La saga pertenece en su totalidad a StehpM. La historia y algunos otros personajes me corresponden como autora de la misma.

-Gi-


Holaaaa chicas como estan? como siempre espero que esta semana la hayan pasado de maravilla y que estén gozando de buena salud y un genial estado de animo, nada de estrés y mal humor porque hoy es excelente día para vivir y soñar en grande lectoras, pero sobretodo hacer lo que mas nos gusta. Leer!

Algo curioso chicas;

1) Terminé el capitulo a las dos am y me fui a dormir a las dos treinta. desperté el día de hoy a las 7 de la mañana y no tengo nada de sueño.! eso es bueno :)

2) Tomé muchisimooo café y las veces que lo hice no me di cuenta de lo amargo que estaba. (nunca tomo café sin azúcar)

3)Este capitulo logró hacerme querer desgarrarme el cabello varias veces, solo que mis manos estaban realmente ocupadas.! (en el teclado)

Espero que les guste mucho, como a mi! reiteradas veces he agradecido por sus fieles comentarios que me llenan de emocion para continuar.! Gracias gracias gracias! Se les quiere mucho.

Disfrútenlo...

"Donde quieras que estés te gustará saber, que por dificil que sea mi dia triste, no echaré al olvido ni uno solo de los besos que me diste"

Serrat


10 DE SEMPTIEMBRE

El día siguiente transcurrió bastante tranquilo, aunque igual que los otros, silencioso y frío. Noté a Jake un poco triste y sin ánimos, despertamos tarde, casi al medio día pero no dijo nada hasta que me vio salir de la habitación.

-Hola – dije sumisa.

Él sonrió.

-¿Estas mejor?

Asentí.

Lo observé levantarse del sofá lentamente, con expresión de incomodidad en su rostro. Demonios, seguro le dolían los músculos de tanto dormir en la misma posición. Qué conflicto tan grande me producía pensar en siquiera dejarlo dormir conmigo para que pasara mejor las noches.

-Puedo dormir esta noche en el sofá – musité con seguridad.

Él frunció el ceño.

-Estoy bien – añadió poniéndose la camisa.

-Pareces adolorido.

-No es el cuerpo lo que me duele – dijo clavando sus ojos en los míos.

Esas palabras me resultaron demasiado duras, como si quisiera culparme de lo que estaba sucediendo. En todo caso tenía razón. "No es el cuerpo lo que me duele." Que fácil era descifrar sus palabras.

-Lamento lo que dije ayer – musité bajando la mirada.

-No. Tienes razón. Es solo que... ¿sabes? Hay algo que quizás no sepas o puede que alguna vez te lo haya mencionado pero cuando Sam perdió el control estando con Emily, todos nosotros lo vivimos. Así que…te entiendo y no te culpo por sentirte así.

Me quedé muda.

-¿A dónde vas? – dije al instante cuando se dio la vuelta.

Jake abrió la puerta sin darme la cara.

-No lo sé – dijo cabizbajo.

Quise hablar pero su indiferencia me había dejado sin palabras. Solo demasiado confundida y herida. Él también necesitaba estar solo, no podía retenerlo y dejarlo sufrir a mi lado. Tenía que escapar a algún lado y si era lejos de mí, mucho mejor.

-¿Volverás? – pregunté nerviosa.

Él asintió una sola vez y luego salió de la casa al trote sin decir una palabra más.

Respiré profundo evitando por todos los medios derramar las lágrimas. ¿Qué tanto había herido a Jake? ¡Maldita sea! me sentí impotente y estúpida. Ya tenía que dejar de hacerle esto pero por su seguridad prefería hablar, solo eso. Era suficiente para mi mantener una conversación sana con él, quizás no, pero era lo único que podía ofrecerle, si quería aceptarlo eso estaba bien, si no entonces… entonces las cosas entre nosotros se tornarían peor. Deseaba que Jake pudiera aceptarlo plenamente, que eso fuera suficiente para él, pero no bastaba, incluso para mí.

Otro día más para esperar con el corazón en la boca. Estaba ansiosa. Traté de ocuparme en algo así que me puse a limpiar un poco. Empecé por el baño y me dediqué estrictamente a quitar el moho de las baldosas de la ducha, pero era estúpido pues necesitaba un fuerte desinfectante y mucho jabón. Luego doblé las sábanas de la cama, después me puse en la cocina y así se me fue el tiempo hasta que por fin, mientras quitaba un poco el polvo en la salita, respiré aire limpio. Miré a los lados complacida con una sonrisa estúpida en el rostro.

Fui hasta el sofá y me senté solo un momento para descansar. Me recosté totalmente en él relajando los músculos de mi cuerpo, algo adoloridos y cansados, pero no por la reciente limpieza, sino por la mala noche. Entonces, de repente, un dolor punzante atravesó mi cabeza, como si me hubieran golpeado muy fuerte.

Gemí.

-Oh, no. ¿Ahora qué? – dije masajeando mi cuero cabelludo.

Todo este lío de la menstruación ya me estaba fastidiando. Supuse que hasta que ese momento no llegara de una vez por todas, me molestaría cualquier dolor que quisiera presentarse en mi cuerpo. Evité pensar demasiado en eso, extrañamente me ponía nerviosa. Me relajé un poco dejando que mi cuerpo se sirviera del cansancio de mis párpados y muy rápido caí en el suave letargo de la inconsciencia. Hasta que me dormí.

Un golpe suave me trajo de nuevo a la realidad con la percepción de que alguien había entrado a la casa. Abrí los ojos de golpe y lo primero que vi fue a Jake, frente a mí observándome con expresión preocupada.

-Nessie – suspiró aliviado – ¿Estás bien?

-Sí, solo…estaba durmiendo.

-Pensé que te habías desmayado otra vez.

-No.

Llevé mi mano a la suya y le di un apretón.

-Qué bueno que estas aquí – dije con sinceridad.

Él sonrió.

-Mira – dije viendo a todos lados – Lo limpié todo. El tiempo se me fue volando.

-Genial.

Esbocé una sonrisa radiante. Jake frunció el ceño extrañado por mi repentino cambio de parecer. Hasta a mi me pareció confuso.

-Traje algunas cosas – dijo con alegría.

-¿Qué cosas?

Jake alzó un montón de bolsas de mercado que llevaba en las manos. Entorné los ojos.

-¿De dónde sacaste todo esto? – pregunté sonriendo.

Se encogió de hombros.

Subió las bolsas a la mesita que había entre nosotros y allí comenzamos a sacar lo que había dentro. Me sentí animada y feliz repentinamente. Jake lo notó así que solo sonrió satisfecho por mi reacción.

-Esto es mucha comida Jake – dije mirando la etiqueta de un envase de salsa para pastas.

-Será suficiente por unos días. Luego veremos.

Jake sacó de la última bolsa algunos vegetales, una lata de maíz y guisantes, queso fundido, y un coctel de frutas.

-Tengo algo para ti – dijo tomando una pequeña bolsa de color blanco que se encontraba aparte de las demás.

Lo miré con un rastro de diversión en mi rostro mientras él sacaba un envase triangular. Apenas estuvo fuera, el olor llegó a mi nariz y reconocí al instante de que se trataba. Me lo entregó en las manos y yo no podía creer que tuviera frente a mí un pedazo de mi pastel favorito, chocolate y crema.

-¡Wow! Gracias Jake – dijo sin dejar de mirar el pastel.

-No es el de Esme pero creo que te gustará después de todo – dijo con los ojos brillándole de la emoción.

-Gracias – repetí con fervor.

-¿Qué esperas? Vamos, come un poco – me instó.

Este hombre tenía un don definitivamente. El don de hacer que me doblegara ante mis decisiones. Me sentía tan culpable por exigirle y tan impotente por no poder hacer nada al respecto. Amaba su forma tan comprensiva y afectuosa de lidiar conmigo, aún con lo que estaba pasando. Él sabía cómo hacer que me derritiera ante la más mínima cosa que se le ocurriera, el pastel solo era una forma de hacer que el momento fuera mucho pero mucho mejor.

-Lo compartiré contigo después de la cena – concluí recordándome a mi misma que no debía comerlo yo sola.

-De acuerdo – dijo Jake complacido.

-Si – dije asintiendo enérgicamente.

-Sabes, Nessie yo… quisiera que habláramos – hubo una pausa – Sé que es difícil, pero no me evites ¿sí? Está bien si no quieres que te toque pero es algo que no puedo evitar… estoy acostumbrado a esto – añadió rozando sus dedos en mi brazo.

Mi corazón dio un vuelco.

Instintivamente me aparté de él, lentamente, para no herir sus sentimientos.

-De acuerdo.

-¿De verdad? Me dejarás…

-Si Jake pero…

-Está bien, no te tocaré.

-Sí.

-Muy bien. Es suficiente con eso – inquirió.

-Jake, a lo mejor crees que estoy siendo odiosa pero no es así. Lo hago por tu bien, por tu seguridad.

Quería dejarle claro que era por mí, sino por él.

-No sabes como quisiera que te deshicieras de esa estúpida idea.

-Es mi condición Jake.

-Pues no la acepto – dijo con aplomo.

Me sobresalté.

Jake se retractó al instante con la mirada.

-Renesmee…

Desvié la mirada.

-Está bien, de acuerdo. Acepto el trato.

-¿Estamos haciendo un trato?

Alzó una ceja con gracia haciéndome sonreír.

-Muy bien – acepté.

No necesité que me lo dijera, Jake estaba más que feliz con nuestro supuesto "trato." Toso esto era tan extraño.

-Voy a refrescarme un poco.

-Ajá – dije mordiéndome el labio.

Lo vi pasar frente a mí hacia la puerta de la casa.

-Oye, el baño está por allá – dije señalando con la mano hacia mi izquierda.

-Suelo refrescarme en otro lugar.

Me guiñó un ojo, entonces salió.

No me quedaría allí ni loca. Tenía que ir con él, ya podía imaginar en donde "solía refrescarse." Corrí en dirección a la puerta y cerré tras de mí. No volveríamos en un rato largo, aunque de todas maneras por allí solo estábamos Jake y yo, parecía imposible que alguien más pudiera encontrar esa casa. Además, sentí un impulso tan intenso que me obligó a ir tras él, podría llamarse, iniciativa.

Jacob giró el rostro al escuchar que me acercaba y se sonrió con ironía, pero no dijo nada.

Caminamos uno al lado del otro en silencio por casi veinte minutos ¿o me pareció más? Disfruté al máximo el olor de la naturaleza, los árboles, la tierra húmeda. Me hacía recordar tanto el bosque de Forks, en casa. Recorrimos el sendero de piedras grandes tal y como lo habíamos hecho al llegar allí, la gruta debía estar a unos metros más. Nos mirábamos de reojo seguido, disimulando sonrisas, era placentero. Cuando Jake volteaba a mirarme, yo desviaba el rostro a otro lugar. Sentía muy cerca el roce de su brazo junto al mío, habíamos quedado en "el trato" que no podía tocarme, pero si eso era torturador para mí lo era aun mas si lo tenía tan cerca. A nuestro alrededor todo se había convertido en un juego de tentaciones y no me sentía orgullosa de ello. Se basaba en el "no poder" y eso se convertía en un propósito, en una intensión, una prueba a la que los dos nos estábamos sometiendo. La atracción de nuestros cuerpos.

Si bien era cierto, eso que dicen sobre que lo que más se desea es lo que no se puede tener, había alguno más, lo prohibido es lo que más se desea, al final significaba lo mismo, ¿acaso Jake se había vuelto demasiado atractivo para mí? Por su sangre y su cuerpo. Lo había pensado, había reflexionado seriamente la pasada noche. Amaba a este hombre, con todo mi ser y por lo mismo debía deshacerme de ese pensamiento que tanto me hacia sufrir, no quería hacerle daño, no quería lastimarlo, no quería perderlo. ¿El amor puede más que el deseo? Había quedado en descubrirlo ¿no? pero de algo estaba completamente segura – "Te amo Jake" – pensé.

Nuestras manos se rozaron cuando por fin llegamos al pie de la cueva. Me adelanté a Jake quien se quedó a mi espalda con la mirada perdida y la expresión risueña.

-¡Te oí! – dijo corriendo hacia mí.

-¿Qué cosa?

-Oí lo que dijiste.

Maldita sea, demasiado cerca.

-No he dicho nada – dije con inocencia.

Jake se me quedó mirando mientras yo sonreía con extrañeza fingida. Lo dejé allí, de pie, como si fuera un loco de remate y caminé con nervios esparciéndose en mi cuerpo. De acuerdo, el trato iba en serio o todo lo que estaba planeando para protegerlo se vendría abajo. Nada de tocar.

Mientras avanzaba por la gruta de piedras se iba oscureciendo más y más el camino hacia el remanso. Ante cualquier sonido se producía un eco ensordecedor, era fascinante. Toqué las paredes frías, húmedas y por la sensación que podía sentir en mis dedos, llenas de paracitos verdes y musgo. Jake caminaba despacio a mi espalda, sin hacer ruido más que el de sus pies descalzos. El espacio se iluminó cuando llegamos a la poza, tan hermosa como la recordaba, con pequeñas cascadas que salían de entre las rocas de un extraño color rojizo. El agua azul verdoso y muy oscura hacia el centro por la profundidad. Me sentí deseosa de averiguar qué tan profundo era. ¿Cincuenta metros? Podría llegar al fondo y volver a subir en cuestión de minutos.

Jake pasó a mi lado corriendo y de un salto se lanzó al agua. Él sonido fue estruendoso. Lo vi sacar la cabeza a la superficie moviéndola a todos lados salpicando agua.

-¡Wo! – Gritó – Maldición, está helada.

Me acerqué al borde quitándome los zapatos y tocando el agua con la punta del dedo. Jake tenía razón, estaba congelada.

-Oye a un lado – dije preparándome para saltar.

Jake obedeció y se movió a un lado para observarme. Tomé impulso dando un paso atrás y salté haciendo una pirueta en el aire. El agua golpeó mi cuerpo como si me hubiese estrellado con un tempano de hielo, recordé los días de sol en la playa de la Push cuando saltaba del muelle o de las rocas. Nadé un poco más hacia abajo y luego me di la vuelta abriendo los ojos mientras subía a la superficie. Realmente estaba muy profundo.

Nadamos a ratos muy separados pero sin poder quitarnos la mirada del otro. Vigilaba cada movimiento de Jake, pero estaba más pendiente de los míos. Tenía miedo que al estar allí, en ese lugar tan mágico y lleno de misterios hermosos escondidos en cada piedra perfectamente adoquinada en las paredes o en el agua silenciosa y tranquila, sintiera la necesidad de estar cerca de él, besarlo y quien sabe que cosas más. Así que me mantenía alerta y a distancia, simulando estar disfrutando del agua helada pero en realidad solo me deleitaba mirarlo sumergirse y volver a la superficie dejando ver los grandes músculos de su pecho y brazos. Por su parte, Jake se las ingenió más de una vez con una excusa para tener que estar cerca de mí. Que si… - "Nessie, oye, ven a ver esto. Es impresionante" cuando me acerqué no se veía más que el agua profunda y oscura - "De este lado, el agua está más tibia" – si claro, como si eso fuera posible allí dentro, donde las piedras y el encierro mantenían el agua como si fuera de nevera – "Nessie, ¿crees que estas piedras de aquí tengan dentro diamantes?" – esta vez lo miré como si se estuviera volviendo loco pero ya me encontraba a su lado examinando las piedras. No podía evitarlo. – "¿Qué? es posible…" – había dicho con una sonrisa en sus labios.

Al poco rato, cansada de hacer ondas con mis brazos y piernas para mantenerme en la superficie, nadé hacia un montón de piedras irregulares que juntas formaban un perfecto lugar para sentarse. Descansé las piernas pues ya los músculos estaban algo adormecidos. Jake se acercó unos minutos después, con una mirada precavida y cavilando mi expresión. No me incomodé pero él tampoco se acercó demasiado, solo se detuvo a unos metros frente a mí y me miró con ojos martilleantes.

Me estremecí.

-Y… ¿qué te parece? – preguntó jugueteando con sus dedos en el agua.

-Es…perfecto, maravilloso – dije sin despegar la vista de sus manos – No sé por qué me hace recordar el Edén.

-¿El Edén? – preguntó extrañado.

-Si es que…el agua…tu…yo, el lago, ya sabes.

Él se sonrió.

-Yo también lo pensé.

-¿Qué cosa?

-No es el lugar sino con quien estés. Él Edén es hermoso, pero no hubiera sido lo mismo sin ti. – Se encogió de hombros – Una vez vine y me pareció de lo más sombrío y triste. Así fue por casi un mes, ahora estoy aquí de nuevo… contigo… y creo que el agua ya no es tan fría y este lugar ya no me da ganas de llorar. Era deprimente. – añadió soltando una carcajada con amargura.

Supe que tenía razón.

-Se que no es el mejor lugar para ti. Es estúpido ¿no? Es asqueroso.

-Tal vez es el mejor lugar para aclarar todo.

-Es cínico – recalcó.

-Eso ayuda.

-Nessie…no lo entiendes – su postura se fue al demonio.

Lo vi darme la espalda con el rostro herido. Se quedó allí, cabizbajo y distante por unos segundos. Me acerqué a él acortando la distancia que había entre nosotros con intención de consolarlo. Sabía que no era fácil para Jake admitir que éste había sido el lugar al que él había venido adolorido y triste, al saber que mi madre se casaría, más al traerme aquí porque era el único lugar que conocía y porque nos habíamos quedado sin alternativas.

Alcé mi mano para tocar su hombro pero la dejé en el aire aguantando el impulso.

-Jake, perdóname por ser tan dura ¿sí? – Dije con sinceridad – Es que todo esto es tan…complicado. A veces siento que no puedo soportarlo, no puedo soportarlo, no te voy a mentir.

-¿Que es lo que no puedes soportar? ¿Haber bebido mi sangre, olvídalo si? Ya yo lo hice.

-Lo sé lo siento – dije con rapidez revolviendo mi cabello – Pero no se trata de eso.

-¿Entonces qué?

-Soy yo. Bueno en realidad también se trata de ti. De lo que ocurrió antes que naciera…

-Ah – dijo Jake cayendo en la cuenta – Eso…

Fruncí el ceño. Entonces, se me vino a la mente las últimas palabras de Tanya, las mismas que me dijo irónicamente rozando con sus dedos la pulsera que Jake me había dado de pequeña, la pulsera con el símbolo Quileute. "La magia existe" – ¿Era posible? Llevé la mano a mi muñeca, donde tenía la pulsera y la apreté fuerte entre mis dedos.

Lo miré.

Él se dio la vuelta completamente quedando frente a mí, tomó entre sus manos mi pulsera hecha a mano y sonrió para sí. Supuse que estaba recordando el día que me la dio, también a mí se me vino a la mente ese recuerdo.

-Debemos regresar, empieza a hacer frio y está oscureciendo – dijo.

-De acuerdo – dije con la mente en otra parte.

Mientras regresábamos a la casa no pude evitar traer de lo más profundo de mi memoria un momento de mi corta infancia. En silencio, Jake me condujo por todo el bosque hasta que llegamos a la casa, abrió la puerta y me dejó pasar primero. Mientras me daba una ducha, fui reconstruyendo en mi mente la casa de mis padres en Forks, el día lluvioso pero feliz que tuve cuando Jake fue por mí a casa, ese día me entregó la pulsera. Me pregunté si él lo recordaba tan bien como yo…

Había dejado de llover y el sol irrumpía por las ventanas de mi habitación, descansaba en mi cuna, la de barandas rosadas y el móvil de corazones que tanto me gustaba. A veces me quedaba atontada observándolo hacer círculos frente a mis ojos, tenía una musiquita que me encantaba escuchar y que mi madre ponía cuando iba a dormir. Otras veces solo miraba a través del espacio de las barandas, todos los colores y las figuras de la alfombra que estaba en el suelo, la mecedora blanca de cojines rosados y morados, regalo de Rose, donde mi madre me leía. Apenas era un bebé y me gustaba observar todo, desde el insecto que pasaba volando frente a mis ojos en el bosque hasta cada objeto que había en casa. Recordé con claridad que las paredes estaban de un tono rosa claro con mil mariposas pintadas de muchos colores y el techo de color blanco.

Las hojas ya empezaban a caer de los árboles.

-¿Despertó? ¡Si, despertó!

Me sobresalté.

-Tranquila mi cielo. – La calmó Edward – Ella nos está oyendo. La acabas de asustar.

Oí unos pasos acercarse hasta mi habitación.

-Por qué no me dijiste Edward – dijo mi madre abriendo la puerta – Mi bebé.

Se acercó a la cuna y asomó su cabeza. Me sonrió y llevó su rostro al mío dándome un beso cálido y suave en la frente. Sonreí.

-Buenos tardes mi amor – dijo mamá con dulzura.

Me gustaba jugar con su cabello, largo y sedoso, así que alcé mi manita y enredé mis dedos en el. Papá asomó su cabeza unos segundos después. De igual forma que mamá, me regaló una sonrisa hermosa y brillante, yo lo imité agradecida.

-Hola mi cielo – dijo mirándome con un brillo en sus ojos.

Mis padres se miraron con amor abrazándose entre sí.

-Estoy tan feliz Bella. Por nuestra hija, por ti.- dijo papá tomándola por el mentón.

-Yo también mi amor.

-Gracias por darme tanta felicidad mi Bella, por tu valentía y por nuestra Renesmee. Aun no puedo creer que sea papá, nunca me lo imaginé.

Me miraron sonriendo.

-Gracias a ti, por salvarme la vida y por regalarme a mi preciosa también. Sin ustedes dos no lo habría logrado – mamá me miró con cariño – Te amo mi pequeña pateadora.

Rozó con sus suaves dedos mi mejilla.

-A ti también te amo, demasiado – musitó sonriéndole a papá.

Ella le dio un beso en los labios. En ese momento me pareció raro, pero fue la primera vez que vi a mis padres darse un beso. Los quise mucho, supe que estaría segura el resto de mi vida, porque se amaban y porque me amaban a mí.

-Es Jacob – dijo mamá.

Jacob. Mi corazón se aceleró mientras mi madre salía de mi habitación. Había oído ese nombre muchas veces y era la persona que mas me gustaba ver, sus brazos cálidos y suavecitos donde podía dormir segura y tranquila. También quería mucho a Jacob, lo adoraba. ¿Por qué Jake no estaba aquí cuando desperté? ¿A donde había ido?

Papá me alzó en brazos.

-Oye, es Jake. Ya está aquí – escondí mi rostro en su cuello y mi papá besó la parte alta de mi cabeza riendo muy bajito – Pero eso lo sabes ¿eh?

La puerta sonó al abrirse, alcé la cabeza abriendo mucho los ojos mirando fijamente a la puerta de mi habitación. Entonces, Jake apareció frente a mí. Me sonrió y soltó un respiro de alivio, pero en sus ojos había un atisbo de culpa y también de ansiedad.

-Hola viejo – dijo Jake sin dejar de mirarme.

-Hola hijo, creo que llegas tarde. – dijo papá mirándome.

Le sonreí a Jake.

-Lo siento pequeña – dijo con una expresión de vergüenza.

Sonreí mostrando mis dientes graciosamente.

-Le gustas y mucho – dijo papá.

Jake me sonrió de nuevo pero esta vez se acercó a mí y yo le extendí mis bracitos. Él me cargó y después de darme un apretón fuerte, me besó en la mejilla. Reposé mi cabeza en su hombro mientras acariciaba mi pequeña espalda con su mano.

-Pensé que estarías molesto por eso – dijo Jake con voz tímida.

Hubo una pausa.

-Créeme Jake, seré un celoso de primera. Es mi bebé y la única que tendremos su mamá y yo. La amo y me cuesta creer que tú me la vayas a quitar – añadió papá soltando una carcajada amistosa.

Para entonces, sus palabras, solo me parecían eso, palabras que carecían de sentido y significado para mí.

-Yo la cuidaré Edward, haré todo por protegerla y verla crecer feliz. Te lo prometo – las palabras de Jake sonaron muy seguras y sinceras.

Luego se dieron un abrazo fraternalmente.

-Jake, le daré un baño y en seguida estará lista – dijo mamá luego de unos segundos.

Extendí ansiosa los brazos a mi mamá y ella me cargó con una sonrisa flameante en su boca.

-Ven aquí amor. Despídete de papá.

Alcé mi manita y la moví de un lado a otro. Edward me imitó.

-Ahora de Jake – continuó mamá.

Repetí el movimiento soltando una carcajada. Ellos rieron al unísono.

-Eso es Nessie – me elogió Jake.

-Habla mi amor ¿si? Di mamá, por favor, vamos mi cielo – Bella me miró fijamente haciendo pucheros esperando que dijera algo. Pero en aquel tiempo tardé mucho en poder hablar – Bueno entonces di papá… ¿Jake?… ¿no?

Suspiró.

Alcé mi manita hasta su mejilla y la toqué.

-¿Mamá te quiero mucho y a papá y Jake también" – pensé.

-¡Gracias mi bebé! Yo te adoro más.

Mi madre me dio un baño y luego me vistió. Jake me esperaba afuera con mi padre, en la sala. Los había oído hablar alegremente mientras disfrutaba de la ducha con mi mami. Entonces, cuando estuve lista, me despedí de ellos y salí con Jake de la casa, quien me llevaba a dar un paseo en la playa todas las tardes. Cuando llegamos a la Push, jugamos mucho rato en la arena, haciendo formas extrañas o dejando que el agua de la playa la mojara. Entonces, después que cayó la tarde, me tomó en brazos y me habló muy cerca del oído.

-Hay que volver a casa.

Pero antes, me sentó frente a él. Lo miré en silencio y sin despegar los ojos de sus manos que rebuscaban en uno de sus bolsillos de su pantalón.

-Quiero darte esto pequeña.

En sus manos tenía una pequeña pulsera. Me la mostró.

-¿Te gusta? – preguntó sonriendo.

Asentí sonriendo enérgicamente. Toqué su mano.

-"Me gusta mucho Jake" – pensé.

Sonrió.

Él tomó mi muñeca entre sus manos y me la colocó con cuidado.

-"Gracias Jake"

La observé. Era un tejido extraño hecho en cuero y justo en el medio había un pedazo de madera redonda donde estaba grabado el símbolo que él tenía tatuado en el hombro.

-Es el símbolo Quileute. – Dijo con suavidad – El símbolo de los de mi tribu, mi familia y también mi especie. Tú eres parte de todos ellos Nessie, eres parte de mí ahora. Te prometo que nunca dejaré que te pase nada, porque eres muy importante en mi vida. Estaré allí cuando lo necesites hasta que llegue el momento.

-"¿Qué momento?"

Él acarició mi mejilla.

-Lo sabrás algún día pequeña.

-"¿cómo lo sabré Jake?" – pregunté ansiosa.

-Lo sentirás – dijo.

Hubo una pausa.

-¿Tu ya lo sientes?

Él lo pensó por un segundo.

-No. Algún día cielo.

Continuó.

-Algún día empezaré a sentirlo como tú. Estaré allí para ti cuando me necesites, por siempre. Eres mi todo Renesmee, te quiero y mucho. Recuérdalo ¿sí? Somos una sola persona.

Asentí y me lancé a sus brazos.

Volví a la realidad al instante. No podía creer que había olvidado un momento tan importantísimo de mi vida, bueno, no lo había olvidado de hecho, pero si lo dejé atrás. Él momento en que Jake me dijo todo pero sin decir nada, me dijo en pocas palabras, lo que nos sucedería a ambos y fue así, pasó todo como él lo había dicho ese día. Si me enamoré de él. "Lo sentí en algún momento."

Me vestí rápidamente porque sabía que Jake también quería sacarse el agua dulce y fría del remanso y le cedí el baño. Salí de la habitación evitando mirar cuando salió con la toalla enrollada desde su cintura. Me senté en el sofá a esperar.

-¿Tienes hambre? – preguntó al salir de la habitación.

-No.

-¿Segura? puedo hacerte un emparedado.

-No ahora Jake. Gracias.

-De acuerdo. Estoy frito, creo que también paso. No tengo hambre.

-Es porque estas muy cansado. Puedo hacerte un emparedado - dije sonriendo.

Rio.

-Gracias, pero creo que estoy bien.

-No te creo. Vete a la cama. – le ordené.

Terminé el emparedado de Jake en pocos minutos. Casi lo había tenido que obligar a caminar hasta la habitación y luego para que se recostara en la cama había sido otro tema.

-Come – dije poniendo el plato con el sándwich a un lado.

-Gracias Ness.

-Por nada.

Se lo devoró en cuestión de segundos.

-Lo siento es que realmente me da mucha hambre.

-Lo sé.

Sonrió.

-Jake, antes que duermas, podemos hablar de esto un minuto – dije señalando la pulsera en mi muñeca.

Me miró con cautela.

-Es el símbolo Quileute. De la tribu – dijo cavilando mi expresión.

-Lo sé.

-¿Que quieres saber? – ahora su tono de voz sonó más precavido.

-Tiene un valor importante para mí. ¿Recuerdas cuando me la diste?

-Por supuesto… ¿y tú?

-Como si fuera ayer.

Nos miramos fijamente.

-Quiero que sepas que has mantenido tu palabra.

Jake asintió comprendiendo de qué le hablaba. Tomó mi muñeca y comenzó a desamarrar las tiras de cuero que la mantenían unida a mi muñeca. Lo observé en silencio mientras él le daba vueltas entre sus dedos al pedazo de madera tallado. Impresionantemente, lo abrió en dos, como si fuera un relicario de esos donde se guardan las fotos en miniatura. Solo que allí no había una foto.

-Siempre lo llevaste contigo.

-¿Qué es? – pregunté casi arrancándole la pulsera de sus manos.

Observé dentro.

En letras muy pequeñas, grabado en la madera, decía mi fecha de nacimiento justo en la primera tapa del pequeño cofrecillo y en la otra parte estaban grabados nuestros nombres – "Nessie y Jacob." Me sentí abrumada y confusa.

Estaba tan sorprendida que tardé minutos en reaccionar y salir de mi ensimismamiento.

-¿Por qué no pusiste la tuya también? – Dije al fin – Tu fecha de nacimiento

-La tuya es más importante. Ese día salvaste mi vida.

-¿Tu vida? – Repetí confundida -¿Por qué?

-¿Recuerdas el parque de Port Ángeles? – Asentí varias veces - También fui una vez allí, buscando algo casi tan desesperadamente como la muerte, algo que pudiera alejarme de mi sufrimiento y del fracaso. De veras pensé estrellarme en el Ferrari de tu madre, pero sabía que no funcionaría así.

-¿Qué…buscabas? – pregunté con un hilo de voz, intentando no imaginar a Jake pensando en terminar con su vida.

-Una persona.

-¿Y la encontraste? – mi voz sonó terrible. No supe por qué lo dije como si esa persona que él decía que buscaba era mujer. Algo me dijo que así era.

-Sí, pero no en el parque.

-¿Quien era esa persona?

Mi expresión se tornó precavida.

-Tú.

Él bajó la mirada ruborizado como si lo que acababa de decir había sido un secreto de estado que ahora había divulgado y sacado a la luz pública.

-¿Yo? – musité en voz tan baja que me pregunté si debía decirlo de nuevo, solo por si acaso.

-Si mi Nessie, eres tú. Siempre has sido tú – dijo él acercándose a mí.

-¿Y yo que tengo que ver? Quiero decir, vine al mundo fue a arruinar tu vida y hacer sufrir a mis padres...tambien a ser la verguenza de mi familia.

-No, no digas eso.

-No sé por qué intentas convencerme de que se trata de mí, lo único que he hecho es volver todo una mierda. Decepcioné a mi abuelo, a mi familia entera y ahora estoy luchando contra mi misma porque no quiero hacerte daño ¿lo comprendes?– un sollozo interrumpió mis palabras.

-No luches Nessie, por favor – me pidió con una mirada de súplica – Te prometo que nunca dejaré que te pase nada, eres muy importante para mí, eres mi todo Nessie ¿lo recuerdas?

-Somos una sola persona – evité sus ojos – Lo recuerdo.

Tomó mi mentón obligándome a devolverle la mirada.

-El día que naciste encontré lo que más había estado buscando, me salvaste la vida como te dije.

-Por favor dime que es – le pedí violando el espacio que nos dividía a ambos.

-¿No lo entiendes? – Preguntó muy cerca de mí bajando la mirada hacia mi pulsera, tocando con su dedo donde estaba grabada mi fecha de nacimiento.

Negué con la cabeza incapaz de hablar.

Jake acarició mi mejilla con sus dedos, con una mirada en sus ojos que me indicaba que tenía todas las intenciones de decírmelo. Lo comprendí. Todo se fue uniendo como un rompecabezas en mi mente, ahora, las piezas encajaban una con la otra, el dibujo ya tenía forma. En ese momento la exactitud de sus palabras, no tan explicitas, me permitieron entenderlo de una manera sencilla. Todo tenía que ver con el día que mi madre me había traído al mundo, con lo último que escuché a papá decirle a Jake antes de escapar, con la magia…se desprendía de ella una leyenda, la cual quizá no presté atención en ninguna de las fogatas en la Push cuando Billy la contó y que ahora era una realidad visible ante mis ojos. Solo me faltaba saber algo más que lo confirmaría.

Levanté el rostro y lo miré a los ojos.

-¿Que es la impronta Jake?


Espero que les haya gustado lectoras.

Pronto actualizaré, lo prometo.

No olviden soñar, imaginar y creer en las grandes cosas.! No olviden que ustedes son dueñas de sus propias locuras.!

Las quiero un monton!

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Graciass por el apoyo.!

Cuídense y lean mucho! Bye! XD

Oigan, una linda cancion... Sin tu sonrisa. (la mala rodriguez y los aldeanos) la letra es simplemente hermosa.

Siempre me quedara, tu sonrisa, la voz suave del mar el sabor de cada beso vuelve a respirar el olor de tu piel la lluvia que caerá sobre este cuerpo y mojara el deseo de que vuelvas la flor que crece en mi cada segundo que vivo junto a ti y volvere a reir el calor de tu cuerpo y cada dia un instante volveré a pensar en ti... na na na!