Claim: Finnick Odair/Annie Cresta.
Notas: Spoilers de Sinsajo.
Rating: T.
Género: Romance.
Tabla de retos: Abecedario.
Tema: 61. Pinza

*Situado en Sinsajo.


La televisión vomitaba imágenes de colores sobre sus ojos vacíos, perdidos en la distancia. Annie no le hacía caso a los interminables anuncios sobre la guerra, los comerciales hechos por los rebeldes o los productos anunciados para la población del Capitolio, que de cuando en cuando se colaban a su transmisión, aunque eso sí, se estremecía ligeramente cuando el comercial de Finnick salía al aire, cuando hacían menciones de los rebeldes escondidos en el Capitolio, aún con vida, aunque no por mucho. Nadie había ido a molestarla ese día y eso le alegraba, porque no se sentía muy bien últimamente, con mareos, fatigas y dolores de cabeza, lo que menos podía pensar era en cumplir su horario en el 13 y por suerte, los demás habían aceptado su decisión tras haber estado tocando a su puerta por varias horas.

—No me siento bien —se dijo a sí misma, temiendo como en diversas ocasiones que el mundo a su alrededor fuera un sueño, un constructo de su mente, perdida ya en la locura. Sin embargo, mucho le faltaba por aguantar todavía y la primera señal de peligro llegó cuando en la televisión informaron de los refuerzos "especiales" que estaba mandando el Capitolio a las cloacas, donde una fina pantalla de televisión y miles de kilómetros, la separaban de Finnick.

Refuerzos especiales. Se estremeció ante la palabra, encogida como un animalito en el sofá de la habitación, pura y blanca y aburrida. Mutos seguramente, cosas horribles. Cosas que hacen daño, te suben por los brazos y duele, se insertan en tu cabeza y duele, te hacen recordar y sentir cosas horribles y duele. Duele.

Durante un tiempo, mientras Annie no hacía más que temblar en su lugar, a pesar de estar protegida, se fue desgranando la información sobre los mutos, las horribles armas que habían sido especialmente diseñadas para rastrear y destruir. Luego, tras lo que le pareció una eternidad, sumergida en su propio mundo de fantasías y recuerdos horrendos, se anunció que algunos "objetivos" habían logrado escapar, pero la esperanza de que Finnick fuera uno de ellos se desvaneció cuando se transmitieron los rostros de los sobrevivientes, nítidos y reales, surgidos de una pesadilla como Finnick nunca lo haría, porque de ahora en adelante sólo aparecería en sus sueños.

.

Johana escuchó pasos arrastrándose hacia su habitación, pasos lentos y largos, como si su propietario hubiera perdido todas las ganas de vivir. Al abrir la puerta para ver quién era, se encontró cara a cara con Annie, que sin mirarla siquiera parecía querer proseguir su camino hacia ninguna parte. Lucía serena, impertérrita, como una autómata y fue precisamente esa visión la que la asustó aún más, ¿a dónde iba? ¿Qué estaba pensando? Acababan de anunciar la posible muerte de Finnick en televisión, pero, ¿se abría enterado? Antes siquiera de que pudiera preguntárselo, ella la interceptó, dirigiendo sus ojos verdes directo hacia ella, profundos y claros como algunos tipos de mar.

—Johanna, ¿puedo tomar tu mano? —preguntó, en un hilo de voz, todavía carente de emoción.

Un poco angustiada y un poco enojada, pues nunca estaba segura de lo que quería Annie, Johanna asintió. No podía negárselo aún si no sabía lo de Finnick, no podía negárselo porque sería duro de todas formas, porque quizás era lo más cercano que tenía en esos momentos, en ese distrito desconocido lleno de reglas absurdas.

—Sí, Annie, puedes —Johanna extendió su mano hacia adelante y la de Annie se cerró en una pinza alrededor suyo, como si fuese lo único a lo que pudiera aferrarse en la vida. Lo sabe, pensó Johanna y cuando la joven comenzó a llorar, disuelta la máscara de irrealidad de sus facciones, Johanna no se sorprendió de llorar también ella misma.