¡Hola!
Un nuevo saludo. Tengo un capítulo para ustedes.
Este es algo lemon o M.
Por eso, si no te gusta eso, no lo leas. Solo piensa que pasó lo que tenía que pasar.
Por los dems, espero que les guste y dejen sus comentarios.
TC GAN
En el capítulo anterior, Tom fue rechazado por Candy de una manera muy triste. Por el contrario, Candy estaba feliz.
¡Qué verüenza!
Capítulo 15
Cuando Candy volteó a ver en dirección a donde Tom estaba, no lo encontró. Más bien, encontró a sus amigas sorprendidísimas. No lo podían creer. Habían escuchado la declaración de Tom y lo vieron salir del museo casi corriendo. La rubia no sabía que decir. Estaba borbotando de alegría, pero qué pasaría después la llenaba de incertidumbre. Tom había hecho los arreglos de vivienda. Todavía faltaban algunos días. ¿Qué hacer?
De vuelta al hotel, encontraron una nota para Patty y para Annie. En esta carta leyeron que la semana estaba pagada y que podían disfrutarla. Candy trató de llamarlo por teléfono. No lo encontró. En cambio, Annie logró hablar con él. No lo volverían a ver ni le volverían a hablar. Terry decidió llevarse a Candy a su hotel. Era mejor para los dos. La llevaría lo más lejos posible de ese día. París era solo de él y de ella. En cambio, Patty y Annie se quedarían los últimos días. Con lo que no contaron es con la llegada de Stear y Archie al otro día. Otro sábado más juntos.
La pareja de rubio y castaño llegaron a la habitación del hotel. Tenía una salita y en otra habitación estaba la cama. Terry tenía la ilusión de compartirla con ella, pero en el caso de no saber si lo iba a lograr – a pesar de la experiencia de la semana anterior – se quedaría en ese sofá. Al entrar, encotraron todo listo para una noche de amor. Una botella de champaign, unas fresas con chocolate... Tocaron a la puerta. Era el concerje con una carretilla con la cena. Ella acomodó sus cosas en el armario. Terry la llamó. Cenaron delicioso. Comenzaron a ver una película en la tele. Ella se recostó sobre el pecho de él. Él le pasó el brazo por detrás. La mano, casualmente, llegaba a la altura de uno de los senos. Al principio, no se atrevió a acariciarlo. Al pasar de la película, la mano iba bajando. Acarició el pezón con su dedo pulgar. De un lado al otro, iba y venía ese dedo. La rubia no le decía nada al respecto. En vez de ello, le acariciaba lo que tenía cerca. A diferencia de la reacción en ella, la de él fue un levantamiento al sur de la cintura en pocos instantes. La caricia sobre el seno se intensificó y trasladaba de uno al otro. Ella subió su rostro y besó lo que tenía cerca: el cuello. Él suspiró. Bajó el rostro y alcanzó su boca. Los besos iban y venían y las caricias también.
La urgencia era tal que él sólamente le dio vuelta y se colocó de rodillas frente a ella. Sin dejar de verla a los ojos, sus manos ahora acaricaban las piernas. Poco a poco, le subió la falda hasta la cintura. Le jaló su calzón para abajo con la misma velocidad. Ya sin ellas y con sus miradas llenas de deseo y de pasión, sintió cómo él dirgía a sus dígitos hacia la entrada ya no tan virginal, pero siempre virgen. La vez anterior, llegaron a este punto y Terry se detuvo porque ella se asustó un poco. Si iba a dejarla queriendo más, era imposible seguir. La reacción fue distinta esta noche. Ella gimió; música para sus oídos. Insertó uno y comenzó una danza sin dejar de verla. Se movía dentro de ella. Ella comenzó a sentir placer. Gemía y trataba de respirar. Llegó el punto en el cual la rubia se relajó. Dejó caer sus brazos y sus piernas; su cabeza cayó para atrás y su mandíbula para abajo. Cada movimiento, le permitía a Terry concoerla mejor. ¿Qué la excita más? ¿Qué la excita menos? ¿Cómo podía moverse para llevarla a cerca de la locura y de vuelta. Iba a hacerla llegar, pero no con sus dedos. Buscaba hacerla venir para poder entrar con más facilidad y sin tanta molestia o dolor. La melodía era formada por los jadeos y gemidos. La letra la estableció ella cuando le pidió – no, rogó – que la hiciera una mujer completa, que la hiciera suya.
Tomó su tiempo. La quería no solo dispuesta, pero la quería mojada. Al considerarlo prudente, sacó su dedo, se levantó, la levantó y él se sentó sobre el sofá. Sin quitarle la vista, se abrió el pantalón, bajó su calzoncillo y dejó salir ese exquisita parte que la llenaría por dentro. Los ojos de la dama se abrieron ante esta visión. El castaño la alcanzó para guiarla sobre él. Así lo hizo. Ella quedó sobre él. Sus piernas bien abiertas. Sintió cómo la hombría de ese caballero tocaba a la puerta de ella. Despacio despacio, fue entrando. Al estar preparada, la molestia no fue más que una impresión de algo raro dentro de ella.
Arriba, abajo... arriba, abajo... Encontraron el ritmo perfecto. Candy no estaba acostumbrada. Bajó el ritmo hasta quedarse quieto. No supo cómo lo hizo, pero él la levantó y caminó con ella hacia la cama sin salirse. Ella se agarraba en el como una garrapata; lo rodeaba por el cuello con sus brazos y la cintura con las piernas. Casi se salió al bajarla hacia la cama. La recostó. Comenzaron otra vez la danza del amor. Para hacerla recordar la vez anterior, le daba besos de piquito hasta desesperarla.
Bésame bien, Terry, bésame bien.
Eso hago.
No, así no lo estabas haciendo.
¿Cómo te gusta? Dime cómo te gusta.
Me gusta sentir los labios en los míos.
¿Así? - Hacía lo que le pedía.
Sí...
¿Qué más?
Quiero tu lengua... - No pudo seguir porque la lengua de Terry la invadió y exploraba su boca por todos lados con maestría.
¿Qué más quieres que haga?
Rápido, Terry, rápido. - Casi sin aliento. - ¡Ah! ¡Ah! Sí... sí... ¡Terry! - Su voz llegaba a un tono muy alto.
¡Espera! No llegues sin mí...
¡Ah! ¡Ah!
Cuidado, preciosa... No llegues sin mí. - Se esforzaba para poder correrse juntos.
Unos 20 minutos más tarde, lo habían logrado. Ella no sintió dolor, sino molestia. Se habían entregado a la pasión sin problemas. Mejor aún, ambos tocaron el cielo.
Al día siguiente, la joven se despertó en los brazos de ese hombre recién conocido, pero my familiar. Feliz, contento, él se despertó por primera vez con esa mujer que lo hipnotizó desde que lo había volteado a ver en aquel taxi barco en Venecia. Saberla atraída lo tenía atraído como moscas a la miel.
Gracias a todos quienes leen esta y otras historias.
carmen: te puedes casar con el que quieras... soñar es gratis... :)
flor: al contario. Gracias a ti por dejarte escuchar.
Oligranchester: aquí te dejé otro capítulo. ¿Te gustó?
Rossy Jimenez: la alcanzó y la dejó queriendo más... jajaja...
Nos vemos a la próxima. Les mando un abrazo,
TC GAN
