HOLA CHICAS! :) he vuelto... en este fic ;), antes que nada quisiera pedir las disculpas corresponientes por no subir en muy muy largo tiempo ._. , no alcanzaba el tiempo y el internet esta cada vez más lento y defectuoso... quisiera agradecer con todo mi corazón la PACIENCIA, paciencia de esperar este capitulo y ESPERO que les guste mucho. Agradecer por los 32 reviews, que cada vez van aumentando más :') y por esos... WOW! 24 favoritos y 20 seguidores !

NO SABEN LO QUE ESO SIGNIFICA PARA MI! Tenia muchas dudas de subir "mi trabajo" a fanfiction por el miedo al rechazo y por si no la encontraban la historia atractiva, asi que eso llena mi corazón por miles :') ! MUCHAS GRACIAS! 3

Stephenie Meyer es la dueña de los personajes :)


El sonido de la música es lo más llenador que he experimentado en mi vida. Me relaja, la disfruto, me hace soñar… y es muchísimo mejor que el hombre el cual amas, te dedique a pasos tuyos y apropiándose de las teclas del piano, la canción que compuso para ti. ¿No es divertido? Tengo una canción… una melodía que fue inspirada en mí, o en nuestro amor. Hace unos meses no tenía nada, solo demasiados deberes y preocupaciones familiares, y alguna que otra salida con Alice los fines de semana… Ahora, tengo a mi mejor amigo como novio, como el mejor novio de todos los tiempos… y aún continúa con pasión elevando la potencia de las teclas, tocando nuestra canción. ¡Todavía me parece irreal y como un sueño!

Hemos pasado todo el verano juntos, sin separarnos ningún segundo aunque eso le moleste en demasía a Charlie. Debería haber retratado mentalmente la imagen clara de mi padre cuando caminé tomada de la mano con Edward, después de bajarme de la camioneta al llegar de Cancún. Del blanco al rojo, del rojo al morado, del morado al… ¿azul?, no lo sé, después recuerdo la hostil mirada de Charlie hacia Edward y como mi madre tenía ese brillo en los ojos de felicidad y orgullo.

Risas, abrazos, besos, momentos tiernos, apasionados y dulces… Muchas veces fantaseaba de cómo serían las relaciones de Edward, o como él podría tratar a una mujer en un noviazgo, y me siento afortunada al decir que, al ser su primera mujer, subestimé la dedicación y el amor que me ha entregado. El es un hombre maravilloso, que se merece el mundo entero y mucho más, y me encanta decir que el hombre de cabello cobrizo, que se apasiona cada vez más con una nueva melodía y con el poco sol -que había despertado a todo Forks esta mañana-que posaba en él, era completamente mío. Mío eternamente, mío.
Me distraje un momento al ver como la habitación de Edward se encontraba cada vez más vacía, y cada libro y accesorio se encontraban ya guardados en cajas de cartón, con cinta adhesiva reforzada para los distintos tamaños de estas. Con tan solo verlo, un dolor estomacal surgió en mí. Queda tan poco…

-No creía que fuera tan aburrida, tendré que mejorar más mi técnica si quiero que te guste

Me dijo con un toque de humor, a solo unos pasos de mí, todavía sentado en el pequeño sillón frente al piano. Yo estaba sentada, algo incomoda, en una silla individual mirando tontamente al piso. ¡Realmente soy una idiota!

-¡No, no es eso! He escuchado la melodía por completo, y es hermosa…

Tomé mi cabello y lo despejé de mi cara, como un impulso de nervios y angustia. Lo miré afligida desde mi silla, disimulando mis pensamientos y demostrándole con una tímida sonrisa el agrado que tenía cada vez que componía para mí.

-Es solo que… -continué- No quiero que nos separemos…

Volví a ver las cajas, rayadas con un crayón negro grueso con las palabras "Frágil" en cada una. ¡Agh! Como odiaba ponerme sentimental en estos momentos, me prometí hace meses que debía terminar con mis depresiones. Edward me había propuesto en un par de ocasiones en trasladarse de universidad para que estemos tiempo completo juntos y yo me sentí fatal. La calidad de las universidades no era un tema como quién cambia de playera todos los días, y yo le estaba otorgando el beneficio a la duda, negando así el fruto de su esfuerzo por mis caprichos. No es que amarlo sea un capricho, pero no quería que perdiera la gran oportunidad que la vida le había entregado.

Lentamente, se levantó de su sillón y con paso lento, se encontró frente a mí, mirándome con profundidad en sus ojos. Acarició levemente mis manos, apoyadas a cada lado de mis piernas y se inclinó a besarme. Sus labios cálidos y perfectos aún producían un mar de emociones en mi interior y su tacto me enloquecía con cada rose. Besó mi frente dulcemente y se acomodó en cuclillas, observando cómo nuestras manos se entrelazaban.

-Yo tampoco quiero irme… No sé cómo voy a resistir un día sin ti

Sin moverme mucho, me incliné yo a besarlo castamente. Primero en la mejilla y bajé hasta su cuello, acomodando mi cabeza en su hombro respirando su aroma.

-Me llamarás todos los días, ¿verdad? –Dije en un tono más animado- Y las noches, serán noches de video llamadas

-Por supuesto

-Debería escribirte un cartel. Ya sabes, lleno de luces fosforescentes y brillo… que diga que eres mío

-Lo llevaría con orgullo, ¿Sabes?

Tomó mis piernas con delicadeza y rapidez, llevándome en brazos hacia el sillón del piano. Se acomodó en el espacio tan pequeño y como una niña pequeña, me acariciaba en su regazo. Me aferré en su cuello y comencé a acariciarle el pelo, consiente que nuevamente sus dedos se apoderaban del antiguo piano.
De forma juguetona, comencé a besar con un poco más de dedicación sus hombros y su cuello, tratando de acariciar levemente sus brazos tensos que seguían componiendo. Me acomodé mejor en sus piernas, y volví a besarlo en sus mejillas, subiendo de poco a poco hasta el lóbulo de su oreja y morderla con suma delicadez. Después de tantas tardes junto a él, sabía lo que esto le provocaba, por lo que una risa estúpida salió de mis labios cuando se distrajo en el orden de la melodía, oprimiendo con una presión indebida las viejas teclas. Seguí acariciando a mi hombre, cuando súbitamente dejó de tocar. Lo busqué con la mirada y rápidamente se apodero de mis labios, acariciando mi espalda y acercándome más hacia él. La temperatura comenzó a subir y con firmeza me guió hasta su cama. Sus labios bajaron a mi cuello y mi éxtasis solo permitía apretar con fuerza los músculos de su espalda, arqueando un poco la mía. Su respiración agitada me hacía perder la razón y su aliento contra mi boca me provocaba cada vez más. Con toda mi fuerza, logré dejar a Edward contra la cama, y comencé a desabrochar con torpeza los botones de su camisa. Su sonrisa lujuriosa me provocó un mar de descargas eléctricas y me mordí sutilmente el labio cuando terminé con el último botón. Se sentó en el colchón y me logró sacar la playera de Mickey Mouse que llevaba puesto.
Esto era tan excitante cada vez que pasaba. Sus sonrisas, sus besos apasionados, la manera en que me tocaba… siempre era algo nuevo. Besó mis hombros y mi pecho, y con valentía tomé su cinturón, desabrochándolo de a poco.

-¡Edward, cariño! Ya llegué

Charlie me hubiese castigado al escuchar la palabrota que salió de mi boca al escuchar la voz de la madre de Edward y el sonido de las llaves en la puerta principal. Me separé inmediatamente de él, buscando en el piso mi playera. El reía y sonreía sosteniéndose con los codos sobre la cama, aspecto que lo hacía ver triplemente más sexy.

-¡Hola mamá! Bienvenida a casa –dijo con toda la tranquilidad del mundo

¿Qué demonios? ¡Este hombre tenía un autocontrol envidiable! Me puse con torpeza mi playera y tomé del suelo su camisa. Acto instantáneo, se la lancé sobre su cabeza para que se vistiera.
Me sentía tan avergonzada, Esme era un amor conmigo, y yo estaba haciendo cosas indebidas junto a su preciado hijo en su cuarto. Edward se levanto, aún con el torso desnudo, y comenzó a acariciarme los brazos, devorándose mis labios con la misma intensidad de hace minutos atrás, dejándome embobada de nuevo. Busco el borde de mi playera nuevamente, rozando con sus dedos mi cintura.

-¡Edward! –Dije con la voz agitada- Esme está aquí

-Tú me provocaste primero –dijo juguetonamente ronco- No es justo

-¡Edward! –reiteré

Tomé su camisa y se la deje en sus manos. Salí de la habitación con paso sigiloso hacia el baño para ver mi aspecto y tomar un poco de agua. Aún seguía extasiada.
Estaba algo despeinada y con la respiración agitada. Abrí la llave del agua y me mojé la cara, tratando de bajar la temperatura. Me sequé con las toallas cien por ciento algodón que tenían los Cullen, y comencé a arreglar mi cabello.
Edward abrió despacio la puerta y, ya vestido, me sonrió con complicidad.

-¡Cariño, he comprado una pizza! Baja con Bella… -gritó Esme desde la cocina- ¡Se va a enfriar!

-¡Bajamos en un segundo, má!

Cerró contra su espalda la puerta y me acerco con delicadeza a sus brazos. Junto mi frente con la suya, con nuestras narices juguetonas, y volvió a besarme con dulzura y esta vez, ya más tranquila, no me opuse.
Este hombre es mi perdición.


-¿Y como está Renee? –me preguntó Esme, lavando un plato frente el fregadero

-Bien, muy bien –dije, con comida en la boca- Gracias por preguntar

Cuando Edward sacó otra rebanada de pizza, la puerta principal se abrió. Carlise había llegado del trabajo y dejó su maletín junto a una mesita.

-Bienvenido a casa cariño

Esme le sonrió desde la distancia, con una especie de electricidad que llenó de pronto la habitación. Edward continuaba mascando despreocupado, y yo siempre tratando de parecer refinada y culta, la opinión de los padres de mi novio era de suma importancia para mí.

-¡Oh, Bella! Nos acompañas esta noche –dijo Carlisle, avanzando hacia nuestro lugar- Siempre es un placer encontrarte por aquí

-Buenas noches, doctor Cullen

A pesar de mi elegancia, Carlisle me miró con cara de reproche. Me había reclamado un par de veces –o más- de que lo llamara por su nombre, que no éramos desconocidos y podía tutearle cuando deseara.

-Pizza esta noche, ¿verdad, amor? –Le coqueteó Carlisle, tomando la cintura de su esposa- Muy buena elección

Era increíble y admirable el amor que tenía esta pareja. Llevan más de veinte años casados y el verlos, es como ver un amor en sus primeros pasos, un noviazgo de adolecentes. En el fondo de mi corazón esperaba que ese fuera el destino de Edward y yo…
Lo miré, con todo el amor que podía entregarle, y él solo comía otro pedazo de pizza, concentrado en las líneas que formaba la meza. Estaba como en otro mundo, pendiente de sus pensamientos y desee saber que estaba pensando. ¿Habré hecho algo mal?

-Edward, hijo. Quiero enseñarte algo en mi oficina… ¿Puedo robártelo un segundo, Bells?

Carlisle siempre tan atento y gentil. Me hacía sentir como si fuera de la familia, sin incomodidades.

-Por supuesto –le sonreí

Miré fugazmente a mi amado y Edward me guiño un ojo. Suspiré un poro aliviada, al entender que no había hecho nada malo, pero… algo le acomplejaba, y eso no me tranquilizaba del todo. Esme se secó las manos y se sentó junto a mí, con una mirada maternal y dulce. Suspiró con una sonrisa en sus perfectos labios y me tomo cariñosamente mis pálidas manos.

-Estoy tan feliz por ustedes dos… No sé si Edward te lo habrá contado, pero parecía un zombie cada vez que llegaba de la escuela

Sus ojos brillaban con emoción, y mi corazón palpitaba con fuerza. Me sentía totalmente alagada.

-Hablábamos, me contaba sus cosas… -continuo- Y sus celos eran increíblemente notorios, y por más inteligente que era, no entendía lo más importante, lo que le faltaba y que siempre estuviste ahí

-Yo… -reí con timidez- Yo lo quiero mucho

-Lo sé, amor… ¡Era más que notorio! –Soltó una carcajada muy contagiosa- Eran muy ciegos… Con tu madre lo comentábamos, pero no quisimos entrometernos. Después de todo, ya están bastante maduros para tener sus propias decisiones

-Yo no creía que él me quisiera en ese entonces –Me sinceré

-Bella, si dijera que Edward está loco por ti… sería poco –Me apretó con delicadeza las manos- Y espero que sepas que siempre te querré como a una hija, y las puertas de nuestro hogar siempre estarán abiertas para ti

Se levantó de su asiento y me dio un cariñoso abrazo. Realmente me sentí muy afortunada, de llegar a esta familia, de tener un gran novio e increíbles amigos, y que dentro de poco, por fin voy a poder estudiar la carrera que siempre quise. Edward volvió con Carlisle, con sonrisas en sus labios irradiando alegría, se acercó a mí, enternecido por la escena que presenció de mí junto a su maravillosa madre, y se ofreció a llevarme a casa.
Tenía solo cuatro días con él, antes de la inevitable separación.


Les gusto? :') ... merece algun review? jaja ^^

Haciendo promoción... y agradeciendo también el "resivimiento" de mi otro fic, "Unexpected" que ya tiene 7 seguidores :') Si no sabian de su existencia, esta el link: s/8366418/1/Unexpected )

¡MUCHAS GRACIAS POR LA PACIENCIA Y POR SU APOYO!

Marii.-