Territorios
Cuando por fin aterrizamos en la pista, que nos permitieron quitarnos los cinturones, los pasajeros comenzaron a levantarse en tropel movidos por el deseo de salir rápido. Las azafatas, pedían calma intentando poner en orden a la gente que se atropellaba en el pasillo.
-no encuentro mi mochila – dijo Jake a mi lado, hurgando con la mirada en todo lados.
-vamos Jake, hay que salir – dije. Me encontraba de pie en el pasillo.
Una mujer, pasó casi al trote por mi lado y me tropezó, intentando pasar primero que todos los demás, lanzando maldiciones.
-¡Oiga! – protestó Emm mirando a la mujer.
-Nessie, adelántate, te veo abajo – dijo Jake.
-No, yo…
-Ve, Nessie – me ordenó.
Bufé.
-Vamos – dijo Rose tomándome del brazo mientras avanzábamos por el pasillo.
Miré por encima de mi hombro, pero Alice y Jazz se encontraban detrás por lo que no pude ver a Jake de nuevo.
Fruncí los labios.
Me encaminé por el pasillo escoltada por mis tíos, quienes iban con las expresiones serenas y tranquilas, como si no hubiera pasado nada. Volví la vista hacia atrás varias veces para ver si localizaba a Jake en el tumulto que se aglomeró en la sala de espera del aeropuerto, pero no lo encontré por ningún lado. Un grupo de personas, que se encontraban a unos pasos de nuestra posición, comenzó a quejarse y les reclamaban a las encargadas del protocolo, quienes llevaban el uniforme reglamentario del aeropuerto, la devolución inmediata de las cosas que habían perdido dentro del avión, pero entre esas personas no estaba Jake.
Inspiré profundamente.
-Todavía está dentro– murmuré.
-Que desastre. Rose, será mejor que nos movamos – dijo Alice.
Entonces, el aroma de Jake se desapareció y lo suplantó otro más fuerte, chocolate y miel.
-¡Mamá, papá! – dije mirando hacia el lugar de donde provenía el aroma.
Mis padres aparecieron entre el gentío, que ya comenzaba a dispersarse, unos hacia la salida otros se quedaron en la sala de espera. Caminé hacia ellos seguida de mis tíos, quienes ya habían conseguido nuestro equipaje.
-Oh Renesmee, cielo – dijo mi madre cuando me encontré con ella y la abracé- ¿Estás bien?
-Estoy bien mamá, tranquila – le aseguré.
-Estaba muy asustada – dijo besándome en la frente.
-Tranquila, tranquila.
Mi padre me abrazó, cuando estuve fuera de las garras de Bella.
-¿Todo está bien? - preguntó en tono serio.
Asentí abrazándolo muy fuerte.
Mi madre abrazó a Rose y después a Alice, luego hizo lo mismo con Jazz y Emm.
-¿Pero…dónde está Jake? – preguntó mi madre.
Mis ojos llamearon en dirección a mi padre, quien también fijó la vista en mí.
Los puños de mis manos se cerraron al instante en que mi madre pronunció el nombre del lobo, luego los metí en los bolsillos de mi chaqueta en un intento de pasar desapercibida.
-Se tuvo que quedar, perdió su mochila – dijo Emm.
Mi madre frunció el ceño y luego asintió.
-¿Nos podemos ir? – Hubo una pausa y todos me miraron – Estoy cansada y tengo hambre.
Mi estomago rugió en ese momento, algo bueno.
-¿Pero…y Jake? – dijo mi madre mirando hacia la puerta, donde todavía quedaban algunos pasajeros.
-Cogerá un taxi – dije sin darle mucha importancia - Además tiene prisa, Billy ha estado enfermo, se irá directo a la Push.
-Sí, Charlie me dijo – dijo mi madre asintiendo.
-Bueno vamos, quiero llegar a casa.
-Estás segura, que no quieres esperar…
-Sí.
Mi madre no insistió aunque puede notar cierta confusión en sus ojos. Mi padre no apartó la vista de mí hasta que llegamos al estacionamiento y guardó mi equipaje en el auto. Una vez que estuve dentro, me acurruqué en los mullidos asientos traseros del Aston Martin de mi madre y cerré los ojos dejando que el cansancio le hiciera justicia a mi insistencia de salir rápido del aeropuerto.
Iba medio dormida medio despierta, escuchando a ratos la conversación que mantenían mis padres, en voz baja, sobre lo ocurrido en el aeropuerto, pero sin darle mucha importancia. A veces, Sentía a mi madre que tomaba la manta que me cubría para acomodarla entre mi cuello y el mentón.
Todo el tema del aeropuerto me hizo recordar a Jake. ¿Cómo estará? ¿Habrá conseguido un taxi rápido que lo llevara a la Push? ¿Y su mochila? Seguro la encontró en algún lado. Tenía que llamarlo para saber si llegó bien. Si, lo llamaría al llegar a casa, no tendría que esperar demasiado para verme, se lo había prometido.
La conversación de mis padres tomó otro rumbo, ahora hablaban de unas cosas que le habían comprado a mi abuela Esme y que debían llevarlas a la casa grande. ¿Acaso habían hecho alguna remodelación? Lo más seguro era que habían cambiado los sofás o algún otro mueble. Sus palabras empezaron a escucharse menos nítidas, lejanas e ininteligibles, luego caí en un sueño profundo.
La carretera dejó de ser lisa debajo de las llantas, ahora parecía más irregular y rocosa. El olor a tierra húmeda y vegetación impregnó el coche y supe que estábamos en casa.
Abrí los ojos y me incorporé en el asiento.
-¿Llegamos? – pregunté alisándome el cabello.
-Aún no. Ya casi, cielo – dijo mi padre mirándome por el espejo retrovisor.
-Mmm.
Comprendí que había captado el olor pero a kilómetros de distancia. Pero otro aroma en particular estaba cerca, incluso dentro del coche. Mi estomago rugió.
Me abalancé hacia adelante, entre los asientos, y busqué con la mirada lo que emanaba ese aroma, estiré un brazo y tomé la bolsa que se encontraba entre la pierna de Bella y la puerta del coche.
-Iba a preguntarte si querías comer algo – dijo Bella riendo. Mi padre se unió a sus risas.
-No hace falta, mami – dije llevándome a la boca un montón de papas fritas directo del envase. Luego tomé la hamburguesa doble y le di un mordisco.
-¿Cuándo llegarán los abuelos? – pregunté después de unos minutos.
Ya me había terminado la hamburguesa y solo me quedaban algunas papas.
-En unas horas más, esta lluvia retrasó los vuelos – dijo mi padre con la mirada perdida - Alice acaba de ver eso.
Asentí llevándome una papa a la boca.
Mi padre bordeó la línea del sendero que conducía hacia la mansión, una vez que estuvo frente al porche de la casa, apagó el motor y sacó la llave del contacto. Salí del coche con fastidio y cerré la puerta con el pie. Emm llegó unos segundos después pero no estacionó el auto detrás del nuestro sino que abrió la portón del garaje y avanzó lentamente hasta dejarlo dentro, la puerta se cerró una vez que Emm hubo apagado el motor.
Mi padre tomó mis maletas y las llevó, mi madre y yo lo seguimos a través del umbral de la puerta. Nada había cambiado en casa, salvo que unos nuevos sofás, como lo había predicho, se encontraban en la sala en forma circular. Eran menos casuales que los anteriores, estos parecían más elegantes por el cuero color crema que los cubría.
-Son hermosos – dijo Rose desde la cocina.
-¿Te gustan? – preguntó a la vez mi madre.
-Muy al estilo Esme – mascullé.
-Le van a encantar – musitó Alice tocando con delicadeza uno de los gruesos cojines.
-La mesa del comedor está mucho mejor. En Port Ángeles no tenían el color que quería, así que tuvimos que decirle al vendedor que nos la cambiara por este – Dijo mi madre señalando hacia el comedor - Desde luego, está mucho mejor.
Miré hacia el lugar donde había estado aquella mesa cuadrada, de madera, de diez asientos, donde algunas veces tomé mi almuerzo rodeada de Jake, Seth, Leah, Embry y Quil. En su lugar, se encontraba una hermosa mesa redonda de mármol, del mismo tono del sofá, que descansaba sobre un pedestal del mismo material pero en forma de curvas, los asientos eran plateados, con piel color negro.
-Bella, está perfecto – masculló Rose.
Mi madre sonrió.
-Me gusta, muy al estilo Rose – musité.
Todos se carcajearon al mismo tiempo.
-Nessie, deberías ir a casa pareces cansada. ¿O prefieres dormir en mi habitación? – preguntó Alice analizándome con la mirada.
Bostecé abriendo mucho la boca.
-Eso fue…muy al estilo Bella –inquirí enarcando una ceja.
Todos rieron de nuevo.
-Puedo dormir donde sea, no me importa.
Me encogí de hombros.
-Muy al estilo Jake – dijeron Emm y Alice a la vez.
-Muy bien – los elogié.
Rose y Emm subieron las maletas a su habitación, Jazz hizo lo mismo y Alice se quedó hablando con mi padre, al parecer ellos irían a recoger a mis abuelos al aeropuerto a eso de las seis. Yo los escuchaba con atención desde el nuevo sofá mientras mi madre pasaba por mi lado varias veces arreglando cosas aquí y allá. Entre lo más nuevo que puede notar, eran los portarretratos, la alfombra de la entrada, incluso había nuevos cuadros en las paredes.
-Me voy a casa – les anuncié levantándome del sofá.
Tomé mi maleta y caminé hasta la puerta.
-¿Quieres que te acompañe cielo? – preguntó mi madre desde las escaleras.
-No, está bien, será mejor que te quedes. Los veo en un rato.
Me despedí con un gesto de la mano y salí de la casa.
Comencé a correr dando grandes zancadas esquivando las raíces que sobresalían de la tierra, atravesé el río de un salto y me adentré en el bosque. Cuando visualicé la cabaña empecé a reducir la velocidad hasta caminar, bordeando el lindero principal que iba en dirección a la casa. Me encontraba en la parte de atrás, así que abrí de un tirón la ventana de mi habitación, pero lo hice demasiado fuerte, por lo que el cristal estalló en pedazos en mi mano.
-Maldit…demasiado fuerte.
Bufé.
Solté los restos del cristal de mi mano tirándolos en la tierra y tomé la maleta y la lancé dentro, luego introduje mi torso por la ventana y aterricé en el piso de mi dormitorio.
-Bueno, es mejor que la puerta – dije encogiéndome de hombros.
Me tiré en la cama, mirando hacia el techo. Me fastidiaba estar sin hacer nada, así que me levanté y salí de la habitación. Caminé hasta llegar a la cocina, abrí el refrigerador y tomé la jarra de jugo que tenía cerca y bebí directamente de ella. La palma de mi mano empezó a latir bajo el frio contacto del vidrio. Dejé la jarra en el refrigerador y giré el dorso de la mano con que había partido el vidrio. Una fina línea roja cruzaba de un extremo a otro mi piel.
-Genial – farfullé.
Metí la mano bajo el agua, en el fregadero, y la dejé allí por unos segundos. Luego tomé un pañito y sequé la herida.
-Solo es un rasguño.
Salí de la cocina, aún mirando la herida y me encaminé hacia la sala. Bordeé el sofá, me senté y luego prendí la tv. Pasaba los canales con rapidez sin ni siquiera detenerme para ver lo que estaban dando, igual, nunca miraba los programas, solo los partidos de baseball. Me detuve en uno de los canales, esos donde solo hablan del mundo animal, está vez un hombre, un biólogo, estaba dando una breve explicación sobre el comportamiento de las hienas y lo peligrosas que podrían llegar a ser cuando están juntas, incluso para los leones, estás representan un verdadero problema. Entré las explicaciones de aquel hombre y las imágenes que ofrecían de muestra, la palabra "manada" captó mi atención.
Me levanté del sofá y corrí hacia mi habitación, una vez que estuve allí, rebusqué en los bolsillos de la maleta y tomé mi teléfono celular. Marqué el número y puse el auricular a mi oído.
-¿Diga?
-¿Rachell? – pregunté asumiendo que era la hermana de Jake.
-No, es Rebecca, ¿quién habla?
-Ah, hola Becky – la saludé. Entonces recordé que la hermana de Jake había llegado hace unos días – Habla Renesmee.
- ¿Nessie?
-Si –musité.
-Disculpa, es que casi nunca escucho tu nombre real – dijo riendo.
-Sí, es cierto. En la Push me conocen más como Nessie.
-¿Cómo estás?
-Eh…bien – dije con impaciencia – ¿y tú?
-Excelente. Llegué hace unos días, espero verte por aquí.
-Sí, claro.
-Supongo que llamaste para hablar con mi hermano.
-La verdad, si.
-No está. Hace rato que salió.
-¿Salió? – repetí con decepción.
-Sí. Se fue con Los chicos.
Hubo una pausa.
-Solo…quería saber cómo llegó – dije con la voz apagada.
- Ya sabes que perdió su mochila en el aeropuerto, estaba un poco enfadado, pero por lo demás, bien.
-¿no pudo conseguirla?
-No lo sé Nessie, apenas escuché lo que dijo, entre tanto alboroto– masculló - Todos sabían que llegaría así que en vez de ir al aeropuerto decidieron encontrarse aquí.
-Oh.
-Le diré que llamaste.
-Por favor.
-Bien, adiós.
-Adiós – colgué.
Me senté en la cama con la mirada perdida. ¿Jake se había ido con los chicos sin telefonearme siquiera para decirme que había llegado? Me acurruqué en la cama con el teléfono aún encerrado en mi mano y allí me quedé por largo rato.
No supe exactamente cuánto tiempo estuve así, ensimismada, pero pasaron algunas horas cuando decidí Salir de la cama. Tomé un baño y me vestí, en ningún momento me separé del teléfono, que seguía sin sonar. Constantemente le lanzaba miradas furtivas, mientras ponía la ropa sucia en la lavadora, incapaz de retener la ansiedad. Pero Jake aún no llamaba.
Mi madre no apareció en las siguientes horas, y no iba a hacerlo. Alice y mi padre ya debían ir camino al aeropuerto para recoger a mis abuelos, demasiado ansiosos para esperar una hora más.
La herida de mi mano ya había desaparecido por completo, ahora solo quedaba una fina línea rosa abrillantada, lo que quería decir que los tejidos de mi piel se estaban regenerando. Entonces recordé que había dejado pedazos de vidrio en el jardín y esquirlas de cristal en el piso de mi dormitorio. Tomé el bote de basura y volví a mi habitación para recoger el cristal hecho añicos. A continuación, salí hacia el jardín, por la puerta de la cocina y tomé los restos de vidrio, ahora empantanados por la lluvia y el barro, los lancé al bote.
Antes de que pudiera volverme, escuché unas pisadas que se acercaban vacilantes desde el sendero hacia el porche de mi casa, entré corriendo por la cocina y atravesé la sala hasta la puerta y la abrí de golpe.
Leah se detuvo a medio camino del sendero.
-¿Leah? – pregunté pensando que era alguien más.
Tuve que haber identificado su aroma, así me hubiera evitado la decepción. No, no era Jake.
Sonreí para tantear el terreno. Leah me devolvió la sonrisa.
-Hola Nessie…yo eh, solo pasaba por aquí.
-¿Qué haces ahí? Vamos, entra.
-Parece que te llevaste un buen susto al escucharme. – dijo sin moverse. Su mirada era cautelosa.
-Sí, es que pensé que era…no importa.
-¿Quien, Jake?
Hubo una pausa.
-¿Es muy obvio? – pregunté con una sonrisa tímida.
Se encogió de hombros.
-Supongo que tampoco me esperabas a mí.
-No vienes mucho por aquí.
Leah clavó la mirada en la tierra.
-¿Vas a entrar? Estoy haciendo muffins.
Leah me sostuvo la mirada por unos segundos. Le sonreí al instante. Me devolvió una sonrisa amable.
Entré a la casa sin mirar atrás, directo al horno. Los muffins estaban casi listos, los había hecho para entretenerme y mantener la vista y las manos lejos del teléfono. Escuché a Leah entrar con pasitos tímidos a la sala.
Leah parecía más incomoda a diferencia de Seth, quien solía entrar y salir de mi casa y de la mansión a su antojo, muy cómodo e indiferente a cualquier comentario de Leah quien obedientemente esperaba en el porche o a escasos centímetros de la casa, a que ellos salieran. La tensión vampiros-lobos no había disminuido en Leah y desde luego tampoco en Sam y su manada, pero había respeto en aquel tema que nadie se atrevía a discutir desde hace ya hace unos años. Leah tampoco se atrevía a cuestionar las decisiones de Jake aunque fuera la segunda al mando de la manada.
Saqué la bandeja del horno y la puse en la mesita de comedor de la cocina. Leah se acercó y se apoyó en la barra.
-Están calientes. Aunque creo que a "ustedes" – dije refiriéndome a la manada y sus ya conocidas mañas al comer – no les importa mucho cuando se trata de comida.
Leah tomó un panecillo, lo acercó a su nariz, lo olió y luego le zampó un mordisco.
-Está bueno– comentó.
-Gracias.
Inspiré profundamente.
Se me fueron las ganas de comer los muffins, hasta de probarlos, al parecer estaban muy buenos.
-¿Puedo tomar otro? – preguntó señalando con la cabeza la bandeja.
-Los que quieras – dije empujando la bandeja hacia ella.
-¿No vas a probarlos?
Miré la bandeja con gesto pensativo. Entonces tomé uno y lo puse cerca de mí. Luego empujé la bandeja hacia Leah con el brazo.
-Entonces, ¿qué haces por aquí? – Pregunté mordisqueando el panecillo – Siéntate, por favor.
Leah se sentó en la silla apoyando las manos en la mesa y yo me senté frente a ella.
-Gracias– masculló – Pues…cumplía mis rondas, ya sabes, La rutina.
-Creí que la rutina era en la Push.
- Sigue siendo ahí. Pero desde hoy yo peinaré estos bosques cada día. Seth se quedará en la Push por las tardes, no le gusta mucho la idea pero tendrá que hacerlo y Jake lo relevará por las noches.
Así que Jake, había enviado a Leah a cuidarme ya que él no podía hacerlo, por lo menos se había atenido al plan original de no venir por aquí.
Fruncí el ceño.
-¿Pero…por qué?
-Ya sabes cómo es Jake. Desde que supo lo del fulano vampiro que se metió en la Push dio nuevas órdenes.
Leah no parecía muy convencida de eso. Y desde luego, tenía razón.
-Pero eso no es necesario. Es absurdo.
-Yo sólo sigo órdenes hermana.
Sonreí.
-¿Y qué hay de Embry y Quil? – dije refiriéndome a los amigos preferidos de Jake.
-Ellos también se quedarán en la Push. Hay mucho que cubrir allá.
Lo medité por unos segundos.
-Eso es…necedad de Jake.
-Lo sé –dijo al instante.
La miré con expresión divertida.
-¿Y por qué lo haces?
-¿La verdad?...no quiero estar en la Push.
Eso me pareció extraño.
-¿Por qué?
-Las manadas tenemos algunas…diferencias – Dijo discurriendo la última palabra - No sé cómo lo soporta Jake.
-Disculpa mi ignorancia, pero no entiendo lo que quieres decir.
Leah me observó por unos segundos.
-Desde que dividimos la manada, hace cinco años ya, Sam se ha vuelto un poco "territorial"
Seguía sin entender.
-Explícate –le pedí.
-Cuando Jake decidió tomar la voz del alfa y cuando nosotros resolvimos unirnos a ella hubo un cambio y es que era inevitable, ahora que lo pienso, que Jake reclamara su derecho como alfa.
-Y Sam se volvió un poco territorial – afirmé.
-Y Jake ha hecho lo mismo de este lado de la frontera.
Entorné los ojos. Sabía todo el cuento de la frontera con los vampiros y los lobos, pero Jake nunca me había dicho demasiado, así que yo tampoco le di importancia.
-Pero tranquila, no es nada grave. Jake solo pretende cuidarte, pero sigue siendo el único alfa de la Push y su padre el jefe del concejo. Eso no cambiará.
-Tengo entendido que poseer un territorio significa que siempre habrá alguien que quiera apoderarse de él. Algo así como pasa con las hienas y lo leones.
Leah arrugó el ceño.
-No...Necesariamente. Nadie quiere apoderarse de los territorios, no hay ningún tipo de tregua, solo que Sam, bueno…él y sus cosas.
Soltó una carcajada repentinamente.
-¿Qué?
-¿De dónde sacaste esas cosas de leones y hienas? – preguntó.
Me uní a sus risas. Leah era realmente agradable.
-No es nada de lo que debas preocuparte de todas formas, además prefiero estar contigo a estar rodeada de esos idiotas.
Se detuvo a mitad de frase.
-Espero que no sea nada territorial – le dije curvando mis labios en una sonrisa.
Leah puso los ojos en blanco.
-Lo siento. Lo que quise decir es que no me parece divertido estar con los chicos, aunque crecí junto a ellos. Jake me dijo que podía hacer lo que quisiera así que…aquí me vez.
-En eso es lo que estoy, eres la segunda al mando. No tienes que hacerlo.
-Prefiero acatar órdenes. Vas a tener que aguantarme hasta que Jake…
-Puedes venir cuando quieras – la atajé repentinamente emocionada.
Leah se rio e hizo una mueca a la vez.
-Gracias.
-Por nada.
Supe en ese momento que la iba a pasar mejor que bien con Leah. Siempre me pareció extraña, algo solitaria y con la cabeza en su propio mundo, pero eso yo más que nunca lo respetaba y ahora sentía que teníamos cosas en común. Y no por el hecho de que fuéramos dos especies distintas, sobrenaturales, sino porque sentía que tampoco pertenecía a este mundo aunque mi abuelo me haya dicho todo lo contrario. Recuerdo que una vez, antes de tomar mi siesta, en esos momentos cuando lo quería saber todo y hacía muchas peguntas, mi abuelo Carlisle me había dicho que teníamos un lugar aquí, que no importaba si éramos diferentes, yo debía saber que algún día encontraría algo a lo que aferrarme a este mundo y cuando lo hiciera, que luchara por ello así como él lo había hecho al encontrar a su familia. Supuse que a Leah le pasaba exactamente igual.
-¿Oye, estas ahí?
Leah estaba agitando las manos frente a mis ojos con el ceño fruncido.
-Sigo aquí.
Se levantó y luego me miró.
-¿Puedo tomar un poco de leche?
-Toda la que quieras.
En ese preciso instante Jake volvió a tomar poder de mis pensamientos. Tenía que preguntarle a Leah donde estaba. No haría demasiadas preguntas. ¿O sí? – ¿Qué más da? – había decidido plenamente confiar en Leah. Ojalá ella pensara lo mismo de mi.
-Jake no llegará hasta el anochecer – dijo Leah a mi espalda, adivinando mis pensamientos.
Me giré hacia ella con rapidez. Estaba apoyada del refrigerador, observándome, con un vaso de leche lleno hasta la mitad.
-¿A donde fue? – pregunté incapaz de contenerme.
Leah se encogió de hombros.
-No lo dijeron. Me invitaron…pero es obvio que estas salidas son solo para ellos. Tan idiotas como son, lo más seguro es que ahora estén el playa.
Asentí. No quería seguir preguntando. Jake tenía derecho a divertirse con sus hermanos.
-Está bien – dije con voz áspera.
Suspiré profundamente.
-¿Seth está con ellos?
Leah se acercó de nuevo al comedor y se sentó.
-No es tan estúpido como para hacer eso. Ahora mismo está en casa de Charlie, probablemente pegado a mi madre como si fuera su sombra. Cobarde.
-Es un chico – dije con la mirada perdida.
-¿Lo dices en serio? Le espera una buena bronca. Si es que se atreve a salir.
-¿Qué fue lo que hizo? – pregunté con timidez.
Leah lo pensó por unos segundos.
-Digamos que, abusó un poco de su libertad –admitió.
-¿Cómo así?
-Seth se ha vuelto una especie de "latín lover" en la reserva de los Makah – hubo una corta pausa – Con las chicas de los Makah.
La última frase la dijo haciendo una mueca de desaprobación.
-¿Y eso es grave?
Una arruga le cruzó la frente.
-Son tribus distintas, con sus propias…creencias y estilo de vida distinto. No somos muy diferentes, pero tenemos algunos secretos. Secretos que el concejo debe proteger, y secretos que creen que Seth divulgó.
-¡Ay dios! En qué lío se metió Seth.
-Y tiene otros cargos. Se hará una reunión privada para discutir eso. Yo, sinceramente, prefiero no ir.
Apretó los labios.
-Jake me dijo algo de eso.
-Eso supuse – dijo asintiendo.
Fruncí el ceño.
-¿Eso es…malo?
-¿El qué?
-¿Que lo haya hecho?
-No, en absoluto. Pero tú y solo tú puedes saberlo.
-No puedo divulgarlo – afirmé.
-Exacto.
-También me dijo que me llevaría ese día.
Leah asintió de nuevo y bajó la mirada. Parecía muy preocupada.
-¿Crees que lo haya hecho? – pregunté finalmente refiriéndome a su hermano.
Alzó la vista.
-No.
-¿Y por qué te preocupa entonces?
-¿Se nota demasiado? – murmuró con vergüenza.
Esperé.
-Quiero creer que no. Pero si lo hizo…
-¿Qué pasa? ¿Qué pasa si lo hizo?
-No podrá volver a la reserva. Y Jake tendrá… tendrá que despedirlo de la manada.
Fruncí los labios.
-siempre puede venir aquí. Este territorio – reí con ironía – Es de los vampiros. De este lado no tendrá problemas. Mi padre lo aprecia demasiado y ni hablar de Bella.
-Gracias Nessie.
Leah pronunció mi nombre con serenidad, como si no le incomodara en absoluto hablar de los "secretos" de la manada, como si yo no fuera una vampira. Eso me hizo sentir más segura.
-No importa lo que diga el concejo. Ustedes también tienen una familia aquí.
Leah me sonrió en señal de agradecimiento.
Nos quedamos en silencio por unos minutos. Entonces mi teléfono sonó estruendosamente desde el sofá.
-Oh, es hora de irme – dije mientras corría hacia la sala.
El mensaje era de Emm: "media hora Nessie"
Me guardé el teléfono en el bolsillo trasero de mi pantalón y fui de nuevo a la cocina. Me encontré a Leah a medio camino por la sala.
-¿Eh…no te molestaría ir a una pequeña reunión de bienvenida?
Me dedicó una ancha sonrisa.
-¿De verdad?
-Por supuesto. Vamos.
Comencé a caminar hacia la puerta pero Leah no se movió. Me volví.
-¿Pasa algo?
Hubo una pausa.
-Es que no se si deba ir – titubeó.
-Oh, vamos Leah. Solo será un ratito – le animé.
Lo pensó por unos segundos.
-Está bien.
-Perfecto. Entonces vamos.
Por primera vez en mi vida, llegué a casa "caminando" – hace bien de vez en cuando – pensé. Fue rápido, Leah daba unas buenas zancadas, pero sus movimientos no dejaban de ser lobunos y muy elegantes. Íbamos hablando animadamente por el camino, riendo y haciendo chistes.
Al llegar, la puerta estaba abierta, tomé la muñeca de Leah, que se había quedado paralizada en la puerta, y la arrastré hacia adentro. Todos volvieron las miradas cuando pasamos a la sala.
-Aquí estoy familia.
Mis tíos, y mi madre, saludaron amablemente a Leah y esta les respondió con una sonrisa.
-Leah pasó por la casa, hice muffins y partí el cristal de mi ventana.
-Lo sé – dijo mi madre con desapruebo.
- Y me hice esto –dije.
Alcé la palma de mi mano, donde estaba la herida.
Todos sonrieron con ligereza. Todos menos mi madre.
-Nessie debes tener más cuidado –musitó.
-Lo siento mamá es algo que aún no puedo controlar.
Bella negó con la cabeza resignada.
-¿Bien que les parece si jugamos póker mientras esperamos? –intervino Emm dando una palmada.
-Claro – me animé.
-¿Qué dices Leah?
Leah se sobresaltó pero mantuvo la postura. Sonrió y asintió.
Jugamos por parejas, Emm y Jazz, Leah y yo. En la primera ronda los chicos nos ganaron pero en la segunda triunfamos nosotras.
-Deberías venir más por aquí Leah – dijo mi madre acariciándole el hombro con dulzura. Leah no se inmutó.
Sonrió.
-De hecho, le estaba diciendo a Nessie que me verá por aquí más seguido.
-¿De verdad?
-Sí, ahora Jake cambió los planes y envió a Leah a hacer sus rondas aquí, por las tardes – dije adelantándome.
Leah me sonrió.
-Oh, pues muy considerado de parte de Jake pero, cariño, no es necesario – dijo mi madre frunciendo el ceño.
-Eso mismo le dije yo. Pero Leah, no importa, ya sabes cómo es Jake. Tienes que hacer lo que diga. Tienes que acatar las órdenes del alfa.
-No tengo pensado cambiar de planes Nessie – comentó Leah en tono divertido.
-Jake pensaba decírselos por la mañana. Espero que no tengan ningún problema. Igual solo seré yo la que estará por aquí. – dijo Leah con timidez.
-No. Claro que no hay problema. – dijo mi madre en seguida.
-Embry, Seth, Quil y Jake se quedarán en la Push. – continuó Leah.
-¿Jake? – preguntó mi madre extrañada.
Leah me miró al instante dubitativa, luego miró a mi madre.
-Bella, prefiero que Jake les explique a ti y Edward por qué tomó esta decisión, igual se preocupa demasiado por Nessie, ya sabes – Leah enarcó las cejas.
Bella asintió como si supiera a la perfección a que refería Leah.
-Hablando de eso. ¿Dónde está Jake? en el aeropuerto tampoco lo vi.
El corazón me dio un vuelco. Pero quería pensar que nadie, en la sala, lo había notado.
-Los chicos también le dieron una bienvenida – dijo Leah al instante.
-Claro – dijo Bella asintiendo.
Todos miraron hacia la puerta cuando las llantas del coche de mi padre pisaron el sendero.
-¿Son ellos? – susurró Leah.
Asentí y me levanté del sofá. Mis tíos y mi madre ya estaban en el porche.
Leah parecía querer hundirse en el sofá cuando la miré.
-Creo que me voy –me anunció.
Eso me entristeció.
-Vendré por la tarde, mañana – dijo al notar mi expresión.
-¿Lo prometes?
-Claro.
Se levantó y me siguió hasta la puerta.
Finalmente estaban aquí. Atravesé el porche y me encontré con mis abuelos justo cuando salieron del auto, mi padre y Alice cerraron las puertas al mismo tiempo.
-Mi pequeña – chilló mi abuela cuando la abracé.
-Te extrañé mucho, abuela – le dije a la vez.
-Yo también, cielito.
Mi padre y Alice llevaron las maletas adentro justo cuando vi que saludaban a Leah de la misma forma en que lo habían hecho mis tíos.
-Aquí estás – dijo mi abuelo cuando lo abrasé a él. Me dio un beso en la frente.
Le di un apretón más fuerte.
- Que bueno que están aquí.
Los chicos empezaron a saludar a sus padres entre abrazos mientras caminaban hacia la entrada.
-Hola Leah, que bueno verte por aquí. – dijo mi abuela con dulzura cuando la vio.
-Hola señora Esme…Doctor – los saludó Leah bajando la mirada.
-Hola Leah. ¿Vas a pasar?
-Gracias, pero… tengo que irme. Ya es hora – masculló.
-Oh, será entonces en otro momento.
-Claro. Bueno…adiós – se despidió Leah.
-Adiós.
-Adiós.
Entraron a la casa. Mi madre le pasó una mano por el cabello y le sonrió.
-Adiós Leah.
-Nos vemos.
Luego nos dejó.
-Te puedo llevar – le dije cuando me miró. Señalé el auto de mi padre. Aunque no fuera precisamente ese el que quería conducir. Evité mirar al garaje donde estaba el Porsche de Alice.
Leah cayó en la cuenta.
Sonrió.
-Po, no puedes– dijo con naturalidad - Nos vemos mañana.
-Pero…
-Tus abuelos acaban de llegar.
-¿A qué hora vienes?
-No lo sé – dijo comenzando a correr.
Se despidió con una sonrisa antes de volver la mirada al bosque. Luego, se irguió y saltó a una distancia de diez metros desde la posición donde desapareció su cuerpo, Su ropa estalló en mil pedazos, En su lugar había una loba gigante, color gris. Me dedicó una mirada y luego desapareció en la oscuridad. Los faroles del porche se encendieron a mi espalda iluminando la entrada. La luz llegaba hasta el bosque pero solo irradiaba los primeros árboles.
Sonreí.
Leah estaba haciendo su última inspección antes de irse, tal y como lo hacía Jake cada noche, escuchaba sus pasos ligeros sobre la tierra mientras olisqueaba a todas direcciones. Entonces comenzó a alejarse a grandes zancadas hacia el sur, sin antes emitir un sonoro aullido en señal de despedida. Por extraño que pareciera, tenía la certeza de que Leah y yo seríamos grandes amigas.
-Nessie, será mejor que vengas.
La voz de mi padre sonaba divertida, pero no había prestado atención a la conversación que mantenían animadamente dentro. Cuando atravesé el umbral de la puerta vi que mi familia se encontraba en la sala, todos volvieron la mirada hacia mí.
-Aquí estoy – mascullé.
Me senté a los pies de mi abuela y ésta comenzó a alisarme el cabello.
-Toma cielo – dijo mi abuelo tomando un paquete pequeño y cuadrado, de la mesita de café, que extendió hacia mí.
-¡Gracias abuelo! – dije entornando los ojos cuando lo tuve en mis manos. Era un aparato de videojuegos.
-Ábrelo ya – dijo Emm que parecía estar más ansioso que yo.
Le saqué la banda de seguridad y lo abrí. El aparato no era como los demás que tenía. Este era más pequeño y de un color rosa brillante, mi preferido
-¡Guau! – dijo Emm.
-Es perfecto, gracias – inquirí mirando el videojuego.
-No están en vente aún en Europa pero logré conseguir "dos" de estos. Si Emm… también trajimos uno para ti.
Emm se levantó del sofá de un salto.
-¡Sí! – gritó con euforia.
Todos se carcajearon.
Emm era lo más parecido a un niño cuando recibía los regalos en navidad.
Él también retiró la banda de seguridad y sacó el aparato de la caja, este de un color gris plomo. En seguida nos pusimos a jugar, no necesitábamos leer el manual de contenido para saber cómo funcionaba pues ya teníamos experiencia con este tipo de cosas.
-Tienen un montón de consolas de videojuegos arriba, Carlisle – dijo mi madre leyendo el manual, mi padre hacía lo mismo con el que había en la caja de Emm.
Mis abuelos comenzaron a repartir los regalos que les habían traído a los demás, no vi exactamente que eran pues no aparté los ojos de la pantalla ni un segundo.
-Quiero este – dije señalando la pequeña pantalla táctil a uno de los miles de juegos en la lista. Las carreras de autos eran generalmente, lo único que jugábamos.
-Quiero el Porsche – dijo Emm al instante.
-Bien, me quedo con el Lamborghini – dije con fastidio.
-No puedes conducir un Lamborghini – comentó Emm a modo de burla.
-Ya lo veremos. Si pierdes la carrera, es mío.
-Hecho – dijo Emm.
Hubo una corta pausa.
-Francia –musitó Emm después de unos segundos refiriéndose al país en el que se iba iniciar la carrera.
-ésta la escojo yo – dije sonriendo.
-Bien.
Recorrí la mirada la lista interminable de países con sus diferentes ciudades, con el ceño fruncido.
-Tokio – decidí al final.
Los demás se pusieron a nuestras cabezas para observar la carrera mientras que mis padres y abuelos se enzarzaron en una conversación.
Jugamos por un buen rato. Las muñecas acabaron doliéndome pues el videojuego tenía sensor de movimiento por lo que teníamos que moverlo de aquí hacia allá, el auto respondía a esos movimientos mientras corría a casi 200 kilómetros por hora en las calles de Tokio. Le gané a Emm la primera carrera, pero él me ganó en la segunda. Para la tercera decisiva tenía mis dudas y fueron ciertas, Emm ganó dos carreras de tres y tuve que cederle mi auto de mala gana. Luego jugaron Emm y Jazz, Emm le ganó dos tantos a Jazz, luego Emm y Alice, quien le dijo que lo acabaría en las tres carreras, salió victoriosa y se quedó con el Porsche y los otros autos. Después, Rose se enfrentó a su hermana y terminó por ganarle quedándose con todos los autos al final.
El resto de la noche transcurrió como siempre, agradable, tranquila y con muchos temas de conversación. Toqué el piano, una nueva melodía que mi padre me estaba enseñando. Me tomó un buen rato perfeccionarla, pero lo seguí intentado hasta que la sincronización de los tonos sonó más acorde. Mi abuela me hizo la cena mientras mi madre le platicaba sobre lo que había sucedido en el aeropuerto. Cuando me senté a la mesa todos me acompañaron mientras comía.
-Tendrías que verlo Esme, los tulipanes son hermosos – dijo Alice con emoción refiriéndose a las flores del jardín.
Hablamos de nuestra estancia en el Edén, pero por alguna razón los chicos evitaron hablar sobre mi comportamiento esos días, cosa que les agradecí de todo corazón. Mi padre parecía estar más emocionado por saber cómo me había ido con las prácticas. O lo disimulaba muy bien o era demasiado bueno como para estar al pendiente de la conversación y a la vez escuchar los pensamientos de los chicos en busca de algo sospechoso.
-Y Nessie terminó por aplastarlo – dijo Jazz chocando el puño de su mano contra la palma de la otra.
Todos rieron.
-Claro que, no hice mi mejor jugada – se defendió Emm.
-Si claro – dijo Alice divertida.
-Lo hicieron bien chicos. Buen trabajo – dijo Edward elogiando a sus hermanos.
-No hay de qué - dijeron todos a la vez.
Mi padre me miró.
-Hija, estoy orgulloso de ti, se que lo hiciste excelente. Te felicito – dijo con sinceridad dándole un apretón a mi mano
-Gracias papá – le sonreí. – Pero no me atrevería a enfrentar de nuevo a los chicos, creo que acabaría demasiado agotada como para intentarlo.
Se carcajearon.
-Lo hiciste bien – dijo Alice con seguridad.
-Mejor que yo en mi primera vez –intervino Jazz.
Rose asintió con una sonrisa de afecto.
-Está bien está bien, me ganaste allá pero soy mejor que tú en las carreras.
-Eso te lo concedo. Pero recuerda que…seré tu sobrina "preferida" para la eternidad.
Emm chocó los puños conmigo, luego me guiñó un ojo. A mi lado mi padre sonrió disimuladamente, leyendo nuestras mentes por supuesto, mientras mi mente rememoraba la conversación que tuvimos Emm y yo sobre el deportivo que me regalaría.
-¿Eso qué significa? – preguntó mi madre desde la cocina.
-Que tendré todo el tiempo del mundo para ganarle a Emm en las carreras de autos – concluí.
Las risas estruendosas de Emm debieron haberse escuchado en la Push. Para ese momento todos reíamos en armonía viendo a Emm retorcerse de la risa.
La diversión no terminó ahí. Después, Emm se puso a bailar hip hop, lo hacía bastante bien, pero ¿qué no hacen bien los vampiros? A él se les unieron Rose y Alice cuyos movimientos dejarían a cualquier bailarina frustrada y muertas de la envidia para toda la vida. No era raro verlos haciendo esto, siempre bailaban, y más la música que en su momento significaba lo mismo como la nuestra en estos tiempos. Le di gracias a dios por no haber nacido para esa época - sin ánimos de desacreditar la música de los cuarenta - y es que los ritmos de ahora son tan contagiosos que hasta a un vampiro le haría bien soltar pierna por un rato. Yo también me uní al grupo de baile.
Cuando decidimos volver a casa, estaba lo suficientemente agotada y con sueño. Nos despedimos en el porche y luego comenzamos a correr hacia nuestra casa, mis padres, muy cerca de mí por si acaso me estampaba contra un árbol en la cara, ya que llevaba los ojos casi cerrados. Cuando llegamos, mis padres me dieron las buenas noches y me fui a la cama casi en seguida. No supe exactamente el momento en que me quedé dormida.
