La saga pertenece en su totalidad a StehpM. La historia y algunos otros personajes me corresponden como autora de la misma.

-Gi-


Wuooolaaaaa lectorasss! como estan?

Espero que su semana haya estado de lo mejor. La mía estuvo relativamente bien, fue un fin de semana largooooo, aburrido peroo productivo. Lo mejor de todo fue que tuve suficiente tiempo para escribir y aqui les tengo su capitulooo! Wiii! XD

Les cuento que lo mejor de todo es que lo pude terminar en un poco mas de dos dias y solo para que no desesperaran. Por cierto MUCHAS GRACIAS por sus coments, a todas las que lo hicieron.

No las hago esperar mas.!

Gracias otra vez por su apoyo y tiempo.

Espero lo disfruten tanto como yo.

Con cariño, Gi.

Un alma se mide por la
dimensión de su deseo,
del mismo modo que se juzga
de antemano a una catedral
por la altura de sus torres.
Gustave Flaubert


NEGACION

Ya había pasado una semana, una maldita semana, en la que mi mente conmocionada aun intentaba entender lo que había hecho. Mantenía una distancia bastante incómoda con Jake, cuando intentaba acercarse a mí lo esquivaba, me miraba a los ojos y hacía todo por evitarlo y aunque necesitaba que me tocara, sentir su piel, no se lo permitía. Él no decía nada, solo se apartaba y ya. Él silencio era lo peor, esos días, había reinado la omisión el sigilo y la prudencia. No existían demasiadas palabras ahora que ni yo misma sabía que decir, tampoco querían salir demasiadas de mi boca. No hablaba si no era estrictamente necesario y él evitaba decir mucho para no crear más tensión que la que ya nos corrompía. Era doloroso, pero verlo a los ojos me resultaba más difícil. Era como volver a rehacer la escena en mi mente, ver su rostro pálido y su mirada, fija en la mía, sin vida, toda esa sangre ahora en mi cuerpo, llenándome de vida y fortaleza cada día que pasaba.

También había algo que no pude sacar de mi cabeza y era mas que la sensación de cosquilleo en mi vientre lo que me producía recordarlo que casi siempre terminaba apartándolo de mi mente para no crear allí una especie de "dependencia."Aunque los últimos días ya no me daba vergüenza el hecho de saber que Jake y yo estuvimos a punto de estar "juntos." Era algo que además habíamos intentado los dos, no discutir otra vez. O mejor dicho, Jacob no quería discutirlo pero como las cosas habían tomado un vuelco tan grande, no cabía duda que esto también.

-Buenos días – dijo casi en un susurró la mañana del octavo día.

Lo único que hice fue bajar la mirada.

Se acercó a la puerta de la habitación y apoyó su cabeza en el marco, con una expresión en su rostro indescifrable. Había insistido en que durmiera afuera en el sofá, no quería tentaciones de ningún tipo, ni de su cuerpo ni de su sangre. Resultaba como una droga que actuaba sin compasión en mi cuerpo, ese líquido rojo se había vuelto ahora lo que más deseaba. Ya lo había probado una vez pero si volvía a ocurrir, Jake no correría con la misma suerte. Ahora conocía el deseo insaciable por su sangre, el frenesí divino que hizo que casi lo matara al querer hasta la última gota.

-¿Vienes conmigo? – preguntó con cautela y sin esperanzas.

Como no teníamos comida, Jake había recurrido a su segunda opción, ir de caza. Evitaba constantemente decir la palabra "caza" porque sabía que no estaba dispuesta a hacerlo y que me producía incomodad escucharla. Su sangre me había puesto lo suficientemente fuerte como para no probar otra gota en unos días más. Cada vez que me negaba, Jake salía cabizbajo de la habitación, porque también me oponía a salir de allí, se iba por unas horas y luego volvía rápidamente. Pero el tiempo de ir de caza había aumentado desde la última vez que regresó, casi al anochecer.

Jake me miró por última vez y antes de salir de la habitación dijo con voz entrecortada.

-No m-me puedes hacer esto… por mas tiempo.

Luego se fue y como era de esperar, gruesas lágrimas se deslizaron por mi mejilla causándole más dolor a mis ojos hinchados y enrojecidos.

Me había jurado a mi misma mantenerme alejada de Jake, aunque eso me costara muchas noches mas llorando en silencio, hasta que definitivamente estuviera lista para alejarme de él. Nunca iba a estar lista, claro que no, pero tenía que armarme de valor y dejarlo ir. ¿Pero que estupidez decía? ¿Dejarlo ir a donde, a la Push? ¿Acaso eso iba a impedir lo que el destino le tenía deparado? ¿Acaso Jake iba a desistir de la idea de enfrentarse a A Ka'Wi? No. Todo seguiría igual, igual de peor, igual de doloroso porque aunque mi lobo estuviera sufriendo por mi causa también sufría por su familia y por el día que tuviera que dejarlos. No tenía por qué seguir mintiéndome a mi misma, un lobo maduro nunca podría ser mejor que un anciano capaz de controlar la mente de un alfa y Jake estaba consciente de ello. Sin duda, todo se acabaría ese día. De todas formas, los dos teníamos motivos para morir y también para estar escondidos en un bosque desierto, así que…que mas daba. No me iba a mover de allí, moriría de inanición… o de dolor, si es que eso era posible. Hasta que el Ma'he'o viniera a buscarnos.

Me levanté de la cama, como cada día, para estirar las piernas que ya empezaban a adormecerse mas seguido. Caminé con lentitud hasta la puerta y la abrí. Todo estaba desierto afuera pero una fina capa de niebla lo hacía parecer mucho más. Me concentré en los sonidos, buscando cualquier indicio de su paradero. Me preocupaba demasiado cuando tardaba, cuando ni siquiera era capaz de localizarlo con mi agudo sentido auditivo. Todos los días, me detenía en la puerta con la esperanza de oírlo regresar hasta que mis oídos captaban sus patas sobre la tierra fría, sabía que era el momento de bajar la mirada y prepararme para otro día de silencio interminable. Entonces, corría de nuevo a la habitación y respiraba con más tranquilidad al verlo entrar a la casa.

Pero ya eran más de las seis y Jake no volvía.

-¿Donde estas? – dijo buscando con la mirada impaciente.

Me quedé otro rato con el corazón queriendo salirse de mi pecho pero Jake seguía sin aparecer. Una ráfaga de viento acompañada por frías gotas de lluvia me obligaron a entrar de nuevo a la casa. Empezaría a llover en cualquier momento. Decidí que me daría un baño mientras esperaba que de una vez por todas se acabara mi martirio de cada día. Vivía con el miedo de no saber si regresaría sano y salvo o si no regresaba…

Las gotas de agua recorrieron mi cuerpo al abrir la llave de la fea ducha, oxidada y llena de moho. No podía dejar de pensar en la forma en que había resultado nuestra última semana, en la cual por supuesto las lágrimas y el dolor persistieron. Jake había agotado todas las medidas necesarias para hablar conmigo, era extraño verlo desde la otra esquina de la habitación sin poder siquiera sostenerle la mirada, sin poder tocarlo o besarlo. Moría de ganas por besarlo, solo los cielos sabían que así era, pero no quería acercarme a él, era muy peligroso. Desconocía mis límites y estar demasiado cerca de Jake solo complicaría las cosas y no necesitaba volver a pasar por lo mismo, ya tenía suficiente y aun seguía culpándome por casi haberlo matado. Me estremecí.

No pude evitar soltar un gemido. Lloraba constantemente pero últimamente no podía parar, una vez que sentía aquella presión terrible en mi pecho, entonces ya mis ojos estaban inundados de lágrimas. A veces me hacía sentir aliviada, pero no me gustaba llorar en presencia de Jake pues eso lo ponía nervioso y asustado. Cuando ya mis ojos no daban para mas, inspiraba profundamente y me calmaba. Por las noches era distinto, era peor por el hecho de que con tan solo unir los parpados llegaban esas imágenes terribles a mi mente. Duraba largas horas despierta hasta que el cansancio me vencía y solo así conciliaba el sueño. Solo en momentos como este lloraba de verdad, acurrucada en las sábanas abrazándome a mi misma. Cada vez que recordaba lo que yo había hecho, cada vez que evitaba la mirada de Jake, cada vez que necesitaba sentir su piel cerca de la mía, cada vez que ansiaba que me besara, por cada vez era una lágrima.

Dejé que el agua helada se llevara consigo las lágrimas que cayeron en mi rostro. Inspeccioné mi cuerpo, antes lo había hecho solo para mirar en el espejo el reflejo de mi niñez, mas esbelta y mucho mas pequeña. Ahora todo estaba bastante desarrollado en mí, mis pechos habían aumentado de tamaño los últimos meses, cosa que una vez me explicó mi madre. Ella había dicho que en la adolescencia las niñas y los niños… "sufrimos cambios físicos y mentales debido a la presencia de la pubertad" – había terminado su frase limpiamente interrumpiéndola. Terminé rápido, salí de la ducha y me miré en el espejo roto a la mitad que se encontraba fijado en la pared.

Definitivamente mis pechos habían crecido, pero no sabía por qué le retribuía todo esto a el hecho de que me había "alimentado bien la última semana." ¡Todo esto apesta! ¿Realmente la sangre de Jake pudo hacerme esto? Eso era estúpido. Yo tenía que crecer, porque después de todo era también humana, no por eso su sangre era la culpable de que mis pechos hayan crecido. Retiré el cabello de mis hombros y me fijé en la mirada que me devolvía aquel espejo. Una mirada de dolor y de confusión. Esos ojos se irritaron de nuevo a causa de las lágrimas que amenazaban con salir. ¿Estaba más delgada? Pasé uno de mis dedos por el vientre y lo hundí un poco, no sentí más que un leve dolor donde había presionado. Descubrí que mi cadera estaba ganando espacio dentro de mi piel así que toqué con los dedos el hueso iliaco que sobresalía a cada lado con el ceño fruncido y un pensamiento extraño en mi mente.

Resoplé.

Apesadumbrada, tomé la toalla y envolví mi cuerpo en ella, quitando de mi vista ese cuerpo que odiaba con toda mi alma. Torcí el gesto abriendo la puerta de un manotazo.

-¡Agh! – exclamé.

-Tu cuerpo es hermoso.

Me quedé helada. Jake se encontraba de pie en su límite de espacio, entre la habitación y la sala. Como era de esperar, evitó mirarme clavando los ojos en el suelo. ¿Cuándo había llegado? No me había dado cuenta. ¿O si? Demonios…

-No vi nada…quiero decir, nada de lo que debas avergonzarte – dijo rápidamente al notar mi expresión de pasmo.

Él no pudo haber visto nada. ¿O si? No, no, no. Que vergüenza. Bueno, él había dicho que "no había visto nada" - pero también dijo - "nada de lo que debas avergonzarte." ¿Que debía pensar? Mi corazón empezó a latir con fuerza. Parecía apenado pero no mas que yo.

Me limité a cruzar los brazos sobre mi pecho sin dejar de mirarlo.

-Lo siento Nessie yo… solo esperaba que salieras para… - se detuvo frunciendo el ceño – Quería decirte que conseguí unos hongos… quizás quieras cenar hongos hoy…

-¿Donde estabas? – lo interrumpí con voz severa.

Él se quedó con la boca abierta.

-Recogiendo hongos – dijo al fin - Tenemos que comer y ya yo no soporto…

-La próxima vez por favor simplemente dilo.

Jake puso cara de confusión.

-¿Decir que?

-Que te vas a tardar. ¿Crees que no me preocupo? – dije con enfado.

Jake medio sonrió.

-Nessie, también me preocupa dejarte sola pero como no quieres venir conmigo entonces – se detuvo frunciendo el ceño - Gracias por preocuparte de todas formas.

Hubo una pausa.

Jake esperó que respondiera pero no dije ni pío. Sus ojos se volvieron tristes y apagados, como todas las noches cuando cerraba la puerta de la habitación.

-Ness hablemos de esto ¿si?

-No hay nada que hablar – maticé.

-Necesitamos hablar – dijo en voz baja dando un paso hacia mi.

Yo me moví hacia atrás enterrando mis uñas en la toalla. Jake notó mi movimiento así que se detuvo en seco con el rostro contraído. Mis ojos buscaron la madera del suelo.

-Puedes… - intenté decir.

Pero Jake ya había cerrado la puerta.

Comencé a dar pasos de un lado a otro mordiendo mi labio inferior muerta de la pena. Solo debía limitarme a evadir su hermosa mirada que penetraba hasta la última de mis terminaciones nerviosas. ¿No sería tan difícil? Bueno solo tenía que evitar estar demasiado cerca de él. Me vestí con rapidez. No sabía por qué había sentido ese cosquilleo en mi estomago al ver a Jake de pie frente a mi diciendo esas cosas de mi cuerpo.

Después de unos minutos llegó a mi nariz un olor, como a carne o algo así. Supuse que eran los hongos. ¿Acaso sabía cocinar hongos? Mi estomago rugió repentinamente. Olía muy bien.

-¡Oh, no! – dije colocando los brazos sobre mi abdomen.

Subí a la cama ignorando el sonido que producía cualquier cosa con la que Jake estuviera removiendo los hongos y me quedé allí disfrutando del aroma. Mi estomago volvió a rugir furioso, me preocupaba cada vez mas el hambre, aquel vacio que me obligaría a ir corriendo en busca de comida. Maldito seas Jake.

Suspiré.

Me mantuve clavada en la cama por un tiempo mas pero necesitaba comer, tenía mucha hambre y mi estomago estaba por comerse mis otros órganos si yo no hacía nada para impedirlo. Lo pensé varias veces antes de levantarme definitivamente de la cama y salir de la habitación con pasos forzados. Jake alzó la vista desde el sofá, se quedó a medio masticar, al verme salir de mi encierro voluntario. Perfecto, estaba sonriendo. Su plan salió como lo esperaba. La carnada perfecta. Maldición.

-¿De que te ríes? – pregunté con desdén.

-De nada. Puedes servirte lo que quieras – dijo señalando con la cabeza la sartén encima de la mesa.

Puse los ojos en blanco.

-¿Tengo hambre de acuerdo? – dije desviando la mirada de él. Mis ojos a estaban en la comida ahora.

-Está bien – dijo Jake alzando las palmas de sus manos – Traje suficiente para una semana.

Resoplé mientras me dirigía hacia la pequeña y desgatada mesita que se encontraba frente a Jake. Estaba muy cerca, no podía aproximarme a su cuerpo ni un centímetro más. Si lo hacía, entonces comenzaba a sentir llamaradas de fuego en mi garganta. Contuve la respiración y tomé con cuidado la sartén donde me esperaban calientes y doraditos los hongos. Que delicioso olía.

-Déjame ayudarte – dijo Jake acercándose a mi.

-¡No! – Él se detuvo con la mano extendida – Solo…no te acerques. Por favor.

Toqué el mango del recipiente metálico y lo atrapé en mi mano, lo atraje hacia mí con velocidad. Jake me miró como si me estuviera volviendo loca.

-¿Esto no es necesario sabes? – farfulló tomándome del brazo.

Subí la mirada desde su mano, que me sostenía, hasta sus ojos con acritud. Mi pulso se disparó. Solo me concentré en mantener la respiración.

-Tarde o temprano vas a entender que no podemos estar separados por más tiempo. Vas a necesitar de mis besos tanto como yo lo estoy necesitando ahora y te juro Nessie, que una vez que te tenga en mis brazos de nuevo, ni el cielo ni la tierra van a librarte de mí – musitó con firmeza.

Sus ojos me quemaron la piel.

-S-suéltame – titubeé.

Jake aflojó los dedos sin dejar de mirarme con vehemencia. Me libré de él y volví a encerrarme en la habitación. Una hora mas tarde estaba buscando un motivo para salir de allí. Que diferente hubiese sido sin mi metida de pata. Probablemente ahora estaría comiéndome a besos a Jacob y disfrutando estar entre sus brazos cálidos sumamente contenta. Pero no. Rápidamente volvía esa imagen torturadora a mi cabeza de Jake muriendo en mis brazos y yo bebiendo su sangre…

Arrugué el gesto.

Me llevé la mano a mi vientre y volví a hundir mis dedos en el. Me molestaba un leve dolor que no había cesado desde la ducha. Me enfadé conmigo misma. ¿Desde cuando tenia que preocuparme por algún dolor? ¿O por una repentina pérdida de conocimiento? Últimamente estaba sintomática. Ojalá mi abuelo estuviera aquí, él sabría que decir. Evité que mis pensamientos tomaran forma, dejando atrás el recuerdo de mi abuelo o mis padres. Recordar a mi familia no me hacia nada bien. No quería llorar de nuevo y tenía una "sartén vacía que lavar" o llevar a la cocina o…colocarlo encima de la mesita o… lo que se me ocurriera para tener un motivo para salir de la habitación. Solo para verlo. Lo último que me había dicho me dejó atontada lo suficiente como para comer y no darme cuenta de lo rápido que había terminado. Además, los hongos estaban muy buenos. Suspiré y me levanté de la cama.

Abrí la puerta y salí con la cabeza gacha. Lo vi de reojo. Jake me observó caminar hasta la pequeña cocina donde dejé la sartén y me lavé las manos con mucha lentitud, luego hice lo mismo con el recipiente. Lo oí levantarse y tomar el plato con una de sus manos. Me puse nerviosa al instante. Se acercó a mi espalda con cautela colocando el plato a mi lado.

-Lo haré yo o... ¿prefieres hacerlo tú? – preguntó en voz baja cerca de mi oído.

Volvía a hacerlo de nuevo. Una sensación de cosquilleo recorrió mi estomago.

-Yo limpio. Tú cocinas – dije con naturalidad fingida.

-Perfecto – su aliento rozó mi nuca.

Me estremecí.

-Comeremos hongos todos los días.

-Lavaré lo mismo todos los días – dije al instante.

Mientras restregaba el plato donde había cenado, sentí a mi espalda el roce que se produjo en el aire cuando Jake alzó su mano. Tomó un mechón de mi cabello entre sus dedos y lo acarició.

-Atrás Jacob – le dije con voz contenida.

-De acuerdo.

Lo escuché sonreír disimuladamente a mi espalda.

-Voy a dormir.

-¿Tan rápido? – pregunté volviéndome hacia él.

-Si.

-Pero si siempre te quedas dormido en la mañana.

Él se encogió de hombros.

-Te toca hacer guardia esta noche.

-¿Estamos haciendo guardias? – pregunté entornando los ojos.

-Así dormirás en la mañana. No tendrás que preocuparte por mí mientras duermes.

-Muy generoso de tu parte Jacob pero puedo hacer todas las guardias que quieras aun cuando tú estés de caza – le solté de forma despectiva.

Alzó una ceja.

-Buenas noches – dije caminado hacia la habitación con paso decidido.

-Hasta mañana, preciosa – dijo quitándose la camisa.

Mi corazón saltó.

-Oye – me detuve a medio paso sin mirarlo – Lo de las guardias no es cierto. Solo quiero que no te preocupes por mí. No es necesario – añadió como si eso no me importara.

Fruncí el ceño asimilando aquellas palabras que me produjeron mucho dolor. Él no quería que me preocupara, pero yo no sabía si él regresaría mañana. Entré a la habitación y cerré de un portazo.

No pegué ojo en toda la noche. Aunque el tema de las guardias me parecía bastante importante y serio, sentía la necesidad ahora de saber que Jake estaba descansando, pero él era terco y orgulloso. Tampoco durmió. Lo escuché varias veces levantarse del sofá y caminar hacia la puerta, o la ventana. Otras veces solo se quedaba de pie sin moverse. Entonces volvía a acostarse y lo oía de nuevo moverse de aquí para allá suspirando y resoplando.

En la madrugada, no supe a que hora exactamente, Jake salió de la casa. Me levanté apresuradamente de la cama y salí. La puerta estaba medio abierta, así que por esa rendija se colaba su efluvio acompañado por un fuerte olor a tierra húmeda. Lo escuché avanzar poco a poco hasta que se detuvo. ¿Qué demonios hacia allí? y no fue hasta que escuché un sonido liquido discurriéndose entre las matas y las ramas secas de la tierra que me relajé. Luego, percibí sus pasos volviendo por el mismo camino hasta la casa.

No pude moverme.

Jake abrió la puerta en silencio y puso cara de sorpresa al verme de pie frente a él.

-Lo siento. Tenía que…ya sabes, relajar los esfínteres – dijo echando un ultimo vistazo afuera antes de cerrar.

Asentí.

Caminó con cautela hacia el sofá y se sentó allí con los codos apoyados de sus rodillas. Sin mirarme.

-Puedes ir al baño cuando quieras – dije despacio.

-Gracias pero… tampoco es tan malo el baño de afuera.

-De acuerdo – dije antes de darme la vuelta.

-Espera – me volví apartando el cabello de mi rostro – ¿No puedes dormir?

-No.

-Yo tampoco.

Nos quedamos en silencio por un segundo mientras los dos pensábamos que decir a continuación porque tanto él como yo deseábamos poder hablar un poco mas. Comprobé que mi garganta no estaba ardiendo. Todo bien.

-Me alegra que estés hablando más…

Lo miré con el ceño fruncido.

-Quiero decir, pensé que ya no sabias como. Sueles hablar demasiado ¿sabes? Cuando eras niña no parabas de hacerlo. Siempre tenia que decirte que ya era hora de dormir. ¿Lo recuerdas?

Una sonrisa se dibujo en mis labios al recordarlo.

Hubo una pausa.

-Ven. Siéntate un rato – me invitó.

Lo pensé por un instante. Jake me dejó espacio en el sofá, alejándose completamente para que pudiera sentarme sin tener que estar tan cerca de él. ¿Debía hacerlo? quería hacerlo. Era una invitación bastante atractiva. Automáticamente tragué saliva para aminorar la resequedad. Era impresionante como mi cuerpo reaccionaba ante solo pensar acercarme a Jake, el olor de su sangre se hacia mas fuerte y me escocía la garganta.

-¿Estas bien? – preguntó Jake mirándome.

Retiré rápidamente la mano de mi vientre que puse allí inconscientemente y me senté sin mirarlo.

-Si, claro.

-¿Te duele?

-No.

El frunció el ceño cuando lo miré con ojos nerviosos y ansiosos.

-No mucho – rectifiqué.

-¿Te duele? – preguntó de nuevo alarmado.

-No hay nada de que preocuparse.

-¿Nessie no hay de que preocuparse? ¿Como crees que no debo preocuparme cuando nunca antes habías tenido dolor alguno? ni siquiera enfermabas. Por supuesto que me preocupa que tengas dolor. Algo anda mal en tu cuerpo, no es la primera vez Renesmee, te has desmayado dos veces en lo que va de mes…

-Es normal ¿si? Y si yo no estoy preocupada entonces tú tampoco deberías.

Jake me lanzó una mirada de desaprobación.

-Normal – repitió con ironía.

Bufó.

En realidad ¿lo era? Era posible. Había pensado en esto lo suficiente como para achacarle mis recientes males a una sola razón. Como todo lo que antes había tenido la oportunidad de investigar en los libros, la buena alimentación rica en proteínas y vitaminas era el factor principal en el progreso de un niño para llegar a la adolescencia, totalmente sano. En cambio, mi desarrollo físico dependía de la alimentación basada primordialmente en la sangre. Pero esto no tenía nada que ver con que fuera "normal" o no lo que me estaba pasando, tampoco en la manera que me alimentaba, me encontraba en pleno desarrollo hacia la adultez y eso no lo había leído por accidente en los libros. Mi abuelo, Carlisle, una vez me lo explicó todo. Entre tantas palabras, como hormonas llamadas progesteronas, desarrollo, pubertad, cambios físicos y mentales, fertilidad y todo lo demás, lo único que se me vino a la mente fue que yo misma ya estaba pasando por todo eso y el dolor era bastante revelador. Él me previno.

Se me vino a la mente Nahuel, aquel hibrido ya maduro, buen amigo de la familia y al que no veía desde hace un buen tiempo. Sus hermanas, también mitad humanas mitad vampiras tuvieron que haber pasado por lo mismo pero de seguro les resultó duro y extraño. Yo estaba consciente y temía porque ese día llegara. No estaba mamá o el abuelo para decirme que hacer. Lo tenía que enfrentar sola, bueno, con lo preocupado que se veía Jake ahora, sabía que en ese momento me iba a apoyar. Me quedaba esperar.

-Jake mi cuerpo… está haciendo algunos cambios. – dije con voz sumisa.

Jake me sostuvo la mirada por un segundo asimilando mis palabras. Era muy listo, lo supo casi al instante y me di cuenta porque escondió la mirada entre sus manos evitando mirarme con sus ojos llenos de confusión y sorpresa.

-Tu…

-No, aún no – dije adelantándome a su pregunta.

Nos quedamos en silencio.

-Wow – exclamó en voz baja como si no lo pudiera creer.

Me sentí mas avergonzada de lo normal y eso era extraño pues con Jake nunca me había sentido así.

-¿Te duele mucho? – los dos alzamos la vista al mismo tiempo.

-No demasiado.

-¿Descansa si? – me pidió.

Reí con amargura.

-Apenas salgo de aquí Jake.

-Sabes de lo que te hablo – dijo con preocupación.

-Lo se.

Nos miramos por unos segundos. Tenía tantas ganas de besarlo que quizá mi mente había asimilado tal cosa en caso de que llegase a suceder, pero estaba refrenando cualquier impulso en mi cuerpo que me llevara a revelar mi necesidad. Podía percibir lo mismo en Jake.

Él se acercó a mí con cautela, respetando el espacio que había entre los dos y vigilando la expresión de mi cara. Me quedé inmóvil cuando llevó su mano a mi mejilla, acariciándola de arriba abajo sin desviar la mirada ni un segundo. Cerré los ojos, disfrutando de la sensación y la reacción de mi cuerpo al sentir sus dedos cálidos pasearse por el contorno de mi rostro.

-Puedo aceptarlo ¿sabes? – Dijo con suavidad apartando el cabello de mi cuello – Puedo esperar todo el tiempo que quieras hasta que te sientas lista. Pero no te alejes de mi Ness, te necesito.

-No me hagas esto – dije con un hilo de voz.

Jake me tomó de las manos fijando sus ojos en los míos.

-Quiero que sepas que no te culpo por lo que pasó. Si hay alguien que debe sentirse culpable ese debo ser yo, tampoco estoy enfadado contigo Nessie.

-Las cosas no pueden ser iguales Jake – dije sollozando.

-¿Por qué no?

-Ponte en mi lugar por un segundo. ¿Que tal si tú hubieses perdido el control? ¿Alguna vez pensaste en eso? ¿Te lo habrías perdonado? Porque yo ya no puedo con esto…

Me levanté del sofá rápidamente, dejando a Jake solo y con expresión herida en el sofá. Me tumbé en la cama amortiguando los gemidos con la almohada sosteniendo mi pecho y estomago. No podía permitirme estar cerca de él, no quería hacerle daño, no iba a dejar que su vida se convirtiera en un desastre, no necesitaba tampoco desear su sangre más de lo que ya lo estaba haciendo. No. Jake iba a tener que acostumbrase a esto, porque jamás iba a atentar contra su vida de nuevo. Él era lo más importante y lo más valioso que yo tenía, lo amaba, pero si la única forma de protegerlo era alejándome de él, entonces ese precio lo pagaría con todo el dolor de mi alma, pero feliz. Sería un sacrificio y una penitencia a la vez.

Amar y no poder amar, existía un vínculo estrecho entre ese sentimiento y el deseo. ¿Que era mas fuerte? ¿Cual vencería al final? Necesitaba averiguarlo lo antes posible. Estaba confundida y por ahora me sentía incapaz de diferenciarlo, amaba a Jacob pero eso era imposible si también deseaba su sangre. Era una cosa o la otra. No podían ser las dos. Tenía que tomar una decisión, lo antes posible.


Ojalá les haya gustado chiks!

Gracias y por fiss dejen sus coments, con cualquier duda o pregunta. Me encargaré de explicarselos lo antes posible!

Las quiero un monton.!

Cuidense y lean mucho.!

Chauuuuuuuuuu! bzos!