Claim: Charlie Weasley/Andrómeda Tonks.
Notas: Pre-series.
Rating: T.
Género: Romance.
Tabla de retos: Drabblethon.
Tema: Viudez.
Se ve tan diferente de la mujer que conociste cuando eras joven, las arrugas han hecho mella en su piel de porcelana y sus ojos están apagados, como dos estrellas distantes. La guerra, además, le ha dejado varios tics nerviosos y le ha dejado el hábito de agachar la cabeza para esconder su dolor. Tan diferente, pero aún así tan distante como el primer día. Andrómeda, tu primer amor adolescente y el único, tal vez.
No ayuda el hecho de que de nuevo vas a visitarla con tu madre, como antaño tantas veces hiciste con la excusa de hablar con Nymphadora, aunque ahora el motivo sea mucho menos festivo que en anteriores ocasiones. Hay muertos y lágrimas por doquier, tú mismo has quedado marcado por la guerra y la pérdida, el vacío de un hermano que nada puede llenar. Molly y ella comparten lágrimas y palabras de consuelo, comparten arrugas y secretos de la edad. A su llanto, además, se une el del pequeño bebé de Tonks, huérfano aún en la cuna.
—Teddy —dice alzando la cabeza Andrómeda cuando el llanto inunda la casa, antes solariega y llena de vida. Parece ser la única alarma que su cerebro embotado por la pérdida puede percibir, parece ser su único anclaje a la vida. Molly le da unas palmaditas en la espalda, aunque ella misma está llorando, nadie sabe qué hacer. A pesar de que la casa está abarrotada de dolientes y conocidos, el mundo está petrificado en su dolor.
—Ya voy yo —te ofreces y ella asiente, de nuevo ausente en recuerdos y recuerdos. Teddy se parece mucho a Nymphadora, con cabello largo y vivo de color, lo único vivo en esa casa. Lo alzas en brazos y lo meces, canturreándole con ayuda de un sexto sentido paterno, aunque nunca en la vida te has planteado tener hijos. Pronto el pequeño deja de llorar, sin duda engañado por la ilusión de que eres su padre, ese amable hombre llamado Lupin.
Te quedas observándolo y meciéndolo durante largo rato, mientras el polvo se arremolina en los haces de luz que se cuelan por la ventana, después de un tiempo pareces tan adormecido como él, sumergido en la atmósfera que reina en la casa, llena de promesas, recuerdos y sueños rotos, hasta que Andrómeda aparece en el umbral de la puerta, como un espíritu descarriado siguiendo el mismo patrón que hizo en vida.
—Está bien —afirmas y le diriges una sonrisa, en espera de que el acto sea reflejo y veas su rostro iluminándose, sin embargo, no sucede y la tensión, mezclada con la tristeza, flota en el aire que los separa, aún más, siempre aún más—. Es como cuidar a un bebé de dragona, aunque claro estos no echan fuego —un chiste futil antes de que ella te haga un gesto con la cabeza para que le prestes a Teddy, único vestigio de una familia antaño feliz. No dice nada y se limita a cambiarlo y alimentarlo en el silencio de una autómata, en la ausencia de alguien que ya ha perdido las ganas de vivir.
Extiendes tu brazo para confortarla, después de todo, si Molly puede abrazarla, ¿por qué tú no? Pero tu consciencia te detiene, sabiendo que albergas dobles intenciones y cuando se voltea a mirarte, sorprendida de que aún sigas ahí, sabes que la viudez te la ha arrebatado para siempre y que la verdadera Andrómeda se ha ido con su esposo e hija, dejando tras de sí sólo a una abuelita consumida, enteramente dedicada a su nieto.
