los ojos de Theodor observándome con asombro.
-Oh, lo siento no sabía que tenían una… visita – dijo Theodor con la mirada seria.
- No Theodor, es mi sobrina – dijo Alice riendo con dulzura – Ven aquí cielo – me llamó.
Me moví con torpeza y me acerqué hacia Alice con la mirada gacha. No solía ser tan tímida pero tampoco acostumbraba a saludar a muchos humanos.
-Theodor ella es Renesmee – le dijo Alice mirándome con un brillo en sus ojos.
-¡Mucho gusto, es un placer conocerlo! – dije con perfecta educación.
-¡El gusto es mío, preciosa niña! –Clavó la vista en mis ojos cuando le extendí la mano– ¡Eres tan hermosa como tu tía! –Añadió tomando mi mano y para mi sorpresa beso el dorso como lo había hecho con Alice.
- ¡Oh, valla gracias! – dije forzando una sonrisa.
-¡Y tan hermosa como tu madre! La señora Rosalie y el señor Emmett deben estar muy orgullosos – dijo Theodor desviando la mirada hacia Emm.
-No es nuestra hija Theodor, aunque nos encantaría. –dijo Emm sonriendo.
¿Que había hecho pensar a Theodor que era hija de Rose y Emm?
Sonreí.
-¿Recuerdas a Edward, mi hermano? – Intervino Alice.
Theodor la observó sorprendido por unos segundos como si no pudiera creer lo que estaba escuchando.
- Renesmee es hija de Edward y su esposa, Bella – dijo Alice cavilando la expresión de Theodor.
Theodor volvió a mirarme pero esta vez lo hiso examinando cada detalle de mi rostro como si fuera imposible lo que Alice acababa de decirle. Luego, sin más, curvó sus labios en una sonrisa de comprensión.
-Claro, pero… ¿cómo es que no lo vi antes? Te pareces mucho a tu padre. Pero tu madre debe ser tan hermosa como tú – me dijo Theodor con los ojos cargados de admiración.
Sonreí en señal de agradecimiento.
-¡Gracias! – susurré.
Aquel hombre seguía sin poder quitarme la mirada de los ojos. Era como si no pudiera comprender el hecho de que yo estuviera allí, ser la hija de ese "algo" que él suponía que éramos y más aún que no tuviera los ojos color dorado como todos lo demás.
-Mi tía Alice...me habló de usted – dije para romper el incomodo silencio – Me dijo que cuida del Edén y el…jardín – dije bajando la vista. – Es muy hermoso…el jardín - sonreí todavía incomoda.
-¡Oh, gracias señorita Renesmee! – dijo mientras desviaba la vista hacia la puerta.
Mis ojos siguieron el trayecto de su mirada.
Una niña pequeña, debía tener unos cinco o seis, asomó su cabecita por la puerta con una sonrisa en sus labios. Su cabello castaño rizado se deslizó a un lado de su hombro. Cuando me miró entornó los ojos de un negro intenso con asombro y luego se llevó sus manitas a la boca sorprendida.
-Katherine, pequeña te dije que esperaras afuera – dijo Theodor con suavidad acercándose a la niña para tomarla del brazo – Disculpe señora Alice. Ella es mi nieta.
-No hay problema Theodor – dijo Alice inclinándose hacia la niña – Hola Katherine, yo soy Alice.
La niña la miró y volvió a poner la misma expresión de asombro y sorpresa pero esta vez sonrió con timidez.
-¡Abuelo, se parece a el ángel! – dijo con euforia tirando de la mano de su abuelo para atraer su atención.
-¡Katherine, saluda a la señora Alice como se debe! - la reprendió Theodor.
-No se preocupe Theodor, no es necesario…
-¡Hola señora Alice! – dijo la pequeña con timidez, luego se cubrió la cara con el brazo de su abuelo.
-Hola Katherine– dijo Alice sonriéndole – Él es Jasper, Emmett– dijo señalando con su dedo índice a su esposo y a su hermano quienes la saludaron agitando las manos – Y ella es Renesmee – dijo al final acariciando mi cabello.
-¡Hola Katherine, que bonito nombre tienes! – musité tras sonreírle.
La niña me miró con la confusión escrita en sus pupilas.
-Tú también te pareces a un ángel solo que no…
-¡Katherine! – Theodor se inclinó a su lado y le susurró algo al oído. Le habló en francés. La niña asintió y salió corriendo hacia afuera con el cabello hondeándole por todos lados.
Tuve el impulso de seguirla, pero me detuve y lo pensé mejor. En ese momento apareció Rose con una bandeja de plata donde llevaba una taza de té y un plato con galletas.
-Rose – la llamé con un susurró mientras me acercaba a ella – ¿Hay más de estas en la cocina? – dije señalando las galletas con la cabeza.
- Las dejé en el envase que está encima de la barra.
Me limité a asentir, luego caminé hacia la cocina con la mirada fija en la madera del piso. Al llegar a la barra, tomé el envase saqué algunas galletas y las puse en un plato que tenía cerca. Luego saqué un vaso de la repisa y me acerqué al refrigerador. No había leche pero si mi preferido, batido de fresa. Tomé la jarra y llené el vaso hasta arriba. Cerré el refrigerador con el pie y tomé el plato con las galletas. Al salir eché un vistazo al grupo. Theodor estaba sentado en el sofá con la taza de té en las manos sin la menor intención de tomarlo, podía ver en su cara que se sentía intimidado e incomodo. Tenía los ojos llenos de miedo. Estaban platicando así que aproveché la distracción y caminé hacia la puerta. Sentí la mirada fugaz de Jazz, pero no me volví, en cambio seguí caminando hasta salir de la casa.
Miré a los lados buscando a la pequeña niña de cabello castaño.
-Katherine – la llamé cuando mis ojos la ubicaron. Estaba sentada en la mecedora pero sus piernas eran tan pequeñas que no daban al piso. Hacía grandes esfuerzos por moverla pero sin resultados. –Katherine, te traje galletas y un batido de fresas.
La niña me miró por unos segundos y luego bajó la mirada hasta sus piernitas, entonces una sonrisa pasó por sus labios de repente.
-Solo me gusta la fruta – dijo sin alzar la vista. – Pero creo que me quedaré con las galletas.
-Bien, entonces yo me quedo con el batido y tú con las galletas – añadí rápidamente.
La niña no parecía dar signos de querer hablar demasiado así que tendría que hacerlo yo. Solo asintió con un ligero movimiento de la cabeza.
-¿Puedo sentarme? – esperé unos segundos, pero no se movió ni dijo nada.
-Te puedo ayudar a moverla – dije en tono divertido señalando la mecedora con la cabeza. Usé las palabras mágicas, pues Katherine sonrió y luego me hizo espacio para que yo me sentara.
– Toma, están deliciosas. Te van a gustar. – dije mientras le extendía el plato.
Katherine lo tomó entre sus manitas, aún sin mirarme y la puso encima de sus piernas.
-Gracias – murmuró.
Me llevé el vaso a la boca para ver si Katherine se animaba y lograba comer las galletas, pero esto no sucedió en cambio solo me miró con gesto confundido.
-No es lo que se supone que debería beber un ángel – señaló.
Me limité a seguir bebiendo para no intimidarla de nuevo.
-Y tampoco comen galletas.
-¿Ah no? – le contesté con una sonrisa dejando el vaso vacio a un lado– ¿Y entonces como se alimentan…los ángeles?
Se encogió de hombros.
- Me gustan las historias de ángeles.
La niña me miró atónita.
-¿Cómo sabes que es una historia?
-Pues no lo sé.
Realmente no lo sabía, ni siquiera sabía por qué me causó curiosidad el que Katherine le haya dicho a Alice que se parecía a un ángel, si realmente estaba muy cerca de parecerse a uno. No, ella ya es uno, pero podía decir lo mismo de Rose, también de mi abuela, mi madre, mi padre y de todos los vampiros que conocía. Todos ellos parecían tener las mismas características que un ángel, solo que sin el sentido celestial. Pero había algo más que atrajo mi atención y fue la razón principal por la cual me vi impulsada a hablar con Katherine.
La niña esperó por unos segundos. Luego tomó una galleta y se la llevó a la boca.
-¿Podrías…contármela?
-No debo – dijo negando con la cabeza enérgicamente – No puedo.
-¿Por qué? – Pregunté sin esconder mi curiosidad – Las historias son muy lindas bueno, solo algunas.
-Sí, solo algunas – coincidió.
Ahora sí que tenía curiosidad. ¿De qué se trataba aquella historia de la que Katherine no podía hablarme?
-Mira, se de algunas historias – no podía creer que iba a decir esto– Y no son precisamente…bueno, no creo en ellas.
Katherine alzó la mirada con vacilación.
-¿Alguna vez has sentido que perteneces de alguna manera a esas historias? –comenzó.
-Depende de la historia, claro– musité – ¿Quién te contó la tuya?
La niña desvió la mirada hacia la puerta, como si estuviera comprobando que no había nadie y luego me miró con ansiedad. Entonces, tomó el plato de galletas y lo puso a un lado, se impulsó hacia arriba y acercó sus labios a mi oído, pero solo a un centímetro de mí, sin tocarme ni un pelo.
-Los ángeles escuchan. Ahora mismo lo están haciendo. – murmuró.
Ahora comprendía todo con más claridad, pero Katherine solo dijo algo que ya sabía, los ángeles de los que hablaba eran mis tíos. Pero era cierto, ellos estaban escuchando todo, incluso si también prestaban atención a las palabras de Theodor que ahora mismo les estaba explicando que hace un año había tenido que volver a hacer la cerca para extender el jardín.
-Estoy segura que están lo suficientemente distraídos como para prestar atención – dije en voz baja.
Katherine lo pensó por unos segundos y luego las palabras le salieron disparadas desde sus labios.
-Los ángeles de los que te hablo son muy antiguos, mi abuelo…mi abuelo dice que algunos tienen miles de años, pero siempre se ven iguales, no importa cuánto pase el tiempo, siempre se verán así.
-¿Como…como son? – le pregunté con voz entrecortada.
-Son jóvenes y hermosos. Pero no tienen alas como los verdaderos ángeles.
-Entiendo.
Me quebré la cabeza tratando de decidir cuáles eran las palabras adecuadas para formular la pregunta qué quería hacerle, pero no se me ocurrió nada.
-No todos los ángeles son buenos, algunos son muy malos, ellos habitan en la oscuridad y son fuertes, son como la piedra. – continuó.
Una sensación extraña recorrió mi cuerpo. Miré a Katherine, no parecía asustada para nada, pero recreaba la historia en sus ojos como si fuera real, como si en verdad creyera en ella. Lo sentía en sus palabras.
-¿Crees en las historias? ¿Incluso si la historia que te estoy contando pueda ser cierta?
-¿Tú crees en ellas? – contesté con otra pregunta, perpleja y confusa. Como podría decirle que no creía, si estaba íntimamente ligada a esa historia en particular. "La de los vampiros"
-He estado muy cerca de creer que no, pero algunas veces me siento convencida de que…los ángeles de la oscuridad, si existen.
"Ángeles de la oscuridad" excelente combinación de palabras. Katherine no parecía la típica niña que creía en el horripilante monstruo del armario o en las hadas fantásticas que rociaban polvos mágicos a la gente.
Inspiré profundamente.
-Cuando viste a Alice dijiste que se parecía a un ángel. ¿No es así? ¿Es el mismo ángel de la historia? – le solté en voz baja.
-Mi abuelo la describe igual – comentó.
-¿Katherine puedo hacerte una pregunta?
La niña asintió con cautela.
-¿Cómo podría reconocer a los ángeles buenos y a los malos?
Observó con atención mi rostro durante unos segundos.
-El color de sus ojos – susurró.
-¿Qué color? – mi voz sonó áspera.
-Los ángeles malos tienen los ojos, rojo carmesí – susurró con los labios cerca de mi pelo.
Yo parpadeé.
No podía creer lo que estaba escuchando. Conocía muy bien a los de los ojos color rojo carmesí pero…no podía ser una coincidencia. ¿Acaso Theodor, en planes de entretener a Katherine o quizá asustarla, le contó una historia que era real? Y sumado a eso, la trajo al lugar donde podía darle crédito a la historia que le había contado, mostrándole a los ángeles. No, no podía ser cierto. La sola idea me producía espasmo.
-¿Y los buenos? – dije al final.
La niña sonrió con ironía y miró a través de la ventana. Mis ojos siguieron el trayecto de su mirada y se posaron del otro lado del cristal donde mis tíos hablaban animadamente con Theodor, quien parecía igual de desconfiado que al principio – ¡Bueno no es como si no lo supiera!- me dije a mi misma – los buenos eran los Cullen, claro a menos que este hombre conociera también al clan de Denali - muy considerado de su parte.
-¿Que comen? – preguntó Katherine repentinamente.
-Vegetales, somos vegetarianos – contesté. Pero solo yo sabía el doble significado de mis palabras.
Sonreí.
-¿Bromeas?
-Claro que no.
-¿Por qué el color de tus ojos no es como el de ellos? – añadió con impaciencia.
-Es algo de familia – dije lo primero que me ocurrió.
La niña me miró mas convencida, pero visiblemente mas confundida que antes.
-¿De quién heredaste el color de tus ojos? – preguntó dubitativa.
-De mi madre.
-¿Pero…es un ángel?
- Sí, es un amor – bromeé – Pero cuando se enfada…
-Mi madre también se enfada cuando mi abuelo me cuenta estas historias.
-¿Lo ves? – Coincidí – Son historias. Solo historias.
Hizo un sonido de disgusto.
-Sí, creo que sí. – dijo al final.
No sé por qué estaba intentando convencer a esta pequeña, que la historia que le había contado su abuelo solo era una "historia"… pero la realidad le golpeaba los ojos de forma evidente. Comenzaba a Sentir cierta hostilidad hacia Theodor. Por un momento me sentí como una niña de cinco años. Con la diferencia de que nunca me contaron historias de terror, yo era parte de una.
-¿Quieres ir adentro? – pregunté.
Katherine negó con la cabeza enérgicamente.
-Bien, entonces yo llevaré esto.
Tomé el vaso que tenía a mis pies y me levanté. Katherine levantó el plato sin antes tomar las galletas en un puño, luego me lo entregó con una sonrisa en sus labios.
-¡Gracias!
-Por nada – dije devolviéndole la sonrisa.
Entré directo a la cocina sin mirar a los lados. Theodor me miró de reojo y luego su mirada pasó fugazmente a la ventana donde se veía claramente el cabello de Katherine sentada en la mecedora.
Rose había hecho nuestro desayuno así que había dejado un ligero desorden en la cocina. Coloqué el plato de galletas y el vaso que traía en las manos en el fregadero y comencé a lavar los trastos. Mientras lo hacía puse mi atención en la conversación que estaban teniendo afuera.
-Bien, Theodor – dijo Jasper – Desde que llegamos Alice no ha dejado de insistir y es que quiere que…
-Theodor me encantaría que pusieras unas cuantas macetas de flores, en las escaleras de acceso a la casa. –lo interrumpió Alice incapaz de contenerse.
-Claro que si, señora Cullen – dijo Theodor riendo – ¿Qué flores quiere en las macetas?
-Eh…geranios, me gustan los geranios. ¿Qué dices Rose?
-Se verían hermosas – dijo Rose.
- Entonces serán geranios – coincidió Theodor.
-Bien, las lilas y dalias, si las siembras en grupos los colores contrastarán mejor – masculló Alice – Las quiero Theodor – añadió en tono suplicante.
Sonreí. Alice nunca dejaría su afición por las flores.
-Claro que si, será un placer.
-¿Algo mas, cielo? – preguntó Jasper.
-Creo que no – respondió Alice en tono pensativo.
-Entonces eso es todo– musitó Jasper – Eh…bueno, me gustaría que sembraras rosas blancas, las favoritas de Esme.
-Así será señor Cullen.
-Perfecto. Aquí está el dinero que necesitas para todo esto.
Terminé de lavar y comencé a secar los platos con un pañito. Luego los guardé en su lugar. Salí de la cocina con la mirada ausente y caminé hasta las escaleras y me senté en el primer escalón.
-Y aquí tienes – dijo Jazz tomando otro sobre del sofá, más abultado. – Es el pago por este año y el siguiente.
Jasper extendió el sobre pero Theodor no lo tomó.
-No puedo aceptarlo señor Cullen.
-Oh, vamos Theodor – intervino Alice – Te lo mereces, tener el jardín tan hermoso como está, necesita mucho trabajo, y tú lo has hecho excelente, por todo este tiempo. Acéptalo, por favor.
Alice tomó el sobre de la mano de Jazz y lo extendió hacia Theodor.
-Por favor, complázcala Theodor, o no podrá vivir con la conciencia en paz – intervino Emm a modo de broma.
Todos rieron al unísono, menos Theodor.
-Señora Alice, este ha sido mi único trabajo durante muchos años, su jardín es mi vida, y ver crecer esas flores, y que usted este feliz por ello es mi única compensación.
-Lo sé Theodor, pero entienda que el Edén es un lugar mágico para mí, es muy importante y usted ha cuidado de él por mucho tiempo, así que mi compensación será que usted acepte el dinero y…
Alice se separó de jazz y tomó otro sobre más delgado del sofá.
-Aquí tiene un bono por navidad.
-Oh, no señora Cullen, eso sí que no lo aceptaré – musitó Theodor retrocediendo.
- Le podrás comprar regalos a Katherine, estoy segura que le encantará.
Hubo una pausa.
-Por Katherine – insistió Alice al mismo tiempo que tomaba la mano de Theodor y ponía el sobre en la palma. Este tembló al contacto.
-Muchas gracias pero con esto tengo suficiente, señora Alice, perdóneme pero no puedo aceptarlo.
Theodor le devolvió el sobre a Alice.
-Bueno, está bien Theodor, pero no olvides comprar regalos para navidad a Katherine.
-Lo haré señora. – Theodor sonrió un poco más cómodo.
-Y por favor, no me digas señora. Dime solo, Alice. ¿De acuerdo?
-De acuerdo – concedió él – Entonces, no quisiera quitarles más tiempo y supongo que tienen un vuelo que tomar.
Alice extendió la mano hacia Theodor y este la tomó con delicadeza y de nuevo, besó el dorso.
-¡Adiós Theodor!
-Adiós seño… Alice.
Jasper le dio la mano a Theodor quien la estrechó enérgicamente.
-Señor Jasper – musitó haciendo una reverencia.
-Adiós Theodor. Gracias por todo.
-No tiene por qué agradecerlo señor. Gracias a ustedes.
Theodor se volvió y miró a Rose y a Emm.
-Señora Rosalie, señor Emmett - dijo haciendo otra reverencia incapaz de mirar Rose a los ojos – Un placer haberlos visto.
-Adiós Theodor – dijo Rose sonriendo. Emm asintió una sola vez.
El anciano dirigió la vista hacia mí sonriendo gentilmente.
-Señorita Renesmee, un placer haberla conocido.
Me levanté de un salto y corrí hacia el grupo.
-El placer fue mío, señor Theodor – extendí mi mano y el la tomó con sutileza y beso el dorso.
-Envíele mis más sinceras felicitaciones a sus padres por tan hermosa niña. Aunque la señora Esme y el señor Carlisle deben estar muy orgullosos por su primera nieta.
-Se lo haremos saber a Edward y a Bella Theodor – dijo Alice mirándome - Y en cuanto a los orgullosos abuelos... pues sí, vaya que lo están.
-Puedo imaginarlo.
Sonrió.
-Entonces no les quito más tiempo.
Jasper se adelantó y abrió la puerta. Theodor salió primero seguido de Alice y Jazz, seguramente incomodo por tenerlos justo detrás. Me adelanté, quería despedirme de Katherine así que salí.
-¿Nos vamos abuelito?
Katherine corrió hacia Theodor y le tomó de la mano.
-Despídete Kathy.
-Adiós – dijo agitando la mano.
-Adiós Katherine – dijeron Alice y Jazz.
-Adiós Renesmee, gracias por las galletas – dijo la pequeña buscándome con la mirada.
-Adiós pequeña.
Los observamos atravesar el puente y luego bajar las escaleras.
Inspiré profundamente.
-Bien, creo que también es hora de despedirnos – dijo Jazz a mi lado – Del Edén.
Alice asintió con la mirada ausente con la nostalgia grabada en sus ojos. Jazz la tomó por los hombros dándole un leve apretón.
-Nessie, ve a despertar a Jake – masculló Jazz.
-Sí.
Entré de nuevo a la casa arrastrando los pies. Debía despertar a Jake ahora para tomar nuestro desayuno para luego dejar todo limpio y arreglado.
Suspiré.
Me detuve al pie de las escaleras y grité.
-¡Jake!
-Aquí estoy – dijo alarmado apareciendo en el umbral de las escaleras.
-Si lo sé. Vamos, hay que desayunar.
Hicimos todo rápido. En medio de bromas comenzamos a comer y nuevamente competimos para ver quien terminaba su comida más rápido, por supuesto Jake alegó que me había ganado porque según él había masticado y tragado su último bocado primero que yo. Rose y Alice se encargaron de limpiar la cocina y los chicos de la sala y el porche. A Jake y a mí nos enviaron a las habitaciones para hacer las camas.
-¡Terminé!- grité a Jake a través del pasillo. Las puertas de las dos habitaciones estaban abiertas completamente -¡Yo gané, yo gané!
-¡¿Bromeas? – gritó Jake agitando sus brazos.
-No, yo gané. Lo siento Jake, lo siento – jadeé entre paroxismos de risitas.
-¡Pero si acababa de terminar! – dijo señalando con una mano hacia la cama.
El sonrió con ganas.
Tomé mi maleta, que descansaba junto a la puerta y salí de la habitación cerrando tras de mí. Jake también sacó la suya y cerró al salir. Nos encontramos en el pasillo, todavía riendo, y bajamos por las escaleras.
-Llevaré estas al auto – dijo Jake tomando nuestras maletas – Te espero abajo – añadió antes de salir.
-Bien.
Me volví hacia la cocina, solo Rose estaba allí.
-¿Necesitas ayuda?
-No, gracias cielo. Ya casi termino. – contestó Rose.
-Nessie – me llamó Emm.
Cuando me giré, algo pasó volando frente a mí, dando volteretas en el aire, a toda velocidad, estiré un brazo y lo tomé con rapidez por encima de mi cabeza.
-Un regalo de navidad –dijo Emm señalando el sobre de dinero que tenía en las manos, el mismo que no había aceptado Theodor - Buena atrapada – me guiñó un ojo.
-Gracias. Con esto podré comprarme un auto. A Bella le encantará saber que tú me diste el dinero – inquirí con sarcasmo.
La sonrisa de Emm se desvaneció.
Imaginé a mi madre regañando a Emm. Aunque la idea de comprar un auto sonaba atractiva, a Bella no le haría gracia. Mis tíos solo podían obsequiarme regalos verdaderamente caros solo en navidad o en mi cumpleaños y aunque mi madre siempre protestaba por ello no permitía que me dieran dinero. A mí tampoco me llamaba la atención esto –y eso que tenía una cuenta a mi nombre en el banco – pero nunca lo utilizaría dado que no estaba autorizada para retirarlo – claro…solo si no decidía comprar un deportivo. Pero estaba muy lejos de siquiera apreciar la idea, así que…
-¿Todo listo chicos? – dijo Rose.
-Si
-Sí, ya vámonos – musité.
-Oye Nessie…puedes tirar el dinero donde quieras – dijo Emm por lo bajo.
-Seguro.
-No le digas a tu madre que yo te lo di.
-Claro.
-Ni que pensabas comprar un deportivo con eso.
-Perfecto.
Hizo una mueca.
-¿De verdad ibas a comprar un deportivo?
-No.
-Oh, entonces te regalaré uno…
-Emm, no le prometas esas cosas– saltó Rose en tono de desaprobación.
-Si, por favor no lo hagas – mascullé con poco entusiasmo.
-Tranquila, eres mi sobrina preferida. Si no puedo comprarte un auto te daré otra cosa – susurró Emm al pasar por mi lado.
Sonreí con ganas.
Rose cerró con llave al salir de la casa. Luego bajamos para encontrarnos con los demás.
-Al auto chicos, vamos – nos instó Jazz cuando llegamos.
No pude evitar el impulso de mirar hacia atrás. Jake me tomó de la mano y me impulsó hacia adentro de uno de los coches. Cuando cerró la puerta, en seguida busqué la manilla para bajar el cristal de la ventana.
-Extrañaré este lugar – dije con la mirada perdida.
Tres puertas se cerraron al mismo tiempo emitiendo un golpe seco.
-¿Están listos? – preguntó Rose acomodándose el cabello detrás de la oreja.
Emm carraspeó.
-Cinturones, por favor.
Jake y yo nos pusimos los cinturones de seguridad, que sonaron con un "chic" al cerrarse al mismo tiempo. Un suave ronroneo proveniente de los autos llenó la calma y el silencio del Edén, mientras el auto se desplazaba hacia el sendero, dejando atrás el arco que daba la bienvenida, observé, con un matiz extraño la paleta de colores que se convertía en un borrón a medida que Emm aceleraba.
Las ventanas cerradas y a oscuras de la casa, El túnel de flores que había sobre el puente, los cerezos y el lago. Todo esto disparó en mí un sentimiento de añoranza y ahora entendía por qué le costaba tanto a Alice despedirse de este lugar.
-Pero…ella lo sabe – miré hacia a un lado y me crucé de brazos – Y eso es horrible.
Rose me miró por el retrovisor con una media sonrisa. Emm giró el auto a la izquierda siguiendo un nuevo camino.
-Nessie, los niños son fáciles de manipular en estas cosas. A esa edad creen que todas las historias que les cuentan son ciertas.
-Sí, pero esta historia en particular no cuenta, Tía Rose, la niña está segura que somos unos "ángeles" y su abuelo se encargó de mostrárselo. A que cree que está jugando ¿acaso no sabe que somos peligrosos?
-Tú no matarías ni una mosca – dijo Jake con tono de burla.
Lo fulminé con la mirada.
-Espera – dijo Emm apartando la vista de la carretera – ¿Estás molesta porque la niña cree saber lo que somos o porque Theodor le contó una historia?
Hubo una pausa.
- Una historia que sencillamente podría no ser cierta – añadió Rose.
-Pero…
-No le des más vueltas Nessie. Mira, lo más seguro es que Katherine lo olvide.
-¿Pero y Theodor qué? – Farfullé con impaciencia– No la hubiera traído si él tampoco creyera nada de esto. ¿No es así?
-Theodor nos ha guardado el secreto por años – contestó Rose.
-¿Si, y entonces por qué se lo contó a su nieta? – Se hizo una pausa corta – De alguna forma él quiso que ella lo supiera todo, así no estuviera seguro de lo que realmente somos. ¿Quien le contaría algo así a su nieta? ¿Que logra con eso? ¿Asustarla?
Hubo otra pausa.
-¿Nessie, déjalo si? – dijo Jake con suavidad.
-Está bien, pero díganme algo – Jake me miró con resignación – ¿Cómo están tan seguros de que Katherine lo olvidará? ¿Como saben que la niña no se lo contará a sus hijos y a sus nietos?
-No se atreverían a divulgarlo – dijo Rose después de un minuto. – No te preocupes cielo, nunca lo harían.
La seriedad de sus palabras me detuvo.
-De eso se encarga Alice, lo ha hecho desde siempre – dijo Emm.
Arrugué el ceño.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Alice lo vería.
Asentí.
-¿Ahora lo entiendes? – preguntó Rose reclinando la cabeza a un lado para mirarme – Nadie lo creería. Solo nosotros tenemos el poder de descubrirnos.
Asentí de nuevo.
-Theodor solo nos utilizó para darle credibilidad a su historia, independientemente de si, era para asustar a la niña o no, es algo que no podrá demostrar y con el tiempo Katherine lo olvidará.
- Y que pasa si, todo lo que dices, quiero decir, lo de descubrir nuestras identidades, ¿qué pasa si fallamos en eso?
Rose lo pensó por unos minutos.
-Pues…no hemos fallado en siglos. ¿Qué te hace pensar que pasará ahora?
-Solo, temo por Katherine – dije mirando a través del cristal de la ventanilla.
Sacudí la cabeza para deshacerme de esa idea. De lo que pudiera pasarle a Katherine si ella, o alguien de su familia llegaran a decir algo de nosotros.
-¿Quien se encargaría de eliminarlos? – pregunté súbitamente siguiendo el hilo de mis pensamientos.
Rose se volvió con el ceño fruncido. Jake me miró al instante y Emm fijó su vista en el retrovisor.
-¿De qué hablas?– dijo Rose en voz baja.
-Ya sabes, si ellos llegaran a decir algo, quien…
Pero no pude terminar.
-Nessie no es necesario hablar de esto – dijo Emm sonriéndome a través del espejo retrovisor – Tú no debes preocuparte por eso. Hemos estado bien por siglos, nuestra especie se ha mantenido bajo perfil, dudo que algo cambie ahora.
Comencé a quejarme.
-Escucha – dijo Emm alzando la voz para hacerse escuchar – Todo va a estar bien.
Asentí enfurruñada.
El camino de vuelta al aeropuerto se hizo rápido, con la diferencia de que no hablé más en todo el transcurso. Estaba lo suficientemente aturdida como para hacerlo, aunque me sentía más segura con las palabras de Emm, no dejé de pensar en el tema ni un minuto.
-Merci – dijo Emm, cuando llegamos al estacionamiento, donde un señor nos recibió para llevarse los autos rentados.
Emm le entregó las llaves del coche al hombre y luego sacó del bolsillo de su pantalón unos cuantos billetes y se los entregó.
-Bon voyage – se despidió y luego se fue.
Nos encontramos con Jazz y Alice después de unos minutos para abordar el avión. Mientras esperábamos, un grupo de gente se nos quedó mirando cuando pasó por nuestro lado. Supongo que ofrecíamos una imagen bastante fuera de lo común, sobre todo por mis tíos, quienes iban envueltos en gruesas chaquetas de viaje y lentes oscuros.
Cuando tocó nuestro turno de subir, Jake me tomó de la mano y me puso delante de él para que pasara primero, Emm y Rose iban detrás y Alice y Jazz justo en frente.
El capitán dio la bienvenida a sus pasajeros en francés y luego lo hizo en inglés. Después de unos segundos la azafata comenzó a dar las instrucciones de seguridad.
-¿Estás bien? – preguntó Jake a mi lado cuando el avión comenzó a elevarse.
-Ajá – recliné la cabeza a un lado para mirarlo.
El me sonrió.
Entonces, la conversación que habíamos tenido la noche anterior, me llegó a la mente. Tomé su mano y pensé:
-"¿Ya tienes alguna idea par cuando bajemos del avión?"
Jake sostuvo la mirada por unos segundos y luego negó con la cabeza.
Suspiré.
-"Siento tener que hacer esto."
Me sonrió para que no me preocupara.
-"Podríamos hacer otra cosa, estoy segura que…"
Jake me dio un leve apretón en los dedos y luego volvió a negar con la cabeza.
-"Bien, pero no sé ni siquiera que vamos a hacer."
Enarcó una ceja a modo de pregunta.
-"¿creías que lo había pensado?" - Jake bajó la vista hasta nuestras manos.
-"Está bien. Tranquilo. Ya pensaré en algo."
Las siguientes horas me reventé los sesos intentando pensar en lo que haríamos. Pero no se me ocurrió nada. Parecía una verdadera hazaña pues era casi imposible que mi padre y Jake no se encontraran cara a cara en el aeropuerto. ¿Pero cómo íbamos a lograr que eso no sucediera?
Logré mantenerme despierta todo el viaje. Al igual que Jake, me sobresalté cuando el piloto habló de nuevo por el micrófono desde la cabina, anunciando a todos que tendríamos un aterrizaje forzoso por una tormenta eléctrica que estaba azotando en ese momento.
Abrochamos nuestros cinturones, tal y como lo indicaron y esperamos.
-Que bien, solo esto faltaba – se quejó Jake.
Miré por la ventanilla y allí solo encontré neblina, no se veía nada más, salvo que el cielo se iluminaba por los constantes relámpagos.
El avión comenzó a descender con una fuerte turbulencia. El porta equipajes, que se encontraba encima de nuestras cabezas, se abrió y de allí salieron volando algunas maletas pequeñas y bolsas de los pasajeros, causando alboroto en algunos y en otros murmullos de pánico. Otro movimiento fuerte sacudió el avión mientras que el piloto pedía calma, asegurando que ya nos encontrábamos sobre la línea de aterrizaje y que estaríamos a salvo.
-¿Estás bien, Nessie? – preguntó Jake a mi lado con la cara crispada de la angustia.
-Estoy bien, ¿y tú?
Jake asintió y tomó mi mano, apretándola con fuerza.
