EL BOTIQUIN DE PRIMEROS AUXILIOS NO SIRVE DE NADA, ¡DEMONIOS! SI EL REMEDIO ERES TÚ ¿PARA QUE QUIERO CURARME?
Mi vida, ahora dependía total e irrevocablemente de ella. De esos ojos que me permitieron nacer de nuevo, pero dentro de ellos. De sus labios y de la suave textura que tuve la dicha, al fin, de sentir sobre los míos. Pero antes que todo lo demás, mi rayito de luz, con su misterioso don para hacer ver lo que siente y lo que piensa, porque de otra manera no me hubiera atrevido a dar el primer paso, con su insoportable belleza y toda su inteligencia, ella, solo ella, la razón de mi vida y la única con el poder de arrebatármela, la dueña de mi ser, de mi espíritu y de toda mi anatomía, Renesmee.
El sonido de las olas llegó de nuevo a mis oídos poco a poco, como si estuviera volviendo a la realidad, pero es que pensar en Nessie me alejaba de todo lo que podía ser auténtico o real. Cuando estaba con ella, no podía diferenciar si era de día o de noche, si estaba en un lugar o en otro, pero siempre me encontraba feliz a su lado. Feliz y seguro de mi mismo. Pero ella no estaba. La razón de mi vida no se encontraba a mi lado. El sol comenzaba a salir apenas. Imponiéndose presuntuoso y riéndose de mí, por haberme dado un día más sin ver a Nessie. Me dolía, me devoraba por completo el no estar con ella. Me sentía desdichado y completamente solo. Hubiera preferido no sentir, ni vivir ¿Para qué? No tenía sentido el día a día, levantarme temprano con la monotonía de siempre, nada era importante si no la podía ver, ni tocar. La espera era lo peor, siempre aguardando su llegada, a que de una vez por todas suceda algo, que Nessie me insinuara y dejara ver sus sentimientos, pero no. Me estaba matando. ¡Oh dios! Su piel, tan suave y delicada, pero a la vez fuerte e impenetrable. ¿Pero si me iba de este mundo quien la cuidaría? ¿Quién velaría por su existencia? Esa, era una tarea, mía y solo mía. Aunque se me fuera la vida en ello.
Recordé cuando apenas era una niña. Mi niña bonita. Llena de preguntas sobre la vida, y de interminables dudas. Nunca esperé que creciera tan rápido, a sabiendas de su acelerado desarrollo, pero eso fue una bendición. Aún seguía lamentándome por Quil y Embry, pero los envidiaba por la tranquilidad que les profería el que las niñas supieran todo sobre la imprimación. A diferencia de mí, que preferí guardármelo aunque Nessie, con su corta edad lo hubiera entendido a la perfección incluso si se lo hubiera confesado el mismo día de su nacimiento. El mismo día que vi en sus ojos una línea de tiempo, mi vida con ella en pocos segundos. Lo había visto con claridad, como si fuera una película donde pasara todo en cámara rápida, como un flash back de mi propia vida junto a ella.
La imprimación con todo y su poder, no bastaba para mí. Por más que sintiera que nos pertenecíamos el uno al otro, no era suficiente. Ansiaba como loco que Nessie se enamorara de mi, que de una vez por todas empezara a sentir lo mismo que yo sentía por ella. Deseaba gritarle al mundo que la amo y que ya no aguanto más tener que solo verla, sin poder tomarla entre mis brazos y besarla hasta que mi corazón estalle en mil pedazos dentro de mi pecho. Mis sentimientos hacia ella se encontraban allí latentes, pero necesitaba que Nessie descubriera los suyos por si misma sin tener la imprimación como base. Todo el mundo tenía terminantemente prohibido, sobretodo su familia, de hablarle a Nessie del tema. A Edward siempre le gustó la idea de mi decisión sobre mantener en secreto lo de la impronta y dejar que Nessie lo entendiera algún día por sus propios medios, pero ya veo que no se esperaba el vuelco total que fue, de hecho, antes de tiempo.
El beso, el tormento divino de mi tranquilidad. No había dejado de pensar en eso desde que pasó. Era totalmente masiva la forma en que ese recuerdo copaba por completo mi mente a cualquier hora del día, hasta soñaba con ello. Cuando despertaba volvía a recordarlo con anhelo temiendo olvidarlo aunque eso fuera imposible. Ese Beso tímido y dulce, nunca perdí las esperanzas, pero estaba dejando que las cosas tomaran su rumbo por la mejor vía. Sus labios fueron los mejores que he probado y nunca cambiaría de idea.
Ese beso me había dejado sin armas, además de que me tomó desprevenido, me hizo imaginar muchas cosas, un mundo totalmente nuevo y en el que solo Nessie y yo podíamos vivir. Solos nosotros, sin vampiros ni hombres lobos, ni siquiera con los humanos. Un lugar donde mi Nessie y yo pudiéramos vivir y ver crecer nuestro amor como una semilla o como lo hacen los niños. Pero no la iba a obligar, ni siquiera seguir presionándola para que me dijera lo que siente, si eso no existía en ella, yo no podía hacer nada.
Nessie no era como las demás chicas, como Kim, Emily o Clare, ellas sienten que es con Jared, Sam y Quil con quienes deben estar. Pero Nessie era diferente, no sabía si era por su condición, de estar entre una especie y otra, ser vampira y humana a la vez. Las chicas humanas no tenían opción, estaban perdidamente enamoradas y atadas a ese sentimiento, pero Nessie, ella podía decidir. Eso lo había descubierto hace poco, cuando la vi dudar en el Edén el día en que la besé. Su confusión me tenía aterrado, pero no iba a luchar. La amaba demasiado para hacerlo.
Caminé unos pasos más, esta vez alejándome de la orilla de la playa para que el agua congelada no me empapara los tenis, con la mirada perdida en los minúsculos y numerosos granos de la arena casi blanca. Siempre me pregunté cuantos miles de millones de granitos podría tener solo en el puño de mi mano, contarlos sería difícil, casi imposible de hacerlo pero mi cabeza solo tenía tiempo para contar los días que faltaban para ver a Nessie.
Una maldita boda no podía durar tanto. ¿Por cuánto tiempo se prolongaría mi agonía? ¿Dos días? ¿Una semana? ¿Un endemoniado mes? Si, lo más probable era que Nessie estuviera en Denali todo un mes. ¿Pero sería suficiente para ella? Este mes, sería de lo más esencial para nosotros, un mes que le brindaría a Nessie reflexionar todo de forma paralela. Era egoísta si pensaba que regresaría completamente enamorada de mí pero no sé porque sentía que sería decisivo, que ella tendría una nueva visión al regresar. Lo que fuera, de igual forma, yo sería siendo el mismo, seguiría sintiendo lo mismo porque eso nunca cambiaría.
-Te amo Nessie – susurré.
Cuando decidí dar la vuelta para volver a casa, un aullido desgarrador cruzó el viento. Venía del bosque.
-Seth – dije reconociéndolo al instante.
Eché a correr en dirección a la espesura. Lo primero que se me pasó por la mente fueron los nuevos. Seth no había podido controlarlos ni un poco desde que se los encargaron como parte de su deber y es que los chicos eran unos rebeldes, pero el lobo perdía los estribos cada vez que lo hacían enfadar.
Atravesé los árboles como una bala, lo más rápido que me permitían las piernas hacerlo. Enfadado por la grave interrupción que acababa de hacer Seth o los chicos o lo que fuera que estuviera sucediendo allí. Me ponía de malas cuando esto pasaba, no terminaba de desprenderme del rostro de mi Renesmee.
-Todo por el deber – musité.
Un nuevo aullido resquebrajó la tranquilidad con la que me aproximaba a los chicos, esta vez me sentí asustado. Los nuevos no habían dado mayores problemas hasta el día en que se les había permitido entrar en fase, pero los últimos días se comportaban muy agresivos y sin control. El primer episodio ocurrió hace dos noches, cuando sucedió la primera riña. Uno de los chicos terminó con un brazo enyesado, Seth pudo salir ileso, pero igual de estropeado que los demás. Eran tres y parecía un batallón en guerra. No estaban de acuerdo en nada, discutían por todo y lo peor era que dos de ellos no se llevaban bien. La situación no era para nada parecida a la temporada en la que Sam nos entrenaba y eso que Paul era un verdadero caso.
Cuando estuve listo, relajé el cuerpo y dejé que el fuego subiera desde mi columna hasta el cerebro. El fuego abrazador recorrió cada una de las terminaciones nerviosas de mi cuerpo y entonces, sucedió el cambio. Comencé a correr con más rapidez dejando que mis hábiles patas de lobo se desplazaran entre los árboles.
Leah también estaba en fase.
¿Qué sucede?
No lo sé. Supongo que mi hermanito está en problemas de nuevo.
¿Estás cerca?
Voy detrás de ti.
Nos vemos allí.
El alboroto se escuchaba a unos metros de distancia, desde donde pude percibir con mi maravillosa audición que los lobos estaban luchando.
Leah me alcanzó en pocos minutos. Corrió muy cerca de mí, a mi derecha, nunca se le olvidaba su lugar.
¿Donde habías estado?
Por ahí, con un a amigo.
¿Con un amigo, Leah?
No te importa. Concéntrate en echarme en cara que soy la beta de la manada. No creas que no lo escuché.
No es mi problema que te metas en lo que no te importa.
Idiota.
Sonreí para mis adentros.
Me encanta que seas la beta de la manada, así te encargarás de todo.
No haré siempre lo que me pidas, imbécil, recuerda que soy tan libre como el viento.
Si, si. Oye gracias por enviarle la nota a Nessie. Aunque no fue tu mejor movimiento.
¿Y cómo diablos creías que la iba a sacar de esa casa si estaba con Bella?
No lo sé Leah, se supone que eres la beta. Tienes las segundas mejores grandes ideas.
Leah se lanzó a un lado y me empujó haciendo que perdiera el equilibrio. Casi al instante me levanté y apresuré el paso soltando carcajadas en mi mente. La loba me enseño los dientes.
Ya casi llegamos.
¿Crees que sea Will?
¿Quién es ese?
¡Rayos! ¿Jake, no sabes sus nombres?
No.
Era cierto, no los conocía, en sus formas lobunas al menos. Pero no me importaba.
Cuado llegamos lo que vi me dejó estático. Dos de los lobos se encontraban uno encima del otro, revolcándose en el suelo, con sus mandíbulas entrelazadas como si fueran leones furiosos emitiendo sonoros rugidos que salían de sus gargantas, creí ver sangre en unos dientes.
Maldita sea, ¡basta!
Leah se lanzó hacia ellos.
¡Leah espera!
Un rugido salió desde mi pecho. Leah se detuvo.
Los otros dos lobos, incluyendo a Seth, intentaban detenerlos, pero se enredaban entre mandíbulas, patas y enormes cabezas de lobo. Aquello parecía una jalea de mango con diferentes tonos de colores. Corrí hacia ellos enterrando las patas en el suelo para coger impulso. Mi tamaño los sobrepasaba así que tomé a uno de los chicos, el que estaba intentando ayudar a Seth, por el cuello, enterrando mis dientes allí donde no podía lastimarlo y lo lancé a un lado. Cuando cayó al suelo sonó con un golpe seco, Leah corrió a ayudarlo.
Me volví, después de cerciorarme que estaba bien metí el hocico entre los chicos, lo mismo hizo Seth, intentando aparatarlos. Pero eso no era suficiente.
¡Eres un maldito Jaden!
¡Ya basta, ya basta! Lo van a lamentar.
No es tu problema Seth.
No me…
¡Es suficiente!
Emití un rugido tan fuerte que los chicos, se detuvieron en el acto y me miraron. La escena parecía divertida.
Demonios es Jake.
Se los dije.
Ya cállate Alan, tú cobarde…
¡Dije que es suficiente!
Los chicos se separaron entre gimoteos y suaves rugidos.
Leah corrió a revisar a su hermano, que se encontraba tirado en el suelo.
¿Se encuentra bien Leah?
¿Seth estás bien?
Estoy bien, estoy bien. Oigan solo pedí una ayudita, por qué no le dijeron a Quil o Jared que vinieran también, o a Sam y Paul. ¿Por qué no a todos? hubiéramos hecho una fiesta y todos estarían burlándose de mi sin…
No seas mal agradecido Seth, tu hermana estaba cerca.
¿Si claro y tú dónde estabas?
No es tu problema.
Dime donde…
Seth, viejo, déjalo ¿sí?
No te metas Jake.
Leah soltó un rugido y se apartó de él. Me acerqué a los chicos quienes parecían bastante agotados y destartalados.
¿Ustedes están bien?
Si.
Si.
¿Y tú, te lastimé?
No, Jake. Tienes buena mandíbula, pero gracias.
Por nada.
Leah se nos unió.
Muy bien cachorritos. Escuchen algo y escuchen bien con esas grandes orejotas que tienen un alcance de varios kilómetros, así que sáquenle provecho y oigan bien lo que les voy a decir. Ya es la tercera vez en esta maldita semana que USTEDES lobos, se les ocurre la maravillosa idea de armar jaleo, y eso, grandísimos idiotas no lo vamos a tolerar…
Leah…
Espera Jake, déjala. Mira como los tiene, embelesados.
…Así que ténganlo por seguro que mi paciencia tiene un límite y créanme que no soy tan adorable como Seth. Si a mí me da la gana de arruinarles el jueguito lo hago, porque puedo ser yo la que tome las riendas de todo esto.
Leah, gracias pero lo tenía todo controlado.
Sí, claro.
Por supuesto.
Esto no es un maldito juego. Los necesitamos, el pueblo los necesita y aún tenemos que cuidarles el trasero porque no pueden mantenerse controlados.
Mientras Leah hablaba los chicos casi tocaban la tierra con sus cuerpos sin atreverse a mirarla.
Se los dije.
Cállate Alan.
Todo es tu culpa imbécil, idiota.
¿Mi culpa? Empezaste tú.
Solo te pisé Will, nada más.
Oigan chicos, ya basta. Me quiero ir a casa.
¡Que te calles Alan!
Decidí intervenir. Este chico, Alan, me gustaba y no iba a permitir que le hablaran de ese modo. Está vez detallé el color de sus pelajes. Alan parecía ser el menor, no menos de doce años, era de un color más claro que el mío pero en la parte baja de su estomago, hasta sus patas traseras y la cola, era en color crema. El otro chico, el más rabioso Will, era gris plomo y Jaden tenía la cola blanca y su cuerpo era color marrón, no estaban muy lejos de los catorce.
Will, estaba muy alterado y respiraba con furia.
Oye amigo, cálmate ¿quieres? Observa como tienes a Alan. Chicos, recuerden que nos mantenemos en contacto por medio de nuestra mente colectiva, tal y como te sientes tú, estás haciendo que los demás lo sientan. No pueden controlarlo aún, pero deben poder intentarlo. Tienen que coordinarse ¿de acuerdo?
Yo haré lo que sea. Esto no lo soporto.
¡Oh vamos Alan! Eres un niño…
Oye, deja al chico en paz.
Tienes a un defensor Alan, y mira quien es nada más. El jefe.
Comenzó a reírse.
Un nuevo rugido salió desde mi pecho.
Escúchame bien niño, no necesito esto. Hace ya varios años que no tengo por qué preocuparme por controlarme, y no tengo por qué hacerlo ahora, ¿lo entiendes? Ni tú ni yo queremos esto, así que coopera porque si tú pierdes los estribos yo también se hacerlo.
El chico retrocedió.
¿Estamos o no de acuerdo?
De acuerdo.
¡Oh si!
Ese es el verdadero espíritu del alfa. Bien dicho Jake.
No hay problema.
Leah está buenísima ¿no?
Oye, tú desgraciado.
¡Seth no!
Seth se lanzó de nuevo a la garganta de Jaden.
Otra vez no.
Esto promete ser bueno.
Ya cállate, ¿pueden ayudar?
Oyeron eso. Parece un auto.
Seth ¡ya basta!
Seth lanzó un rugido al viento y cuando sus dientes estaban justo en la cara de Jaden un aroma se coló por las aletas de mi nariz. Un aroma inconfundible. Todo el mundo quedó paralizado. Mis ojos se dirigieron al lugar de donde provenía aquel olor. De pie junto a un árbol, se encontraba Nessie, paralizada con los ojos entornados y expresión de horror y frente a ella un Will totalmente llevado por sus instintos, mostrándole los dientes y a punto de atacar.
¿Qué hace aquí?
Oh no.
Nessie, cielo no te muevas.
Entonces recordé que ella no podía escucharme.
La chica es vampira, puedo olerla.
NO WILL, QUEDATE DONDE ESTÁS.
Tranquilo, viejo, tenlo por seguro que esto va a quedar en la historia.
No, espera…
No me había dado cuenta de lo lejos que me encontraba de Nessie y lo mucho que se había alejado Will de nuestra posición. Los nervios me aniquilaron, era una sensación asesina.
WILL, QUEDATE DONDE ESTAS.
Jake no. El no te está escuchando. Ya no.
Jake…
Leah, Seth, encárguense de los otros.
No, Jake. Si avanzas, el también lo hará. Le puede hacer daño.
¡Háganlo!
Ellos obedecieron y se movieron hacia los otros dos chicos quienes también parecían deseosos de entrar en acción. El cuerpo de Will se convulsionaba de la adrenalina que sentía. Tenía deseos de mostrar sus habilidades y de una vez por todas matar al que creía su enemigo, Alan y Jaden también lo sentían. Eso no ayudaba.
Sáquenlos de aquí, ahora.
No te voy a dejar solo.
En absoluto, no.
¡Maldita sea!
Podía escuchar la respiración acelerada de Nessie, del otro lado. Deseaba que no moviera ni un musculo pues Will estaba dispuesto a atacar ante cualquier movimiento.
Nessie, cielo, no te muevas por favor. Tú lo sabes, tú sabes cómo es esto. Por favor, quédate allí, quédate allí.
¡Demonios! como me gustaría que me oyera. Esto no podía ser real. ¿Qué es lo que hacía Renesmee aquí?
-¿Oye, estas bien? – dijo Nessie mirándolo.
Mejor que bien preciosa.
Muy mal, muy mal.
¿Cómo le dijo? ¿Preciosa?
No.
Yo creo que sí.
No.
MALDITA SEA, le acaba de decir preciosa a Nessie…
Calma Jake, tranquilo. Nessie está en peligro. Eso es más importante que tus celos.
Un movimiento en falso y…
Ni lo digas…
Que empiece la acción.
¡Cállate!
Jake has algo, por favor.
Esto no está nada bien, nada bien.
¡DETENTE WILL!
Esto de ser lobo me encanta cada día más.
¡Cierra la boca Jaden!
¡¿Pueden callarse maldita sea?
Lo siento Jake.
¡Bah!
Nessie me observaba con preocupación. Si le pasaba algo me iba a morir. Tenía que alejarla de él. Will era muy joven y muy fuerte y la sobrepasaba en tamaño. Comencé a desplazarme despacio hacia un lado, de modo que pudiera estar entre ellos. Will también avanzaba, despacio, sin mirar a los lados, solo a su objetivo.
Entonces Nessie dio un paso adelante.
¡NOOO!
Todo sucedió muy rápido. Will se lanzó hacia ella con la mandíbula abierta enseñando sus grandes fauces, con horror vi como sus cuerpos se encontraban y se golpeaban el uno al otro, el grito ahogado de Nessie me petrificó pero antes que pudiera hacer algo, incluso si corría demasiado rápido para interponerme, el cuerpo de Will salió disparado por los aires y dio contra un árbol, luego cayó al suelo, pero se incorporó casi al instante.
Oh, qué bien, quieres jugar ¿no?
Will desnudó los dientes.
Ella no, pero yo sí.
Corrí lo más rápido que pude, liberando a la bestia que había en mí. Nessie era mi punto débil pero también el motivo por el cual mataría hasta a un miembro de la manada. Me estrellé contra su cuerpo y con toda la furia contenida le mordí el cuello inhabilitándolo, el luchó por unos segundos enterrando las garras y los dientes donde podía pero al final no pudo moverse más, yo era más fuerte y más viejo.
Lo siguiente que recordé fue que Leah y Seth intentaban detenerme.
Déjalo Jake, lo vas a matar.
Vamos hermano, suéltalo.
Hazlo Jake, por favor.
¡Déjenme en paz!
-Jake, cielo, vamos, déjalo ya, estoy bien. Mírame.
Nessie se desplomó en el suelo frente a mí. Parecía asustada.
-Por favor, vamos a casa – me pidió.
Sinceramente, si Nessie no me hubiera pedido que parara, hubiera matado al chico. Aflojé los dientes y dejé que el cuello estrangulado de Will se resbalara hasta que cayó al suelo, inconsciente.
-Creo que lo lastimé – Nessie miró el cuerpo de Will arrugando el ceño con gesto de preocupación – Una costilla tal vez.
Nessie te aseguro que con Jake tuvo más que suficiente.
¿Leah, puedes encargarte de esto?
Claro.
Voy a matar a Seth.
Me abalancé hacia el chico que tenía toda la pinta de haber visto un espanto.
Que haces, NO…
POR QUÉ NO SE LOS DIJISTE ¿POR QUÉ?
Lo siento, lo siento.
Mis patas estaban sobre el pecho de Jake.
Rayos, Seth. ¿No les dijiste que Nessie estaba con él?
¡Se me pasó, lo olvidé!
¿LO OLVIDASTE? DEMONIOS SETH.
¿Es tu chica?
¿La chica está contigo?
Pero es vampira...
¡Cállense todos!
-¿¡Jacob que haces!– musitó Nessie enterrando los dedos en mi cuello peludo tirando hacia un lado.
Miré a Seth con ganas de matarlo. Estaba furioso. Me separé de él y corrí a los árboles en dirección a casa.
Sígueme Nessie.
Como si me hubiera escuchado, me siguió y corrió a mi lado. En unos minutos estuvimos en mi casa. Nessie abrió la puerta con la llave que estaba perfectamente guardada bajo la alfombra de la entrada, Nessie siempre supo la ubicación de la misma. Abrió y me dejó pasar. No había nadie. Corrí a mi habitación, nunca había intentado pasar por la puerta de mi habitación en fase así que hice lo que pude y entré, apenas cabía en el reducido espacio.
Relajé mi cuerpo de nuevo, a pesar de lo tenso que me sentía, el fuego abandonó mi cuerpo. Estaba sudando y temblaba de ira. Intenté calmarme, Nessie me esperaba afuera. Busqué algo que ponerme, mis pantalones estaban sobre la cama, me los puse con torpeza inspiré profundo y salí.
Ella estaba apoyada contra la pared del pasillo esperándome. Con la cabeza ladeada a un lado y los brazos cruzados en su pecho. La observé detalladamente. Estaba exactamente igual a la última vez que la vi. Su hermosa figura estaba envuelta en un abrigo grueso de viaje y su cabello rojo broncíneo resplandecía como siempre.
Me sonrió.
-Hey – dije.
Caminé por el pasillo y me coloqué frente a ella, muy cerca.
-¿Estás bien? ¿No te lastimó verdad? – pregunté examinando su cuerpo.
Entonces Nessie me abrazó.
-Estaba tan asustada Jake. Te juró que no lo vi venir, te lo juro. Sé que siempre me has dicho… sabía que era uno de los nuevos pero…
-Hey hey, Nessie – la tomé por los hombros buscando su mirada – Tranquila, no fue tu culpa.
-Jake…
-Seth no les dijo que estabas conmigo, fue su culpa. No tiene nada que ver contigo.
-Pero yo…
-Solo estabas en el lugar equivocado en el momento equivocado…
-¡Está bien! solo intento decirte que estás herido, cielo santo.
-¿Qué? - dije casi al mismo tiempo.
-Jake estás sangrando.
-¡Oh no! Quédate donde estas, buscaré un paño. No respires Nessie.
Ella se echó a reír. Su sonrisa me mataba. Yo la miré con el ceño fruncido.
-Ven acá.
Me tomó de la mano, al contacto me estremecí, y me llevó al sofá.
-Siéntate ahí. Ya vuelvo.
Me dejó en la sala y fue a la cocina.
Estaba demasiado cansado para protestar, no había dormido bien. Hice una inspección rápida a mi cuerpo, tenía rasguños en mi brazo izquierdo. En mi pecho había una gran línea roja, de allí venía el escándalo. Siempre pensé que la sangre llamaba mucho la atención. Lo cierto era que parecía profunda, me escocía.
Nessie volvió unos segundos después con un pañito en sus manos y un poco de agua en un envase. La observé cómo se sentaba a mi lado, su abrigo ya no estaba.
-No es necesario – dije con una voz débil.
-¡Shh shh! Recuéstate, esto dolerá un poco.
Nessie puso una mano en mi frente y la empujó ligeramente hacia atrás. No opuse resistencia. Estaba frito.
Cerré los ojos.
Sentí su cabello suave y sedoso caer sobre mi pecho y abdomen. Inspiré profundo y el aroma, dulce y delicado, me embriagó. No necesité relajarme pues ya Nessie me había ahorrado el trabajo.
-¿Estás listo?
-La verdad…
Una sensación de ardor me hizo abrir los ojos al instante y con un grito de dolor me retorcí en el sofá. Quizás estaba exagerando un poco, si Nessie estaba allí para calmarme, eso estaba bien.
-Lo siento, lo siento – dijo con desesperación.
-Estoy bien – mentí con un hilo de voz.
Ella se sonrió un poco y siguió con el trabajo. La segunda vez no me dolió tanto pero sentí que se me entumecía la herida y comenzaba a punzar.
-Demonios – dije antes de echar la cabeza hacia atrás.
-Tengo que suturarla, es muy profunda.
Eso no parecía una gran idea dado que no sabía cuánto tiempo estaría Nessie conmigo, necesitaba cada microsegundo para estar con ella y una simple herida no iba a arruinar el momento.
-Ya vuelvo.
-No.
Ella frunció los labios.
-Da igual si coces la herida, ¿por qué no la dejas así? O por qué mejor no me besas, así sanará más rápido.
La miré. Renesmee me devolvió la mirada clavando en mí sus ojos redondos achocolatados. Sus ojos siempre me parecieron un punto fijo de descanso, de alegría, podría morir dentro de ellos y no saberlo.
-Eso no lo haré ahora – dijo con una sonrisa tímida.
-¿Qué cosa?
-Besarte. Tengo que suturar una herida.
Medio sonreí. No sé por qué comencé a sentirme débil y con mucho sueño. Pero no podía derrumbarme ahora. Nessie estaba aquí.
Ella se levantó y volvió a la cocina.
-¿Donde tienen el antiséptico? – musitó.
-Aquí – dije.
La escuché volver sobre sus pasos hasta la sala.
-¿Donde?
Como pude me incliné y tomé su mano y la halé hacia mí. Nessie cayó sobre mí pecho. Sentí dolor pero no dije ni pío.
-Jake, te voy a lastimar.
La apreté fuerte con mis brazos ignorando el dolor punzante de la herida de mi pecho. Solo ella me importaba.
-Pero Jake…
-Bésame ¿sí? Por favor.
Nuestros rostros estaban muy cerca, tan cerca que tuve que alejarme un poco para verla mejor. Nessie abrió la boca para refutar y luego la cerró. También cerró sus ojos y luego dio un largo suspiro.
-Jake – comenzó en voz baja.
-Está bien, de acuerdo. Lo siento, no sé qué me pasa Nessie. Lo siento.
Moría de vergüenza. ¿Cómo era posible que pensara en voz alta cuando ni siquiera estaba en fase? Aparté la mirada a otro lado y sentí su mirada sobre mí.
-Jake…
Sin titubear la miré.
-Luego nos encargaremos de esto – dijo derrotada.
Un cosquilleo sacudió mi estomago.
-Lo que tú digas.
Busqué su boca con desesperación. Con anhelo. Encontré sus labios al mismo tiempo que Nessie lanzaba un suspiro que me hizo estremecer. Ella, en un intento por estar más cómoda, separó sus rodillas apoyándolas del sofá, una a cada lado de mis piernas. La sostuve por la cintura separándola un poco de mí pero ella se encontraba aferrada con sus manos en mi cuello como si no fuera suficiente la poca distancia que había entre nuestros cuerpos. Como era de esperarse, nuestros labios se retorcieron con furia llenos de pasión, de fuego, de un "cielos, al fin" era tan así que casi dolía besarla. Me abrí paso en su boca, buscando mi lugar en ella pero nuestras respiraciones se volvieron un jadeo incesante en el que nuestros alientos se cruzaron el uno al otro mezclándose en nuestras bocas. Mi labio inferior quedó atrapado en sus dientes y allí supe que ya no existían límites. Una de mis manos subió hasta su cuello y allí la sostuve, atrayéndola más a mi cuerpo, la necesitaba cerca, más cerca. Esa sensación en la parte baja de mi estomago me embargó y que bien me sentí en ese momento, Nessie parecía estar sintiendo lo mismo. El dolor en la herida me mataba, pero seguí besándola. Me dolía demasiado, pero la besé más aún. Hasta que ella misma soltó un gemido.
-Espera – susurró entre mis labios
Nessie se separó lentamente de mí poniendo sus dedos en mi boca.
Para ese momento comprendí que nuestro beso fue más allá de lo que hubiera imaginado, pudo haber sido peor, en tal caso no lo habría podido resistir mas pero de aquí en adelante tendría que evitar los besos demasiados largos con Renesmee. Si es que había más de ellos. La observé, ella se veía conflictuada, indecisa pero definitivamente igual que yo, igual de culpable. Con lentitud bajó de mis piernas y las cruzó al sentarse en el sofá, no se alejó de mí, pero giró la cabeza a un lado y en ese instante me encontré mirando hacia la dirección opuesta a la que Nessie había visto. Estuvimos así por un largo minuto. Sin decir nada, sin palabras en la boca, perdidos en nuestros pensamientos y en nuestra culpa.
Me sentí embotado, quizá un poco mareado.
-Necesito saber…dime si – Nessie titubeó – Dime si estarás aquí cuando regrese.
Me miró con ojos suplicantes.
-Nessie claro que si, por qué…
-No importa. Necesitaba estar segura que al volver estarás aquí.
-Te estaré esperando – dije con firmeza.
No sé por qué sentí un alivio tremendo y una emoción indescriptible en mi pecho cuando Nessie me tomó de nuevo por las mejillas y me atrajo a su boca. A pesar de la torpe posición en la que se encontraban nuestros cuerpos, mi mano terminó por caer en el cuello de Nessie sintiendo el magnetismo que emanaba. Sus besos fueron más dulces.
Esta vez fui yo el que la separó sutilmente de mí.
-Eso quiere decir que ya te vas – dije acariciando el contorno de su mejilla.
-Volveremos pronto.
-¿Qué tan pronto?
-No lo sé – confesó.
Reclinamos la cabeza del sofá al mismo tiempo y nos quedamos mirándonos el uno al otro. Mis dedos juguetearon con los suyos con lentitud, ni siquiera sabía lo que hacía puesto que toda mi atención se centraba en el rostro de Nessie. Luego llevé su mano a mi boca y besé el dorso.
-Lamento que no puedas venir – se quejó - No lo entiendo es que creí que pensaban diferente.
-No te preocupes. No hay problema.
-En su defensa puedo decir que van a tener algunos invitados "chupasangre". Nadie conoce a los lobos además de ellas y nosotros.
-Eso creo. ¿Cómo está Nieve?
Ella me miró y sonrió.
-Está de lo mejor. Está empezando a ganar fuerza y tamaño. Sus ojos ya no son tan azules, creo que ahora son más oscuros, como color almendra Jake, es extraño ¿no? La cachorra es inteligente y duerme en mi cama, no puedo hacer nada para sacarla de allí pero me acompaña a todos lados, ama a Emm y a Bella…es simplemente – suspiró – Gracias Jake, Nieve es muy importante para mí. En serio gracias.
-Al menos conocerá unos cuantos vampiros.
-No le quitaré el ojo de encima.
Sonreí.
-¿Jake? – dijo con el ceño fruncido.
-¿Si?
-¿Donde la conseguiste? – inquirió con curiosidad.
Asumí que hablaba de Nieve.
-Un chico la iba a mandar a la perrera. No sabía siquiera su raza ni su edad. Me dijo que era una Alaska siberiano pero yo, luego descubrí que era una Malamute y que apenas tenía ocho meses. La traje a casa y en la primera que pensé fue en ti.
Recordé el día en que la traje, no se despegó de mí un segundo.
-¿Como sabes todo eso?
Me encogí de hombros.
-Son perros originarios de la zona ártica y es una de las razas más antiguas, desde los perros de trineo. Billy me dijo que fueron criados por una tribu llamada Mahlemiut.
Nessie entornó lo ojos.
-Fueron utilizados en la segunda guerra mundial para llevar heridos y también en grandes expediciones al círculo polar, así que pueden aguantar mucho frio y peso – continué.
-¿No es una loba? – preguntó incrédula.
Negué con la cabeza.
-¡Ja! Papá tendrá que escuchar esto. Alice fue la única que acertó.
Ignoraba el significado de aquellas palabras pero me hizo recordar algo.
-¿Ness, como han marchado las cosas con Edward?
Había estado pensando en eso desde que la dejé en la carretera el día del parque. Edward no era fácil pero me costaba creer que las cosas resultaran tan mal como para preocuparme. Aunque Bella estaba de intermediaria, con todo su temperamento y terquedad que perfectamente heredó Nessie, seguramente y si no me equivocaba, los padres de Renesmee debieron haber tenido un cruce de palabras en cualquier momento. Imaginé a Bella apoyándome porque ella sabía que esto sucedería a pesar de haber sido tan pronto.
Ella transformó el rostro en una mueca.
-Mejorando. Aún no acepta que me gustas.
No había terminado de recuperarme del "mejorando" cuando esas palabras chocaron contra mí como si me hubiera estrellado con un iceberg en pleno océano pacifico. Nessie lo notó, se dio cuenta de lo congelado que me habían dejado aquellas palabras, que además de ser un enorme cubo de hielo, también parecían ser una inmensa llamarada de fuego, un fuego que calcinó mi pecho. Era ese tipo de calor espontaneo acompañado de escalofríos y un sudor frío inexplicable que me recorrió el cuerpo. Además de haberme tocado la tecla, lo dijo con tanta naturalidad que lo creí cierto. "aún no acepta que me gustas, aún no acepta que me gustas." ¿Le gusto? Eso había dicho. Entonces, como hormigas en tropel cuando se dirigen hacia su hormiguero, sentí un cosquilleo en el estomago que subió hasta mi garganta y me hizo sonreír ligeramente.
-Así que, imagino, que tampoco acepta que tú también me gustas – me atreví.
Otro cosquilleo.
Nessie bajó la vista, avergonzada. Que hermosa se veía cuando parecía tímida, ruborizada. El color de su cabello contrastaba perfectamente con el color de sus mejillas. La observé, detallé con más aprecio el contorno de su mentón, sus labios, mi perdición, se torcieron cuando comenzó a morderlos con ansiedad.
-Bella dice que mejorará con el tiempo – murmuró.
-¿Eso dice tu madre, eh? – dije alzando su rostro con mi mano para que me mirara.
¡Cielos! Sus ojos, que hermosos.
Tomé un mechón de pelo ondulado que le sobresalía y lo acerqué a mi nariz. Inspiré profundo y me embriagué de ese dulce perfume. Nessie sonrió cuando dejé caer el mechón de mi mano rebotando contra su mejilla.
-Cereza – dije.
-Cerezas, son las que tendrás que buscar cuando vuelva. Me debes una explicación. – musitó con suavidad.
-Pues, no es temporada de cerezas, pero las buscaría hasta debajo de la tierra.
Se echó a reír.
-Puedo decirte lo que sea, ahora. – dije con decisión.
-No ahora.
Me miró con ojos dulces y una sonrisa que me atravesó el pecho.
-Pareces cansado. Por qué no duermes un…
-No quiero dormir. ¿Por qué mejor no me dices que es lo que debo explicarte? – la interrumpí queriendo que me hiciera la misma pregunta que necesitaba tanto responderle.
-No es necesario. Ya lo sé todo.
Me sentí decepcionado, pero de mi mismo. No, ella no podía saberlo todo. No sabe que la amo, no puede saber que me muero por ella. Renesmee, No puedes saber el daño que me hace que solo pretendas ser mi amiga cuando yo deseo ser más que eso para ti. No lo sabes porque soy un maldito cobarde que no puede confesarte su amor.
Asentí.
-Entonces…
-Entonces, cuando vuelva, tendrás que tener cerezas para mí.
-¿Eso quiere decir que ya te vas?
Su rostro se entristeció.
-Es tarde. Debo tomar un vuelo.
-¿Quieres que te acompañe? – pregunté sin esperanzas.
Nessie rio con melancolía.
-Quédate. Descansa ¿sí? Hazlo por mí.
Suspiré.
Nos levantamos del sofá y la acompañé afuera. En el umbral de la puerta me detuvo con una mano y me abordó. Nuestros labios, de nuevo, se retorcieron con dulzura. No me bastó tenerla a la altura de mi mentón así que la tomé de la cintura y la alcé en vilo. Nessie me besó como si llevara años y no días haciéndolo. Sus piernas se enroscaron en mi cintura y sus brazos alrededor de mi cuello cual coala, no quería dejarla ir. Separó su boca de la mía mirándome a los ojos y esta vez escondió su rostro en el hueco de mi hombro y el mentón.
Estuvimos así, abrazados, por largo rato.
-Te voy a extrañar mucho – dije a media voz.
-Yo también – sentí sus labios moverse en mi cuello con dificultad.
Cuando la dejé en el suelo, me sentí desdichado.
-Ya me voy. Iré directo al aeropuerto.
-De acuerdo – dije con la mirada gacha.
Sentí sus ojos clavados en mí. Vi como llevaba su mano a la cabeza y la enterraba en su cabello, después de un segundo, se escuchó un leve desgarrón.
-¿Qué hiciste? – pregunté horrorizado cuando me entregó un mechón de pelo en la mano.
-Es para ti.
-Nessie que…
-Tómalo. Quiero que lo tengas.
Me sentí totalmente mal. ¿Hasta qué punto hacía sentir mal a Nessie como para que tuviera que arrancar un mechón de su cabello? Yo no tenía nada que darle y no es que no hubiera hecho lo mismo. Me había cortado el pelo recientemente. Lo tomé con meticulosidad, como si fuera algo sumamente delicado y lo era. Para que no se dispersaran en mi mano, le hice un nudo en la parte superior donde habían sido desgarrados.
-Nos vemos Jake – me acarició la mejilla y luego comenzó a alejarse de mí.
No podía dejarla ir así.
-Espera.
Nessie se volvió con el ceño fruncido.
Rebusqué en mi bolsillo con desesperación rogando porque estuviera allí lo que buscaba. No encontré más que la tira de cuero con que amarraba mis pantalones al tobillo cuando entraba en fase. No sabía exactamente que estaba buscando pero me sentí exasperado al no tener nada que darle a Nessie.
-Yo…
Ella tomó el cordón de mi mano y lo observó por un segundo. Luego sonrió y me miró.
-Me llevaré esto y esto otro – dijo dándome un beso rápido en los labios.
-Espera ¿quieres llevarte eso? – dije recobrándome de aquel beso.
-Sí.
-Pero es una simple tira de cuero, está sucia y…
-La quiero – dijo con firmeza.
Se quedó pensativa por unos segundos y luego me guiñó un ojo.
-¿Me la pones? Por favor…
Me extendió la tira con una sonrisa radiante.
Sin decir nada y hacer más que su voluntad, tomé su mano y e hice una especie de diseño rápido y la puse alrededor de su muñeca. No me había fijado en su vestimenta. Llevaba puestos unos zapatos de tacón fino y un vestido muy pegado a su cuerpo que le llegaba hasta las rodillas, no tuvo ningún daño previo al ataque de Will, parecía intacto. Hasta ese momento no me había detenido a observar con detalle lo madura y mujer que se veía Nessie.
-Gracias – dijo.
La escena era extraña pero me pareció hermoso el momento, especial. Era como una especie de intercambio de objetos simbólicos, como parte de una promesa.
Nessie me dio su mano y con la otra libre tomó el mechón de cabello. Lo observó de la misma forma con que había mirado la tira de cuero, luego hizo una trenza y la amarró en mi muñeca dándole varias vueltas. Se veía extrañamente hermoso.
-Gracias. Se ve precioso.
-Cuídate ¿sí? – dijo.
La abracé queriendo morir en ese instante.
-Tú también.
Nuestros ojos se detuvieron en los del otro por unos segundos, diciendo adiós. Un adiós silencioso y desgarrador, que si llegaba hasta nuestras gargantas dolería aún más. Era mejor callarlo. Entonces, Lentamente se alejó de mí, hasta que se perdió de vista entre los árboles y otra vez, me sentí el hombre más infeliz del mundo.
