Comprensión

Conduje en dirección a la mansión lo más rápido que pude, ni Jake protestó por mi aumento de velocidad cuando el reloj del Nissan de Rose marcaba casi las seis. Dejé atrás a Port Ángeles pero no lo que había sucedido allí pues lo llevaba impreso en la memoria, como si me lo hubieran grabado con fuego. No quería imaginar lo que iba a suceder cuando llegara a casa pero estaba segura de algo, esta vez sería así, por naturaleza estaría castigada por el resto de mi vida y sin la esperanza de morir. No era inmortal pero al paso que iba, con la sobreprotección, viviría unos largos siglos. Pero eso no era tan malo si Jake estaba a mi lado. A partir del momento en que lo besé comencé a emprender un viaje de esos cuando las personas no saben a dónde ir y suben a un tren sin un rumbo fijo, con la única diferencia de que ese tren llegaría a algún lugar ¿Cuál sería? No podía saberlo ahora, pero mi pasaje de ida se llamaba Jacob Black.

Ahora bien, por los momentos no podía hacer conjeturas y locas hipótesis, como que moriría al pisar mi casa o que me torturarían hasta decir la verdad, puesto que en lo único que podía pensar era que Jake, desde que salimos de Port Ángeles, no había dejado de insistir en acompañarme hasta el umbral de la puerta, mientras que yo le repetía una y otra vez que no era necesario. Simplemente era suicidio. Pero como no llegamos a un real acuerdo, éramos buenos para eso, ni él ni yo hablamos en todo el camino. Si mi padre decidía matarme, eso estaba bien pero necesitaba aclarar las cosas con Jake y persuadirlo de irse directo a la Push hasta que las aguas volvieran a su cauce, cosa que nunca pasaría pues me esperaba la mayor de las broncas. Las presunciones de mi muerte prematura no eran ciertas, mi padre nunca se atrevería a tocarme un pelo y ni hablar de Bella pero no podía decir lo mismo de Jake. Si no era mi padre el que lo golpeaba sería Emm o Jazz y solo por ahorrarle el gesto a Edward de hacerlo él mismo.

Mi nerviosismo aumentó cuando entramos a la ya conocida carretera de Forks, me sudaban las manos, pero al parecer a Jake no le importaba ni un ápice la cercanía que había de la mansión ni las hienas, esta vez eran hienas, furiosas que nos esperaban en casa y eso me producía cólera, era más terco que una mula pero él solo quería estar conmigo y solo bastó con que lo dijera y en la forma en que lo hizo para dejarme sin armas. Reduje la velocidad y con toda la decisión aparqué el auto a la orilla de la carretera.

Jake me miró.

-¿Qué haces?

-¿Podemos hablar un minuto? – pregunté con gesto de súplica.

-No insistas Nessie, te acompañaré a casa.

No contesté pero mi expresión lo dijo todo.

-Nessie entiéndeme si, no puedo dejarte sola.

-¿Y- por–qué- no? – dije marcando cada palabra con frustración.

-No quiero hablar de esto de nuevo. Vamos, enciende el auto.

Traté de controlarme pero no pude.

-¡Solo será un minuto Jacob Black! – dije alzando la voz.

Jake me sostuvo la mirada por unos segundos y luego asintió.

-De acuerdo.

Bajé la vista.

-Lo siento ¡Caray!

-No te enfades.

-Yo no…

Me daba pavor herirlo con las estupideces que decía pero si la única manera de hacerlo regresar a casa era poner mano dura entonces estaba decidida a hacerlo. Pero eso, para mí, era imposible, que fraude.

Mis dedos pasearon por su mano hasta llegar a su enorme brazo.

-Lo que hice hoy fue algo nuevo para mí. ¿Recuerdas cuando me enseñaste a montar bici? – Él asintió – ¿Y que después que aprendí a hacerlo no quise dejarlo? Me siento así en este preciso instante.

Sonreí con vergüenza.

-No sabes cuantas ganas tengo de montar bici ahora – dije con ironía pero con sinceridad.

Tenía muchas ganas de besarlo en ese preciso instante pero tenía algo igual de importante que hacer, regresar a casa primero.

Jake cerró los ojos asintiendo con la cabeza, como si estuviera de acuerdo conmigo.

-Tengo miedo, tengo mucho miedo y me alegra que estés conmigo aquí y ahora, pero te suplico Jake, vete a casa, vete a casa cielo. Te prometo que estaré bien.

Él bajó la vista con expresión herida.

-Mírame – lo tomé del mentón para que me devolviera la mirada – Desde que llegamos del Edén no he dejado de pensar en lo que pasó y vivo con la incertidumbre de no saber si mis sueños me traicionan, Si papá por casualidad estuviera demasiado atento y lo escuchara en mi mente…no se qué haría. Creo que Bella lo sospecha pero no paso demasiado tiempo en casa como para que mi madre se dé cuenta que en verdad sucede algo.

Mientras hablaba, Jake parecía estar en blanco.

-Yo te besé hoy en aquel parque, fui yo la que tuvo la valentía de hacerlo esta vez, por favor, déjame tener el mismo valor para afrontar las cosas tal y como son. Permíteme Jake que resuelva este enredo que hay en mi cabeza y afrontar yo sola lo que me espera en casa con mis padres. Ya no soy tu bebé Nessie, ahora soy tú Nessie ya crecida, adolescente y más imprudente que antes.

Reímos.

-Sabes que no me arrepiento de haberte besado – me gustó cómo sonó aquel juego de palabras – Por lo menos sabes que me van a castigar, aunque eso no serviría de nada, igual me escaparía para verte.

-No tienes que escaparte. Yo iría por ti.

La idea sonaba atractiva.

-Corro más rápido que tú.

-Corro igual que tú cuando estoy en fase.

-Te dije que me gustabas más con dos piernas. No puedo besarte cuando estas todo peludo – dije con timidez.

Jake me acarició la mejilla.

-¿Que voy a hacer contigo mi Nessie? – dijo rozando sus dedos en mi cabello.

-Creo que… ¿besarme? – dije a media voz ya cerca de sus labios.

Lo tomé del cuello con mi mano y lo atraje hacia mi apretando mis labios en los suyos y con más seguridad que antes me abrí paso en su boca. Besar no era tan difícil cuando no era yo la que hacía todo, tomando en cuenta que aún no era una experta. Jake se tensó al instante y parecía incómodo, pero no me importó.

Nuestros labios resonaron en el silencio cuando me separé de él jadeando. Mi garganta me escocía.

Nos quedamos en silencio por unos segundos mientras yo me recobraba de aquel beso que cada vez se hacían mejor.

-¿Como le vamos a llamar a esto Nessie? – preguntó en un susurró apoyando la cabeza del asiento como si no pudiera con el peso.

Mi mente no daba para más, estaba agotada con solo tener que pensar en todo lo que me esperaba a partir de hoy. Pero mi respuesta le daría a Jake un rayito de luz y a mí también.

-Lo llamaremos…te veo mañana Jake.

Suspiré cerca de su boca.

-Yo lo llamaría…Te espero pronto.

Su sonrisa no iluminó sus ojos oscuros como siempre sucedía que estaba alegre y mi respuesta pareció desilusionarlo.

-No esperarás demasiado. Te lo prometo – aclaré al notar su expresión.

Asintió con la mirada gacha.

Mis brazos se enroscaron en su cuello, lo abracé fuerte por unos segundos esperando que lo hiciera sentir mejor y no peor, pues no era un abrazo de despedida, o si, al menos por este día. El respondió a mi abrazo, pero me dio la impresión de como si quisiera que me quedara.

-¿Puedes hacerme el favor de llevarle esto a Seth? – dije cuando nos separamos hurgando en el cajón del auto. Le di el sobre con el dinero.

-Lo haré.

-Gracias – dije.

Me miró por última vez y abrió la puerta del auto. En ese preciso instante, de mis labios salieron las palabras que había querido decirle desde un principio.

-Te quiero Jake.

Él se volvió y me abrazó de nuevo pero esta vez mi corazón sufrió un desgarrón cuando Jake habló o mejor dicho, cuando hizo el intento.

-Déjame acompañarte, por favor es lo único que te pido.

Comencé a negar con la cabeza.

-Vete a casa. Estaré bien.

Le di un leve empujoncito para que terminara de salir del auto.

-Yo también te quiero.

Lo vi salir del auto con la cabeza gacha pero le sonreí para que sintiera seguridad y para que él mismo estuviera seguro que yo lo estaba. Echó a correr cuando encendí e motor del auto, en menos de un segundo el enorme lobo canela suplantó la escultural figura de mi Jake.

Suspiré.

Me tenía que preparar para lo peor y no tenía tiempo para pensar demasiado que hacer. La mansión se encontraba casi a doscientos metros y era más tarde de lo que podía imaginar para darme el lujo de pensar excusas pobres y para nada creíbles. Llegué al sendero escondido en el bosque y estacioné el Nissan frente a la mansión.

La puerta, abierta como siempre.

No quería perder tiempo así que asomé la cabeza por la puerta y saludé a mi familia. Mis padres, por supuesto no estaban.

-Hola abuela, abuelo, chicos, ¿cómo están? – todos se encontraban en el sofá con gestos de preocupación. Pero lo que parecía más frustrada era Alice.

-Oh gracias al cielo Nessie – dijo la abuela. Ella y el abuelo se levantaron del sofá y vinieron hasta mí.

-Estoy bien.

Esme me abrazó.

-¿Donde estuviste? – Preguntó Carlisle.

-En Port Ángeles. Les explico mañana, si sobrevivo esta noche.

-Tus padres…

-Sí, lo sé – la atajé - Tía Rose gracias por prestarme tu auto – añadí mirándola por encima del hombro de Esme.

-No hay problema.

-¿Alice está bien? – pregunté antes de salir.

-Estoy bien – dijo.

-Bien.

Le entregué las llaves a mi abuela y sin mirar atrás eché a correr por el bosque a toda velocidad. Cuando estuve frente a la puerta de mi casa el corazón me dio un salto que casi se salió de mi pecho. Abrí la puerta y vi a papá parado en medio de la sala con los brazos cruzados. Mamá saltó del sofá cuando me vio.

-Hola papá. Hola mamá.

Bajé la vista.

Resultaba aterrador mirar la expresión de mis padres y mas la de Edward. No me atreví ni a moverme puesto que mis piernas temblaban al igual que mis manos, todo mi cuerpo parecía una gelatina. Traté de no pensar en nada, dejar mi mente en blanco pero era como intentar llevar agua en una cesta de un cuenco a otro. Los vivos recuerdos de Port Ángeles paseaban una y otra vez en mi mente, no podía detenerlos.

-Esto es – mi padre se detuvo en medio de la frase – Inaceptable, Renesmee Cullen – añadió con severidad.

Tragué saliva.

-Eres mi hija y la única que tendré para toda mi existencia, pero no toleraré esto por segunda vez.

-Papá yo…

-No quiero escucharlo – dijo con enfado.

-Edward – Dijo mamá en voz baja.

-Estás castigada – continuó Edward ignorando a su esposa.

-De acuerdo.

-Quiero que entiendas lo importante que es para nosotros el tenerte, pudo haberte pasado cualquier cosa.

-Está bien, lo entiendo – dije en voz baja – Pero no me pasó nada.

-No es el caso Renesmee – Dijo con desesperación – No eres vampira, eres una niña humana, entiéndelo. No puedes…simplemente no puedes aventurarte al mundo de esa forma tan imprudente, tú y Jake. Allá afuera no es lo mismo que la tranquilidad del bosque Nessie, no sabes defenderte y no creo que Jake se transforme en un lobo gigante en medio de toda esa gente. Recuerda que aún estás bajo los ojos de Aro. Tú madre y yo no soportaríamos que algo te pasara. Si algo como esto sucediera no tardaría demasiado en ir a Volterra a buscarlo así muriera en el intento.

-¡Edward no digas esas cosas! – lo reprendió mi madre

Eso me dolió en lo más profundo de mí ser. En mi mente, de una forma clara y como si hubiera sucedido ayer, rememoré la terrible situación en la que se encontró mi familia la última vez que Aro nos visitó. Pudimos haber muerto. Mi padre tenía toda la razón. El hecho de que era yo la única de la familia que podía exponerse al sol no significaba que podía abusar de eso porque aún seguía siendo la depredadora más peligrosa del mundo, aunque fuera a medias y mi familia llevaba oculta casi un siglo sin ningún tipo de problemas. Lo único que podría llamarse una "amenaza verdadera" residía actualmente en lo más profunda de las calles de Volterra a la espera de algún acontecimiento para darle el más grande provecho.

Rose me lo había dicho en el auto cuando veníamos de regreso de Ginebra, "Solo nosotros tenemos el poder de descubrirnos." Mi visita a Port Ángeles fue una verdadera imprudencia y a decir verdad, yo tampoco hubiera permitido que Jake se mostrara a los ojos de los humanos si perdía el control, aunque los Vulturi eran buenos en lo de no llamar la atención, probablemente habrían esperado que regresara a casa para imponer sus leyes, pero eso hubiera sido peor, mi familia estaría en riesgo y todos pagaríamos por la imprudencia del año llamada,"La pasé demasiado bien contigo Jake." Pero esa era la verdad, lo que hice estuvo mal, pero disfruté de ello.

-Sabes que Aro buscaría la más mínima cosa para usarla en nuestra contra – dijo mamá con la voz suave.

-Lo sé.

-¡Y Jake también lo sabe, mejor que nadie! - Dijo papá.

-Él no tuvo nada que ver, ya yo estaba pensándolo cuando…

-¡Eso es irrelevante! – mi padre estaba furioso.

Eso me enfureció a mí también.

-No soy una niña, ustedes me ven así pero no lo soy – casi grité.

-No...

Se detuvo a mitad de frase.

-Hibrida, Renesmee, hibrida. ¿Sabes lo que eso significa?

Quise hablar pero cerré la boca.

-Jake va a tener que escucharme…

Reaccioné al instante.

-¡No! Él no tuvo la culpa papá, todo fue idea mía. ¡Mía!

Edward respiraba con furia y su mirada casi me traspasaba los sesos. Si todo este tiempo estuvo eludiendo mis pensamientos, ahora estaba intentando saberlo absolutamente todo pero había algo que estaba mal.

Edward volvió la mirada a Bella con rapidez. Mi mamá frunció el ceño y negó con la cabeza una sola vez. Me acababa de perder la conversación más importante de mi vida. ¿Qué le había dicho mamá? No lo sabía. Todo había pasado muy rápido para ponerme a analizar aquellas miradas y la negación de mi madre pero estaba segura que el don de Bella me estaba protegiendo en este momento por lo que mi padre no podía leer mi mente.

En vez de enviarme a mi habitación como era costumbre, un Edward furioso se dio media vuelta y pasó frente a mí con paso acelerado saliendo por la puerta de la casa, dejándonos solas a mí y a Bella. Desobedecí las órdenes. ¡Está bien! estoy castigada, me voy a mi habitación. ¿Alguien podría decirme eso?

Mi madre, visiblemente desencajada por la situación observó la puerta por unos segundos y luego bajó la mirada sonriendo.

Parpadeé.

-Siempre quise ver esto – dijo negando con la cabeza.

Mi madre bordeó el sofá y se sentó poniendo una mano a su lado dándole un golpecito al cojín invitándome a hacerlo también. Hubiera preferido que me gritara igual que Edward y me enviara de una vez por todas a mi habitación pero me produjo curiosidad lo acababa de decir.

Caminé con pasos atropellados hasta el sofá y me senté a su lado con nerviosismo. Mi madre siempre había sido el lado opuesto a papá, ella reaccionaba de forma instantánea mientras que mi padre, siendo más cerebral, pensaba las cosas de manera mas...paciente. Pero dudé a partir del momento en que vi a mi padre perder los estribos de esa forma, así que resultaba toda una odisea ver a Bella retomarle la palabra a su manera.

-Cuando éramos novios le resultaba muy difícil dejarme sola, mi seguridad lo era todo para él y como también era humana entonces podrás imaginarte. Hasta arrestos domiciliarios a manos de Alice y más.

Sonrió.

Recordé entonces la conversación que tuvimos Jake y yo en el Edén que terminó más bien en discusión. Había dicho que mi padre me estaba controlando al igual como lo hacía con Bella, en ese tiempo yo no lo quería creer, por eso mi sorpresa al escuchar las palabras de mamá. Era cierto.

-¿Te controlaba? – pregunté con timidez.

Se me hacía incómodo hablar con mamá sobre su pasado y más de su pasado amoroso pues era algo que aún yo misma no experimentaba y las veces que lo llegué a pensar siempre me pareció totalmente efímero.

-No – se echó a reír – No me controlaba. Lo que pasa es que nuestra situación fue distinta.

Yo era una débil humana que no era más que una carga para su familia y para él, además de resultar un peligro para mi permanecer con tu padre. En ese tiempo, necesitaba realmente la seguridad que me brindaba Edward cuando yo me oponía totalmente.

-¿Qué clase de peligros ma'? – Pregunté atónita.

-Un humano y un vampiro nunca han podido tener una relación estable. Simplemente no pueden convivir en un mismo espacio. Teníamos nuestro propio Karma en aquel tiempo.

-¿Los Vulturi y la pelirroja?

-Ajá. Pero había algo más, ¿puedes imaginar qué? – preguntó.

Negué con la cabeza.

-Seguía siendo humana.

Me miró con dulzura pero sus ojos eran infalibles. En su mirada pude notar que estaba reviviendo su vida pasada otra vez, pero conmigo.

-Mmm – dije a modo de comprensión.

Me acarició el cabello. Me acerqué más a ella y recosté mi cabeza en su brazo libre.

-Lo único que necesité para ser feliz con tu padre, siendo humana, era saber que él me amaba tanto como yo, lo demás no importaba. Claro, hasta el día que supe que venías en camino. Después, eras tú y él.

La abracé fuerte.

-Ahora comprendo por qué papá se puso así de molesto. Pero no sabía que tuviera antecedentes.

Nos echamos a reír.

-Le teme a lo que pueda sucederte así como le temía a lo que me pudo haber pasado a mí.

-Soy su nuevo Karma – dije sonriendo.

-El Karma más importante que hemos tenido en nuestras vidas cielo. Eres lo único que tenemos. Entiéndelo un poco.

-Podríamos achacarle ese mal a papá por los años – dije a modo de broma.

-¿Que mal?

-Lo celos. Papá también está celoso de Jake.

Mi mamá parpadeó.

-¿Por qué lo dices?

-Bueno, ya no es lo mismo su relación con Jake. Ahora desconfía de él cuando está conmigo.

-No es que desconfíe de él corazón, las cosas han cambiado un poco.

-¿Que pudo haber cambiado mamá? Jake sigue siendo el mismo conmigo…

Me quedé en el aire.

Eso último no era para nada cierto, Jake si había cambiado y me lo llevaba repitiendo desde hace un buen tiempo, solo que sin saber exactamente el por qué. Así que Bella también se había dado cuenta, igual que papá al igual que toda mi familia. Que ingenua.

-Nessie, hija – me tomó de las mejillas clavando su mirada maternal en mis ojos – No sé lo que sucedió en aquel parque pero sabes que – Se detuvo – ¡Diablos! – Bajó la vista sin saber que decir.

-¿Madre? – dije buscando sus ojos.

-Nessie quiero que confíes en mi ¿sí? No es fácil ser adolescente, yo viví eso, y ten por seguro que por la mente se te van a pasar muchas cosas cielo, cosas buenas y malas. Pero aquí estoy yo, eres mi hija y aquí estoy para lo que necesites mi cielo.

Me quedé helada.

-Cuando naciste no me preocupé por este momento, en lo único que pensaba era tenerte en mis brazos y besarte, abrazarte fuerte cuando no estabas con Rose o Esme cabe destacar – Rio con nerviosismo – Pero en realidad, momentos como este nunca se me pasaron por la mente. Ver a tu padre así, me hace recordar lo mucho que sufría en silencio cuando era humana y la incertidumbre que le producía el día a día.

Mis ojos se llenaron de lágrimas inocentes, me dolía ver a mamá así.

-Mamá…

Nos abrazamos.

¿Hasta que punto había defraudado a mis padres? ¿Cómo podía ser yo tan cruel? Mi madre casi muere por darme a mí la vida y mi papá, después de tantas cosas que pasó junto a ella antes de mi nacimiento, puede que hayan encontrado la felicidad después de eso, ¿para qué? ¿Para que venga su propia hija y les arruine de nuevo la vida haciéndolos pasar por lo mismo? Eso no debía ser.

Abracé fuerte a mi mamá.

Quería complacerla, decirle todo, todo. No soportaba ver a mis padres sufrir por mis estupideces de niña pequeña. Quería ser grande, grande verdad y hacerle frente a las cosas porque me tocó vivir esta vida como una híbrida, adolescente y niña. Mi mamá me pidió que le tuviera confianza, ¿por qué no? Mi madre, mi padre y mi familia entera eran al fin y al cabo en quienes yo podía confiar. Sobre todo mi amiga, Bella, mi madre, mi todo. La amaba, con toda mi alma, por darme la vida, por arriesgar la suya al tenerme, por haber sido tan grandiosamente valiente por querer a mi padre con todo y su condición y especie, por su madurez al tomar su rol de madre aún siendo una adolescente inexperta, por haberse arriesgado a amar sin condición al hombre que hoy es mi padre y que amo incondicionalmente tanto como a ella y por brindarme la oportunidad de crecer a su lado y con tan hermosa familia y por de alguna forma, haber puesto a Jake en mi camino aunque haya sido por accidente.

Jake. La razón de todo. Mi Jake, cuanto lo quería. De nuevo, volvía a sentirme culpable por mis sentimientos y lo que eso podía significar luego, para mí y para mis padres. Para Jake.

-Una tarde, en el Edén, Jake me dio un beso. Esta tarde, en Port Ángeles, besé a Jake, mamá.

Suspiré.

Fueron los mejores atardeceres de mi vida.