Mis amigs:
Les deseo un Feliz Año Nuevo 2012.
Espero que Dios les mande y regale todo lo lindo que tiene la vida para dar.
Les dejo este capítulo.
TC GAN
En el capítulo anterior, Terry vuelve a Chicago. Se ven con Candy. Hay mucho de qué hablar. Cada uno tiene un tema diferente. Las expectativas de cada uno se enfrentan a la realidad.
¡Qué vergüenza!
Capítulo 20
Tres años, Candy.
¿Cuándo tenemos que irnos? – Candy preguntó.
No me entiendes, Candy. Me iré solo. No puedo llevarte.
¿Cómo? ¡No me quieres llevar contigo! – Lágrimas comenzaban a salir de los ojos verdes. – No lo entiendo. ¿Por qué?
Porque no sería justo. – A Terry se le partió el corazón al ver las lágrimas de su rubia. Le tomó las manos.
¿Para ti o para mí?
Para ti.
¿Para mí?
Eres joven. Ni siquiera has comenzado la universidad. No puedo llevarte de aquí solo porque te quiero conmigo. No puedo ser egoísta.
¡No lo serías! ¿No ves que te amo? ¿No entiendes que me iría contigo a cualquier lugar solo para estar contigo?
Sé que lo harías. Pero sería por una idea muy ingenua del amor.
¡Idea ingenua del amor! – Dijo subiendo el tono. - ¡Idea ingenua del amor! – Gritó llamando la atención de los comensales presentes.
¡Tranquila! Todos nos miran.
¡Qué me miren! ¡No importa! Eres un egoísta, sí. Pero no por las razones que tú piensas. Piensas por mí. Ni siquiera me preguntas por mi opinión. Sencillamente, decides lo que más me conviene porque según tú eso es. ¡No te lo permito! ¡La única que decide por mí, soy yo! ¡Sóy yo! ¿Entiendes?
Se levantó de inmediato y comenzó a caminar hacia la salida. Terry impávido ante la respuesta de Candy, no supo cómo reaccionar. Algo sí sabía. Si la dejaba ir en ese momento, ya no la buscaría hasta volver de Venecia.
VISIÓN DEL FUTURO (SEGÚN TERRY)
Él iba subido en un taxi. Iba cansado porque acababa de bajarse del avión. De vuelta en Chicago. Iba rumbo a su apartamento. El vehículo cruzaba uno de los puentes de la ciudad. Sobre la acera de ese mismo puente, iba Candy con un bellísimo carruaje doble. Ella sonreía como solo ella lo hacía. El cabello rubio se movía con el viento y brillaba con los rayos de sol. Se preguntaba si eran gemelos o si uno mayor que el otro. Para estas alturas podría tener algunos hijos. Sin perderla de vista, le pidió al taxista bajar la velocidad. Se percató de que eran un par de bebés como de un año y ella llevaba una barriga de embarazada. ¿A dónde irá sola? Se sentó viendo por el vidrio de atrás. Ese cuadro lo dejó frío. Era Albert saludando a su rubia con un exquisito y largo beso en la boca. La atraía hacia él con clara posesión. Un "Ella es mía" iba implícito en ese abrazo… en ese beso.
FIN DE LA VISIÓN DEL FUTURO (SEGÚN TERRY)
Esta visión distaba mucho de la que tuvo al conocerla. Refunfuñó un poco, dijo algo por lo bajo. Más bien fueron algunas palabras poco decorosas hacia él mismo. En vez de dejarla ir, como lo había planeado. Se levantó, metió su mano en el bolsillo. Sacó algunos billetes y los dejó en la mesa. Si solo salía por ella, el mesero lo perseguiría y lo haría volver al restaurante a pagar su deuda y, para ese momento, la rubia estaría muy lejos. Corrió a la calle. Se detuvo en medio de la acera. La ley de Murphy estaba en su contra. Parecía que todos los habitantes de Chicago hubiesen decidido salir a la calle en ese preciso momento. A pesar de su altura, dio unos cuantos saltos para ver si la podía localizar. A la izquierda, nada. A la derecha, como a unos 25 metros, ella caminaba lo más rápido posible. Iba en contra la corriente de gente. ¿Cómo podía ella hacerlo sin problemas y a él se dificultaba? Vio cuando detuvo un taxi. Corrió más rápido empujando a las personas en el proceso. No escuchó todos los improperios proporcionados por los transeúntes a u alrededor. Logró llegar antes de que cerrara la puerta. Todavía su agilidad le permitió sentarse a la par de ella. La discusión se puso bastante alarmante. Ella intentó salir por la otra puerta, pero el largo del hombre a su lado no se lo permitió.
¡Andando! – Le indicó una voz masculina al conductor del automóvil amarillo.
En seguida, lo hizo. Ni una sola palabra se intercambiaron. Los dos, por alguna razón, así lo prefirieron. Ella no sabía a dónde la llevaba. Terry le indicó al taxista una dirección a la cual ella no le había puesto atención por tratar de salir de ahí. Al llegar, Terry abrió la puerta y le pidió con la mirada salir. Ella lo hizo. Después de las lágrimas, el enojó entró para, por último, la calma entrar en ese taxi. Se bajó sin rebeldía. Más bien, resignación. Se apoyaba en el brazo musculoso. La dirigió por un pequeño laberinto de puertas de vidrio. Pasaron por un jardín muy bonito. Otro laberinto de senderos lo atravesaban. Entraron a uno de los edificios. Subieron una infinidad de pisos. La puerta finalmente se abrió y dio paso a un área cerrada, poco amplia. Pasaron un portal que había del lado derecho. Esa era la sala; una hermosa sala. La señorita rubia pensaba que era similar al de Venecia en su decoración. El estilo de este hombre que la tenía maravillada se reflejaba en cada rincón. El ventanal al fondo le permitía una vista hacia el lago. Era más que obvia la situación económica holgadísima que disfrutaba el doctor. Ella caminó hacia ese ventanal. Sus pasos comenzaron a escucharse con un ruido raro. Vio para abajo. Se dio cuenta que estaba caminando sobre una plancha de vidrio. Abajo, agua. Siguió la vista. Afuera había una piscina sin fin. No solo sin fin porque parecía no tener borde, sino que también tenía un artefacto en uno de los extremos. Para evitar seguir la conversación comenzada en el restaurante, decidió preguntar sobre eso.
¿Qué es ese aparatejo?
¿Cuál? – Terry se paró a su lado.
Ese… Ese que está allá.
¡Ah! Es un motor.
¿Para qué tienes un motor en la piscina?
Me gusta nadar. Por eso compré este apartamento. Pero no es lo suficientemente larga para nadar. Ese motor mueve el agua con tal fuerza que puedo nadar sin moverme de lugar.
Mmmm…
¿Te gustaría probarlo? – La picardía salió de su voz sin querer.
¡No! – Le respondió Candy un poco exaltada. – No tengo traje de baño. – Más inocencia no se puede pensó Terry ante ese comentario.
Bueno. Será en otra ocasión. – Respondió para no incomodarla. Suficiente tendrán con la conversación a seguir.
Le ofreció una bebida. Ella aceptó. Se sentaron en el sofá que permitía ver hacia afuera. Poco a poco, se juntaban. Candy terminó con la cabeza sobre ese pecho cuyo corazón latía por ella.
Candy, es necesario hablar de esto.
En el próximo capítulo, sabremos cuál es esa noticia tan esperada.
Gracias a tods mis lectors.
ascella star: gracias por ampliar mi vocabulario con eso del bodorrio. Ya veremos qué sucede.
carmen: gracias por tus buenos deseos. Igualmente. Ten unas felices fiestas.
Oligranchester: a veces los amigos se ponen mal por penas ajenas.
flor: me alegra que te guste la historia lo suficiente para leerla y dejarme un comentario. Espero más y espero que te siga gustando.
nela2307: en el próximo capítulo te enteras. Ya verás.
Mona: ¡hola! ¿Cómo andas? Te deseo un próximo año lleno de maravillas.
Hasta la próxima.
TC GAN
