Claim: Finnick Odair/Annie Cresta.
Notas: Pre-series.
Rating: T.
Género: Romance.
Tabla de retos: Abecedario.
Tema: 93. Zapatos

*Situado la noche de su boda en Sinsajo.


Finnick sabe cómo hacerlo, después de todo, ha sido vendido una y otra vez a personajes excéntricos e importantes del Capitolio para complacer sus deseos. Sabe dónde tocar y cómo, cuántas veces y con qué intensidad. Podría usar ese conocimiento para su noche de bodas —la primera—, hacerlo fácil para los dos. Pero algo en su interior se lo impide, algo que le exige naturalidad, espontaneidad, porque Annie lo merece, porque ahora son dos y no sólo él tratando de complacer a un ciudadano desconocido del Capitolio, hambriento de placer físico. Son dos y todo un mundo por explorar, a pesar de que se han conocido por años, desde lo más profundo hasta lo superficial.

Annie no tiembla cuando la recuesta en la cama, Annie no tiembla cuando se miran a los ojos y en los de ella, como siempre, encuentra un mar de secretos y recuerdos, nadando en ese tono verde turquesa, como el mar, la vida y ese efímero momento del atardecer. Incluso sonríe y le acaricia el rostro, suave, delineando sus facciones, tan diferente de las uñas alargadas del Capitolio, tan diferente de las caricias demandantes de sus noches más oscuras, donde largos zurcos ensangrentados eran dejados en su cuerpo como prueba de una falsa pasión. Él la besa y hunde su rostro en el hueco de su cuello, donde su cabello forma ondas concéntricas, similares a olas. Se baña en su aroma mientras deposita suaves besos, deja que ella se sumerja en la profunidad de sus secretos —sus cicatrices— cuando ella hace lo propio, Annie y sus manos temblorosas, protectoras de su propia fragilidad.

Annie no susurra palabras de amor, ni fingidas ni reales, pero su silencio solemne, su respiración agitada y sus ojos brillantes debajo suyo, brillantes como si hubieran absorbido las estrellas, son todo lo que él necesita para saber de sus sentimientos. Y es además, para él, la primera vez que alcanza el sentimiento de estar lleno tan plenamente, de estar vivo con tanta fuerza. Su euforia no se apaga ni siquiera cuando ambos se recuestan el uno al lado del otro, abrazados como dos conchas marinas en medio de una tormenta en el mar, no se apaga aunque ella se queda dormido y él empieza a ceder al sueño, a cerrar los ojos para revivir de nuevo lo que acaba de suceder.

En la mañana, sin embargo, la euforia se ha convertido en algo más, en algo mezclado con miedo y felicidad. Cuando Annie se levanta en la mañana para ir al baño y seguir su horario, tan estricto en el Distrito 13, él no deja ir su mano. Lo ha decidido, nunca lo hará. Teme perderla, ahora que están unidos más allá de todo, teme perderla. Ella, sin embargo, no lo entiende o finge no hacerlo y sonríe cuando tiene que arrastrar un poco a Finnick por la cama para ponerse los zapatos, para vestirse e ir a por el desayuno.

Él sonríe también, antes de halarla de vuelta, contento por los beneficios inmediatos que su plan desesperado supone.

—¿Quieres que volvamos a intentar?

Annie se lanza a sus brazos antes de darle una respuesta y durante su acto de entrega, descubren nuevamente el amor con las manos entrelazadas.