Banca rota
Conduje a casa por la misma carretera de siempre, solo que esta me pareció más larga y más sola de lo común. ¿Dónde estaban los autos? Quizá, si estaban allí solo que yo no me di cuenta o no presté atención a nada en particular más que el final del camino que se hacía más y más extenso. Pero eso estaba bien, me dio la oportunidad de pensar y reflexionar antes de llegar a casa.
Un montón de sentimientos comenzaron a salir a flote y solo porque vi dudar a Jake con una mano en la puerta del auto y la otra en mi mentón, observándome con añoro como si nunca fuéramos a vernos más. ¿En verdad creía que no regresaría? ¿O solo quería dejarme claro que no quería separarse de mí y le costaba mucho más de lo que podía imaginar enviarme a casa? O definitivamente yo estaba imaginando todo aquello. Quería pensar que no. Intenté poner en orden mis pensamientos. Lo primero que tenía que pensar eran mis excusas al llegar a casa y es que no tenía demasiadas, solo una: mi licántropo. Pero siempre hacen falta otras dos para darle peso a las palabras y máxime teniendo padres superdotados y para mas colmo vampiros, que todo lo oyen, que todo lo saben, que todo lo suponen, que todo lo intuyen y aún mas, siempre terminan teniendo la razón porque son muy listos y observadores. De eso tenía que cuidarme, "eso" tenía un nombre o nombres: "mamá y papá." Caray, que difícil era esconder algo es esta familia.
Por ese lado no tenía muchas salidas, no me quedaba más remedio que decir la verdad y aguantar el sermón, no es que me gustaba estar en esto, pero también tuve la culpa por fugarme de casa con Leah y aparte, llevarme el auto de Alice, ¡El Porsche!..Dios, que auto, solo los cielos saben cuánto necesitaba conducirlo. Alice no representaría un problema, probablemente me diría algo así como – "¿qué tal estuvo?"- pero que no esté Edward cerca, ahí ponía su mejor cara de regaño – "Nessie, que irresponsable eres, definitivamente yo no te enseñé eso"- cuando había sido ella misma la que me había instruido en ese asunto. Recuerdo el día que mi papá se enteró que mi tía me había estado enseñado a abrir autos y desconectar la alarma de seguridad y solo porque yo tuve la grandiosa idea de pensar, solo un segundo, en hacer lo mismo al auto de mamá. Por supuesto, el estaba demasiado cerca y no tuve tiempo de encerrar bajo llave ese pensamiento. Ese día se armó la bronca.
Reí para mis adentros.
Lo segundo que mas me preocupaba era si en verdad tendría el valor para escapar de casa otra vez, no podía pensar en grande pues probablemente me castigarían y no tendría oportunidad de salir, pero eso era precisamente lo que no quería Jake. Él quería que yo tuviera libertad para hacerlo de nuevo, pero estaba decidida a regresar a la Push y no por cumplir mi promesa sino porque necesitaba verlo. No sabía exactamente cómo iba a lograrlo pero algo se me iba a ocurrir. Tenía toda la tarde y noche para pensar en eso, claro no abiertamente, pues mi papá estaría allí. Jake se había mostrado poco convencido pero tenía esperanzas y eso me hace pensar en lo mucho que conocía el carácter de Edward.
Cuando comencé a alejarme de Jake y del claro a donde me había llevado a hablar por "unos minutos" sentí como unas cuerdas elásticas, se alargaban y se alargaban sin romperse, sin deteriorarse o dar indicios de no poder mas con la presión, solo se extendían a medida que avanzaba. Era como si estuviéramos unidos por ella uno a cada lado y que salían de cada parte de mi cuerpo y todas con un firme propósito, mantenerme unida a una sola persona, Jacob.
No tenía una respuesta para las preguntas que empezaban a formularse en mi mente. Quise no ponerme ansiosa pero eso era difícil, casi imposible de lograr. Lo único que me hacía sentir más segura era el hecho de que tenía la certeza de que si yo no iba a la Push por Jake, él mismo vendría por mí, lo conocía demasiado. Ahora bien, algo que aún me inquietaba era que las reacciones de Jake seguían siendo las mismas, era algo que, al igual que todo lo demás no podía explicar. Es como, El corazón se le acelera con violencia cuando me encuentro muy cerca de él, se le estremece el cuerpo cuando lo acaricio y siempre, sé que es así, intenta mantener la postura. Algo así me sucedía a mí también, sus ojos eran mi perdición y tener que recordar cuando me besó me hacía sentir…
…ignoraba los motivos por los que se atrevió a hacerlo, pero sentirme especial…eso era ridículo. Después de todo no era la única a la que Jake había besado…debía suponerlo. Mis pensamientos volvieron a mi lobo. Pero en quien más si no era él, era en lo único que quería pensar. ¿Qué diría Jake de todo esto? alguna vez tenía que preguntárselo, nunca me quedaba con una pregunta atascada en la garganta. ¿Qué pensaba él de mí? Que era una niña inmadura. No, Jake no era así. Probablemente estaría tan estancado y confuso como yo. Entonces recordé que todavía teníamos una conversación pendiente, la que dejamos al aire en el Edén por miedo a que mis tíos lo escucharan. Tenía que haber una explicación para que Jake procediera de esa forma. Solo los novios se besan ¿no? Solo entre una pareja puede haber tal confianza para hacerlo y no sentirse tan incómodos.
Emm y Rose, por ejemplo. Eran la pareja ideal para exponer este asunto, siempre se la pasaban besándose y acariciándose, claro que, tomaban sus precauciones cuando yo estaba cerca. No se les ve mal, son esposos y se quieren, pero a diferencia de ellos, Alice y Jazz eran más reservados, eso se lo guardaban cuando iban de caza juntos. O mis abuelos, definitivamente esta era la pareja que más se abstenía de hacerlo, primero por sus hijos y luego con mas ahínco porque tuvieron una nieta. Mis padres igual, aunque algunas veces los sorprendí dándose uno que otro besito. Eso me hacía sentir segura de que su relación era irrompible, no había forma que ese enlace se deteriorara.
El punto era que Jake me besó y no me explicó el por qué. Era como que a un niño le pongan un siete en una prueba de matemáticas cuando estudió el cuestionario y se lo sabía de arriba abajo, pero su profesor no le explicó en donde había fallado. No era el mejor ejemplo que tenía pero algo así era. La cosa es que, necesitaba saber por qué motivo no saqué un diez en esa prueba. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Siempre preguntaba tantas cosas? Al parecer sí. Mi madre no se salvó que le preguntara ¿por qué? Yo había nacido si era imposible que un vampiro pudiera tener hijos. La respuesta de ella fue desde luego mejor que el silencio del profesor de mate, ella dijo – ¿el hecho de que te tenga en mis brazos no te basta? – desde luego que sí.
Por lo pronto me dediqué a mirar a la carretera. Ya estaba cerca de casa, eso me hizo sentir un cosquilleo producto de los nervios. Atravesé el sendero oculto, ahora por una fina capa de niebla, mientras lo hacía sentí que mi estomago se retorcía y eso que no tenía hambre.
Adentro estaban todos. Se encontraban en la sala, esperándome. Abrí el portón de la cochera y metí el auto dentro intentando parecer lo más tranquila posible, pero los latidos de mi corazón me traicionaban. Apagué el auto y salí.
La puerta que daba a la sala estaba abierta por lo que la punzada en el estomago se acentuó. La atravesé con decisión y caminé al encuentro de los tiburones furiosos.
Allí estaban, cuando entré a la sala, todos voltearon a verme y cuando digo todos es porque Leah también estaba allí.
-¿Cómo llegaste aquí tan rápido? – pregunté extrañada.
-Tengo algunos atajos – dijo encogiéndose de hombros.
-Ya está aquí – murmuró mi padre al teléfono, luego colgó. Supuse que era mi abuelo con quien hablaba.
Hubo una pausa.
-¿Muy bien jovencita tienes algo que decirle a tu tía? – preguntó mi madre con severidad señalando con la cabeza a Alice.
Yo parpadeé.
Alice se encontraba en medio de Emm y Esme en el sofá y justo en los posa brazos, a cada lado, estaban Rose y Jazz. Edward estaba de pie junto a mi madre y Leah. Los miré uno a uno con una sonrisa de inocencia, pero se desvaneció por la tensión que había en la sala. Entonces clavé la vista en Alice.
-Tía Alice, lo siento. No debí haber tomado tu auto sin permiso. Pero no le pasó nada, lo traje sano y salvo. Yo…lo siento de verdad – dije con sinceridad.
Le lancé la llave que tenía en las manos y esta la atajó con un rápido movimiento. Me miró herida, eso le había partido el corazón, supuse. Así era Alice. Dirigió la vista a mi madre con el ceño fruncido, como si no estuviera de acuerdo con ella, abrió la boca para refutar pero luego la cerró.
Bajé la vista a la madera del suelo.
-Despídete. Vamos a casa – ordenó mi madre.
Suspiré lentamente.
En silencio, me acerqué al sofá y besé en la mejilla a mi abuela seguida de mis tías. Alice me guiñó un ojo cuando pasé por su lado. Tuve que aguantar las ganas de reír. Choqué los puños con Emm y Jazz. Este último utilizando su don a toda máquina.
-Puedes irte Leah. Gracias – dijo mi madre.
Mi mente gritó ¡No! Por lo que mi padre volteó a verme en seguida como si lo hubiera gritado en voz alta.
-Todavía tengo que hacer mis rondas – dijo Leah en voz baja.
-Leah, no es necesario. En verdad, vete a casa.
-Lo siento Bella pero tengo órdenes que cumplir – inquirió con decisión.
-De acuerdo, entonces vamos.
Mis padres se despidieron de los demás y salimos de la casa para ir la nuestra.
Comenzamos a correr por el bosque, yo me atrasé solo un poco para acompañar a Leah, pues esta no había entrado en fase. Mis padres nos adelantaron.
-Te fuiste sin decirme nada – susurró Leah después de unos segundos.
-Lo siento. ¿Donde estuviste?
-Hablando con mi madre. Justo después que te fuiste llegaron Charlie y Seth.
Demonios, mi abuelo Charlie. Se me había olvidado por completo que estaría allí.
-Los busqué por todos lados y luego me encontré a Jake y me dijo que te habías ido.
-Vaya, si que eres veloz. Con atajos o no. Y eso que el Porsche de Alice es rápido.
-Gracias.
Sonrió.
-Por nada.
De pronto recordé algo.
-¿Oye Leah, no sabes si mi abuelo revisó a Billy?
-Sí, de hecho cuando me encontré a Jake, llevaba a Billy a casa para que el doctor lo viera.
-Ah.
Corrimos en silencio lo que quedaba de camino.
Mis padres ya estaban en casa cuando entramos por el umbral de la puerta. Mi padre leía el periódico en la mesita del comedor, esto lo hacía para no tener que enfrentar a Bella.
–Nessie – me llamó mi madre.
-Yo espero afuera – me dijo Leah al instante.
Asentí y luego pasé a la cocina. Me senté en la mesa frente a mi padre.
-No te voy a preguntar dónde estabas porque eso ya lo sé – comenzó Bella.
-Bella, disculpa…Edward – dijo Leah apareciendo de golpe – no toda la culpa es de Nessie, yo estaba con ella cuando…
Leah bajó la mirada al suelo sin saber que decir. La observé divertida. Estaba saliendo en mi defensa, eso se lo agradecí con toda el alma.
-Está bien Leah. No hay problema. Yo lo sé – intervino mi padre quien ya no leía el periódico, sino nuestras mentes.
Leah asintió sin intenciones de seguir diciendo una palabra y se retiró.
Sonreí.
-¿A ver? ¿Cómo hacemos esto? – Dijo mi madre sentándose en la mesa – ¿Alguna vez he tenido que regañarte? – añadió tocándose el cabello con gesto pensativo.
-Mmm, no.
-Dame un solo motivo para no hacerlo ahora Nessie – dijo en voz baja.
Hubo una corta pausa.
-Tienes una hija cinco años. Encerrada en el cuerpo y la mente de una adolescente. Soy hibrida y tengo solo una excusa que dar – señalé.
Mi madre cerró los ojos intentando mantener la paciencia que le sobraba en estos casos. Luego los abrió y miró a mi padre como queriendo decir - "Así es tu hija. Es idéntica a ti. Resuélvelo."
-Dínosla – dijo mi padre.
-Fui a la Push porque fue…lo primero que se me ocurrió. En realidad fue Port Ángeles, pero no sé cómo pasó. Cuando me di cuenta ya estábamos…no necesito hacer esto papá.
-Sigue – dijo él.
-Pues es eso…es todo lo que tengo que decir. Bueno además de…lo siento – dije mirando a mi padre – lo siento – esta vez miré a mamá – ¡lo siento Leah, por haberte metido en esto! – grité por encima de mi hombro.
Leah respondió con un "no hay problema" desde el porche de la casa.
-Dos cosas – dijo papá elevando dos dedos de su mano cuando volví la mirada hacia él.
Era el momento de la verdad. Estaba acabada. Me iba a castigar, me iba a castigar. Mi padre observó a mamá por unos segundos y esta le respondió con un simple encogimiento de hombros.
-Uno, tienes un teléfono, por favor contéstalo.
Asentí es esperando el veredicto final - "vamos papá dilo de una vez" – pensé.
Edward rio.
-Y dos, estarías castigada si hubieras tomado la dirección que escogiste primero.
Respiré aliviada. Me levanté de la mesa y los abracé a los dos.
-Gracias. Si hubiera sabido esto me quedo un poco más en la fiesta.
-Si hubieras llegado tarde también estarías castigada –musitó papá.
-Claro.
Se hizo una gran pausa.
-Así que tengo prohibido ir a Port Ángeles – afirmé.
Mi madre se levantó y siguió cocinando mientras papá le ayudaba aquí y allá.
-¿Seattle? – aventuré.
-No – dijo mamá.
-¿Canadá?
-Definitivamente, no – dijo papá.
Di un suspiro.
-Estaré afuera con Leah – les anuncié.
Me levanté de la mesa y salí al porche donde estaba mi amiga. Ella mi miró cuando me senté a su lado.
-Y bien ¿qué tal te fue? – preguntó.
-¿La verdad? Fue algo raro. Te juro que esperaba el estallido de la bomba atómica.
-Así que, todo bien. ¿No te castigaron?
-No.
-La verdad es que, en la Push tienes familia. De vez en cuando tienes que visitarnos.
-Gracias Leah.
Reímos las dos.
-Creo que es hora de hacer mi trabajo – dijo mientras se levantaba.
-Oh, no – me quejé.
-Tranquila, volveré.
-No patrulles ahora. Hazlo por la noche.
Leah rio con nerviosismo.
-No lo sé Nessie, mañana tengo que reportarme en cuatro patas. Jake verá esto.
Recordé que en fase lobuna los lobos podían oír los pensamientos de la manada y solo así, en cuatro patas como dijo Leah, el jefe de la manada podía ejercer la voz del alfa sobre los demás, si fuera necesario. Y no es que en forma humana el peso del jefe no tenía significado, así era cuando mas debían obedecerlas.
Pero aún así no me importó. Ahora que tenía a Leah aquí no iba a permitir que unas patrullas innecesarias estropearan eso.
-Yo me las arreglo con Jake. ¿O él te lo ordenó?
-Mmm, pues me lo pidió de forma decente.
Bufé.
-Volveré enseguida. En realidad, me esmero en esto por las noches.
-De acuerdo –acepté de mala gana.
Cuando ya había saltado las escaleras del porche se volvió.
-Más rápido que inmediatamente.
Solté una risotada.
-Eso espero. ¿Oye, te quedas a cenar?
-Claro.
-Bien.
Leah chocó un puño conmigo y luego salió corriendo hacia el bosque. Fue increíble lo aburrida que me sentí tan pronto Leah se fue. No era totalmente seguro que llegara a tiempo para la cena pues el perímetro, el cual había sido marcado por Jake un tiempo atrás, era bastante extenso. Sin embargo me relajé y entré a casa.
Había un fuerte olor a carne. Me acerqué a la cocina y hurgué en las cazuelas para ver que se estaba cociendo allí. Era de saberlo, el especial de mamá, carne Strogonoff.
-¿Viene el abuelo Charlie por casualidad? – pregunté tomando la paleta con la que mi madre removía y la metí dentro de la sartén para probar un poquito.
Me pasé la lengua por los labios saboreándome.
-Esto está…buenísimo.
-Estarán aquí a eso de las siete – dijo mi madre desde la salita.
Ella y mi padre estaban sentados frente al televisor, abrazados.
-Voy a darme un baño entonces – anuncié.
Me encaminé hacia mi habitación, tomé mi neceser de aseo y me fui a la ducha. Al salir del baño, me vestí y me arreglé el cabello. Mientras recolocaba el brazalete que me había regalado Jake con el símbolo Quileute, de eso ya hace cinco años, en mi muñeca, nunca me lo quitaba sino para bañarme., Me percaté que en la cama había un sobre sellado con mi nombre en una de las esquinas. Lo tomé y lo olí. El aroma pertenecía a mi padre, él lo había traído, pero en mi vida había recibido un correo ni siquiera cuando hice un montón de pedidos a la librería de Port Ángeles, esos los recibió mi abuelo en el hospital pues esa fue la dirección que posteé. Nunca dábamos la dirección real de nuestra residencia.
Me encontré a mi misma hurgando en mi mente, intentando recordar si había hecho un pedido a la librería este mes. Claro que no, tampoco era tan olvidadiza. De hecho nunca olvidaba nada, salvo el cumpleaños de mi madre pues esta lo prefería así.
Tomé el sobre y salí de allí.
-¿Papá, donde conseguiste este sobre? – dije al entrar a la salita.
-¿Nessie, hija me ayudas a poner la mesa? – dijo mamá desde la cocina.
-Si claro. Dame un minuto.
-Me lo entregó Emm. Dijo que era para ti – musitó Edward levantándose del sofá.
-Lo abriré luego entonces – dije mirando el sobre con intriga.
Esperé.
-¿Te dijo de que se trataba? –inquirí.
-No, nada.
Fruncí el ceño.
-Nessie – me instó Bella.
Me sobresalté.
Avancé hasta la cocina seguida de mi padre y me puse a sacar los platos, que le había regalado Charlie a mi madre el día de su boda, de la alacena y los llevé a la mesa.
-¿Cuando te lo entregó? – pregunté.
-Esta tarde cuando regresaron de Seattle.
-¡Estaban en Seattle! –repetí pronunciando la frase como si fuera una palabrota.
Alice nunca iba a Seattle sin mí.
-Tú estabas en la Push – dijo papá respondiendo a ese pensamiento.
Mientras deslizaba el mantel blanco encima de la mesa mi padre me ayudaba a poner los platos y los cubiertos en perfecto orden como siempre.
-¿Qué será? – murmuré para mí misma.
-¿Por qué no lo averiguas?
-Ahora mismo.
Tomé el sobre y rompí el sello de seguridad de un tirón. Y saqué un papel blanco bien doblado del fondo. Era un comunicado del banco de Washington. Leí con rapidez toda la nota.
Entorné los ojos y puse cara de horror.
-¡Ay cielo santo! – solté.
Releí de nuevo para asegurarme.
-¿Que sucede?
Mis padres mi miraban con el ceño fruncido.
-Alguien robó dinero de mi cuenta bancaria – dije contrariada.
-¿Qué? – preguntaron al unísono.
-Sí. Es un comunicado del banco donde dice que yo hice un retiro de… ¡demonios! ¡Setenta y tres mil dólares!
Alcé la vista.
-Yo no hice esto. No saqué del banco setenta y tres mil…Lo juro – dije al notar la expresión de mis padres.
-No, por supuesto que tu no. ¿Pero Emm? – preguntó mi madre haciendo ademán para que le entregara el papel.
-Tiene más dinero en su cuenta bancaria quela que hay en esta – señalé.
-Pero aquí dice que fuiste tú quien lo hizo – dijo mi madre paseando sus ojos por el comunicado.
-Mamá, te digo que yo no fui.
-Está bien cielo, tranquila.
-¿Para que querría el dinero que hay en esta cuenta? - pregunté señalando con la cabeza el papel que ahora sostenía mi padre.
-¿Quien más puede sacar el dinero de Nessie? ¿Alguien más además de ella?
Yo parpadeé.
-Un momento. ¿Puedo sacar mi dinero del banco? – dije a voces.
Olvidé en ese instante todo lo que siempre había pensado en contra del dinero. Mi auto se iba allí. Rayos. ¡Mi auto se fue al demonio! Y siempre pude ir al banco y retirar el maldito dinero. ¿Cómo es que nunca lo supe?
-Solo tú puedes hacerlo, con una autorización – aclaró Edward.
Los dos me miraron con gesto sospechoso.
-¿Quien puede firmar esa autorización?
-Alice, por supuesto – contestó papá.
-Por supuesto – dijo mamá por lo bajo.
-¿Nessie recuerdas haber firmado algo?
Puse a trabajar mi mente todo lo que pude. La única forma de que yo firmara algo es que haya estado inconsciente o muerta. Pero como eso aún no ha pasado entonces lo que me quedaba era que este papel haya sido falsificado y quien mejor para hacer eso que mi linda tía Rose. Era experta en falsificaciones, así que todo encajaba. Le había pedido un auto a Emm, no directamente pero se lo dejé saber así que él lo tomó como la responsabilidad propia de un tío consentidor. Le pidió ayuda a Alice y esta por supuesto no se negó. Con Rose representaba una verdadera hazaña pedirle algo que ella no considerara correcto pero de alguna forma la chantajearon. Mi tía falsificó mi firma como si yo estuviera autorizando a Emm para sacar esa cantidad del banco además de la firma de Alice que es al parecer la única que puede autorizarme a mí para hacerlo. El plan resultó bastante gratificante.
Mi padre asintió para sí mismo mostrando estar de acuerdo con mi suposición.
- Aclaramos esto después. Charlie estará aquí en unos minutos – musitó papá.
Mi madre volvió a la cocina y papá salió al porche. Ya el abuelo debía estar cerca.
Guardé el papel de nuevo en aquel sobre y lo tiré en la mesa del café.
-Setenta y tres mil malditos dólares. Esto es una locura – pensé
-Nessie – me reprendió Edward.
-Lo siento papá. Es lo único que tenía. Nunca les he pedido dinero, pero como tampoco me dejan trabajar creo que mil dólares será mi única esperanza. Tendré que ahorrar. ¡No sé cómo! pero lo haré. Mañana mismo le pediré trabajo a mi abuelo. Lo que sea, no me importa.
Mientras hablaba mi padre me observaba con el ceño fruncido y con el rastro de una sonrisa en sus labios.
-¿Lo ves, Bella? Es como tú.
-¿Tan terca como yo?
-Muy terca.
Puse los ojos en blanco.
-Es en serio. Mañana voy a pedirle trabajo a mi abuelo – dije enfurruñada.
Mis padres rieron por lo bajo desde la cocina. Eso me hizo perder la paciencia así que fui hasta donde se encontraban dando grandes zancadas. Cuando estuve frente a ellos los fulminé con la mirada.
-No vas a trabajar de ninguna manera – dijo mi padre con tranquilidad.
-¿Ah no?
-No.
Bufé.
-¿Y por qué no? – mi voz se elevó a una octava.
-Baja la voz cielo – dijo mi madre.
-Lo siento. Pero es verdad lo que estoy diciendo.
-Lo hablaremos después corazón. Ya están aquí. – dijo mi padre acercándose a la puerta.
-Genial. No está lista la cena todavía – musitó mamá.
La puerta sonó antes de que pudiéramos decir algo más. Mi padre era el que estaba más cerca así que la abrió en seguida.
-¿Charlie como estas? – dijo mi padre dando un paso atrás para dejar pasar a mi abuelo.
-¿Como está mi yerno preferido, ah?
Se abrazaron fraternalmente.
-¿Y mi nieta? ¿Dónde está mi hermosa nieta? – dijo el abuelo buscándome con la mirada.
-Aquí estoy abuelo – corrí a abrazarlo.
-Mírate cielo. ¡Estas hermosa!
-Tú también te vez bien – dije guiñándole un ojo.
Me abrazó más fuerte.
-Hola Sue, entra por favor – dijo mi padre desde la puerta.
-Hola Edward.
Sue llevaba en sus manos una cesta de pan y un pastel.
-Déjame te ayudo.
Edward, tan caballeroso como siempre, le quitó de las manos la cesta de pan y el pastel y lo llevó a la cocina.
-Hola Sue – la saludé desde la prisión de los brazos de mi abuelo.
-Hola preciosa.
Me sonrió.
-¿Sabes? eres tan hermosa como tu madre. Claro te pareces mucho a Edward pero definitivamente los ojos de Bella es lo más hermoso que he visto y por supuesto tu los heredaste. Cuando eras una bebé…
Sonreí.
-¿Mis ojos no te gustan ahora papá? – dijo Bella saliendo de la cocina. – Hola Sue.
Mi madre la abrazó.
-Hola Bella.
-Hola hija, le estaba diciendo a mi nieta que…
Mi madre enarcó una ceja.
-Claro que tus ojos son hermosos ahora. Ven aquí mi cielo.
Mi padre la abrazó y le besó la frente.
-Hola papá.
-Charlie por que no me das esa botella – dijo mi padre acercándose a nosotros.
-Claro.
Charlie se le entregó.
-Es un Bordeaux. Traído de Francia.
-¿Y dónde quedaron tus cervezas? – preguntó Edward leyendo la etiqueta de la botella.
-Pues me he vuelto un gran catador de vino. Dicen que es bueno para el corazón.
-No te vuelvas un gran catador de vinos papá. Todo en exceso hace daño.
Rieron todos al unísono.
-Tranquila cielo. Soy un hombre duro todavía.
-Seguro. ¿Por qué no se sientan? Tengo que terminar en la cocina. No los esperábamos tan temprano.
-Yo te ayudo – se ofreció Sue.
Mi madre y Sue se fueron a la cocina mientras el abuelo se escarzaba en una conversación con mi padre acerca de vinos. Al parecer mi padre sabía mucho de este tema.
Afuera, en el bosque, algo se movió muy rápido entre los árboles. No podía ser Leah. Se acababa de ir.
Inspiré.
-Seth – murmuré con una gran sonrisa.
Justo cuando me disponía a salir de la casa Seth apareció por el umbral de la puerta sacudiéndose el pelo mojado y con una sonrisa en sus labios.
-¿Y mi sobrina? ¿Dónde está mi hermosa sobrina? – preguntó usando el mismo tono de Charlie abriendo los brazos.
Cuando me abrazó me alzó en vilo y dio una vuelta sobre sí mismo.
-No vuelvas a decir eso – dije propinándole un puño en el hombro.
-Espero no haber llegado tarde para la cena porque la verdad es que estoy muerto de hambre.
-Mi madre la está terminando ahora – anuncié.
Seth caminó hasta la salita y saludó a Edward chocando su puño con el de mi padre.
-¡Hola amigo!
-¡Que hay hermano!
-Oye Nessie, que bueno que estas aquí – dijo pasando un brazo por encima de mi hombro.
Sonreí.
-¿Ah sí?
-Ajá.
Entramos a la cocina donde el olor a carne era más fuerte. A mi lado Seth inspiró sonoramente.
-Huele delicioso – dijo.
Mi madre estaba removiendo la carne y Sue se encontraba sentada en la mesa picando el pan en rodajas.
-Al fin llegas – musitó Sue.
Seth le dedicó una sonrisa antes de abrazar a mi madre.
-Hola hermanita.
-Hola fortachón. Qué bueno que viniste – mi madre le plantó un beso en la mejilla.
-Si… ¡qué bueno! – dijo Seth mirando la carne con los ojos entornados.
Bella sonrió.
-¿Tienes hambre?
-Siempre tengo, Bella. Pero creo que hoy más que nunca.
-Puedo imaginar. ¿Oye por qué no trajiste a Jake?
Entorné los ojos.
-Eh, bueno…
Seth desvió la mirada hacia mí pidiendo apoyo. Él estaba aquí porque de seguro las calles de la Push y hasta su propia casa era más insegura que el bosque alejado de la civilización de Forks. No le convenía para nada encontrarse con Jake. Reí para mis adentros.
-Seguro se quedó con Billy. ¿Te dije que el abuelo Carlisle lo fue a revisar hoy? Tengo que llamar a Jake para que me diga cómo le fue – musité.
Mi madre frunció el ceño.
-¿Billy está bien?
-Ah estado un poco enfermo Bella – dijo Sue negando con la cabeza apesadumbrada.
-Oh – Bella bajó la vista – ¿Por qué no me lo dijiste Nessie?
-Lo olvidé. Lo siento – me lamenté.
Hubo una pausa.
-Vamos afuera Nessie – inquirió Seth.
-Sí, claro.
Seth y yo salimos al porche y caminamos hacia el bosque en silencio.
-¿Por qué le dijiste eso a tu madre? –preguntó repentinamente.
Caminé un poco más para alejarme del lindero de casa. Solo si prestaban mucha atención mis padres lograrían escucharnos. Seth, sin decir una palabra me siguió y esperó paciente hasta que me detuve en un árbol.
-Digo, no es que esté feliz pero le doy gracias al cielo que no está por aquí. Sin embargo y es bastante curioso que Jake no haya venido. Conociéndolos es bastante extraño que estén separados, él debería estar aquí. ¿Se pelearon?
-Sí, lo dejé estropeadisimo ni siquiera pudo entrar en fase – musité con sarcasmo.
-Sí, claro. ¿Por qué no está aquí? – preguntó poniéndose las manos en la cintura.
-Ese no es tu asunto.
Hubo una pausa.
- ¿Pero si tú sabías que el vendría que haces arriesgando el pellejo?
-Soy un valiente – dijo inflando el pecho.
-Si Jake estuviera aquí, serías tú el que no iba a poder entrar en fase.
-Ni que lo digas. ¿Lo sabes todo, eh?
Bajé la mirada avergonzada y asentí.
-Está bien. Ya todos lo saben.
-¿Lo hiciste realmente Seth?
-Espera, no todo lo que dicen es cierto. ¿Qué es lo que sabes?
Dudé un momento.
No sabía demasiado pero tampoco iba a dejar mal a Jake diciéndole a Seth que él me lo había dicho. Eso no estaba bien.
-Solo que tienes problemas.
-¿Jake te lo dijo, verdad?
-Solo me dijo que estabas en problemas.
-Y no dijo nada acerca de…
Se detuvo.
-¿Acerca de qué? – lo insté.
-No es nada Nessie. Solo pensé que él te lo había dicho.
-Cuando me habló de eso no estaba muy enterado del asunto.
-Claro.
Nos quedamos en silencio por unos segundos.
-También me dijo que podía asistir a la reunión.
-Genial – dijo con ánimo fingido.
-Si te parece más cómodo no iré.
-No es eso Nessie. Puedes ir, no hay problema.
Asentí.
Seth tomó la rama que sobresalía del tronco del Cedro y la arrancó.
-¿Ibas a pedirme algo Seth?
El chico me miró con vergüenza.
-¿Como lo sabes?
Me encogí de hombros.
Suspiró.
-Nessie me da mucha pena pero, necesito que me prestes dinero.
-¿Cuánto?
-Se que no debo hacer esto pero en serio lo necesito. Jake me matará si se entera.
-Solo dime cuanto necesitas Seth.
-Solo…mil dólares. Te prometo que te los voy a pagar.
Carraspeé.
-Está bien. No hay problema. El dinero no me importa en absoluto. ¿Pero qué hay de ti?
Hice una rápida revisión mental de mi cuenta en el banco. Por si acaso se me ocurría darle a Seth algo que no tenía. Tenía que volver a casa para verificar el saldo restante pero estaba segura que todavía me quedaba algo de dinero.
-Lo necesito para pagar otra deuda – dijo bajando la mirada.
-¿Seth en que andas?
-Lo sabrás luego.
-Está bien. Vamos a casa.
Cuando llegamos a la cabaña la mesa estaba servida pero nadie estaba sentado en ella. Todos se encontraban en la cocina platicando y riendo.
-¡Tengo hambre! – dijo Seth a voces.
-Ya casi Seth – dijo mi madre desde la cocina.
-¡No me dejes morir de hambre Bella!
-No lo haré. Aguanta un poco más.
Mientras esperábamos que se terminara de hacer la cena, Seth y yo terminamos jugando en la consola de video juegos que me había regalado Emm hace un tiempo. El se interesó por un juego de combate y me derrotó todas las veces que jugamos. Al final tuvimos una buena competencia, nada más y nada menos que con mi abuelo. Era chistoso verlo jugar, parecía un niño. La mini consola que me había obsequiado Carlisle fue a parar en las manos de Seth y no la dejó ni un momento hasta que Charlie se la arrebató de las manos. Justo cuando mi madre terminó se servir la comida Leah tocó la puerta.
-¿Llegué muy tarde? – preguntó respirando con dificultad por la reciente carrera.
-Justo a tiempo – dijo mi madre con una sonrisa.
Le sonreí desde la mesa.
-Te dije que estaría aquí para la cena – me dijo.
Comimos haciendo alboroto por todo. En cada comentario que decía Seth, cada cosa que inventaba Leah rompíamos a reír. Los adultos abandonaron la mesa y se reunieron en la salita para continuar sus conversaciones donde nosotros no pudiéramos molestar.
-Son un montón de niñas. Ya los quiero ver pidiendo súplicas – dijo Seth metiéndose un trozo de pan en la boca.
-¿Como tú la primera vez hermanito?
Leah y yo nos carcajeamos.
-Oye eso no es cierto – se defendió el lobo.
-Así que por eso fue la barbacoa en la playa. Para darles la bienvenida a los nuevos lobos – afirmé.
-Ajá. Una estupidez la verdad – musitó Leah.
-A mi no me hicieron ningún tipo de celebración y eso que era el más joven de la manada.
-Y yo la única mujer. Eso era suficiente motivo para hacer la fiesta del año.
-Fueron días difíciles. No había tiempo para esas cosas – Seth tornó su expresión sombría.
-¿Que sucedió entonces? ¿Qué fue lo que disparó la fiebre lobuna? – pregunté con interés.
Leah bajó la mirada y Seth hizo lo propio desviando sus ojos a otro lugar.
Fruncí el ceño.
-¡Oh, vamos chicos! Ha pasado mucho tiempo.
Seth dudó por un segundo.
-Un ejército de vampiros – matizó.
Leah lo fulminó con la mirada.
-Por supuesto.
-Fueron los mejores días de mi vida Nessie, te juro que haber combatido con tu padre fue lo mejor que me ha pasado desde que soy lobo. Bueno además de tu nacimiento – dijo con una sonrisita.
-Idiota – murmuró Leah.
-Así que peleaste junto a mi padre – concluí.
Esto no me sorprendió en absoluto. Aún no sabía muchas cosas sobre mi madre cuando era humana pero esto era algo más que siempre había sabido. La unión de los clanes enemigos sucedió porque la especie en común, los vampiros, provocó que estos se aliaran para combatir juntos y ese era el motivo por el cual ahora estaba sentada junto a la mesa con Leah, Seth y mi cercanía con Jake se hacía más y más fuerte.
-Fue emocionante. Lo fueras visto, acabó con esa pelirroja en un abrir y cerrar de ojos y yo por supuesto maté a su compañero – dijo con una risita de suficiencia.
-¿Y tu Leah?
-Yo estuve con los demás. Con tu familia y los otros de la manada. Sam era el alfa.
Imaginé todo aquello. Mi mente dibujó imágenes en mis ojos: Mi padre matando a la pelirroja, Jake junto a sus hermanos de camada en aquel lugar junto a mi familia y la horda de vampiros furiosos.
-¿Y así fue que acabaron con todos aquellos neófitos? – pregunté.
-¿Cómo sabes que eran neófitos?
-Bueno solo unos neonatos serian lo suficientemente estúpidos para enfrentarse a unos vampiros más experimentados. Y supongo que tampoco contaban con la astucia de los lobos.
-Fue la mejor época de mi vida – dijo Seth con la mirada perdida.
-Pero…si se unieron nuevos chicos ¿Cuál vampiro despertó la trasformación de estos?
-Buena pregunta – inquirió Seth.
-¿Recuerdas el vampiro que entró a la Push? – musitó Leah
Asentí.
-¿Creen que fue él?
-Aunque eso no implica el hecho. La transformación de los lobos se dispara por la presencia de vampiros, pero he llegado a pensar que no es totalmente necesario que uno pise la Push para que suceda el cambio en los chicos – inquirió Leah.
-¿Qué? – dijo Seth torciendo los labios.
-¿Dices que los nuevos estaban mutando desde mucho antes?
De pronto la conversación se tornó interesante.
-Es lo que pienso.
-¿Pero cómo?
-No lo sé. Pero así sucedió con los demás.
-¿Cómo? –pregunté confundida.
-Claro. Es lógico ¿no?
-Explícate.
Seth paseaba la mirada de una a la otra con los ojos tan desorbitados que pensé que se iban a salir de sus cuencas y caer en el plato.
-Con la pelirroja azotando Seattle y toda su bandada de estúpidos sucedió la transformación de mi hermano y la mía. Esto pasó mucho antes de la batalla y mucho antes quizá de que estuviéramos enterados de lo que iba a pasar.
-¿Dices que Colin y Brady son la clave de las mutaciones genéticas de la licantropía? ¿Qué eres, científica? – se burló Seth.
-Su transformación ocurrió antes de que llegaran los otros clanes amigos de tu familia Nessie y antes de que tu madre se convirtiera en vampira – dijo La loba sin mirar a su hermano.
-Espera no asistí a esa clase como es que…
-Cierra el pico Seth – le ordenó Leah.
-Así que… ¿estás diciendo que mi nacimiento activó el gen a largo plazo?
Leah sonrió en señal de afirmación.
-Seth se transformó a los catorce y Jake a los dieciséis.
-¿Tiene que ver con la edad? – preguntó Seth intentando llevar el hilo de la conversación.
-Quiere decir que los chicos, los nuevos, serían licántropos de una u otra forma.
Leah chasqueó los dedos.
-A eso quería llegar. Por supuesto, nuestra camada es tercera generación. Eres hibrida, si en realidad existe eso de que nos transformamos debido a los vampiros, entonces tú provocaste la última fiebre y no el vampiro fulano como pensamos. Y por supuesto les tocaba a los nuevos entrar al club de los pulgosos.
-Demonios – dijo Seth cayendo en la cuenta.
-¿Y como es que tardaron cuatro años en transformarse? – pregunté.
-Es la magia y todo el cuento este de las leyendas de la tribu. No eres totalmente humana Nessie pero hay parte o la mitad de los vampiros en ti. La única explicación que encuentro para la tardanza es por tu condición. Nessie la rara.
Sonrió con amabilidad.
-Rayos – musitó Seth.
-Pero entonces Sam… –me detuve a mitad de frase.
Leah asintió.
-¿Sam tendrá nietos lobos? – preguntó Seth.
Las dos lo miramos al instante, quizá pensando lo mismo. "cállate Seth"
Si todo eso era cierto Sam había sufrido la transformación por el regreso de la familia de mi padre y porque ya estaba predicho que él sería un licántropo puesto que los Cullen vivieron en Forks hace muchas décadas, mucho antes de que Billy o su tatarabuelo naciera, ya había lobos en la Push. Lo sabía por las leyendas. Además, los Cullen no fueron los únicos en llegar al pueblo.
-¿Yo retrasé el cambio de los nuevos?
-Claro que esto es una simple suposición. El vampiro que entró a la Push hace una semana pudo haber sido el culpable – aclaró Leah.
-Esta conversación me dejó aturdido. Creo que comeré un poco mas – dijo Seth.
La noche transcurrió tranquila. Los hermanos Clearwater y yo salimos al porche a seguir nuestra conversación después que Leah me ayudó a lavar los trastes y el desastre que había dejado mi madre en la cocina. A decir verdad todo este tema de la licantropía me interesó demasiado. No sabía que solo los nietos legítimos, de los lobos, sufrirían la transformación quien sabe cuando en alguna etapa de su vida. Claro, si los vampiros seguíamos aquí o si llegaban nómadas al pueblo. Eso podía tardar años. Y que solo los nietos varones o machos como dijo Leah, se convertirían en lobos.
Esto me puso a pensar pues la chica era la única hembra de la manada y se supone que solo los machos portan el gen. No quise preguntarle sobre eso, noté su expresión incomoda cuando salió el tema a colación. Dentro de todo, había un montón de cosas más que nunca me había puesto a pensar con determinación y parte de esas cosas tenía que ver mucho con las leyendas de la tribu. Leyendas que no tomé en cuenta las veces que Jake me llevaba a las fogatas. Cuando le expuse esto a Leah me dijo que había un par de leyendas que solo se contaban en ocasiones especiales. Supuse que no necesitaban hablar de ello por lo que cambiaron el tema casi a la fuerza.
El abuelo Charlie, Sue y sus hijos partieron tarde de casa. Leah vendría por la mañana para acompañarme a la Push cosa que aún no le había participado a mis padres. A Seth le prometí su dinero para pasado mañana pues tenía que ir personalmente a retirar el dinero ahora que estaba enterada que podía hacerlo por mí misma.
Al despedir a los invitados, mis padres se fueron a su habitación y yo me quedé en la salita jugando con la consola de videojuegos y terminando de comer lo que quedaba del pastel de Sue.
De pronto recordé que tenía que pedir "un permiso."
Me levanté del sofá y caminé con rapidez hasta el dormitorio de mis padres. La puerta estaba abierta. Edward estaba leyendo un libro recostado en la cama y mi madre reposaba su cabeza en su pecho mientras jugueteaba con los botones de su camisa, perdida en las páginas de su libro favorito.
-¿Puedo pasar? - pregunté aunque ya sabía la respuesta.
-Claro cielo – dijeron al unísono.
Caminé hasta la cama y me lancé en medio de los dos. Mi padre cerró el libro para dedicar toda su atención a mí.
-¿Leyendo cumbres borrascosas de nuevo? – pregunté.
-Es un clásico – dijo mi padre.
-Catherine y Heathcliff, ¿un Amor imposible, eh? – dije tomando el libro de la mano de Edward.
-Siempre te ha parecido una historia fascinante – dijo mamá acariciando mi cabello.
-Ella amaba a Heath, lo dejó ir.
-Él sufrió mucho– dijo papá.
-Se amaban y aún así no hicieron nada, pero dependían uno del otro –dije suspirando.
Mi padre sonrió.
-Son personajes atormentados por el amor y la venganza – concluyó mamá.
Suspiré.
No tenía tiempo que perder.
-Mañana Leah vendrá por mí. Iré con ella a la Push.
Me quedé helada en mi posición esperando una respuesta.
-¿Puedo ir verdad? – murmuré.
Alcé la vista y ellos me devolvieron la mirada que habían estado sosteniendo entre ellos durante unos segundos sopesando aquellas palabras.
-Jake me invitó a la reunión del concejo. Le dije que si así que…
-¿Es una cita? – preguntó papá.
-¿Una cita?
Fruncí el ceño.
Me había invitado a la reunión, nunca dijo tenemos una cita o que vendría por mí a casa, cosa que de todas formas no iba a hacer.
-¿Por qué no? – preguntó papá.
-Él está ocupado.
-¿Entonces no es una cita?
-¿Que quieres decir con que es una cita? – pregunté perdiendo la paciencia.
Mi madre le lanzó una mirada a su esposo que de tener rayos láser le hubiera traspasado la cabeza. Mientras tanto seguía sin entender el significado de la "cita."
-Está bien. Puedes ir Nessie – musitó Bella.
La miré al instante dibujando una sonrisa en mis labios.
-¿De verdad?
Mi madre asintió.
Dirigí la mirada a Edward quien parecía estar debatiéndose por dentro pero asintió y sonrió.
-¡Gracias! Les prometo que volveré temprano – dije saliendo de la cama de una salto.
Antes de salir de la habitación les lancé un beso y ellos volvieron a su lectura.
Esa noche dormí relajada. No hubo sueños incoherentes y sin sentido solo colores y formas extrañas. Me levanté temprano y me di un baño para ir a casa de mis abuelos. Papá salió antes que despertara así que imaginé que estaría en la mansión por lo que pude pensar sin restricción alguna. Hoy me vería con Jake en la Push, por fin. La espera se había convertido en algo a lo que le empezaba a temer. No quería estar lejos de Jake por más tiempo del que fuera necesario. Despertar temprano, desayunar, ir a la mansión a arreglar un "asunto" relacionado con un dinero, esperar a Leah y tomar la carretera a la Push, todo esto sucedía en un lapso de dos horas según mis cuentas y no necesitaba retrasarme ni un segundo, tomando en cuenta que amaneció lloviendo a cantaros, la carretera estaría mojada, iba a tardarme media hora si respetaba las normas de velocidad. Al terminar mi desayuno, pedí prestado el auto a mi madre y esta me lo concedió feliz aunque con cara de quien no quiere la cosa recordando mi última excursión sobre ruedas en el Porsche.
-Ten cuidado cielo – dijo Bella.
-Te quiero.
-Y yo – le di un beso en la mejilla antes de cerrar la puerta de la casa.
Corrí a toda velocidad por el bosque y en menos de un minuto estuve atravesando el rio. La puerta de la casa estaba abierta pero al llegar al porche toqué con los nudillos asomando la cabeza por el umbral.
-¡Buenos días! – canturreé.
Mi padre y Emm giraron sus cabezas en mi dirección. Emm esbozó un sonrisita de las suyas. Entonces recordé por lo que había venido a la mansión además de buscar el auto.
-Emmett Cullen – vociferé.
Emm carraspeó.
-Tío Emmett Cullen - corrigió - de Rosalie.
Suspiró.
Avancé hacia la salita donde se encontraban los vampiros y rodeé el sofá sin despegar la mirada de mi tío.
-Padre – saludé.
Edward sonrió.
-Tío Emm – dije con una vocecita – ¿dónde diablos metiste ese dinero? Te dije que era para comprar mi mald… ¡mi auto! – Miré a mi padre – lo siento papá, se supone que te enterarías de otra manera pero lo sabías desde hace un tiempo ya. Ese dinero era para mi auto. No le digas nada a mamá, ella es más feliz si cree que no me interesa comprarlo.
Emm se carcajeó.
-Tu madre es más feliz cuando se traga tu desinterés por los autos veloces. En realidad ella lo sabe.
Esperé.
Por supuesto que lo sabía. Desde que nací mostré simpatía por los autos y por la velocidad, lo llevaba en la sangre.
-¿Tío Emm, Puedo saber en qué invertiste ese dinero?
-En realidad, solo lo tomé prestado.
Puse los ojos en blanco.
-Te lo pagaré – dijo Emm poniendo cara de drama.
-De acuerdo.
Besé a papá en la mejilla y choqué los puños con Emm. No estaba enfadada para nada. Del que menos debía quejarme era de mi tío Emm que nunca perdía oportunidad para obsequiarme algo, pero ese dinero era la única esperanza que tenia para comprar mi preciado y único capricho.
Subí las escaleras hasta la habitación de la abuela Esme de donde provenían las carcajadas sonoras de Alice y las risitas alegres de Rose.
-¡Buenos días! – dije abriendo la puerta tras tocar.
-¡Buenos días! – dijeron mis tías y la abuela al unísono.
Caminé a través de la habitación pasando frente a la gran cama, mi abuela estaba sentada de espaldas en su escritorio, pasé los brazos por su cuello y le di un beso en el pelo que tenía un olor riquísimo y la suavidad de cada hebra de cabello se unían con armonía en los mechones de rizos suaves. Esme besó mis manos y luego se giró para abrazarme.
-¡Buen día abuela!
-Buen día mi niña – dijo con dulzura.
Cuando terminó nuestro abrazo me abalancé en la cama para saludar a mis tías.
-¿Como están chicas? – pregunté acostándome en medio de ellas.
-Bien.
-Muy bien.
-¿Por qué se reían tanto? – musité.
-Es que nos estábamos imaginando a Garrett con el traje de novio. Tan solo verlo tan formal me da mucha risa, después de todo no es su estilo – dijo Rose.
Entonces recordé que Garrett y Tanya ya debían haber informado sobre su matrimonio a mis abuelos.
-¿Ya saben que día se van a casar? – pregunté.
-En un mes. Tenemos que irnos a Denali para arreglar todo.
Parpadeé y me incorporé en la cama.
-¿Cuando se van?
-El fin de semana.
-Pero…la boda es en un mes – musité – ¿Por qué tienen que irse tan rápido?
- Ya sabes cómo es Tanya, quiere que todo salga perfecto en la boda de su hermana y hay mucho por hacer. El vestido quiere que lo diseñe, como lo hice con el de tu madre. Rose y Esme se encargarán de la decoración y tú – Alice me tocó la punta de la nariz con su dedo índice – Te irás a Denali con tus padres una semana antes.
-¿Todavía tengo que llevar los aros de matrimonio? – pregunté con fastidio.
-Nessie, cielo. Esto es muy importante para Kate y Garrett. Quieren que seas tú la que lo haga – dijo Esme sin despegar la vista de sus planos.
-¿Si abuela pero no crees que me veré muy ridícula haciendo esto?
Salté de la cama y tomé un cojín del sillón colocándolo encima de mis manos, simulando tener los aros, luego, como si fuera la marcha nupcial al altar, caminé poniendo mi peor postura con la cabeza gacha y dando pasos lentos y para nada elegantes.
Se carcajearon.
-Tendrás que practicar un poco – dijo Esme.
-Tu vestido será hermoso, de un tono rosa. El mismo color de la decoración.
-¿Rosa? – saltó Rose – Pensé que sería champagne.
-A ella le parece mejor rosa.
-Oigan no soy un mueble ¿por qué tengo que ir del mismo color de la decoración?
Alice miró a Rose pidiéndole apoyo.
-Ella quiere que vayas de rosa – matizó Rose.
-No iré de rosa – dije negando con la cabeza.
-Oye no soy la que se va a casar – se defendió Alice – Kate es la que toma las decisiones.
Esme rio despacio.
-Nessie estoy segura que te va a encantar el vestido. Cuando lo veas no te va a importar si pareces la mesa del pastel – dijo Alice con una sonrisita de culpa.
Entorné los ojos con rabia.
Mis tías se carcajearon de nuevo con ganas. Miré el cojín que aún llevaba en las manos y sin pensarlo demasiado lo lancé con todas mis fuerzas en dirección a la cama donde Alice y Rose se retorcían de la risa. Antes de que pudiera siquiera tocar a Alice, esta lo arrojó hacia mí con más velocidad y el cojín salió disparado de nuevo pero lo esquivé de un manotazo que terminó por romper la fina tela. Un montón de plumas volaron en el aire en todas direcciones cayendo en espiral en la alfombra del piso.
-Fue ella – dijimos Alice y yo al mismo tiempo señalándonos con el dedo la una a la otra.
-Ahí quedó otro cojín – se lamentó mi abuela.
Mi padre entró a la habitación seguido de Emm quien tenía la expresión llena de emoción de seguro pensando en una próxima batalla de almohadas.
-Oh, Emm estamos en zona de guerra – dijo papá con una sonrisa.
-Tendré que cuidarme.
Edward besó a Esme en la mejilla, tomó una silla y se sentó a su lado.
-Las batallas terminaron por hoy – dijo Rose en tono de advertencia.
-Descuida amor te protegeré.
-Mejor cuídate tú hermanito, la última vez no te fue muy bien – dijo Alice a modo de burla refiriéndose a nuestra última lección de lucha.
Sonreí.
Emm frunció el ceño.
-Está bien tío, te concederé la revancha.
-Más te vale.
Hubo una pausa.
En Denali sería perfecto organizar una batalla. Mientras mamá está ayudando a las chicas yo estaré intentando matar al grandulón.
Papá sonrió.
-¿Como es mi vestido? – pregunté repentinamente desviando la mirada de mi padre.
-Lo verás pronto – dijo Alice.
-¿Puedo verlo ahora?
Negó con la cabeza.
-¿No está terminado? – pregunté.
- Lo está.
-¿Entonces por qué no puedo verlo?
-Ya lo verás.
-Sí, claro un día antes de la boda ¿no? – puse los ojos en blanco.
-O cinco minutos antes de la boda – dijo Rose.
-No es justo – dije encogiéndome de brazos.
-Confía en mí. Te quedará precioso.
-Ni siquiera has tomado mis medidas. He crecido los últimos meses.
-Desde luego que sí. Tengo el diseño mas no el vestido.
-Por supuesto.
-Lo único que tengo que hacer es hacer unos ajustes y enviarlo para que lo elaboren.
Fruncí el ceño con curiosidad.
-¿A dónde?
-Seattle.
Alice no parecía tener la mínima intención de seguir adelantando mas nada sobre mi vestido para la boda de Kate y Garrett. La boda en la que haría el ridículo completamente. No me entraba en la cabeza el afán que tenían los novios por que fuera yo la que llevara los aros en la ceremonia. En las películas estas cosas las hacían niños pequeños, en la vida real, fuera de la ficción, los niños llevaban los aros.
