Stephenie Meyer es la dueña de los personajes :)


Era la una de la mañana, y aún no estaba decidida. Esperaba un indicio seguro de que Alice y Ángela estén completamente dormidas. No es que fuera gran cosa, pero me daba mucha, mucha vergüenza.

Pasamos toda la tarde en la playa, jugando voleibol –yo solo miré, por razones obvias- y nadando sin parar. Estos días había hecho mucho ejercicio al estar precisamente nadando, y tengo un molesto dolor muscular en mis piernas y mi abdomen. Pero, aunque casi no pueda caminar, debería aprovechar. En dos días más volveríamos a Forks, no volveré a ver más el sol y menos una playa tan cálida.
¡Pero nada de eso estaba en mi mente ahora! Ángela acaba de roncar, y esa era mi señal. Me levanté cuidadosamente sin hacer ruido y de puntillas me dirigí al baño.
Bella, a ti se te ocurrió, y tú le prometiste ese premio, me repetí incansablemente frente al espejo. ¿En qué momento se me ocurrió hacer esta locura? Estas cosas y yo, nunca saldrían bien. Pero de todas formas recordé… Ver a esa señorita días atrás con su bikini, solo me generó envidia y yo también quería competir en esto. Me saqué mi pijama y saqué una camisa de Edward que escondí en un pequeño cesto del baño antes de ir a "dormir". Era su camisa azul oscura y con cuidado me la puse.
Que-estoy-haciendo, me pregunte nuevamente frente al espejo. Su camisa me llegaba como una pequeña falda, unos muchos centímetros arriba de mi rodilla. No me veía sexy, me veía como una chica que está ocupando una sudadera muy grande e incluso me veía algo gorda. Y era algo obvio, y lo planee así, Edward era como diez centímetros más alto que yo y mucho más ancho. Pero debía hacer esto. Es mejor hacer las cosas y luego arrepentirse, que preguntarse que hubiera pasado. Además, su esencia en esta camisa empezaba a embriagarme.
Abrí con cuidado la puerta del baño y con pequeños pasitos saltarines llegue a la puerta de Edward. Inhala, exhala, Inhala… y toqué con decisión su puerta.
No escuchaba nada. Tal vez debería salir corriendo ahora que puedo. Pero extrañamente volví a tocar, un poco más fuerte, rogando que nadie más se despertara. Escuché movimiento dentro de la habitación, y del arrastrar de pies de alguien. Mi corazón comenzó a aumentar mi ritmo cardiaco.

-¿Bella? –Me susurró, tallándose los ojos- ¿Qué hora es?

-No lo sé. Tuve pesadillas

Realmente parecía una niña. Tratando de encontrar las mejores palabras para decir solo las simples y pronunciarlas con mucha dificultad. Lo vi, con la poca y nada de luz que había, con solo unos pantalones largos. Seguía tallándose los ojos y haciendo muecas de "recién despertado". Verlo así, quito todos mis miedos. De todas formas soy su novia, y una vez leí en una revista de Alice que lo importante es la actitud y no lo voluptuoso del cuerpo. Actitud

-¿Dormiste mal? –me preguntó un poco más despierto

Entré con confianza y cerré la puerta detrás de mí. Respiré una vez más para darme seguridad en mi misma.

-Tú dijiste que cuando tuviera pesadillas, tendría que venir a dormir contigo...

Encendí la luz en un rápido toque porque quería desesperadamente verlo, todo estaba muy oscuro. Me sonrojé un poco al ver como agrandó sus ojos al verme solo con su camisa puesta y mi ropa interior. Me mordí el labio para evitar mi sonrojo, y creo ese que pareció gustarle más. Su sonrisa se ensanchó y empezó a comerme con la mirada. ¡Necesito aire, necesito que mi sangre circule!

-Recuerdo eso… -dijo con voz pastosa y ronca

Me tomo de la mano y me hizo girar como una tonta bailarina de ballet. Me tomo con lentitud de la cintura y me acercó a él, meciéndome de un lado hacia otro con su atrayente sonrisa torcida.

-Eres tan hermosa, Bella

Su comentario me sonrojo y desvié mi mirada al suelo… ¡No, no podía ver el suelo! Actitud, ¡Actitud!, si quieres que no te deje y que se vaya con cualquiera, tienes que tener actitud. Lo miré directamente a los ojos, aún notando la dulce sonrisa en sus labios. Acaricié sus hombros y terminé entrelazando mis dedos en su cuello. Me acerqué más hacia su cara y acaricie levemente sus labios con los míos, aspirando todo su embriagador aliento que me hizo perder el conocimiento. Sus manos jugueteaban en mi cintura y levemente lo empujé contra la puerta. Fue entonces que perdí todo ritmo de seducción, y deje todo llevar. Le bese tiernamente su pecho y sus hombros, mientras él acariciaba mis cabellos. Antes de besarlo con desesperación y lujuria, lo miré nuevamente a los ojos, esas hermosas perlas que me han acompañado durante todos estos años, que secretamente me aman en cada mirada. Edward es mío, todo del precioso hombre que tengo frente a mí, es mío.
Le mordí juguetonamente el labio inferior después de un largo momento de pasión, y junto a mí boca, logró decir:

-¿Este es mi premio verdad?

Le asentí con movimientos en mi cabeza, sin separar la distancia que teníamos. Sonrió con ganas y con fuerza y determinación me tomo de la cintura, levantándome del piso en un veloz movimiento. Encarcelé mis piernas en su cintura junto a una explosiva risa que me produjo y Edward sonreía al ver mi escena. Apagué la luz en un audaz movimiento y quedamos a oscuras, de nuevo. Con rapidez nos guió a la pequeña cama en que dormía y nos tapamos con las sabanas, juntando nuestras frentes dándonos suaves y enternecedores besos.

-Te quiero mucho, ¿sabes? –dijo con una voz roncamente sexy. Demasiado sexy. Mucho, a decir verdad.

Empecé a besarle el cuello y acariciarle sus mejillas mientras él acariciaba mi espalda y mi cintura. No esperaba nada de esta noche, aunque era algo obvio para mí querer llegar con Edward a ese punto, pero aún era muy pronto. Además, estábamos en una casa llega de personas, llenas de… Emmett.
Busqué sus labios una vez más, y sus cálidos labios se devoraron los míos, produciendo en mí una juguetona sonrisa. Con infinitos castos besos, nos sonreímos uno al otro.

-Yo te quiero más -¡No hay nadie en este mundo que ame más a un hombre como lo hago yo!

-Voy a tirarme en paracaídas más seguido, o tal vez prestarte más ropa

Su ronca y débil voz me hacía replantearme lo de "es muy pronto". Con mi pulgar, comencé a trazar cada línea de sus facciones, di un gran suspiro y me abracé más a él, ubicando mi cabeza en su pecho y llenándolo de besos.

-Edward… -dije un poco insegura. Hizo un pequeño gemido de respuesta- ¿Seguirás conmigo siempre, cierto?

Me tomo de la barbilla para juntar su frente con la mía, acariciando una de mis piernas desnudas que se entrelazaban con las suyas.

-Por supuesto, amor. ¿Por qué preguntas?

-Ya sabes… lo de Princeton, y todas las chicas que tratarán de conquistarte…

-Mi amor… -dijo con ese tono de "Bella, no seas nena, ya hablamos de esto"- Tu sabes que yo te quiero solo a ti. Eres mi todo y, no voy a dejar que nadie ni nada nos separe –le di un sonoro beso en su mejilla, un poco más tranquila- Ahora, no hablemos de esto –dijo con un repentino tono de seducción- tenemos toda la noche para otras cosas

Sonreí como un pequeño niño que le regalan un juguete nuevo y le compran miles de miles de helados en un solo día. Acaricio mis piernas con suavidad y yo lo besé con todo mi amor y pasión. Se acomodó para quedar sobre mí y lo acerque más empujando de su cuello. El sabor de sus labios, de su aliento, de su amor, es lo único en que me quería concentrar en este momento. Lo mejor que me puede pasar en la vida. Me mordió con cuidado mi labio inferior y se apodero de mi cuello, dejándome como una loca de amor.


-¿Crees que estén despiertos? –logré escuchar desde muy lejos.

Pequeños besos que recorrían mi brazo hicieron que despertara de la mejor, mejor forma. Si de algo estaba segura, es que para vivir, es necesario que Edward durmiera conmigo todas las noches de mi vida. Me di vuelta, quedando frente a él, quien siguió acariciándome.

-Hola –dije con voz pastosa, casi como un suspiro

-Buenos días

Tomo mi barbilla y dulcemente beso mis labios. ¡Amo sus besos, los amo, de verdad!
Lo acerqué más hacia mí, queriendo más de él y no dejarle escapar más. Anoche fue todo muy movido, pero aún no saciaba mis ganas de él. Y tal vez nunca pueda hacerlo.
Correspondió mi beso con la misma potencia, tomando y acercando mi pierna hasta su pecho. El roce de nuestros labios y nuestros cuerpos, siempre como si fuera la primera vez.
Un sonoro y fuerte golpe en la puerta de la habitación, hiso que del susto nos separaran de inmediato.

-¡Hey, tortolos! Ya han dormido demasiado –dijo un picarón Emmett

Bufé. Siempre Emmett, siempre él y sus… cosas, que me perjudican de alguna u otra manera. Miré el reloj y extrañamente, nos habían despertado bastante tarde para hacer alguna actividad. Era nuestro ultimo día, y Alice siempre deja lo mejor para el final.

-Vamos enseguida –respondió Edward, lamiéndose los labios y acomodandose en el colchón

-¿Entonces si durmieron juntos? –dijo una divertida Alice

-¿En qué momento salió de la habitación? –pregunto en un susurro Ángela

-No lo sé –dijo Emmett, sin preocupación de susurrar o hablar normal. El gritaba, para que escuchemos- ¿Nadie los oyó anoche? Les pediré consejos para saber cómo hacerlo sin pasar desapercibido, siempre los padres de Rose están en casa.

Edward se rio a mi lado y yo estaba nuevamente, sonrojada. ¿Quién lo diría, no?

-¡No hicimos nada! –grité furiosa con todas mis fuerzas. Emmett solo reía a carcajadas.

Edward me tomó de su cintura y me dio un sonoro beso en mis labios. Le sonreí y acaricio mis mejillas con su pulgar.

-Creo que deberíamos levantarnos

Con un rápido momento, se incorporó en el suelo buscando una playera. Me senté, aún en las sabanas, indecisa de que hacer. No podía salir así como estaba, Emmett estaba afuera. Miré fijamente mis piernas y apoye mi cansada cabeza sobre ellas.
Este era un día de los cuales me quedaría durmiendo todo el día. No había dormido mucho ayer en la noche, y tenía un pequeño dolor en mi garganta, produciéndome un molestar casi insoportable.
Empecé a basilar en mis pensamientos: ¿Cómo serían mis días viviendo sola? Iría a vivir sola a Seattle, lejos de mis padres. No es que no supiera vivir sola, prácticamente lo hecho toda mi vida cuando mis padres están fuera, pero de todas formas, ellos siempre habían estado conmigo. ¿Cómo serán las noches sin el molesto ruido del fútbol de Charlie, o sin las largas conversaciones sobre chicos –sobre todo de Edward, de cual ella me incitaba a invitarlo a salir- o de rumores de los vecinos de mi madre? Sería… totalmente extraño.
Un pequeño cosquilleo se produjo en mis rodillas al sentir sus labios. Sin despegar mi cabeza de mis piernas, levanté mi mirada, y solo pude ver esmeralda. Me dio un par de besos más, uno en cada rodilla y me sonrió de una manera que debería de estar prohibido. Me paso unos shorts –Odio cuando Edward hace eso, siempre sabe lo que estoy pensando- y una playera de su propiedad, y siguió dando vueltas por la habitación, ordenando un poco "el desorden". Rápidamente me puse el short y la playera, traté de arreglar mi cabello un poco y tomé la camisa azul -que cada vez que la viera, me traería uno de los más pasionales recuerdos de mi vida-, y me acerqué a él para dejársela en sus manos. Le guiñé el ojo y de puntitas, bese sus labios. Me tomó de la mano y salimos, como los grandes enamorados que éramos.

-Está bien, Alice –dije desganada. Tenía mucho sueño- Solo di lo que haremos hoy

Me miro con confusión y las cejas alzadas. Me senté en la mesa del comedor, sirviéndome una taza de café y despeine mi cabello, apartándolo de mi cara. Miré sus pequeñas facciones y con la mirada y el ceño fruncido le pregunté qué pasaba.

-Bella. ¿No lo has notado?

-¿Notar, qué?

Se dirigió a un gran ventanal de la sala de estar y abrió de un golpe las cortinas. ¡Diablos! Llovía como nunca, como los inviernos en Forks, y las exóticas palmeras se mecían de un lado hacia otro. Era un gran temporal el de afuera, ¿Y cómo es que no escuche nada?

-Wow –logré decir

-Alice, ten paciencia con Bella. No debió escuchar a nadie más que a Edward estas horas.

Sin importarme la higiene y mi mala puntería, tomé un panecillo de la mesa y gracias a Dios, rebotó en su gran cabeza. Me miró dramáticamente con el ceño fruncido, emitiendo un falso disgusto. Era obvio, un pequeño panecillo es como pegarle con un globo, debí tirarle el plato o el tarro de café. Tal vez incluso la silla…
Edward sonrió en todo momento, como si le agradara escuchar a Emmett decir obscenidades en doble sentido. Alice seguía con una mirada entristecida en la ventana y Ángela comía pequeñas galletas que estaban en la meza.

-¿Y qué haremos hoy? –preguntó Edward

-Bueno, viendo las circunstancias del caso… -dijo, desviando su mirada del ventanal- Tengo una colección de películas guardadas, creo que no hay nada más que podamos hacer.


La tarde fue muy divertida. Y de verdad que lo fue, mucho más divertida si hubiésemos hecho algo exótico o peligroso. El calor humano, la entrega de la amistad entre unos y otros, se reflejó de alguna forma y nos unimos más como amigos.

De nuestro país, cada uno se iría a una esquina diferente. La comunicación se irá perdiendo con el paso tiempo y la inundación de exámenes y deberes nos harán preocuparnos solo de unos mismos. Por mi parte, siempre tratare que estas hermosas personas estén siempre en mi vida, y si por las condiciones de la vida no es posible, las mantendré como el más hermoso regalo que Dios me pudo dar en estos años como estudiante.
Después de muchas películas, sodas, palomas de maíz, cojines voladores, peleas, lágrimas, risas y amistad, cada uno empacó sus pertenencias.
Para mí no era ropa la que empacaba, ni siquiera algo de un viaje. Este para mi, era un momento crucial y simbólico en mi vida. Yo llenaba mi maleta con mi futuro, con lo que esperaba de mí y todo lo que eso conlleva.
Cada prenda que dejaba, era un nuevo reto que debía enfrentar. El futuro que con mis propias manos construiría.
Cálidas manos me encarcelaron en un abrazo cuando cerré –con algo de dificultad- mi maleta, y yo solo pensé que él debería estar en ese futuro.


¡Muchas gracias por sus reviews! En especial a las que siempre estan pendientes y a las muchas chicas que tienen mi historia en alerta jajajaja :) se los agradesco muchisimoooo ^^

Marii.-