Un lugar donde empezar

A la mañana siguiente fui a desayunar a la mansión porque ni Edward ni Bella estaban allí cuando desperté y yo no era precisamente alguien con muchos dotes en la cocina. Mientras que mi familia entera gozaba de ese fabuloso don, una vez más, yo era una vergüenza para mi especie con solo una receta, fácil y para nada elegante, en mente "los benditos muffins." Nunca supe exactamente como aprendí a hacerlos, lo que sé es que después de muchos asquerosos intentos logré un regular resultado, a decir verdad los muffins tampoco eran mi fuerte. Tenía que pedirle a mi madre que me enseñara a cocinar, no es que ella nunca lo haya intentado conmigo, es que yo jamás le presté atención, lo que hacía era comer en mis clases.

Mi abuela, una vez más, me complació y me alegró el día con mis favoritos, hot cakes de manzana. Mientras masticaba, escuchaba con atención las barbaridades que decía Emm, al encargado de los trajes de boda de los chicos, por teléfono hasta que Esme le lanzó una mirada de advertencia para que dejara de hacerlo.

Emm colgó sin dejar hablar a aquel hombre.

-¿Que sucede? – pregunté engullendo un pedazo de aquella maravilla.

-Se supone que el traje del novio debía estar listo este fin de semana para la prueba final – musitó lanzando el teléfono al sofá con tal fuerza que rebotó y salió disparado al suelo.

-¿No lo está? – dijo Esme alarmada.

-Claro que sí, solo que debía ser blanco, no gris y blanco.

Me eché a reír.

-Ya te pareces a Alice.

Emm se sentó en una de las sillas del comedor frente a mí con cara de frustración.

-Por lo que escuché, lo tendrá listo para mañana mismo ¿no? – preguntó Esme.

Mi tío asintió.

-Entonces no hay de qué preocuparse Emm.

-Alice me va a matar – se lamentó.

-Y luego irá por aquel pobre hombre – dije a modo de burla.

Emm suspiró.

-Te dije que no permitieras que Alice te metiera en esto. ¿Te lo dije o no?

Mi abuela rió con suavidad desde la cocina.

-Por lo menos no soy yo el que va a llevar los aros.

Se levantó de un salto y puso las palmas de las manos hacia arriba y comenzó a caminar tarareando la marcha nupcial.

Fruncí los labios.

-Prefiero eso a ser un diseñador amante de lo espiritual. Como estuvo eso de "prefiero el azul eléctrico, inspira vida" – musité usando su mismo tono de voz.

Emm se detuvo en medio de su parodia.

-¿Que dijiste? Creí haber escuchado hablar al mantel de la mesa de los novios Esme. ¡Oh no! Eres tú Nessie – bromeó colocando una mano alrededor de su oreja.

Resoplé.

-Basta chicos. ¿Nessie terminaste el desayuno? – dijo Esme.

-Ya casi.

Le saqué la lengua a Emm y me levanté de la mesa con el plato en las manos. Lo dejé en la barra de la cocina y salí de nuevo para hacer las paces con mi tío, me interesaba hacerlo.

-Oye tío Emm – Emm me miró con una sonrisa triunfante - Sé que todo saldrá bien con…el traje de Garrett y…en fin. ¿Me prestas las llaves de tu auto? De todas formas ya Rose me dio permiso así que…

-No, no, no – dijo Emm alzando su dedo índice – Puedes hacerlo mejor Nessie.

Puse los ojos en blanco.

-Tío Emm, los trajes para la boda quedaron excelentes, se que te esforzaste y pusiste empeño para que quedarán dignos de una boda de alguien de la familia. Garrett te va a amar después que lo vea y va a querer vestirse más formal a partir de ese día y solo por tus brillantes diseños, que sé que sacaste de internet – Emm carraspeó – Quiero decir, solo copiaste algunas ideas, lo demás es autentico, es tuyo. Alice ha hecho un buen trabajo y sé que está orgullosa de ti. Logró contigo algo que conmigo todavía quiere.

Dije esto último con toda la sinceridad. Los diseños de los trajes de los chicos y el novio quedaron geniales para la boda y Emm tiene una imaginación bastante buena. En comparación conmigo, Alice no pudo sacar de mí ni una sola opinión para mi vestido, todo me parecía bien y eso que aún no lo había visto. El mío aún estaba en Seattle junto con el vestido de la novia y no lo vería hasta el día antes de la boda. Al parecer, las medidas que cuidadosamente me había tomado Alice esta misma mañana antes de irse de caza con mi madre y Rose, concordaban según ella de una forma impresionante con las medidas con las que había trabajado su sastre favorito, el mejor para ella y no lo dudo, alguien que sea capaz de hacer un traje sin medidas exactas sirviéndose de una fotografía debía ser un genio. Así que tenía la esperanza de verlo esta misma semana pues pensaba que me harían la prueba final como a los chicos pero no, ahora esperaría hasta dentro de tres semanas como mínimo.

Emm sonrió.

-¿Algo mas, pequeñuela?

Suspiré.

-Sí, podrías, por favor, darme las llaves del Nissan? – sonreí.

-Mmm…

-Tío Emm – lo insté.

-Dime que soy…

-¡Sí, eres el mejor tío del mundo!

Corrí a abrazarlo.

-¡Así me gusta!

Sacó de su bolsillo las llaves y me las entregó.

-¿A dónde dices que vas?

-A Port Ángeles. Debo sacar el dinero para Seth lo antes posible.

-Bien – asintió.

Mi abuela se encontró con nosotros en la sala.

-Es muy generoso de tu parte ayudar a Seth cielo – me sonrió.

-Gracias abuela – le besé la mejilla – Ya me voy.

Choqué los puños con Emm como siempre y salí disparada hacia la puerta de la cochera.

La mañana estaba oscura y pronto empezaría a llover pero tenía que ir primero a la Push por Jake.

Leah no había hecho sus rutinas de ayer por la noche, imaginé que tendría problemas para comunicarse con Jake. Iba a tener que decirle que no fuera tan dura con él, pues hizo lo que pudo y si la chica no coopera entonces…no tomaría medidas tan drásticas con Leah pero la haría entrar en razón.

Suspiré.

-Ella también debe sentirse tan mal o peor que Jake – me reprendí a mí misma.

Fijé la vista en la carretera por un segundo por si acaso, ya conducía igual que Alice, pero no había muchos autos y como siempre libre de peatones, de vez en cuando se veía uno que otro transeúnte vagando quien sabe a dónde. Ya casi llegaba a la Push cuando visualicé a lo lejos la silueta perfecta de Jake, su aroma se coló por el compresor de aire acondicionado, pero solo un olfato como el mío sería capaz de olerlo a tal distancia. Mi cuerpo reaccionó como siempre, el cosquilleo extraño en el estomago y los latidos alterados de mi corazón se acompasaron con los de Jake, a medida que me acercaba los oía con más fuerza.

Detuve el auto a su lado y bajé el cristal ahumado de la ventana.

-¿A dónde puedo llevarlo joven? – pregunté con seriedad fingida.

Jake sonrió pero me siguió la corriente.

-Iría a cualquier lugar con usted hermosa señorita.

Nos echamos a reír.

Jake bordeó el auto y subió con rapidez. A continuación tomó mi rostro entre sus manos y besó mi frente con dulzura.

-Te extrañé – musitó.

-Yo también – dije a media voz.

Encendí el motor de nuevo y conduje en dirección a Port Ángeles.

-¿Cómo es que sabías que vendría por ti? – pregunté.

-Bueno, estaba seguro que vendrías – sonrió con timidez.

-¿Jake, desde cuando estabas esperándome allí?

-A quien le importa Nessie.

-¡Oye, a mi me importa! – dije enojada.

No podía creer que Jake haya dicho aquello. ¿Es que acaso no le había mostrado lo suficiente que me importa demasiado?

-Solo estuve allí unas horas, nada más.

-¡¿Unas horas? – vociferé entornando los ojos.

Jake sonrió.

-Jake no quiero que… vuelvas a hacerlo ¡Tú debes esperar que vaya por ti! ¿De acuerdo?

Sin decir nada me tomó del mentón sin aparatar mi rostro de la carretera y besó mi mejilla. Ya me estaba gustando enfadarme más seguido si Jake seguía respondiendo de esta forma.

-No te enfades.

Inspiré.

-No estoy enfadada – maticé.

Tomó mi mano y le dio un leve apretón. Jugueteé con sus dedos por largo rato, mientras conducía, hasta que por fin llegamos. Aparqué el auto cerca del banco y bajamos.

-No puedo creer que estemos aquí – dije con emoción respirando el aire fresco.

-¿Qué te parece Port Ángeles? – dijo a modo de broma.

-He venido otras veces, con mi madre – me defendí.

Port Ángeles no había cambiado demasiado desde la última vez que vine, normalmente veníamos por las tardes cuando el sol ya no brillaba pero ver la ciudad en plena luz del día fue maravilloso. Aún no había llegado el nubarrón gris que procedía de Forks así que aproveché al máximo el sol.

-¿Vamos? – preguntó Jake.

-Sí.

El gerente del banco me recibió como imaginé que lo hacía con mi familia. En ningún momento apartó la vista de mí mientras nos dirigíamos a la oficina central, Jake tampoco se separó de mi lado ni un segundo. Mientras firmaba el talón de retiro y otras cosas pertinentes, a mi lado, Jake comenzó a intercambiar una especie de miradas con el gerente, un hombre bien parecido, miradas que no eran para nada agradables.

-Y bien, señorita Cullen, tiene que firmar este otro –colocó otro papel delante de mí.

-Claro.

El gerente se levantó muy despacio sin aparatar la vista de Jake y salió de la oficina casi al trote.

-¿Jake, que te pasa? – susurré clavando la mirada en sus ojos.

-Nada, no pasa nada – volvió la vista a la puerta.

El interpelado regresó con un sobre en sus manos color gris y lo puso delicadamente en mis manos.

-Mil dólares en efectivo. Gracias por haber venido. Su familia siempre será bien recibida.

-Eh, si…bueno gracias. Vamos Jake.

-Adiós, señorita Cullen.

-Adiós Pratt – le di la mano y él la estrechó.

Jake pasó un brazo por mi cintura y abrió la puerta para dejarme pasar primero. Al salir volvió la vista y asintió una sola vez.

-¿Adiós Pratt? – dijo con sorna mientras caminábamos por el pasillo.

-Bueno así se llama ¿no?

Bufó.

-Vamos Jake, no siempre he sido tan formal.

-Ese tipo te estaba mirando como un idiota, casi se le cae la baba ¿No te diste cuenta?

-Si me di cuenta y también vi como lo mirabas tú.

-Es un imbécil – dijo entre dientes.

Sentí un cosquilleo en el estomago al escuchar como Jake maldecía por lo bajo al gerente. Llevaba el ceño fruncido y la mirada gacha. Me gustaba que sintiera pertenencia por mí, tuve el impulso de preguntarle si estaba celoso pero no aguantaría la risa y además lo incomodaría sin necesidad. Me bastaba con saber que odiaba a aquel hombre por mirarme de ese modo. Evité no compararlo con el del aeropuerto y agradecí con el alma que papá haya desistido de la idea de venir, después de convencerlo que podía hacerlo sola, pues leer la mente del gerente no lo iba a mantener mucho tiempo en el asiento de la oficina.

Nos detuvimos frente al auto y nos quedamos en silencio por unos segundos. Me puse a analizar la sensación de libertad que producía en mí el observar aquellas calles y a los lugares a los que podría ir con Jake antes de tomar el camino de regreso a casa. No tenía ganas de volver y por la expresión de Jake estaba segura que él tampoco.

-Quieres ir a algún lugar.

-Claro vamos – dije a la vez con la emoción escrita en mis ojos.

Nos miramos y nos echamos a reír.

-Conozco un lugar. Es un pequeño parque…

-Lo que tu digas – lo interrumpí maravillada.

Otro cosquilleo se apoderó de mi estomago que casi tuve que apretar los labios.

-Bien, entonces vamos.

-¿Quieres conducir? Llegaremos más rápido.

-Claro.

Subimos al auto con Jake al volante y condujo a aquel lugar al que, según él, había visitado en una sola oportunidad. Era la primera vez que estábamos solos, solos de verdad fuera de casa y lejos de los ojos de mis padres de los de Emm o Rose, Billy o Rebecca. Me sentí extraña, nerviosa y se me hacía imposible mirar a Jake, no entendía por qué pero supuse que era porque estábamos pensando lo mismo o porque estaba mal escaparnos de nuevo. ¿Nos estábamos escapando? Si, nuevamente vacilé en tomar el teléfono y llamar a Bella para avisarle que nos habíamos desviado para ir a un parque, pues la orden fue clara, "regresen al terminar en el banco" pero primero debía atender mis propias ordenes, "Haz todo lo que quieras."

Me sentí rebelde, pero eso no era precisamente un sentimiento del que estuviera orgullosa, pero si el serlo me daba tiempo para estar con Jake a solas entonces no había nada que perder. Nuevamente me enfrentaría a mis padres, me castigarán, esta vez lo harán, estaba segura. Jake era mi verdadera inquietud, seguramente estaría debatiéndose por dentro, sintiéndose culpable pero no iba a permitir que titubeara, si el quedarme callada todo el camino lo hacía pensar que yo estaba segura de lo que hacíamos entonces mi boca no se iba a abrir de nuevo hasta que pisáramos el parque.

Tenía la corazonada que íbamos a pasar un buen rato, no lo quería arruinar diciendo estupideces, le iba a alegrar el día a Jake. Se lo merecía, aunque fuera por unos segundos…

-Aquí es – dijo Jake al cabo de unos minutos.

Miré por el cristal de la ventana mientras Jake buscaba un lugar donde estacionar el auto. La gran parte del lugar estaba cubierto de césped de un verde intenso con numerosos árboles que ofrecían sombra a sus visitantes y sus mascotas. Una variedad de flores y arbustos rodeaban la pequeña placita con una fuente, era simplemente hermoso. Este lugar me encantó más de lo que imaginé, más que cuando Jake me preguntó si quería ir a otra parte. Mi lobo sí que sabía a la perfección todo lo que me gustaba.

Dejamos el auto en un lugar cercano y caminamos por el césped hasta encontrar un espacio cubierto de arbolitos que nos proporcionaban sombra. Fascinada de aquel lugar me senté en el césped y recliné la espalda del tronco del pequeño árbol, Jake se sentó a mi lado apoyando los brazos de las rodillas.

Suspiré.

-¿Te gusta? – preguntó.

-Este lugar es hermoso – dije sin dejar de mirar a todas pates – ¿Cómo es que nunca me trajiste?

Se encogió de hombros.

-No salíamos mucho de casa, ya sabes, de la Push a casa de Charlie, de allí a tu casa, de tu casa a la mansión, de la mansión al bosque, de caza…

Se echó a reír, lo imité.

-No me había dado cuenta de lo aburrido que es ser un vampiro – dije riendo.

-Si, Nessie la rara.

-Ajá.

Reímos de nuevo.

-Esta es la parte humana que me gusta, porque también eres humana Nessie, aunque sea una parte de ti – dijo.

Fruncí el ceño.

-¿Cuál es mi parte humana que te gusta?

-La parte en la que te escapas para ir a una fiesta robando un auto, o en la que desafías las ordenes de tus padres para venir a un parque – hubo una pausa - La parte en la que sonríes al ver el sol. Me gustaría que fueras más humana y que dejaras de pensar por un tiempo como una vampira.

Entoné los ojos.

-¡Wow!- sonreí sorprendida – Se te olvida la parte en la que hago todo esto por ti.

-Entonces, me encanta lo humana que eres cuando estás conmigo. Yo también me siento así.

Bajé la vista.

-¿Hablas en serio? – pregunté con seriedad.

Asintió.

Me quedé pensativa escuchando las risas alegres de una niña que jugueteaba con su cachorro, tenía una pequeña pelota en sus manos y la arrojaba a un lugar mientras su perrito sumamente feliz corría tras ella agitando las orejas. Sonreí también, alegre de ver a aquella pequeña disfrutar tanto bajo el sol, corriendo para intentar alcanzar a su mejor amiga, lo supe porque llevaba un cordón rosa alrededor de su cuello peludo del cual pendía una placa dorada. Jake me miraba de reojo con una media sonrisa en sus labios.

-No me habías dicho que me prefieres totalmente humana – inquirí con suspicacia.

-¿Lo dije? – preguntó medio divertido.

-No, pero algo me dice que así es. ¿Por qué?

Esperé.

-No te ofendas Nessie, lo menos que quiero es hacerte molestar.

-Está bien – dije con intriga.

-Tienes una larga vida por delante – se detuvo cavilando mi expresión – Aún hay muchas cosas que no entiendes cielo – añadió con cautela.

Él bajó vista avergonzado.

-Entonces quiero que me ayudes a entenderlas – murmuré.

Jake alzó la vista al instante y me dedicó su ancha sonrisa. Entonces lo abracé.

-Tengo una larga vida y muchas cosas que entender, solo espero que estés allí para verme caer, soy una humana muy torpe.

-Estaré donde tú quieras que esté, siempre – añadió.

-Y quiero volver a este lugar más seguido.

-Suena como si ya quisieras regresar a casa.

-¡No! Aún no quiero irme – aclaré.

Sonrió.

En realidad no quería regresar, con solo pensar que tenía que dejarlo me producía espasmos. Ya no podía soportar estar separada de Jake.

-Entonces creo que tengo algo que "explicarte" – dijo la última palabra con vacilación.

¡Si, por favor! – grité en mi mente pero esas palabras no llegaron a mis labios. En cambio me relajé y puse expresión de no saber de qué me hablaba. "Cualquier cosa menos incomodar a Jake."

-¿Qué cosa? – vacilé.

-Sabes de qué hablo.

-No la verdad n…

-Te besé en el Edén porque…

Mi respiración se aceleró.

-Jake no tienes por qué hablar de esto.

-Quiero hacerlo – protestó.

Desvié la mirada y apreté las yemas de los dedos en su mano.

-¡Terco! – pensé.

Jake entrelazó nuestros dedos ignorando mi pensamiento.

No quiero escucharlo!

-Déjame hacerlo – me suplicó.

No pude impedirle a mi mente que trajera ese recuerdo de las profundidades donde lo mantenía bajo llave. Una vez que lo liberaba era demasiado difícil llevarlo a su lugar, pero no me molesté demasiado en evitarlo, dejé que Jake disfrutara ese momento en el edén, de nuevo, a través de mis dedos.

Rememoré todo, hasta los árboles del bosque de Ginebra los veía con claridad, luego me vi a mi misma de pie frente a Jake, este sostenía mi rostro entre sus manos - Me besó, no lo podía creer. Aquellos ojos, hermosos. Ahora me encontraba inmóvil y confundida en el auto, de regreso al Edén. Todo se llenó de agua, pues recordé que me lancé al lago completamente vestida. ¿Cómo me sentí? Abrumada, nerviosa, confundida, feliz, emocionada, enojada, triste, acobardada. Me vi a mi misma en la ducha, eso lo obvie con rapidez. Luego recordé la suavidad de las almohadas cuando me recosté en la cama de Alice y Jazz. El cálido aroma de la sangre de Jake, mis impulsos de ir a probarla, solo un poco – ¡Maldita sea! Eso se me escapó – Pero volvió de nuevo…Su sangre, dulce sabor prohibido, la bebería completa hasta la última gota – "¡No, no, no!" ¡Olvida eso Nessie! - Recordé las lecciones, ¡esas que te perdiste Jake! y luego mi sueño, el sueño en el que lo vi besarme, pero no, esa no era yo, solo que se parecía a mí. ¿Cómo pudiste besar a otra Jake?

-Suficiente – dije a media voz.

Separé los dedos de su mano y parpadeé.

-Eso fue… ¡eso fue genial Nessie! – dijo Jake que parecía estar saliendo de un trance mental.

-Sí, pero no te acostumbres – reí.

-No sabía que estimabas tanto mi sangre – bromeó.

Torcí el gesto y bajé la vista odiándome por haberle mostrado ese recuerdo a Jake.

-Está bien Nessie, no tienes por qué avergonzarte.

-Esa es la parte de los vampiros que odio y tú también – me sentí triste repentinamente.

Jake lo notó y su expresión cambió de un momento a otro. Vi a un Jake desesperado por remediar lo que había dicho.

-Nessie, no te odio, cielo yo te…

El dolor en mi pecho se hizo presente de la nada y yo sabía por qué.

-Ansío tu sangre cada día no se cómo lo soporto – me detuve a respirar pues mi esófago ardía – Pero cada vez que estas cerca mi garganta arde, es algo que no puedo evitar Jake lo siento, lo siento tanto. Para mí a veces es mejor ser vampira, soy muy débil como humana, no soy buena para nada ni para nadie.

Sollocé.

-Oh, no, Nessie no llores por favor.

Me envolvió en sus brazos.

-No llores. ¡Shh, Shh! no llores mi cielo.

Qué horror, yo debía tener problemas de depresión de algún tipo sicópata, ahora resulta que a la que deben consolar es a mí. ¿No era al revés? ¿Cómo es posible que esté llorando? No eres una bebé Renesmee. -¡Maldita sea!- me sequé las lágrimas y cerré los ojos.

Dejé que Jake me consolara todo lo que quiso, eso me hizo sentir mejor.

-Déjame aclararte tres cosas – dijo sin dejar de abrazarme.

Sacudí la cabeza.

-Escucha, primero: No me importa y escucha bien, no me importa en absoluto que quieras, desees, anheles, añores mi sangre, te la daría completita feliz…

-¡Jake no digas eso! – dije alarmada.

-Es la verdad. Segundo: Eres vampira, eso no se puede cambiar pero lo puedes arreglar ¿cómo? Tú familia y tú son un verdadero ejemplo. ¿Quien además de ustedes se ha atrevido a conformarse con la sangre de animales? – Me tomó de las manos – Y tercero: no te odio, jamás podría odiarte, eso es imposible, tampoco eres débil. No quiero escuchar que digas eso de nuevo. ¿Está claro?

Asentí.

-Te quiero Jake – dije a media voz antes de lanzarme hacia él para abrazarlo.

-Yo también mi Nessie – me tomó del mentón – Y algo más, eres buena en muchas cosas, Eres buena para todos y para…mí.

Eso terminó de alegrarme. ¡Jake había dicho que era buena para él! pero…Un momento, ¿Jake acababa de decir que era buena para él? ¿Pero buena en qué sentido? ¿Cómo podía ser yo buena para Jake si en lo que pensaba, cuando estaba con él, era beber su sangre? ¡No! Eso no puede ser, es inadmisible, Jake no puede pensar que soy buena para él de ninguna forma, claro que no. Esto iba a sonar horroroso, terrible incluso para mí que no era completamente humana pero prefería mil veces ser buena para otro, estar cerca de otro, humano o no, antes que seguir poniendo la vida de mi lobo en riesgo, no podía perderlo de ese modo.

Sentí asco de mi misma.

-Jake yo no puedo ser buena para ti, ni para ningún otro – dije casi sollozando por lo que había pensado antes.

Jake crispó el rostro.

-¿Pero qué dices? – Me aferró fuerte – ¿¡Renesmee que diablos!

Se levantó y clavó la vista en otro lado.

-¿Jake? – susurré.

Él no contestó.

Me levanté despacio en silencio y caminé hacia él, entonces lo abracé con fuerza hundiendo mi rostro en su espalda.

-Lo siento.

Comencé a llorar.

El dolor en mi pecho aumentó, tanto así que me sostuve con fuerza de su camisa para no caer.

-No te enfades, por favor – dije entre sollozos.

Jake se giró y me envolvió en sus brazos como nunca antes.

-Aunque tú no lo creas eres mejor para mí de lo que piensas – sus ojos estaban enrojecidos – No estoy enfadado mi Nessie, solo que me duele escuchar lo que dices.

-Pero es la verdad…

-No sigas – dijo besando mi frente.

No importaba cuanto lo dijera, siempre pensaría así.

-Pero soy una vampira – murmuré escondiendo mi cara en su pecho.

-Mitad vampira y no te quiero por lo que eres sino por lo que soy cuando estoy contigo – dijo con decisión.

Negué con la cabeza

-Me haces feliz Nessie, entiéndelo.

Esas palabras me quebraron en mil pedazos.

-Tú también me haces feliz Jacob BlackPensé, apretando los dedos en su ancha espalda.

Era el momento para los segundos que tanto había esperado. ¡Al diablo con todos! ¡Al diablo con la vida! si nunca iba a poder estar con él, si algún día de todas formas Jake tendría una familia entonces no tenia que perder. El había dicho claramente "me haces feliz Nessie" eso me bastaba y sobraba. Todo mi cuerpo reclamaba los labios del lobo, quería sentir eso que aún no experimentaba y quien mejor que Jake. Al demonio con las malditas películas de romance adolescente, ¿Quien dice que para besarse hay que estar bajo la condición de un "sí quiero ser tu novia"? él también me hace feliz, esto era lo que quería y lo iba a hacer, solo que no sabía por dónde empezar, sin olvidar un importantísimo detalle, no sabía besar. Alcé la vista y lo observé por unos segundos analizando su expresión, los dos estábamos igual de asustados, al menos el sabía lo que se le venía encima. Soy hija de Bella Cullen la predecible, en mi cara estaba dibujada toda una confusión y en la de él, ni hablar.

Llevé mis manos a su cuello y lo acerqué a mí con suavidad y antes de que pudiera darse cuenta de lo que intentaba apreté mis gruesos labios en los suyos.

Divina sensación.

Todo mi cuerpo reaccionó o mejor dicho, se accionó como una bomba. Un calor casi alarmante, para mi frío cuerpo, recorrió mis venas hasta llegar a mi corazón calentándolo de forma instantánea. Moví los labios con suavidad sin saber lo que hacía. Jake se volvió una piedra pero luego colocó una mano en mi nuca para atraerme más a su cuerpo en llamas, no me importó, lo abracé, lo abracé fuerte con los latidos del corazón a mil por hora y mi garganta casi chamuscada por el fuego que me producía el aroma de su sangre. Nuestros labios se movían con sincronización, con lentitud, ¡oh cielos, sus labios! que dulces y deliciosos eran, que delicados y calentitos se sentían. Mi primer beso, ese beso que tanto había añorado desde que regresamos del Edén y no me había dado cuenta de ello hasta ahora.

Gloriosos segundos.

Cerré los ojos, no quería mirar a Jake por vergüenza, aunque él no hizo nada para detenerme, se que lo tomé desprevenido. Tomó mi mentón y lo alzó, lo mantuvo así por unos segundos pero no abrí los ojos.

-Abre los ojos – me ordenó con dulzura.

Sacudí la cabeza.

Se acercó a mí y esta vez lo sentí con más intensidad, con más deseo, sellando así con un tierno beso, mi más íntimo y anhelado secreto.