GRACIAS A ISA MELLA FFDA POR CORREGIR ESTE CAPITULO

Twilight pertence a Stephenie Meyer

Capítulo 34

Edward

Marzo 2012

Parte IV

El corazón acelerar. La angustia de verle. Suspirar al recordar su cara. Imaginar sus labios en los míos. Su cuerpo. La forma en que sus manos tomaban cualquier objeto. El color de sus ojos. La manipulación de la luz de la calle cuando distorsionaba sus sombras faciales. El sonido de su auto al moverse. La felicidad de verle cuando estaba cerca, mis ojos destellantes al pensarle. La voracidad de mi alma añorando tan sólo una palabra de sus labios.

Todo eso es lo que una persona enamorada tendría, pero no yo. Yo sentía lo contrario. No deseaba verle, pero tenía necesidad. Su cara me causaba un recuerdo de dolor por su terrenal belleza. Sentía vergüenza el pensar en su toque porque era como imaginar a Dios tocando a una hiena. Cuando la veía criticaba todo de ella para tener una excusa de que no fuera perfecta y cada vez sus acciones me probaban lo contrario. Y definitivamente no pensaba en la forma en que me besaría, no, lo que pensaba era totalmente diferente a eso. Era la forma en como quería enterrarme en ella vistiendo en ese puto vestido que traía cuando abrió su puerta.

Es como si supiera que el vestido es un arma afilada y lista para mutilar. Ella mutila mi corazón como carnicero experto. Sonríe, habla sobre el clima y las luces de la ciudad mientras yo manejo mi auto rentado. Mi vista tiene una competencia entre la responsabilidad de mirar la calle o la avaricia de más piel.

—...Rachel te caerá muy bien— Dice ella, no recuerdo su oración completa, así que asiento como un buen perro. Este perro tiene su límite.

Ella cruza sus piernas mueve su mano hacia la ventana, su cabello suelto es sujetado parcialmente con una mano mientras ella disfruta el viento en su cara.

—¿Es algún artista que conozco?— Pregunto, tratando de distraerme.

—No, ningún artista que sea conocido— Ella suspira y me mira con condescendencia.

—¿No te gustan tipo de cosas?— No.

—Si, a veces— Nunca.

—Mientes Edward, mientes, mientes, mientes— Dice con esa vocecilla irritante, pero que no cambiaría por nada y luego pone su mano en mi pecho.

—Pero gracias por venir— Luego regresa a su posición.

Es como si un velo de difusos momentos se esté removiendo de mis ojos. Mi mente resume en menos tiempo de lo que tardo en decir la frase "ella está jugando con fuego" lo que realmente está haciendo. No sé si sentirme satisfecho o estar triste. Pero dos podemos jugar. ¿Por qué me tienta con su cuerpo? ¿Por qué menciona el sexo de manera tan ligera en las conversaciones?¿Por qué me toca de manera tan informal?, ¿es su forma de decir que no soy peligroso para ella? O peor aún ¿es su forma de decidir retarme?. Creo que está despertando algo que no va a poder matar.

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—Es porque vivimos en un cínico, cínico mundo— Me mira detenidamente y empieza a reír.

—¿Estás viendo Jerry Mcguire?, en serio Edward, las comedias románticas sólo sirven para cogerte a las chicas fáciles— Admito que vi la película, no admito que la estoy citando.

—No sé de qué hablas— Digo riéndome. —Creo que eres muy cínica y pueril— Mi vista pendiente en la calle y en los señalamientos.

—Bueno culpa a mi padre, por su culpa sigo en la adolescencia— Dice cínicamente. Yo reprimo mi risa y recobro la seriedad.

—Muy maduro Bella, muy maduro— Me estaciono en la acera frente a la galería.

—¡Oh basta!, cuando ser cínico no esté de moda hablamos— Me bajo del auto rodeándolo y abro la puerta.

—No creo que alguna vez estuvo de moda— Digo dándole el brazo caballerosamente.

—¿De qué hablas?, ¿qué no ves la gente con camisetas que dicen "El de al lado es estúpido", "Soy adoptado", "Donador de orgasmos"?, está tan de moda que la gente tiene que hacer camisetas, y no me hagas decirte bandas de música— sólo puedo reír ante su argumento.

—Bueno te puedo decir algo, tu argumento es lo mejor que he escuchado sobre las camisetas con leyendas.

Cuando ambos entramos a la galería, Bella se queda estática hasta que voltea a verme con ojos suplicantes.

—Lo siento, pero si te lo decía no ibas a venir— No entiendo a que se refiere hasta que veo a la gente verme como un bicho raro.

Lo primero que miro es un gran retrato mío, gigante, estoy con una mirada distante y aunque sé que ese hombre se parece a mí, realmente no soy yo. No todas las obras son mi cara, pero la mayoría lo son.

Me acerco a la más próxima y leo la descripción.

"Oda a la soledad" 2012 Óleo sobre canvas Bella Swan.

La siguiente es un perfil mío fumando.

"El hombre que no merece" 2011 Óleo y tinta sobre canvas Bella Swan

Otra más.

"Los dedos que causan horrores" 2009 Acuarela sobre canvas Bella Swan

Es una mano sosteniendo un cigarro y parte de la cita de mi dedicatoria en mi segundo libro.

—¿Estás molesto?— Pregunta Bella.

—No, no molesto— No sé qué sentir, no sé qué es esto, ¿qué es esto? Cuando la miro ella está mirando la pintura y la toca un momento casi como si fuera un hierro ardiente.

—Quería que vieras que también te dediqué mis obras— Luego me mira como si fuera todo tan obvio y simple.

—¡Bella!— Un hombre grita a pesar de que está a metros de nosotros.

—El vino se está terminado— Dice el hombre hasta que me mira.

—Oh, ¿quién es este pedazo de carne gourmet?— Probablemente no puedo evitar mi cara de confusión.

—Edward, Gustav, Gustav, Edward.

—Un gusto— Dice Gustav mientras me saluda con sus dos manos.

—Igualmente— Digo tratando de zafarme de ahí. Mientras el hombre me examina.

—Dios bendito, eres el modelo, juraba que Bella sólo pintaba a gente desconocida, pero aquí está el sujeto de la exposición, eres un tema Edward, un tema te digo— Asiento y miro a Bella, trato de conjurar una forma de telepatía para que me ayude.

—Gustav, tengo que ir a revisar unas cosas con Rachel, si nos disculpas— Bella toma mi mano y me jala de ahí.

—Lo siento por eso, Gustav huele a heterosexual y quiere convertirlo en gay en instantes, era divertido antes, ahora sólo es desesperante— Dice Bella enojada.

—Sí, dímelo a mí— Bella voltea y suelta mi mano.

—Tengo que hablar con Rachel, necesito reportarme y hablar con unos compradores, ¿puedes esperarme aquí?

—Sí, supongo que nadie me va a reconocer— Bella hace un gesto de vergüenza y luego con hombros caídos y resignación habla.

—No era mi intención molestarte, si no te sientes cómodo podemos...

—Está bien, no es como que la gente esté lanzándose como tu amigo, creo que puedo manejarlo— Digo sinceramente, luego veo a mi alrededor y efectivamente la gente está en su propio mundo.

—Bien, no tardo— Ella camina en su vestido violeta hasta que desaparece detrás de una pared blanca.

La diferencia entre explorar y explotar es que al explorar dispersas tus opciones en un área de búsqueda y explotar es tomar un lugar específico y analizarlo. Es estúpido porque este lugar es inexplorable y mucho menos explotable. Todo es pequeño y blanco, con mi cara en cada pared. Estoy molesto y nervioso. Bella ha estado lejos de mí por diez minutos y cada uno es una tortura.

—Hola— Una mujer rubia está a mi lado, tratando de disimular que no está viendo la pintura sino a mí.

Yo sigo mirando la pared blanca donde Bella ha desaparecido y contesto.

—Hola.

—La artista es un poco amateur para mi gusto, pero supongo que no se puede esperar mucho en su tercera exposición— Volteo a verla y esta vez dignifico mi respuesta con un análisis de su físico.

Ella es atractiva, de cierta manera, con ese toque bohemio y de mujer de mundo que sabe como moverse en este ambiente. Su cabello rubio está suelto, pero lo adorna un sombrero de ala rojo que la hace verse juvenil. Está vestida con el uniforme de la gente que quiere impresionar pero sin verse desesperada. Soy hombre, no sé como jodidos se llama lo que trae puesto, pero lo he visto miles de veces.

—Tendremos que diferir, creo que la artista tiene un enorme talento, este por ejemplo— una imagen que no era mi cara para variar —evoca inclusión en el sujeto, tiene un toque de decadencia y majestuosidad, cuando sólo usa dos colores. De hecho pienso comprarlo— La mujer sonríe y toma de una copa que no me había dado cuenta que traía.

—¿Eres crítico de arte?, ¿te conozco?

—No crítico, sólo un espectador, pero los gustos difieren.

—Hablas como si supieras de arte— Su diálogo es tan aburrido que quiero salir de ahí corriendo.

—Sé lo que sé— Digo tratando de cortar la conversación.

—Veo que te ha molestado mi humilde crítica.

—No, en absoluto, no es la crítica la que me molesta.

—¿Entonces?

—Que desees conversar conmigo sabiendo que soy el modelo de las pinturas, es poco creativo—Ella ríe.

—Touché, pero debo preguntar ¿Cómo te diste cuenta que sabía quién eras?

—Toda la gente que está aquí sabe quién soy, tendrían que estar ciegos, mi cara está a tu izquierda y derecha— Digo un poco molesto.

—Conoces a la artista ¿por eso la defiendes?

—La conozco, no la defiendo, defender indicaría que ha cometido algún agravio, los artistas no pueden ser juzgados basados en una opinión prejuiciosa, sólo declaré que me gusta su trabajo.

—¿Entonces te gusta que estés en todas estas pinturas?— La miro detenidamente y me doy cuenta del color violeta de sus ojos.

—No me gusta verme a mí mismo bajo los ojos de ella— Digo sinceramente, luego complemento.

—Es algo que uno tiene que acostumbrarse.

—Lamento haberte hablado con engaños—Dice la mujer —Irina, crítica de arte— Se presenta.

—Edward— Los dos nos saludamos de manos.

—Y dime Edward ¿conoces a Bella hace mucho?

—Podría decirse— No quiero hablar de Bella con esta desconocida, pero es imposible evitar esta conversación.

—Eso es muy críptico.

—Es privado— digo mirando a todos lados.

—Voy a dejarme de rodeos y voy a proponerte algo— Volteo a verla indiferente —¿Qué tal si me acompañas a mi auto y vamos a tomar un trago?, fuera de aquí, lejos de esta gente que te mira y desean saber por qué eres el objeto de la obsesión de la artista.

Quiero reírme de su absurda propuesta, pero antes de contestarle siento una mano pequeña en mi brazo.

—Eso no será necesario Irina, él vino conmigo y créeme él se va a venir conmigo esta noche— Su juego de palabras era demasiado obvio para que no lo notase.

La mujer sonríe cínicamente.

—Bella— Dijo Irina mientras inclinaba su cabeza examinando a Bella.

—Perra— Bella contesta en tono seco.

Las dos parecían tener un concurso de miradas hasta que Irina habló.

—Todo tuyo entonces— Irina da la vuelta y camina en la dirección en que llegó.

—¿Amiga tuya?— Bella murmura algo que no alcanzo a escuchar.

—¿Perdón?—pregunto.

—Ella no es mi amiga, es una gata que pulula por ahí esparciendo hormonas y perfume barato— Me río porque Bella enojada es adorable.

—No te rías, esa mujer ha estado haciéndome la vida imposible, sus críticas sobre mis trabajos anteriores han sido horribles.

—Algo así me di cuenta— Bella me mira y luego sonríe.

—Vámonos de aquí— Dice jalando mi brazo.

—¿A dónde?, ¿qué hay con tu exposición?

—Que se joda mi exposición, quiero tomar algo, ¡quiero bailar!

La luz roja del bar hacía que las personas fueran cómo glóbulos rojos en venas carcomidas, eran como sangre brincando y gritando palabras que no rompían la barrera del sonido más allá de exclamativos y monosílabos. Bella estaba frente a mí, tomando mi mano jalándome hacia los coágulos de personas. Mis ojos se dilataban y se contraían entre más me adentraba en esa jaula de sudor y movimiento.

—Amo esta canción— Gritaba, la música era familiar.

—¡¿Quién es?— pregunto gritando.

—¡Depeche mode, enjoy the silence!— oh la ironía.

Su mano se retorcía en mi palma, con dedos de porcelana y sudor. Cuando estábamos rodeados y en el centro de la pista ella empezó a bailar. Y creo que fue ahí donde Edward Cullen el cabrón, el de antes, el que toma sin pedir permiso resurgió entre las cenizas.

Tomé su cintura, mis dos manos cubrían en completes la diminuta circunferencia. El encaje de su vestido era suave y permitía que sintiera cada curva. Ella movía el cuerpo como un felino y ponía sus manos en mi pecho, luego en mi cuello. Mis manos tenían vida propia, hasta que tocaban su cadera y rozaban sus pechos con mi dedo pulgar. Su cabello era como olas de intenso rojizo y negro. Ella me empujaba y yo tomaba, tomaba, hasta que su cuerpo era moldeado al mío, hasta que su perfume me cubría e impregnaba cada parte de mi cerebro. Sus labios se movían repitiendo torpemente la letra y exhalando en anticipación, pero sus ojos me evadían. Tomé su mentón hasta que su mirada estuvo fija en mí.

Sus ojos eran salvajes, su iris café apenas se notaba, dilatados, llenos de reto y lujuria; hacía que me sintiera invencible. Tomé su cabello entrelazándolo entre mis dedos, luego toqué su quijada, ajustando su cabeza hasta que me dio acceso a su cuello. Con un lento movimiento bajé hasta lamer la extensión de piel de su quijada a su clavícula. Sus dedos apretaban mi brazo, no había dolor más dulce. Ella me detiene con una mano en mi pecho, pero quiero más, soy una creatura más allá de lo que ella ha esperado. No sabe que hace, no sabe que no puede hacer esto y esperar que no tome lo que siempre fue mío.

—Necesito ir al tocador— Dice, me desapego de ella y sonrío. Le daré su tiempo, le daré la oportunidad de escapar, sólo porque sé que no lo hará, al menos no muy lejos.

Me deja en un lugar cerca de una pared, mientras se mueve al otro lado del bar, yo pido nuestras bebidas. Cervezas ambas. Mientras pago la busco con la mirada. Cuando la veo es casi como si una llaga que nunca se cerró se hiciera más grande. No, ella no necesita una bebida. Ella necesita una lección. Camino hacia ella lentamente, como la presa que es.

Este era el momento, había una pared de carne entre ella y yo, la gente amontonada, bailando, hablando, besándose en las esquinas, viviendo; me impedían tenerla cerca. Di un paso y mí corazón era tirante, la música instrumentaba cada movimiento.

Mi vista no se apartaba a pesar de la gente que podría haber distraído la dirección de mis ojos, a pesar de gritos de odio, a pesar del dolor en mi estómago, a pesar de mi propia alma que rogaba me detuviera.

Apartaba a la gente, mientras me esforzaba por meterme entre los espacios de las personas, pisando, golpeando, luchando entre la marea de carne y mi corazón como una bala hiriente en mi pecho. Alguien me reconoció, no supe quien era, porque no podía apartar mis ojos, pero mientras caminaba fue más difícil pasar por la gente y rompí la mirada para ver por donde caminaba, dejando atrás gente insultándome y mentándome la madre. Volví a poner mi vista en ella y esta vez me propuse a no dejarla. Ella deseaba que fuera a ella.

Ella seguía mirándome, recargada en la pared, mi cara era estática, su vista entrecerrada, su cabello flotaba en destellos distantes de las luces rojas, su rostro combinado con la luz del baño y el rojo del bar parecía enfocar a una diosa terrible y mortal, su blancura parecía salida de las peores pesadillas, su café volcado en curiosidad. No hay nada como cazar a la presa más veloz e imposible.

Al fin cuando sólo había una persona entre ella y yo, mis manos y mi cuerpo trataron de hacer un espacio hasta llegar a un lugar menos lleno, ya no había gente que nos separara. En el rincón más oscuro nos sentimos a salvo. Nuestros cuerpos temblaban y mi alma cobraba vida, mi fantasía estaba muriendo, mí vida tenía sentido, estaba vivo. Mis manos parecían sangrar de las ganas. Tan sólo tenía que tomar lo que es mío. La música terminó, hubo un silencio sepulcral y mi alma cayó al piso.

Estaba tan cerca que podía sentir su aliento, la quería así, la quería débil y sin voluntad.

—¿Qué quieres de mí?— Preguntó mientras subo mi mano por su muslo y parto sus piernas.

—Las creaturas como tú no saben cuando parar— Subo su vestido, las sombras ocultando todo mi movimiento.

Su pecho se movía escandalosamente, jadeante y con sudor. Su boca semi-abierta y sus ojos en mis labios.

—Esta es tu oportunidad, este es el momento que huyes y no vuelves, porque si no lo haces, no hay vuelta atrás— Mi mano sube por su entrepierna y mi dedo índice toca su sexo cubierto de tela.

Ella no dice nada y lo tomo como lo que es. Como lo que siempre ha sido. Sedición. Boicot a sí mismo, la sublevación de las pasiones, porque somos débiles, porque esto somos. Revelar una piel febril a que sea tocada, a no tener remordimientos.

Me inclino hacia ella y aprieto más mi dedo, ella jadea y le susurro cerca de los labios.

—No hay vuelta atrás— Mi nariz recorre su quijada y huelo esa bella adrenalina que emana. Luego llego a sus labios y los rozo con los míos. Es ella la que me jala, pero la detengo, ella no tiene el control, no ahora, me lo ha cedido. La beso por primera vez, por segunda vez en mi vida. Ella es dulce y sal, con carne y sutil sonido de placer. Ella es luz blanca bajo mis párpados. Ella recrea movimientos bélicos con su lengua que yo correspondo con gusto, enterrando mis dedos en su cabello y el otro en su centro, porque ella es así, ella lo desea todo, justo como yo.

Su mano se posa sobre la mano que está en su entrepierna y la empuja con impaciencia. Su pierna sube y se enreda en mi cadera. Con su otra mano toma mi cuello hasta que está creando justo el dolor necesario para que me importe un carajo que el resto del mundo existe. Le doy lo que pide y tomo lo que quiero. Su carne húmeda cubre mi dedo mientras hago a un lado la tela, ella empuja y yo entierro. Ella gime y yo beso esos sonidos de su boca como alimento. Dice mi nombre y no sé que duele más, escucharlo o el jalón que le da al mi cabello mientras muevo mi pulgar a su clítoris. Su codicia es hermosa, es una creatura que sabe lo que quiere y sabe como tomarlo, por eso siempre la he amado, porque ella no le pertenece a nadie aunque a veces en momentos de locura piense que me pertenece a mí. Muevo mis dedos en lánguidos círculos hasta que ella ondula su pelvis erráticamente y esconde su cara en mi cuello. Siento la contracción de su vientre y el espasmo que recorre todo su cuerpo, ella muerde mi cuello y luego lo besa.

Cuando saco mis dedos ella sigue aferrada a mí, sus diminutos brazos son trampas y correspondo tomando su cintura y balanceándola hasta que sus dos pies están en el piso. No sé qué me excita más, verla deshacerse frente a mí o que ella aún me desee.

Me besa, fuerte, con dolor. Mis labios entumidos cobran vida.

—Llévame lejos de aquí— Ella dice.