Algo nuevo

A la mañana siguiente tuve que salir a cazar. Encontré un alce, uno grande, eso fue suficiente por este día. Mis padres se habían quedado en casa así que aproveché para pensar en Jake todo lo que no había podido por el día de ayer. Estaba segura que no vendría a explicarles a mis padres sobre los nuevos cambios en las rutinas, pero aún me quedaba esperar a Leah para preguntarle cómo estaba el lobo sobreprotector, porque no podría llamarlo, tendría que esperar estar a solas, y eso era prácticamente imposible, solo sucedía algunas veces, como en esta ocasión. Me pregunté si Rebecca se habría acordado de decirle a Jake que lo había llamado. De pronto recordé que llevaba mi teléfono en el bolsillo de mi chaqueta. Lo saqué y marqué a su casa.

Me detuve en medio del bosque y esperé.

-¿Diga? – contestó Billy.

De pronto recordé que Billy había estado enfermo y que tenía que decirle a mi abuelo que lo fuera a revisar. Se lo había prometido a Jake.

-Hola, Billy es Nessie.

-Oh, hola cariño.

-¿Como estas? Jake me dijo que estas un poco enfermo.

-Si ya sabes, a esta edad se empiezan a saldar cuentas.

-Todo estará bien Billy.

Me preguntaba si Jake le habría hablado sobre el chequeo que le haría mi abuelo.

-Gracias cielo, aunque hoy me siento realmente bien. Jake me dijo que el doctor Carlisle vendría a verme.

-Eh…si – dije con vergüenza – Estaba pensando, si no hay inconveniente, que mi abuelo lo valla a ver hoy.

-Claro Nessie. Te lo agradezco. Y al doctor Carlisle también.

-No hay de qué, Billy.

-Bien, supongo que viene el momento que me preguntas por Jake – dijo a modo de broma.

-Lo siento – dije riendo.

Billy se unió a mis risas.

-No ha llegado aún. Está con los chicos.

-Oh. Si, bueno, es que…pensé que ya había llegado, Pero…

-¿Quieres que lo valla a buscar?

-¿Sabes dónde está?

-No, pero puedo ir a buscarlo.

-No, gracias Billy - fruncí el ceño - no te muevas de allí. Yo espero que regrese ¿Está bien? No vallas por él, donde quiera que se encuentre.

-¿Tú estás bien? – preguntó.

-Sí, sí. Tranquilo. Lo llamaré luego.

-Bien, adiós Nessie.

-Adiós.

¿Donde se supone que estaba Jake? desde ayer por la tarde se había ido con los chicos y no regresaba aún.

Me recliné contra un árbol, con la mirada perdida en la espesura de los árboles, jugueteando con el teléfono entre mis dedos. Ojala Billy no se atreva a salir de la casa a buscar a Jake, mi voz no sonó tan desesperada como para que el padre de Jacob saliera de la tranquilidad de su casa para ir por su hijo. ¿O sí? aunque Billy hubiera dicho lo contrario, pude notar que respiraba con dificultad, él no se encontraba bien.

De pronto me encontré marcando el número de mi abuelo Carlisle.

-¿Hola?

-Hola abuelo, buenos días.

-Hola mi pequeña ¿como estas?

Necesitaba ir al grano.

-Genial. ¿Oye, estás en casa? – pregunté sin titubear.

-No cielo, voy camino al hospital ¿pasa algo?

De pronto recordé que hoy era día de trabajo para mi abuelo.

-No, todo está bien. ¿A qué hora llegas?

-No lo sé cielo. Pero creo que – hubo una pausa, supuse que estaba consultando su agenda mental – Por la tarde solo tengo unas cuantas consultas, llegaré antes de las tres.

Asentí para mí misma.

-Mmm, ¿tendrás tiempo para ir a ver a Billy?

-Claro que sí, iré de regreso del hospital.

-Gracias abuelo.

-Por nada cielo.

-Nos vemos entonces.

-Está bien. Adiós

-Adiós, abuelo.

Bien, ahora me sentía más tranquila. Cumplí lo que le había prometido a Jake y aunque lo hubiera hecho de todas formas, me sentía enfadada porque él, no había cumplido la suya. Al menos no que yo lo hubiera escuchado. Ahora bien, no sabía exactamente el por qué de la tardanza de Jake pero tampoco podía darme el lujo de esperar.

Parpadeé.

Me reí de mi misma. Eso último fue estúpido –"no podía darme el lujo de esperar"- ¿y que se supone que iba a hacer? Esperar…obvio.

Suspiré.

-Ya basta Nessie, debes…debes – murmuré.

Fruncí el ceño y miré hacia los árboles.

Algo se había precipitado hacia mí de forma casi imposible, solo alguien demasiado "ágil" y definitivamente no humano, podría pasar de un lado a otro con tal velocidad. Alguien como...

Inspiré profundamente.

-¿Leah? - Pregunté con una media sonrisa.

Leah rió y se asomó entre los árboles.

-¿Te asusté? Últimamente lo hago.

-Debo estar más… atenta.

-Debes, acostumbrarte a mi olor – dijo cuando estuvo cerca de mí.

-Sé cuál es tu olor.

-No estabas segura de eso hace un minuto.

-No tardé demasiado en reconocerlo.

-Apuesto a que si hubiera sido Jake el que hubiese pasado como una bala, incluso así, lo habrías reconocido. ¿No es así?

Bajé la mirada.

-Definitivamente no era Jake. Y podría reconocer tu olor a kilómetros de distancia.

-Lo sé – dijo riendo amablemente – ¿Como estas?

-Bien.

Leah chocó su puño en mi hombro con suavidad.

-Acabas de salir de fase ¿no?

-Sí, ¿cómo lo sabes?

-¿Cómo es que te pones la ropa tan rápido?

-Mucha práctica.

Sonrió.

-¿A dónde vamos? – preguntó mirando a los lados poniendo las manos en su cintura.

Lo pensé por unos segundos.

-¿Hiciste tus rondas?

-Vengo de ello ¿por?

Me mordí el labio.

-¿Podríamos quedarnos un rato por aquí? Digo… ¿Jake no te dio órdenes estrictas? Quiero decir…acaso no te dijo algo así como, "no la dejes salir de casa" o "no la apartes de tu vista"

Leah me estudió con la mirada por unos segundos.

-La verdad, sí.

Maldije por lo bajo.

-Pero, soy la segunda al mando ¿recuerdas?

-Ajá, Pero él lo sabrá. Estarás en problemas.

-No me importa.

Caminó hacia el árbol más cercano, lo tocó por unos segundos y luego me miró.

-¿Entonces, que quieres hacer? – preguntó con repentino ánimo.

-No lo sé, mi vida es un poco aburrida.

-Sí, claro.

-No, es verdad, cada día es un poco más de lo mismo.

Sin Jake será más aburrido aún – pensé para mis adentros.

-¿Y qué haces para pasar el día?

-Eh, bueno, por las mañanas leo un par de libros, mi padre me enseña algunas lecciones, subo a un árbol cercano y allí estoy por un rato.

Leah frunció el ceño.

-En las tardes voy a la casa grande y toco el piano o el violín, luego subo al techo del ático, bueno…allí solía subir con Jake y conversábamos, solo conversábamos.

Suspiré.

Leah enarcó una ceja.

-¿Y por las noches?

-Por las noches, tocan las consolas de videojuegos con Emm, internet, programas de diseño con Alice, el ajedrez con Jasper y algunas veces me toca estar en el garaje con Rose – me mordí el labio.

Daba la impresión que Leah no estaba familiarizada con ninguna de estas actividades.

-Bien…las lecciones, ¿en verdad las necesitas? – dijo negando con la cabeza respondiendo a su propia pregunta.

-Mi madre dice lo mismo, pero es cosa mía, yo…es para matar el tiempo ¿sabes?

-Está bien. Lo del piano y todo eso me gusta. Desde que eras una niña, solía escuchar como tocabas. Lo haces muy bien.

-Gracias – dije encogiéndome de hombros.

-Y todas esas cosas que haces con tus tíos, me parece perfecto, pero más aún lo del "garaje"

-dijo enfatizando la última palabra.

Sonrió.

-¿Te gustan los autos, eh? – dije curvando los labios en una sonrisa.

- No puedo entender por qué no los usas. Tus autos son geniales.

-Corrección – dije levantando mi dedo índice – No me dejan usarlos. Y tampoco son míos.

-Da igual. ¿Le haz preguntado a tu padre si puedes conducir alguno?

Sacudí la cabeza.

-La única que me dejaría conducir es Alice pero no la metería en problemas por un simple capricho.

Leah entornó los ojos.

-En ese garaje hay seis hermosos caprichos – dijo separando cada palabra.

-Una vez, robé el Aston Martin de Bella– dije en voz baja.

Leah me miró con excitación.

-¿A dónde fuiste?

-Casi llego a la Push, fui a buscar a Jake.

-¿Casi? – Preguntó con desesperación – ¿Qué pasó luego?

-Tuve que detenerme y volver. Fue emocionante, iba a casi ciento ochenta, mi padre iba justo detrás de mí.

-¡Guau!

Leah se quedó pensativa durante un minuto, como si estuviera ponderando algo.

-Tienes que divertirte más Nessie – dijo al instante.

-¿Y qué sugieres que hagamos?

Leah sonrió agradecida por el plural que acababa de utilizar.

-No lo sé. ¿Qué dices tú? – musitó.

Discurrí esa pregunta mientras Leah, en silencio, esperaba impaciente.

-Me pregunto si…

-¿qué?

La miré con la emoción escrita en mis ojos.

-Vamos a la mansión – dije al instante.

-Claro – inquirió Leah sin dudarlo ni un segundo.

Leah echó a correr hacia el sur en dirección a la mansión. La seguí adaptándome a su paso, pues no había entrado en fase. Mi mente maquinó todo en ese instante. Si llegaba por el sur hacia donde estaba el sendero principal mis padres captarían mi olor, pero si me acercaba por el norte llegaría directo a la mansión, por detrás, pero tendría que correr más.

-Leah, es mejor que vallamos por allá. – dije señalando hacia mi izquierda.

-¿Por qué?

-Mis padres.

-Rayos – murmuró.

Cambiamos de dirección y seguimos hacia el norte, por donde se veía claramente la carretera.

- Entra en fase, yo te seguiré, así borraras mi rastro – le anuncié.

Leah asintió y sonrió.

En ese mismo instante, un enorme lobo gris apareció en lugar de Leah. La vi apresurar la marcha entre los árboles, los esquivaba limpiamente y parecía que conociera de memoria la forma en que estaban ubicados. Esperé unos minutos y a continuación salí tras ella a trote rápido, a solo unos metros por detrás y a unos doscientos metros al sur. El follaje se hizo realmente espeso mientras avanzábamos por la pendiente.

Seguimos adelante, ya podía escuchar los autos, mientras pasaban a máxima velocidad por la carretera. Comencé a aminorar la marcha, ya estábamos lo suficientemente cerca y no me atrevía a ir más lejos. Si alguien estaba en casa tendríamos tiempo de volver por nuestro camino antes de ser detectadas, además, el viento soplaba a nuestro favor.

Me detuve finalmente e inhalé profundo.

Leah olisqueó algunas hojas secas en el suelo y luego dirigió su mirada hacia mi posición.

-Despejado – dije en voz baja haciendo señas con los dedos índice y medio de mis manos. Por un momento me imaginé a mi misma como parte de un escuadrón de rescate dando una señal para allanar algún lugar. Reí para mis adentros.

Cuando por fin decidí que ya era seguro unirme a Leah, de inmediato corrí a su lado. Hice un gesto con la cabeza en dirección a la mansión y comenzamos a desplazarnos de forma simultánea.

Llegamos cerca del costado occidental de la casa, una vez que visualicé las ventanas del ático, corrí mas fuerte y bordeé la casa de atrás hacia a delante. Leah me seguía muy de cerca.

-Espera aquí – le dije.

Subí a uno de los árboles y me sostuve de una de las ventanas del tercer piso, la abrí con toda la meticulosidad que me fue posible y entré.

El estudio de música, que en realidad era la antigua habitación de mi padre, estaba totalmente iluminado, pues un rayo de sol irrumpía directo por la ventana. Casi al trote, me dirige hacia la puerta, la abrí y salí al vestíbulo.

Cuando estuve en las escaleras, me sostuve de la baranda del costado e hice una pirueta en el aire y aterricé en las escaleras del segundo piso, casi al instante hice lo mismo para caer esta vez en las del primer nivel. Me apresuré hacia la salita, y corrí hasta la puerta que daba al garaje, pero antes me detuve para coger la llave del Audi de mi padre que se encontraba en la mesita donde guardaban las llaves, sin antes echar un vistazo a las que faltaban.

El Mercedes de mi abuelo no estaba, tampoco el Nissan de mi tía Rose. ¿A donde habrían ido? La llave del Porsche de Alice brillaba a través de las demás, directamente hacia mis ojos, parecía más grande que todas las que allí estaban y misteriosamente tentadora, como si tuviera una nota pegada que decía: "tómame"

Mientras me debatía entre las llaves del Porsche y las del Audi, podía escuchar a Leah, afuera, caminar de un lado a otro a la espera.

- Lo siento papá, ya conduje este – pensé luego de unos segundos.

Dejé las llaves del Audi en la mesita y salí corriendo a través de la puerta que daba al garaje. Al entrar, le di al botón del cajetín y el auto sonó haciendo eco. Las luces traseras titilaron iluminando por unos instantes la hermosa pintura del Porsche, abrí la puerta y entré.

Volví a apretar otro botón del cajetín para abrir el portón del garaje. Éste comenzó a elevarse lentamente hacia arriba, mientras sucedía eso, metí la llave en el contacto y encendí el motor. Pisé el acelerador y salí despacio del garaje, Leah ya estaba en su forma humana para cuando estuve completamente fuera. Me sonrió con entusiasmo y luego subió al auto en el asiento del copiloto.

-¡Guau! – Dijo sin dejar de sonreír – ¿Estás segura que quieres hacer esto?

-Claro que si, vamos.

Hubo una pausa.

-Mi primer capricho – dije haciendo un mohín.

Pisé el acelerador de nuevo y Salí hacia el sendero escondido que conducía a la carretera. A medida que aceleraba sentía la adrenalina fluir en mi cuerpo. ¿Que podía ser más emocionante que algo que tenía prohibido hacer? Miré a Leah de nuevo y esta me sonrió, yo le devolví la sonrisa de complicidad.

-¿Tu primer capricho dices? – musitó Leah.

-Ajá.

-¿Cómo es que éste es tu primer capricho y aún no te han complacido?

-Nunca les he pedido nada a mis padres. Sigo pensando que el dinero es solo…dinero, algo que no me interesa en lo absoluto, así que lo que hagan con él, no es de importancia para mí.

-Eso es bastante sincero de tu parte Nessie.

-Lo único que he pedido es un auto. Ni siquiera uno nuevo, no me importa como sea. Cuando se llevaron el viejo Volvo de mi padre, unos días antes le había preguntado si podía quedármelo, pero…ya sabes la respuesta.

-Edward te dijo que no – dijo como afirmación.

-No fue él, fue Bella.

-Ella es la jefa.

Reí.

-Valla que sí.

-¿Por qué nunca hiciste esto con Jake? quiero decir, lo de escaparte.

-¿Nos estamos escapando?

-Creo que si– dijo leah enarcando las cejas.

-No me importa. Pero tú…

-No te preocupes por mi – dijo restándole importancia.

Sostuve las manos firmemente en el volante, mientras salía hacia la carretera. Esta vez pisé el acelerador sin contemplaciones. La vía estaba despejada de peatones y de autos, así que conduje más tranquila.

-Jake es más o menos igual a Bella, él… ¿sabes? Siempre he tenido la impresión que algunas veces lo pensaba, quiso hacerlo en varias ocasiones. Solo que yo no caía en la cuenta. Si lo hubiera sabido, entonces tal vez, ahora, tendríamos una especie de hoja de vida, por todas las veces que nos habríamos fugado.

-Puedo dar fe de ello, Nessie – dijo Leah mirando a través del cristal de la ventana.

-¿De verdad? – dije apartando la mirada de la carretera.

-Sí, en varias ocasiones lo sopesó, pero siempre terminaba cayendo en lo mismo. Su lealtad hacia tu padre, es pura y verdadera.

-¿Por eso nunca lo hizo?

-Eso creo.

-Debió habérmelo dicho – dije con la voz repentinamente áspera.

-¿Tu lo habrías escuchado?

Me quedé en silencio mientras pensaba una respuesta.

Si Jake me hubiera pedido alguna vez que nos escapáramos de casa, fuera por una aventura o no, definitivamente lo habría hecho. Pero resulta que él era incluso más leal, que yo, a mis padres. Eso era absurdo, debería ser al revés. Amaba a mis padres, pero Jake…Jake era especial. Ahora mismo necesitaba estar con él.

-No lo habrías hecho – dijo Leah respondiendo a mi pregunta.

-¿Eso es malo?

-¿Para él o para ti?

-Para él, por supuesto –maticé.

Una arruga le cruzó frente.

-Solo hay una cosa por la que Jake se arriesgaría a hacerlo –la conversación tomó otro rumbo – Lo daría todo por complacerte. Claro, Solo tienes que pedírselo.

Ahora entendía por qué Jake hacía todo lo que yo decía. Nunca fui mandona, pero siempre me pareció extraño verlo hacer cualquier cosa para mi agrado y satisfacción. Antes, no lo había considerado de esa forma, pero al parecer a mi licántropo favorito le encanta hacerlo.

Nos quedamos en silencio perdidas en nuestros pensamientos. Cuando decidí observar la carretera de verdad, íbamos en dirección a la Push.

-Allá vamos. Estaba segura que ibas a Port Ángeles – bromeó Leah.

-caray, lo siento – dije reduciendo la velocidad – ¿Quieres ir allá?

-No, no. Está bien, vamos a la Push. Solo que…bueno ya lo verás.

Fruncí el ceño. ¿Que habrá querido decir con eso de "ya lo verás"? pisé el acelerador y seguimos hacia la Push.

-Ve directo a la playa, ellos están allí.

-¿Ellos?

-Sí, todos están.

-No creo que hayan ido a ver el atardecer ¿verdad?

Leah sacudió la cabeza.

-Ya lo verás – repitió.

No insistí. Pero deseaba llegar lo más rápido posible.

El olor a agua salada me indicó que ya estábamos cerca de la playa, aunque no necesitaba oler el mineral para saberlo porque conocía este trayecto como la palma de mi mano. Mientras bordeaba el camino, ya se veía claramente la playa, me pregunté cual sería la reacción de Jake al verme, porque Leah había dicho, "todos están", tampoco ella me habría hecho bajar de saber que Jake no se encontraba ahí. Lo único que me importaba era buscarlo y primero que nada exigirle una respuesta, él tenía que decirme por qué no se había comunicado conmigo estos días.

Estacioné el auto en un lugar fuera del alcance de la arena, Alice me lo agradecería luego.

Leah señaló con la cabeza hacia un grupo de gente que se encontraba en el lado oeste de la playa, donde los árboles empezaban a aglomerarse. Una vez fuera del auto, caminamos con paso lento hacia el grupo. Nadie nos había visto llegar, puesto que se encontraban en pleno jaleo.

-Valla – dije para mí misma.

-Te lo dije.

Cuando estuvimos a unos metros del bullicio Leah bufó a mi lado.

-¿Qué?

-Esos de ahí – dijo señalando con la cabeza disimuladamente a un grupo numeroso de gente que hablaban animadamente entre ellos. Estaban algo alejados de los que tenían el alboroto – Son los Makah.

-¿Qué pasa con ellos?

-Son raros, se creen los mejores en todo.

El grupo de los Makah nos observó cuando pasamos por su lado. Eran un montón de chicos y chicas de piel canela y rasgos muy parecidos a los Quileute. Leah les lanzó una mirada fulminante cuando los dejamos atrás y pude notar que uno de ellos golpeó con el codo al que tenía a su lado y luego nos miraron con precaución.

-¿Quién es ella? – preguntó uno de los chicos.

- Es Leah, su madre es miembro del concejo, es preciosa, lástima que sea de los Quileute. Es la única hembra del estúpido grupo de Sam – respondió el que estaba a su lado.

-Si, ella es perfecta, pero no hablaba de la chica Quileute sino de la otra, la de cabello rizado.

-Ella es de los fríos – dijo a modo de broma otra voz, una mujer, que se unió a la conversación.

-¡Calla, Tairoma! no debes hablar de ellos en territorio Quileute, ya sabes lo que han dicho los últimos años.

Leah me dio un leve codazo para atraer mi atención.

-A veces pienso que lo haces por gusto.

-¿Hacer qué? – dije al instante volviendo la mirada hacia ella.

-Eso, lo que acabas de hacer, quedarte así, muda y como si estuvieras en estado de trance.

-Estaba escuchando una conversación – me defendí.

-Oh, eso es lo bueno de tener los cinco sentidos desarrollados. ¿Qué dicen esas plagas? – dijo Leah echando una mirada rápida al grupo.

-Pues, les gustas – dije entronando los ojos – y se lamentan porque perteneces a otra reserva y no a la suya

-¿Qué más? –exigió Leah ruborizándose.

Me eché a reír.

-Pues nada, creen que yo soy una de los fríos y parece que todos ellos saben sobre los lazos entre lobos y vampiros.

-¡claro que lo saben! Esos…

Leah se alteró de un momento a otro. Definitivamente se veía muy graciosa.

-ah, y también dijeron que eres "la única hembra del estúpido grupo de Sam"

-¡Ja! Que mal informados están. Me pregunto si dirían lo mismo con mi puño en sus…

-Hola tía Leah, hola tía Nessie - Nos saludó Clare agitando su mano mientras corría hacia nosotras.

Sonreí.

-Hola Clare ¿Cómo has estado? – dije cuando la chica se lanzó hacia mí rodeando con sus brazos mi cintura.

Me sorprendí pues Clare ya me llegaba a los hombros.

-Bien. Qué bueno que vinieron.

-Hola moustrito – dijo Leah atusándole ligeramente el cabello.

-Se perdieron ver a Quil y a Embry bailar.

-Sí, imagino que se robaron el show – dijo Leah con sarcasmo.

-Y los aplausos de todos – intervine utilizando el mismo tono socarrón.

Nos carcajeamos.

-¿Oye, Seth no ha aparecido por aquí? – preguntó Leah mirando a su alrededor.

-¿Seth? Que va. Pero Sue acaba de llegar.

-Mmm.

-Bueno, las veo luego – anunció Clare.

-Adiós – dijimos Leah y yo a la vez.

La observé alejarse hacia la orilla de la playa donde se reunió con Carrie, su mejor amiga desde el jardín de infancia. Me pregunto donde estarían ahora Quil y Embry quienes no se despegaban ni un segundo de estas niñas.

Seguimos nuestro camino, mientras nos abríamos paso entre la gente que ahora bailaba. Inclusive, los Makah se animaron y se unieron a la pista de baile.

-Hola Leah – dijo Brad, el primo de Paul – hola…hola Nessie.

Brad me observó con los ojos entornados.

-Hola Brad – respondió Leah.

-Hola – dije con timidez.

Justo después nos encontramos Kenya, otra chica de la reserva que en las veces que había tenido la oportunidad de cruzarme con ella siempre me miraba de la misma forma. Nos saludó con amabilidad pero visiblemente incomoda.

-no entiendo porque aún me mira así – dije en un murmullo.

-no le hagas caso Nessie – dijo Leah.

No pararon los saludos, toda la reserva estaba allí. Calie, Sammy, Ferb, estos amigos de Seth. Algunos primos maternos de Emily y sus sobrinas, los tíos de Paul, incluso la familia de Adrien y Brady estaban allí, todo estaban. Entonces nos conseguimos a Cole y Dean, otros chicos de la reserva que había conocido antes en alguna ocasión que bajé a la Push con Jake.

-Hola chicos – los saludó Leah.

-Hola preciosa – le respondió Cole - ¿Nessie… eres tú o estoy alucinando? – preguntó sorprendido cuando me miró.

Cole era un tipo bien agradable, siempre hacia bromas y estaba de buen humor. Su amigo Dean era un poco más callado pero era de esos que en cualquier momento te puede hacer soltar una carcajada.

Sonreí.

-Hola Cole. No, no estás alucinando. ¿Cómo estás, amigo?

-Pues, bien… ¡Guau! Cuanto has crecido. ¿Cuándo fue la última vez que te vi?

-Mmm, en navidad creo.

-Hace ya casi un año – dijo como si hubieran pasado años.

-No te vemos mucho por aquí.

-Sí, es que…bueno yo…

-No sale mucho de casa – dijo Leah.

-Sí, no salgo mucho – admití.

-Deberías venir mas a la Push a tomar sol Nessie, estás muy pálida – intervino Dean a modo de broma.

-Dean, gracias por el cumplido – bromeé.

-Por nada.

-Valla valla, miren quien llegó a la tierra de las leyendas – dijo una voz que no reconocí.

Nos volvimos. Un tipo alto de piel cobriza y cabello largo se aproximaba hasta nosotros con el rostro complaciente y algo de presunción, nos miraba como si estuviera seguro que su aparición sorprendería a los presentes. Luego me di cuenta que había dicho aquella frase para presentarse a si mismo. Detrás, venían dos chicas que lo seguían muy de cerca.

-Señores –los saludó sosteniendo la cabeza en alto – Leah.

Asintió con la cabeza y luego le guiñó un ojo. Leah enarcó una ceja con sarcasmo pero no dijo una palabra.

-¿Nessie, me recuerdas? Soy Steve – dijo con altivez como si fuera alguien muy importante.

Lo miré por unos segundos.

-Lo siento, no – mentí.

Lo había visto antes pero nunca me acerqué a él demasiado, Jake no me lo permitía y tampoco es que yo quisiera entablar con él una buena conversación.

Los labios de Leah se curvaron en una sonrisa.

-Como vez Steve, dejaste de ser alguien importante, aunque déjame aclararte que antes tampoco lo eras. No sé qué te crees para venir aquí después de tanto tiempo y aparte querer que te celebren. Dejaste la reserva, ¿hace cuanto ya…tres años? – dijo Cole fulminándolo con la mirada.

Steve rio con altanería.

-Cierra la boca Cole. Todo el mundo sabe que te morías de envidia cuando me viste salir de la casa de los Black aquella tarde.

Cole bajó la mirada con vergüenza.

-Eres un idiota. Me das asco Steve, no mereces siquiera que el concejo te conceda una audiencia, no debiste haber regresado – saltó Dean.

-¡Tú te callas!– dijo señalándolo con el dedo índice justo en la frente.

-¡Oblígame! – lo retó Dean dando un paso adelante. Cole lo sostuvo por un brazo para detenerlo.

-No vale la pena Dean. Déjalo.

Steve rio más fuerte.

-Tú, aquí, no tienes un lugar. ¿Sabes que deberías hacer? Regresar a la ciudad y pudrirte de ella, porque aquí nadie quiere volver a escuchar tus malditas promesas. Recuerda que tu padre no está aquí y tampoco vas a poder esconderte bajo la falda de tu madre esta vez – le dijo Dean retándolo con la mirada.

La sonrisa de Steve se convirtió en una mueca de odio. Luego se le lanzó encima.

-Basta – exigió Leah.

Dean y Steve quedaron a unos centímetros de separación. Leah sostuvo a Dean por un brazo y Cole por el otro mientras que por mi parte, estampé una mano de piedra en el pecho de Steve obligándolo a retroceder. Este me miró sorprendido.

-Sabes Dean, venia en son de paz, pero me hiciste cambiar de opinión, ahora más que nunca me quedo.

-Inténtalo entonces, a ver qué pasa – refutó Dean.

-¡He dicho que basta! – dijo Leah empujando a Steve hacia atrás.

Hubo una pausa.

-Chicos, nos vemos luego – dijo Leah con severidad mirando a Cole y a Dean.

Eso era un "lárguense de aquí, ahora mismo" pero más decente.

Los interpelados miraron a Leah con el ceño fruncido y luego asintieron una sola vez.

-Adiós Nessie, cuídate.

-Adiós, nos vemos – respondí.

-Adiós – dijo Dean sin dejar de mirar a Steve.

Luego se marcharon.

-Y tú – dijo Leah mirando de nuevo a Steve – espero que tengas una buena razón para querer regresar, porque si no la tienes entonces seré yo misma la que te saque a patadas de la Push. ¿Lo entiendes verdad?

Steve intentó tragar saliva.

-Lo…lo que tu digas Leah.

-Que bien. Nos vemos el día de la audiencia entonces. Y por favor no llegues tarde porque sería la segunda cosa que hagas mal. Vamos Nessie.

Leah me tomó del brazo y me empujó hacia adelante para que caminara.

-Idiota - murmuró.

-¿Que fue todo eso? – pregunté mientras avanzábamos entre el gentío que al parecer no se dio cuenta de la escena.

-Alguna vez creí que gente como él merecía la pena que estuviera aquí, pero ya ves, es una basura. Su padre, era amigo de los Black, pero siempre fue ambicioso, quería ser lo que ahora es mi madre, o el viejo Ateara y el viejo Uley, quería ser más que solo un miembro del concejo, quería ser el jefe. Por supuesto, no le correspondía en absoluto, ahora me doy cuenta que ambicionaba más de lo que podía tener. Su hijo Steve, era visiblemente diferente, no le importaba nada de esto. Pero al morir su madre, cambió y de una forma que ni te imaginas. Luego al poco tiempo, murió su padre y el quiso hacer lo que este no pudo. Y empezó de la misma forma en que lo hizo el viejo Steve, cuestionaba las decisiones del concejo, dentro de toda su locura, una vez propuso deshacerse de los…vampiros – dijo mirándome con cautela, yo asentí para que continuara – Recuerdo que ese día, Jake estaba en su límite, no pudo resistirse más y entró en fase a centímetros de su cara, aún no me explico cómo es que no lo mató. Al día siguiente, decidió irse y Billy le dejó el camino libre.

Me quedé en silencio digiriendo todo aquello.

-¿Y qué tiene que ver Cole en todo esto? – pregunté después de unos minutos.

- Esos dos eran muy amigos. Cole, hacía todo lo que Steve le pedía. Dicen que Cole decidió no ir con él pero ansiaba hacerlo.

-Claro.

-¡Nessie, Leah! – nos llamó una voz conocida.

Quil apareció entre el tumulto seguido de Embry, haciéndonos señas.

-¡Guau! No puedo creer que estés aquí. No lo podía creer cuando Clare me lo dijo –musitó Quil.

Chocamos los puños cuando estuvimos cerca.

-Dame esos cinco Nessie – dijo Embry alzando la palma de su mano que choqué un el aire.

-¿Como están chicos? – pregunté.

-De maravilla.

-Mejor no podíamos estar.

-Ya veo.

-Leah, no me había dado cuenta que estabas aquí – dijo Quil a modo de broma.

-Muy gracioso.

-Si lo soy.

-¿Oye Nessie no te importa que te deje con estos dos? Necesito ir a hablar con mi madre unos minutos – inquirió Leah al instante.

-No hay problema – Leah les echó una mirada de advertencia a los chicos y luego se fue.

-Vamos Nessie, los chicos están allí – dijo Embry señalando a un grupo a su espalda.

-Está bien, vamos.

Mientras avanzábamos Carrie y Clare llegaron corriendo hasta nosotros con un montón de piedritas en las manos que les mostraron.

-Mira Quil, hay miles en la orilla - dijo Clare.

-Hola Nessie – me saludó Carrie tomándome de la cintura como lo había hecho Clare.

Clare le mostró las piedras a Quil.

-Están hermosas Clare. Oye, ya basta de estar en la orilla, Se está haciendo tarde.

Clare puso los ojos en blanco.

-Solo es la orilla Quil, no nos pasará nada ¿verdad Carrie?

-Si, además ya no somos unas bebes – musitó Carrie.

-Carrie, quédate donde yo te vea ¿de acuerdo? – dijo Embry intentando ser severo, pero lo hacía tan mal como Emm cuando intentaba utilizar el tono de voz de mi padre.

-Oh, vamos – se quejó la niña.

Los chicos empujaron a las niñas para que caminaran y yo los seguí de cerca. Cuando llegamos al grupo noté que allí estaban todos, junto a la barbacoa. Sam, Emily, Paul con Rachel y Rebecca, los del concejo, incluyendo a Billy quien parecía bastante animado. La manada estaba completa pero mis ojos no dejaban de buscar frenéticamente a Jake, no estaba por ninguna parte.

Los saludé a todos, uno por uno.

-¿Cómo has estado preciosa? ¿Tus padres como están? ¿Y el doctor y su esposa? ¡Estas hermosa! ¡Cuánto has crecido! ¡Mucho tiempo sin verte! Que gusto nos da que estés aquí, bienvenida.

Respondía a cada saludo una y otra vez, además de tener que aguantar la mirada de todos sobre mí, observándome. O eso creía yo. Una vez Jake me dijo que nunca se acostumbrarían a mí. Aunque pasaran años.

Lo busqué con la mirada por unos minutos cuando estuve libre de abrazos y saludos, pero no tuve éxito.

-¿Quieres tomar algo Nessie? – preguntó Sam con amabilidad.

-No gracias, estoy bien. ¿Sam, podrías decirme dónde está Jake?

Sam señaló con la cabeza a la orilla de la playa.

-Ha estado así todo el día. ¿Sabes que le pasa? – preguntó preocupado.

-Creo que sí.

Me alejé del grupo con la mirada fija en la silueta de Jake. Estaba sentado en la arena, a escasos metros de la orilla, mirando en dirección al mar. La música dejó de ser estruendosa, ahora solo se escuchaba una especie de eco. Me acerqué sigilosa, lo más que pude y cuando estuve a su espalda, la voz de una niña, balbuceando, me detuvo.

Jake sostenía la manita de la niña mientras esta intentaba tocar con la otra la arena que tenía en sus pies. La niña alzó la mirada y me observó por unos segundos.

-Tía nezy – sonrió.

-¿Que dices pequeña? – dijo Jake atrayéndola hacia él.

La niña luchó por apartarse de Jake para poder mirarme.

-¿Qué pasa? – Musitó Jake besando su mejilla – ¿Quieres ir con tu mamá?

-Tía nezy – repitió.

-Dice, tía Nessie. Está claro – dije a su espalda.

Jake se volvió al instante y entornó los ojos con estupefacción. La niña extendió los brazos hacia mí, la tomé y la alcé en vilo.

-Hola Jake – dije mientras besaba a Sophi.

El licántropo se levantó de un salto sin poder decir una palabra.

La niña luchó en mis brazos para zafarse, quería que la dejara en la arena otra vez.

-Está bien Sophia. Ya voy.

La puse en la arena y sumamente complacida empezó a tocar los granitos con los dedos de sus pies esbozando una sonrisa. Jake no apartó la mirada ni un segundo de mí.

Entonces, de pronto me abrazó con fuerza y comenzó a besarme una y otra vez en el cuello, en la mejilla, en la frente, en la nariz, tomando mi cara entre sus manos.

-No puedo creer que este aquí – dijo entre beso y beso.

Lo apreté fuerte contra mí, olvidándome de todo, hasta de la niña que tenia a mis pies.

Inspiré profundamente.

Una de las cosas que más deseaba hacer era oler su aroma. La garganta me ardió, pero eso no me importó. Me alcé de puntillas y lo besé en la mejilla. Jake me sostuvo en el aire y bañó con su aliento mi cabello mientras hundía su rostro en el hueco de mi hombro. Era una sensación inexplicable.

Cuando terminamos de hacer nuestro reconocimiento físico, Jake me bajó lentamente y tocó mi mejilla con la yema de sus dedos.

-Te he extrañado demasiado.

-Y yo – dije sujetándolo fuerte por el cabello – no sabes cuánto.

Jake me besó en la frente.

-Te iba a llamar pero…

Bajé la mirada y me solté de su abrazo.

-Déjame explicarte por favor –suplicó tomándome de las manos de nuevo.

-No he dicho nada.

Enarqué las cejas.

En ese momento llegó Rebecca.

- Siento interrumpirlos chicos. Le toca la cena a Sophi.

-Claro.

-No te preocupes Becky.

Jake la alzó y se la entregó a su madre.

-Dile adiós a los tíos – dijo Rebecca mirando a su hija ya en brazos.

La niña sacudió la mano y luego sonrió.

-Nos vemos luego, cielo – dijo Jake.

Yo le lancé un beso. Luego se alejaron.

Nos sentamos en la arena, uno al lado del otro, muy pegados. Jake jugueteó con los dedos de mi mano mientras se preparaba para hablar. Esperé con paciencia, deseaba escucharlo pero para oír su voz nada más.

-Becky llegó hace unos días. Trajo a la niña. Está hermosa ¿verdad?

-Si – dije con una sonrisa pues tenía razón. La sobrina de Jake era muy hermosa.

-Bien – dijo suspirando – Primero cuéntame que pasó cuando dejaste el avión. ¿Cómo fue que Edward no se dio cuenta?

Si Jake no me hubiera dado un apretón en la mano, me hubiera hundido más en su mirada, sin atreverme a salir a la superficie y no habría podido salir de allí, de sus hermosos ojos que me observaban con un brillo fanático.

-Mmm, supongo que estaba cansada y bastante hambrienta. Eso fue lo que les dije, pero era cierto. Mi madre no insistió demasiado y mi padre no me quitó el ojo de encima hasta que subimos al auto, aún allí me miraba por el retrovisor. No sé cómo no se pasó las señales de tránsito.

Jake sonrió.

-Llegamos a la mansión, estuve allí por un rato y luego me fui a casa. Lavé la ropa, te perdiste mis muffins y a Leah devorándolos por completo – continué.

Jake puso cara de vergüenza.

-Lo siento –dijo cerrando los ojos con fuerza.

-Oh no, Leah es perfecta. Lo que no es perfecto es la situación en la que nos encontramos tú y yo.

Jake frunció el ceño con una media sonrisa.

-¿Ah sí? ¿Cuál es esa situación?

-Te explico. Sucede que, decidimos que no irías mas a casa, a cambio enviaste a Leah y eso está perfecto, Leah me gusta, ¿pero sabes que es bastante malo, para ti? Haberla enviado solo para que me vigilara – Jake besó el dorso de mi mano mientras sonreía – tú, no sé qué te crees, pero te sugiero que le digas a Leah, lo antes posible, esta misma noche, que las "ordenes" de vigilancia están anuladas. Por tu bien, Jake. Además, hice la única cosa que de verdad te hubiera molestado y me habrías reclamado- que espero que no lo hagas- de no ser porque tenías un día sin verme. Un record ¿no?

-¿Cual es? – dijo Jake sin apartar la boca del dorso de mi mano.

Esbocé una sonrisa.

-Me escapé.

La sonrisa de Jake, que había mantenido hace unos segundos mientras hablaba, se desvaneció. Me devolvió la mirada con los ojos entornados y la expresión cargada de horror.

-Que tú…que... ¿Qué hiciste qué?

Asentí con lentitud.

-Me escapé de casa, con Leah.

-¿Nessie como pudiste hacer eso? ¿Estás loca? Leah va a tener que escucharme.

-No, no, todo fue mi idea ¿de acuerdo? No la metas en esto.

-¿Qué? Ahora la defiendes como si fueran muy amigas.

-Es mi amiga Jake, tú mismo provocaste eso.

-Nessie…

Jake parecía estar al borde de la desesperación.

-Ya te dije lo que querías saber, te dije la verdad. Ahora te toca.

Jake dudó por unos segundos pero luego suspiró con resignación.

-¿Recuperaste tu mochila?

-Sí. Después de un buen rato. Luego llegué aquí y los chicos ya tenían preparada una especie de bienvenida. Casi tuvieron que llevarme a rastras. Llegué en la madrugada y me gané toda la mañana y parte de la tarde en la cama. Cuando desperté Rebecca me pidió que la llevara a Port Ángeles, y allí nos quedamos un buen rato, pues Sophi quería visitar todas las tiendas de peluches que veía – se detuvo y sonrió – Billy me dijo que habías vuelto a llamar, pero en ese preciso instante Sam solicitó una reunión de las manadas y ahí me enteré de lo que aparentemente acusan a Seth. Hoy estuve todo el día ayudando a preparar las cosas para la fiesta. Te juro que cada vez que intentaba tomar el teléfono tenía que llevar algo a casa o hacer otra cosa. Me quedé cuidando de Sophi…Me quede dormido – dijo con vergüenza - No sé si me crees Nessie, pero…

-Está bien Jake, tranquilo. Te creo – dije con sinceridad.

Comenzó a besar mi mano de nuevo negando con la cabeza como si esa simple explicación no fuera suficiente.

-Tus padres ya deben estar por venir, tengo que…

-Ya estuvieran aquí – lo interrumpí.

Me detuve a ponderar ese asunto por un segundo. Desde que escapé con Leah de casa, no me había preocupado por pensar en mis padres. Desde luego que tardé demasiado en regresar a casa, lo más seguro es que hayan ido a la mansión y por supuesto, el Porsche de Alice, no estaba. Más claro que el agua no podía estar, ellos sabían dónde me encontraba porque eso era obvio. Lo otro era que, ni siquiera me habían llamado. Entonces recordé que mi teléfono estaba en la cajuela del auto, probablemente con diez llamadas perdidas.

-¿Por qué crees que no han llegado?

-No lo sé.

-Llámalos – dijo Jake.

-No.

-¿Por qué no?

-Porque me van a obligar a regresar y yo no quiero irme – admití con pesadez.

-Nessie…

-Jake no empieces. Solo dime algo – Jake fijó la vista en el mar – ¿Quieres que me vaya?

-¡Claro que no!

-¿Entonces?

Jake dudó por unos segundos. Estaba debatiéndose entre dejar que me quedara y llevarme de regreso.

-Te llevaré a casa.

Bufé.

Solté mi mano de la suya y me levanté de un salto.

-¿A dónde vas?

-A casa. ¿No es a donde quieres que vaya?

-Yo te llevo – dijo con la voz áspera.

-No. Traje el auto de Alice, puedo regresar sola – dije entre dientes.

-¿¡El Porsche! – dijo alzando la voz.

-Se me había olvidado decírtelo. Me escapeé de casa en el auto de Alice. ¡El Porsche! – dije acentuando la última palabra.

-Pero...

Caminaba con brusquedad dando fuertes pisadas en la arena. Estaba realmente molesta con Jake. Donde estaba eso de: "Él haría todo por complacerte" – sí, claro. ¿Quién entendía a Jake? Ahora quería echarme a los tiburones, unos bien molestos de seguro. También, sentía culpa por haberlo puesto en esta situación, claro que él tampoco tenía la culpa de mi decisión. Fui yo la que decidí venir, sin permiso de mis padres, fugándome de casa en el auto de mi tía, el cual había querido conducir desde que lo trajeron del concesionario de Atlanta. Sabia decisión.

A partir de ahora no sabía si volvería a entrar siquiera en el garaje de la casa. Por otro lado, me sentía feliz de haber visto a Jake, en verdad lo necesitaba, aunque solo hubiéramos hablado por unos minutos. ¿Que mas podía pedir? El intentaba hacer las cosas bien y eso no se lo podía reprochar, más bien yo lo estaba echando a perder.

Lo miré de reojo. Caminaba con la cabeza baja y el ceño fruncido. Conocía muy bien esa expresión. Era la que siempre ponía cuando quería hacer todo lo contrario a lo que su razón y su instinto le exigían.

Llegamos al auto. Sin decir una palabra abrí la puerta del copiloto y tomé mi celular del cajón.

-¿Qué haces? – me atajó Jake.

-Voy a llamar a Bella para decirle que estoy aquí y que voy de regreso.

Marqué el número y puse el auricular en mi oído.

-Espera – dijo Jake.

Bordeó el auto y cuando estuvo del otro lado abrió la puerta, entró y se sentó cerrando con un suave y delicado golpe.

Sonreí.

Colgué y arrojé el teléfono celular al cajón.

-¿Crees que podamos hablar por unos minutos? – me pidió.

Me encogí de hombros.

-¿Estás enfadada conmigo? – preguntó con sorpresa fingida.

-No, Jake estoy muy complacida por tu caluroso recibimiento. Que por cierto, ya es una despedida – musité con sarcasmo.

Bajó la vista hasta sus piernas y colocó las manos en el volante, apretándolo con fuerza.

-¿Te importaría si vamos a otro lugar? – dijo extendiendo una mano hacia mí para que le entregara la llave del coche.

-A mi casa tal vez – respondí.

Rebusqué en el bolsillo de la chaqueta y se la entregué.

-No hagas esto más difícil ¿sí? Intento hacer lo mejor para ti.

-Pues lo estás haciendo muy mal – me quejé.

Jake sonrió para sí mismo.

-¿A dónde quieres ir? – preguntó.

-No me importa.

Me miró con cara de resignación.

-Sí, lo que sea – musitó divertido.

Metió la llave en el contacto y encendió el motor.

Condujo por la misma carretera pero luego se desvió hacia otro lugar. Un nuevo camino.

-¿Dónde estamos? – pregunté cuando estacionó el coche en un claro.

-No te importa – dijo con una sonrisa burlona.

Puse los ojos en blanco.

Apagó el motor y salió del auto.

-¿Vienes? – Preguntó abriendo la puerta del copiloto.

Extendió la mano hacia mí para ayudarme a bajar del coche.

Miré su mano extendida por unos segundos y luego lo miré a él. A continuación salí del coche y cerré de un portazo.

-De acuerdo – murmuró metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón.

-Escúpelo ya, Jake. Tengo que regresar a casa.

-Nessie por favor, intento explicarte por qué necesito que entiendas lo importante que es para mí hacer las cosas bien contigo.

-¿Qué cosas necesitas hacer bien? – Dije perdiendo la paciencia - ¿Desde cuándo tienes que preocuparte por hacer bien las cosas conmigo Jake? No lo entiendo. ¿Por qué te preocupa tanto?

-Digamos que no quiero tener problemas con Edward – dijo con seguridad.

-¿Eso es todo?

Asintió pero sus ojos me decían otra cosa.

-Jake, No pretendas que me convenciste con eso. Tienes que ser mas explicito. No quiero que por "esto" me prohíban verte de nuevo.

Jake bajó la vista. Fue bastante rápido al asociar la palabra "esto" con lo que había sucedido en el Edén pues no lo había mencionado. Mi licántropo era muy listo.

Me había mantenido firme los últimos días en la decisión de que mi padre no se podía enterar de lo que había pasado en el Edén por lo que "esto" lo mantenía muy seguro en mi cabeza.

-¿A ti? – Hubo una pausa - En todo caso prefiero mil veces que me lo prohíban a mí y no a ti.

-¿Por qué? Es igual ¿no?

-Pues si pero…tú te puedes escapar y desafiar las órdenes de tu padre, en cambio yo…

La frase quedó en el aire.

Era todo lo que necesitaba saber. Jake prefería estar preso en la Push sin poder verme a que yo lo estuviera en mi casa. Para eso había solo una explicación y es que era necesario tanto para él como para mí que nos siguiéramos viendo. Solo que yo tenía más oportunidades de hacerlo.

-Llamé a Carlisle. Dijo que vendría a eso de las tres. ¿No hay problema verdad? Digo, por lo de la fiesta – articulé cambiando el tema.

Jake me miró horrorizado llevándose una mano a la cabeza chocándola en su frente.

-¡Demonios, lo olvidé! – dijo entre dientes.

-Está bien, todavía tienes tiempo para cancelar la cita ¿quieres quo lo llame ahora mismo? – pregunté sacando el teléfono de mi bolsillo.

-¡No, no! Definitivamente Carlisle tiene que revisar hoy a Billy, esto no puede esperar.

Asentí mientras le daba unas palmaditas en el hombro.

-Gracias Nessie – dijo con sinceridad mirándome con aquellos ojos suyos de los que no podía escapar.

-No hay de qué. Sabes que haría lo que fuera por ti.

Jake sonrió y me acarició la mejilla. Sus dedos tibios casi me queman cuando los rozó en mi pómulo. Ya estaba acostumbrada a esa sensación.

-Entonces será mejor que – lo pensó por unos segundos – Regreses a casa.

Bueno era de esperarse. Igual tenía que hacerlo.

-¿Te veré mañana? – pregunté repentinamente ansiosa.

-No lo sé, dímelo tú.

Se acercó a mí, tomó mi rostro entre sus manos y me besó la frente.

-¿A qué hora quieres que venga? – pregunté.

-Enviaré a Leah por ti – musitó.

-Puedo venir sola.

-Después que haga sus rondas, que pase por ti – dijo dándome otro beso rápido en la frente.

-No es necesario.

-Leah tiene que darme informes hoy, aunque siempre es lo mismo – musitó ignorándome.

Suspiré.

-Sinceramente no sé por qué el empeño en este asunto. Eso que haces, por lo que envías a Leah, eso está de más. Puedo cuidarme sola y por si no te parece poco los ocho vampiros que tengo en casa…

-Es su trabajo – me interrumpió.

-No. Es el tuyo – refuté.

Jake abrió la boca para hablar pero volvió a cerrarla.

-¿Ibas a decir algo?

-No quiero discutir Renesmee. ¿En qué quedamos en el Edén? – inquirió.

Me encantaba cuando decía mi nombre completo para calmarme.

-Está bien. No te lo reprocho, me conformo con venir a verte – dije alzando las palmas hacia arriba.

Jake frunció el ceño y puso cara de horror cuando miró la delgada línea rosa en la palma de mi mano. En seguida la tomó entre sus manos y delineó la cicatriz con su dedo índice.

-¿Cómo te hiciste esto? – casi gritó, solo casi.

Cerré la mano en un puño y la solté de golpe, luego la metí en el bolsillo de mi chaqueta.

-Partí el vidrio de mi ventana –dije encogiéndome de hombros – nada grave.

-¡Nada grave! – repitió Jake con enojo.

-No me pasó nada – dije con fastidio.

-Nessie…

Se quedó en silencio mientras negaba con la cabeza. Si hubiera podido leer su mente, en este preciso momento estaría lanzando maldiciones y lo más seguro, culpándose a sí mismo por mi "pequeño accidente."

Esperé.

-Nessie debes tener más cuidado ¿si esta vez fue tu mano que será para la próxima? ¿El brazo completo?

Si se lo proponía, Jake, podía llegar a ser más pesado que mi padre y hasta la propia Bella. Pero me hacía sentir bien que se preocupara tanto por mí. Desde luego que no era lo mismo si los regaños y las quejas provenían de mis padres. Pero igual tenía que callar y aguantarlas.

Jake resopló con desaprobación. Tomó mi muñeca y la sacó de mi bolsillo y con su mano libre comenzó a abrir mis dedos hasta que dejó al descubierto la cicatriz. A continuación, se llevó mi mano hasta su boca y la besó, luego otro beso, otro y otro.

Alzó la vista.

-Quiero que te mantengas completa – dijo entre besos – no me gusta que te lastimes ¿de acuerdo?

Eso me gustó mucho. Un cosquilleo, ya conocido, afloró en mi estomago.

-Entonces deberías cuidarme mucho más – logré decir en medio del embotamiento que había en mi cabeza.

-Lo tendré en cuenta, pero si tu no me ayudas…

-Te prometo que tendré más cuidado la próxima vez – musité embobada.

-De acuerdo.

- Aquí – me quité la chaqueta y señalé mi antebrazo, donde había una vieja cicatriz, que por cierto, había desaparecido hace mucho tiempo, podría pasar por un simple rasguño. – aquí también me lastimé, ¿recuerdas?

Era increíble cuan osada me estaba comportando, pero no me importó.

Jake sonrió con suficiencia. Tomó mi brazo y luego tocó con sus labios donde había estado antes la cicatriz.

-Y aquí – señalé con el dedo mi hombro – fue cuando me dejaste caer del árbol.

-Como olvidarlo.

En realidad eso nunca pasó. Si Jake en verdad me hubiera dejado caer de ese árbol aún estaría culpándose y mi padre le habría partido un hueso como mínimo. Pero eso fue lo que dijo Jake cuando volvimos a casa y todo por no hacerme sentir mal pues había sido yo la que perdió el control y calló de más de ochenta metros de altura.

Jake acercó sus labios a mi hombro y me besó por un largo momento con lentitud y delicadeza.

-¿Así está mejor? – preguntó cerca de mi oído.

Asentí sin poder decir una palabra. No podía hacerlo.

Era imposible que quisiera más. Quería sentir sus labios por más tiempo pero en mi boca. Tal y como había pasado en el Edén aunque ese beso haya sido solo un roce. Me sentí fatal por anhelar eso ¿pero que mas podía hacer? ya no había marcha atrás, no podía pensar en otra cosa. Pero tenía que hacerlo, para cuando llegara a casa, mis pensamientos volverían a estar bajo llave. Por supuesto, hasta que volviera a estar junto a Jake.

-Debes irte – susurró en mi oído antes de separarse de mí.

-Si – fue lo único que pude decir.

-¿Podrías hacer algo por mi?

-Claro.

-Pide permiso para venir mañana ¿sí? – musitó.

-¿Y si no me dejan? – dije a la vez.

-Si no te dejan…entonces escápate de nuevo, pero deja al menos una nota.

-Lo haré – dije con euforia.

-Esa es mi chica – me elogió.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo.