No tengo perdón, lo sé. Me cuesta tener una rutina, no pienso dejar el fic eh! Lo único que espero es tener un poco más de regularidad. Lo siento mucho de nuevo, y solo daros las gracias por vuestra paciencia si estáis leyéndome ahora.
Espero que lo disfrutéis!
Besitos de una 'sinvergüenza' O/O
Katsensei
PD: Sería recomendable releer el segundo cap... ^^' más que nada por si váis perdidos xD
Capítulo III. Desde el principio.
" Una luz inundó todo. Nuevamente estaba en su habitación... con su música... con su extraño secreto a cuestas. "
- Akane... ¿Puedo entrar?
- ¿Qué quieres? Me estoy cambiando.
- Esperaré entonces.
Y dicho esto se acomodó en el suelo apoyando la espalda en la puerta. Akane conocía la insistencia de su prometido y sabía lo tozudo que podía llegar a ser, así que en vez de soportarlo como un perrito guardián se dio prisa en vestir algo cómodo para hablar con él.
Un "click" hizo que se pusiera en pie esperando a que la peliazul terminara de abrir la dichosa puerta.
- Pasa. - Le invitó de forma desinteresada intentando modular su voz y gestos.
Desde la ventana se divisaban los últimos rayos de sol, dejando un tono anaranjado en el cuarto. no era necesario encender ninguna luz.
- Con tu permiso. - Dijo Ranma bastante serio, mientras se dirigía a un lado de la cama para sentarse. Observó como la chica que tenía frente a él se volvía para cerrar la puerta y tomaba asiento en la silla quedando justo delante.
Eso fue directo. ¿Desde cuándo tenía el coraje de mirarle de frente sin perturbarse? La mente de Ranma divagaba, algo que Akane observaba divertida.
Esas cosas eran muy importantes en su día a día para no volverse loca con lo suyo.
- Ejem... - Carraspeó el chico intentando dar un toque de seriedad a su visita. - Quería hablar contigo de una cosa a solas y este es un buen momento y... y... verás... "Con lo bien que había empezado...mierda!"- Esto...
Akane estaba tensa e intentaba aparentar serenidad pero eran años juntos y Ranma la conocía bastante bien.
- Ranma... ¿de qué es lo que quieres hablar?- Puso total énfasis en resultar inocente pero consiguió todo lo contrario, su prometido estaba rojo como la grana.
- Esto..."Diablos! Concéntrate estúpido!"
El piar de unos pajarillos rompió el silencio hasta que Akane se le adelantó para salvarse de un hipotético interrogatorio.
- ¿Te importaría practicar unas katas? Últimamente no he encontrado apenas tiempo para mis ejercicios y ya sabes...¿vamos?
Como respuesta Ranma se irguió y con un 'está bien' entre dientes le hizo señas para que la chica le acompañara al Dojo.
Definitivamente el tiro le salió por la culata, todo el valor que había reunido para encararse con su prometida y sacarle algo en claro se esfumaron en el momento que ella lo miró a los ojos. Algo iba mal en él cuando perdía el Norte tan pronto...
Con todas estas dudas rondándole en su cabeza iba ejercitando las katas más básicas para que Akane fuera a la par. Quería ir poco a poco, ya aumentaría la dificultad después.
En escasas ocasiones se podía disfrutar de la tranquilidad aún habiendo gente en la casa. Se sonrió mentalmente por ello y por estos pequeños momentos.
Por su parte Akane aprovechaba el arte para canalizar todos sus nervios por lo ocurrido horas antes en el lavabo.
Los acontecimientos de esa tarde habían dado un giro inesperado, tanto, que lo menos que podía hacer era dejarse llevar, y con la compañía eso era muchísimo más fácil y agradable.
La noche caía lentamente, Kasumi desistió de avisar a los más jóvenes a cenar tras la quinta intentona.
Tan concentrados estaban ambos que sólo percibían el fluir de sus energías respectivamente.
El Dojo sólo quedaba iluminado por varias velas, lo que concedía más serenidad.
Entonces algo cambió en las fluctuaciones de ki.
Ranma paró de golpe sus katas, que sin darse cuenta estaba realizando las de mayor dificultad sin tener en cuenta que Akane tenía unos niveles inferiores, pero lo que vio lo dejó asombrado y... asustado.
Akane era toda energía pura y libre. Sus cabellos se elevaban en candenciosas ondas, su rostro no dejaba entrever nada más salvo una ligera mueca de concentración.
Ella continuaba con sus katas, rozando la perfección, Ranma nunca antes la había visto practicarlas, de ahí sorpresa, pero su aura... esa no era Akane. Había algo que no le gustaba al chico de la trenza.
De siempre concebió a su prometida con su aura de tonos azulados y éstos variaban según su estado anímico. Desde un azul turquesa hasta el azul más oscuro como el del mismísimo mar embravecido.
Y lo que se mostraba frente a él era algo inaudito.
- Akane... - Atinó a susurrar cuando vio entremezclarse un color rojo fuego junto a un tono blanco plateado.
Quedó ensimismado observándola, como cuando una serpiente deja a su presa en trance, pero despertó presa de los sentimientos que emanaban de su dulce marimacho.
Dolor, ansiedad, terror y algo más fuerte que el odio.
Todo eso junto a las extrañas tonalidades de su aura le hicieron insistir en su llamado.
- ¡Akane! - Seguía sin dar señal de escucharle.- ¡AKANE!
- ¿Mhhh?
Las puertas del Dojo se abrieron de par en par por la fuerza del vendaval que se había instalado en poco tiempo y la sala se iluminó por un gran rayo.
La cara de Akane era todo un poema. Estaba aturdida y miraba a su prometido un poco asustada, no sabía qué había estado haciendo, no recordaba nada, sólo que estaba disfrutando del momento... hasta que el grito de su prometido la 'despertó'.
Ambos con cuerpos sudorosos y respiración agitada estaban sentados en la duela, uno intentando comprender lo que acababa de presenciar, otra buscando alguna excusa, pero.. de qué si no sabía que había llegado a ocurrir...
- Ranma / Akane- Dijeron al unísono.
- No-no, tú primero.
-...Esos movimientos...- Tenía que ser cuidadoso con lo que decía, cualquier insinuación y Akane se cerraría en banda. - Quiero decir... ¡Tus katas eran una pasada!
- ¿En serio?- Contestó emocionada dejando a un lado sus temores.
- Bueno sí. La verdad es que me has dejado con la boca abierta.
- ¿Sí? Me alegra oir eso, jejeje.- Ya tenía la certeza de que no había hecho ninguna estupidez, por lo que obvió hacer cualquier comentario más e intentar buscar una mentirijilla más a su recién estrenada habilidad.
- Pensé que no practicabas más desde...entonces...- Dijo bajando la voz. Los sentimientos intentaban aflorar, queriendo saltar al exterior, pero el corazón de hielo era un buen aliado para frenar lo que asomaba por desbordar.
- Oh sí, bueno... gracias! jejeje.
- Ajá, es curioso... - Comentó más para sí mismo mientras se levantaba y le ofrecía su mano. - Se ha hecho tarde, entremos antes de que inventen situaciones raras.
- Sí. - Le siguió la corriente como si no hubiera pasado nada extraordinario.
Cenaron en la cocina y rápidamente se turnaron en el lavabo para acostarse. Akane no tardó demasiado, no tenía ganas de verse la espalda nuevamente, lo que no olvidó fue cubrirla con una buena capa de crema, comenzaba a notar una desagradable picazón en los omóplatos. Salió con su pijama ya lista para descansar tras un largo día.
Se dieron las buenas noches en mitad del pasillo y en el momento en que Ranma le iba a preguntar algo ésta bostezó haciéndose la desentendida...
La habitación de Akane estaba en calma, algo extraño ya que siempre notaba algo últimamente en ella. Hizo tal desgaste sin darse cuenta que a la primera de cambio quedó profundamente dormida.
Serían aproximadamente las tres de la madrugada cuando Ranma, tras comprobar a su manera que su prometida dormía, saltaba de tejado en tejado en dirección al Neko-Hanten.
Mantenía su semblante serio y tenso, intentando no recordar las imágenes que le quedaron grabadas a fuego en su mente. Akane intentando ayudar; Akane saltando directa al peligro; Akane desapareciendo ante sus ojos hasta quedar reducida a una pequeña muñeca; Akane muerta por unos instantes, eternos para él...
Había tocado fondo. Saotome se doblegó ante el miedo en China.
Desde que regresaron, estuvo asuente, le costó retomar el curso normal de las clases, del día a día, pero él mismo se estaba haciendo daño culpándose de algo que pudo ser y no pasó por suerte para todos.
Llevaba un peso encima que lo hundía en la miseria, todos alrededor de él reían, comían, vivían sin importar qué tantos peligros habían fuera. No recuerda cuanto tiempo estuvo así, pero la visita del doctor de la familia Tendo le hizo recapacitar.
No le preguntó lo que pasó, tan sólo le habló.
Un simple '¿estás bien?' para que el joven de la trenza cayera de rodillas frente a él con sus puños blancos sobre las rodillas mientras lágrimas caían sin parar.
Cierto que esto quedaría para siempre entre el buen doctor y Ranma, y desde entonces se ocupó de enfocar el problema desde otros puntos de vista. Necesitó del corazón de hielo para guardar las apariencias frente a la chica que le rasgaba el corazón con una simple sonrisa o un roce entre sus manos. Tantas cosas que quería contarle...pero no hallaba la ocasión.
Y cuando creyó que era el momento... Se encuentra con otro problema en casa.
"toc toc toc"
El golpeteo era suave pero insistente, por lo cual una mujer anciana tuvo que levantarse de la cama para recibir al inesperado visitante nocturno.
- Tanto tiempo yerno...
- Necesito hablar de algo importante. - Le contestó mientras cerraba la puerta del restaurante y tomaban asiento.
Amenazaban problemas en Nerima.
¿ Cuándo? Eso lo tendrían que descubrir pronto...
