La saga pertenece en su totalidad a StehpM. La historia y algunos otros personajes me corresponden como autora de la misma.

-Gi-


Holaaaaaa mis niñasssss espero todas estén bien!

Saludos a las nuevas lectoras Alice V Greene Masen Cullen y PaaOo que se nos unieron a Atardecer un millon de gracias! Como siempre y cadaaa vez, agradezcoo a toodas mis lectoras por comentar fielmente cada capi.. Saben quienes son! UN BESOOO Y UN ABRAZOO!

Espero que les gusteee y lo disfruten niñas!

Con Cariño, Gi

Bajo una lluvia infernal azotando mi Caracas...


NOTICIAS DE CASA

Nos sumimos en un silencio expectante.

Lo que fuera o quien fuera, parecía que tenía muy claro que nos encontrábamos en la casa pues venía en línea recta hacia nosotros. –"Te estaba esperando maldito" – pensé. Lo escuché atravesar los árboles como una bala en el aire aproximándose con disposición. Solté las sábanas dejándolas en el suelo sin importar si Jake me estaba viendo o no, en momentos así, en los que se teme por la vida de alguien o de uno mismo, no se puede andar con preocupaciones de otro tipo, sino las que realmente importan. Me vestí usando lo primero que encontré en el suelo, debía estar preparada para luchar o lo que fuera que tuviera que hacer, un jean y una camiseta cómoda era suficiente para mí.

Aparté los ojos de la ventana y lo miré.

-Estoy lista – dije con la voz ronca pero con decisión.

Jake giró su rostro lobuno hacia mí y asintió una sola vez fijando la mirada de nuevo en la puerta de la casa. ¡Demonios! Esperaba que Jake comprendiera el significado de esas palabras porque no tenía nada que ver con que ya estuviera vestida. Cuando estuve a su lado pasé mis dedos masajeándole el cuello de a través de su melena, estaba calmado, pero emitía suaves rugidos que ni el más sosegado ser humano podría ignorar.

De un momento a otro, se levantó del suelo y se irguió alargando las patas por completo. Desvié el rostro hacia él evitando preguntar, mi expresión y los latidos de mi corazón acelerados lo decían todo. Aunque había algo que se me hacía muy raro, su posición no era de ataque, más bien parecía estar concentrado en los movimientos de ese alguien que se acercaba y demasiado concentrado, pues sus ojos estaban clavados hacia al frente en algún lugar fijo de la puerta.

Un ladrido suyo, bastante estruendoso, me hizo sobresaltar.

-Jake – dije frunciendo el ceño – ¿Qué haces?

Su ladrido no me aterrorizó. Lo había escuchado otras veces ladrar en forma defensiva – "No te me acerques" - conocía sus ladridos de advertencia –"No me hagas enojar" – los cuales eran muy secos y acompañados por el resonar casi metálico de un montón de dientes filosos, pero me extrañé cuando el licántropo comenzó a mover la cola totalmente animado. Agucé mi olfato movida por la curiosidad y el deseo de saber realmente quien era el que venía hacia la casa, del que supuse que en verdad era. Inspiré profundo atrayendo ese aroma del bosque sin perder de vista a Jake que parecía explotar de la emoción. Una mezcla de moho, tierra húmeda... y almizcle. Sin ese olor untuoso e intenso hubiera jurado que mis sentidos fallaban pues lo que más se acercaba a ese aroma era Jake, pero solo podía pertenecerle a…

-No puede ser – dije llena de sorpresa.

Jake volvió a ladrar de emoción.

-No puede ser – repetí sonriendo.

Un aullido ensordecedor proveniente del bosque me sacó de mi sorpresa mientras que otra respuesta por parte de Jake casi me obligó a taparme los oídos. Era el saludo oficial de los hermanos, el de la manada y sobretodo el de ese par. Corrí hasta la puerta y la abrí por completo temiendo que fuera muy pequeña para Jake, pero no fue así, mi lobo salió corriendo agradecido por mi acción pero se detuvo en seco en el porche sin atreverse a dar un paso más.

-¿Que sucede Jake? –pregunté acercándome a él.

Jake gimió agachando su enorme cabeza hasta la madera del suelo.

-¿Jacob?

En fracciones de segundos comencé a sentirme nerviosa y preocupada. Me incliné a su lado, a la altura de su cabeza buscando alguna respuesta, ante tal sumisión, que pudieran darme sus ojos pero por mas que intenté que me mirara se rehusó. El lobo soltó un lamento petrificante acompañado por otro aullido de Leah procedente del bosque. Le acaricié el lomo con suavidad.

-Me estas asustando Jake.

Temblé.

A medida que la escuchaba acercarse veía que Jake se descomponía mas en pedazos frente a mí, estaba sufriendo por algún motivo, algo que la chica le estaba mostrando y lo único que yo podía hacer era esperar mientras lo consolaba con mi brazo alrededor su cuello.

-Tranquilo, tranquilo – dije cerrando mis dedos en el pelo que colgaba tras sus orejas.

Mi pobre Jake terminó por desplomarse a mi lado, sin fuerzas, cubriendo sus ojos con una de sus patas. Era doloroso verlo así, y desesperante. Me senté muy cerca de él y lo abracé muy fuerte apoyando mi cabeza sobre su lomo tembloroso, tiritaba como si tuviera fiebre o algo así, y de su pecho salían penosos gemidos y alaridos de dolor. No me quedaba más remedio que esperar que Leah terminara de acercarse a la casa.

Pasaron unos segundos hasta que por fin escuché como las patas de la loba pisaban las hojas del prado. Jake alzó la vista y se levantó del suelo con lentitud, me quedé paralizada al ver su rostro, parecía enfermo y como si tuviera…mil años. Mi cuerpo se estremeció. Dio unos pasos sin despegarse demasiado de mi y observó a unos cuantos metros donde una Leah sumisa y nerviosa caminaba dando pasos torpes y pausados hasta que se detuvo justo frente a él. Fue una escena triste y muy incomoda de ver, se sostuvieron la mirada por un corto tiempo y luego, como un cachorro indefenso, Leah inclinó la cabeza hasta el suelo respondiendo a la severa mirada de su alfa.

Ella gimió.

Me llevé una mano a la frente totalmente confundida y nerviosa. Ni siquiera podía emitir palabra alguna, solo los miraba ahogando las palabras que querían salir de mi boca. Pensé en todos en ese instante, Billy, sus hermanas, Sophi, Sam, Seth, Quil, Embry, Paul, los chicos…Traté de no imaginar la terrible noticia que había traído Leah y que logró poner a Jake de esa manera. Por un instante pensé también en mi familia, en mis padres, Rosie, Alice, Esme y los demás…

Tragué con dificultad.

Pensé que lo mejor era dejarlos solos, así que me aparté de Jake y caminé hasta la casa donde luego me puse a caminar con angustia de un lado a otro esperando que terminaran su conversación. Tardaron menos de lo que pensé, en cuestión de minutos los vi separarse pero Jake no venía hacia la casa como lo estaba haciendo Leah, él volvió el rostro buscándome con sus ojos apagados.

Lo interrogué con la mirada.

Leah pasó frente a mí con la cabeza gacha y la cola entre las patas, me distrajo su enorme silueta y su rostro lleno de pena y tristeza, cuando pasó junto a mi alcé una mano y toqué la melena de su espalda para consolarla. Nunca lo había hecho, su pelaje era distinto, más suave y sin tantos nudos, emitía un brillo espectacular y con ese aroma, ese que desprende la tierra cuando cesa la lluvia con el suave detalle de las flores…La loba era sencillamente majestuosa y me atrevería a decir, celestial, por el aura que resaltaba a su alrededor. Ella me miró al contacto algo sorprendida.

-Date una ducha, ahora te haré algo de comer – dije.

Leah volvió la mirada a la habitación y siguió caminando. Tan pronto como ella estuvo dentro salí corriendo de nuevo fuera de la casa para encontrarme con Jake. Me esperaba sentado cerca de los árboles.

-¿A donde vas? – dije aproximándome a él.

Jake me devolvió la mirada.

-Entiendo que quieres estar solo pero…

Me detuve a un paso de él respirando seguido varias veces para llenar mis pulmones de aire.

-No me dejes por mucho tiempo.

Jake inclinó su cabeza hacia mí para que lo acariciara. Subí mi mano y enterré mis dedos en su cuello.

-Te quiero de vuelta. Te necesito – le dije con seriedad.

Jake sacudió la cabeza en forma amistosa, eso quería decir que regresaría. Me sentí aliviada.

-Te amo – dije cerca de su oído poniendo mis labios en su frente peluda dándole un beso.

Jake emitió un leve gemido desde su pecho.

-Te esperaré despierta – dije comenzando a alejarme de él – Pero no tardes.

Jake empezó a correr hacia la espesura marcando sus grandes huellas en la tierra y dejando una estela de polvo a su paso. Volví sobre mis pies con la mirada gacha y con una presión en el pecho, como un presentimiento extraño, una sensación de incertidumbre. ¿A dónde irá Jake? No quería imaginarlo, ni siquiera saberlo. Entré a la casa cerrando la puerta tras de mi aún con la mente fija en mi novio, pero un sollozo cercano y conocido atrajo mi atención.

-Leah – dije corriendo hacia la habitación.

La encontré en un rincón al lado de la cama, acurrucada, con sus brazos alrededor las rodillas y todo su cabello, mas largo de lo normal, caía enmarañado sobre su rostro. Acababa de salir de fase por lo q estaba completamente desnuda.

Me acuclillé frente a la chica tocando su brazo, esperando una respuesta.

-¿Que sucede? – Incliné mi cabeza a un lado para ver su rostro – Estoy muy asustada. Dime que pasa, por favor – le pedí.

La pobre no podía parar de gimotear.

-Está bien – le di unas palmaditas suaves en la espalda – Llora todo lo que quieras, hace bien.

Terminó de cubrirse la cara con su brazo sumiéndose en un llanto incontrolable. ¿Debía pensar lo peor? Por el estado en que estaba la chica, algo terrible había sucedido. Me levanté de su lado con la intención de dejarla a solas pero antes de salir de la habitación, Leah habló con la voz gruesa y seca a través de sus brazos.

- Alan está muerto – Sollozó – Está muerto y yo…n-no pude hacer…nada.

Sentí como si alguien me fuera propinado un golpe en el estomago.

-Oh, no – me lamenté buscando apoyo.

Me senté lentamente en la cama totalmente horrorizada.

-¿Q-quien fue? – dije entrecortadamente intuyendo la respuesta.

Leah tomó aire varias veces antes de hablar.

-El anciano – murmuró con la voz cargada de odio.

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

Se me vino a la mente el único recuerdo que conservaba de Alan, pero no de su rostro, sino de su forma lobuna. Era un cachorro, un pequeño apenas de doce años o algo así, era color marrón, lo que podía recordar del día en que lo conocí, de una manera no tan peculiar, fue cuando bajé a la Push a despedirme de Jake antes de partir a Denali para la boda de Kate y Garrett, una imagen clara de el único lobo que no quería atacarme. Me hubiera gustado conocerlo, su cara de niño inocente, le habría querido agradecer por haber auxiliado a Jake y a Leah cuando regresaron heridos. Era una terrible perdida para la tribu y la manada, para la familia y para Jake.

Sin embargo no podía dejar de pensar en A Ka'Wi y su advertencia. Se trataba de una simple pero trágica advertencia lo que el anciano hizo, era un aviso para todos y más para Jake, para que supiera que estaba esperándolo y que se encontraba mas cerca de todos de lo que realmente maginábamos o de lo que ellos imaginaban, porque yo si sabía donde podía encontrar al maldito.

-Lo siento – fue lo que pude decir – Lo siento tanto.

Me salí de la habitación sin poder tampoco contener el llanto. Me dejé caer en el sofá con el rostro cubierto por mis manos sintiéndome demasiado triste y asustada. Ahora entendía por qué Jake había reaccionado de esa forma, desde luego era una noticia espantosa para él, después de todo, ese chico también era su hermano, miembro de la tribu y de la familia. En los lobos, el infinito e irrompible sentimiento de hermanos era la única razón por la que desde el comienzo de la vida, estos animales, crecían juntos en manada. Como lo había visto otras veces, los lobos eran caracterizados por ese peculiar en específico, la lealtad. Esa conexión era tan fuerte que ellos podían ser capaces de oír sus pensamientos a kilómetros de distancia, dejar un rastro irreconocible para otra especie e incluso marcar a una persona. Perder a un miembro de la manada, para ellos, era como perder la mitad de su cuerpo, sin mencionar lo duro que resultaría desprenderse de esas fracciones en su mente.

Estuve paralizada por un aproximado de media hora mientras lágrimas silenciosas recorrían mis mejillas. Leah, estaba en la ducha y la podía escuchar sollozar haciéndome querer llorar a mí también, era triste imaginar una escena en la que ella ve a ese chico morir sin poder hacer nada. Pobre Alan, pobre de su familia…volví a pensar en Jake sin poderlo evitar ¿A dónde habrá ido? No podía saber si estaba cerca pues no escuchaba absolutamente nada, solo la brisa moviendo las copas de los árboles y las ramas, los animales que pasaban por allí, pero de Jake, nada. Caminé a la cocina dispuesta a ocupar mi mente en el almuerzo, no tenía hambre pero Leah de seguro que si.

Corté en rodajas los tomates y el pepino y luego me encargué de la carne. Al poco rato, Leah salió de la habitación con paso lento y con la mirada perdida, parecía distante, como si estuviera allí en ese momento pero a la vez en otro lugar. Me detuve para mirarla.

Se apoyó de la barra de la cocina sin alzar la vista. Tenía los ojos hinchados y un aspecto terrible.

-¿Tienes hambre? – Pregunté en voz baja – Estará lista pronto – añadí señalando la carne.

Carraspeó.

-Comer es lo único que hacemos bien los lobos – dijo sin expresión en el rostro.

Guardé silencio.

-Eso y dormir y… también hacer nuestras malditas necesidades como los animales que somos – señaló con cierta hostilidad.

-¿Por qué dices eso? – pregunté con cautela.

Se encogió de hombros.

-Es que creo que…no somos lo suficientemente humanos – La chica carecía de expresión y su voz era sombría - No merecemos…estar en este mundo con los demás.

Lo pensé por unos segundos.

-Si. Tienes razón, yo también pensaba eso.

Rio con ironía.

-No hablaba de los vampiros pero si te quieres unir a mis pensamientos, está bien.

-Es que ese es el punto, no soy ni vampira ni humana, solo algo con mucho de los dos – musité.

Leah no respondió.

Seguí en lo mío sin atreverme a decir nada más. Leah estaba lo suficientemente inmersa en sus reflexiones como para que además yo tuviera que darle algo mas en que pensar, pero su comentario me había llamado la atención.

-Ustedes son los protectores de ese pueblo. Lo han hecho por…décadas – dije pensando que quizá fuera mas que eso. Lo pensé mejor - Siglos – agregué.

Leah arrugó el gesto.

-No creo que eso haya servido de algo.

-Yo si.

Leah alzó la vista y me miró.

-Tu tienes cinco años – recalcó señalándome con el dedo.

-Está bien, no he vivido lo suficiente como para saberlo, pero tu tampoco.

Asintió con naturalidad.

-Es cierto – coincidió.

Removí la carne la cual soltó humaradas blancas en forma ascendente expidiendo un rico olor.

-¿Que te hace pensar que no han hecho bien su labor? – Pregunté – Quiero decir, proteger a la tribu y al pueblo.

Lo sopesó.

-Dejaron vivo a ese maldito anciano, eso es suficiente como para ser despreciables animales dominados por sus conductas inclinadas hacia los abstractos y estúpidos pensamientos del espíritu.

Alcé una ceja.

-No importa – dijo al notar mi expresión de confusión.

-Entiendo lo que quieres decir Leah.

-Lo se, eres demasiado inteligente.

Bajé la vista.

-Taha Aki actuó de buena fe con su hermano, lo perdonó dejándolo vivir – continué.

Leah golpeó la barra con el puño de su mano haciéndome sobresaltar.

-Pues lo fuera dejado pudrirse - dijo con los ojos desorbitados por el odio.

La miré fijamente con el corazón agitado.

-¡Ellos son los únicos culpables de lo que nos está sucediendo ahora! – Casi gritó – Nos han condenado a todos, a ese chico… a su familia – apartó el cabello de su cara con rabia y me miró – A mi, a Jake incluso a ti Nessie – su labio tembló.

Bajé la mirada escondiendo las lágrimas que amenazaron con salirse de mis ojos.

-Lo sabes, maldición – dijo soltando un sollozo – Ese infeliz también está arruinando tu vida.

Era cierto. El anciano había roto cualquier posibilidad de una vida feliz junto al hombre que amaba, así como la oportunidad de tener una familia, hijos que llevaran el apellido Black, la nueva generación de lobos. Leah tenía razón, debieron haber matado al viejo cuando existió la oportunidad en aquel tiempo porque si el no le iba a perdonar la vida a Jake entonces a él tampoco se le debía respeto en ese sentido.

Intenté razonar a pesar del dolor que comencé a sentir en mi pecho.

-Jake está conmigo, está con vida y…

Sollocé.

-Nessie, Jake está decidido. No hay nada que lo pueda hacer cambiar de idea – dijo Leah en tono cansado.

-Tiene que haber una forma Leah, ayúdame por favor – la tomé de las manos sintiéndome repentinamente desesperada – Ayúdame a convencerlo, por favor…

-Nessie…

Ella apretó mis dedos entre sus manos.

-Nessie, eso es lo que quiero. Traté de convencerlo antes pero es muy terco – Leah bufó.

Me sequé las lágrimas.

-¿Tienes algún plan?

Leah lo pensó por unos segundos haciendo que me interesara mas por lo que tenia en mente. Lo que fuera, sería un rayito de esperanza para mi, una luz en medio de toda esta oscuridad.

-Si supiera cuantos son…

-Son cinco con A Ka'Wi – dije al instante.

Leah me miró con fijación.

-¿Como lo sabes? – soltó concentrando toda su atención en mí.

Lo sopesé por un instante. Si le decía a Leah que los había visto y que estaban mas cerca de lo que pensaban, de seguro se irían directo allí arriesgando su vida pero si en verdad tenía algo en mente y funcionaba… Pero y si no…

-Ellos están en la reserva Makah. Los vi hace un tiempo allí así que no se si aún residen en la reserva, pero los aldeanos los aceptaron – me arriesgué.

-¿¡Que! – Gritó - Desgraciados infelices, lo sabía, sabía que eran unos traicioneros mentirosos, les costará caro…ya lo hicieron una vez con Taha Aki, no lo harán de nuevo, no si Jake y yo lo impedimos…

-¡No! – Exclamé separándome de la barra rodeándola con rapidez para llegar hasta ella – Leah ¡cielo santo!, quizás lo hicieron por miedo, ¿y si los amenazaron? – Su rostro se relajó un poco - No te atrevas a decirle a Jake, por favor, te lo suplico, no lo hagas…no tomes esa decisión tan precipitada, ¿tienes un plan no? Entonces veamos que se puede hacer, ya te dije cuantos eran así que ahora dime tú que tienes en mente. No lo arruines ¿quieres?

Me faltaba el aire.

-Nessie simplemente los aceptaron en la reserva y ya. Eso es lo que yo pienso. – dijo con decisión – Y está bien no le diré a Jake, tienes razón.

Suspiré de alivio.

-¿Cual es el plan Leah?

Dudó.

-Eso…te lo diré después.

Fruncí el ceño con desaprobación.

-Dímelo ahora – le exigí – ¿Que vamos a hacer?

-¿Vamos? – Rio con sarcasmo – No linda, tú no entras. Es cosa de lobos.

-¡Maldita sea! otra vez con eso… ¿tú también? – exploté con enfado.

Se encogió de hombros.

-Te di información vital Leah – dije señalándola con el dedo índice – Tengo derecho a participar.

-No hay duda, pero no soy yo la que no te quiere con nosotros, es el jefe – dijo pronunciando su nombre como si fuera un personaje de la realeza.

Me crucé de brazos enfurruñada.

-De acuerdo, yo me encargo de él. Con un miembro de la manada muerto no creo que se atreva a negarse…

Leah bajó la mirada hasta sus manos intentando esconder la expresión de tristeza que asomó en su rostro y tan pronto como eso sucedió comenzó a llorar de nuevo.

-Leah – dije envolviéndola en mis brazos.

Ella me abrazó con fuerza ocultando su rostro en mi cuello. Nunca la había visto de esa manera, por eso me sentía igual de conmovida pues no sabía que decirle, la loba era una chica muy caradura y me sorprendía enormemente que lo estuviera tomando así, tampoco es que era muy fácil ver la muerte de alguien… de un hermano y no haber podido hacer nada al respecto. Leah soltaba sollozos llenos de rabia y pena.

-Tranquila, tranquila.

Sobé su espalda.

-No logré…llegar a…él – gimoteó – Estaba tan cerca….tan cerca Nessie y no pude ayudarlo.

-Hiciste lo que pudiste…

-No, no lo hice. Si lo hubiese hecho él estaría vivo ahora….es que…duele ¡Maldita sea! – su cuerpo se convulsionó con espasmos.

-Oye, cálmate ¿si? – Dije tomándola de los hombros – ¡Mírame!

Ella alzó la vista con ojos enrojecidos e inundados de lágrimas.

-No fue tu culpa – dije acentuando cada palabra con dureza.

La chica desvió la mirada.

-Lo tomó por el cuello, su delgado cuello para esas enormes…fauces…y lo arrojó contra un árbol… un golpe seco fue lo último que escuché en mi mente, luego simplemente… se desvaneció.

Me quedé muda.

-Hasta que el infeliz anciano salió de mi mente y… de mi cuerpo – Su expresión se contorsionó - Y pude pedir ayuda.

Hubo una corta pausa.

-¿Donde estaban? – mi voz se debilitó.

-En el perímetro, como la primera vez….no debí haberlo llevado – se despojó de mis manos y caminó al sofá - Pero él insistió que era su día de guardia asistida y tuve que llevarlo conmigo.

-¿Como la primera vez? – dije confundida.

-Estaba con Jake…

Lo recordé al instante. Fue la misma noche de nuestro regreso de Denali, había ido a verlo a su casa cuando lo encontré tirado en la cama y lleno de vendas por todas partes, una escena que aún recordaba con tormento.

Me estremecí.

-Leah hay que acabar con él – dije repentinamente.

-Lo sé.

Nos quedamos en silencio las dos, sentadas una al lado de la otra, demasiado aturdidas y muy concentradas en nuestros propios pensamientos.

-Tengo miedo – dije con sinceridad.

-Y yo ira – musitó mirando al frente.

Negué con desaprobación.

Leah estaba cegada por el odio, eso no era bueno, la gente no piensa con claridad cuando tiene la cabeza llena de rabia y desprecio, no era para menos, pero no necesitábamos a otro miembro de la manada muerto y menos a Leah la cual se veía muy dispuesta a tomar la primera decisión que se le pasara por la cabeza y lo peor de todo era que ya sabía en dónde estaba A Ka'Wi, no debí habérselo contado…

-Nessie voy a necesitar quedarme aquí por unos días – inquirió pensativa sacándome de mis pensamientos.

-Todo lo que quieras. Me hará bien que estés aquí…

La miré con timidez y ella respondió a esa mirada con una sonrisa.

-Claro – coincidió –Gracias.

-Por nada.

Suspiré y le devolví la sonrisa.

Terminamos de comer y al poco rato nos vimos sumidas en un silencio total. Leah me ayudó a lavar los platos en silencio mientras yo los guardaba en su lugar.

-Gracias Nessie, no sabía que supieras cocinar tan bien.

Sonreí.

-Por nada y…pues yo tampoco lo sabía – confesé.

-Creo que… me voy a recostar en el sofá, no me siento bien.

Me alarmé.

-¿Que tienes?

-Nada, tranquila…solo que me duele un poco la cabeza Nessie creo que estoy embarazada – dijo colocando su mano en el vientre.

-¡¿Qué? – solté sorprendida.

Ella sonrió a modo de burla.

-Caíste – dijo encaminándose hacia el sofá.

-¡Leah! – reclamé.

Ella siguió riendo pero esa risa no era alegre, más bien apesadumbrada y algo fingida.

-Oye no, espera – me acerqué a ella y la tomé del brazo jalándola hacia la habitación – Descansa en la cama.

Al entrar le di un empujoncito para que subiera de una vez por todas.

-¿Pero y tu y Jake? – Preguntó indecisa – No quiero meterme en una cama de una pareja y menos de una que ha comenzado oficialmente a…

-Oye oye, silencio…

Se carcajeó.

-No digas…esas cosas – dije un poco ruborizada.

Ella se lanzó en la cama con expresión serena como si no le importara lo mucho que me apenaba lo que estuvo a punto de mencionar. Era distinto cuando hablaba de estas cosas con Jake, no me avergonzaba para nada hablar de ello y lo hacíamos como si fuera un tema común, solo que era más…íntimo, lleno de susurros y caricias, pero decírselo a Leah era… extraño y me producía muchísima pena.

-No tienes por qué apenarte – dijo como si supiera lo que estaba pensando – No estamos hablando de un crimen…y si lo fuera…

Ella sonrió.

-Sería el mejor ¿no? – terminé su frase.

-Exacto.

Me senté al borde de la cama con una extraña sensación en el estomago. Tal vez hablar con Leah, de mujer a mujer me haría bien, me ayudaría a despejar mi mente un poco y era posible que la de ella también. Leah notó al instante que estaba dispuesta a hablar lo que fuera.

-Siento que haya venido arruinarte tu…especie de luna de miel – musitó poniéndose cómoda.

-No…está bien.

-Tenía que venir, él tenía que saberlo – dijo con voz ronca.

Asentí.

-¿Como nos encontraste? – Pregunté con curiosidad – ¿Cómo supiste que estábamos aquí?

Ella me miró como si fuera demasiado obvio.

-Es como tratar de encontrar una bola roja en medio de un montón de color verde, ¿es muy fácil encontrar la roja cierto?

-Y...En nuestro caso, ¿quienes son las de color verde? – inquirí.

-Están en un bosque con mil samanes…

Por supuesto, los Samanes. Era la única cosa que diferenciaba el aroma de Jake de los demás, el de mi lobo era muy parecido al de los Cedros que había en casa, era una manera de camuflajearse muy efectiva. Así que los samanes eran las bolas verdes y la roja el cedro, Jake.

Me mordí el labio con angustia.

-Tranquila, si él supiera que están aquí ya habría venido – dijo.

Eso no me dejaba del todo tranquila, pero confiaba en Leah y Jake tampoco era estúpido, si salía por las mañanas, incluso si se quedaba despierto después que yo caía en el sueño, era precisamente para estar pendiente de todo el que se acercara a doscientos kilómetros a la redonda. Ahora me daba cuenta en realidad lo poco que dormía mi lobo.

-Aunque supongo que estas noches han olvidado dormir – dijo a modo de broma.

-¡Leah! – Exclamé con una sonrisita nerviosa – Ya basta ¿quieres?

Reí y ella me imitó.

-Nessie…oye, no importa. Te ves tan feliz por eso, no debería avergonzarte algo que te haga sentir feliz como lo estas ahora por recordarlo.

Sonreí con timidez.

-Está bien – acepté.

Hubo una pausa y luego sentí el impulso de hablar de nuevo.

-Jake quería algo especial para mí, estaba tan preocupado porque ese momento fuera tan maravilloso que no se deba cuenta lo mucho que lo deseaba – bajé la mirada y sonreí – No necesité suplicarle mucho. Los dos nos estábamos…muriendo por hacerlo.

Leah escuchaba en silencio con la expresión seria.

-Lo necesitábamos y sabíamos muy bien que era cuestión de tiempo…que él…ya sabes.

Ella asintió a modo de comprensión.

-¿Y como terminó todo este asunto? – Desvió la mirada - ¿Qué tal…estuvo?

Sentí, por su mirada, que ella necesitaba que se lo dijera.

-Fue hermoso – dije en un murmullo.

-Ah, si…suele ser así…pero no pasó de esa manera conmigo – dijo con sequedad.

Me sentí muy mal.

-¿Como fue Jake?

La miré por unos segundos preguntándome si le infringiría mas dolor si le seguía contando esto.

-Lo siento Nessie, necesito escuchar algo real que me convenza de que hacer el amor no es una porquería.

Continué.

-Jake fue muy tierno conmigo y… delicado – sonreí recordándolo con cierta nostalgia, sin saber por qué – Él…me acariciaba a cada instante y me besaba…me besó como si esa era la última vez que lo haría. Leah, tal vez piensas así porque no lo hiciste con la persona indicada…

-Era el indicado Ness, solo que no lo amaba, como tú a Jake.

Sus ojos se perdieron en la nada.

-Estaba dispuesta a hacer todo por…tratar de convencerme de que de una vez por todas tenía que hacer algo por mi vida, pero el maldito solo tuvo "sexo" conmigo – rio con ironía – Y ya – añadió.

-Leah yo…

-Está bien Nessie, gracias por contármelo – me interrumpió.

Mis ojos buscaron otro lugar al que ver que no fuera su cara. Se veía tan dolida por todo lo que le estaba sucediendo que ni me atreví a seguir diciendo mas y solo porque tenía el presentimiento de que lloraría en cualquier instante. Lo peor de todo era que…ella sabía que "eso" no lo iba a poder hacer con alguien que de verdad amara como yo… ¡cielo santo! Como necesitaba a Jake ahora junto a mí, pero pensar en eso en este momento era egoísta.

-Te admiro Leah….eres tan fuerte, has soportado de todo, vives primero por los demás antes que por ti, aceptaste ser como eres sin culpar a nadie, entregarás tu vida y…sin pedir nada a cambio.

Su gesto se entristeció.

-Si…pero, no es fácil –musitó - Es asqueroso…quiero que termine de una vez por todas…en fin…

Respiró hondo antes de cerrar los ojos.

-Te dejaré…descansar – me levanté con cuidado.

Me encaminé hacia la puerta con melancolía pero antes, Leah me habló.

-¿Cuando piensas decírselo? – preguntó.

Me volví con el ceño fruncido.

-¿Qué cosa?

-¿Lo de tu menstruación? – dijo sin abrir los ojos.

Demonios, Leah se parecía a una…pitonisa. ¿Cómo lo supo? Acaso…miré mi entrepierna.

-Tranquila, no has tenido un "accidente" – señaló.

Cuando la miré sus ojos se clavaron en los míos.

-¿Sabes? los chicos son…demasiado brutos en este tema…

-Ajá – dije embotada.

-Él merece saber que después de tu periodo podrías quedar embarazada.

-Lo sé – asentí.

-Ujum – murmuró.

Cerró los ojos de nuevo y se acomodó entre las almohadas, dejándome allí, pasmada y pensando en sus palabras.

-Creo que iré a…

Corrí al baño y me encerré sacándome la ropa de encima con rapidez para poder entrar a la ducha.

Oscureció pronto, Jake no regresaba y yo estaba muriendo de la angustia. En medio de toda esa neblina que había fuera, el cielo negro como el terciopelo y las estrellas diminutas pero brillantes, esperé por unas horas más, despierta, como se lo había prometido. Había tomado unas mantas de la habitación y me había acomodado en el sofá, que hasta ese día me pareció cómodo, pero solo cuando estaba con Jake, ahora era demasiado grande para mi cuerpo solitario. - ¿Jake donde estas? – repetía una y otra vez en mi mente, con desesperación, miedo y nerviosismo. Nada era igual cuando podía tocarlo, tenerlo en mis brazos y besarlo, que además de hacerme sentir protegida, me daba la seguridad de que estaba bien, porque lo estaba viendo, pero allí afuera…todo podía pasar. Mi cuerpo se agotó y tuve que recostarme del único cojín del sofá, mirando a la puerta, a la espera de que una vez por todas regresara Jake.

No supe si lo imaginé, pero al cabo de un rato y dentro de mi letargo de sueño, escuché unos pasos acercándose a la casa. Me incorporé al instante en el sofá utilizando como apoyo mi codo mientras frotaba mis ojos y casi había olvidado utilizar mi olfato cuando la puerta se abrió con lentitud. Jake se detuvo en el umbral por unos segundos mirando directo hacia mí.

Me quedé paralizada.

Él caminó torpemente a mi dirección y no fue hasta que se detuvo frente a mí que noté que había estado llorando. Ver sus mejillas llenas de recorridos de lágrimas hizo que mi corazón se estrujara dentro de mi pecho, si Jake sufría yo también pero ahora era yo la que debía ser fuerte.

Cayó de rodillas frente a mí y comenzó a llorar. Lo acogí en mis brazos, apretándolo fuerte mientras él evitaba soltar sollozos sonoros para no despertar a Leah. Poco a poco fue subiendo al sofá, ayudado por mí porque él ya no tenía fuerzas.

-Lo siento tanto mi amor – dije.

Jake me abrazó hundiendo su rostro en mi pecho, mientras lágrimas y más lágrimas humedecían mi piel.

-Gracias por esperarme – su voz se quebró – Te necesito…

-Te dije que lo haría.

Besé su frente y dejé que, al igual que Leah, drenara todo ese desconsuelo llorando, pero allí estaba yo aferrada a él a la espera de que sus ojos hinchados y su cuerpo cansado dieran paso al sueño, lo único que lo iba a liberar, hasta el día siguiente, del dolor por la pérdida de su hermano. Esta vez no me dormiría primero.


Nos vemos en proximo capiii..!

Cuidense y Lean mucho!

Espero que les haya gustado!

Bye Bye..!