Disclaimer: los personajes son propiedad de la fabulosa Stephenie Meyer, yo solo los uso para mi locas historias...

lo prometido es deuda niñas aqui otro cap, de esta historia no me maten pero la historia va a dar un giro muy grande de aqui en adelante, no todo puede ser miel sobre hojuelas verdad?

y mmmm agradecer a mi preciosa beta en esta historia y que me a ayudado demasiado pazDouce gracias nena!

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Capítulo 2

Jueves 14 de Febrero - 2008

—Buenos días Bella. ¡Levántate ya! Es un día tan hermoso—el chillido resonó con intensidad en mis oídos. Me levanté de golpe.

—¡No veo nada especial en este maldito día, Alice!—le grité hecha una furia.

—Primero: No. Me. Grites. Segundo: ¡Hoy es un maldito día de San Valentín!—dió salitos por la habitación.

—¿Y qué hay con eso? Por si aún no lo habías notado, Edward, Jasper y Emmett están al otro lado del mundo así que... ¡Me importa un carajo!—no aguantaba esa actitud, tan positiva. No iba a celebrar el día del amor, cuando el mío estaba a kilometros de mí.

—Yo pensé que si te importaría—susurró Alice con aire extrañamente misterioso—¡Y mucho más por esto!—sacó algo por detrás de su espalda.

—¿qué es esto?—le pregunté con inseguridad. Si era lo que yo pensaba...

—¿Lo quieres, Bells? Tendrás que hacer algo que enmiende mi 'no-atención'—la volví a ver con evidente interés. Maldita, me estaba enloqueciendo.

—¡Que demonios quieres, Alice!—solté un grito desesperado.

—¿Qué pasa? ¡Por qué no me han invitado a los gritos!—llegó Rose a mi habitación. Como la conozco, se uniría al diablo que tenía sentaba imponente en mi casa. No le presté atención, volví a ver a Alice.

—Ok, Bells hermosa... quiero que nos acompañes al baile del día de San Valentin, esta noche. ¡Te hemos rogado toda la semana! Sé que te quedarás toda la noche enviandote correos con Edward, en lugar de ir y divertirte. Edward se conectará ahora, para qué luego no lo haga. Él quiere que tú vayas al baile—así que los malditos se habían puesto de acuerdo y yo no lo sabía, obviamente. ¡ok!

—¡Dame eso, Alice! No iré a esa maldita fiesta por qué simplemente NO-TENGO-GANAS-DE-IR—salí disparada detrás de ella apenas vió mi intención de salir corriendo.

—¡Dame eso, carajo! Juro que iré a tú cuarto y quemo todos tus adorados vestidos—le grité furiosa.

—¡No, no, no, no! Es broma, Bells. Pero vamos ¿sí? ¿Por favor?—hizo un puchero, poniendo esa angustiosa carita. No alcancé a contestarle cuando...

—¡Isabella! ¡Alice! ¡ME PODRÍAN EXPLICAR QUÉ ES ESTO!—un grito furioso de Reene nos hizo saltar a ambas, le sorprendió que sus hijas estuvieran tiradas en el piso... aparentemente peleandose.

—Nada mamá. Alice tiene algo que es mío y no me lo quiere dar—le dije señalando la carta.

—¿Y de quién es? ¡Oh, no me digas que es otra carta de Edward! Awwww—suspiró soñadora.— ¡Abrela, abrela hija!—¡qué mierda! Odiaba esas reacciones tan inmaduras, infantiles y quizás algo estúpida. Oh, claro a alguien tendría que haber salido Alice.

—No. La abriré en mi cuarto—las miré a las dos, e hize ademán de irme.

—Esta bien, Bella. Pero después me contarás ¿si?—ajá, si claro. Como si en algún futuro cercano le fuera a contar algo a Reene. Sabía como era Reene e iría corriendo a contarle todo a Esme, la mamá de Edward. Chismosas.

Alice me siguió como perrito faldero hasta mi cuarto, tratando según ella de convencerme.

—Ok, Alice... iré a leer la carta de Edward, luego hablamos pero...—suspiré—¡Por el amor de Diós, dejame en paz!—le grité.

—¿Y porque no te acompaño a leerla?—me dijo dando saltitos.

—Alice—advertí con la voz.

—Esta bien, esta bien, mensaje recibido. Dentro de 30 minutos vengo ¿de acuerdo?—no me dió tiempo de responderle por que se escapó.

Dejé de lado mi pensamiento y entré a mi cuarto. Este era una combinación de colores hermosos. Cortesía de mi suegra, Esme Cullen. La combinación de crema, verde manzana, lila, morado y vino guinda. Mi cuarto era mi lugar. Me encantaba estar aquí, pasar mucho tiempo en el teléfono, o en skype haciendo video lllamadas con Edward. O simplemente pensando en él. Me senté en mi pequeña silla acolchada a leer la carta. La abrí con suavidad, como siempre lo primero que ví fue la perfecta caligrafía de mi hermoso Diós griego, sentí el rubor subir a mis mejillas por el apodo que se me ocurrio para él, sin perder más tiempo comencé a leer.

Para el amor de... mi vida, Bella:

Bella, como siempre... te mando esta carta por el día de hoy. Día del amor. Que hubiera dado por pasar este día contigo, susurrarte palabras de amor, llenarte de besos y que te no te escaparas de mis brazos nunca. Pero no puedo, mis padres aún no tienen fecha de retorno a Los Ángeles, pero te prometo que apenas sepa algo tú seras la primera en saberlo, por supuesto.

Otro tema. Sé muy bien que no vas a esa fiesta que se celebra en el instituto, con motivo del día de San Valentín, pero te pido que vayas, que disfrutes...

Podía ver a Edward intentando esa mirada que tenía efectos tan certeros en mi voluntad.

Acompaña a tus hermanas, vive la vida que hay afuera de tú habitación. No te cierres, tienes que vivir tú adolescencia. No debes dejar todo ahí, estancado por mí. No es que me desagrade escuchar tú voz casi todo el día en el teléfono, pero no puedo ser injusto contigo. Mis padres, mis hermanos y yo iremos a una fiesta y no podré estar contigo así que hazme caso y vé ¿sí? Yo me daré cuenta si no fuiste a esa fiesta, así que no trates de mentirme. Te amo, amor. Y así como te lo prometí hace dos años, volveré por tí y volveremos a estar juntos... por siempre.

P, D: Ponte un hermoso vestido, pero que deje ver lo justo y necesario.

Cerré la carta y me quedé viendo a la nada... sonriendo como idiota. Hasta que sentí una familiar lágrima rodar por mi mejilla. ¿Por qué de un momento a otro le interesa que vaya a esa fiesta? ¿Será que conoció a alguien y necesita deshacerme de mí? ¿Me amará todavía?

— ¡Dios mío! ¿Qué estás pensando Isabella Swan?—me golpeé la cabeza con la palma de mi mano. Entraron Rose y Alice a mi habitación, pequeños demonios.

— ¿Podemos pasar?—preguntaron cuando ya habían ingresado.

—Ya están aquí, pasen—les sonreí. Mi ánimo había mejorado.

— ¿Por qué lloras Bells? ¿Qué pasó?—se preocuparon. Ambos ceños se fruncieron.

—Edward me dijo que hoy no podríamos vernos por internet. Y... estoy triste. ¿A qué hora es la endemoniada fiesta?—cambié de tema.

— ¡Oh, sí! Sabía que terminarías aceptado. Es a las seis, así que ya estamos muy retrasadas. Bajemos al salón de belleza, que ahí están las chicas que nos dejaran guapas—chilló una muy entusiasmada Alice.

—Está bien, no queda más remedio—suspiré con tristeza, Alice salió dando brinquitos. Rose se quedó.

—Me dirás la verdad ¿Qué pasó realmente?—era un libro abierto, no podía ocultarle nada a Rose, especialmente a ella.

—Edward me escribió en su carta que fuera a la fiesta, con mucho... demasiado afán. Diría que en exceso y no sé qué pensar con respecto a eso. ¿Será que quiere que busque a otro, para que él pueda estar con alguien que conoció por allá? ¿No me quiere más?—mis inseguridades habían salido a flote. Patéticamente comencé a sollozar.

— ¡Bells, en serio te pensé más inteligente! Emmett y Jasper nos dijeron exactamente lo mismo. No pienses eso, él te ama con locura... quiere lo mejor para ti. Qué te diviertas. —me sonrió dulcemente, pese al carácter de Rosalie. Envolvió sus brazos en mi espalda y me reconfortó.

— ¡Secarás esas lágrimas, bajaremos y seremos las malditas reinas de esta linda noche!—chilló y por un momento la confundí con Alice. Reí y asentí.

Las muchachas que mi Madre había contratado para que nos arreglaran ya estaban ahí como Alice había dicho, a pesar de que Rose y yo teníamos quince años y Alice catorce nuestros Padres nos complacían en todos los aspectos, eso incluye un salón de belleza en nuestra propia casa. Algo artificial, pero así eran mis Padres.

Comenzaron por una mascarilla para limpiarnos la piel, luego con ella puesta nos fuimos al spa, para dejar las tensiones a un lado. Pasamos al salón de nuevo y ahí comimos, unos momentos después se nos quitó la mascarilla y nos maquillaron. Peinaron nuestros cabellos, dimos las gracias a las muchachas, por su gran trabajo y subimos a vestirnos todas juntas.

Mi vestido, bueno más bien mi mini-vestido era de encaje, con corte a la cintura, de un solo hombro con un moño hermoso, unas sandalias de tacón a juego.

Rose llevaba un vestido corto, color champagne, con detalle de collar en el cuello, de pedrería. Sandalias a juego, a veces dudaba que en serio fuéramos mellizas, ella era con creces mucho más hermosa que yo.

Alice también usó un mini-vestido blanco y negro, pedrería en la parte superior y zapatos de tacón alto negros. Estábamos hermosas, de seguro como dijo Rose seríamos las malditas reinas de la noche.

Bajamos al piso inferior, no sin antes darle un beso de despedida a la fotografía de Edward. Bajamos las escaleras de mi casa, al finalizar estas estaban Charlie y Reene en el recibidor con una radiante sonrisa en sus rostros.

—Mis princesas, hermosas. Me siento orgulloso de tener tanta belleza en esta casa—un pequeño rubor cogió las mejillas de Charlie, al igual que las mías. Tan iguales.

— ¡Vayan, vayan! Se les hace tarde—nos dijo Reene dando brinquitos, como adolescente llena de hormonas enloquecedoras.

— ¡Si, vamos, vamos!—igual a Reene. Chilló Alice, por supuesto.

—Pero si apenas son las cinco, Alice—murmuramos Rose y yo al unísono.

—Sí, pero el tráfico. Ustedes no saben cuánto nos podría retrasar—rodamos los ojos y caminamos hasta la salida. Charlie se volvió y nos dijo:

—Cuídense mucho, niñas. Yo y su mamá iremos a cenar.

—Solo vamos a la escuela, papá—suspiró Rose despreocupada.

Charlie asintió en silencio a la respuesta de Rose. Hizo una señal con la mano para que nos fuéramos. Charlie logró traspasarme su preocupación, no sé por qué pero estaba nerviosa. De repente y sin ninguna razón. No por la gente si no de esos presentimientos de qué algo realmente horrible irá a pasar. Ni cuenta me di cuando nos bajamos de la limusina y nos dirigíamos al instituto.

— ¡Bella! Llegamos—me zarandeó Alice.

— ¡Uh!—dije como tonta.

—Qué-ya-llegamos—dijo lentamente como si yo tuviera un problema mental— ¿Qué te pasa ahora?

—No, no pasa nada. Nervios, simplemente.

—Ok, pero no te preocupes que estamos hermosas.

—De eso no hay duda—anunció Rose, mientras salía de la limu con ayuda del chofer.

—Gracias Demian, vuelve a casa. Nosotras te llamamos cuando nos dé la gana—rió Rose. Sacudí mi cabeza.

—Está bien señorita, como usted desee—respondió educadamente el moreno chofer.

— ¡Ok, niñas! ¡CELEBREMOS!—gritó Rose en nuestros oídos, radiante y alegre. No hay mucho que celebrar, nuestros novios estaban al otro lado del mundo, pero no dije nada. Mañana le preguntaría los motivos para 'Celebrar'. Entramos y todo estaba perfectamente decorado y cómo no hubiera sido así, si Alice era parte del comité de organización. Por no decir que ella lo planeó todo. Todo era de tonos rojos, manteles negros, rosas rojas cubrían el lugar. Se veía espectacular, la música hacia que las paredes vibraran y tomamos nuestro lugar. Buscamos a los demás chicos pero después de veinte minutos aparecieron.

—Hasta que aparecieron... ¿Dónde estaban?—les preguntó una frustrada Alice.

—Pasó que acá este inteligente hombre—y señaló a Eric—nos trajo en su auto, y nos quedamos sin gasolina a medio camino. Tuvimos que buscar ayuda, por eso el retraso—explicó Ángela, algo enojada. Eric y ella eran novios desde hace dos meses, eran unidos. Eric había cumplido sus dieciséis hace un mes y sus padres le habían regalado un auto genial, pero él era un poco torpe así que no sé cómo aceptaron venir con su auto al baile.

— ¡Eres un idiota definitivamente, Eric!—farfulló Rose y todos nos reímos.

—Veo que se divierten—escuché la voz de Jacob Black. Él había tratado de plantarme un beso a la fuerza, desde ese momento se volvió enemigo de todos. Él y su grupo de amigos. 'La manada' no eran muy queridos. Se sentaron a una mesa continúa a la de nosotros.

—Nos divertíamos querrás decir, Perro. Llegaron ustedes y... ¡Se esfumó la diversión!—les gritó una alterada Rose. En serio ella lo odiaba. Podía jurar que tenía instintos homicidas.

—Cálmate Rose, no valen la pena. Ni siquiera dirigirles la palabra a los sarnosos—sonreí con suficiencia hacia su mesa.

— ¡Amor, Bells! Vamos a ver si después de esta gran noche seguirás pensando lo mismo—sus oscuros ojos me lanzaron una mirada lasciva.

— ¡Estás loco si crees que volverás a tocarme aunque sea un pelo, maldito!—escupí las palabras. Me estaba hartando... en serio que sí.

—Eso está por verse—soltó con desagrado y se volteó.

—Para ustedes también va la advertencia, preciosas—anunciaron Sam y Jared a mis hermanas.

Rose no pudo contestarle porque en eso él director comenzó con el discurso de bienvenida. Pasamos el resto de la noche evitando miradas asquerosas que Jacob y su manada nos dirigía. Tratamos de olvidarnos de ellos y disfrutar. Nos fuimos a bailar entre todos. Cuando nos cansamos, volvimos a la mesa en conjunto. Cuando llegamos a esta observé que habían bebidas servidas, no les dimos mucha importancia y nos tomamos él líquido.

—La piña colada está deliciosa—murmuré a nadie en particular.

—Sí, Bells. Están muy buenas—respondieron Alice y Rose, que extrañamente éramos las únicas con piñas coladas. El resto tenía otro tipo de tragos.

Después de terminarme el coctel, regresamos a la pista. Raramente me sentí eufórica, con un exceso de energía. Vi que mis hermanas estaban en él mismo estado. Pero tampoco le tomé importancia. Aunque me gustaba como me sentía. Comenzó una canción algo pegajosa y bastante sensual. Me gustaba. Comencé a mover mis caderas, dejando que el ritmo fluyera solo.

Tienes un cuerpo brutal, uuhooo! (el duo dinamico) Que todo hombre desearía tocar, uuhoo! (jaaa) Sexy movientoooooo! (Suelta) Y tu perfume combinó con el viento Que rico huele

Un chico se me acercó, no sabía muy bien quién era porque no le veía la cara, la oscuridad me lo impedía. Porque yo no veía muy bien en ese momento, pero no me importó mucho. Comenzó a mover su cintura con mis caderas, bailándome por la espalda, agarrando mis caderas, mientras yo seguía moviéndome sensualmente. ¡Me sentía tan desinhibida!

(Te estoy mirando de hace rato) Mami te noto fogosa, y tú eres otra cosa Préndete ponte rabiosa Y sin pensar en mi esposa, el momento se goza Te roza como una Diosa, bien poderosa

Cenicienta, mata con la vestimenta Hecha pimienta, y se mi sirvienta Representa, usa las herramientas Y en seguida me tienta, con un vaso de menta.

Me dio la vuelta poniéndome frente a él, comenzó a dejar cortos besos en mi cuello... ¡Mi cuello! Podía sentir sus manos bajando por mi cuerpo, lentamente. Me sentía lujuriosa por la combinación de euforia y la sensualidad de sus besos, sus labios rozaron mi oído y dijo:

—No creí que iba a cumplir mi promesa tan rápido, preciosa—no presté atención. Me besó y me tomó de la mano. Me sacó hacia la calle. Creí ver una cabellera cobriza antes de subirme a un automóvil, pero no distinguí realmente quién era-

Abordé el auto. Es el último recuerdo que tuve antes de caer en la oscura inconciencia.