Nieve
Sonreí releyendo aquellas palabras y saciándome de ellas como si fueran la sangre misma. Llevé la hoja a mi nariz e inspiré profundo. El aroma de Jake, una mezcla de madera y vegetación húmeda, y aunque se unía con el olor de Leah podía saber que era reciente, apenas unas horas.
Le di la vuelta al papel automáticamente y allí encontré una frase, unas pocas palabras. Leí.
Ese beso, dulce sensación que dominó hasta la última célula de mi cuerpo. Te quiero.
Sentí un ramalazo de electricidad en mi columna.
La carta de Jake me dejó triste, pero feliz a la vez. Lo de "Tu amigo Jake" me sonó tremendamente ajeno a nosotros, extraño por lo que había pasado la última vez que estuve con él y diferente ahora que había sentido el éxtasis de su boca, de sus labios. Amigos, era simplemente una palabra que no llevaba el más mínimo significado, era mejor que solo hubiera puesto su nombre, de esa forma el denotar de sus palabras hubiera cambiado. Lo decía por la distancia que había percibido en su carta, como si fuera una despedida, si no era eso, entonces Jake le estaba dando demasiado crédito a su "Como le llamaremos a esto" entonces así y solo así me asustaba el " Te veré pronto Nessie" y acompañando eso, su fingida sonrisa. Un te veré pronto no me hacía feliz, pero me había enviado a Nieve para que me cuidara aunque eso también podía constatar que su regreso era lejano. Me sentí repentinamente mal. Pero en compensación a eso, lo que significo para él, el beso que le di, me hizo entender de una vez por todas que yo también había sentido lo mismo y que, como él, yo también lo quería, de más.
Suspiré.
Había algo más que me tenía intranquila y fue la trascendental conversación que tuvieron Bella y Alice cuando esta fue a llevarle las invitaciones a casa mientras yo dormía - "Sabías que esto pasaría Bella"- ¡Qué diablos! - "si, pero no tan pronto" – definitivamente me volvería loca con tantas cosas, ahora también debía concentrar mi mente en algo más. Si mis especulaciones eran total y sin duda alguna, ciertas, entonces tenía una conversación pendiente con Bella. ¿Ella sabía que pasaría…Qué? Algo muy sustancial e importante me había perdido de esa conversación cuando ya estaba realmente dormida, porque Alice era tan insistente como la alarma de un auto robado y creo que me quedaba corta. Probablemente le dieron rienda suelta al diálogo una vez que sintieron que empecé a hablar en sueños.
Me apresuré por el bosque, no quería tardar más tiempo. No deseaba violar los términos impuestos, aunque no acordados, de mi previo castigo. No hubo una hora establecida para el toque de queda, era ridículo no salía a ninguna parte, pero aún así los límites de las horas de caza siempre estuvieron estipulados, una hora o dos, sin tardanza, en medio del bosque, cerca de casa, sin rebasar el perímetro y un montón más que mamá le agregaba, cosas como, "mira bien por donde corres." Si era Alice, me salía con un sermón estrictamente fashionista, "Cuida que tu blusa no se arruine, costó una fortuna." Sonreí.
Nieve comenzó a olisquear a mi lado, estábamos frente a la casa cuando empezó a ladrar.
-Nieve, no – le dije.
Le acaricié el lomo.
-Es tu nueva casa, ¿lo ves? Vamos.
La tomé del cordón de su cuello para hacerla caminar y juntas entramos a la casa. La loba pasó como un bólido por mi lado hacia la habitación de mis padres.
-Oh, no.
Eché a correr.
-Está bien, ¡viene conmigo! – dije a modo de aviso.
Cuando entré a la habitación, mi madre se encontraba frente a Nieve rascando sus orejas
A una distancia que cualquiera hubiera pensado que la perrita era rabiosa.
-Nunca me gustaron los perros – admitió.
-Solo Jake.
Mi madre me miró al instante como si lo que dije hubiera sido algo significativo.
-Es broma – señalé.
-Oh.
Con una nota de nerviosismo me sonrió.
-Se llama Nieve – dije con cautela.
-Es muy linda.
-¿Se puede quedar verdad?
-Claro, siempre quisiste tener una mascota.
-Gracias mamá.
-No hay problema.
Me puse de rodillas y comencé a rascar la barriga de Nieve quien movía la cola con entusiasmo.
-¿Donde está papá? – dije recordando al instante que faltaba alguien en casa, mi padre.
-En la mansión.
-Estuvo aquí – dije inspirando. El olor se desprendía con intensidad de la camisa de Bella.
-Hace un rato.
-¡No me esperó! – dije con una nota de horror.
-Tranquila, dijo que vendría por la noche a menos que quieras…
-Iré a la mansión.
-Que agallas.
Alcé una ceja.
-Nunca he sido cobarde – alardeé.
-Lo sé – dijo con un suspiro.
Hubo una pausa.
-¿Como estuvo el encuentro con Leah?
Parpadeé.
-Que…
Bella alzó una ceja.
-Bien – dije con naturalidad – De hecho ella fue la que trajo a Nieve.
Pues sí, mi madre era muy observadora pero a simple vista la nota de Leah fue reveladora. No me importó.
-¿En serio? ¿Y desde cuando ella sabe que te gustan los perros, especialmente esta raza? porque yo no hubiera traído una loba desde luego. Un pequinés tal vez, ¿Hay uno más pequeño?
-Chihuahua.
Bella se encogió de hombros.
-En realidad, fue un regalo de Jake – dije analizando su expresión.
Mi madre entornó los ojos.
-Claro, Maldito egocéntrico – dijo con simpleza.
-¡Mamá! – protesté.
-¿Qué?
-No le digas así a Jake.
Sonrió.
-¿Que le dirás a tu padre? – preguntó.
-Que la cachorra morirá en la calle si no la dejamos aquí – le contesté instantáneamente.
-¿Cachorra dices?
-Tiene ocho meses – dije sonriendo.
-Eres enorme – dijo mamá mirando a Nieve.
Mi madre no hizo más preguntas, como siempre se las reservó esperando que yo le soltara lo demás en cualquier momento, pero no había nada que decir. Me di un baño y al salir vi que Nieve ya había encontrado un lugar donde dormir la siesta, mi cama. Estaba demasiado cómoda y en un sueño profundo por lo que la dejé que descansara, había corrido mucho por hoy aunque estas razas estaban hechas para correr kilómetros y kilómetros a través de la nieve. Ayudé a Bella a hacer mi almuerzo y luego comí desesperadamente apoyada de la barra de la cocina. Estaba lista para ir a la mansión.
-Estoy lista.
-¿Nerviosa?
-Emm se va a burlar de mí y Rose se va a volver como loca hablando pestes del "Can" alias "Fido" que besé.
- Por Rose no te preocupes, siempre ha sido así. ¿Sabes que creo?
-¿Qué?
-Que serían más felices si se golpearan el uno al otro en vez de saludarse.
-Mamá francamente…
-Es broma – me interrumpió.
Imaginé un puñetazo de los de Rose en el abdomen de Jacob. Me estremecí.
Se carcajeó.
-¿Siempre se han tratado así?
-Siempre – señaló.
-¿Pero por qué?
Mi madre se encogió de hombros.
-Rose no es mala es solo que…Es Rose.
Alcé una ceja a modo de pregunta.
No había terminado de asimilar aquella explicita descripción acerca del comportamiento de Rose para con Jake, cuando Edward abrió la puerta de la casa, goteando agua por todas partes, la lluvia se acentuó más de un momento a otro y casi no supe que él se acercaba.
-Cielo, que bueno que llegas – dijo mamá.
Edward me miró y sonrió. La gloria.
-Hola papá.
-Hola hija.
Caminó hasta Bella y le dio un beso apasionado en la boca.
-¿Alaska siberiano? – dijo al ver a Nieve.
Me giré. Nieve había salido de la habitación a ver quien había llegado a casa.
-Se llama Nieve – musité con cautela – Ella…mamá dijo que se podía quedar – puntualicé.
-¿En serio? – preguntó Edward dirigiendo la mirada a su esposa.
Bella asintió.
-Pues bienvenida Nieve, es un ejemplar hermoso…Lobo – dijo esto último con aspereza.
Tragué saliva.
-Es…es una regalo de Jake.
Hizo una mueca.
-¿Un regalo?
-Sí.
-¿Un regalo a cuenta de qué o por qué? – preguntó con altivez.
-Edward – lo reprendió Bella.
Él alzó un dedo.
-Porque quiso. ¿Acaso que para hacer regalos hay que estar de cumpleaños? No lo creo y si no estás de acuerdo entonces dile eso a mi abuela, o mejor aún a tu hermana Rosalie. Quería arreglar las cosas papá pero no voy a pagar por tus prejuicios, Nieve es mía, la quiero y se queda. Lo siento.
Le hice señas a Nieve para que me siguiera y salí de la casa con pasos firmes.
-¿A dónde vas? – preguntó Edward.
La lluvia me empapó por completo y a Nieve. Mientras corría escuché con atención lo que dijeron a continuación.
-Estoy reviviendo una escena muy conocida – dijo Bella.
-Ni lo digas.
-¿Lo recuerdas? – preguntó mamá ignorándolo.
-Ya déjalo.
Mi madre rio.
Corrí hasta llegar a los árboles más cercanos, estaba furiosa y no ayudaba que tuviera a Nieve a cuestas. Podía enfermar. Regresé casi en seguida por donde me había ido, pero a medio camino pisé un charco y salpiqué lodo por todas partes.
-Genial.
Cuando llegué, pisoteé el porche con tanta fuerza que las columnas de madera resonaron bajo mis pies. Abrí la puerta y entré casi al trote. Mis padres estaban en la misma posición que los había dejado.
-¿A dónde vas? – preguntó Edward de nuevo.
Me detuve.
-Pues…estoy castigada, no tengo muchos lugares a donde ir, así que… ¡me voy a mi habitación! – dije fulminándolo con la mirada.
Arrugó el ceño.
-¿Y a donde hubieras ido si no? – preguntó con curiosidad.
Lo pensé. Papá me estaba provocando. Y parecía disfrutar de ello.
-A la Push, seguramente a besar un lobo por ahí– dije enfatizando cada palabra con arrogancia. Eso no le iba a gustar. Reí para mis adentros.
-Renesmee – me advirtió.
Los dejé en medio de la sala y en cuanto entré a mi habitación cerré de un portazo.
Nieve ya estaba instaladísima en mi cama.
-¡No! – dije llevando las manos a mi cabeza.
Mientras cenaba, masticaba con toda la lentitud posible la carne de res, más lento de lo normal, pensando en nada porque eso era lo que más le incomodaba a Edward, que mi mente estuviera en blanco y vacía porque de lo contrario pensaría en Jake. Seguía enfadada por lo despectivo que fue al hablar de Jacob y de su regalo sin motivo y él estaba realmente pasmado por lo que había dicho antes de encerrarme en mi habitación. Ahora que lo pensaba, no lo había dicho de la boca para afuera, de todas formas iría a la Push a besar a Jake en cuanto estuviera liberada del castigo.
-¡Renesmee, basta! – dijo Edward desde el sofá.
Sonreí.
Le molestaba la idea de que, cuando ya no estuviera castigada, fuera a visitar a Jake a la Push. Mi padre se levantó del sofá haciendo mucho ruido.
Me sobresalté.
-¿Por qué lo haces?
Me encogí de hombros y empujé mi plato de comida, ya no tenía hambre.
-¿Quieres hablar? – pregunté enarcando las cejas.
-Si es la única forma que dejes el berrinche está bien ¡hagámoslo! – Resolvió.
Me levanté de la mesa y lo miré con fijeza.
Bella, en silencio se acercó a la escena con los brazos cruzados en su pecho y aspecto confundido.
-¿Que creen que están haciendo? – dijo paseando la mirada de uno al otro.
-Un momento Bella, tengo que aclarar algunas con Renesmee.
-¿Por qué no empezamos por tu reciente actitud hacia Jake papá? Aclárame eso – musité.
-Te besó contra tu voluntad en el Edén…
-Eso es algo entre Jake y yo y no me besó contra mi voluntad.
Resopló.
-Entonces estaba jugando sucio porque no sabias lo que se traía entre manos.
-No es así. Él…simplemente lo hizo – musité.
-Aprovechó que estaban solos para besarte, porque no ibas a tener alguien cerca que te defendiera. Tengo derecho a protestar, soy tu padre, fin de la historia.
Parpadeé.
-¿Cómo te enteraste de eso?
Tenía mis propias hipótesis pero si papá me lo aclaraba, eso estaría bien.
-Oh vamos, no es como si no lo supieras ya – caminó con frustración frente a mí.
Arrugué el ceño.
-¿De qué hablas?
-¿Jake no te lo dijo?
No contesté.
-Esa madrugada…
-Edward – le advirtió Bella.
Él la ignoró.
-Jake tuvo una singular conversación conmigo antes de irse, en la cual, me aseguró que le gustabas y que él a ti también, por lo que deduje que en el Edén estaba probando hasta que punto eso podía ser cierto, ya veo que se llevó un chasco.
-¿Qué dijo qué?
-Edward basta ¡Ya basta! no puedo creerlo – dijo Bella mirándome con angustia.
-Yo…
Me quedé en shock. Casi tuve que sostenerme de la mesa para mantener el equilibrio. ¿Que Jake me estaba probando? ¿Qué él me gustaba? No. Eso no podía ser verdad. Me había prometido que nada estaba pasando entre él y Edward, que olvidara lo del aeropuerto y ahora resulta que todo era mentira porque mi padre también me había mentido. Todos lo hicieron.
Continuó.
-En sueños visualizó ese beso, lo enfrenté, le dije que si lo intentaba me iba a enterar de cualquier manera y lo mantendría vigilado porque no podía hacer mas estando aquí – Empecé a negar con la cabeza – Desde luego que me desafió, que bueno que no me lo encontré en el aeropuerto.
-Como…
-Emmett… ¿crees que no se dieron cuenta de nada, hija?
-¿Por qué no me lo dijiste? – dije alzando la voz.
-Nessie, hija.
-¡Ya déjalo mamá!
Tenía las mejillas encendidas de la ira que estaba sintiendo.
-¡Me mintieron! – Miré a Bella –Jake también me mintió, todos lo hicieron. ¿Por qué?
Mis ojos se llenaron de lágrimas. Estaba furiosa.
-Intenté decírtelo Nessie – insistió Bella.
-Pues… que buen intento – dije sin ganas.
Bella estaba frustrada. Fulminó con la mirada a Edward.
-Nessie, siento que todo haya resultado así.
-Está bien.
Una lágrima se desbordó de mi ojo derecho.
Lo sopesé por unos instantes.
-Pero no está muy lejos de ser cierto - dije clavando la mirada en la mesa.
Sonreí.
Edward dejó de mirar a Bella para mirarme a mí como si estuviera especulando en mi mente.
-Jake estaba intentando decirme algo, quiso explicármelo y de verdad sentí su frustración en el parque y en el Edén.
-¿De qué hablas? – preguntó papá que de pronto se volvió precavido.
- Me gusta – dije con naturalidad - No me había querido dar cuenta de eso.
-No.
-Sí.
Suspiré
-¡Jake realmente me gusta!
Edward respiraba con furia.
-Gracias papá – Le sonreí – Gracias por hacerme ver realmente lo que era.
Mi padre no cabía en sí de lo molesto que estaba, quiso hablar pero me adelanté.
-Gracias por aclarar mis dudas y por decirme lo que nunca se me pasó por la cabeza. Jake me gusta, me ha gustado desde…yo que sé – articulé con la mirada perdida.
-No confundas las cosas Renesmee.
-No lo estoy haciendo papá porque tú me aclaraste todo. Jake no iba a ser capaz de decírmelo, claro que no, por eso la obstinación con lo de "hacer bien las cosas contigo" "no quiero tener problemas con Edward" – tarareé parodiando la voz de Jake - Papá, ¡Le acabas de ahorrar el trabajo!
Edward parecía ensimismado.
-Le parezco hermosa, él mismo me lo dijo cuando estábamos de caza antes del viaje a Suiza. En el Edén también intentó decírmelo y en la Push, la última vez.
Bella dirigió la mirada a mi padre quien no daba crédito a lo que estaba escuchando.
-Por eso estás molesto, estás celoso de Jake, porque me besó y me regaló a la personificación de él mismo, la cachorra… y por lo que pueda pasar entre nosotros…
-Renesmee – dijo Bella.
-Papá…
"Jake me gusta, me gusta y ya no se puede hacer nada" – pensé.
Edward hizo una mueca de dolor.
-Papá mírame y dime por favor que eso es lo que te molesta realmente.
Él rehusó mirarme.
-Ya, Nessie. Es suficiente. Vete a tu habitación – dijo mamá en voz baja sin dejar de mirar a Edward.
Asentí dejando que las lágrimas recorrieran mis mejillas.
-Espera Nessie – dijo mi padre antes que me diera la vuelta.
Esto parecía prometedor. Me detuve y lo miré secándome las lágrimas del rostro.
-Siéntate, por favor.
Hice lo que me pidió. Nieve, que había estado esperándome en la puerta de mi habitación, se movió automáticamente y se desparramó en el piso a mi lado.
Suspiré.
-Es una raza muy posesiva – inquirió refiriéndose a Nieve – Pero son grandes protectores.
Jake había pensado exactamente en eso. Sonreí para mis adentros.
-Yo más bien diría que, pensó en regalarte a Nieve porque así suplantaría su ausencia.
-Entonces no lo hubiera hecho – Repuse en voz baja.
No servía de nada tener a Nieve si él que realmente me importaba no se hallaba cerca.
Papá rio con amargura.
-Supongo.
-Da lo mismo si me hubiera regalado un barquito de papel, el lío sería el mismo.
Edward se sentó en la silla frente a mí mientras que Bella, incapaz de decir algo mas, retiró el plato de comida que había dejado intacto en la mesa.
-Más allá de eso, quiero pedirte disculpas. No quiero parecer un padre que solo se preocupa porque su hija cuando se va a un parque por ahí con alguien.
Levanté un dedo.
-Ese alguien es Jake. ¡Jake, papá! Es de la familia, son amigos, y no hablo precisamente de la alianza vampiros-lobos. Jake no es cualquiera.
-Lo sé.
Nos quedamos en silencio. Bella nos observaba desde la barra de la cocina.
-¿Te molestó que haya ido a ese parque con Jake?
-No.
Alcé una ceja.
-¿Te molesta que lo haya besado?
-No.
-Interesante. Entonces te molesta que él me haya besado a mí – dije más como afirmación que como pregunta.
Edward no titubeó.
-Sí.
Rechiné los dientes.
-Te gusta solo porque te besó primero.
-Eso no es cierto – respondí inmediatamente.
-¿Por qué entonces?
-Eso…es algo que no voy a hablar contigo. Es privado. Aunque estés de fisgón en mi mente todo el día, nunca sabrás por qué me gusta Jake.
Me dejó pensativa, pero no iba dar brazo a torcer frente a Edward.
-Sí que eres terca, Renesmee.
-¿Soy terca porque no te quiero decir nada? – solté.
-¿Aceptas mis disculpas o no? – dijo Edward para cambiar el tema.
Asentí.
Bella carraspeó tras de mí. Puse los ojos en blanco.
-Yo también te debo una disculpa. Sé que debí haber pedido permiso, lo siento. Mi "seguridad" es lo primordial para ustedes – dijo haciendo énfasis en la palabra.
Y al parecer, lo único que les importaba también, pensé.
-¡Eso no es cierto! Estas equivocada Nessie, muy equivocada. A nosotros nos importa todo lo que tenga que ver contigo, ¡Eres nuestra hija! No entiendo tu actitud – papá parecía herido.
Bajé la vista. ¡Rayos! No quise decir eso, o mejor dicho, no quise pensar en eso.
-De acuerdo – intervino mamá – Chicos, esto realmente no me gusta. Nessie vete a la cama, Edward tu y yo, vamos a hablar, pero no aquí.
Me levanté despacio y caminé hasta mi habitación.
-Buenas noches – dije.
-Buenas noches – dijo Bella.
No alcancé a ver a Edward pero ya se había levantado de la mesa tomado de la mano de mi madre. Los escuché salir de la casa y alejarse hacia otra dirección que no era la mansión.
Me sentí mal. Mis pensamientos se estaban volviendo cada vez más torpes y necios. Mi intención nunca era hacer sentir mal a mis padres pero Edward, él era algo sumamente difícil. Con todo y eso seguía enfadada con él y mi castigo iba de lo mejor considerando que cada día más aumentaba mi sentencia.
Jake se las tendría que ver conmigo. Tarde o temprano le haría frente y allí me iba a tener que decir todo, todo. Ningún besito ni caricia iba a detenerme. Estaba furiosa y él lo iba a pagar caro por mentiroso. Aunque los motivos por los que mintió estaban claros, Edward como plato principal, no veía el por qué de su silencio. Si lo que le preocupaba era mi padre entonces simplemente, con tan solo abrir la boca, lo hubiera entendido. A estas, no estaba enterada de lo que había sucedido esa madrugada pero un poquito de confianza no hubiera hecho mal.
Ahora que había quedado claro que Edward estaba realmente celoso y con mi reciente descubrimiento de que Jake gustaba de mi y viceversa, podía dormir tranquila con la única "pequeña inquietud" de no saber cuando volvería a ver a Jake. Probablemente, pasado mi castigo, mi furia habría terminado ya y con total seguridad se me olvidaría por completo este embrollo.
Si me acercaba demasiado a sus labios, olvidaría hasta mi nombre.
