La saga pertenece en su totalidad a StehpM. La historia y algunos otros personajes me corresponden como autora de la misma.
-Gi-
Bueeeeeeeeeeeeeeenasss tardes, por aquí son las 04:27 pm y mi Valle sigue nublado :( pero eso también quiere decir que al aire frió es por la época decembrina, asi que no me quejo tanto.! Me encanta, me encanta todo eso (McDlds) jajaja!
Comoo estan mis lectoras favoritas? Espero como siempre se encentren bien! Debo disculparme cada vez más por lo tardío de este capitulo.!
Nuevas lectoras: SparckleCullen, Romynii y Jasmine21.! Se les quieree niñas! muchas gracias!
A las mas antiguas y fieles de Atardecer, GRACIASS como siempre por todo su infinito y cálido apoyo.
Sinceramente, espero les guste y lo disfruten mucho!
Kissssss!
Con cariño, Gi.
EL MENSAJE
La noche había pasado gracias al cielo y a mis peticiones constantes de que las horas transcurrieran tan rápido como fuera posible. Jake, destrozado, lloró por casi dos horas combatiendo con el sueño y el cansancio y muy a su pesar, el dolor y la triste noticia, no le permitieron descansar del todo. Tal y como lo había predicho, no pegué ojo en toda la noche, en comparación con Leah que roncaba desde la habitación con aparente tranquilidad y no es que estaba sufriendo menos que Jake, solo que mi lobo me tenía muy cerca para consolarlo, lo besé y lo mantuve abrazado todo ese tiempo muy pegado a mi, sin hablar, porque él no necesitaba palabras de consuelo "solo a mi" como había dicho.
Así que allí estuve yo, para él, sin comprender exactamente el momento en que sus ojos conectaron con los míos como siempre sucedía en ocasiones, implorando mis besos. Era irónico y hasta un poco inadecuado que nos besáramos en un momento así, pero siempre eran diferentes sus labios, cada vez que él quería podía hacerme sentir cosas distintas y con significados diferentes, aunque todos me llevaran a lo mismo. Estaba deprimido, sus besos los había sentido igual. Hubo un instante que solo nos miramos, él ya no lloraba, mientras acariciaba su mejilla con mis dedos y era como si él me estuviera diciendo cosas con sus ojos, cosas que a lo mejor entendí, cosas como que no quería que esto volviera a sucederle a ningún miembro de la manada, que tampoco me sucediera a mi y que comprendiera lo necesario que era su encuentro con A Ka'Wi. ¿Esto se había convertido en una venganza para Jake? ¿O para la manada entera? comprendí que las cosas no cambiaron por la muerte del pequeño, solo se habían puesto peor.
Nos quedamos dormidos a eso de las cuatro de la madrugada, cubiertos con una manta y en la misma posición con la que permanecimos toda la noche. Al amanecer, con el sol irrumpiendo por las ventanas, abrí los ojos repentinamente al sentir que mi pierna y todo mi torso se comenzaron a adormecer. Jake seguía rendido así que casi no notó cuando saqué mi brazo con sumo cuidado de su cuello y me fui incorporando en el sofá poco a poco. Como pude logré bajar pero mis intentos por no despertarlo se vieron frustrados cuando mi novio habló con voz ronca y adormecida.
-No te vayas.
Me incliné sobre su espalda besando la piel visible de su hombro.
-Debo ir al baño cielo - murmuré cerca de su oído para no aturdirlo.
Jake seguía con los ojos cerrados así que lo pensó por un instante.
-¿Todo bien?
-Si.
Asintió con lentitud. Su rostro seguía siendo el mismo, apesadumbrado y triste.
-Luego te haré algo de comer.
Llevé la sábana hasta su espalda y lo cubrí hasta el cuello.
-Gracias - murmuró.
Mientras caminaba a la habitación me desperecé estirando los brazos y abdomen. Como siempre hacía, llevé una mano a mi cabello y lo froté a los lados para masajearlo, seguro me vería extraña en el espejo del baño. Abrí la puerta en silencio y caminé de puntillas hacia la puerta del fondo echando una ojeada a Leah quien dormía placenteramente desparramada en la cama, sonreí antes de entrar y luego cerré con cuidado.
Me di una ducha rápida y luego salí de allí buscando mis ropas en toda la habitación, maldiciendo por lo bajo. No es que tenía demasiada, solo la que había traído de casa de Tanya pero no encontraba absolutamente nada, mucho desorden y pocas ganas de solucionarlo. Antes de salir, Leah dio una vuelta de costado y se colocó boca arriba, por un momento pensé que iba a abrir los ojos pero no lo hizo así que salí de allí y cerré de nuevo la puerta para que los ruidos que comenzaría a hacer en la cocina no le molestaran.
-¿Sigue dormida?
La voz de Jake me sorprendió.
-Como un bebé - dije girando la cabeza para mirarlo.
Me acerqué al sofá donde Jake se encontraba sentado con las sábanas a un lado.
-¿Como estas? - pregunté con cautela.
Jake esbozó otra de esas sonrisas sin manifestación alguna de alegría y me extendió sus manos. Sin pensarlo las tomé y me atrajo hacia él haciendo que cayera sobre sus piernas. Lo rodeé con mis brazos y nos miramos.
-No muy bien- respondió.
Llevé mi boca a la suya y le planté un beso.
-Ahora...si estoy bien.
Nos sonreímos.
Jake pasó sus manos por mi cintura y me atrajo más hacia su pecho.
-Siento lo de anoche - dijo en voz baja.
Fruncí el ceño.
-¿Por qué?
Se encogió de hombros.
-Si ya sé que el que suele consolarme siempre eres tú pero...
Rió.
-Es cierto - dije.
Apoyé mi frente en la suya mientras exhalaba un largo suspiro.
-¿Donde estuviste?
-Merodeé por el bosque.
-Pero no estabas cerca, no pude escucharte en ningún momento.
Jake esperó.
-Es que...no me moví de mi posición - musitó con la voz apagada.
No contesté.
-Oye...no quería estar solo, la única razón por la que me fui era porque estaba enfadado con Leah y no quería hacerla sentir peor.
-Leah no tuvo la culpa - dije con voz suave mientras acariciaba su cuello.
Negó una sola vez con la cabeza.
-Era su deber salvar al chico, pero estaba tan doblegada por la orden de A Ka'Wi que ni siquiera luchó...
Abrí la boca para protestar.
-Lo vi, ella no luchó - insistió.
Hubo una pausa.
-Tenía miedo Jake - musité mirándolo con desaprobación.
Él desvió la vista a un lado algo enfadado.
-No puedes culparla, el anciano la tenía bajo su poder de mando.
-¡Él no es su alfa! - refutó alzando la voz.
Pasaron unos segundos antes de que el rostro de Jake volviera a contorsionarse de dolor al recordar la muerte de Alan.
-Ven aquí.
Lo abracé.
-Ella no le debe respeto a él, ni siquiera a mí, no entiendo como se deja llevar por su debilidad...
-No se merece que la juzgues de esa manera - tomé su mejilla para que me devolviera la mirada - Ahora ella se siente condenada y mas culpable que cualquier otro, pero también sabes que el anciano es mas fuerte de lo que pensabas, también te lo hizo a ti...y él no está interesado en hacerle daño a la Hē'e.
Jake pareció comprender lo que le estaba diciendo, seguía enfadado pero la razón de mis palabras le hizo relajar la expresión. Ahora parecía abatido.
-Tienes razón - dijo llevando mi frente junto a la suya - Lo siento Ness...es que...
-Lo sé, lo sé - dije acallando sus palabras.
Nuevamente nos besamos. Cerré los ojos al contacto de su boca permitiendo que sus brazos me aprisionaran por completo y me dejé llevar por el dulce sabor sus besos pausados y cálidos. Como siempre, olvidé que debía mantener la cordura y el juicio, pero fácilmente me perdí en ese suave sopor que me ofrecían sus labios y sus manos recorriendo la parte baja de mi espalda.
La puerta de la habitacion sonó al abrirse. Los dos nos separamos al instante algo desorientados.
-Lo siento, no quería interrumpir - dijo Leah volviendo sobre sus pasos.
-Ya lo hiciste - murmuró Jake con acritud.
Le lancé una mirada cargada de odio y me zafé de sus brazos.
-¿Que? – dijo Jake con inocencia.
-Leah - la llamé - Espera.
Caminé con torpeza hacia ella antes que volviera a la habitación.
-Oye lo siento, en serio - dijo con sinceridad volviéndose hacia mi.
-Está bien - dije para calmarla - Mas bien nosotros lo sentimos por...
-Yo no - musitó Jake desde el sofá.
Leah se apartó de mí dando unos pasos hacia el sofá donde estaba Jake.
-¿Cual es tu problema? - dijo desafiándolo con la mirada.
Jake se encogió de hombros.
-¡No dejé morir a Alan! - gritó con la expresión herida.
-¿Ah no? – preguntó Jake con sarcasmo.
-¡Jake! – protesté.
Los ojos de la chica se inundaron de lágrimas.
-Pues no estabas allí para salvarlo tampoco – explotó furiosa– Mientras yo cuidaba de todos ellos, tú estabas aquí explorando tu vida sexual con Nessie.
Mis ojos quedaron como platos al escuchar aquello. Jake se levantó del sofá mirando a Leah con hostilidad.
-No la metas en esto – dijo retándola con sus ojos.
-Lo siento Nessie esto no se trata de ti – dijo girándose hacia mi secándose las lágrimas con el dorso de su mano.
-Está bien – la calmé.
-¡Claro que no! – soltó Jake.
-¡Jacob, ya basta! – dije interponiéndome entre ellos.
Estaban tan cerca, cara a cara, que temí que entraran en fase y que yo estuviera en medio.
-No tenemos la culpa que tu vida amorosa sea un asco.
Leah soltó un sollozo y salió corriendo hacia la puerta, la abrió y salió de la casa. Fui tras ella sin pensarlo.
-Déjala Nessie - dijo Jake - Se le pasará...
Me detuve y lo fulminé con la mirada, Jake se tensó.
-¿Que crees que estás haciendo Black? – Dije remarcando cada palabra con enfado.
Salí de la casa sin dedicarme a mirarlo para ir tras Leah. Tan rápido como sucedió eso, la perdí de vista, aún podía olerla, no estaba muy lejos pero se desplazaba velozmente hacia el bosque, estaba en fase.
-¡Leah! - grité - Oh, no.
Si pensarlo eché a correr.
La brisa fría de la mañana dio contra mi cara con violencia alborotando todo mi cabello, intenté encontrar algún rastro de su aroma en esa ráfaga de aire pero ya no estaba. Me sentí preocupada por ella que debía sentirse terrible con todo y más por lo que el lobo acababa de decirle. Jake me iba a escuchar cuando regresara.
Primera vez que corría a gran velocidad desde que estábamos en este bosque, me sentí como siempre, libre y llena de energía con cada árbol que dejaba atrás, era como estar de nuevo en Forks. Apresuré el paso atenta a cualquier indicio de la ubicación de Leah pero ella iba bastante distanciada, los árboles se encontraban muy unidos por lo que era más difícil correr sin perder de vista las ramas que aparecían de golpe frente a mis ojos. Mi padre siempre me decía de niña que toda mi vida sería una carrera frenética, tal como lo había sido la suya, porque era lo único que me mantendría a salvo y libre. - "Lo haces mejor que yo hija" - había dicho. Así que corrí, y lo hice de verdad porque localicé a la loba a unos kilómetros frente a mí.
-¡Leah, espera! – dije.
Casi la podía ver, solo debía acercarme un poco mas. Apresuré el paso haciendo maromas para no golpearme con los samanes mientras pasaba entre ellos, me hubiera gustado un "a través de ellos" pero eso no podía ser, no era Emmett. No podía saber hacia donde tenía pensado ir pero me asustaba la lejanía en la que nos encontrábamos, no fue hasta que ella tomó otro rumbo que me di cuenta realmente a la dirección en que corríamos.
-No – dije con la voz seca.
La gran cabeza lobuna de Leah se giró y clavó sus ojos en mí.
-No Leah – le pedí.
Ella se giró de nuevo y siguió su camino. Me sentí atrapada en un mar de nervios, esto tenía que ser mentira, Leah no podía hacer esto, no así. Analicé mis opciones… no tenía ninguna, solo mas que seguirla, ya no había tiempo para regresar por Jake, quien sería el único que la haría entrar en razón así fuera a la fuerza, pero la casa estaba muy lejos y ya nos encontrábamos en territorio Makah. Corrimos juntas por unos minutos y luego ella se detuvo justo en la línea imaginaria que dividía la reserva.
-¿Que demonios haces? – pregunté solo moviendo los labios.
Ella miró hacia el frente y señaló hacia la aldea con un gesto de su cabeza.
-No – dije negando con la cabeza.
Me estaba pidiendo que la guiara hasta él pero eso era una locura. No, definitivamente no. Ella dio un paso hacia adelante marcando su enorme pata en la tierra.
-Espera…está bien – murmuré apretando los labios con impaciencia.
Leah retrocedió.
-¿No harás nada estúpido verdad? – Pregunté acercándome a ella – Es muy peligroso Leah, ¿solo quieres ver? De acuerdo, lo haremos, pero avanzaremos hasta donde yo te diga. Es eso o…regresamos – añadí mirando con nerviosismo el bosque frente a mi.
Asintió.
La miré por unos segundos no muy convencida, Leah es muy capaz de hacer cualquier cosa que se le pase por la mente cuando está enfadada pero no iba a permitir que todo su plan, si es que de verdad lo había, se arruinara por sus impulsos.
-Vamos – dije avanzando – Esto es una locura – añadí por lo bajo.
Leah se adelantó a mi posición con sus grandes zancadas.
-Espero que esto no sea un arrebato de rebeldía por lo que te dijo Jake - dije mientras caminaba a su lado – Se que a veces es molesto y lo que te dijo no tiene perdón pero… ¿podrías comprenderlo solo un poco? Él está paranoico con todo esto ¿sabes?
Leah emitió un leve sonido desde su pecho.
-No es justificable lo sé, pero aún así…son hermanos.
Ella no me miraba, solo seguía caminando con paso lento mientras sus orejas temblaban con ligereza cada vez que yo hablaba.
-A veces decimos cosas de las que nos arrepentiremos toda la vida pero hay manera de arregla… - mis palabras se enmudecieron cuando mis ojos reconocieron el lugar que había visitado anteriormente cuando escapé de casa de Tanya – De acuerdo, Leah….ya estamos.
Ella apuró el paso hacia las verjas que se veían a unos metros más de nuestra posición. Una de mis manos subió hasta su lomo encerrando el pelaje en ella. La loba se quejó.
-Dije que esperes – dije entre dientes – ¿No puedes esperar?
Caminé delante de ella mientras mis piernas, cual gelatinas, se movían nerviosas y temblorosas por el camino hacia las cercas. Visualicé el remolque viejo y oxidado de la ultima vez que estaba idéntico, ni siquiera el agua había podido borrar las manchas de barro de las yantas viejas y aplastadas.
-Me escondí allí, tras eso – señalé el cacharro.
Leah se acercó hacia el remolque y lo olisqueó por todos lados. Esperé impaciente que terminara mientras desviaba la mirada hacia la aldea con el corazón en la boca. Nunca había sido tan cobarde y miedosa pero ahora me daba cuenta que admiraba por completo el temple de mi familia, sobretodo el de mi madre, quien alguna vez me había dicho que se sintió poderosa en alguna ocasión cuando fue una neófita pero que nunca había sentido tanto temor cuando los Vulturi vinieron por nosotros. Recordé las palabras del tío Jasper en el Edén, "miedo bizarro" había dicho, refiriéndose a mi comportamiento en mis lecciones de lucha, una fusión de valentía y miedo. Puede ser que ahora me sienta igual, pero si bien se daba la situación, el miedo le ganaba a toda mi osadía, ¿pero y si no era así? Le daba gracias a Dios por haberle pedido a mis padres que me dejaran aprender a luchar y a mis tíos por enseñarme tan perfectamente, solo esperaba con todo mi corazón hacerlo bien cuando se presentara el momento. Pero si de agallas hablaba, no podía olvidar el brío, la entereza y el arrojo tan alucinante del cual gozaban esos enormes peludos lobos, fueron hechos para eso y Leah era una de ellos, que manera de ser tan valiente siendo mujer. No menospreciaba mi especie, pero si me dieran a escoger, tendría cuatro patas…
Si Rose me escuchara decir esto…
Suspiré.
Leah emitió un sonido seco y corto haciendo que su pecho se inflara.
-¿Que sucede? – pregunté.
Ella miró hacia la aldea y luego me miró otra vez.
-Deben estar allí – musité en voz baja – No nos acerquemos mas Leah por favor, estas en fase, el podrá controlarte fácilmente si llega a percibirte…
Leah bajó la cabeza hasta el suelo y se sentó sobre sus patas traseras. Me acerqué a ella y coloqué mi mano en su lomo.
-¿Leah?
La dejé tranquila mientras la observaba. Estuvo en esa posición por unos minutos hasta que decidió levantarse de nuevo del suelo. Me separé un poco para darle espacio.
-¿Intentas localizarlo no es cierto? – pregunté.
No se movió.
-¿No está aquí verdad? Lo sabía, hubiese percibido su olor desde que…
No ese, sino otros aromas llegaron a mi nariz. Se acercaban…
La loba soltó un ladrido estruendoso, uno de esos que me hacen estremecer, pero no por su sonido, sino por el mensaje que llevan consigo. Ella se colocó delante mí en forma defensiva, como si quisiera protegerme pero traté de escabullirme. Mi estomago dio un vuelco cuando pude apartarme de ella y de su pelambrera, vi como dos lobos, extremadamente enormes se acercaban lentamente y con cautela hacia nosotras.
Se me fue el aliento.
Era nuestro día. Nos había llegado el momento de morir y mil cosas se pasaban por mi mente haciéndome una sucia jugarreta. Por un momento creí que se trataba de algún letargo de mi mente o simplemente estaba sucediendo debido a la situación en la que nos hallábamos Leah y yo pero tuve la clara visión de mi misma como una pequeña niña indefensa. Me encontraba frente a ellos, esos…vampiros, los únicos de aspecto tan temible y poderoso sobre la faz de la tierra, Los Vulturi me devolvían la mirada con brillantes ojos rojos, con esa sed de sangre que hacía que sus lenguas se adhirieran a sus paladares como si estuvieran deshidratados y enfermos. Ahora dedicaba mi atención a esos dos pares de ojos alargados color amatista, vidriosos y rayados como los de un tigre, que nos miraban desafiantes desde el otro lado. Me preparé para luchar.
Los lobos se veían ansiosos, parecían sorprendidos por la presencia de Leah. Estaba segura que nunca habían visto una mujer lobo en sus vidas. Estaban conmovidos e intercambiaban miradas de incredulidad. ¿Acaso el anciano no les había hablado de ella? Aproveché la oportunidad para hacerlos enloquecer un poco.
-¿Sorprendidos? – pregunté alzando una ceja.
Leah desnudó los dientes.
-Tienen frente a ustedes a la única razón por la que fueron enviados aquí. Deberían inclinarse frente a la Hē'e.
Sus gruñidos llenaron el bosque.
-El anciano no les habló de ella ¿verdad? – Los provocaba con cada palabra – Lo supuse, es muy egoísta y el trofeo es muy valioso – añadí encogiéndome de hombros.
Ahora mas confundidos que antes, se miraron entre ellos en una conversación mental que imaginé estaría llena de incógnitas. Unos de los lobos, el que tenía el pelaje de un marrón pálido a comparación de su compañero más oscuro, elevó el hocico y las aletas de su nariz se agitaron cuando comenzó a olisquearme.
Esbocé una sonrisa cargada de hostilidad hacia ellos.
-Morirán – musité.
Estaba clara que esos lobos podían hacerme añicos, y Leah saldría muy herida si intentaba ayudarme. Me llené de pánico, pero como muy bien me habían enseñado en mis lecciones, debía hacer lo imposible para ganar tiempo. El lobo mas oscuro dio un paso hacia atrás haciendo ademán de irse.
-Espera – él se detuvo a medio paso - ¿Qué harán? ¿Qué harás tú? ¿Irás por tu jefe y te perderás todo la acción? No querrán que les quiten la gloria… ¿verdad?
El licántropo volvió a colocarse junto a su compañero y me perforó con la mirada. Era hora de decirles quién era, eso los pondría eufóricos, porque si de algo estaba segura, el viejo, había hablado de mí. No podía permitir que fueran por A'KaWi. Leah no los perdía de vista mientras me seguía la corriente.
-¿Saben quien soy yo? – Inquirí con naturalidad – Me llamo Renesmee, miembro del clan Cullen de Olympia, Forks.
Leah me lanzó un gruñido de reprobación el cual ignoré por completo.
-Tal vez les habrán mencionado también que soy la impronta de Jacob Black – continué – El último en la sucesión de Taha Aki, su único y verdadero jefe.
Era cierto, sabían de mí puesto que comenzaron a emitir rugidos sonoros desde sus pechos enseñando los dientes. Leah los retaba de la misma forma en posición de ataque, así que también tomé la mía. Era el momento, no había funcionado la charla para distraerlos pero les dije suficiente, estos lobos estaban dispuestos a matarme y eso era precisamente lo que quería el viejo, asesinarme para que Jake fuera tras él, lo que no sabía era que ya le había dado suficientes motivos a mi novio por la muerte de Alan –"Ya serán dos menos" – pensé colocando mi mano en el lomo de Leah. –"Intentémoslo"
Recordé mis lecciones en el Edén, que de hecho fueron para luchar contra vampiros, no con lobos, pero recordaba las normas claramente y sabía que se aplicaba a todo, pues era muy básico. Regla número uno, Alice: "nunca des la espalda." Regla número dos, Emmett: "No lo pienses demasiado…Si debes atacar, Hazlo." Regla número tres, Rose: "Eres igual de rápida que Edward. No hagas ataques frontales, los de costados serán mas efectivos." Regla número cuatro, Jasper: "confía en tu instinto."
Entonces sucedió.
Juntas, Leah y yo corrimos hacia ellos y ellos a nosotras. Dos golpes secos de cuatro cuerpos sonaron en el aire como un choque de piedras. Leah cayó sobre el gran lobo marrón y el más claro, con su enorme figura, sobre mí y juntos nos arrojamos al suelo. Mis manos bloquearon su feroz mandíbula de dientes afilados que iban directo a mi cara mientras que todo su peso me hundía en la tierra, me dolían las costillas y sentía que mi cabeza explotaría en cualquier momento debido al concierto estruendoso de rugidos feroces. Había polvo por todas partes producto de la lucha de Leah y el otro por lo que se me hizo demasiado difícil visualizarlos.
Debía liberarme de la prisión de sus garras de alguna forma.
–"Suéltame" – grité repentinamente en mi mente.
La bestia detuvo sus rugidos mirándome con expectación y asombro. Mala suerte. Le di un manotazo en las fauces con todas mis fuerzas que salió volando. Me levanté sin perder un segundo pues él ya estaba en guardia y me abalancé, lo envestí de nuevo buscando sus costillas, las cuales sonaron al quebrarse cuando clavé mis dedos en ellas. El lobo chilló.
Él intentó saltar sobre mí por segunda vez pero mi pierna salió disparada directo a su pecho. Estaba muy enojado y eso era fantástico, le daría un baño de paz en pocos segundos. Esperaba que saliera bien. Un aullido aterrador me hizo girar el rostro hacia Leah. Ella estaba acabando con el lobo, era impresionante verla en acción, porque ellos también eran muy grandes y poderosos.
Entonces, algo me golpeó tan fuerte en el estomago que me hizo caer en el suelo arrastrándome varios metros, quedé sin aire. Me incorporé un poco buscando con la mirada al lobo que venía hacia mí dando pasos desequilibrados y torpes como un borracho, me miraba como un loco maníaco.
Respiré hondo varias veces.
Cuando intenté levantarme, él saltó hacia mí con todas sus fuerzas y volvió a derribarme y mi cabeza dio contra el suelo con un fuerte golpe, me dolía mucho y ni hablar de mi estomago, adolorido y edematizado. Tosí descontroladamente intentando recuperar mi postura pero el lobo me las estaba cobrando una por una y lo estaba disfrutando. Me aprisionó entre sus patas y tomó impulso para dar el último mordisco, pero de nuevo mis manos lo bloquearon halando la melena de su rostro hacia atrás y entonces, sucedió.
-"Apártate de mi" – le ordené formulando ese pensamiento en mi mente y haciéndolo mas real en la suya imaginé que eso era precisamente lo que él iba a hacer, mensaje que le llegó través de mis manos que lo sostenían con fuerza – "Tu no eres un asesino, vete ahora mismo" – añadí.
Él lobo se apartó de mí totalmente confundido y desorientado, tal y como lo estuviera cualquiera al que su mente haya sido violada. Funcionó, acababa de hacer el mayor descubrimiento de mi vida.
Un crujir de dientes fue lo que escuché antes de ver a Leah abalanzarse sobre el cuello de mi atacante.
-¡No! – grité cubriéndome los ojos.
Un silencio bastante revelador me indicó que nos encontrábamos solas. Alcé la mirada y vi a través del cuerpo de Leah al lobo inerte tendido en el suelo a su lado.
-Le había dicho que se fuera – dije con dificultad – Él lo iba a hacer.
Tosí.
Leah seguía mirando el cuerpo de aquel lobo. Lentamente fue bajando la cabeza hasta quedar cerca de él, luego cerró los ojos. Fruncí el ceño extrañada, supuse que era algún ritual de despedida, creían en sus ancestros y eso les permitía de alguna forma ayudar a ese espíritu que permanecía en el cuerpo del licántropo irse en paz. Nunca había matado a alguien de su especie, esto debía ser difícil.
Esperé en silencio.
Transcurridos unos minutos, la chica alzó la vista hacia mí.
-Debemos irnos – dije en voz baja.
Aun seguía tendida en el suelo sorprendida y atontada con lo que acababa de suceder. Me levanté en silencio siguiendo a Leah hacia los árboles, quería regresar a casa con Jake.
-De acuerdo vamos, pero por favor, no vayan a pelear – le advertí en voz baja – Me siento horrible.
Corrí todo lo que pude alejándonos de la reserva, estaba adolorida y no podía con el dolor en mi torso, estaba segura que me había roto una costilla, nada que no pudiera arreglarse. Desviaba la mirada hacia Leah a momentos, sangraba su hocico y en su espalda había sangre también. Cuando supe que estábamos cerca, mi cuerpo exigió que me detuviera en ese instante, di unos pasos más hasta detenerme completamente apoyándome de un árbol cercano, respiraba con dificultad pero aun me quedaban fuerzas para llegar caminando.
Leah se detuvo y corrió hacia mí.
-Estamos cerca – musité respirando varias veces – No puedo correr más, me duele.
Leah se sentó sobre sus cuartos traseros dispuesta a esperar lo que fuera.
-Adelántate – le pedí – Estaré detrás de ti.
Ella gruño con desaprobación.
-Necesito descansar, dame un minuto ¿Si?
Leah negó y se levantó dando unos pasos hacia mí, acercó su enorme cabeza a mis brazos y los elevó con un suave movimiento, la abracé por el cuello.
-Lo siento Leah, lo siento tanto – ella me tocó con la punta de su hocico, me estaba pidiendo que subiera a su lomo – Gracias, pero puedo caminar todavía.
Le sonreí pero ella me rugió.
-De acuerdo – accedí.
Me subí a su espalda cuidando de no tocar su herida que ya había dejado de sangrar pero seguía latente y expuesta. Apoyé la cabeza de su cuello y me sostuve con fuerza de la melena mientras ella avanzaba por el bosque a toda velocidad.
Llegamos al claro en cuestión de minutos, Jake se encontraba de pie en el umbral de la puerta con la expresión contraída del pánico, corrió hacia nosotras.
-¡Nessie! – gritó.
Leah se detuvo por completo a unos metros de la casa y dejó que bajara de su lomo, luego corrió detrás de los árboles para salir de fase. Con paso lento sosteniendo mi torso con un brazo avancé hacia su encuentro. Jake se aproximaba como un rayo hacia mí, se veía preocupado y con cara de culpabilidad.
-Ness – dijo sosteniéndome por la cintura.
-Estoy bien – dije.
-¿Dónde demonios estuvieron? – Preguntó enloquecido – ¿Que te pasó? ¿Por qué estas sangrando? – Añadió mirando mi short - ¡¿Nessie, por qué sangras? – dijo entornando los ojos tratando de buscar una herida debajo de la ropa.
-Oye oye…tranquilo – miré hacia abajo donde se suponía que estaba el escándalo, y allí estaba, cubierta de sangre por todos lados – Demonios.
Suspiré.
Jake se quedó con la boca abierta mientras me observaba caminar frente a él.
-Deja que te ayude – dijo acercándose a mí.
Me cargó con cuidado y corrió a la casa. Me sentí mas aliviada cuando estuve dentro, la calidez y esas cuatro paredes más Jake, me hicieron sentir segura y tranquila. Entró volando a la habitación y me dejó en la cama con suma delicadeza, luego se colocó a mi lado mirándome con angustia.
-Ness…
-Oye, necesito ir al baño – lo interrumpí apoyándome del codo para levantarme – Tengo que limpiarme esto – señalé la ropa.
-Ven aquí – dijo alzándome en sus brazos de nuevo.
No me opuse.
-¿Que sucedió Nessie, que sucedió? – dijo mientras empujaba la puerta del baño.
Me quedé en silencio mientras bajaba de sus brazos. Comencé a desnudarme con cuidado, Jake me ayudó a sacar mi camisa y luego mis pantalones mientras abría la llave de la ducha para llenar la vieja tina de agua.
Nos miramos.
-Fue un mal día para ir de caza – mentí.
Jake se acuclilló frente a mí poniendo sus manos en mi abdomen buscando con desesperación alguna rasgadura o herida originaria de toda esa sangre.
-Fue un oso, muy rudo…un…muy rudo oso.
Jake me dio la vuelta con sus manos para verificar mi espalda.
-Comencé bien, él como siempre intentó atacar primero pero… ¡Ahhg! – gemí cuando mi novio tomó el brazo con que sostenía mi torso entre sus manos.
-¿Está roto? – preguntó.
-Más bien creo que…es una costilla. Maldito oso.
Arrugó el gesto.
-No te creo nada.
Dicho eso se quitó los pantalones y se metió en la tina.
-Ven – dijo extendiendo sus manos.
Me senté con cuidado frente a él descansando mi espalda en su pecho. Jake retiró todo el cabello de mi cuello y con pañito que encontró en el suelo, lo humedeció y comenzó a pasarlo por mi piel.
-No parecen rasgaduras de oso – reprobó.
-Ay– protesté sin fuerza.
-Lo siento.
Cerré los ojos adolorida. Jake era muy inteligente y no había sido mi mejor jugada decirle que había intentado luchar con un oso. Se quedó en silencio recorriendo mi cuello y mis brazos con aquel pañito suave quitando el rastro de esa sangre que probablemente no toda era mía. Sentí ardor en algunas partes de mi cuerpo, como espalda y brazos donde aquel lobo clavó sus garras y dientes, era imposible olvidar su enrome mandíbula queriendo arrancar mi cara de un mordisco.
-Oye – dijo besando mi oreja. Abrí los ojos y lo miré – Dime por qué había sangre entre tus piernas, es cierto que sabes mejor que yo que un oso no pudo haberte hecho eso. ¿Qué te hicieron?
-No me lastimaron si eso es lo que te preocupa.
-Nessie estabas sangrando, claro que estas lastimada…
-No es lo que tú piensas Jake, nadie me lastimó…bueno…
Jake esperó que hablara.
-Esa sangre que viste allí es…
Debía decírselo.
-¿Es por? – preguntó con labios temblorosos.
Suspiré.
-Mi menstruación – solté.
Jake se quedó paralizado mirándome sin expresión en su rostro.
-Pero no sé por qué creo que tú ya lo sabías – comenté medio sonriendo.
-No, no lo sabía – dijo al fin – ¿Desde cuándo?
-Dos días.
Jake lo sopesó por un instante.
-¿Cuando pensabas decírmelo? Es muy importante que yo lo supiera Ness...
-Lo sé…pero tenía miedo.
Volví a reclinar la cabeza de su pecho sin energía. Ahora si necesitaba en serio un oso, un oso verdadero para alimentarme porque no lo había hecho en casi un mes y eso definitivamente me tenía débil y sin fuerzas, pude haber muerto hoy de no ser por Leah y…por mi don. Jake pasó sus brazos sobre los míos bajo el agua y me abrazó.
-Siento no haber estado allí – dijo con sinceridad – También lamento no ser tan observador y no haberme dado cuenta de todo esto, solo estaba concentrado en mis problemas y tu…y tu sufriendo esto.
-No estaba sufriendo. Tal vez…esto sea un mensaje.
-¿Un mensaje? – repitió cayendo en la cuenta rápidamente.
Me quedé en silencio mientras giraba mi rostro para besarlo.
Un millón de gracias para TODASS las chicas que comentaron en el capi anterior, es para mi reconfortante y muy lindo saber que estarán allí esperandome para el próximo.!
Quiero prometer no tardar mucho tiempo en publicar y que sea exactamente asi como suceda...pero extrañamente tardo mas de lo que prometo jajaja
Un besooo para todas!
GRACIASS!
Cuidense y lean mucho!
Nos leemos en el próximo!
PD: TENDRÉ 20 AÑITOS PARA EL 14 DE ESTE MES...Demonioss, me cuesta creer que sigo siendo menor de edad... técnicamente lo seré hasta los 21! :)
