Dissclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, le pertenece a CLAMP.

La historia si me pertenece así que por favor, NO COPIAR.

Lágrimas de esperanza

Emiko hime-sama

Kaho Mitsuki

Clavé la vista en el vidrio de la ventana, más concretamente en las gotas de lluvia que lo golpeaban.

Lancé un largo suspiro.

-Eriol. –saludé.

-Kaho…. ¿Cómo estás? –preguntó.

La voz de Eriol siempre me había parecido extraña, ¿Por qué una persona tan joven tenía que poseer una tan grave, tan dañada, tan violada por la experiencia de una voz adulta? Era injusto.

-No muy bien. –admití. A Eriol no podía mentirle, jamás. Era imposible.

-Tomoyo me dijo lo mismo. –respondió. –Han superado mis expectativas. Creí que iban a mentir.

-Es difícil mentirte. –sonreí sin despegar la vista del vidrio.

-Si tú lo dices. –se encogió de hombros.

-Deberías estar con Tomoyo. Ella te necesita mucho más que yo.

-Tomoyo tiene a su madre. Y ahora a su padre. Necesitan tiempo… tú sabes, en familia.

-Kaname logró más cosas de las que planeó… ¿eh? –murmuré con tristeza.

-No lo conocía.

-Era… una persona maravillosa. Una de esas que siempre superan tus expectativas. Que te hacen pensar que no es humano. –contesté.

Eriol se limitó a apretar mi mano fuertemente.

-Estoy aquí para ti, para todo.

-Yo… gracias. Por todo.

Lancé un largo suspiro al recordar la conversación que había tenido hace algunas horas con Eriol.

En verdad que estaba enamorado. El que viniera aquí y me diera sus respetos y condolencias era… tan… inesperado.

Eriol no era así, ni mucho menos Clow.

Nakuru Akizuki

-Quiero proponerte algo. –dijo Yukito Tsukishiro recuperando su forma falsa. Yo ladeé el rostro.

Ambos nos miramos por un largo tiempo.

Yo le traté de sostener la mirada, pero no lo logré. Había tanta dulzura en sus ojos que, en cierta forma, empalagaba.

Me dejé caer en la suave cama de hospital en la que estaba y clavé la vista en el techo blanco lleno de hoyos.

-El poder de Toya.

Yo abrí los ojos como platos.

Dios… oh por dios….

Mis labios temblaron y segundos después las lágrimas empezaron a fluir una por una resbalando por mis mejillas. Rompí en sollozos. No pude decir nada, era demasiada la euforia.

-¿El poder de… ver…?

Yukito me tomó la mano fuertemente.

-Sakura ya es lo suficientemente poderosa como para mantenernos a Yue y a mí…

-Pero… no puedo. –traté de calmar mi voz. –El poder le pertenece a Toya.

-Le pertenecía.

-Entonces… ¿está… bien hacer eso? Yo… quiero hablar con Toya.

-Yo hablaré con él. Piénsalo. –me acarició la frente en gesto paternal. –A este paso te terminarás matando y nadie quiere eso. Yo no quiero eso.

-¿Por qué lo haces? Te debilitarás. Tomarás poder… de más de Sakura.

-Sakura lo propuso. "Todo estará bien, mamá está en paz… pero creo que Kaname-san jamás ser perdonaría el ver a Nakuru tan triste. Jamás se perdonaría le haberla matado, llevado a la muerte."

Una vez más mis ojos se cristalizaron. Asentí.

-Gracias, muchas gracias… gracias, gracias, gracias…. gracias.

-Sólo tienes que prometer que jamás volverás a pedir la muerte.

-No lo haré. Se lo debo a Kaname… y te lo debo a ti.

Le devolví el apretón con poca fuerza. Parpadeé y besé su mano.

-Eres mi esperanza… gracias Yue. –le dije mirándolo a los ojos.

Yukito simplemente acarició mis cabellos y me obligó a recostarme.

-Es un honor.

Tomoyo Daidouji

La primera vez que supe que te perdería

Hice una jaula de oro y encerré mi corazón

Pensé que el oro era fuerte

Hasta que descubrí que también se oxidaba

Pero ahora estoy bien

Porque no hay nada más que pueda perder

La felicidad que tengo ahora es algo que jamás arriesgaré

Pues ya no tengo nada por lo que arriesgarla…

Kaname nii-sama… ¿escuchas mi voz? ¿Escuchas mi canción?

¿Escuchas la sinfonía que trató de formar en mi pecho y la trató de mandar a mis pies? ¿Ves la corriente que me recorre al tiempo que vuelvo a pisar esta casa, esta mansión, en el que vuelvo a tomar un lirio y lo acercó a mi nariz?

¿Sientes la felicidad que me llena? ¿La dicha que aparece en mis ojos?

¿Estás tú también feliz?

Aspiré una gran bocanada de aire al tiempo que una triste sonrisa aparecía en mi rostro y dejaba el diario a un lado.

El diario me lo había regalado papá. La primera mitad estaba llena de los pensamientos escritos por el puño de mi hermano. Su letra era fina, ligeramente cursiva e inclinada. Escribía el inglés… sospechaba que el japonés le traía malos recuerdos, pero quien sabe, jamás le podré volver a preguntar…

Sin embargo, no traté de leer sus páginas. Le pertenecían a él, sólo a él… eran sus recuerdos, sus miedos, sus pensamientos, sus sentimientos. Era su vida, su privacidad y, aunque fuéramos hermanos gemelos teníamos diferentes vidas. Y yo quería respetar su recuerdo y su memoria.

La lluvia no había parado desde que mi hermano se había elevado al cielo, pero estaba bien… de esa forma los lirios que tanto había cuidado y adorado mi hermano no se secarían… y la larga sequía que había acechado Japón se iría.

-Esto es lo correcto, ¿cierto? –murmuré.

-Sí.

-¡Eriol! –murmuré sorprendida. –Creí que estabas con Kaho.

-¿Estás bien? –preguntó quitándose su abrigo y poniéndomelo en los hombros.

-Sólo estoy… recordando.

-¿Lo extrañas?

-Por supuesto. Cuando… cuando pensé que Kaname estaba muerto, de niña, simplemente pensé que simplemente había salido a dar un paseo y a un viaje largo, que jamás me dejaría sola, que siempre estaría a mi lado, tú sabes, los pensamientos de una niña pequeña.

-¿Y ahora? ¿Por qué es diferente? –dijo sentándose a mi lado, en el suelo del corredor techado del jardín.

-Porque ahora tú estás conmigo. –sonreí apretando su mano dulcemente. Sus ojos azules me miraron sorprendido. –Y porque sé que Kaname lo hubiera querido así. Podríamos decir que maduré. –bromeé.

Eriol rió.

-Te amo, Tomoyo. Pero no tienes que fingir, es malo para tu salud. –dijo besando mi frente y pasándome un brazo por el cuello.

-Yo también le contesté -enrollando mis brazos por su cuello también. –Gracias por estar aquí. Sin ti no sé que habría hecho.

-Eres fuerte.

-Hemos cambiado…. ¿no lo crees? Unos meses atrás ni siquiera hubiera podido imaginar que estaría aquí, contigo. Que sería capaz de volver a ver a mi hermano, a hablar con él, a sentir sus alas apretujarme contra su cuerpo y sus manos cálidas acariciando mis mejillas. –sentí las lágrimas hervir mis mejillas, pero no hice nada por detenerlas.

Había dejado mi orgullo. Ese orgullo tan inservible que jamás te servía de nada, solo te manipulaba, te controlaba y te hacía tomar las malas decisiones.

-¿Tomoyo?

-Lo siento. Lo que pasa es que… mañana es su cumpleaños... nuestro cumpleaños.

-Prometo que te daré algo que jamás olvidarás. –dijo abrazándome aun más fuerte.

-Sabes que lo terminaré olvidando. Soy muy torpe en estas cosas, Eriol. Ni siquiera sé….

-Tomoyo, te amo princesa. Tengo el regalo perfecto para ti, no te preocupes.

Yo me limité a sonreír ligeramente.

Eriol Hiraguizawa

-¿Sabes Tomoyo? ¿Sabes lo que significa la mariposa?

-¿Mari…posa? –pregunté. -¿Por qué tan de repente? –dije mirándolo a los ojos tratando de descifrar lo que pensaba. Fue inútil, Eriol era simplemente demasiado complicado para mí.

-¿No?

Yo me encogí de hombros.

Eriol se puso de pie y me ayudó a ponerme a mí de pie. Me sacudí el polvo del vestido negro que traía (por el luto que estaba guardando) y di unos golpecitos con la punta de mis zapatillas para que volviera a circular la sangre normalmente.

-Significa hermosura, libertad y… ¿sabes qué más?

-… -yo lo miré fijamente a los ojos tratando de descubrir que tenía que decir.

-Inocencia… ¿y…?

Yo abrí los labios en sorprendida.

-Eriol…

-Pureza. –sentí mis ojos llenarse de lágrimas.

-No lo harías…

-No, no me malinterpretes. Aún quiero vivir una vida contigo. Pero por un segundo… por un solo segundo lo haré.

Yo le rodeé el cuello con mis brazos y le planté un largo beso en los labios.

-Te amo, te amo, te amo, te amo… Eriol. Gracias. Eres… ¡Realmente sabes cómo pienso! Yo… yo… prometo que algún día te lo pagaré. ¿Tú lo puedes ver? ¿Lo oyes? –Eriol se llevó el dedo índice a los labios indicándome silencio.

-Son las 7:00pm. Tendrás que esperar para mañana…

Di una vuelta feliz y alegre y entonces tomé la mano de Eriol para arrástralo bajo la lluvia.

Bailamos bajó la lluvia durante horas.

Eriol se quejaba de que me enfermaría, de que se le empañaban los anteojos pero… pero… al verme así de feliz sus labios se curvaron en una sonrisa que no le había visto en mucho tiempo. Y además, era una sonrisa real, y no una con el fantasma de Clow detrás de ella.

Tomé sus manos, di un giro, me puse de puntillas, corrí de un lado a otro, besé los lirios… y lo más importante, miré de un lado a otro y sonreí.

Una verdadera sonrisa.

Mañana sería un gran día, pronto volvería a ver a mi hermano.

Y en ese momento daría mi último adiós y diría todo lo que quería decir en ese momento. Todo lo que sentía, la voz que amenazaba con salir de mi garganta cada vez que abría mis labios para reír o murmurarle las gracias a Eriol.

Le diría que ahora era feliz, que me había hecho la mujer más feliz del mundo…

Y que estaba profunda e irremediablemente enamorada de Eriol Hiraguizawa… y nadie más podría manipularme u obligarme jamás a obedecer al destino o a Dios.

Yo era dueña de mis decisiones, yo decidía cómo vivir. Le demostraría lo mucho que había madurado… y la felicidad que me había concedido.

Ese 3 de septiembre, me desperté a las 5 de la mañana. No pude evitarlo.

Mis manos temblaban, incluso tuve que enderezarlas varias veces para poder coger el cepillo y llevarlo a mi larga cabellera. Me cepillé los cabellos lentamente, quería estar perfecta.

Debido al luto que estaba guardando, (y si iba a guardarlo hasta que pasaran los 3 meses) elegí unas mallas negras junto con un vestido negro que me llegaba hasta un poco más arriba de las rodillas de manga larga. Me amarré los listones que tenía en los codos y tomé la cruz que alguna vez había sido usada para abrir la caja de Mia, la besé y me la puse en el cuello.

La mariposa que tenía marcada en mi mano, seguía intacta, no había desaparecido, pero no me molestaba, no me importaba. Era una de esas marcas que me ayudarían a no olvidar lo que había vivido.

Ya no escaparía más.

Até las cintas de mis botas negras y con un listón atado a una rosa negra, amarré un mechón de mis cabellos en una trenza de lado. El resto de mi cabello lo deje suelto.

A mi hermano le encantaba verme con el cabello suelto.

Miré hacía la ventana, la luna aún brillaba, pero el cielo se estaba aclarando. Me acerqué para abrirla. El suave rocío de la mañana inundo mis fosas nasales, lo que, extrañamente, me hizo sonreír. Cerré mis dedos fuertemente, en cierta forma estrujando la cruz.

Y juró que las lágrimas que en ese momento me salieron, no fueron de tristeza, si no de esperanza.

Eran lágrimas de esperanza.

Eriol Hiraguizawa

Fruncí el ceño.

Sentía como si alguna luz brillante, demasiado brillante, estuviera apuntándome directamente a los ojos y, medio dormido como estaba, me rehúse a abrir los ojos.

Fue en vano, segundos después, antes de que pudiera conseguir medio segundo más de sueño, un ruido como de algo cayendo y rompiéndose se dirigió a mis oídos, y entonces no pude evitar levantarme rápidamente, ligeramente desorientado y, ¿para qué negarlo? Asustado.

-Vaya, por fin despiertas. Llevo media hora tratando de despertarte, pero no lo hacías.

Normalmente, si el hermano muerto de la mujer que amas se te aparece a las 5 de la mañana, te asustarías. Pero… bueno, eso era "normalmente" y yo nunca había sido muy normal que digamos.

Bien, al menos tener magia podía hacerme saber que no estaba loco.

Exhalé un largo suspiro y tanteé mis gafas.

Parpadeé dos veces antes de ponérmelas.

-¿Y bien? ¿Vienes a reclamarme?

-No, por supuesto que no. Vengo a agradecerte. Una de las 2 cosas que más lamentaba es no poder haberme podido despedir de Tomoyo. Pero… supongo que ya no importa. Tomoyo es fuerte.

-Nunca lo he dudado. –sonreí. –Eres un buen hermano.

-Quieres decir "fui"

-No. –negué. –Tú nunca la abandonarás, la quieres demasiado.

-Tienes razón. –sonrió.

Silencio.

-Dime entonces, -conseguí formular. Tenía que preguntar. -¿Cuál es la otra cosa que no lamentas haber hecho mientras estabas vivo?

-Pero si tú ya lo sabes. –dijo un poco dolido, con un tono amargo.

-Nakuru no… no está en las mejores condiciones, ¿sabes?

-Lo sé. –exhaló un largo suspiro. Cerró los ojos. –Quería pensar que se podría volver a enamorar… pero… pero supongo que es cierto eso de que sólo te puedes enamorar una vez. Iré a verla pronto… y entonces jamás la dejaré.

-No servirá de nada comprometerte si no puede verte.

Kaname sólo ladeó el rostro en una sonrisa. Sus ojos se suavizaron y una luz tranquila y serena se apoderó de ellos.

-Hay ciertas personas a las que se les dificulta ser amables. Pero por dentro tienen un gran corazón. –fue lo único que dijo. Y, aunque no entendí realmente lo que quiso decir con eso, le sonreí. -Dejo a mi hermana en tus manos entonces. Los japoneses creemos en el karma así que… más vale no lastimarla o…

Yo reí al tiempo en que puse de pie.

-No soy japonés. –le dije. Sonrió.

Él me extendió su mano, yo traté de tomarla pero solo logré atrapar el aire.

Mi sonrisa desapareció.

-Realmente siento lo que pasó.

-No fue tu culpa. Además, tenía que pasar tarde o temprano.

-Pudo haber sido… no se supone que tenía que ser tan pronto.

-Ya no lo podemos cambiar, Eriol. Yo no juzgo ni culpo a nadie por lo que pasó. Retar al destino o a Dios si existe… no es divertido. Déjame a Nakuru a mí, y yo te dejaré a Tomoyo a ti. Eso es lo último que quiero pedirte.

-Nakuru no podría estar en mejores manos. –dije.

Kaname solo rió.

-Muchas gracias… por todo. Fue un placer conocerte.

-¿Podré verte después de esto?

-No… no tendré tanta energía para ese entonces, concentraré mi energía en Nakuru, no quiero desaparecer. Hacer que una persona me vea, incluso si tiene magia, es increíblemente agotador. Creo que tú puedes verme con tanta facilidad porque eres la reencarnación de Clow. Syaoran solo me vio translúcidamente… y su magia no es poca.

-¿Viste a Syaoran?

-Tenía que hacerlo. Tenía… asuntos personales con él.

Meilling Li.

-Dile a papá que lamento no poder haber ido a buscarlo. Tenía que elegir personas… y también… también dile a Kaho que lo siento… que no sé porque las mariposas son tan frágiles, ni tampoco sé porque tienen alas tan espolvoreadas… lo único que sé es que son hermosas… y con un solo vistazo, las recordarás por siempre.

-Se lo diré. –le aseguré. Presentía que para Kaho eso sería muy importante. –Creo que… ya es hora. –dije mirando de reojo mi reloj. Seis en punto.

-Claro… yo… estaré afuera. Parece que será un día soleado.

-Un milagro.

-Sin duda.

Ambos nos miramos largamente hasta que por fin decidí decir…

-Feliz cumpleaños.

-Hubiera cumplido 18… supongo que extrañaré los pasteles.

-Prepararé uno para ti y lo llevaré a tu tumba cada año.

-Lindo gesto. –dijo sarcásticamente. –Pero estoy bien así, tengo que acostumbrarme a… hacer sacrificios por lo que quiero.

-Creo que… ya has hecho suficientes sacrificios, Kaname. Esta otra vida, tienes que usarla para ser feliz.

Kaname sonrió por enésima vez en todo el tiempo en que le había conocido.

Tomoyo Daidouji

El amanecer era hermoso, siempre lo he pensado.

Y era aún más hermoso cuando sabes se volverá un lindo recuerdo en tu memoria.

Me recargué en la pared del balcón y sonreí con la mirada perdida en la luz de los primeros rayos de sol. Dios, era tan hermoso.

Empecé a tararear un canción, no recuerdo exactamente cual, solo sé que tenía que ver con Eriol. O más concretamente, el piano de Eriol… la forma en que sus dedos arrancaban el sonido al tiempo en que recorrían el teclado, presionándolo, adorándolo en silencio.

Gemí en silencio por la falta de palabras…. Hermoso quedaba corto para describir el amanecer que veía en ese momento.

Una hora más tarde, me encontraba con los ojos vendados (insistencia de Eriol) sentada en encima de lo que parecía ser un piano. El mismo piano en el que había logrado el milagro de hacer mis piernas caminar. Lo reconocía.

Oh si, en aquel momento la vida era injusta. En este, era el perfecto momento en el que podría quedarme mirando algo largamente sin quejarme, y reírme de la nada como una loca.

Volví a tararear.

Eriol me quitó la venda, pero no quise abrir los ojos. Temía lo que podía mirar.

No era que no quisiera ver a mi hermano, pero… pero… ¿y si veía decepción en su cara? O en todo caso, supongamos que no fuera a encontrar nada malo, ¿Si encontrara tristeza? ¿Podría sentirme… podría seguir viviendo feliz?

Dios.

Pero Eriol me apretó la mano, infundiéndome el valor que necesitaba.

Abrí los ojos.

E inmediatamente se me escapó un sollozo.

A mi hermano le rodeaba un aura azul claro, casi plateada. Sonreí ligeramente, como si estuviera orgulloso de lo que estaba viendo. Yo le devolví la sonrisa.

Hablamos sin necesidad de separar los labios. No puedo describir lo que sentí en ese instante.

No encontré dolor, ni tampoco algún indicio que demostrara que me culpaba, que estaba decepcionado de que no le hubiera devuelto la vida…. Simplemente cariño. El cariño eterno que siempre habían mostrado sus ojos.

Me cubrí los labios con las manos y no supe si debía reír o llorar, así que hice ambas cosas.

-Feliz cumpleaños. –murmuró. –Hermanita.

Casi pude volver a sentir la calidez de su mano contra mi mejilla… pero no era lo mismo, y a pesar de ello me sentía feliz. No diría "lo siento" ni tampoco "perdón" porque sabía que eso solo lograría entristecer y atormentar a mi hermano. Lo único que hice fue asentir y…

-Feliz cumpleaños. –le contesté. Retrocedí un docena de años, y recordé cuando tenía 5 años, allí estábamos los dos, detrás de una mesa con un pastel, papá y mamá cantándonos y celebrando nuestro cumpleaños como debía de ser. Como una familia. Feliz. La era inocente. –Kaname nii-sama.

Yo alargué mi mano.

Kaname bajó la vista riendo ligeramente y se acercó. Sus pasos fueron silenciosos y no supe si era porque era fantasma o porque simplemente había elegido hacerlo así.

Cuando los labios fantasmales de Kaname tocaron mi mano, juró que no fue mi imaginación, sentí algo. Y lo mismo pasó cuando besó mi frente y me envolvió en un abrazo fantasmal. No pude devolverle el abrazo, porque yo lo único que pasaría sería tocar algo inmaterial, atravesaría el aire… y sospechaba que a Kaname le pasaba lo mismo, no podía tocarme… y por eso no me estrechaba como lo hacía cuando estaba vivo.

Pero yo era feliz así, porque el verlo una vez más, era todo lo que yo había deseado.

-Tres minutos separan el tiempo en el que tú y yo nacimos… pero a pesar de eso somos la misma persona, y mientras tú me recuerdes jamás me apartaré de tu lado. Entonces puedo decirlo, vive feliz y yo seré feliz. Jamás lamento el haber muerto, porque tú no lo hiciste. –me murmuró al oído. Alzó la mano en la que tenía grabada la mariposa e hizo ademán de tomar la mía, yo entendí, y la alcé.

Aunque su mano no pudo apretar la mía, sí la pudo rozar.

-Y aunque no sé qué es lo que una mariposa más allá de la pureza, la hermosura y la inocencia que demuestran… sé que existen, son reales… -sonrió. Vi que sus ojos se cristalizaban. Las lágrimas se resbalaron por sus mejillas, pero sé que no eran de tristeza. –Hay misterios en el mundo, como el por qué tenemos esta mariposa en nuestras manos… que no hay necesidad de descifrar… porque hacen la vida más interesante. ¿Te confieso un secreto, Tomoyo, hermanita? –besó mis mejillas. –Yo creo que esto es lo que nos une… y el día en que termine tú larga y hermosa vida… -dijo acariciando mi cabeza y dándome unas palmaditas en ella. –Nos volveremos a ver. Este no es un "adiós" ni un "hasta pronto" si no… "siempre estoy contigo"

Ambos reímos.

-Las lágrimas que derramaré por ti entonces, no son ni serán de tristeza ni tampoco de nostalgia… si no de la única y pura razón de la esperanza.

-Fuiste la persona que más quise en este mundo, Tomoyo. A Nakuru la amo, pero tú eres mi hermana. Tú eres yo y yo soy tú, y bien sabes que peco de arrogancia… pero no exactamente por mí sino por quererte demasiado.

-Entonces peco por lo mismo.

Kaname sonrió.

-Si existe un purgatorio, entonces estaré contigo. Y pagaremos nuestros pecados juntos…

-Nacimos juntos…

-Pero la muerte nos separó.

-Y aun así no lo lamentó…

-Porque no es una separación real… pues no hay nada que nos pueda separar. Te quiero.

Yo asentí.

-Yo también te quiero. Jamás te olvidaré. –mi voz se rompió. Negué incapaz de encontrar más palabras. Luego asentí pero… pero… lo único que conseguí fue reír.

¡Estaba tan feliz!

Kaname rio conmigo.

Ambos nos miramos fijamente a los ojos, y entonces volví a ser niña. Volví a ser su hermana pequeña, la que no podía alcanzar las manzanas de los árboles, la que temía la oscuridad… y el volvió a ser mi hermano mayor, el que subía a los árboles por las manzanas, el que se quedaba conmigo hasta que me quedaba dormida, el que todo lo sabía, el que me defendía de todo, incluso del monstruo inexistente del closet, el que tomaba el bat cuando escuchábamos ruidos extraños, el que me abrazaba mientras papá y mamá peleaban, él que se llevaba el dedo a mis labios cuando estaba a punto de decir una tontería.

Volvió a ser la persona más importante para mí, y en ese instante no había nadie ni nada más que nosotros.

-Te quiero. –volví a repetir. –Gracias por todo. –murmuré. –No sé qué habría hecho si no nos hubiéramos vuelto a ver… eres… eres más de lo que yo jamás hubiera pedido. Gracias por existir… y por sacrificar tantas veces tu felicidad por mí. –reí una vez más pero lo miré sinceramente, con alegría y agradecimiento infinito.

Kaname solo rio.

Reímos juntos porque simplemente no sabíamos qué más hacer, o qué decir. Así nos entendíamos y no necesitábamos nada más.

-Dios… no puedo… no puedo creer que realmente….

-Lo sé, lo sé… es increíble. –fue lo que contestó.

Y entonces caí en la cuenta de algo, ¿Hace cuánto que no lo había escuchado reír?

Nakuru Akizuki

Había tenido un sueño.

Era un lindo sueño… o mejor dicho, un recuerdo. Sí, un lindo recuerdo.

Y todos mis lindos recuerdos, involucraban a Kaname.

"¿Quién soy?"

"Nakuru" –me contestó sin dudar, con una sonrisa escapándosele.

"Awww… ¿Cómo supiste?" –dije haciendo un puchero fingido. Kaname se giró para verme y me revolvió el pelo. Tenía 15 años en ese entonces.

"Yo sabría que eres tú la que está a lado mío aunque estemos en medio de una cueva oscura y silenciosa"

"¿Y eso por qué?"

"Porque tú eres imposible de perder para mí"

Desperté. Parpadeé.

Desorientada, miré hacia abajo.

Ahh… sí, ya lo recordaba. El suero. Eso era lo que tanto me molestaba.

Dejé mi mano caer, resignada y di una vuelta silenciosa a la habitación con mis ojos.

Ventana, pared, techo, pared, puerta y… y allí enfrente….

Parpadeé más, e incluso antes de que mi cerebro procesara la información…

Sollocé.

Traté de decir su nombre, pero el nudo que tenía en mi garganta me lo impedía.

Me fue difícil controlarme, pero más difícil fue cuando me dio unas palmaditas en la cabeza, y me tomó la mano.

Dios, había escuchado que los fantasmas atravesaban a la gente, pero no lo estaba haciendo….

Tendría que agradecer a Toya más tarde, su poder era impresionante.

Parpadeé una vez más, no creía lo que veía.

Él me besó la frente y luego la clavícula. Después me besó muy, muy cerca de los labios, pero sin tocarlos.

Y, rozándolos, pero no uniéndolos me murmuró quedamente:

-Te he extrañado, Nakuru. –y rompí a llorar. Los sollozos sacudieron todo mi cuerpo y no pude hacer más que pasarle los brazos por el cuello.

-¿E…es un sueño….? –pregunté en un murmullo. Kaname sonrió.

Estaba allí, realmente estaba allí. Esa sonrisa, esa cara, esos ojos… era imposible que fuera un sueño. Era real.

-Kaname… Kaname… Kaname… -repetí su nombre numerosas veces, primero murmurándolo y después casi gritándolo. Empecé a reírme como una loca. –Realmente… estas aquí. Kaname… Kaname yo… te amo, te amo, ¡Te amo!

-Ya lo sé, Nakuru, ya lo sé, yo también te amo. –dijo limpiándome las lágrimas. Yo reí una vez más, como una tonta. Kaname también reía. Nos miramos por un largo rato, Kaname se sentó al borde de la cama y pegó su frente con la mía. Me acarició la mejilla. –Te amo…

Besé sus labios, Kaname me respondió el beso lentamente, con una dulzura infinita que ya hace mucho no probaba. El vacío en el pecho y la sed en mi garganta que había sentido desde su funeral… habían desaparecido, y se habían llenado por una calidez y una dulzura embriagadora.

Después nos fundimos en un abrazo.

-¿No… no te irás, cierto?

-Estaré aquí, al menos hasta que encuentres a alguien más. Sé que debí haber esperado…

-Kaname eres un tonto… -dije escondiendo mi rostro en su cuello. –La única persona a quien he amado, amo y amaré eres tú… y solamente tú, Kaname…. Siempre fuiste tú…. Nunca… nunca hubo nadie más… y nunca lo habrá.

-¿Está bien…contradecirme y creer en tus palabras, Nakuru? ¿Está bien tener esperanza?

-¿Por qué no descubrimos eso…? Juntos…

Le apreté su mano, y eso era más que suficiente. Cerré mis ojos en una ligera sonrisa.

-Siempre.

Y me aferré a su pecho, como la primera vez que lo hice, como lo hice hace tan solo unas semanas.

El que Kaname hubiera renunciado a su eternidad, a su paz eterna, por mí, era más de lo que yo hubiera podido desear jamás.

-Gracias… -murmuré.

-No es necesario… -dijo besando mi cabeza. –Nakuru, mi eternidad eres tú….

Toya Kinomoto

-Eres amable.

Ah, sí, ya decía que algo faltaba.

Mi mejor amigo, Yukito, me miró con su endemoniada sonrisa.

En serio, mi amigo me importaba mucho, pero a veces me daban ganas de ahorcarlo.

-Cállate.

-Oh, vamos, fue un lindo gesto. Apuesto que Kaname te cayó bien.

-C-A-L-L-Á-T-E

Yukito sólo rió.

Pero después de unos minutos, su risa (incluyendo su endemoniada sonrisa) y me miró seriamente.

-¿Estarás bien? Yo… esperaba poder devolverte tus poderes cuando… fuera el momento. Tú sabes, sé que tu madre…

Yo negué quitándole importancia.

-Mamá está feliz, siempre se veía feliz. Pero Akizuki claramente no lo estaba así que… -lancé un largo suspiro.

Yukito volvió a sonreír ligeramente, solo para volver a ponerse serio.

-¿Cómo esta Meilling?

Yo lo miré largamente, no sabía si enojarme o sorprenderme.

-¿Y por qué diablos lo tendría que saber yo? –le contesté escondiendo mi sorpresa, después de todo, era más fácil actuar de este modo.

Yukito se encogió de hombros.

-¿Qué significa eso? –volví a preguntar. Genial, ahora me estaba poniendo nervioso.

Me obligué a poner una cara irritada, cosa que no me fue muy difícil de todos modos. Fruncí el ceño, y dejé los papeles que unos segundos antes estaba revisando.

Bien, Kaori Nakamura tendría que esperar, de todos modos, de seguro era una simple anorexia por querer estar en línea o algunos otros de esos síntomas que tenían los adolescentes hoy en día.

-Sólo preguntaba. Después de todo… ella… Meilling parecía bastante… parecías bastante preocupado por ella, Toya. –dijo simplemente volviendo a sus papeles. –después de unos segundos frunció el ceño, algo muy extraño en él.

-Era una paciente para mí, eso es todo.

-¿Mmm…? –contestó distraídamente.

Primero me irritaba, ¡y ahora me ignoraba! ¡Genial, simplemente genial!

-¡Hey, ¿me estás escuchando?

Yukito parpadeó. Le arrebaté los papeles.

Al verlo, también fruncí el ceño.

-¿Cómo alguien se puede quedar ciego de un día para otro? –comenté.

-Y tiene 6 años.

-Y solías decir que ser pediatra iba a ser fácil…

-Nunca lo dije. –contestó poniéndose de pie y arreglándose la bata. –Sólo que soy mejor con los niños… es más fácil para mí.

-¿Qué insinúas?

-Vamos Toya, la última vez que le hablaste a un niño sin un disfraz el pobre se fue corriendo…

Me recorrió un escalofrío al recordarlo y le lancé una mirada de odio.

-Fue escalofriante.

-¿El niño? –parecía confundido.

-Aja.

-¿Por qué?

-Si crees que los niños son algodones de azúcar, estas muy equivocado, Yuki.

Él lanzó un largo suspiro.

-Tengo que irme. Lo siento, tendrás que ir a ver a Nakuru sólo… trata de no pelearte mucho con ella. Y… te recomiendo que esperes unos segundos más…

Yo lo miré sin entender. Yukito rodó los ojos.

-No querrás interrumpir, ¿cierto?

Yo me sonrojé.

En serio, algún día de estos iba a matarlo.

Yukito sólo sonrió y agitó la mano.

-Y Toya… vi a Meilling hace unos días, en serio, deberías ir a verla. –cerró la puerta.

Meilling Li… ¿eh?

Lancé un largo suspiro y tomé un gran trago de café.

Syaoran Li

-¡Sakura! –grité tratando de alcanzarla.

Sakura se giró curiosa, y al verme, sonrió.

-Syaoran. –saludó. Espero unos segundos hasta el momento en que pude recuperar el aire y rió.

Yo la tomé de la cintura, y la besé.

-Oh, andas de buen humor hoy.

-Vi a Kaname.

Sakura me miró sorprendida.

-Sí, y… tenías razón. Todo va a estar realmente bien. Creo que en estos momentos está con Tomoyo… -miré mi reloj. –No, olvídalo, Nakuru. Debe estar con Nakuru.

-Vaya… pues… -sonrió. –Es genial.

-Lo sé.

-Pero… ¿Qué hay de Meilling? –preguntó preocupada, arrugando ligeramente la nariz. Meilling se había vuelto un tema realmente delicado y preocupante.

Lancé un largo suspiro y le pase un brazo por los hombros.

Empezamos a caminar.

-De eso quería hablar. Kaname dijo "Ya ha encontrado a la persona con quien debe estar" y… bueno, creo que sé a quién se refiere.

Sakura me miró curiosa y, al ver que no decía nada, preguntó:

-¿Y quién es? –temía la pregunta.

-Escucha Sakura, tienes que escucharme con mucha calma.

-Me estás asustando, Syaoran….

-Bueno, yo mismo me asusté cuando me di cuenta.

Sakura frunció el ceño.

-Es tu hermano, Sakura. Kaname cree que Meilling debe estar con tu hermano. Y bueno, Kaname es bueno en estas cosas así que…

Sakura parpadeó, volvió a parpadear y… se echó a reír.

-¡Hey, Sakura, esto es serio!

-Lo siento… -dijo entre risas. –Es que… es tan gracioso… ¿Meilling y Toya?

Reí sarcásticamente por unos segundos y luego la zarandee.

-¡Sí! Es uno de los últimos deseos de Kaname, y él era un gran amigo mío… Meilling es mi prima así que… así que ¡tienes que ir a hablar con el cabezota de tu hermano y convencerlo de que…!

-Ay, Syaoran, cálmate… mi hermano no es tan malo como parece.

-Ya lo sé, ya lo sé… ¿crees que estaría diciendo esto si lo creyera realmente?

Sakura volvió a reír y me dio un beso en los labios.

-Bien, entonces… ¿me acompañarás?

-Lo siento, iré a ver a mi madre. Tal vez me encuentre con Meilling también.

-¿Cómo está tu madre?

-Se ha vuelto muy unida con Meilling… ya no la regaña por sus gritos. –contesté. Ella rió. –Es increíble como Meilling…

-Sí. Es casi un milagro. –me dijo sinceramente.

Yo le sonreí.

-¡Mándale saludos a Meilling y a tu madre de mi parte! –dijo mientras se subía al taxi y me mandaba un beso.

Sakura también había vuelto a ser la Sakura de hace años, tal vez un poco menos tímida… pero eso me encantaba también.

-¡Oh, Sakura! ¡No te atrevas a decirle a tu hermano lo que dije!

Sakura rodó los ojos y agitó la mano en señal de despedida.

Cuando se fue, metí mis manos a mis bolsillos y sonreí.

-Kaname… pensar que de entre todas las personas harías un sacrificio tan grande como sacrificar tú eternidad por alguien… es exactamente lo que debía haber esperado. Me alegro por ti… -murmuré.

Cerré los ojos y recordé la sonrisa de Kaname hace unas horas.

Si sólo Meilling lo hubiera visto….

Tomoyo Daidouji

Tan pronto como Kaname desapareció, me eché a los brazos de Eriol y lo abracé fuertemente agradeciéndole sin parar.

Eriol me tomó por la cintura y me dio vueltas.

¡Me sentía tan feliz!

-Oh, Eriol… no sé qué hacer para agradecerte.

-No tienes que hacer nada, después de todo es tu cumpleaños.

Yo tomé su rostro con mis manos, le besé ambas mejillas y luego sus labios.

-Es el mejor cumpleaños que he tenido… -dije pasándole los brazos por el cuello.

Eriol sonrió.

-Me alegra que seas feliz.

-Infinitamente.

Eriol entrecerró los ojos y acarició mi mejilla.

-¿Qué pasa? –le pregunté preocupada. La expresión de Eriol no era… normal.

-Nada, sólo… estaba pensando en cómo todo… todo cambió. No creí que… creí que te desmoronarías cuando tu hermano…

Sonreí.

-Sinceramente, Eriol… yo…. También creí que pasaría. Pero… creo que desde que tú…

-No lo creo. –me interrumpió.

-Kaname… Kaname siempre fue una de esas personas que inspiraba ternura en los demás. Una de esas que daba la sensación de que necesitaban protección… un tonto que pensaba en los demás antes que en sí mismos. En cierta forma… me llega a recordar a Sakura, sólo que Kaname era más…

-¿Más? –preguntó alzando las cejas.

Yo me encogí de hombros, no sabiendo yo misma lo que iba a decir exactamente.

-No lo sé. Simplemente sé que ahora ya no está… al menos no aquí, físicamente. Lo que quiero decir es que… yo aún estoy viva, tú también lo estás. Y estamos juntos…. –sonreí ligeramente, pero enseguida volví a bajar la vista. No podía mirarlo.

-Entonces… ¿cuál es el problema? ¿Por qué no eres feliz?

-Oh, no… yo soy feliz. Realmente. –sonreí.

-To-

-Eriol, realmente lo soy. No insistas.

-Es que han pasado tantas cosas…

-¿Estás… en qué estás pensando en estos momentos, Eriol?

-Kaname era realmente increíble. Y yo…

-No me digas que piensas que fue tu culpa que… -arrugué el rostro, Eriol desvió la vista.

Lanzó un largo suspiro cansado.

-Yo soy la reencarnación de Clow, del mejor mago de todos los tiempos. ¡Era el más poderoso entre todos los que estaban allí! Entonces dime ¿Por qué no fui capaz de derrotar a un simple…?

-No fue tu culpa. Nadie se lo esperaba… además, el destino simplemente quiso que así fuera.

El negó y rió ligeramente.

-No lo sé, es solo que… no me parece justo.

-No todo es justo. –le murmuré poniendo mis manos en sus mejillas, tratando de hacer que me mirara. Sus ojos me devolvieron la mirada con cierto miedo, pero no precisamente a mí, sino a lo que pudiera encontrar en lo más profundo de las ventanas de mi alma, de mis ojos.

Lo sabía porque yo sabía cómo se sentía, yo me había mirado numerosas veces para saberlo. Kaname me había enseñado que no era necesario, que todo no era más que juegos que nos hacía la mente para confundirnos, juegos del diablo para tentarnos.

-No es culpa de nadie. Kaname jamás nos culparía.

-Y lo sé, pero…

Eriol Hiraguizawa

Tomoyo me interrumpió poniendo sus labios sobre los míos.

Me besó dulcemente, uno de esos besos suyos que te hacían olvidar lo que estabas diciendo. Lo que manipulaba tu cordura y tu mente para que casi pensarás "cógela por la cintura, bésala de regreso"

Y yo siempre había escuchado a mi cordura, pero ahora más que nada, escuchaba a mi corazón.

Sonaba tan lejano e imposible cuando la vi por primera vez, tan raro, tan extraño cuando la empecé a conocer realmente y, hasta hace unos meses, hacer lo que estaba haciendo, dejarme llevar y manipular por el destino, por una mujer, y por el estúpido sentimiento llamado "amor" para mí era ridículo, cursi, una de esas cosas que solo salían en historias y películas de amor.

Pero, hey, estaba realmente enamorado de ella.

Hay cosas que simplemente no puedes evitar… así que supongo, que en ese momento comprendí que la "muerte" y el "amor" son casi las mismas cosas, o al menos, si no lo comprendes, te hace sentir casi los mismos sentimientos.

Te hacen perderte, te hacen sufrir, te hacen… simplemente sentir.

Cuando nos separamos, no pude evitar sonreír.

Pegué su frente contra la mía, acaricié sus largos cabellos negros con una mano y con el otro brazo la abracé por la cintura.

-Eres lo mejor que me ha pasado, Tomoyo… ¿lo sabías?

Ella sonrió, una sonrisa real, una de esas que solía tener cuando estaba con su hermano.

Ni siquiera de niña había sonreído de esa forma.

-Feliz cumpleaños. –murmuré.

NOTAS DE AUTORA:

¡Hola mis queridísimos lectores, ¿Cómo están?

Antes que nada, siento muchísimo la tardanza y la ausencia de 1000 palabras a comparación con los últimos 3 capítulos. Yo creo firmemente en que si tardas un tiempo debes escribir un número de palabras racional pero… bueno, al principio lo tenía planeado…. Pero algo terrible sucedió y eso me desorientó terriblemente. Quiero que sepan que, cuando escribí el capítulo de la muerte de Kaname, no supe realmente los sentimientos que tenían que sentir exactamente porque jamás lo había vivido con una persona cercana, tal vez por eso los sientan algo falsos o incoherentes… pero ahora sé lo que es.

Un amigo muy cercano para mí murió. Fue tan injusto, tan repentino… nadie estaba preparado. Y aunque muchos piensen, ¿Cuándo es cuando estamos preparados para decir un adiós? Es diferente que una persona sepa que morirá y otra muy diferente que muera repentinamente en un accidente.

Cumplía 14 años el mismo día. Ha pasado una semana de ello… aún sigo sin palabras y sin poder creerlo.

Así que, pueden no perdonarme por los capítulos en los que me tarde AÑOS y SIGLOS pero me gustaría que perdonarán el luto de una semana que guarde esta vez. Realmente tenía mitad y otra parte del capítulo que había escrito, pero cuando me entere me bloqué completamente. Lo que escribo ahora realmente es tragedia y no tanto drama, como lo hacía antes. Y este capítulo tenía que ser positivo así que… me pareció mejor dejarlo en esta parte.

Mis sinceras disculpas.

Pero a pesar de todo, jamás se me olvidará decirlo: ¡Muchísimas gracias por todos sus reviews! La verdad ya me estaba deprimiendo porque ya hace tiempo que no recibí pero… WOW, ¿72 reviews? Yo sé que para muchos escritores no son muchos y los consideran pocos, pero para mí, que Lágrimas de esperanza fue mi primera historia es… es… ¡ME HACE SALTAR DE ALEGRÍA! En verdad, muchísimas gracias por su apoyo. Yo sé que a veces te entra la flojera de entrar, esperar a que se cargue la ventana de REVIEW (aunque sean milésimas de segundo, vamos, todo el mundo tiene un tiempo el cual no quiere perder), escribir todo lo que quieres decir, y enviarlo. Sí, lo sé, lo comprendo, no los juzgo, yo también soy lectora. Y por eso, también agradezco mucho a los que me pusieron en sus favoritos.

Ahora, quiero darle un agradecimiento especial a cierta personita que me animo a resurgir esta historia de sus cenizas, en serio, no tenia idea de como continuarla, pero su review me animo mucho y... y el hecho de que este aqui, escribiendo este capitulo, es en gran parte gracias a ella, así que ¡MUCHAS GRACIAS AMAYA RYUSEIU-san! Jamás olvidaré las palabras que me has dicho...¡Eres como un ángel que Dios mandó para mí! ¡Una disculpa! En serio, no sabía lo que estaba penando, si yo hasta lo escribí en un post-it y lo pegue en mi escritorio pero... agghh.. LO SIENTO MUCHO!

Y por último, ¿Cuántos capítulos faltan? Uno, dos… y si me animo tres. Pero de cuatro no pasa. Sniif, ¡se está acabando!

Muchísimas gracias por todo…

Emiko hime-sama.