Salvados por un ángel, maldecidos por el cielo… ¿¡Qué diablos pasó ahí!
-Vamos viejo ¡anímate! Lo pasaremos bien, eso te lo prometo – decía Seth a cada instante.
Ya se parecía a un zancudo cuando te zumba cerca del oído, lo espantas y vuelve a zumbar tan insistente que terminas aplastándolo contra algo. Pero no le podía hacer eso a mi hermano. No si alguien me lo impedía. Aún le tenía ganas a Seth desde lo ocurrido en el bosque con Nessie, si algo le hubiera pasado por su culpa y su "lo olvide, lo siento" ahora estaría rogando por su vida. Estaba enfado y él lo sabía, no se por qué diablos se esmeraba tanto en hacer las paces conmigo si tenía claro que nunca le perdonaría su grave error. Después del sermón que le di cuando fui hasta su casa no le habían quedado más ganas de hablarme, pero ahora lo estaba haciendo de más.
-Te dije que no Seth – dije con tranquilidad pero las palabras salieron empujadas desde mi garganta.
Seth frunció los labios.
-Amigo estás mal. Escucha esto, "Nessie va a regresar" – intervino Paul alargando la última frase abriendo mucho la boca.
Puse los ojos en blanco.
Estaba cansado que me repitieran lo mismo.
-Lo sé – murmuré manteniendo la paciencia.
-Mira, creo que deberías salir de casa un rato y comer algo quizá, pero tienes que divertirte un poco ¿de acuerdo?
-Seth no…
-Espera. Escúchame – dijo cuando comencé a incorporarme.
-Me largo.
-¿Te vas? ¿Eso es todo?
Me detuve en medio de la sala. Esto era insólito, ya no podía estar ni en mi propia casa, ellos debían irse y dejarme en paz, solo, como quería estar.
-¿Prefieren irse ustedes?
Seth se desplomó en el sofá resoplando. Paul siguió mirando el televisor pero Quil se levantó y me hizo señas para salir. Quería estar solo, no necesitaba sermones pero igual saldría de casa con o sin él. La fiesta en la playa era el tema de conversación de todos en la Push, últimamente se estaban organizando muchas de ellas pero no tenía ganas de ir. Las últimas dos semanas la había pasado mal, sin saber de Nessie ni de su regreso, era como estar ciego, o como si faltara una parte indispensable en mi cuerpo, ¿el corazón? pero era inútil que los chicos intentaran razonar conmigo, simplemente estaba sumido en una depresión que no me dejaba ni respirar. Cada vez que recordaba a Nessie sentía una presión en el estomago que a veces me costaba esconder.
-¿Hermano, que te pasa? Tú no eres así – comenzó Quil mientras caminábamos a ningún lugar.
Suspiré.
-¿Que es lo que está mal? Quiero decir, sé que Nessie…
Mi rostro se contorsionó. El pareció notarlo así que dejó la frase en el aire.
-Sé cómo te sientes, pero debes salir adelante, Nessie está viva, habla y anda como cualquier otra persona.
-Eso lo dices porque Clear siempre ha estado a tu lado, no puedes saber cómo me siento – la frase sonó vacía y sin expresión.
-Sé cómo te sientes, somos hermanos Jake, ¡caray!
Sabía lo que quería decir porque los chicos estaban artos de mí. Cuando entrabamos en fase no hacía otra cosa más que pesar en Nessie y eso era algo agobiante para ellos. Pero no me importaba pues mi único consuelo era recordarla, recordar sus besos, aunque me hiciera daño saber que ella no sentía absolutamente nada por mí.
Me detuve y lo miré.
-¿Alguna vez has pensado en la posibilidad de que Clear no quiera estar contigo cuando sea mayor? - pregunté.
Quil frunció el ceño con la expresión herida. Clear era un tema delicado para él, así como lo era Nessie para mí.
-Sabes que eso es imposible Jake, la magia nos une.
-Pues esa magia no tiene el mismo efecto en nosotros. No puedes saber cómo diablos me siento porque no tienes idea de lo que está sucediendo en este mismo instante – Casi grité.
Quil bajó la vista.
-Explícamelo – pidió.
Seguí caminando dejándolo atrás, pero él me siguió.
-¿Para qué?
-Pues creo que deberías drenar todo eso, te estás inflando como un globo Jake, vas a explotar un día de estos. Debes dejarlo salir.
Quizás tenía razón pero si de algo servía el que a cada momento me dijeran que era tan terco como Nessie, lo cual me gustaba, entonces por qué no solo se acostumbran a ello y me dejan en paz con mi terquedad.
-Gracias, de verdad Quil pero – no quería sonar demasiado dura con él – Necesito estar solo.
Lo miré.
-En verdad te agradezco que te preocupes pero necesito pensar y no puedo con toda esa música en la playa.
-¿Extrañas la playa tan sola como lo era antes eh?
Sonreí sin ganas.
-¿Vendrás?
-Lo intentaré ¿de acuerdo? – mentí.
El sonrió y luego chocamos los puños. Me volví para seguir mi camino pero Quil me detuvo tomándome del bazo.
-La esperanza es lo último que se pierde ¿sí? La luz está allí, solo que debes saber donde encontrarla.
Me guiñó un ojo.
-Gracias amigo.
Mientras me alejaba de mi hermano que solo intentaba ayudar, no pude evitar sentir rabia. ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado? ¿Acaso era tan mal tipo para que tuviera que pagar una condena como esta? La condena de sus ojos redondos y achocolatados cuando me miraban, la condena de sus labios, de su cuerpo. Mis ojos se humedecieron, esto me pasaba últimamente, por eso mi insistencia en estar solo. Si quería llorar podía hacerlo sin que nadie me viera, sin que nadie sintiera lástima por mí, y sin testigos que pudieran hablar demasiado y que esto llegara a los oídos de Nessie. No me avergonzaba llorar por ella, por Nessie, es la única por la cual lo he hecho.
Seguí caminando sin tener un lugar exacto al cual llegar, a ningún lado en particular porque a donde fuera escucharía su risa contagiosa, distinguiría su aroma o sus pasos acelerados corriendo por el bosque. ¡Demonios! Sabía que Nessie estaba en Denali, que se encontraba bien pero al parecer no soportaba estar tan lejos de ella y sumado a eso el hecho de no saber qué cosas le estarían pasando por la mente en ese instante, si estaría pensando en mi, en los dos. Mi vida se resumía en eso, me estaba consumiendo la incertidumbre, el no saber.
Por fin, llegué al lugar al que siempre terminaba visitando. Caminé frente a la casa de Nessie y me senté en las escaleras del porche. Oculté mi rostro con las manos reprimiendo las ganas de llorar pero mis ojos estaban desbordados. El dolor en mi pecho era muy fuerte para lo débil que me encontraba. Solo me quedaba el consuelo de nuestro último encuentro. Miré mi muñeca y acaricié el mechón de pelo que Nessie había desgarrado de su cuero cabelludo, Luego lo llevé a mi nariz e inspiré profundo. El mismo olor, aun intacto se filtró por mi nariz como el aire fresco. Entonces me calmé.
En medio de mi aturdimiento escuché que alguien se estaba acercando. Me levanté despacio y miré a todos lados. ¿Quién podría ser? Sea lo que sea o quien sea, no tenía permitido danzar por estos lados. Cuando estaba listo para entrar en fase, solo por si acaso, Leah apareció entre los árboles.
-¡Jake! – Dijo sonriendo – ¿Qué haces aquí?
La miré como si la respuesta fuera demasiado obvia. Ella avanzó y se detuvo frente a mí.
-¿Qué haces tú aquí? – contesté secando rápidamente el rastro de lágrimas de mi mejilla.
-Oye a-migo – dijo separando la sílaba - Recuerda que tú mismo dijiste que…
-Si lo que sea.
-Si lo que sea. ¿Iras a la fiesta? – preguntó sentándose a mi lado.
Suspiré.
-¿Si, estoy verdaderamente ansioso por ir, no lo notas? – inquirí con hostilidad.
Leah se quedó mirándome con la expresión ofendida.
-¿Quieres que te diga algo Jake? – Preguntó – No tengo la culpa que todo esto te este pasando, ni yo ni tus hermanos. ¿Acaso no entiendes que esto te está matando? No puedes simplemente andar furioso con todo el mundo como si tuviéramos la culpa que Nessie este confundida con sus sentimientos hacia ti, por te lo digo, esa chica te adora Jake, te quiere, pero tú no has hecho lo mejor para estar con ella, ¿por qué? Pues por la estúpida idea de "dejar que ella decida", eso es ridículo, ahora te lo digo y si pretendes que todo mejore con tu actitud estas equivocado porque si alguien ha sufrido he sido yo, y mírame. No es lo peor que te ha pasado. Nessie volverá y cuando lo haga tú grandísimo idiota le dirás lo que sientes, le confesarás todo hasta lo que pasó entre Bella y tú, que la imprimaste y que no puedes vivir sin ella sino por ella, para que todo esto se acabe y tu vuelvas a corretear por ahí agitando la cola como lo hacías antes ¿captaste? – añadió chasqueando los dedos.
Parpadeé.
-Acabas de decir – me detuve sin poderlo creer – Acabas de decir que… ¿pretendes que le diga lo que pasó entre su madre y yo? ¡¿Acaso estás loca? ¿Estás demente? ¿Quieres que la pierda de esa manera tan estúpida?
-Estúpido eres tú Jacob, ¿cómo le vas a ocultar semejante cosa, ah? Pensé que se lo dirías, no hoy ni mañana pero pensé que serías sincero con ella.
Apreté lo puños de mis manos.
-No puedo traicionarla de ese modo.
-Eso quiere decir que vas a dejar que esto siga en secreto. ¿Jake no has pensado que quizá sea mejor para los dos que le digas todo lo que sientes?
-No sería más sencillo – refuté.
-¡Pero no te queda otra opción! – dijo con impaciencia.
-Si la hay.
-¿Está es tu opción? ¿Quedarte solo? Sin el amor de tu vida, sin la mujer que amas y sin la misma mujer que algún día tendrá tus hijos. ¿O qué? ¿Eso tampoco se lo has dicho?
-No se lo he dicho porque no sabe lo de la impronta, Leah.
-Pues has un pequeño esfuerzo Jake, por ti, por ella, que es inocente de todo lo que está pasando.
-No está lista.
-¿¡Cómo diablos lo sabes! – dijo en voz alta.
Me detuve por un segundo a respirar. Necesitaba apoyarme en algo, me senté de nuevo en las escaleras y sopesé lo que me estaba diciendo Leah. Ella se acercó y se sentó cerca de mí.
-¿Jacob, la amas?
-¡Claro que la amo!
-Entonces no tienes por qué esperar más. Entrégate Jake, estoy segura que Nessie está lista.
-¿Pero qué pasará con Edward?
Leah lo pensó por unos segundos.
-Al diablo con él.
Comencé a negar con la cabeza.
-No es tan fácil.
-Tiene que comprender que amas a su hija y que ella nació para estar contigo, la magia Jake, la magia.
-Entonces al diablo con la magia porque no ha funcionado.
-Maldita sea – dijo Leah con serenidad y fastidio a la vez, como si estuviera tratando de razonar con un niño pequeño.
Nos quedamos en silencio por unos segundos.
-La necesitas, pero debes darle un empujoncito. Jake, las flores no crecen por si solas, hay que cuidarlas, regarlas, cortarle las ramas secas y todo eso para que pueda ser frondosa y hermosa.
Flores, muy acertada comparación, mi Nessie era tan hermosa como una flor.
-Así mismo pasa con el amor, él nace, pero debes alimentarlo, llenarlo de sentimientos, de caricias de cariño, de besos. De palabras bonitas – Me dio un puñetazo amigable en el hombro – De sinceridad.
-Estás muy poética. ¿Que estas tomando? – sonreí.
-Es en serio Jake.
-Lo siento.
Bajé la vista avergonzado. En mi vida Leah me hablado así.
-No te derrumbes porque Nessie aún no te lo diga, pero sé que es si, ella te ama Jake. Eso está escrito quizá desde antes que tú nacieras. Eres el único lobo que ha imprimado a una Hibrida.
-Lo dices como si fuera algo grandioso, quiero decir, lo de la impronta fue lo máximo pero mira lo que eso ha significado para mí y para ella. Quizá por eso es imposible que todo funcione bien.
-No todo cae del cielo Jacob.
-Lo sé. Pero pensé que mi vida iba a ser mejor después de…
-Hey, hey, no hace falta recordar el pasado – me interrumpió.
-Quiero decir, eso está más que olvidado, lo que hubo entre Bella y yo, que de hecho no fue nada, pasó solo por…
-La magia. Ella iba a traer al mundo a la mujer de tu vida. – dijo sonriéndome.
Asentí.
-¿Sabes que es lo más hermoso de todo esto?
Negué con la cabeza.
-Que lo puedes hacer, que tienes con quien hacerlo. Tienes por quien luchar. Eso te mantiene alejado del pecado.
-¿Que quieres decir con eso? – pregunté.
-Al parecer soy la única de la manada que puede hacer lo quiera mientras no tenga un objeto de impronta que me ate completamente a sus sentimientos y que no pueda ver otra cosa que no sea a esa persona y todo lo demás que ya tu sabes, bla, bla.
Enarcó las cejas con una sonrisa pícara.
-¿Y cuál es exactamente el pecado del que hablas? – mi voz sonó demasiado baja. Estaba intentando mantener el hilo de la conversación.
Se encogió de hombros mirando al frente como si estuviera imaginándolo.
Tal vez estaba un poco despistado, ido o lo que sea, pero eso no significaba que no supiera de qué hablaba Leah. Lo había visto en su mente pero nunca pensé que se atrevería a confesármelo de esa forma.
-Creo que por eso soy la única hembra de la manada – comentó.
-No creo que hayas nacido para "eso" en particular – dije haciendo énfasis en la palabra.
-Tal vez no, pero es característico de las lobas abrirse paso en medio de una jauría de lobos hambrientos.
-Eso suena como uno para todos y todos para uno – solté.
No pude controlar la risa, así que solté una carcajada de las mías. Leah me estaba hablando de una forma como nunca lo había hecho. No parecía avergonzada para nada, más bien se le notaba que disfrutaba de ello.
-¿Quién es el chico? –pregunté entre risas.
-Los chicos – suspiró mirándome divertida – No viven por aquí. Son de la ciudad.
No daba crédito a mis oídos.
-¿Estás con dos a la vez? – pregunté sorprendido.
Leah alzó su mano y blandió los dedos índice medio y anular frente a mis ojos.
-¿Tres?- Dije sin poderlo creer.
Ella se rio.
-No sé tú Leah pero no estoy de acuerdo con esa clase de pecado. Recuerda que hace un mes tu hermano tuvo una audiencia con el concejo por este mismo asunto y la verdad no quisiera…
-Oye, lo sé – me interrumpió – No son de los Makah.
Mi expresión se relajó un poco. No soportaría que algo parecido ocurriera con Leah, ella era la beta y sabía a la perfección los problemas que se tornarían a mí alrededor si esta vez fuera la chica quien tuviera que abandonar la manada. La beta no podía irse, era como si una madre abandonara a su familia. La relación alfa-beta nunca debía fracturarse, se crearía una especie de ruptura en la línea de la manada y allí vendrían más problemas con la coordinación y podría ser un problema hasta con las nuevas generaciones. A pesar de que en una oportunidad fui el beta de la manada, Sam, en ningún momento pudo ignorar que yo era el verdadero alfa y el jefe de la tribu, por lo que fue más fácil conectar de nuevo luego de haber tomado mi posición en la manada.
Sin embargo, era difícil decirle a Leah que no lo hiciera. Fuera con chicos de los Makah o de la ciudad, no tenía corazón para prohibírselo, pues estaba dándole la cara al mundo y tomándole la contraria a su naturaleza o para lo que en realidad había venido al mundo, ser solo una loba. Alguien incapaz de despertar la impronta en ningún hombre. Si la única forma que ella tuviera un rayito de felicidad era "experimentando" entonces con qué cara le decía que lo tenía terminantemente prohibido.
Suspiré.
-Leah, solo te pido que tengas cuidado, discreción y si te hace feliz entonces, está bien, hazlo, pero ten cuidado ¿sí?
-Lo sé, Jake.
Arrugó el gesto. Quizá estaría pensando lo mismo que yo, esto era verdaderamente incómodo.
-Si lo vieras de otra forma, tal vez…
-Sí pero el pecado sigue siendo el mismo.
Alcé mi mano y le enseñé los tres dedos, tal y como lo había hecho ella. Luego solté un resoplido.
-Olvídalo. Tienes a Nessie, Ella será tu único pecado.
-No veo a Nessie de esa forma – maticé.
-Antes no.
-Ni ahora – dije entre dientes.
-Oh, vamos Jake.
-¿Como estas tan segura? – pregunté perdiendo la paciencia.
-Tal vez no lo sientas en este momento porque estas sumido en el dolor. Pero cuando vuelva, mas crecida y definitivamente mas mujer ahí si pensaras en lo que te estoy diciendo.
-No tengo por qué discutir esto contigo.
-Es inevitable que pase. Algún día tendrás que hacerle el amor – dijo ignorándome por completo.
-¿Déjalo quieres?
Me levanté del suelo de un salto, estaba furioso con ella. ¿Qué le sucedía? Leah no era así, al menos no hasta que se convirtió en la mujer más dura que había conocido.
-Dime una cosa Jake. Dime que nunca se te ha pasado por la mente, y no me mientas, soy tu hermana y he estado en tu cabeza desde que Nessie nació. Soy la beta ¿recuerdas? Tengo las segundas mejores grandes ideas. Tengo la segunda mejor psique colectiva.
-¡Basta Leah! no tienes derecho a meterte en mi mente, no tienes derecho siquiera a hablarme de esto…
-Lo vez – me interrumpió – Eres tan cerrado como el capullo de una mariposa.
-¡Bah!
-En cambio, mi vida es un desastre – suspiró con la mirada perdida ignorando mi enfado – He buscado y buscado por todas partes a alguien, el indicado para estar conmigo, pero no existe ese hombre, ¿y qué me queda? Seguir buscando, pero a ti se te está yendo la vida en tanta espera, en decidir – rio con amargura – Yo decidí, no me lo estás preguntando Black pero aprendí, a los golpes, pero lo hice. No pienso seguir malgastando cada segundo. Ya no.
Era incómodo hablar con una mujer de su vida amorosa, o este caso, la vida no amorosa. Pero tenía razón.
-Pero tu…tu...
Ella alzó una ceja intuyendo mi pregunta.
-No me he acostado con miles de hombres Jake. Solo he estado con uno de ellos, pero no es tu problema y ni se te ocurra contarle esto a Seth porque te mato.
-Descuida no pensaba hacerlo de todas formas. Es capaz de solicitarte una audiencia y solo para que te prohíban verlos.
-Para terminar – se levantó también – Piensa que eres el más afortunado de todos, Nessie está en la cúspide de la edad adulta y sabe tomar decisiones, no tienes que esperar tanto como Quil y Embry.
Asentí con la mirada gacha.
-Oye, no quiero saber que estas de nuevo por aquí sin entrar en fase.
-Iba a hacerlo, pero otro lobo que tampoco estaba en fase me detuvo.
-A partir de mañana me pasearé por aquí – le anuncié.
-¿Y yo qué?
-Hasta que llegue Nessie, luego puedes volver al trabajo.
-De acuerdo – asintió.
La brisa fría de la noche comenzó a mover los árboles. Ya era hora de irme.
-Voy a entrar. ¿Oye no tienes una fiesta a la que acudir?
-Sí, pero y tu ¿no vas?
Otra vez, es que acaso no lo nota o es que ando sonriente y animado.
-No tengo ganas de ir, Leah.
-Vamos, Jake distráete un poco, no quiero que piensen que el alfa está perdido.
-Estoy perdido Leah.
Puso los ojos en blanco.
-A Nessie no le gustaría verte así, ella es muy animada y siempre le han gustado las fiestas de la Push
La miré con mala cara.
-No pienses que con eso me vas a convencer.
-Ni lo estoy intentando. Vamos, entremos en fase, te acompañaré.
Fruncí el ceño.
-No, gracias. Lárgate, ahora.
-Iré contigo – insistió.
-Leah estás empezando a molestarme de veras.
Se echó a reír.
-Hago lo que puedo. Vamos, entremos en fase ahora. De regreso iremos a la playa y sonreirás y comerás un poco.
-Con que eso tramas ¿no?
Leah corrió hacia un árbol y en unos segundos ya había entrado en fase. Luego, Soltó un ladrido en mi dirección.
Bufé, no me quedaba más remedio que hacerlo. Corrí hacia uno de los árboles más cercanos y casi al instante el fuego abrazador subió desde la columna hasta mi cerebro. Un segundo después Leah irrumpió en mi mente.
La noche es joven Jake. Te reto a una carrera de aquí al perímetro.
Estoy de guardia ahora.
Eres patético Jake.
Las risas de Leah sonaron en mi mente. Se estaba burlando de mí. Echó a correr y yo la seguí olvidando que debía trotar, olisquear, y rasgar. Mi instinto de competencia era más fuerte. Nadie podía retarme, era muy sensible a ello.
Veamos que puedes hacer Clearwater.
Corrimos a la par por muchos minutos mientras nos aproximábamos al perímetro. Deseché de mi cuerpo cualquier rastro de mi humanidad, ahora era un lobo. Leah siempre había sido la más rápida entre Quil y Seth, pero yo seguía siendo mejor que ella, mis patas eran más grandes. Casi escuchaba la tierra tronar bajo nosotros mientras corríamos a toda mecha por el bosque, hacía saltos para esquivar las raíces y Leah se golpeaba contra los troncos de los árboles para ganar impulso.
Cuando decidí fijarme bien a mí alrededor, donde nos encontrábamos, perdí velocidad y Leah se adelantó.
Adiós, Jake.
Leah espera.
¿Qué sucede, te cansaste?
Nos alejamos demasiado, regresa.
No inventes…
¡Ahora!
Eso fue una orden. Me detuve a esperarla visualizando el espacio a mí alrededor.
¿Corrimos por cuánto tiempo?
Algunos muchos minutos.
Tenemos que regresar, ahora mis…
Un ruido casi filoso atravesó la espesura frente a nosotros. Fue tan rápido, que el sonido que hizo no concilió con el fugaz paso entre los árboles de aquel espectro blanquecino. Mis ojos lo buscaron con nerviosismo, pero no logré encontrarlo. En cambio, mi nariz, me decía que aún seguía ahí, que el aroma asqueroso que desprendía su vetusto cuerpo estaba cerca, a la espera.
Me preocupaba la forma en la que pudiera terminar todo esto. Leah estaba realmente feliz de poder hacer algo, que según ella "valiera la pena en su maldita vida" pero no tenía nada de gracia la situación tan poco complicada en la que nos encontrábamos y solo porque se me había ocurrido la gran idea de aceptar una carrera hasta el perímetro a estas horas de la noche. Pero fue en ese preciso instante cuando dejó ver su cuerpo entre el paso apresurado de los árboles. Su enorme silueta se encontraba escondida entre los helechos y las ramas secas, jugando con la oscuridad de la noche.
Que demo…
¿Qué demonios es eso?
Me encontraba tan furioso que las palabras, en mi mente, sonaban tan agrias como las jaleas de naranja de Rachell.
Nos está rodeando.
La loba desnudó los dientes con ferocidad.
Me quedé atento a cualquier movimiento que se produjera a nuestro alrededor, no iba a dejar que nos sorprendiera, éramos dos y con eso bastaba y sobraba para acabarlo. Aunque me inquietaba de sobremanera la idea de que nuestro huésped tuviera otros "amiguitos."
Los huéspedes son otros, Jake.
Insinuó Leah después de olisquear en dirección al objetivo. La verdad era que nos encontrábamos lejos, muy lejos de lo que sería nuestra área.
Jake, esto no está bien. ¿Es lo que creo que es?
Silencio Leah no puedo escuchar con tus…
No había terminado de hablar cuando una voz melosa, sinuosa y retorcida me interrumpió a mitad de frase. Se coló en mi mente tan fácil como el agua por los hoyuelos de un colador.
¿Se les ha perdido algo?
Leah saltó y al mismo tiempo nos pusimos en guardia hurgando con la mirada a los lados. Mis dientes quedaron al descubierto con gesto de amenaza mientras que de mi pecho salía un rugido asesino. Leah no parecía conservar la misma paciencia que yo por lo que comenzó a moverse a mí alrededor al asecho, fijando la mirada donde se había producido la voz.
Tranquila.
Estoy tranquila.
No, no lo estas.
Jake, no me presiones. Esa cosa acaba de hablarnos. ¿Cómo pretendes que esté tranquila cuando esa cosa acaba de hablar en nuestras mentes ah?
Calma.
¡Estoy calmada!
Sí, claro.
Jake, solo alguien de nuestra misma especie es capaz de leer nuestras mentes cuando estamos en fase y por si fuera poco meterse en ella como si fuera invitado especial para hablar de las películas que están de moda.
Lo sé.
Que difícil era hablar con Leah cuando se encontraba sumergida en lo más profundo de su instinto, en esas aguas turbias y peligrosas pero en calma. Era una sensación irrefrenable a la que, sin tener elección, nos veíamos obligados obedecer. Era como tener nuestro propio alfa dentro, cuya orden era hacer exactamente lo que se debe y no lo que se quiere, aunque lo que se deba hacer no sea lo correcto. Aunque Leah estaba en lo correcto. ¿Ahora que con qué diablos nos enfrentaríamos?
¿Nunca les enseñaron a tocar antes de entrar?
Esa voz nos sorprendió de nuevo.
Me sorprende que se atrevan a venir hasta aquí.
Cada palabra sonaba clara y separada, lo más cercano a una amenaza.
Los sonidos se producían en todas partes pero eso no incapacitaba la certeza de mi objetivo.
A la izquierda Leah.
Bingo.
Espera, no te muevas.
El extraño de la voz, continuó.
¿Cómo es que El legítimo Taha Aki y la Hē'e de la manada se encuentran tan lejos de casa? Tan a expensas del peligro. Tan solos.
Rio con ironía.
Aquella frase me turbó. Leah comenzó a tener una especie de espasmos corporales. Su cuerpo temblaba pero se mantenía firme y en guardia.
¿Estás bien?
No sé qué me pasa, no puedo controlarlo Jake.
Aguanta Leah.
No sabía qué hacer, tenía a mi lado a Leah convulsionándose y casi a unos metros de distancia a un fulano lobo que no sabíamos ni de donde había salido.
¿Acaso no sabes quién soy?
No.
Ma'heo'o.
Murmuró Leah.
¿Qué significa?
El lobo rio de nuevo.
Poco a poco y con un sigilo nada normal se fue acercando hasta nuestra posición dejándose ver por completo. Mis ojos se entornaron cuando ese enorme animal se detuvo frente a nosotros. No era un chico, tampoco un hombre, era un anciano, lo noté por su voz y por la majestuosidad con la que se sentó sobre sus cuartos traseros, algo que a Seth le hubiera producido mucha gracia para variar.
Su pelaje era de un blanco platino y brillaba con la luz de luna. Lo primero que se me vino a la mente fue el día que bromeábamos sobre el color de nuestros pelajes en las fogatas de la Push, según la historia, cada color definía la jerarquía y el espíritu de cada miembro de la manada pero hasta ahora ninguno incluso Leah, la única hembra, había adquirido el color del imperio o como lo llamaba Sam, el emperador plateado. Solo uno conocido, además de este, el legendario Taha Aki y solo podía ser…
Sí, mi hermano Taha Aki, tu tátara abuelo.
¿Qué?
¿Su hermano?
¿En realidad no sabes quién soy eh?
Esto no podía ser cierto. ¿Mi tátara… tío abuelo? ¿Cómo podía ser eso posible? El primer hombre lobo conocido fue Taha Aki.
¿Acaso, no les enseñaron cultura general?
El enorme lobo ladeó la cabeza a un lado.
A Ka' Wi, para servirles.
Gracias. Un placer conocerlo. Nos vamos.
¿No se quedan?
Justo cuando iba a dar el primer paso, Leah se clavó en el suelo como si sus patas no funcionaran. Sentía, a través de ella, el peso de sus palabras como si A Ka'Wi fuera el alfa, tal y como sucedía con los demás miembros de la manada cuando obedecían con sólida fijación la orden de su jefe.
Levántate Leah.
Le dije.
Jake…no…
No puede. Porque yo no se lo permito.
La serenidad de sus palabras fue como un balde agua fría para mí.
Le pido, por favor que la deje. Por favor.
¿Les aturde mi presencia?
No queríamos molestar. Solo pasábamos por aquí.
¿Pasaban por aquí? Me han ahorrado el trabajo de ir a buscarlos. Estaba por visitar mi antigua tierra.
Solo queremos irnos, por favor.
Oh, Leah querida, lo sé. Pero lastimosamente, yo no puedo dejarlos ir.
¿Qué es lo quiere?
El miedo invadió mi cuerpo, nos habíamos servido en bandeja de plata y diamantes. Lo que fuera que quisiera este anciano me preocupaba de sobremanera. Leah seguía tendida en el suelo y no podía hacer nada para ayudarla.
¿No es demasiado obvio, Black?
"Leah levántate, ahora"
Escondí aquella frase allí donde mi mente no podía ser ultrajada. Algo que como alfa podía hacer, pero Leah estaba tan aplastada por la orden de A Ka'Wi que no podía escucharme.
Quiero estar de vuelta. Tomar lo que por ley me pertenece y limpiar las asquerosidades que dejó Taha Aki. Incluyéndote.
"Leah, ¿estás bien? tenemos que salir de aquí. ¿Puedes levantarte?"
El anciano rio.
Muy bien Black, eres tan bueno como lo era tu tátara abuelo, pero no tan experto como lo hubiera querido. Me sorprende, la Hē'e ¿tu beta? Leah, sí que eres guerrera. Deberías estar arrastrándote del dolor. Impresionante.
Tenía que hacer algo y rápido. No podía quedarme y ver nuestras fatales muertes. No era mi hora, no lo era para ninguno de los dos.
"¿Leah, puedes escuchar lo que digo?"
S-si…
"CUANDO TE DIGA, TE LEVANTAS Y ECHAS A CORRER POR EL BOSQUE"
Cada vez más el enorme lobo se acercaba enseñando su filosos y amarillentos dientes. Tenía pánico por Leah y ella estaba igual o peor que yo. Me interpuse entre ella y A Ka'Wi, protegiendo a ésta del ataque que ahora mismo estaba planeando el lobo. Necesitaba sacar a Leah de allí. En el preciso momento en que A Ka'Wi se lanzó hacia nosotros grité en mi mente lo más fuerte que pude, dándole el mismo peso y la misma fuerza a mis palabras.
¡CORRE, ES UNA MALDITA ORDEN LEAH CLEARWATER!
Impresionantemente Leah se levantó del suelo y echó a correr a medias hacia el bosque. Casi al instante mi cuerpo fue impactado con una fuerza tremenda contra un árbol, mis costillas sonaron al contacto con la madera y luego caí al suelo golpeando mi cabeza.
Tú vienes conmigo.
A Ka'Wi se lanzó en dirección a Leah como un bólido Al mismo tiempo que yo intentaba recuperarme del fuerte golpe que me había dejado sin aire en los pulmones. Cojeando, corrí lo más rápido que pude detrás de ellos intentando alcanzarlos por todos los medios. No quería imaginar lo que le haría a Leah. Los aullidos de la loba se escuchaban terroríficamente en medio del silencio de la noche.
¡CORRE LEAH!
Me cegaba el pánico, en ese momento evité pensar demasiado en Nessie, pero era ineludible que su rostro se transformara de la nada en mi mente. ¿Qué le pasaría si yo faltaba? ¿Estaría segura a partir de ahora? Ya era demasiado tarde. Por un instante pensé que A Ka'wi se había detenido, quizá demasiado atento a lo que estaba pensando, pero seguía su carrera frenética tras Leah.
¡ERES MIA, ERES MIA!
¡NO!
Entonces los visualicé. Frente a mí, como dos rayos en medio de una tormenta eléctrica, pasaron los lobos. Debía detener a A Ka'Wi y permitir que Leah pudiera escapar. Envestí al anciano y con todas mis fuerzas enterré los dientes en sus patas traseras haciéndolo caer en el suelo.
¡Jake!
¡Corre, vete!
El antiguo, clavó los dientes en mi cuello. Solté un grito desgarrador. Sentía que mi cuerpo era una marioneta, y A Ka'Wi era el que la movía a su antojo a todos lados. Mis articulaciones me fallaron pero no me rendí. De pronto Leah salió de la nada, tan feroz como solo una loba enfadada podía llegar a convertirse. Los rugidos y el particular sonido que producía el choque de nuestros dientes, la lucha por nuestras vidas, vidas inocentes, me produjo coraje y con una fuerza tremenda que saqué de no sé donde logré sacármelo de encima sin antes darle un buen mordisco en las costillas que traquearon al igual que las mías.
A Ka'Wi soltó un rugido.
¡Corre, vamos Leah!
Tal vez, por obra y gracia del cielo, A Ka'Wi no nos siguió sino que se quedó observándonos cual psicópata deja ir a su víctima sin antes darle un previo aviso.
Me verán de nuevo. Júrenlo. No se les ocurra pasear solos por aquí de nuevo, ni por ningún lugar. Leah, tú serás mía, solo mía y Black… envíale mis saludos a Renesmee.
Sentí un vacio en el estomago, me sentí morir.
