Los personajes son de la propiedad de Stephenie Meyer. ¡MUCHAS GRACIAS por sus reviews! Me hacen emocionar, de verdad que sí! Por los que se preguntan si será una historia larga o corta, la verdad no lo sé, como lo veo planeado no será corta que digamos :); de nuevo MUCHAS GRACIAS


Tome rápidamente una toalla y salí de la ducha. Me sequé rápidamente y peine mi cabello. Edward llegaría en unos minutos y todavía no estaba lista. En los pies de mi cama habían unos jeens, ropa interior y la blusa que me regalo Alice. ¿Y si llevo otra cosa? Mire mi armario un segundo… No, definitivamente no tenía nada más. Me encrespé las pestañas y me coloque un poco de rímel. Me puse mi ropa interior y mis jeens. Tome mi toalla nuevamente y la pase por mi cabello, tenía que secarse pronto.
Estaba ansiosa, no podía mentir. Recordé nuestro último encuentro y toque mi mejilla. Sus labios eran tan suaves y cálidos… ¿Por qué me habrá dado ese beso?, Simple cordialidad tal vez. Pero sus ojos… sus ojos me demostraban otra cosa.
Me puse mi blusa. Se veía… bien. Me arrugue las mangas hasta mis codos y me puse una pulsera de plata que Ángela me regalo para mi cumpleaños. Me escabullí de mi habitación y exploré si había alguien en el pasillo. Se escuchaba el volumen del televisor en la sala de estar por lo que mi padre debería estar sentado ahí. Traté de escuchar mejor por si notaba algún indicio de René. Se escuchaba un chillido de metal contra algo… si mi deducción era buena, estaría lavando los platos. Camine despacio hacia la habitación de mis padres, sin tratar de hacer ruido. Cerré la puerta y busque entre las ropas de René un perfume muy costoso que Charlie le había comprado. Era un aroma elegante y muy dulce, y creí que sería especial para este día. Me eche un poco en el cuello y en mis ropas. Volví hacia mi habitación como una gran espía.

Me senté en mi cama y trate de controlar mi respiración. Oh Dios Bella, es solo una cita… ¡No, no era una cita! Nunca dijo la palabra cita, no inventes cosas. Solo mantén la calma, me repetí. Corrí rápidamente hacia el baño y me miré por última vez. ¿Por qué no habré donado los ojos azules de mi madre?, ¿O tener el pelo rubio, largo y brillante? Tal vez así Edward me vería de distinta manera.
Salí del baño y busqué un pequeño álbum de fotos que hice durante todos estos años. Me salté todas las fotos de cuando era bebé, y encontré las más actuales. Emmett me abrasaba o simulaba que me ahorcaba en la primera foto, aunque mi cara era desastrosa, la foto era muy divertida. Le di vuelta a la hoja y encontré una foto con Alice y Ángela, estábamos sentadas en unas bancas de la escuela sonriéndole a la cámara. En la foto siguiente vi que Edward también le sonreía a la cámara abrasándome por la espalda y con nuestras mejillas juntas, me parece que esa foto era del año pasado. Se veía tan guapo… No hay parte de él que no me encante. ¿Existirá una posibilidad en este mundo, en el fondo de su corazón, que quiera estar conmigo? ¿Qué quiera quedarse junto a mí? O, ¿Qué simplemente me ame?
De la nada, el sonido del timbre retumbo en las paredes de la casa. Mi álbum cayó al suelo por él susto, mi corazón me golpeaba brutalmente y no volví a respirar. ¿Cómo es que llego tan rápido? Salté de mi cama y mire por la ventana. El costoso volvo estaba estacionado frente a mi casa.

-¡Bella, cariño! Edward esta aquí –gritó René

¡Oh no, no, no, no! Intente calmarme por tercera vez esta mañana. Solo iremos a ver una película, nada serio. Relájate, Bella. Debería bajar pronto o de lo contrario, Charlie le estaría dando un sermón sobre protegerme y René le contaría historias sobre mi infancia. Respiré hondo y salí de mi habitación.
Apenas lo vi, todos mis nervios se esfumaron. No me había visto todavía, hablaba de espaldas hacia mí. Tenía una ajustada camisa color celeste y unos pantalones negros, su cabello cobrizo se movía con el viento que entraba por la puerta abierta. Se veía tan… sexy. Se giró para verme y quedo quieto un segundo. Su sonrisa se desvaneció y me miro fijamente. Mi blusa también era algo ajustada por lo que me avergoncé.

-Estas muy linda –dijo, finalmente. Creí escuchar un gruñido cerca- ¿Nos vamos?

-Sí. Adiós mamá –la abrace- ¡Adiós papá, nos vemos luego!

-Vuelve temprano Isabella –sentenció Charlie

Edward rió por lo bajo cuando salimos de mi casa. Volvió a mirar mi vestimenta y me sonrió juguetón, ¿Mi sonrojo se habrá ido ya?

-Te tengo un pequeño obsequio –No sé de qué lugar sacó una caja rosada antes de llegar a la puerta de su Volvo- De mí, para ti –sonrió

Más regalos. ¡Perfecto! Yo no le tenía nada. Creí que leyó mis pensamientos cuando le mire. Tenía el ceño fruncido y me acercaba cada vez más la caja. Suspire con cierta seriedad, lo miré a los ojos y tenía un brillo indescriptible. Estaba feliz, contento, gozoso, y me transmitió el sentimiento. Nos reímos a la vez y abrí la caja.
Un brazalete floreado. Esas grandes flores que regalan los hombres a sus citas en la fiesta de graduación. Se colocaban en las muñecas y era el símbolo de amor en la pista de baile cuando ponían un lento. Este brazalete tenía tantos detalles hermosos y su color pastel combinaba con mi ajustada blusa. Edward lo sacó de la caja y me la puso con cuidado en mi muñeca. Me reí nerviosa.

-Eres mi cita este día, Bella

Su sonrisa torcida y mirada tierna me derritieron de inmediato. Comencé a sentirme débil, como si mis rodillas no podrían soportar el peso de mi cuerpo. Este hombre me tenía mal, no sé como hacía para que mi mundo dejara de dar vueltas cuando estaba cerca.
Le agradecí por regalarme el brazalete y me dio un rápido beso en mi frente. Entramos al auto y comenzamos nuestro viaje. Es tan fácil conversar con él, es tan fácil ser yo misma... Su compañía era lo único que necesitaba en la vida, lo único.
Ahora, este viaje no es una reunión amistosa, esto es una cita. ¿Debería acercarme más o intentar alguna cercanía amorosa? Lo mire rápidamente. Me tiene vuelta loca. Esos brazos bien marcados, sus ojos, su labios, sus manos, su todo… Estaremos en una sala totalmente a oscuras, ¿Podré aguantarme y no tomarle la mano?
Lo quería para mí, lo quería solo para mí… ya no me importaba mi egoísmo.
No me di cuenta que habíamos llegado a Port Angels cuando bajó la velocidad. Edward conducía muy rápido.

-¿A dónde me llevas? –pregunté cuando vi un sector alejado del centro de la cuidad.

-Ya verás

-¿Estamos cerca?

-Sí… eres una pequeña impaciente ¿no?

Nos bajamos del auto y me llevó a una especie de muelle. El olor a mar estaba en el aire y un tímido sol salía entre las nubes. Era un lugar muy tranquilo y los botes pasaban en silencio sobre el agua. Edward se fue a sentar en una pequeña plaza que hacía el paisaje aún más hermoso y me señalo un lugar cerca del suyo. Me senté a su lado.

-¿Te gusta?

-Claro que sí. ¿Cómo conoces este lugar?

-Venía a estudiar cuando el día estaba soleado, mientras mi papa hacía unos trabajos por aquí

-Es muy lindo, de verdad –le sonreí

Se estiró en el césped y yo le seguí. Nos miramos durante mucho tiempo. Los rayos de sol caían en nosotros y en sus ojos. Esos ojos…

-Felicitaciones por lo de Seattle. Serás la mejor estudiante de Literatura en la historia

-No digas tonterías –me acerque más a él- Tú serás el mejor medico

-¿Te puedo decir una cosa, sin que te molestes? –Me preguntó tomando mis manos, acariciándolas-

-¿Sin que me moleste?, ¿Debería ser algo malo? –me alejé un poco

-No, no es eso… –me dijo, acercándose la distancia que había hecho sin soltar mis manos. Se apoyó con el codo para una mejor posición- Hoy estas preciosa… de verdad que lo estás

-Tú también estás muy guapo hoy, Edward –me sonrojé

Su risa me contagió. Sus dedos son tan suaves… su toque era tan mágico. Se tiro nuevamente en el césped y miró al cielo. Yo también lo hice. Las nubes hacían formas entre ellas. Logré ver una tortuga o algo parecido.
Una brisa fría me hizo temblar. Edward se dio cuenta y acorto nuestra distancia en un abraso. Con cuidado me hizo levantar mi cabeza para rodearme con el brazo mientras me aferraba a su camisa. Reí con nervios y él me sonrió. Seguí mirando el cielo para controlarme, su aroma estaba tan cerca y perdía todo tipo de concentración sintiendo su respiración y el latido de su corazón. Cerré los ojos para respirar con más fuerza y sentí su nariz contra mi mejilla.
Abrí los ojos rápidamente pero el resto de mi cuerpo estaba paralizado. Solo voltea tu cabeza, Bella. Si me movía solo centímetros, estaría en sus labios… acortaría la distancia y nos fundiríamos en un beso. ¡Pero no podía moverme! Estaba tan nerviosa y no sabría qué hacer. Quede aún más paralizada cuando su nariz bajo por mi mandíbula hacia mi oído, respirando muy fuerte. ¿No es un crimen lo que está haciendo? Está provocando a la chica con menos experiencia en el mundo. El debe de esperar un gran y apasionado beso, pero está en esta situación conmigo.
Se levanto rápidamente y junto mi frente con la suya

-¿Es un nuevo perfume? –me sonrió dulcemente. Concéntrate, Bella. No te dejes llevar

-¿Conoces mis aromas, Cullen? –pregunté, tratando de mantener mi voz burlona todo el tiempo. ¿Habré conseguido la seriedad que quería? Él se reía-

-Algo así… te conozco más de lo que crees

Se separo de mí y se sentó en el césped. ¿Por qué se alejaba? Tal vez se dio cuenta que esto se estaba escapando de sus manos. Me incorporé también, tomando sus manos, necesitaba más de él, no me podía dejar así. Miraba fijamente cada uno de mis movimientos y yo trataba de buscar valentía en algún lugar de mi cuerpo para hacer lo que realmente quería hacer. Mire sus labios… sus tiernos labios. Y luego lo miré a los ojos, seguía mirándome expectante. Sus ojos tenían euforia y podía ver en ellos mi reflejo. Lo quería para mí… ¡Después de todo lo que me provoco, tendrá que aferrarse a las consecuencias! Levante una de mis manos a su mejillas y lo acaricié. El cerró los ojos y mi pulso era preocupante. Sentía que temblaba, que ardía por dentro, pero mi mano no se aflojó en ningún momento. Puso una de sus manos sobre la mía. Esto era todo, no importaba si no me amaba. Lo besaría y… punto.
Mi estomago sonó.

Me avergoncé de inmediato y me aparte de él. Su dulce risa iba al compás con mi corazón.
No podía creer lo que estuve a punto de hacer… Estaba enojada conmigo misma y la razón me citaba: "No importa si no me amaba". ¿Cómo no me iba a importar?, la lujuria se apoderaba de mi cuerpo. Soy una tonta.

-¿Vamos a comer algo? –me dijo levantándose del suelo. Me ofreció su mano para que me levantara también.