Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia, si es mía.

Capítulo beteado por Monz Pollen Beta FFAD

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Tomé unas cuantas respiraciones y tragué saliva cuando las pequeñas voces dentro del cochecito de bebé parecieron sincronizarse y hacer un dúo perfecto, colocándose a llorar.

Entré a casa empujando el cochecito y lo primero que hice fue llamar a mi amiga Alice mientras mecía a los pequeños, ella siempre parecía tener la solución a todo. En esa llamada telefónica apenas y le conté nada, y ella con notar el nerviosismo en mi voz no hizo preguntas, por suerte. Colgué el teléfono y fui hasta la sala a atender el llanto de esos niños, suspiré y con extremo cuidado los coloqué sentados en el sofá, acomodados entre cojines, me puse frente a ellos y los miré detenidamente con mis manos en mis caderas como si ellos fueran a darme las respuestas que yo necesitaba.

Parecía que salir de esa cárcel llamada cochecito era lo que deseaban ya que su llanto cesó de inmediato. Calculaba que más o menos tuvieran como un añito de vida según su aspecto, sus pequeños ojos eran idénticos de un color verde jade hermoso con unas raras pintitas negras, sus pieles eran muy pálida dándole un aspecto de hermosos muñequitos acompañados del cabello rubio platino, los pequeños eran una monada y muy simpáticos, la sonrisa nunca abandonada sus rostros, si tan solo supieran lo que estaban viviendo, suspiré y de inmediato reí al escuchar que el niño hizo un sonido expulsando sus gases haciendo reír a su hermana también.

Me acerqué unos pasos más a ellos y me arrodillé en el suelo, haciéndoles un poco de cosquillas y muecas raras haciendo que me fueran tomando un poco de confianza. Estaba metida en ese pequeño mundo, entre risas y chillidos alegres olvidándome de lo que nos rodeaba y las circunstancias que eran, solo disfrutando de ese momento cuando un grito ahogado me hizo levantar la cabeza de golpe, sobresaltándome, haciéndome mirar hacia la puerta del salón, viendo a Alice con sus ojos como platos, la cual debió de haber usado la copia de las llaves que ella misma se había sacado.

Vale, era cierto que no le había comentado nada de la gravedad de este asuntito por teléfono, pero tampoco esperaba verla así, ella siempre era positiva, así que ¿dónde quedó eso cuando más lo necesito?

Me levanté despacio y les sonreí a los pequeños sin querer transmitirle el temor, sentándome a un lado del niño sin perderlos de vista pero a la vez atenta de Alice, haciéndole una seña a esta, que se acercó y me miró cuestionándome con la mirada, mientras se sentaba en el otro extremo al lado de la niña, me miró y supe que comenzaría aquí todo.

Estuvimos hablando por bastante rato, donde le expliqué minuciosamente cada detalle desde que había terminado nuestra pequeña salida de hace apenas un hora hasta el momento en que ella llegó a mi casa. Me hizo decenas de preguntas a las cuales contesté tragándome mi estado de nerviosismo y ansiedad. Cuando terminamos de hablar y que ella estuvo conforme, se levantó y se puso a rebuscar entre las mantitas de los pequeños y el bolso que traían con ellos, rodé los ojos negando con la cabeza, no iba a encontrar nada, nadie sería tan estúpido como para abandonar a un par de niños y dejar pistas, ¿cierto?

Tomé a los niños a cada uno poniéndolos sobre mis caderas y salí con ellos del salón llevándolos conmigo hacia la cocina, donde al llegar los senté en la encimera, vigilándolos de cerca mientras les preparaba un tazón de fruta molida, quien sabe cuándo fue la última vez que comieron. Comencé a cantarles canciones infantiles, sonriendo feliz viendo como aplaudían y reían. Paré de cantar y me giré sobre mis pies cuando vi a Alice entrar como una loca a la cocina, gritando incoherencias y moviendo lo que parecía ser un papel en sus manos, zarandeándolo sobre su cabeza.

—¡Lo tengo, lo tengo!– gritó esta vez con voz un poco más clara, haciéndome fruncir el ceño al no entender a que se refería.

Su sonrisa no se iba de su rostro. Al verme con mis cejas alzadas y que no le hacía caso cuando me giré de nuevo protegiendo las ropitas de los pequeños con unas servilletas y comencé a darle de comer, gritó exasperada.

—Bella, ¿te importaría prestarme un poquito de atención? ¡Esto es importante!– me dijo con su tono de voz irritado.

Suspiré y le hice una seña con mi cabeza para que hablara, siguiendo con mi tarea. Se acercó a mi hasta quedar a mi lado y me mostró el papel que sostenía entre sus manos, inconscientemente leí su contenido en voz alta.

—Contactar con Edward Cullen, motivo Chloe y Andrew Cullen– miré a Alice y a los niños, alternadamente.

—Así que, Chloe y Andrew Cullen, preciosos nombres– dijo Alice mientras acariciaba las mejillas de los mellizos, a los que estos rieron contentos, supongo que al escuchar sus nombres.

Alice siguió jugando un poco con ellos y yo por mi parte se dedicó a terminar de darles de comer. Una vez que terminamos esa tarea, jugamos por bastante rato con los niños hasta que estos empezaron a caer rendidos, pestañeando repetidas veces a causa del sueño que sentían. Ambas tomamos a cada uno de los pequeños y los llevamos al baño, donde le dimos un baño y jugamos con ellos, terminando con las ropas mojadas, pero secretamente felices de tener este nuevo suceso en nuestras vidas, luego cuando terminamos, les pusimos sus pijamas los cuales se encontraban en su bolso de viaje junto a unos biberones y pañales, prepararon sus biberones los cuales tomaron cayendo dormidos mientras lo bebían, luego de eso ambas los pusimos en la cama, arropándolos con unas mantas y protegidos con almohadas para que no cayeran al suelo y se lastimaran, apagué la luz y salimos de la habitación, quedándonos en el umbral de la puerta donde los observamos dormir y suspiramos a la vez, mirándonos entre nosotras. Fuimos hacia la cocina donde preparé café acompañado de unas galletas y nos sentamos en la mesa, volviendo a mirarnos fijamente y Alice fue la primera en hablar.

—No lo hagas Bella, lo veo en tu mirada. Te estás encariñando de ellos y eso solamente te va a hacer sufrir– dijo mostrando una seriedad que no era muy propia de ella. Yo por mi parte simplemente asentí sabiendo que mi amiga llevaba toda la razón.

Esa noche cuando me acosté en mi cama, abrazando a esos pequeños bultitos que me acompañaban, quedé pensando en la conversación que había tenido con Alice en la cocina, pero sin embargo sabía que ya era algo tarde. Sin poder evitarlo, ese par de niños en menos de 24 horas se habían colado en mi corazón e indudablemente en mi vida, nada volvería a ser lo mismo a partir de aquí y eso ambas lo sabíamos.


Bueno acá con un nuevo capítulo de esta historia. Espero les agrade y me sigan leyendo.

Muchos besos y ¡gracias por sus alertas, favoritos y reviews!