La saga pertenece en su totalidad a StehpM. La historia y algunos otros personajes me corresponden como autora de la misma.
-Gi-
Holaaa chicos como están? Quiero ofrecerles una enorme disculpa por todo el tiempo que tardé en publicar, les confieso que cada vez que veía los Reviews decía - "Oh, por dios, debo terminar esto lo antes posible" - Y aquí estoy. Aquí les dejo el capi, que como siempre, espero lo disfruten mucho y les guste.
Nuevos lectores: Gragon12, Galema, BellsArgryMasen, LokaFantasy, MonicaTeposteGonzalez. Un millón de gracias por todo ese tiempo que dedicaron a Atardecer. Les agradezco sus preguntas, sus dudas todoooo. Quisiera responderlas a todos, pero eso develaría cosas del próximo capi y no quiero restarle emoción, ya es suficiente con que tengan que esperar que publique el siguiente. sin embargo, cuando tenga un tiempo, prometo que responderé todas sus dudas.
Tambien quiero agradecer a los mismos que tienen ATARDECER como historia favorita, y aquellos que me tienen a mi como autora favorita. No saben lo feliz que me hace. Los quiero!
Un besoo enormee
Cuídense y lean mucho.
Con cariño, Gi.
ABISMO
Mi madre me observaba con tanta expectación que me hacía creer que había caído muerta y estaba esperando de un momento a otro que resucitara. Cuando me percaté de su mirada angustiada y cautelosa parpadeé para disipar la tensión, pero más la que se dispersó por mi cuerpo. Me estremecí al recordar de nuevo a Jake acariciando mi pelvis con la punta de sus dedos, miré a mamá y fruncí el ceño como si nada hubiese pasado.
-¿Qué? – Preguntó impaciente – ¿Recordaste algo?
-Si es que a eso se le puede llamar recordar – dije con fastidio. Esperaba que no se diera cuenta de que en realidad había hecho un gran descubrimiento – Mi cabeza está hecha una mierda.
-Ness – dijo con desaprobación.
La miré con soslayo.
Mamá no se tragó mi mentira pero al parecer prefirió no protestar. Estaba segura que no quería presionarme pero yo tampoco estaba dispuesta a decirle lo que acababa de saber y no es porque no confiara en ella, se trataba de una simple y natural razón humana, vergüenza. Realmente eso había pasado, podía sentirlo en ese mismo instante recorriendo mi cuerpo, un escalofrío de placer, como prueba de lo ocurrido. Me limité a sonreír disimulando lo más que pude. Quería ir a mi habitación, cerrar los ojos y recordarlo tantas veces como fuese posible, también quería gritar de la emoción y llorar por la incertidumbre que me producía no poder recordar mas de ello. Al principio me había sentido atrapada en esa voluta de recuerdos que me tenía confundida, pero este último se había convertido en mi paz, en esa calma que necesitaba para aclarar mi tormento.
-¿Mamá, puedo salir? – pregunté.
-Salir… ¿A dónde? – Se cruzó de brazos – No puedes. Apenas ayer despertaste de un coma ¿y ya quieres salir Nessie?
-Necesito pensar.
-Lo sé – no sonó muy convencida de eso pero siguió firme.
Sonreí y me acerqué a ella para tomarla de los hombros.
-¿Me dirías como es que terminé así?
El rostro de mi madre se transformó en una mueca de angustia, me asusté al instante tan solo ver su expresión.
-Mamá – la abracé – Todo está bien. Estoy aquí, estoy bien.
Ella asintió despacio.
Así que tenía razón, ni ella ni nadie más me diría la verdad. No estaban dispuestos a decir una palabra así se me quemaran las neuronas tratando de recordar, tenían miedo a como pudiese reaccionar con cualquier información. Pero la verdad era que estaba dispuesta a esclarecer mi mente, porque ni sabía que era realmente lo que me había sucedido ni tampoco que demonios había pasado con Jake.
-Está bien mamá. Me quedaré.
-Te haré galletas o un pastel mejor – parecía acongojada.
Se separó de mí y comenzó a buscar los implementos de cocina. Me quedé observándola hacer todo aquello solo para salir del paso e ignorar la respuesta a mi pregunta.
-¿Iremos esta noche al hospital?
-Ah, sí. Tu abuelo nos estará esperando para hacerte los análisis.
-¿Por qué no puede hacerlos aquí? Antes lo hacía.
Se giró y tomó una cuchara grande.
-Pues, antes no era igual. "Tus análisis" tenían que ver con pruebas de sangre y resultados inmediatos con tan solo probar una gota y luego pasar la muestra al microscopio. Esta vez necesita saber cómo está funcionando tu cerebro, todo tu sistema nervioso y no tenemos un equipo tan grande, como un resonador, en casa.
-La resonancia magnética no revelará el problema.
-¿Como lo sabes?
-Todo parece estar bien en mí. Bueno aún tengo dolor de cabeza pero nada más.
Mi madre me miró con desaprobación.
-Lo sé. Estuve en coma por dos semanas. – dije con resignación alzando mis dedos índice y medio.
Suspiré.
-Escucha Nessie – Me miró fijamente – Se que te sientes bien, nadie despierta de un coma tras dos semanas queriendo "salir" pero tu abuelo fue muy claro al decirnos que no podías recibir emociones fuertes, solo por un tiempo. Hasta que todo vuelva a la normalidad.
Alcé una ceja.
-Salir al bosque no es precisamente una emoción fuerte, Bella – dije.
-Recordar si lo es – añadió antes de darse la vuelta.
Puse los ojos en blanco y me dispuse a salir de la cocina.
-Iré a ver la tele.
-De acuerdo.
Me lanzó un beso y siguió en lo suyo.
Salí de la cocina y me lancé en el sofá de la sala. Lo hice con tanta fuerza que una puntada de dolor me hizo llevarme una mano a la cabeza.
-Ay – me quejé.
Mi madre ya estaba a mi lado antes de darme cuenta.
-¿Estás bien? – preguntó angustiada.
-Si, si. Solo que me lancé y…dolió.
-Ten más cuidado Nessie. Tuviste fractura de cráneo, de costillas y fémur. No creas que por ser mitad vampira eres invencible.
Me incorporé.
-Si bueno…gracias por el cumplido – dije con la mano en la cabeza – ¿Fractura de costillas y fémur?
-Eh – Bella se levantó y se cruzó de brazos – Pensé que…
Bajé la mirada hasta mi pierna.
Así que la cicatriz que había visto mientras usaba mi gel de baño había sido causa de una fractura. Ahora sí que estaba "exhausta."
-Bueno…supongo que debí imaginarlo.
Mi madre acarició mi mejilla.
-A veces es mejor y más saludable vivir en la ignorancia cielo.
A lo mejor era cierto. Pero no podía ignorar mis recuerdos de Jake. No quería. Me recliné de nuevo del cojín sintiéndome repentinamente triste y embargada por las palabras de mi madre.
Miré la corona de flores hermosas que colgaba de sus manos. Un símbolo de amor, de entrega, de unión. Puse mis manos sobre las de él y las acerqué a mi cabeza.
-La quiero y la acepto – dije.
Nos abrazamos con fuerza.
-Pronuncia tus votos ahora Jake – dijo Leah. Estaba hermosa, llena de una luz que acompañaba su silueta. Parecía un ángel.
-Yo Jacob Black prometo amarte en la vida, en la muerte y después de ella, sin condiciones, en cuerpo y alma, en pensamiento y en cada forma posible porque eres lo mejor y lo más hermoso que ha pasado en mi vida y nadie, nunca, podrá tener mi corazón como tú.
Yo estaba llorando. Qué hermoso.
-Te toca Ness – dijo Leah.
-Yo Renesmee Cullen, prometo amarte en la vida, en la muerte y después de ella, porque tampoco existirá alguien que pueda llevarse mi corazón y mi alma como lo estás haciendo tú. Si naci para ti entonces seré tuya hasta el final, sin condiciones…en cuerpo y alma, en pensamiento y en cada forma posible….Eres…eres lo único por lo que ha valido la pena vivir estos pocos años Jake.
-Jacob, ¿aceptas a Nessie como tú esposa, para cuidarla, amarla y pertenecerle irrevocablemente, ser el compañero de su alma y el protector de su espíritu cuando su cuerpo ya no esté? – dijo Leah sin esperar más.
-Sí, acepto.
Leah me miró iluminado mi rostro.
-Nessie, ¿aceptas a Jake como tú esposo, para cuidarlo, amarlo y pertenecerle irrevocablemente, ser la compañera de su alma y la protectora de su espíritu cuando su cuerpo ya no esté? Mas te vale que digas que si…
Oh, Leah. Siempre hay momentos para bromear. Reímos.
-Sí, acepto, claro que quiero.
Ella sonrió.
-Pues entonces, Por el poder que me confieren los ancestros y la jerarquía que sobre mis hombros hoy reposa, yo Leah Clearwater. Los declaro marido y mujer.
Una luz me cegó por completo. Ese destello me quemó, pero no dolía. Siguió avanzando hasta mí hasta que terminó por envolverme completamente.
Mi corazón estalló.
-Nessie…Ness.
Abrí los ojos. Me dolía la cabeza y sudaba más que nunca. Mi madre me tenía rodeada con sus brazos. Angustiada por supuesto.
Gemí.
-Todo está bien cielo. Tranquila. – dijo mamá cubriéndome con sus brazos.
Estaba todavía en el sofá, cubierta con una manta. Me sentí mareada y un poco desorientada al principio pero unos después segundos me sentí mejor. Cuando me incorporé en el sofá, lo primero que vieron mis ojos fue a mi padre, sentado en el sofá de al lado con la cabeza gacha y una expresión muy parecida a la de Bella. ¿Pero estaba enfadado?
-¿Así que…eres su esposa? – dijo con la voz suave.
-¡Edward! – dijo Bella con severidad.
-Dije que si…lo soy. Supongo que soy su esposa – admití.
Sonreí.
-¿Hay más cosas que debamos saber? – dijo mamá desviando la mirada de mi padre hacia mí.
-No. Es todo.
Edward negó con la cabeza con total desacuerdo.
-Papá no firmé un papel en la iglesia ni frente a un juez, fue… solo una unión espiritual. Leah lo hizo – dije pensando en una boda real, como la de una iglesia.
Me imaginé caminando hacia el altar junto a mi padre y Jake al fondo, esperándome con una sonrisa de las suyas. Me ruboricé tan solo pensar que ya habíamos tenido la luna de miel.
-¿Solo una unión espiritual? – preguntó con cautela.
Los dos me miraron con interés.
-Si, Fue algo muy rápido porque ese día… - Me detuve para recordar que ese día íbamos a regresar a casa – Bueno, ese decidió él traerme de vuelta.
Fruncí el ceño.
-No recuerdo mas – dije bajando los hombros con decepción.
Edward se recostó del espaldar del sofá visiblemente mas aliviado. Entrecerré los ojos y negué con la cabeza, estaba enfadada por su actitud egoísta.
-¿Es lo que te importa no? – dije sin poder contenerme.
-¿Qué cosa? – preguntó como si no lo supiera.
-Sabes de que hablo papá. Está bien, no firmé un papel ni nada por el estilo pero para mí fue muy importante esa unión y para él también.
Edward no me miró, solo suspiró con lentitud y bajó la mirada como si no tuviese ganas de discutir conmigo.
-No empiecen por favor – saltó Bella.
Me crucé de brazos.
-Pregúntaselo a alguien de la tribu, te lo explicarán mejor que yo – insistí –Iré a la Push – añadí levantándome.
-¡No! – dijeron los dos al mismo tiempo.
Los observé con curiosidad. Mis padres estaban algo extraños desde que desperté, no podía definir aún lo que sentían, Si estaban felices porque había despertado o muy tristes y desconsolados. No lo sabía.
-Eh…dije que no irás a ningún lado, Hoy – musitó Bella en voz baja.
Nos miramos por unos segundos, comunicándonos con nuestras miradas. Accedí, me senté de nuevo enfurruñada y solo porque mi madre no se veía muy bien. De nuevo el desconsuelo asomó en su rostro.
-Y ustedes necesitan aclarar algunas cosas. No soporto que se traten así, como si fueran perfectos enemigos – Se detuvo para fijar la vista en mi - No eres la Renesmee que dejamos ir hace seis meses – luego miró a papá – Y tú no estás siendo racional ahora mismo.
Mis ojos buscaron el suelo.
Mi madre tenía razón, absolutamente. Yo había cambiado, pero siempre había sido inevitable. Los últimos meses había vivido cosas que me hicieron creer y pensar diferente. Los amaba porque eran mis padres, eso no había cambiado, pero ya no era una niña. No era la misma que quería respuestas de la vida, la misma chica confundida con el primer amor, la ingenua adolescente protegida y consentida por su familia.
Primero porque mi decisión de huir ameritó mucha valentía y madurez de mi parte y mi madre había dicho: - "No eres la Renesmee que dejamos ir hace seis meses" - Era cierto, ellos me dejaron ir pero la decisión había sido mía y solo mía. Creía en el respeto humano, a la vida, pero casi acabé con la de Jake y a pesar de que estaba muriendo, bebí su sangre de todas formas para sobrevivir. Me arriesgué, pensé en morir por él o con él, no importaba como resultara todo, yo lo amaba tanto que lo necesitaba a como diera lugar y eso me volvió egoísta, le hice escoger tantas veces entre salvar a su familia o quedarse conmigo que me sentí vana y sucia. Por supuesto que no soy la linda Renesmee de antes.
-Lo siento – dije en voz baja – Tienes razón mamá.
La miré y ella me sonrió con dulzura.
-Yo también lo siento – las dos miramos a Edward.
-¿Por qué lo sientes? mamá solo te acusó de ser un poco irracional – miré a Bella con una sonrisita.
-Tampoco te estoy acusando a ti Ness. Es la verdad – dijo Bella.
Mi padre se encogió de hombros.
-Bueno es que…yo tuve la culpa de todo eso…que te hizo cambiar.
Entorné los ojos.
-¿Cómo? - Sentí una puntada en la cabeza pero la ignoré – ¿De qué hablas?
-Por mi culpa tuviste que huir y por mi culpa estuviste fuera seis meses, en los que definitivamente no fuiste la misma.
-No. No, no claro que no papá – Mi enfado bajó de intensidad. Ahora me sentía acongojada – No tuviste la culpa.
Mi madre le puso una mano en el cuello. Estábamos muy cerca, yo en el medio y mis padres a cada lado.
-Yo me fui porque soy una cobarde. No supe afrontar la situación, no quise escuchar y tampoco les di una oportunidad de hablar. Ninguno tuvo la culpa de esto.
Respiraba con dificultad.
-Lo sé – dijo Edward.
-Papá, estaba cegada por la rabia que sentí al saber que no aceptabas a Jake. Así que entendimos mal las cosas y todo se volvió un desastre. Es todo. Jake acabó contándome cosas que no quería confesar.
Suspiré.
-Entonces…
-Entonces no tengo nada que disculparles – dije con amargura – De todas formas… no me arrepiento de haber escapado – añadí con la mirada gacha evitando recordar ciertas cosas.
-Puedo imaginar por qué – respondió mi padre con tono incómodo levantándose del sofá.
Sentí una punzada en el estómago mientras lo veía caminar hacia la cocina.
-¿De qué hablas?
-Juro que lo dice tu rostro – dijo con la voz seca – Tu mirada.
Abrí la boca para hablar repentinamente avergonzada pero la expresión sorprendida de mi madre me detuvo. Me interrogó con sus ojos dorados y profundos.
-¿Qué? – dije levantándome del sofá con aire de enfado.
Caminé a mi habitación y cerré la puerta.
Al entrar escuché a mi madre decir – ¡Bien! – y luego hacer lo mismo que nosotros.
El escudo de Bella debía estar a diez kilómetros a la redonda por lo que me sentí libre y confiada de pensar. Me metí en mi armario que parecía otra habitación pero más pequeña, y cerré la puerta de golpe.
Me acerqué al espejo de cuerpo entero en el que una vez me observé por curiosidad. El mismo día que Jake me dijo que estaba hermosa. El espejo me devolvía el reflejo de la misma figura, mas alta y esbelta, mas mujer. Con el rostro preocupado y las mejillas encendidas por la vergüenza. Me acerqué a él con el ceño fruncido, tratando de ver lo que mi padre vio. ¿Cómo era posible que en mi mirada se notara tal cosa? Tal vez era ese brillo profundo que siempre me producía pensar en Jake. Me aparté del espejo y me senté en la cama.
Desde que recordé que Jake y yo habíamos hecho el amor estuve tratando de no pensar demasiado en ello, además que lo había recordado justo estando frente a Bella me producía una sensación extraña y placentera en todo el cuerpo que solo podía volver a dejar fluir estando sola. Cerré los ojos y lo traje de nuevo a mi mente, absolutamente todo. Lo vi con más claridad, con más intensidad. Mi cuerpo se dejó llevar por las imágenes que se ofrecían en mi cabeza, un escalofrío recorrió mis brazos, mis piernas, mi espalda, todo mi cuerpo.
Suspiré.
Jake me cubrió con la manta y luego me besó en los labios otra vez, quedándose muy cerca de mí.
-Te amo – dijo a mi oído.
El cansancio me venció al fin.
-Yo también te amo - dije pegándome a su cuerpo.
Luego me quedé dormida.
Abrí los ojos.
-¿Donde estas? – dije en un murmullo.
Una brisa fría me estremeció. Me froté los brazos mirando a la pequeña ventanilla que permanecía cerrada. Fruncí el ceño.
Se vino a mi mente lo de la unión espiritual. ¿Qué tenía de malo el matrimonio espiritual? Además no era tan importante… ¿o sí? Edward seguía celoso incluso después de lo que había sucedido, estaba resignada, pero se comportaba muy egoísta.
La idea de ir a la Push se quedó clavada en mi cabeza, tendría que ir un día de estos. También ansiaba ver a Jake, pero si lo decía en voz alta lo más probable era que mi padre pensara que lo quería ver por algo en específico. Tal vez tenía razón, sonreí, pero definitivamente necesitaba verlo y saber que estaba bien.
Entonces los escuché a lo lejos, corriendo en dirección a la casa. Abrí la puerta del y salí de la habitación. Al llegar a la sala caminé directamente hacia la puerta, dedicándoles una mirada a mis padres quienes permanecían sentados muy juntos en el sofá, la abrí y me apoyé del marco con los brazos cruzados a esperar.
-Vamos, se que pueden correr más rápido.
Sonreí.
Mis tíos llegaron velozmente haciéndose bromas entre ellos. Al verme todos sonrieron con alegría y me di cuenta en ese instante de lo mucho que los había extrañado. Me abrazaron, uno por uno y luego Emmett me alzó sobre su hombro y me metió en la casa mientras todos sonreían.
-¡Emmett ten cuidado! – dijo mamá alarmada al ver que la saludé boca abajo desde la espalda de Emm.
-Estoy bien – dije para calmarla.
Emmett me bajó y sonrió sumamente complacido.
-¿Viste el enorme oso que dejé en tu habitación? – preguntó sin poder contenerse. Siempre se había esforzado por lucirse como tío.
Sonreí.
-Oh, sí. Gracias tío Emm.
Rose se abrió paso y me tomó de las mejillas.
-Déjame verte – sus ojos dorados me detallaron por completo, desde la cabeza hasta los pies – Cuanto has crecido cielo santo – añadió mirando a mi madre como si no lo pudiera creer.
Bella asintió.
-Y estás hermosa – Se unió Alice – Oh por Dios, creí que nunca te vería de pie otra vez – Se echó a mis brazos.
Jasper chocó los puños conmigo mientas Alice me apretujaba.
-Te extrañamos – dijo con esa seriedad que lo hacía ver tan sincero.
-Y yo a ustedes, no saben cuánto.
Alice se desprendió de mí.
-Estoy enfadada contigo – se cruzó de brazos.
Parpadeé.
-Lo...lo sé – musité sin estar muy segura por qué.
Sonreí confundida mientras interrogaba con la mirada a Jasper quien se encogió de hombros.
-¿Cómo te sientes? – preguntó Rose sentándose en el sofá junto a su esposo. Jasper se quedó de pie mirando ceñudo a Alice quien no se movió de su posición.
-Pues, ya estoy perfectamente – musité desviando la mirada de Alice a Rosalie quien parecía no importarle el comportamiento de su cuñada.
-¿Lograste recordar algo?
-Eh… - me volví para mirar a mis padres.
-Sigue esforzándose – dijo Edward con naturalidad.
-No deberías. Los recuerdos deben llegar solos, sin que intentes traerlos de nuevo a tu cabeza. Así funciona.
-Estoy dejando que lleguen.
-Bien – dijo sonriendo.
Hubo una pausa.
-Oigan chicos, lamento todo lo que pasó.
Jasper frunció el ceño.
-¿Por qué te disculpas con nosotros? – preguntó confundido.
-Ella siente que debe hacerlo – intervino mi madre.
Emmett se encogió de hombros.
-Regresaste. ¿Es lo que importa no? – dijo Emm.
Bajé la mirada con timidez.
-Estás aquí. Y aunque nos diste un susto terrible, te tenemos de vuelta. – Dijo Rosalie.
Alcé la mirada hacia Alice.
-¿Soy la única que piensa diferente además del padre? – dijo sin mirarme.
-Yo tuve mis razones, Ally. Las tengo – dijo pasando un brazo por encima del hombro de Bella – ¿Y tú?
Puse los ojos en blanco.
-Tía lo siento, ¿de acuerdo?
Ella miró a otro lado.
-Bueno – dijo Rose sin darle importancia – ¿Y qué te apetece almorzar hoy? Pasaremos la tarde contigo mientras tus padres se van de caza. No lo han hecho en días.
Me volví hacia ellos poniendo mis manos en la cintura.
-¿No?
-No lo necesitábamos – dijo mi padre.
-Pero debieron ir…
-No querían despegarse de ti. Pero hoy lo harán. Tómense el día, la cuidaremos – inquirió Rose acariciando mi cabello.
-Sí, vayan. Estaré bien.
Bella asintió levantándose del sofá. Edward la imitó.
-Nos vemos en un rato – dijo mi madre acercándose para besarme la frente – Gracias Rose.
-No hay de qué.
Papá también me beso igual y siguió a mi madre hasta la puerta. Un segundo después se habían ido.
-No puedo creer que no hayan ido de caza.
-Créeme, verte como muerta en esa cama todos los días es motivo suficiente para no querer probar ni una gota – dijo Rosalie.
-Espero que disfruten su día libre – insinuó Emm extrañamente serio. Nunca hablaba tan severo cuando decía ese tipo de cosas – Lo necesitan.
Me recosté del sofá y encendí la tele. No tenía ganas de hacer absolutamente nada, ni siquiera de jugar al ajedrez o a las carreras en los PSP como acostumbraba cuando estaba con mis tíos, si me quedaba dormida estaría mucho mejor. Rose se puso a trabajar en mi almuerzo, Jazz y Emm no soportaban estar sin hacer nada así que colocaron el tablero de ajedrez de mi padre sobre la mesita de la sala y comenzaron a jugar. A veces despegaba la vista del programa y observaba a los chicos jugar, sonreía cada vez que alguno hacía una jugada mal pensada y perdía una pieza. Después de Alice y mi padre, los tramposos y mi abuelo Carlisle, yo era la mejor en el ajedrez. Apenas pude sostener una pieza en mis manos aprendí a jugarlo y me traía recuerdos hermosos de mi niñez.
Después de un rato, aburrida de ver y no ver a la vez, apagué la tv. Los chicos iban por su segunda partida y Rose casi terminaba en la cocina. Entonces, Alice, quien no se había movido de la silla del comedor, se levantó y se acercó al sofá.
-Hola – dije acomodándome para darle lugar – ¿Sigues enfadada?
Asintió.
-Pero parece que a ti no te importa – dijo.
-¿Por qué lo dices?
-Bueno…desde que tus padres salieron de la casa no me has dicho nada.
-Lo siento tía. Es que he estado tratando de averiguar por qué sigues enfadada.
No era cierto. La verdad era que seguía tan agotada que había olvidado por completo a Alice. Tanto que la había ignorado. Me sentí terrible.
-¿Y lo lograste? – preguntó sin ánimo.
-Bueno, supongo que es porque te dejé.
Ella apoyó su mentón en una de sus manos.
-Si algo así.
-Lo siento. –dije con sinceridad. – Es que…no tuve tiempo de despedirme.
Sonreí con culpabilidad pero Alice pareció deprimirse más.
-Tía Alice los extrañé tanto mientras estuve fuera, ahora que lo pienso, hubiese resultado peor despedirme, pero tampoco tuve tiempo de pensar en eso…fue, bueno bastante difícil aceptar todo aquello.
-Entiendo – dijo dando un suspiro.
-¿Me perdonas? - pregunté haciendo un puchero.
Alice me observó por un instante, con esa expresión que siempre me había hecho pensar en ella como alguien más que una amiga, en esa tía comprensiva y sabelotodo que tanto quería.
-¿Recuerdas cuando perdiste tu pulsera por accidente? - dijo acercándose más a mí.
-¿La que dejé por descuido en las bolsas de ropa? – Asentí – Claro que lo recuerdo.
-Te dije que nunca intentaras perderte de la misma manera, porque eres tan…
-Tan valiosa como esa pulsera – terminé su frase – Pero mucho más porque soy tu sobrina.
La abracé.
-Si tía, lo sé. Lo siento tanto, pero es me sentí…traicionada por todos – dije sin poderlo evitar.
Jasper dejó la pieza de cristal en el aire y se quedó con la vista fija en el tablero, Emmett hizo lo mismo y Rose se quedó estática en la cocina. Perfecto, los había herido.
-Pero pensé así porque soy una estúpida – admití muerta de vergüenza.
Alice sonrió comprensiva.
-No, no lo eres. Pero si debes entender que no estaba en nuestras manos decirte eso.
Rose salió de la cocina y se apoyó del sofá, con los brazos cruzados.
-Por eso les pido disculpas, por haber pensado así de ustedes que son…mis tíos preferidos.
-Vamos, no tienes a mas – intervino Jazz realizando el movimiento que dejó en el aire. El ambiente volvió a relajarse.
Todos reímos.
-El almuerzo está listo – anunció Rose.
Todo volvió a la normalidad con Alice, que solo quería decirme lo mucho que le había dolido que yo me fuera. Los demás me acompañaron en la mesa mientras conversábamos con ánimo sobre lo que queríamos hacer después. Ninguno mencionó ni preguntó sobre mis días en el bosque con Jake. Ya me había disculpado con todos, ahora si me sentía tranquila. Bueno, no del todo…aún faltaban mis abuelos.
-¿Y bien que tienes pensado? – preguntó Jasper con interés.
-No lo sé. Lo que sea, me gustaría hacer de todo – dije con gesto pensativo.
-Eso me parece muy bien porque mientras estuviste fuera – Alice hizo un mohín, como si recordarlo le desagradara mucho – Hice una lista inmensa de todo lo que haríamos cuando regresaras.
-Bien.
-Espera Alice, no eres su única tía. También estamos Rosie, Jasper y yo – inquirió Emmett señalándose con suficiencia.
Reí.
-Está bien, tenemos tiempo de sobra para hacer todo eso que escribiste tía Alice y por supuesto que les recompensaré a todos el tiempo que… estuve fuera – Decirlo producía mucha más incomodidad.
Rose sonrió acariciando mi cabello.
-Claro que si cariño – dijo Rose.
Entre Alice y Ella, Rosalie sentía que no necesitaba competir por el puesto a la mejor tía, porque se comportaba como una madre más. Alice era distinto, ella moría por tener una pequeña responsabilidad, como mi mejor amiga, desde que nací. Y por eso se había ofendido tanto cuando hui, sintió que había sido desplazada.
Nos quedamos en silencio unos segundos. Yo le dediqué una mirada a mi plato vacío mientras los demás decidían que decir o hacer. Era incomodo.
-Bueno, yo lavaré esto – dijo Rose por fin tomando mi plato – Nessie, deberías tomar una siesta.
La sugerencia estaba de lo mejor.
-No quiero dejarlos aquí solos – dije simulando un poco de ánimo.
-Tranquila campeona, no nos vamos a perder – intervino Emm.
-Ve a descansar, lo necesitas. No nos moveremos de aquí hasta que vengan tus padres – Insistió Rose.
-Están seguros porque estaba dispuesta a ganarles un dos de tres en una carrera a estos dos – señalé a Emm y a Jasper a quienes se les iluminó el rostro.
-Hagámoslo – me retó Emmett.
Salimos de la cocina y nos instalamos en la sala mientras Jasper conectaba la consola de video juegos al televisor. La verdad era que necesitaba esa siesta, pero no quería defraudarlos yéndome a dormir, ellos vinieron a pasar una tarde con su sobrina, y no se los echaría a perder. Me senté en el sofá entre Emmett y Jasper apoderándome de uno de los controles.
-Empezaré yo – canturreé.
-Voy a ganarte, lo prometo – inquirió Emmett sintiéndose victorioso.
-Sí, claro – dijo Jazz.
Sonreí y presioné el botón de comenzar partida.
La tarde transcurrió como lo pensé, agradable y llena de carreras interminables, cambios de auto, neón y vinilo acompañado de gritos de gloria y decepción. Al final terminé ganándole unos tantos a Emmett y a Jazz pero mi verdadera concentración la usé jugando con Alice, al final me derrotó ocho carreras de las diez acordadas. Sencillamente era la mejor.
Al final de la tarde, cuando ya oscurecía llegaron mis padres con una sorpresa. Una que me terminó de alegrar el día.
-¡Nieve! – grité cuando la cachorra corrió hacia mí.
La abracé y sentí que ella hacía lo mismo.
-¿Cómo es posible que no preguntara por ti antes, eh? Lo siento tanto pequeña. Te extrañé mucho – Besé su hocico peludo.
Ella ladraba con ánimo y agitaba su cola. Estaba tan feliz de verla que quería dar saltos de alegría.
-Gracias por cuidarla todo este tiempo – les dije sin mirar a nadie en particular.
Mi madre se acercó a mí y me abrazó.
-¿Cómo te sientes? – preguntó mi madre.
-Estoy bien – dije dejando mi cabeza en su hombro – ¿Ya vamos al hospital?
-Sí. Ve a buscar una chaqueta y nos vamos.
Asentí caminando a mi habitación.
-¿Y bien? – escuché decir a Emmett con tono sarcástico – ¿Como la pasaron?
-Bien Emmett, gracias – dijo Edward con fastidio.
-Hicieron lo que les dije, eh. Se ven rejuvenecidos.
-Cállate Emm – dijo mi padre mientras Emmett reía.
Sonreí ante la ocurrencia de Emm, entré al armario y tomé la chaqueta. Al salir, ya mis padres y mis tíos me esperaban afuera de la casa. Ellos irían a la mansión y nosotros directo al hospital a ver a mi abuelo.
Suspiré.
-Vamos nena – dije a Nieve que se acercó a mí obedientemente – Daremos un paseo al hospital.
A bordo de mi Camaro rojo, que casi besé cuando lo vi salir de la cochera de la mansión, nos dirigimos al hospital. Papá conducía, mi madre de copiloto y Nieve y yo en los asientos traseros. Al llegar caminamos directo al que era consultorio de mi abuelo. Mientras íbamos de camino, me enteré que había dejado el trabajo en el hospital, debido a que necesitaba su "retiro" y que ya por razones obvias, no podía seguir trabajando allí. Demasiado tiempo ejerciendo la carrera en ese hospital y nada que envejece.
-¿Que dijo para que se lo creyeran? – pregunté imaginando al doctor Gibson suplicándole a mi abuelo para que se quedara.
-Pues le fue suficiente decirle que se iría a vivir con su esposa fuera del país – contestó mi padre – Pero por supuesto le dejaron las puertas abiertas.
-Tiene el estudio solo para ti esta noche.
-Muy bien – musité.
Cruzamos el pasillo de emergencias y llegamos a las escaleras. Al llegar al segundo piso, tocamos la primera puerta de la izquierda que decía en un letrero "Zona radiactiva, no pase." Mi abuelo Carlisle abrió la puerta con una sonrisa enorme en sus labios.
-Mi preciosa nieta – me abrazó.
-Hola abuelo. Te extrañé – Carlisle me dio un beso en la cabeza.
-Y yo a ti cielo. Pasen.
Estaba extremadamente frío allí dentro. Del lado izquierdo había una cabina con un vidrio de plástico y frente a este, un equipo resonador enorme listo y encendido para mí.
-Bien Nessie, sabes cómo funciona esto – dijo mi abuelo tomándome del mentón – Estarás allí dentro por un tiempo máximo de treinta minutos. Debes estar tranquila, muy quieta y relajar tu mente ¿de acuerdo? ¿Podrás hacerlo?
-Sí.
-Muy bien. Ve y cámbiate allí, ponte la bata azul que está en el armario y sal cuando estés lista.
-De acuerdo – dije caminando hacia el baño.
-Bella, Edward, acompáñenme.
Salieron del estudio y unos segundos después aparecieron tras el cristal donde estaban las computadoras de mando. Mi madre me saludó desde el otro lado con la expresión nerviosa. Le sonreí para asegurarle que estaba bien y me metí en el pequeño baño. Cuando estuve lista, salí y ya mi abuelo estaba preparando la enorme máquina. Era una especie de cama movible que se introducía en una cámara cerrada, redonda. Sentí claustrofobia de tan solo imaginarme allí dentro.
-Ven aquí cielo – me tomó de la mano y me ayudó a subir a la cama rodante.
Me coloqué como me indicó, con los brazos muy juntos y la cabeza fija en una cabecera que me impedía moverla. Mi abuelo me cubrió con una manta y antes de irse me sonrió.
-Cierra los ojos – Me tocó la nariz con su dedo índice - Estarás bien. Me escucharás desde esa cabina, puedes hablar si te sientes muy nerviosa.
Asentí.
Me guiñó un ojo y empujó la cama dentro de la cámara. El aparato sonó y una luz se encendió frente a mis ojos.
-Bien, Nessie comencemos – dijo el doctor saliendo del estudio.
Respiré hondo y cerré los ojos
-Relájate, y aleja cualquier pensamiento de tu cabeza.
Era realmente difícil no hacerlo. Precisamente en ese instante comencé a ver imágenes, las mismas sin sentido y que venían de manera espontanea, no lo podía evitar. Estaba con Jake y Leah, estos dos en fase, en medio de un bosque. Corríamos desenfrenadamente, debíamos llegar a un lugar, y yo no quería, no podía. Tenía miedo de volver a ver a mis padres, ver su cara de decepción y dolor. Apreté los párpados, no me importaba si el estudio no funcionaba, necesitaba saber más, saber en qué había terminado todo, terminar con este suplicio de una vez.
-Tengo miedo, que al llegar sepa que te debes ir otra vez.
El lobo soltó un gemido.
-Se que fue nuestro acuerdo pero…no lo soporto.
El lobo canela dio un paso hacia mí y me tocó con su hocico.
-Vamos, vamos, hay que llegar – dije-
Comenzamos a correr de nuevo, adentrándonos en el bosque y siguiendo una sola dirección y supe que habíamos llegado a Washington en algún momento. Corrimos un poco más sin parar y comencé a ver los Cedros alzándose frente a nosotros indicándome que estábamos en Olympia. Entonces, sus aromas estaban allí, no los veía, pero sabía que estaba en algún lugar. En ese mismo instante unas patas comenzaron a acercarse sigilosas pero amenazantes a nuestra posición.
-Jake no – dije temblando cuando lo vi alejarse poco a poco de mí.
Su voz me detuvo.
-No te muevas.
-Papá, ya vienen.
Mi familia, A Ka'Wi y sus secuaces, Jake y Leah, todos estábamos allí, a punto de librar una batalla por nuestras vidas. Se estaban acercando.
-¡Jake! – grité.
Era el final.
Mi padre estaba en peligro, junto a mis tíos. Él quería venir por mí pero ya estaban luchando con los lobos.
-Todo estará bien papá, quédate con ellos, por favor, Ayúdalos. De este lado son menos y puedo…puedo controlar su mente. No tengo tiempo para explicártelo ahora, solo…confía en mí. Te quiero."
Puedo controlar su mente, puedo controlar su mente
-Nooooo.
El grito de mi padre me desgarró el corazón. Me agaché frente a Jake quien me observaba con la mirada perdida, me suplicaba que huyera, que salvara mi vida pero yo sabía que este era nuestro fin.
A Ka'Wi y yo nos enfrentamos, logré atinarle un golpe en el estomago y lo lancé a un lado. Luchamos de nuevo y el atravesó sus garras en mi pierna. Gritaba del dolor, de pena y dolor. Entonces supliqué.
- Tú y todos tus cachorros me dan…asco. Por lo menos esta vez no des tanta lástima anciano, yo no te perdonaré como lo hizo tu hermano. ¡Cobarde! – grité.
A Ka'Wi volvió a echarse sobre mi y esta vez dio contra mi cara. Luego, fue contra Jake.
-¡No! – Grité – ¡Jake!
Vamos, suplica, suplica.
-Te lo suplico – dije dando un paso.
Él se volvió hacia Jake otra vez.
-No, estoy aquí… Maldición, llévame a mí…
No lo convenció.
-Te daré lo que me pidas, pero no le hagas…daño.
Entonces, Jake saltó hacia él. Un lobo castaño me atacó y lo sujeté por el hocico.
-¡Detente! – pensé.
El lobo se paralizó y luego cayó a mi lado inerte. Luego, le torcí el cuello. No lo podía creer, había matado a un lobo. Comencé a llorar cuando vi a Leah desplomarse en el suelo, quizás estaba desmayada, o quizás no lo había resistido y había…muerto.
Me arrastré hacia Jake, estaba sangrando y muy débil. Besé su frente y lo abracé.
-"No puedo dejar que te vayas de mi lado, de mi vida, de mi mente, de mis sentidos. Te amo con todo mi corazón, por eso hoy no será más que una mala pesadilla. Solo duerme y cuando despiertes de ese mal sueño, estaré allí para decirte que todo está bien, besaré tu frente y dejaré que descanses muy cerca de mí, mientras rezo cada segundo esperando con ansias que despiertes otra vez. Te amo"
Me levanté para terminar de una vez por todas con ese maldito, entonces, sentí un golpe en mi rostro y luego en mi cabeza… y todo se volvió oscuro. A Ka'Wi me había matado.
-¡No, no! – grité.
Mi padre intentaba sujetarme los brazos mientras yo me estremecía y convulsionaba. Una luz cegadora me quemaba los ojos, entonces me di cuenta que seguía en el estudio. Bella estaba a su lado con las manos en la boca, totalmente atemorizada. Comencé a llorar, pero ya sentía mis mejillas húmedas, lo que quería decir que había estado llorando.
-¡Jake, no!
-Tranquila cielo – mi padre me abrazó.
-No…que sucedió…
Me costaba respirar y me sentía agotada.
-Shh, shh – mi padre llevó mi cabeza a su pecho mientras yo me aferraba de su camisa.
Me aparté de él como pude y bajé de la cama tambaleándome buscando a mi madre. Mi abuelo no estaba por ningún lado.
-Nessie, no – dijo mi madre tomándome de las manos.
Me solté.
-Dime…dime que no está… no está…
Bella comenzó a llorar, sus ojos estaban tristes y apagados, toda ella estaba desmoronada. Quería tomarme de los brazos y quizás abrazarme pero no podía acercarse a mí, tal vez era por la expresión que contorsionó mi rostro cuando vi en el suyo la respuesta.
-No, no puede ser…
Comencé a alejarme ellos.
-No…
Lloraba de forma descontrolada. Acababa de enterarme de algo espantoso, de algo horrendo. Necesitaba morir en ese momento.
-Díganme que está vivo…por favor…
Caí de rodillas sin poder aguantar el peso de mi cuerpo. Entonces llegó mi abuelo y le hizo señas a mi padre para que me tomara. No protesté, me dejé llevar en sus brazos sintiéndome más débil que un espíritu, sin alma, sin vida. El abuelo me sujetó el brazo y segundos después sentí un pinchazo. La droga recorrió mi torrente sanguíneo y luego ya no supe mas nada.
Gracias por su tiempo lectores, los adoro muchote!
Dejen sus Reviews, cometarios, criticas, insultos lo que quieran jajaja, serán bien aceptadas por esta servidora, que se despide...
Será hasta el próximo!
Bye!
