La saga pertenece en su totalidad a StehpM. La historia y algunos otros personajes me corresponden como autora de la misma.

-Gi-


MIS NIÑAS...LAS ADORO.!

Diculpen la tardanzaaaa es que de verdad no sabía como terminar de editar este capi, hay cosas que al final iban y terminé por cambiarlas totalmente.

Espero se encuentren perfectamente. GRACIAS POR ESPERARME...!

Nuevos Lectores: Prue Capuccino y Bienvenidas y gracias por comentar!

También quiero agradecer a todos los que colocaron ATARDECER como historia favorita y a esta servidora como autora.

No los hago esperar mas...

Espero lo disfruten.

Con Cariño,Gi.


"El tiempo no perdona, ni al más bueno ni al más malo, solo pasa y con rapidez. Deja una estela de sentimientos confusos, donde nos preguntamos como es que olvidamos hacer o decir tantas cosas y mientras disfrutamos del presente, lo que dejamos atrás va convirtiéndose en parte de esos recuerdos que te oprimen el corazón poco a poco, mientras los minutos y los segundos pasan con una lentitud abrumadora. Solo cuando logras salir de ese trance te das cuenta que nunca te has tomado el tiempo suficiente para pensar en tu destino, que con solo dejar pasar el tiempo, las heridas y el dolor lograrán disminuir, mas no se irán del todo."

GI


UN NUEVO CAMINO

Ahora yo me preguntaba por qué mi vida se había resumido en una pérdida, en su pérdida. Llevaba casi una semana llorando, tumbada en mi cama sin fuerzas, sin vida. Mis padres me habían dicho que Jake simplemente había desaparecido, que nunca lograron encontrarlo y yo les repetía una y otra vez que eso no podía ser. ¿Como alguien desaparece de la faz de la tierra así? Eso solo puede ser posible si se está muerto y aunque me costaba creerles prefería mil veces escuchar la misma versión, era mas fácil asimilarlo. Estos días habían sido difíciles, me atormentaba a cada momento recordando la última vez que había visto a Jake, débil, herido y bajo las garras de A Ka'Wi. Ese maldito, ¿que había sucedido con él? También desapareció. Según mis padres recorrieron casi dos estados al norte de Washington buscándolos, mientras yo me encontraba tirada en una cama con la mente vacía, y nunca los hallaron.

También les había preguntado a mis tíos y abuelos lo mismo, y ellos me respondieron exactamente igual que mis padres – "Desapareció" – Y yo volvía a desmoronarme. A veces pensaba que se hartarían de mí y gritarían – "¿Que quieres que te diga? Murió, eso fue lo que pasó" – Aunque no tenga explicación alguna, aunque no tenga sentido, Jake no podía estar vivo, pues ya hubiese venido por mi. Me sentía tan vacía, tan hueca que hasta el aire abandonó mi cuerpo, dejé de comer, de cazar y por tanto respirar, no lo hacía, parecía una tortuga marina que solo vuelve a la superficie para tomar aire después de horas bajo el agua. En fin, había cedido al dolor y no es que me estaba infringiendo la inanición o que anduviese como una muerta viviente a propósito, sino que mi cuerpo ya no tenía esas necesidades, las mismas que te permiten vivir.

El primer día después de "los análisis" me habían traído a casa sedada, no del todo, pero me ayudó a evitar el "choque mental" del que tanto temía mi abuelo. Cuando desperté al siguiente día lo recordaba absolutamente todo, hasta el más mínimo detalle, cada palabra, cada frase, cada suspiro y sonrisas de él que había olvidado tras el accidente. Me gustaba llamarlo así "Accidente" porque disfrazaba la realidad. Al abrir los ojos las lágrimas comenzaron a salir desesperadamente, no podía contenerlas, tampoco quería. Me dejaron llorar todo lo que quise mientras me revolcaba del dolor y desolación sobre mi cama. A veces intentaba mantener la postura, ver a mis padres tan tristes y sin saber que hacer me detenía, pero luego volvían los recuerdos y el dolor inmenso que me mataba.

Por las noches era peor, el silencio y la oscuridad me traían a la memoria momentos especiales con Jake, me acercaba a las ventanas de mi habitación y mientras besaba la fotografía donde los dos sonreíamos felices, observaba en silencio las estrellas. Titilaban y brillaban más que nunca haciéndome sonreír, porque sabía muy bien que donde él estaba me enviaba todo ese calor que embriagaba mi cuerpo. Era como si las propias estrellas me tocaran, entonces imaginaba sus manos recorriendo mis brazos y sus labios rozando mi cuello.

-"¿Por qué me dejaste Jake?" – pensé.

Cuando despertaba yacía en mi cama sin saber en que momento había ido a parar sobre ella. Los días se me hicieron eternos, dolorosos, insoportables y no solo para mí.

-Dime de nuevo como paso papá – le pregunté otra vez una mañana.

Mi padre solo bajaba la mirada y susurraba lo ocurrido ese día.

-Es imposible – dije furiosa al terminar de escucharlo – No pudo haber desaparecido así como así papá.

-Cuando llegamos a buscarte, él ya no estaba y el anciano tampoco – las mismas palabras, casi podía repetirlas al mismo tiempo – Jasper y Emmett fueron por ellos pero…

A mi padre se le estaba haciendo difícil cada día mas, cada día que pasaba se sentía mas frustrado, cansado y culpable. Pero él no era para nada culpable, la que tenía esa responsabilidad era yo. Además de llorar del dolor y la tristeza lloraba de culpa y no dejaba de pensar ni un segundo como hubiese resultado todo si yo le fuese insistido a Jake. Nunca fui capaz de hacer lo que pensé hacer, no pude obligarlo, doblegarlo a su responsabilidad, nunca fueron sufrientes ni mis palabras ni mi débil intento por retenerlo.

-No fue tu culpa amor – Edward leyó la expresión de mi rostro y mis pensamientos también aunque no lo necesitara – Jake hizo lo que creyó correcto.

-Lo que "creyó" correcto. Tú lo has dicho.

Edward me abrazó besando la parte alta de mi cabeza.

Mis tíos casi no iban a verme. Durante los días que pasaron evitaron encontrarse conmigo, no estaba segura por qué, pero solo llamaban constantemente para saber como estaba. Todos estaban tristes, hasta Rose, lo cual era extraño en ella y Nieve, mi pobre Nieve salía de la habitación ansiosa cada vez que me veía llorar.

-Estoy bien, ven aquí – le decía mientras le dejaba un espacio en mi cama.

La abrazaba con fuerza, era lo único que me quedaba de Jake y me consolaba tenerla cerca.

El sábado en la tarde me quedé en mi habitación, la desarmé por completo, limpié la alfombra, cambié las sábanas, doble la ropa de mi armario, en fin, estaba ocupando mi mente por completo. Una cosa que había aprendido de Jake era que a pesar de las malas cosas, siempre tenía una sonrisa en su rostro o un chiste que decir con su extraño humor negro. Mi lobo nunca fue pesimista, mas bien me alentaba con su buen positivismo y recordaba lo mucho que le gustaba cambiar un tema de conversación cuando se ponía muy incómodo.

Sonreí.

Mis padres habían salido ese día, por fin, de caza. Les pedí que no enviaran a nadie a cuidarme porque estaría bien, limpiaría mi habitación e iba estar ocupada todo el día. Así que ellos estuvieron de acuerdo en dejarme a solas y salieron temprano. La verdad era que necesitaba estar sola, a veces mis padres podían ser demasiado silenciosos y eso me enloquecía más. Mientras sacaba mi cajón decorado que habíamos hecho mi madre y yo cuando estaba pequeña, mis ojos captaron el rectángulo negro que había en el fondo.

Me sorprendí.

Metí la mano y saqué mi celular que creía perdido desde hace mucho. Volví a la habitación y abrí la gaveta de la mesita de noche y saqué el cargador de un tirón, lo conecté a la toma corriente y esperé que recibiera electricidad preguntándome como había llegado allí. No veía mi teléfono desde que escapé a Denali.

Seguí con lo que estaba haciendo mientras mi teléfono se cargaba lo suficiente como para poder encenderlo.

Al poco rato de haber terminado, tomé un baño y me recosté en el sofá con un libro de mi padre, que pasó a ser mío, en manos. Leí y leí sin entender nada, mi mente estaba agotada como para seguir recibiendo información, una que tal vez no le interesaba en absoluto porque no dejaba de pensar en él. Me incorporé y me cubrí el rostro con las manos, mi cabello se deslizó por mi hombro bloqueando la luz que provenía de la ventana de la sala. Todo me daba vueltas, respiré hondo intentando no caer de nuevo en ese hoyo profundo que me consumía y luego me dejaba salir a la luz, indefensa.

Comencé a llorar.

-¿Por qué, Jake? – dije al aire.

Tardé solo unos minutos en volver a recuperarme y me levanté secando mis mejillas y mis ojos llenos de lágrimas. Entré a mi habitación gimoteando y tomé el celular que ya tenía media carga completada. Entonces lo encendí. La pantalla se iluminó y apareció su rostro.

Gemí.

Tenía una imagen de Jake en la pantalla de mi celular y ni siquiera lo recordaba. Fui a la bandeja de mensajes, muchos de ellos, la mayoría de Jake que habían sido enviados un mismo día. Seleccioné el primero y leí.

"Nessie, perdóname por favor, no quería que te enteraras así…Lo siento tanto mi cielo" 07:30 pm.

"Respóndeme por favor" 08:14 pm.

"Por lo menos dime en donde estás, dime si estás bien" 8:03 pm.

"Nessie, tus padres están preocupados, por favor regresa, donde quiera que estés" 8:30 pm.

"Vuelve por favor, te lo explicaré todo, por favor, te lo suplico" 9:26 pm.

Seguí leyendo cada uno, sollozando. Tenía veinticinco mensajes de ese día, y uno solo de dos días después.

"Te amo linda. No sabes cuanto deseé todo este tiempo estar contigo, y ahora no te tengo. Perdóname, sé que ahora no me merezco tu atención, pero ya no me quedan fuerzas, estos días sin ti han sido terribles para mí y para todos. Sin tan solo estuvieras aquí. ¿Sabes? Es una tarde fría, necesito tu cuerpo y tus besos, te necesito tanto como el aire mi amor. Pero iré por ti, te encontraré y te haré amarme tanto que moriré. Lo prometo. Te amo Renesmee." 05:00 pm.

Rompí a llorar de nuevo.

-Cumpliste tu promesa Jake – murmuré apretando el celular en mi pecho.

Esa tarde, releí los mensajes de Jake una y otra vez. Nunca, nunca en mi vida había apreciado tanto el aparatito que tenía en mis manos. Saber que esas palabras las escribió él, y saber que nunca pude leerlas en su momento….Eso definitivamente me hubiese hecho regresar a sus brazos. Pensar que de haber regresado Jake no estaría "desaparecido" o tal vez si… No lo sabía, pero estaba segura que todo hubiese sido distinto.

-Te amo – murmuré a mi almohada empapada de lágrimas.

Cerré los ojos y quise quedarme dormida y soñar con él. Tal vez sucedió porque en algún momento me vi a mi misma en un lugar oscuro. Comencé a caminar a tientas, buscando un lugar donde apoyarme, donde esconderme. Mis dedos tocaban algo rustico, parecía piedra y estaba un poco húmeda, seguí caminando y luego sentí que tropecé con algo frente a mi. Con temor alargué la mano y tanteé. Ahora mis dedos se deslizaban por algo suave, terso casi divino. Estaba tocando una espalda, una ancha y musculosa. El dueño de eso maravilloso, se dio la vuelta, casi sentí su aliento dentro de mi boca.

-Jake – dije al reconocer esos labios, su rostro.

Lo abracé.

Él también lo hizo, como siempre. Hundió su rostro en mi cuello y se estremeció cada partícula de mi cuerpo. Entonces, aspiré su aroma y sentí la urgencia florecer a través de mi piel.

-Jake – Jadeé su nombre.

Vi eterno el momento antes que acercara su rostro al mío. Nos besamos. Fue como siempre, mejor que siempre, sus labios se movían dóciles sobre los míos, era maravilloso volver a sentir la dulzura de su boca, de su lengua. Con suavidad me empujó hacia la pared besando mi rostro, besando el trayecto de mis lágrimas que hicieron presencia, sus manos pasearon por mis caderas y luego con delicadeza me alzó mientras yo enroscaba mis piernas en su cintura. Se separó un poco de mi y me miró.

-Te extraño – musité.

Él sonrió.

-Me has olvidado – dijo. Su voz era seca.

-No – respondí horrorizada – No te he olvidado mi amor.

-Está vez, si.

-¿Qué?

Me besó de nuevo.

-¿Que quieres decir? – pregunté sollozando.

-No llores, no llores más.

-No puedo evitarlo. Has muerto, no estás aquí.

-Aquí estoy – dijo acusándome con la mirada.

Toqué sus mejillas, estaban frías y sudorosas.

-¿Donde?

-No me olvides – repitió.

-No lo entiendo Jake, ¿que me quieres decir?

-Estoy aquí, ven por mí.

-¿A donde quieres que vaya?

Jake me besó de nuevo y todo se volvió borroso.

-¡Despierta! – escuché a lo lejos.

Cuando abrí los ojos mi madre me observaba con el ceño fruncido.

-¿Estas bien? Estas sudando.

Asentí.

-Estaba soñando, con Jake – murmuré.

La miré.

Mi madre asintió comprensiva.

-Me dijo que no lo olvidara…no lo entiendo mamá, no lo he olvidado. Nunca haría eso.

-Fue un sueño cariño.

-No…

Mi madre bajó la vista con desolación.

-Se que lo extrañas cariño, pero eso no hará que él vuelva – Eso fue duro.

-Quiero dormir – le dije cerrando los ojos de nuevo.

Ella me besó en la frente y me dejó sola. No tardé mucho en volver a quedarme dormida con la esperanza de verlo en mis sueños otra vez.

Me levanté temprano la mañana del Domingo, me duché, me vestí y comí una tostada con jugo de fresa. Luego tomé las llaves de mi auto decidida a salir.

-¿A donde vas? – preguntaron mis padres a la vez, completamente extrañados.

Me detuve con la mano en la manilla de la puerta y me volví.

-Voy a la Push.

Tal vez "La Push" no era precisamente el lugar mas adecuado para comenzar, pero algo me decía que tenía que ir allí. Quería continuar con mi vida y salir de nuevo, no tenía nada que ver con hacerme la vista gorda y dejar que el tiempo pasara, tampoco con encontrar a alguien que me cuidara y me quisiera como lo había hecho Jake, pero ese era el detalle, yo no quería a alguien mas, quería al propio Jake y lo traería de vuelta.

-Nessie…

Mi madre ya no tenía fuerzas para seguir encarándome, mucho menos para decirme lo mismo por trigésima vez.

-Voy a ver a Leah mamá - dije un poco confundida. No hablaba con Leah desde hace mucho.

Mis padres intercambiaron una mirada de expectación.

-Ha mejorado – dijo mi padre con una expresión de sorpresa – Muy rápido.

Me encogí de hombros.

-No me sorprende, Leah es muy fuerte.

Mi madre nos miró como si no diera crédito a sus oídos.

-¿De verdad vas a ir?

Se levantó del sofá.

-Si.

-Todo está bien Bella, le hace falta distraerse un poco.

Sonreí sin ganas.

-Nessie, se que no estás bien. Ayer apenas habías dejado de llorar y hoy te levantas como si nada hubiese pasado y me dices que irás al lugar donde vivía tu novio. ¿Que te pasa? ¿Quieres sufrir mas? ¿Aún mas?

-Bella…

-Solo quiero saber como está Leah mamá, nada más.

-Puedes llamarla.

-Bella no creo que haya problema – mi padre se calló al notar la mirada de mi madre.

-Estoy bien mamá.

Me acerqué a ella y la abracé.

-Confía en mi – añadí besando su frente.

Ella no dijo nada. Abracé a mi padre y salí de la cabaña.

Iba conduciendo mi auto algo distraída, pensaba en mi reciente sueño y en Jake. Mi madre tenía razón al decirme que solo había sido "un sueño" y estaba de acuerdo, los sueños son solo eso, sueños, y nunca podrán estar más alejados de la realidad. No sabía si era por estos días horribles que mi mente me estaba haciendo jugadas sucias, pero extrañamente desperté esa mañana con la clara decisión de no quedarme sentada sin hacer nada, algo no encajaba en todo esto, un pieza, un cabo suelto, algo no terminaba de convencerme y lo iba a resolver. Mientras tanto, pensaba por qué iba a la Push a ver a Leah.

Tras el accidente había perdido todo contacto con la gente de la Push, ellos tampoco habían tratado de saber de mí lo cual me pareció extraño pues siempre fueron amables conmigo y mi familia. Mientras me acercaba, la playa se extendió a mi vista y una sensación de añoranza me atravesó el corazón. Aquí había pasado tantas cosas hermosas con Jake, tantos momentos inolvidables y es que ¿donde no? cuando se trataba de Jake todo resultaba tan maravilloso. Bajé los cristales de la ventanilla y aspiré el olor a salitre que emanaban las olas en el viento. Cuando llegué me detuve un segundo a admirar ese momento, había gente, niños jugando en la orilla con sus palas y tobos de arena, felices, tan alegres y contentos por el día soleado que me sentí contagiada por ellos. Aparqué en la orilla de la carretera y me bajé del auto.

Caminé un poco, solo un poco, quería acercarme a ese lugar. Jake siempre me había dicho que el mejor lugar para recordar los mejores momentos era en la playa. Allí me llevó cada tarde, después de la merienda que juntos devorábamos en su casa. Allí le pregunté tantas cosas de mi vida, de nosotros, allí lo vi un día correr y saltar las olas mientras admiraba su cuerpo. La playa era el lugar donde hacían las barbacoas, las noches de historias y de risas, de fiestas y de los mejores ocasos que había tenido la oportunidad de presenciar junto a él. Era impresionante cuando el sol se ocultaba tras el horizonte y nuestras miradas quedaban a oscuras pero no envueltas en las sombras, ese brillo excepcional de sus ojos iluminaba hasta la oscuridad más cegadora. Cuantas veces tuve la oportunidad de besarlo allí, muchas, cada tarde tal vez.

Cerré los ojos y me dejé llevar por unos segundos rodeando mi abdomen con mis brazos. El sol estaba en su punto más cálido, casi me quemaba las mejillas y la brisa daba contra mi cara contrarrestando el efecto en mi piel, cálido y frio a la vez.

-"Te voy a ganar Jake, tendrás que hacerlo mejor ¡Vamos, corre!"

-Allá voy – dijo Jake cuando comencé a alejarme.

Corrí a gran velocidad por la orilla de la playa, lo cual era un reto pues la arena, blanda a causa del agua, me absorbía los pies.

-Gané, Gané – grité después de un minuto agitando los brazos cuando llegué a las piedras.

Jake llegó un segundo después con una sonrisa enorme en su rostro y mientras se recuperaba me acerqué a él y le planté un beso en la mejilla.

-¿Sabes que eres el mejor no?

-¿Lo soy?

-Si – dije sonriendo aun más.

-Y tú eres…

-¿La mejor? – lo interrumpí.

-Si, desde luego que sí.

Reímos juntos.

-¿Quieres caminar? – preguntó el lobo ya haciéndolo.

Estuvimos caminando en silencio durante unos minutos, hasta que me llegamos a la carretera donde nos esperaba su auto.

-Nessie…

-¿Si?

Nos miramos.

-Te quiero linda.

Lo abracé.

-Yo también te quiero Jake, mucho.

Nos abrazamos por un largo tiempo hasta que él se separó de mí y me tomó de la mano para volver al auto.

-Espera Jake – le dije frenándome.

-¿Que sucede?

-¿Me traerás mañana?

Él sonrió y se acercó a mí tomándome de las mejillas.

-Cada vez que quieras y cuando me lo pidas.

-Es nuestro lugar.

-Si, nuestro.

Respiré profundo cerrando los ojos esperando que nunca se acabara ese momento. Entonces, me besó la frente.

-Disculpe Señorita.

Me sobresalté.

Cuando me volví el oficial de la policía costera me observaba con una sonrisa amable.

-¿Diga? – musité.

El hombre se quedó observándome unos segundos.

-¿Se encuentra usted bien? – preguntó el hombre mayor, se veía agotado, cansado por el servicio de muchos años.

-Si, gracias.

Me sequé las lágrimas con el dorso de la mano.

-¿Es suyo? – señaló a su espalda con su dedo pulgar. Mi auto estaba allí.

-Sí.

-Pues no debe dejarlo allí ¿sabe? No hay muchos maleantes por aquí, pero definitivamente los hay, y quieren autos como ese. Tampoco está permitido estacionarlos en esta zona, si lo desea, puede moverlo un poco y lo deja más seguro en aquel lugar – Señaló el aparcamiento.

Miré el Camaro que descansaba en la orilla de la carretera con la puerta del piloto abierta.

-Lo siento oficial, es que… solo me detuve un segundo a mirar y se me pasó.

-Lo entiendo, este lugar es hermoso. Atrapa ¿no es así? Pero no vengo por eso, la verdad es que estaba conduciendo casi a doscientos y ya sabe que esta carretera es un poco inestable, ha estado lloviendo mucho, pudiste haber sufrido un accidente.

Entorné los ojos.

-¿Debo firmar algún talonario de multa? – solté risueña.

El oficial frunció el ceño.

-Lo siento hija, es mi deber. Debe entregarme su documento de identidad y su licencia.

-¿Seguro? – pregunté con una media sonrisa.

-Claro – contestó el hombre un poco confundido por mi reacción.

-Bueno, permítame un segundo.

Corrí hacia el auto y saqué mi licencia "falsa" pero tan real y autentica como si viniera del instituto de transporte. Abrí la guantera y se la entregué al oficial. Él la verificó unos segundos.

-Muy bien señorita Cullen – me entregó la licencia – ¿Es de la Push?

Lo medité por unos segundos.

-Mi esposo…es de por aquí – dije con la voz quebrada.

¿Esposa? Me gustó como sonó aquello. Era la señora Black, aunque ahí solo es Cullen.

-Oh, claro – el oficial me entregó de nuevo la licencia. Al parecer no vio extraño que una chica de mi edad estuviese casada. Sacó el talonario, escribió y luego arrancó una hojita, me la extendió y yo la miré esperando que fuera una cantidad enorme. Algo que dejara en blanco mi cuenta bancaria, siempre habia querido gastarlo en cosas mundanas.

-¿Doscientos dólares? – lo miré desilusionada.

-Eh... si.

Suspiré.

-De acuerdo.

Entré el auto, busqué en mi cartera y saqué los cien dólares de mi multa por conducir a alta velocidad y aparcar el coche en zona prohibida. Me volví y se lo entregué.

-Gracias señorita.

-¿Puedo irme ya?

-Claro hija, siga.

-Muchas gracias.

-Adiós – me saludó con la mano – Ten cuidado ¿eh?

-Claro, Adiós – le sonreí.

Un segundo después me subí al auto y el oficial me ayudó a cerrar la puerta. Encendí el motor y él siguió su camino montando en una bicicleta de playa.

En otra ocasión, me hubiese sentido eufórica por mostrarle mi licencia de conducir a un oficial, y no es que nunca pensé que no lo haría, mas bien llegué a suponer que iba a ser la única habitante de Forks que multarían demasiadas veces. Pero mi auto lo había usado, con esta, en dos o tres escasas oportunidades, así que me pareció divertido, solo un poco, que el oficial le pidiera su permiso de conducir justo a la nieta del Sheriff. Cuando mi abuelo vea esto en la estación, le dará un ataque – pensé.

Sonreí.

Conduje por el pueblo. Ya se había puesto húmedo el ambiente, iba a llover por supuesto, pero el sol aún iluminaba las copas de los árboles. Una punzada de nervios me atacó el estomago cuando comencé a conducir justo por la calle donde estaba la casa de los Black. Me armé de valor y no quité el pie del acelerador, tenía que pasar justo por ahí para llegar a casa de Leah, y no quería, no podía detenerme.

Cerré los ojos con fuerza y los volví a abrir como si esperara que desapareciera de mi vista por arte de magia. Pero ese tipo de magia no era real, la casita de techo rojo de Jake y su padre seguía allí. Parecía desolada y sin vida, olvidada. Mi pie dejó de presionar el acelerador y el auto se detuvo por completo en la calle frente a la casa. La observé con un peso en el pecho que poco a poco se fue convirtiendo en pena, en dolor, y tristeza.

No tenía valor para hacer lo que iba a hacer, pero era algo que caracterizaba a Renesmee Cullen. Apagué el motor y abrí la puerta, solo un poco, con la indecisión grabada en todo mi cuerpo. No entendía por qué me estaba haciendo esto, Jake yo no estaba allí dentro, él no me daría la bienvenida en la puerta, no me llevaría al taller para hablar y comer helado. Empujé la puerta y salí por completo.

Un segundo después estaba caminando hacia la puerta principal. Llegué al porche y subí el escaloncito que tantas veces pisé. Me acerqué y con dedos temblorosos toqué la madera dos veces. No hubo respuesta. Seguido de eso, me asomé por la ventana. Todo estaba oscuro, el televisor que descansaba en la salita estaba apagado y no se escuchaba absolutamente nada dentro.

-¿Billy? – pregunté, solo por si acaso.

Nada.

Justo cuando me iba a dar la vuelta para seguir mi trayecto tuve el impulso de volver. Me detuve perpleja y miré a mí alrededor. No había nadie por allí, ni personas, ni autos, ni animales, todos parecían haberse ido. Me giré a la puerta y la forcé, no tuve que hacer mucho, la destartalada y vieja cerradura cedió con una ligera sacudida. Sentí que estaba siendo demasiado osada.

Caminé dentro dando solo unos pasos, con un temor que sabía exactamente de donde provenía, pero fui directo al lugar que quería. La habitación de Jake.

Mis pies temblaron cuando atravesé el pasillo para llegar a su habitación. ¿Dónde estaban todos? ¿A dónde habrán ido Beck y Billy? Era extraño pues ellos nunca abandonarían su hogar, mucho menos Billy quien conservaba recuerdos hermosos de esta casa. Tal vez, al saber lo de Jake decidieron alejarse un tiempo, era lo mas probable. Ellos se alejaban y yo regresaba. Era masoquista, lo sabía, pero me fue inevitable no venir a su habitación.

Cuando dejé atrás la habitación donde dormía Beck con su hija sentí un escalofrío en todo el cuerpo, la próxima era la de Jake. Avancé con valor y colocando una mano en la manilla de la puerta, respiré hondo y la giré.

Parpadeé.

Adentro todo estaba relativamente igual. Todo seguía idéntico, salvo que habían hecho su cama y limpiado el piso, pero de resto, todo permanecía como lo recordaba. Con fotografías pegadas en las paredes, afiches, y cuadros de su madre. Los escasos libros que tenía, en una esquina descansaba su caja de herramientas y algunas piezas destrozadas de algo que desconocía. Me acerqué a su cama y toqué las sábanas que habían estirado quien sabe hace cuanto tiempo, pero no estaban lavadas, así que su aroma estaba allí, impregnado en cada hilo entretejido.

Caí sobre ella como si me hubiesen empujado con fuerza, tanto que sentí dolor en los huesos. Me quedé allí, inmóvil por varios segundos sin saber que hacer. Estiré los brazos y tomé la almohada que aún tenía el hueco en el medio donde posaba su cabeza cada noche. Hundí mi rostro en él y respiré profundo. No quería llorar. –"No llores, vamos se valiente, se fuerte." – pensé. Pero no pude.

Apreté los labios intentando fallidamente no soltar el llanto, pero ya mis lágrimas corrían silenciosas por mis mejillas. Grité. Apreté la almohada contra mi pecho y lloré, lloré fuerte, lloré con verdaderas ganas, porque estaba sola en esa casa, en su cama vacía y abandonada, y no estaban mis padres para contenerme. –"No llores, no llores mas" – lo recordé en mi sueño de la noche anterior. Era liberador llorar y gritar porque por alguna razón esa presión que me oprimía el pecho se desvanecía, me dejaba cansada y agotada como para seguir y luego venía la calma, la razón, venía la fuerza de su voz en mi cabeza diciéndome que siguiera adelante.

Me levanté de allí dejando todo como estaba y fui hasta su armario donde apenas, recordaba, tenía ropa, y lo abrí. No había nada, estaba vacio.

Fruncí el ceño.

Me fui a los cajones en la parte de abajo y tiré de ellos, pero tampoco encontré alguna prenda de vestir de Jake.

-¿Que?

Seguí buscando por todos lados pero no tuve suerte. La habitación de Jake no era tan grande, así que toda su ropa era visible, ya fuera en su cama, debajo de ella, encima de cualquier cosa o en su closet, pero no había nada, nada. De pronto me sentí molesta. Tampoco estaban sus cosas personales ¿Qué demonios habían hecho con ellas? Me puse las manos en la cintura y miré a mí alrededor tratando de pensar. Seguramente Beck las había echado a la basura, o Billy. Daba igual, ¡Demonios! Eso me pertenecía.

Salí de la habitación con paso firme y cerré tras de mi. Caminé por el pasillo y entré a la habitación de Rebecca, luego a la de Billy, pero sin suerte. No sabía por qué sentía que sus cosas me pertenecían, tal vez porque era su esposa, tal vez porque él hubiese querido eso. O tal vez no. No quería todo, solo necesitaba algo de él y no es que había entrado allí para robar precisamente.

Me mordí los labios.

Al salir de la casa, volví a forzar la cerradura para que quedara bien y no pudieran abrirla tan fácil como lo había hecho yo. Algo que me había enseñado muy bien Emmett. Subí al auto y pisé el acelerador secándome las lágrimas con rabia. Conduje a la casa de Leah que estaba a unos Kilómetros, donde vivía sola desde que Sue se había ido con Seth a casa del abuelo Charlie.

La casita blanca de Sue si parecía habitada y es que era típico de un lobo tener todo en extremo desorden. Cuando llegué al porche, hojas secas y basura me dieron la bienvenida, además de bolsas donde había muchas latas de cerveza y envases de comida rápida. Toqué la puerta.

Esperé impaciente hasta que unos pasos se escucharon acercarse a la entrada. Leah abrió la puerta con cara de poco amigos. La miré de arriba abajo.

-¡Nessie! – dijo sorprendida justo antes de cerrar de nuevo en mi nariz.

Golpeé de nuevo.

-¿Leah? – Pregunté sorprendida - ¿Estas... desnuda?

-Ya voy… ¿que? No – respondió riendo desde adentro – Tengo puesta una camisa.

-¿De hombre?

Ella no respondió.

-¿Quieres abrir? Tenemos que hablar.

-Espera…dame…dame dos horas.

Me enfurecí.

-¡Leah abre la maldita puerta ahora mismo! – dije golpeando la madera que vibró amenazadoramente.

La puerta se abrió de nuevo pero esta vez no era Leah.

-Dijo que esperaras, tesoro ¿que no escuchas?

Un hombre alto y moreno, con aspecto de no haber dormido en muchas horas y completamente desnudo apareció frente a mí. Me di la vuelta en seguida.

-Leah… ¿Qué?... – dije sorprendida.

-Lo siento, lo siento, espera un segundo – Volvió a hablar Leah - Luck, ven aquí. Vístete idiota y sal de mi casa ahora mismo.

-Si quieres… puedo volver después – dije con vergüenza.

-No te muevas – me ordenó.

A mi espalda volvió a cerrarse la puerta. Unos segundos después volvieron a abrirla y a mi lado pasó el grandulón sin camisa y con pantalones medio abiertos.

-Llévate toda esta porquería – dijo Leah pateando las bolsas de basura con sus pies descalzos.

-Está bien – dijo Luck con fastidio.

Las tomó y se volvió para lanzarle un beso a la chica que permanecía apoyada en el marco de la puerta con la cara desencajada.

-¿Nos vemos luego preciosa?

Alcé una ceja y miré a Leah. Ella soltó los brazos de su pecho y caminó hacia el chico mirándolo fijamente.

-Vete al diablo – le dijo con arrogancia.

El Chico sonrió y la tomó del cuello con vehemencia besándola. Miré a otro lugar.

-Llámame – dijo Luck antes de darse la vuelta.

Cuando desapareció del lugar una muy avergonzada Leah se volvió hacia mí y me habló con voz muy baja.

-¿Quieres entrar?

-Creo que es mejor que me vaya – dije repentinamente triste.

-Oye – dijo acercándose hasta mi – Espera…

Su rostro identificó mi expresión porque se entristeció igual que yo.

-Vamos adentro – me invitó.

Una vez allí no sabía por donde caminar.

-Disculpa el desorden, es que… estos días – mientras hablaba iba de aquí para allá recogiendo ropa, zapatos y cualquier cantidad de cosas – He estado bastante…ansiosa. No soy así, es que literalmente dejé de ser como soy. No es nada malo, es un ligero desorden y ya.

-Te ves cansada.

-Muchas noches sin dormir.

-Puedo imaginar por qué.

Ella evitó mirarme. Sabía que Leah estaba haciendo todo esto por una sola razón. No solo a mí me había afectado la muerte de Jake, a los de la manada también, sobre todo a su Beta.

-¿Leah estas bien?

La chica se detuvo.

-Si – dijo con desinterés – Claro que si.

-Pues no lo creo.

La loba pasó frente a mí con rapidez. Entró a su habitación y segundos después salió vestida, decentemente.

-¿Quieres tomar algo?

-No, estoy bien.

-Pues yo si.

Avanzó hacia la cocina y abrió la nevera. Tomó una cerveza, la abrió y se la llevó a la boca, dio un trago largo y luego se apoyó de la barra de la cocina. Sin dirigirme una mirada.

-Luck, es…un amigo – se encogió de hombros – Ha dormido aquí por varios días, no es tan malo ¿sabes? – se dio otro trago – Puede parecerte extraño, pero no me siento sola, cuando estoy con él puedo…ya sabes – Se bebió el último trago y dejó la lata vacía encima de la barra para tomar otra.

-¿Leah quieres dejar de beber? – Avancé hacia ella – No importa que tengan sexo ¿sabes? Me alegra que estés con alguien, Lo malo es lo que haces contigo. Estás bebiendo, fumando ¿que crees que te estas haciendo? Mírate.

Ella bajó la mirada y dejó la lata de nuevo en la nevera. Nos quedamos en silencio.

-¿Como estas? – preguntó ella con timidez.

Me encogí de hombros.

-Lamento no haber ido a verte antes.

-Está bien.

Ella caminó hacia la sala y yo la seguí. Nos sentamos en el sofá una al lado de la otra.

-¿Donde están las cosas de Jake? – pregunté inesperadamente. Su nombre me produjo un escalofrío en la nuca – Fui a su casa y no había nada. ¿Dónde están?

Leah entornó los ojos.

-¿Fuiste a la casa de los Black?

-Es lo que acabo de decir.

-¿¡Pero que te pasa! ¿¡Estás loca…!

-¿¡Que hicieron con sus cosas! – la interrumpí alzando la voz.

La chica se quedó inmóvil.

-Billy las guardó en el taller – inquirió en voz baja.

-¿Por qué las sacaron de su habitación Leah?

Mi respiración se aceleró.

Ella me observó con cierta compasión en sus ojos.

-Según Billy, nadie más las va a utilizar.

-¿A donde fueron?

-Hawái.

-¿Hace cuento?

-Poco menos de un mes.

Apreté los labios. Estaba furiosa y lo mejor era que no hablara.

-Nessie estuviste llorando…

-Que te puedo decir Leah – me levanté del sofá y comencé a caminar de un lugar a otro– ¡Jake está muerto! Por supuesto que lloro, a veces quiero gritar también… Él ya no está conmigo ¿Y sabes? Duele mas por las noches, es cuando mas deseo estar con él. ¡Si, lloro! Porque es lo único que se hacer. Llorar por él.

Leah abrió la boca para hablar pero no salieron palabras. Volví a sentarme a su lado con las manos en el rostro.

-Ya no quiero llorar mas Leah – dije entre mis manos – Ya no puedo con esto, trato de ser fuerte, pero es imposible no puedo.

Leah me dio unas palmaditas de afecto en el hombro.

-Tú eres más que fuerte, eres…increíble.

Negué con la cabeza.

-Juro que no puedo más…

Sollocé.

-¿Por qué? ¿Por qué simplemente no puedo continuar con mi vida? – La miré con los ojos empañados – ¿Por qué no puedo solo llorar su pérdida? ¿También tengo que sentirme así? Como si no existiera más nada en el mundo por lo que valiera la pena vivir… A veces siento que debí morir con él.

-No digas eso.

-Es que…hay personas que les pasa igual, pierden a alguien, les duele al principio, pero al final siguen con sus vidas y consiguen superarlo ¿entiendes? así como Jake quería que fuera conmigo. Mi problema es que no tendré esa oportunidad, no podré ser feliz nunca, con nadie…

-Entiendo. Es como una maldición.

-No dije eso – mis ojos llamearon hacia ella – Jake fue lo mejor que me pasó en la vida.

-Lo sé. Pero es verdad lo que digo.

-¡Que no!

-Oye ¿cálmate si?

Me crucé de brazos.

-Hay cosas que tú no comprendes aún sobre la tribu – dijo.

Eso me hizo enfurecer.

-Si no lo comprendo es porque nunca me lo han explicado – Solté entre dientes – ¿Además ya qué?

Leah resopló.

-Mira, te contaré una historia…

-No estoy para historias Leah, ya no quiero escuchar mas historias ancestrales ¡Ellos no protegieron a mi Jake! –Grité.

Me sentía al borde del colapso.

-Allá tu si quieres creer o no – dijo ignorando mis palabras – Vamos Nessie, no pareces la chica que se fugó con su novio y se casó en medio de un bosque.

Sus palabras me hirieron pero eran ciertas.

-¿Cual es la historia? – pregunté con un hilo de voz.

Ella me miró con recelo pero aún así habló.

-Se dice que el primer amor…No soy buena contando historias, nunca lo hice en las fogatas…

-Inténtalo por el amor de Dios.

-De acuerdo – Respiró hondo y continuó – Durante mucho tiempo ignoré el verdadero significado del amor. Creía que se trataba de un simple apego, ligado al sexo y la necesidad del cuerpo por sentir al otro.

-¿Esa es tu teoría? – la interrumpí.

Puso cara de pocos amigos.

-Si, es lo que creía – Afirmó – Pero eso cambió cuando los vi a ustedes, cuando Jake te vio por primera vez. ¿Te conté que estuvo pensando por más de un mes en el día que te imprimó? Todos supimos que otra de las historias ancestrales, se estaba repitiendo.

Bajé la mirada, me costaba creer aquello pero dejé que ella continuara. Me estaba fastidiando lo de las historias, no podía ser que a estas alturas del partido mi vida tuviera que ver solo con "historias ancestrales."

-Bueno la verdad es que a mi me costaba creerlo ¿sabes? Pero estaba siendo estúpida y egoísta. Si yo no era feliz ¿por qué los demás si? Entonces, te conocí mejor, y todo cambió. Nessie la historia se trata de un guerrero y su novia. Ella creció en un condado de Washington rodeada de lujos y él en una reserva, con culturas totalmente distintas, distintas razas, distintas creencias. Se dice que fue la primera impronta de un Quileute por una chica que no pertenecía a la localidad.

-¿Estamos hablando de Taha Aki?

-No, estamos hablando de mucho antes que él.

Asentí.

-La historia tiene su historia Nessie y es como se consolida nuestra cultura. El guerrero la conoció cuando ella y sus padres estaban de visita en el lugar, dicen que fue amor a primera vista, el mas puro pero también el mas real de todos. Una conexión, un poder infinito que los unió y que nunca mas los pudo separar. Algo poderoso, inclusive más poderoso que la magia.

-¿Que tienes esto que ver conmigo y Jake?

-Ustedes pertenecen a distintas especies, naturalmente enemigas. ¿Sabes lo que significó que Jake se imprimara de ti? ¿La unión de dos especies que estuvieron en guerra por más de un milenio? Por eso tu historia con Jake es tan igual a la de ellos dos.

Me quedé en silencio.

-Lograron verse muchas veces, se entregaron uno al otro – Ella me miró, sentí sus irónicas palabras sobre mi – Ella desafió las órdenes de su padre y él las de su jefe. Así mismo consolidaron su amor, contra todo y todos. Entonces, después vino la guerra. Sus familias se mataban entre si y ellos al ver tal desastre huyeron, se fugaron juntos.

Suspiré fascinada por la forma en que Leah me decía todo eso. Era como si estuviese viviendo ese momento con Jake.

-Pero ahí la historia cambia, y deja de parecerse mucho a la tuya. El guerrero al ver que había escapado, dejando a su familia muriendo a manos de los soldados que a su vez eran familia de ella, no pudo con la culpa y se suicidó.

Puse una expresión de horror.

-La chica quedó maldita, maldita de amor, de necesidad por su alma gemela y al poco tiempo se ahogó en un rio.

Ella esperó mientras yo tragaba con dificultad.

-De nuevo, ustedes cambiaron la historia. Hoy en día, el anciano declaró la guerra y amenazó a su pueblo, ¿pero que sucedió? Ustedes siguieron adelante con su amor, y por el lucharon juntos. Regresaron a luchar, no se quedaron ocultos y por ese amor murió Jake, algo que el guerrero no se atrevió a hacer, por cobarde y por eso tú estás sufriendo cariño.

Sollocé.

-Lo extraño tanto Leah, tanto…

-Lo sé. Pero debes ser fuerte Nessie, él hubiese querido que tuvieras voluntad. Es esta…conexión que hay entre ustedes, tan fuerte que podría decir que es hasta mas poderosa que la de los demás lobos, es por eso que no puedes desprenderte de su alma, no puedes olvidarlo y nunca lo harás. Ahora tú tienes que cambiar tu destino, lo que no hizo la novia del guerrero.

-Pero es que no puedo…no se…

-¿Entiendes la historia? ¿Sabes por qué te la cuento?

Negué con la cabeza, no pensaba en ese mismo momento con claridad.

-Por qué se que vas a luchar por mantenerte viva. Porque por más que te duela, por más que lo extrañes y lo desees, siempre vas a ser esa chica de la que él se enamoró a primera vista. La única. Tú cumplirás tus votos, los que le prometiste frente a mí y todos los ancestros y lo harás porque lo amas de verdad, porque lo que sientes por él duele, y duele mas porque lo necesitas contigo ahora.

Me senté en el sofá con la mirada perdida y desbordada en lágrimas.

Si en esta locura había algo cierto era que por alguna razón esa mañana, me había levantado con la única intención de venir a ver a Leah, tenía el presentimiento que ella sabía que yo iría por una respuesta.

-Te dije que la unión espiritual era la más importante, es lo que hace que sus almas y espíritus se conviertan en uno.

-Dime que debo hacer – le supliqué.

-No...No lo sé – ella me miró con desolación – Solo sé de verdad que ustedes se unieron allí ese día y que por mas que Jake no esté…

-Él siempre va a buscar la manera de volver a mi – terminé su frase –Lo sé…Él me lo dijo…

Abrí la boca.

-¿Es una locura no crees? – preguntó Leah emocionada.

-Leah me tengo que ir – le anuncié ya corriendo a la puerta.

-¿Pero...a donde vas? – dijo siguiéndome.

-A mi casa…necesito…

No sabía que era lo que debía hacer en ese preciso momento, pero estaba segura que las ideas me vendrían a la cabeza como siempre y haría lo primero que mi instinto me dijera. Me volví hacia Leah y la abracé a modo de despedida.

-No te veré en algún tiempo - dijo con la mirada triste.

-Regresaré – le aseguré.

-¿Que harás?

-No lo sé…de verdad no lo sé Leah, no tengo idea – grité a mi espalda corriendo al auto.

-Adiós – le escuché decir.

-Adiós – repetí antes de subir a mi auto.

No me importó el marcador de velocidad en el tablero cuando aceleré derrapando para dar la vuelta en la calle. Eran los doscientos kilómetros más importantes de mi vida. Quería llegar a casa para despedirme de mis padres e irme, ellos se descompondrían en pedazos, pero tenía que hacerlo. Jake era mi vida, era el complemento de mi alma y sin ella era imposible que siguiera viviendo. Lo amaba con todo mí ser. ¿Esperanza? Tal vez un consuelo, un rayito de luz en medio de una oscuridad cegadora. No tenía que esperar más que él viniera por mí, yo iría por él. Amaba a Jake y lo traería de vuelta, no iba a descansar hasta encontrarlo y traerlo conmigo.

Mi teléfono comenzó a sonar como loco, una llamada.

-¿Diga? – dije sin ver quien era.

-Nessie…

-¿Alice? Hola… ¿estas bien? – pregunté al notar su voz tensa. Algo que era extraño en ella.

-¿Nessie donde estas? – preguntó de nuevo. Parecía muy nerviosa.

-Voy camino a casa – le dije.

-¿Donde estabas?

-En la Push – dije pensándolo bien – Tía Ally que…

Ella se quedó en silencio y luego colgó la llamada.

-¿Y ahora que? – dije dejando el teléfono a un lado.

Conduje más y más rápido. Algo estaba sucediendo y comenzaba a ponerme demasiado nerviosa. Atravesé la carretera, como una bala, que estaba cerca del desvío en el bosque y las sirenas de un auto policial comenzaron a sonar tras de mi con insistencia.

-Oh, no – dije.

Estacioné el mi auto afuera de la mansión y corrí a la puerta. Abierta por supuesto. La empujé y pasé.

Todos estaban allí, en el salón. Los miré uno por uno.

-¿Nessie estas bien? – Alice fue la primera en preguntar, todos los demás parecían estar en shock.

-Si – dije con cautela acercándome a ellos.

Medio sonreí.

-Me han multado…dos veces – dije alzando los papelitos mirando a Emmett. Pero este no sonrió ni me guiñó un ojo.

Me preocupé.

-¿Que pasa? – pregunté.

Mi madre sonrió y susurró.

-Nada…

-¿¡Nessie estas embarazada! – soltó Alice incapaz de contenerse.

Mi corazón se apretujó en mi pecho como si estuviera tratando salirse de su lugar y casi sin palabras alcancé a murmurar.

-¿Qué...


Gracias por el tiempo mis lectores y lectoras, gracias por comentar y muchas gracias por ser tan constantes y cariñosos con cada capi.

BESOSSSSS!

Nos leemos pronto!

Cuídense y lean muchote.!

Chauuuu