La saga pertenece en su totalidad a StehpM. La historia y algunos otros personajes me corresponden como autora de la misma.

-Gi-


Como estaaan lectores!

Espero que esten muyyyy bien, yo estoy pefectamente.!

Nuevo Lector: MarkLautner. GRACIAS por unirte a la historia, espero te siga gustando...! Y sii la terminaré! Besos!

GRACIASSSSS a mis lectoras que siempre comentan, saben que eso me alienta a seguir escribiendo!

Espero que les guste mucho. Disfrutenlo

Los quierooooo!

Con cariño, Gi.


REGRESO

No sentía mi cuerpo, ya no controlaba los movimientos, no tenía poder sobre mis acciones. Era consciente de que estaba en algún lugar, que me costaba recordar. Sabía que estaba segura y a salvo pero tenía la sensación de que aún estando allí, si abría los ojos, la luz como la realidad, me golpearían como un bate a un bola. No reaccionaba al miedo o a la incertidumbre pues me mantenía encerrada en algún lugar de mi mente. Aunque no era ajena a lo que pasaba a mí alrededor, por lo menos aún funcionaban dos de mis sentidos más importantes. Podía oler y escuchar. A veces respiraba seguido para saber si reconocía algún aroma que me sacara de este letargo tan agobiante, también trataba percibir algo que me indicara que estaba con vida o seguía atrapada en ese sopor que ofrecían mis recuerdos borrosos.

Pero había algo extraño en esta maraña de recuerdos y era que en medio de lo poco que llegaba fugazmente a mi cabeza, Siempre estaba él, sentí una conexión de inmediato en cuanto lo vi aparecer en esa nebulosa gris y blanca que me envolvía. Tanto que fui arrancando su recuerdo de las profundidades oscuras de mi mente poco a poco. Era imposible ignorar su hermoso rostro, su sonrisa, sus ojos, su piel de color canela, su cuerpo. Me estremecí. Al principio me enojé conmigo misma por obligarme a desecharlo de mi cerebro, así todo parecía ser más sencillo mientras me encontraba encarcelada en mi cabeza., pero después me di cuenta que por más que quisiera, no iba a lograr ignorarlo. Estaba tan confundida. Intenté recordar por qué me sentía tan vacía, tan infeliz. ¿Acaso había sucedido algo? De acuerdo, eso me hizo dudar, ¿hasta que punto dices que recuerdas "todo" si presientes que algo más sucedió? ¿Que de todo lo que creo recordar se que falta algo? ¿Entonces por qué tenía ganas de llorar? Necesitaba estar segura que él, ese hermoso hombre que abarcaba mis pensamientos a toda hora, no era una mala jugarreta de mi mente o una invención de mi subconsciente.

Todo parecía tan auténtico en mi mente, todo él, hasta podía escuchar su voz, percibir su olor. Estaba tan presente en mi cabeza que creí que era real, sentí una alegría repentina al notar como mi cuerpo, internamente, reaccionaba ante su figura. Quise sonreír pero las facciones inertes de mi rostro no funcionaban, no respondían a ese movimiento. Eso me hizo concentrar en mi cuerpo y los limites que tenía ahora mismo. No podía mover absolutamente nada, nada que estaba segura que podía mover. Pero si podía sentir el ir y venir de un dolor palpitante en la parte baja de mi cabeza, podía decir que casi no lo sentía, pero estaba allí, diciéndome que en ese lugar había ocurrido un daño grave.

Me olvidé de tratar de moverme. Ahora no necesitaba eso. Me concentré en otra cosa. Me llamo Nessie…Renesmee Carlie Cullen Swan, tengo…cinco años. Vivo en el bosque de Forks, Washington. Mis padres se llaman, Isabella y Edward Cullen, tengo un perro… una cachorra Malamute, Ella se llama…Nieve. Hasta ahí estaba bien pero… Un dolor punzante atravesó mi cabeza, por un momento me dejó atontada pero luego me fui recuperando de el poco a poco. Intenté recordar más. Tenía abuelos… Charlie el Sheriff, Carlisle el doctor, Esme la diseñadora con su espíritu de arquitecto, Reneé la maestra. También tenía tíos. Alice, Rosalie, Emmett, Jasper…Tanya, Kate, Carmen y sus esposos, Garrett y Eleazar. Muy bien. Amigos, mis amigos de… sentí desgana al recordar todos los clanes amigos de mi familia, sabía quiénes eran, los recordaba uno por uno. ¡Oh, sí! Los de la Push. Recordaba a Billy, a Sam, Emily, Paul, Jared, Quil, Embry…un montón de ellos, sus caras aparecían en mi mente como si estuviera pasando una película en cortos. Rachell, Rebecca, su hija Sophi. Dejé de esforzarme cuando una nueva señal de dolor me previno. Cuando la punzada pareció desvanecerse volví a centrarme.

Ubiqué en ese reconocimiento de caras, de nuevo y por ya muy repetidas veces, su rostro. Con afán intenté robarle a mi mente más cosas de él para poder convencerme. Y así fue, todos eran hermosos y alegres, más esos que me llenaban de sensaciones placenteras en los que me besaba con pasión y dulzura.

Mi corazón se aceleró.

Chorros de sangre comenzaron a dispararse por todo mi torrente sanguíneo. Sentí que sudaba y que la adrenalina descendía desde mi cerebro achicharrado por el reciente recuerdo que fulminó mis neuronas. Entonces si teníamos que ver él y yo. Necesitaba salir de este estado de inercia ya mismo. No podía descifrar con certeza cuanto tiempo llevaba perdida, apenas había podido siquiera razonar o recordar lo que me parecieron solo un par de horas pero ameritaba volver a la lucidez, al menos para averiguar dónde estaba ese hombre y que representaba en mi vida.

Probé de nuevo en rememorar esos momentos que viví con él. Estábamos en un bosque, en una pequeña casa. Recordaba como había llegado hasta allí, todo absolutamente todo lo vi frente a mis ojos claramente. Era obvio que eso había sucedido hace poco, lo recordaba tan bien ahora. Sentí de nuevo una alegría inmensa…yo exclamaba su nombre una y otra vez…era…

Jake.

Una sensación de vacío acompañada por un hormigueo en lo que empecé a percibir que eran mis extremidades me trajo de golpe al presente. Ya no vagaba entre mi conciencia y los recuerdos, ahora estaba aquí, podía sentirlo, mis cinco sentidos reconocieron sus funciones, mis músculos parecían tener cierta hipotonía pero podía sentirlos y moverlos. Solo me faltaba abrir los ojos.

Respiré profundo e intenté tragar saliva, pero un tubo de plástico, lo reconocí al instante que volví, estaba impidiendo el paso desde mi boca hasta mi tráquea. Comencé a ahogarme, sentí arcadas, necesitaba sacarme eso de la boca.

Entonces abrí los ojos.

La luz casi quemó mis pupilas. Todo estaba borroso, no había formas que pudiera definir. El techo blanco fue lo único que pude distinguir. Comprobé que mis manos funcionaban y subí una de ellas con dificultad hasta mi boca. Toqué la parte superior del tubo endotraqueal y comencé a tirar de él con rapidez sintiendo que el aire abandonaba mis pulmones a medida que lo sacaba de mi garganta. Cuando al fin estuvo fuera comencé a toser mientras mis pulmones se acostumbraban a la falta de suministro de aire artificial. Respiré varias veces. Luego procedí con el de las fosas nasales.

Gemí lanzando los cables al suelo.

Me llevé las manos a la garganta consiente del ardor que dejó aquel tubo de plástico por la irritación. Entonces escuché a lo lejos el sonido de un monitor cardiaco ¡Cuántos aparatos! Conduje una de mis manos bajo el camisón que llevaba puesto y comencé a buscar los electrodos que me mantenían conectada a la máquina. Encontré dos en mi pecho y los arranqué de un tirón.

Sabía que al retirarlos comenzaría a pitar como loco. Y Así fue. El sonido era exasperante y aturdidor a la vez. Mi visión se había aclarado de un momento a otro. Estaba en mi habitación. Lo supe por las cortinas rosa y las fotografías agolpadas una encima de otra en la puerta del armario. Me quedé mirándolas por un segundo pero el sonido del monitor me desconcentraba, así que le atiné un golpe en algún botón y lo apagué. Luego volví la vista a las imágenes.

En todas y cada una de ellas estaba ese hombre…Jake. En otras mi familia. Recorrí la mirada sobre cada una con una nostalgia desconocida en mi pecho. Su hermosa sonrisa era lo único que podían ver mis ojos desorientados y el recuerdo de sus besos me golpeó de nuevo el pecho.

-¿Donde estas? – dije con voz ronca.

Necesitaba levantarme.

Alcé mi mano para retirar la sábana de mi cuerpo pero otro maldito cable, esta vez endovenoso, me detuvo. Miré el trayecto desde mi mano hasta el paral donde colgaban dos frascos. Uno con solución y el otro con un líquido rojo fuerte. Sangre. Mis dedos se posaron en el catéter y con rabia comencé a tirar de él. Me dolía un mundo.

Unas lágrimas comenzaron salirse de mis ojos. No entendía por qué lloraba, pero parte de ese lamento que salía desde mi pecho era por la reciente visión de esas fotografías, por Jake y por no saber qué demonios había sucedido conmigo. Unos dedos gélidos detuvieron mi forcejeo con el catéter.

-No puedes quitarlos aún – dijo con dulzura.

Miré hacia arriba con los ojos empañados en lágrimas. Mi madre sonrió con cierta angustia en su expresión. No dije nada. Fijé la vista en las sábanas.

-¿Sabes donde estas? – preguntó con la voz contenida.

Asentí despacio.

Ella respiró con alivio. Se incorporó y tomó el teléfono inalámbrico de la mesita de noche que había junto a mi cama.

-¿Que vas a hacer? – pregunté.

Ella me miró como si nunca antes hubiese escuchado mi tono de voz.

-Voy a llamar a tu abuelo para decirle que despertaste – dijo.

Esperé.

-¿Cuánto tiempo ha pasado?

Bella se sentó con cuidado a mi lado.

-Dos semanas – musitó.

Hubo una pausa.

-¿He estado así por dos semanas? – pregunté intentando aclarar mi mente.

-Creíamos que estarías bien después de la cirugía pero luego Carlisle… - ella se detuvo con la duda de si yo sabía o no quien era Carlisle – Tu abuelo, descubrió que sufriste una lesión cerebral importante y luego…

Ella bajó la mirada.

-¿Había estado en coma dos semanas? – pregunté mas para mí misma.

-Empezaste a dar señales de mejoría hace un par de días.

Tragué con dificultad.

Mis manos subieron lentamente a mi cabeza y tocaron con cuidado las vendas que la cubrían. Estaba abultado por el cabello. Mamá se acercó y me tocó con su dedo el mentón.

-¿Estás bien? – preguntó.

Ella se veía cansada, aunque eso pareciera imposible, estaba triste, podía verlo en sus ojos apagados.

Entonces, ¿Lo estaba? Al parecer haber despertado de un coma de dos semanas parecía indicar que me encontraba mejor que bien, estaba excelente. Sin embargo, la expresión angustiada de mi madre me hizo pensar que, precisamente de mi salud, no quería saber. Me quedé unos minutos mirando las sábanas de mi cama. No eran las que había en el pequeño quirófano de la mansión, blancas y sin vida, eran las mismas que tanto me gustaban, suaves y acolchaditas. Intenté imaginar por qué mamá me había preguntado si estaba bien, era difícil imaginar que después de todo este tiempo pudiera estar realmente bien, pero no era lo que ella me había querido dar a entender.

-Necesito un minuto – dije a media voz – ¿Qué me pasó?

La miré interrogante mientras ella se levantaba despacio con la expresión contrariada y asustada.

-¿No recuerdas lo que sucedió? – musitó.

Las lágrimas se desbordaron de mis ojos cuando negué con la cabeza. Mi mente estaba bloqueada, no recordaba exactamente como había terminado así. Entonces comprendí que esa lesión me había producido todos estos síntomas. Pero me preocupaba no recordar nada, incluso no saber hasta qué punto mi memoria se había dañado.

-Llamaré a Carlisle – dijo antes de desaparecer por la puerta de mi habitación.

Sabía que algo no andaba bien. Necesitaba respuestas, muchas de ellas pero una en particular me retumbaba en la mente. Miré de nuevo su rostro entre las fotografías y me perdí en él, en su reconfortante sonrisa y sus ojos oscuros y profundos que penetraban mi cerebro con delicadas líneas de fuego. Cerré los ojos esperando poder quedarme con su rostro prendado en mi memoria. Jake significaba algo para mí. ¿Pero que era realmente? Sentí rabia por no poder recordarlo. Era como despertar de una pesadilla y cinco segundos después querer recordar lo que había sucedido sin éxito. Así me sentía ese instante, despertando de un horrible sueño donde solo su rostro era lo único que quería ver, me hacía sentir bien y tan solo recordarlo susurrándome cosas al oído, muy cerca de mí, era extraño pero se sentía bien.

Me hizo pregúntame si era posible que alguien pudiera olvidar por completo a una persona, como si nunca hubiese existido pero que habían miles de pruebas que demostraban lo contrario. Como esas fotografías que había en la puerta de mi armario. Pero tampoco podía ignorar esos recuerdos, sin duda era el mismo de las imágenes, solo que me tenía confundida y un poco asustada tal vez. Antes había escuchado hablar de la amnesia, aunque dudaba que se tratara de una importante pues tenía claro quién era, que era, y todo de mi vida y mi familia, pero Jake me seguía pareciendo confuso en todo esto y más porque me era tan familiar…

Entorné los ojos.

Negué con la cabeza defraudada por mi falta de sentido común. De golpe un montón de información empezó a darse paso en mi cabeza. Jake era de la Push. Vivía allá, por eso lo asociaba en mis pensamientos, sus rasgos eran tan parecidos o iguales a todos nuestros amigos de allá. Su manada de licántropos…Él era el alfa y su beta… Leah, tenía un hermano, Seth. Un gran chico. Me emocioné al instante pues en mi primer reconocimiento de memoria, no había recordado ni a Leah ni a Seth, eso era un buen paso. Me incorporé cruzando las piernas entre las sábanas, por un momento me pregunté donde estaría mi madre, pero quise seguir intentando recordar cosas mientras estaba ausente, decidí que lo mejor era hacer este trabajo sin ayuda.

Me levanté de la cama poniendo primero los pies en el suelo de madera. Moví los dedos, así que sin pensarlo mucho me incliné y me puse de pie. Mis piernas estaban adormecidas por el tiempo que estuve sin caminar, di un paso, otro y otro. Todo estaba bien con mi cuerpo o eso creía. Cuando llegué al lugar, alcé una mano hasta la puerta de mi armario y tomé una de las fotografías, la que más me gustaba y parecía reciente, y miré con detenimiento a ver si recordaba algo del día en que fue tomada. Por lo visto estábamos en un parque, había mucho verde en ese lugar. Jake me rodeaba con sus brazos y yo lo hacía a la vez con Nieve, mi cachorra.

Sonreí.

Me gustaba de verdad tener algo que ver con ese hombre que tuvo mi atención durante mi inconsciencia y al despertar. Y por lo que veía nos la pasábamos mucho tiempo juntos. Se me escapó un suspiro. La llevé al bolsillo de mi pijama pero al hacerlo, en la parte posterior de la fotografía, había unas inscripciones en color negro, como si las hubiesen escrito allí con marcador. Reconocí la letra enseguida. Era mía.

"¿Me amas? Toda mi vida. ¿Tú me amas? Siempre te he amado. ¿Quieres ser mi novia? Si quiero…"

Jake y Nessie. Port Ángeles.

Me llevé una mano a la boca sin poderlo creer. Leí y releí muchas veces antes de darme cuenta que estaba llorando otra vez. Éramos novios. ¿Acaso debí suponerlo? El constante recuerdo de Jake, de su rostro, de sus besos y todo lo demás debía significar algo en todo este enredo, aunque no lograba entender aun por qué seguía estando de pie, allí, intentando comprender como es que recordaba todo menos a él. Me llevé la fotografía al bolsillo de mi bata y me sequé las lágrimas de la mejilla.

Unas pisadas me hicieron girarme sobre mis pies con brusquedad. El movimiento me hizo sentir un poco mareada por lo que me quedé inmóvil cuando la puerta de mi habitación se abrió de golpe.

Con una expresión que rayaba en la agonía, mi padre me miró de arriba a abajo como si no pudiera creer lo que estaba viendo.

-Nessie – dijo con la voz quebrada.

Mi madre estaba justo detrás de él con la misma expresión de desconcierto.

Al poco rato la casa se vio atestada de personas. Entre ellos, mis tíos, mis abuelos y los de Denali. Todos esperando en la sala a que mi abuelo terminara de examinarme para poder hablar conmigo y eso si mi abuelo se los permitía. En la habitación solo estaban mis padres con Carlisle.

-Me alegra que hayas vuelto. Te extrañamos. – sonrió.

Colocó su estetoscopio de nuevo en la maleta y miró a mis padres quienes impacientes habían esperado a que hablara.

-Parece estar bien – dijo con la sonrisa más ancha.

Ellos soltaron un suspiro de alivio al mismo tiempo.

Aún tenía la mirada perdida en algún lugar del techo cuando mi abuelo me besó en la frente a modo de despedida unos minutos después que sacó los aparatos de mi habitación. No mencionaron nada de mi lesión, ni de cómo me lo había hecho, ni la reciente amnesia que estaba experimentando. Absolutamente nada, al menos no en mi presencia.

-Mañana te haremos algunos análisis. Es solo para descartar y comprobar que no habrá complicaciones de ningún tipo. Por ahora, guarda reposo ¿sí?

Asentí.

De todas formas mi abuelo no necesitaba de exámenes extras para saberlo y yo tampoco. Tenía amnesia post traumática, gracias a algún accidente que lo ocasionó. Tampoco pregunté de que se trataba todo aquello, era mejor que si, ellos no lo había dicho, entonces yo tampoco debía abrí la boca. Lo averiguaría de alguna forma.

-Gracias abuelo – dije.

No los culpaba. Estaban protegiéndome y si no mencionaron nada de aquello era para no presionarme, apenas acababa de regresar de ese largo sueño y solo podía recordar algunas cosas confusas y lo más razonable por lo menos para el doctor era dejarme descansar el día de hoy.

-Por nada cielo – Me acarició la mejilla y luego miró a mi padre – ¿Edward puedes venir? Necesito explicarte algunas cosas sobre sus medicamentos.

-Claro – dijo mi padre a la vez.

Papá me tomó de la mejilla y me besó la frente.

-Volveré luego – También se despidió de mamá con un beso – Iré al pueblo a comprar algunas cosas para Nessie. Esme hará su cena, puedes quedarte con ella.

-De acuerdo – dijo Bella.

Supuse que mamá no tenía tiempo para pensar en nada más que en mí. Eso me hizo sentir bien, necesitaba estar con ella.

-¿Quieres algo en particular cielo? – preguntó mi padre mirándome con dulzura.

Miré a mi abuelo para comprobar que ese "algo" no tenía condiciones.

-Solo por hoy, no comas nada con demasiada grasa, como papitas o hamburguesas. Ni refrescos – señaló.

Hice un puchero.

Mi abuelo rió otra vez.

-En todo caso le diré a mi abuela que haga mi pastel favorito, ¿puedo? – musité.

-Claro – dijo encogiéndose de hombros.

Entonces salieron de la habitación.

Afuera el murmullo de personas se convirtió en palabras cuando mi padre y mi abuelo salieron. Todos preguntaban por mí, como estaba, como había salido todo, incluso la voz de Emmett se imponía sobre las demás reclamando una respuesta.

-Estará bien – pude alcanzar oír a mi padre.

-¿Podemos verla? – la voz aguda y chillona, pero algo distante de mi tía Alice sonó desde algún rincón de la habitación.

-Aun no hija. Mañana podrá recibir visitas, hoy necesita descansar.

Imaginé la cara de desconsuelo de Alice.

-No es justo – volvió a decir Emmett.

Sonreí.

Mi madre me dio un apretón en la mano que sostuvo la hora entera mientras Carlisle me revisaba. Atrajo mi atención al instante.

-¿Estas cansada?

Esperé.

-No, pero tú si pareces estarlo – indiqué.

-No ha sido fácil – dijo con la mirada gacha – Pensé que te perderíamos.

Tragué saliva.

-Soy fuerte.

-Ya lo creo que sí.

A pesar de la felicidad que pudo haberles producido que por fin despertara no conseguía definir la expresión de mi madre. Parecía que además de su felicidad, había algo más que la tenia triste.

-Lo siento – dije con sinceridad – Si les cause un gran dolor. No fue mi intención.

Ella me miró.

-No fue tu culpa mi cielo – dijo con el ceño fruncido – ¿Por qué te disculpas por algo así?

-No se ven…bueno, muy felices ahora que desperté.

Bella se quedó mirándome como si le hubiese leído la mente.

-Que cosas dices Nessie – musitó acariciando el dorso de mi mano – Tú eres lo más importante en nuestras vidas, creímos por dos largas semanas que… - Le resultaba duro decirlo – No fue fácil.

Bajé la mirada.

-Mamá – dije.

Ella se acercó a mí.

-Te extrañé tanto.

-Oh, Ness – dijo.

Me abrazó.

-Yo también corazón, mucho.

-Más cuando estuve fuera de casa. Todo ese tiempo me hiciste falta, no sabes cuánto.

Bella me miró con una extraña expresión de desasosiego.

-¿Fuera de casa? quieres decir cuando…

-Cuando huí.

Incluso si no le hacía falta tragar ella lo hizo como si tuviera una enorme bola en la garganta.

-Yo…yo también te extrañé todo ese tiempo.

No sabía si estaba comprobando hasta que punto recordaba todo, pero al parecer hasta ahí iba bien. Un puñado de imágenes de ese momento invadió mi mente como una avalancha sin piedad. Estaba corriendo mientras Jake me suplicaba que regresara, que volviera. Yo gritaba y maldecía bajo la lluvia que azotaba en ese momento. Seguí buscando en mi mente, Jake lloraba y yo también, con dificultad veía su rostro destrozado bajo las gotas de lluvia que empañaban su cara –"¿De qué me hablas Jake? Yo también te amo"… Él me besó, me besó con desesperación y yo respondí a ese beso de la misma forma. "-Te amo. Necesito que lo sepas. Te amo con todas mis fuerzas y nada hará que eso cambie. Ni lo que haya pasado antes, ni ahora va a cambiar eso, porque desde hace mucho tiempo que eres mi mundo, mi esperanza y mi vida entera, y no puedo ni quiero vivir sin eso."-Antes que nacieras yo Amé a tu madre. Estaba enamorado de Bella Nessie."

-¿Nessie? – mi madre me trajo de nuevo a la realidad.

Mis ojos rodaron desde algún lugar hasta su rostro.

-Esta amnesia solo durará en el periodo de confusión. Espero que sea solo por hoy mamá, mañana debo despertar recordándolo todo.

Ella no dijo nada, parecía más bien sorprendida por mi rápida conclusión. Le sonreí volviendo a apoyar mi cabeza sobre la almohada. Era obvio que mi madre se había dado cuenta que estaba recordando cuando Jake me había confesado su amor por ella antes de mi nacimiento. Era extraño tenerla allí sin saber que decir ni que hacer, sospechaba que tan solo comentárselo se descompondría en pedazos aún más. No quería hacerla sufrir más de la cuenta. Sin embargo, me pareció atisbar en mi memoria que Jake me lo había explicado todo. Los recuerdos llegaban a mi cabeza en cadena y con rapidez una vez que lograba acordarme de algunas cosas clave que despertaban un sinnúmero de evocaciones a mi cabeza, algo típico de la amnesia anterógrada que estaba experimentando.

Bella no me dejó ni un momento a solas en todo el día. Al final Emm y todos mis tíos tuvieron que irse a la mansión, algo enfadados, por no haber podido verme. También los extrañaba mucho, sobre todo a ese Emmett que siempre me hacía reír con sus chistes malos. La única que entraba y salía de la cabaña era mi abuela Esme y la podía escuchar en la cocina preparando mi cena

-Mamá está bien, no tienes por qué quedarte clavada aquí – dije al poco rato sonriéndole.

-¿Quieres que me vaya? – preguntó alzando un ceja.

-No – me apresuré a decir con timidez – Solo que no tienes que hacerlo. No has salido de aquí desde que desperté.

-No quiero hacer otra cosa mi cielo – respondió acariciando mi mejilla.

-Gracias mamá. Te necesito más de lo que crees – dije con sinceridad.

-Lo sé.

Suspiré aliviada. En verdad necesitaba a mi madre en estos momentos. No era fácil estar amnésica y sola, más bien me producía cierto temor quedarme a solas, con todos esos pensamientos revoloteando a mi alrededor y Jake abarcando la gran mayoría de ellos. Y él aun no venía. Me hizo preguntarme donde estaría o que hacía en este momento, traté que esa pregunta no se desbordara de mis labios con mi madre cerca, si Jake tenía que venir lo haría en cualquier momento. Además, los de la Push parecían no estar tan enterados de mi regreso porque no había oído en la sala a ninguno de ellos mientras iban llegando. Solo a mi familia y ese característico perfume dulzón de sus aromas en diferentes fragancias que solo los vampiros podrían ofrecer. En cambio si Jake no tenía nada que hacer aquí pues… No. Él tenía que venir, lo extrañaba, necesitaba que tenerlo a mi lado. Quería que me besara, como lo veía en mis recuerdos. ¿Jake donde estas? Pensé mientras tocaba la fotografía bajo las sábanas.

Bella me dejó sola en mi habitación mientras tomaba un baño. Lo necesitaba y no porque haya estado en cama dos semanas, Bella se había encargado de eso. Solo necesitaba despejarme y eso lo lograría con una ducha fría. Mamá me ayudó a desvestirme y con cuidado retiró las vendas de mi cabeza frente al espejo de baño.

Mi cabello se desparramó sobre mis hombros y espalda como si estuviese agradecido por su liberación. Seguía intacto, por un momento creí que lo había cortado para la cirugía pero no. Tendría que agradecérselo a mi abuelo.

-¿Te duele? – preguntó mi madre cuando subí una mano para tocar la herida en la parte bajo de mi cabeza.

-No – dije frunciendo el ceño – Pero…es extraño, no puedo sentir nada allí.

-Es una sutura muy pequeña.

-Es cierto.

Suspiró.

-Te veo en unos minutos. Si necesitas algo llámame ¿sí?

Me besó en la parte alta de la cabeza.

-De acuerdo.

Me sonrió y salió del baño.

El agua ya corría cuando me metí en la ducha, al comenzar a discurrirse por mi cabeza, mi cuerpo se estremeció ligeramente. Alcé la cabeza y las gotas de agua resbalaron por mi rostro refrescándolo, me sentí totalmente achicharrada hasta después que estuve mojada por completo. El agua es renovación. Mientras enjuagaba mi cabello con el acondicionador, no pude evitar pensar de nuevo en mi reciente recuerdo, ahora más nítido y menos distante. Le daba vueltas y vueltas, analizando, pensando, estudiando cada detalle de él. Todo estaba claro ahora. A partir de ahí mas y mas recuerdos vinieron a mi cabeza. El Edén, nuestro primer beso, mi fuga con Leah, las discusiones con papá, el viaje a Port Ángeles, cuando llegué a Denali…

Fruncí el ceño y después entorné los ojos dejándolos como platos.

Algo, una pieza de mi rompecabezas acababa de fluir en mi mente como el agua. La clave estaba en Denali. Allí había comenzado absolutamente todo, bueno al menos parte de lo que quería recordar con ansias. Comprendí que el bosque en el que nos veíamos Jake y yo en mis recuerdos, no era más que el de Alaska. Cuando decidí salir de la ducha ya estaba bastante relajada y había logrado abrir mi mente y despejarme un poco más. Intuí que estaría definitivamente bien en un par de horas más. Mientras me secaba el cabello, mi mente divagó de nuevo en la mansión de Tanya. Me esforcé por recordar qué había sucedido exactamente cuando llegué ahí. Ellas me recibieron, subí a su habitación y dormí.

Me mordí el labio inferior.

Ese día discutí con Tanya, algo sin razón la verdad. Entonces fue cuando salí de la mansión, por la ventana, corriendo y llegué… Abrí la boca con sorpresa. Llegué a la aldea de los Makah y vi…vi a A Ka'Wi. Una vez más, un chorro de información invadió mi mente. A Ka'Wi, el asesino, el que vino a reclamar su territorio y su lugar en la tribu, el antiguo con el que Jake debía… ¿Luchar a muerte?

Me sobresalté cuando la puerta sonó.

-¿Nessie estas bien? Tu abuela vino a verte.

Aún estaba en toalla. Me apresuré a ponerme el pijama otra vez que descansaba sobre la cama.

-Sí, pasen – dije cuando estuve lista.

La puerta se abrió y entraron mi abuela y mi madre.

-Hola mi cielo – dijo Esme dejando una bandeja de comida en la mesita de noche para abrazarme.

Le regresé el abrazo inspirando el rico aroma de su cabello color caramelo.

-Hola abuela.

-¿Como estas? – Acarició mi mejilla.

-Mejorando – dije repentinamente alegre – Estoy bien.

-No sabes cuánto me alegra. Te traje tu cena – se detuvo – ¿Tienes hambre verdad?

-Muero de hambre – dije sujetándome el estomago con las manos.

En verdad necesitaba alimentarme en ese momento y no fue hasta que mi abuela puso la bandeja de mi platillo favorito, puré de papas con pollo a la plancha, en mis piernas que mi estomago rugió con fiereza.

-Gracias abuela – dije con fervor.

Mamá y ella rieron de satisfacción cuando comencé a devorarme el alimento. Me sentí como nunca cuando el primer bocado de comida tocó mi legua y mi paladar. Estaba tan delicioso que no reparé en comer como quise. Es como si nunca antes hubiese probado nada igual, aunque estaba acostumbrada a que mi abuela cocinara tan divino, nunca me había sentido tan desesperada por comer.

-Estaba delicioso abuela, muchas gracias – dije al engullir el último bocado.

-Me alegra que te haya gustado. Me hacía falta consentirte.

Me besó en la frente y salió de mi habitación con la bandeja vacía en manos. Mamá se recostó a mi lado abrazándome, como solía hacerlo cuando era niña. También me abracé a ella y sentí que nunca antes había sido tan importante estar en casa como ese día, con mi madre.

-¿Donde está papá? – pregunté.

-Ya viene.

Nos quedamos e silencio.

-Mamá...

-¿Si?

-Si me duermo otra vez, despiértame ¿sí?

Mis párpados pesados me indicaban que no me quedaba mucho tiempo.

-Estaré aquí. No te dejaré ir – dijo con dulzura.

-Gracias mamá.

-Descansa hija. Duerme tranquila.

Suspiré y me rendí ante la simple razón natural de mi cuerpo. Sabía que al despertar otra vez, estaría más fresca, iba a recuperar el funcionamiento de mi memoria y por fin recordaría absolutamente todo como sucedió.

"Jake se desplomó cerca de mí. Un hilo de sangre recorría su muñeca y cuando me di cuenta, también esa sangre se deslizaba de mis labios con un aroma lleno de muerte. Lo había dejado sin vida. Comencé a llorar tan desesperadamente que creí morir en ese momento. Había matado a Jake, al amor de mi vida, a la única razón de mi existencia. Estaba muerto y ya no podía hacer nada para traerlo de vuelta. Él por querer salvar mi vida arriesgó la suya, y ahora ya no estaba."

-Te amo.

No podía creer que Jake ya no compartía este mundo conmigo.

Pero luego, algo sucedió. Una respuesta a mis plegarias, un latido de su corazón bastó para que el alma me regresara al cuerpo.

-Jake. Cielo, estoy aquí, regresa estoy esperando por ti.

Entonces sus ojos se abrieron.

Me desperté de golpe.

-Shh, shh – alguien me calmó – Tranquila hija, aquí estoy.

Comencé a sollozar.

-Fue un mal sueño, tranquila.

Mi madre me acobijó entre sus brazos. Mi respiración se volvió trabajosa y el dolor en la herida de mi cabeza fue disminuyendo poco a poco a medida que pasaban los segundos.

-Tranquila…

Escuché a mi padre correr desde la sala hasta mi habitación.

-¿Está bien? – preguntó al abrir la puerta.

-Sí, fue un mal sueño – mamá dejó que despegara mi rostro de su pecho para mirarla.

Ellos intercambiaron una extraña expresión en el rostro. No, no era extraña, era la misma expresión que hubiesen tenido si todo ese sueño se los fuera resumido en palabras. "Si, yo le hice eso a Jake" – Y ellos sabían que era así, mas porque había estado muy pegada a mi madre, tocándola todo el tiempo, posiblemente había estado mostrándole mis sueños y papá seguramente había escuchado mis pensamientos. Solo que se limitaron a consolarme mientras lloraba como una niña. Recordar eso definitivamente fue aturdidor hasta el punto de querer detener todo de una vez por todas, pero presentí que aún, los peores recuerdos, no llegaban. Ahora le temía a lo que seguía a continuación.

Volví a quedarme dormida después de que mis padres me calmaron y no volví a soñar más. Supuse que era suficiente por hoy. Estaba tan saturada, tan agotada de tan solo intentar recordar, arduo trabajo, que ya no me quedaban ganas de presionarme a misma a hacerlo, era difícil y doloroso.

A la mañana siguiente me despertó el olor cítrico de la naranja. Mi madre estaba en la cocina haciendo mi desayuno y mi padre…No lo escuchaba por ningún lado. Me froté los ojos y me desperecé entre las sábanas. Me quedé unos segundos allí sin pensar, y luego decidí que ya era hora de levantarme. Algo atrajo mi atención al abrir los ojos y es que toda la habitación estaba repleta de globos, de todos los colores y formas, unos flotaban en el techo y otros estaban sujetos a cestas llenas de regalos. Un enorme oso de peluche me miraba con sus ojos alegres desde el frente de mi cama. Debieron haberlos metido allí mientras dormía en la madrugada, o posiblemente muy temprano al amanecer.

Sonreí.

Me levanté y miré uno de los regalos. La cesta llena de chocolates de donde pendían los globos era de Rosalie. Habían unos cuantos agazapados en la esquina que me deseaban una pronta mejoría, esos eran de Jazz. Había también unos globos con dulces caseros que por supuesto debían ser de mi abuela. El enorme oso era de Emmett y justo al lado de este había una caja de regalo enorme con un lazo exagerado que desprendía el aroma de Alice, como si hubiese rociado un perfume en él. Miré a un lado y en la mesita de noche, dentro de un jarrón con agua fresca jazmines, magnolias y entre esas mí preferida, fresias color lila, de parte del abuelo Charlie. Inspiré su suave y dulce aroma tomando la tarjeta que pendía de uno de los tallos donde decía: -"Que te mejores pronto. Te quiere, Tu abuelo Charlie" – Sonreí de nuevo imaginando al abuelo llamando a mi madre para preguntarle cuales eran mis preferidas.

Bella no fue a mi habitación, me dejó espacio y tiempo para que tomara una ducha rápida y me vistiera. Dentro del closet, todo seguía igual que antes, incluso intacto a la última vez que lo vi. Busqué algo cómodo y me lo puse. Luego me arreglé el cabello como siempre y antes de salir tomé la chaqueta que estaba colgada detrás de la puerta, mi preferida y un regalo de mi madre. Antes de salir tomé uno de los chocolates de la cesta de de Rosalie y salí de la habitación dispuesta a hacer preguntas y a tomar mi desayuno.

La cocina estaba impregnada a olorosas tostadas, tocinetas y salchichas recién cosidas. Atravesé el pasillo en silencio pero con rapidez llevada por el exquisito olor de mi desayuno. Recorrí con la mirada la sala intentando ver algo nuevo, algo que haya cambiado desde mi partida, tal vez un cuadro o un adorno, pero todo parecía estar idéntico, solo que esta vez estaba segura que a mí alrededor algo parecía diferente, pero no era así. Estaba en casa. Caminé hasta la cocina y al llegar me apoyé del marco del arco de la entrada y me crucé de brazos. Bella estaba de espaldas a mí sirviendo mi comida en un plato.

-Intento imaginar cómo es que pasaste todo este tiempo sin mí. Sin cocinar, sin lavar mi ropa, sin hacer mi cama. ¿Desesperante no hacer nada?

Ella rio por lo bajo.

-Pues a mí me cuesta creer que todo este tiempo tú hayas hecho algo parecido, sin mí. – respondió con el mismo tono sarcástico y atractivo al mismo tiempo que se giraba.

Alcé una ceja sorprendida.

Colocó mi plato sobre la mesa y se volteó para buscar algo en la nevera. Caminé hacia la mesita y me senté.

-Puede parecerte imposible pero…lo hice – dije mirando mi plato con fascinación.

Mi madre colocó delante de mí un vaso de jugo de naranja y besó mi frente. Luego se sentó en la silla que estaba frente a mí.

-Carlisle llamó esta mañana, bueno en realidad eran las cuatro de la madrugada. Dijo que vendría luego para revisarte.

Asentí pues ya tenía la boca llena.

Hubo una pausa.

-Y en cuanto a lo anterior, te lo creo – asintió para sí como si le costara admitirlo – Siempre has sido muy independiente.

-Ujum – dije sin atreverme a mirarla.

-¿Recuerdas algo de esos días? – preguntó con cautela y cierta timidez que me hizo recordar las pocas veces que se me parecía a una adolescente, con su mirada preocupada y su voz suave y contenida, pero tan implacable como nunca.

Esperé.

-Poco – admitió.

-Tal vez te ayude hablar de ello. ¿No crees?

Al instante se me quitaron las ganas de comer pero seguí masticando para que mi madre no se diera cuenta de lo que me estaba sucediendo en ese momento. Sentí miedo. Temor a que por algún motivo descubriera realmente qué había sucedido en ese bosque. Si hablaba con mi madre tal vez ayudaría pero ¿y si necesitaba que todo se quedara allí? ¿Almacenado en algún lugar recóndito de mi memoria? No. Tenía que recordar, tenía que saber como había sucedido todo en aquel lugar con Jake. Antes que dijera una palabra mi madre se decidió a hacerlo primero.

-El día que te fuiste pensé que nunca más volvería a verte – inquirió con la voz repentinamente fracturada – Tu padre estaba…No lo conocía, se volvió loco y supe que a partir de ese momento él no iba a estar bien. Intentó ir tras de ti pero Jake ya lo había hecho. Pensamos por un instante, totalmente atentos a lo que decían, que Jake te traería de vuelta. Pero también estábamos ahí sentados sin saber qué hacer ni que decir, hasta que no los escuchamos mas. Fue en ese momento que Edward salió de la casa. Ya no estaban. Tu rastro se había esfumado igual que el de Jake…

Mamá se detuvo. En su rostro se asomó el dolor y la tristeza.

-Jake regresó luego.

Ya no pude seguir fingiendo que podía tragarme lo que quedaba del tocino y las salchichas.

-¿Que pasó después? – pregunté.

-Llegaron los demás. Rose se puso nerviosa y empezó a discutir con tu padre. Luego llegó Jake – Dijo obviando lo que sucedió en la discusión – Dijo que iría por ti, que lo dejáramos hacerlo. Que él mismo te traería de vuelta una vez que hablaran y hayan aclarado todo.

Bajó la mirada.

-Pasó un mes, otro y otro y no volvían – Se mordió el labio inferior - Un día llamó Kate, diciendo que estuviste allí, que llegaste de la nada y les pediste que no nos avisaran que estabas allí. Me dijo que luego te fuiste con Jake dejándoles solo una nota.

Me miró.

-Lo siento.

-No. yo lo siento hija, mucho.

-Mamá está bien. No hay nada que explicar.

Ella abrió la boca para refutar pero yo hablé primero.

-Jake me lo explicó todo – dije.

No hacía falta decir más nada. Bella se veía realmente arrepentida por no haberme dicho lo que pasó entre ella y Jake, pero yo sabía que aquello había quedado en el pasado, que eso no volvería a perturbar mi vida nunca más. Lo sabía porque Jake me lo había explicado. Lo hice de nuevo. Todo se reflejó en mi mente como si se tratara de una bola de cristal. Me vi a mi misma correr junto a Jake tomados de la mano con decisión por el bosque y posteriormente llegar a la casa…No, antes me llevó a un lugar hermoso. Lo recordaba. Era una gruta donde había una poza maravillosa y cristalina. Luego me llevó a la casa.

-Estábamos en algún lugar. Muy lejos de Denali – me detuvo su mirada preocupada pero necesitaba decirlo - En un bosque frio, estuvimos viviendo juntos en una casa y…

Recordé todo con una claridad agobiante. Era como si esa neblina se hubiese disipado por completo, dejándome ver absolutamente todo y más que poder recordarlo, entenderlo. Más allá de mis pensamientos, de esa neblina que se disipó en mi mente, de esa ceguera mental con la cual desperté, muy lejos pude ver… Me quedé en silencio frunciendo el ceño para tratar de robarle ese recuerdo a mi memoria y mamá tampoco habló, solo se quedó observándome con atención.

"Jake me besaba mientras se deshacía de mi ropa con total delicadeza. De mi camisa, de mi short., de todo lo que no molestaba a ambos. Me reclinó de las almohadas con suavidad y me tomó de la mano entrelazando nuestros dedos mientras me besaba. Un momento después me encontraba aferrándome a su pelo y a su cuerpo, pidiéndole que no dejara de besarme, que no se desprendiera de mi cuerpo ni un segundo. Hicimos el amor con locura, como si esa fuera la última vez. Hicimos el amor…"


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