Mi odiado vecino

Capítulo 4

El golpe seco del cuerpo de David siendo placado por los dos policías que habían entrado resonó con eco dentro de la sala. Francis se llevó una mano al muslo y observó la mancha de color carmesí que quedó en ésta. Aquella acción le hizo recordar que no era el único herido en la sala. El superior de Antonio se encontraba ya con los brazos esposados a la espalda y uno de los policías custodiándole. El otro agente se encontraba al lado de Antonio y llamaba para que enviaran a una ambulancia.

- ¡Antonio! Despierta. Venga.

Y de repente el hispano abrió los ojos y se incorporó nervioso. El policía intentó que se calmara pero no lo estaba logrando. Al francés se le rompía el corazón al escuchar como su vecino murmuraba el nombre de su acosador y atacante, como si temiese que aún pudiera hacerle daño. Lo abrazó mientras lo chistaba.

- Ya ha pasado todo. Estás a salvo. Te has dado un golpe, no te fuerces.

Antonio se relajó al escuchar aquella voz suave y cada vez más familiar. Además estaba aquel olor dulzón que le hacía sentirse calmado. Su mano notó por casualidad un líquido caliente mojando la pernera del pantalón. Intrigado, levantó la mano y observó que una sustancia rojiza la teñía.

- Estás sangrando... ¡E-estás sangrando! -el tono de Antonio se había vuelto horrorizado e intentaba apartarse para poder ver. Francis lo asía con fuerza y no le dejaba alejarse.

- No estoy sangrando. Estoy bien. -mintió el galo.

- ¡C-claro que no estás bien! ¡Sangras!

- Te lo he dicho, no es mi sangre. Es de él.

- Es mentira. ¡T-tenías que haberme hecho caso! ¡Tendrías que haberte alejado del hospital y de mí!

El tono casi lloroso del español fue amortiguado por el sonido de la sirena de la ambulancia. Ninguno de los dos dijo nada más, ni siquiera durante el camino hasta el hospital. Una vez allí, Francis fue atendido por un doctor de unos cincuenta años que ni tan siquiera le había hablado. Cuando había salido al pasillo, le habían conducido hasta una sala y le habían preparado un café. No sabía a qué esperaban pero la bebida caliente era agradable. Al poco entró en la habitación Antonio. Tenía una gasa sobre la herida de la frente, pero por lo demás parecía estar bien. Se sentó en uno de los sillones y miró al suelo ausentemente. Francis se levantó y se sentó a su lado.

- ¿Estás bien?

- Sí. Más o menos. Supongo. ¿Tu pierna cómo está? -preguntó Antonio sin levantar la vista.

- Duele un poco pero sobreviviré. -respondió sonriendo de manera tranquilizadora- ¿Qué es lo que ha ocurrido? La cosa creo que viene de hace más días, ¿verdad? -Antonio seguía sin hablar- Escúchame bien, -tomó la mano del hispano para que le mirase- después va a venir la policía y te preguntará lo mismo. Creo que sería mejor si me lo contaras primero.

- A David no le gustabas. Bueno, nunca le había gustado nadie que se me acercaba demasiado. Como un buen acosador, me apartaba de todo el mundo y me aislaba para que sólo me acercara a él. Y entonces, empezó a hacer muchas preguntas sobre ti. Yo sé cómo es... Y conozco que cuando se interesa tanto por alguien que se me aproxima es peligroso.


- ¿Hoy no va a venir a verte el rubio ese que el otro día comentaban Rosa y su amiga?

- Es un amigo que viene de vez en cuando. -mintió Antonio- Aparece, viene a molestar y luego desaparece durante una buena temporada. Es un idiota. Me cae mal. Por suerte vive bien lejos.

- Vaya, ¿cómo de lejos?

- Está viviendo en Francia, en el pueblo del que es originaria su madre.

No sabía de dónde estaba sacando esa historia pero lo fuerte es que sonaba creíble. El interés de David iba aumentando. Tenía que restarle importancia a cualquier cosa que el francés hiciera. Y quizás debería plantearse seriamente el hecho de decirle que viniese menos a visitarle, o en días que supiese que su jefe no iba a estar.

- Tengo que seguir con las consultas. -dijo Antonio levantándose de la silla y dejando un fajo de recetas encima del archivador.

Cuando volvía de regreso a su sillón de cuero, David se plantó a su lado y le sujetó la muñeca. Dentro de la mente del de ojos verdes, todas las alarmas se dispararon. Le miró con una expresión de calma fingida.

- Eres un mentiroso... Estás engañándome por algún motivo que no alcanzo a comprender. ¿Qué quieres esconderme? -el hombre de cabellos negros fue acercándose a Antonio, el cual fue retrocediendo hasta chocar contra la pared.

- No te estoy mintiendo, David.

- ¿Ah, no? ¿Entonces por qué me dices que vive lejos cuando es tu vecino, eh? ¿Por qué tanto ahínco en esconder a Francis Bonnefoy?

Por dentro, el español se quedó helado. ¿Cómo...? En ningún momento había mencionado Antonio el nombre del francés, mucho menos su apellido. Dentro sintió miedo. ¿Cuánto había descubierto en esa investigación que había llevado a cabo? Si la cosa seguía así, Francis estaría en problemas. Ese hombre... No sabía qué podría llegar a hacer. No habían sido amigos inseparables pero no le deseaba mal al rubio y aún menos por un tema que sólo debería inmiscuirle a él. Pero David no estaba contento y le besó de manera fiera y posesiva.


- Horas después te encontré y te pusiste a decir gilipolleces de tórridos romances con mi jefe. Entonces fue cuando te dije que no pasaras por mi consulta nunca más.

- Joder... Fui un estupendo gilipollas. -dijo Francis frotándose una sien con la palma de la mano. Analizando mentalmente la situación de aquel día, comprendía que el puñetazo que se había llevado estaba más que merecidísimo.

- Desde luego...

- O-oye, que estas cosas me duelen. -dijo Francis forzando una sonrisa

- No te sirvió mi prohibición, ni mis intentos de ser un borde para alejarte y volviste el día aquel... -sonrió resignado- Y en el fondo me alegré mucho de verte, me alegré de saber que alguien conocía por lo que estaba pasando y ya no estaba tan solo...

Era curioso que, a pesar de estar sonriendo, el rostro de Antonio expresaba una pena profunda que a Francis le hacía sentirse inquieto. ¿Por qué tenía que estar tan triste? ¿Por qué nadie impedía que tuviera que ser tan desdichado?

- Entonces, hoy...


Había llegado a casa hacía escasos minutos. Se encontraba apoyado en el mueble del recibidor y leía la correspondencia. Un montón de facturas, una carta de su madre, y publicidad. Estaba apunto de entrar del todo en casa, cambiarse y tomarse una cerveza, cuando escuchó un ruido en la puerta del piso contiguo. Antonio miró el reloj que llevaba a la muñeca y arqueó una ceja. Ya era raro que Francis estuviese tan pronto en casa. En cambio, el ruido en la puerta seguía, como si estuviese teniendo problemas para poder abrirla.

Dejó el fajo de cartas sobre el mueble contra el que había estado apoyado y salió para ver qué estaba ocurriendo. Se quedó mirando a David, el cual se encontraba intentando forzar la puerta del piso de su vecino con una ganzúa. O eso le pareció a primera vista ya que su jefe se apresuró en guardar lo que estaba usando e intentar disimular.

- ¿Qué estás haciendo...? -dijo Antonio sin levantar la voz. Antes de que le diese tiempo a contestar, volvió a hablar- Mira, no vamos a ponernos aquí a gritar.

- Lo mejor será que pase a tu casa y ahí hablemos.

No pudo llegar a decir que no quería que pasara. David se coló al interior del piso y a Antonio lo único que se le ocurrió fue entrar él también. Aún así, por dentro se sentía inquieto. ¿Estaba forzando la cerradura de la puerta de Francis? ¿Qué demonios...? Cuando llegó a la sala de estar, su jefe estaba sentado en uno de los sillones y sus dedos se apretaban contra la tapicería.

- ¿Se puede saber qué estabas haciendo? ¿Estabas intentando forzar la cerradura de la puerta de mi vecino? Ya te dije que no era más que un amigo y apenas coincidimos. No me cae bien. ¿Por qué no me crees y encima intentas entrar? ¿Qué pretendías?

- Quería tener unas palabras con él.

- ¿Y no puedes venir como la gente normal y llamar al timbre? Las cosas no pueden seguir así. Tienes que dejarle en paz.

- Él tiene la culpa de todo. Me dices que no sois más que amigos y que apenas os veis. ¿Entonces por qué tanto ahínco en que le deje tranquilo? Está claro, me estás mintiendo. Porque tú desearías pasar con él más rato que conmigo, ¿no es así?

- No quiero seguir de este modo. Estoy halagado por saber que me quieres de ese modo pero yo no te quiero. No puedo aguantar cuando me besas o me tocas.

- Es todo culpa del francés. ¡Yo hice tanto por ti! ¡Me lo pagas de este modo! -de repente respiró hondo e intentó calmarse- No pasa nada, Antonio. Vas a venirte conmigo a mi casa y entonces me querrás. No tendré que decirte más que si no me besas le contaré al hospital lo que está ocurriendo entre nosotros. Tampoco tendrás que perder el trabajo. Así que estarás en mi casa. Te doy una semana de vacaciones. Estaremos juntos, tú y yo, solos.

- ¡¿Es que no me has escuchado? ¡No pienso ir contigo! ¡No! ¡Estoy harto de tu locura, David!¡No voy a dejar que inmiscuyas a Francis en todo esto! ¡No le harás daño por mi culpa!

- ¡Nos vamos!

David se avanzó hasta agarrar la muñeca de Antonio y empezó a tirar de él. Nunca habían forcejado pero de repente el de ojos verdes pudo notar lo fuerte que era.

- ¡Suéltame! -gritó molesto.

Antonio pegó un puñetazo a su jefe que soltó la muñeca y retrocedió un par de pasos. En un segundo, éste se había plantado a su lado y le había devuelto el golpe con tanta contundencia que se fue hacia atrás y se golpeó con la esquina del mueble. Todo se había vuelto negro de golpe.


- ¿Estaba intentando entrar en mi casa? -murmuró atónito el galo.

- Lo siento, Francis. Lo siento mucho. Al final te hizo daño igualmente. Yo debería haber sido el único que hubiese salido damnificado de esto. Yo fui el único que causó mi propia desgracia permitiendo que este hombre me acosara.

- No digas tonterías. Con lo poco que conozco de ti, sueles hacer las cosas por un motivo concreto. Me niego a creer que dejases porque sí que te hiciera chantaje de ese modo.

Antonio abrió la boca después de segundos en silencio, dispuesto a empezar a hablar, cuando la policía irrumpió en aquella sala de hospital. Francis maldijo por dentro. Más que declarar acerca de lo que había ocurrido con ese psicópata, quería saber por qué cosas había pasado el hispano. Deseaba que pudiera abrirse y compartir ese dolor con alguien. Ahora más que nunca sentía que las cosas no iban bien con él. Antonio, lejos de su familia y sus amigos, siempre acosado por su jefe y sin poderse negar. Entonces recordaba el día que lo vio por primera vez, bajo la lluvia. ¿Por qué no se quedó con él? ¿Por qué no le dio entonces un abrazo?

Cuando acabaron de declarar eran las tantas. Uno de los policías se había llevado a Antonio a otra sala y después se había encargado de conducirlo hasta su hogar. Francis se recostó sobre la cama en su apartamento, cruzó los brazos bajo su cabeza y miró al techo pensativo. ¿Estaría bien su vecino?


Hacía ya tres días desde que Antonio había sido atacado en su piso por su jefe. Desde entonces, Francis no había dejado al español tranquilo por un momento. El primer día se había presentado en su piso con una lasaña recién hecha y una botella de vino. La cara de Antonio hubiese sido digna de retratar. Incluso se había frotado un ojo a ver si es que ya estaba viendo espejismos extraños. El español no parecía muy animado aquel día pero aceptó la visita del francés. Francis fue el que más aportaba a la charla. Primero le preguntó cómo se encontraba, luego si había tenido noticias de los policías. Se había fijado en su rostro y le había parecido apreciar unas pequeñas ojeras bajo sus hermosos orbes verdes.

También se había dado cuenta de aquel gesto que ya había repetido en unas cuantas ocasiones. El hispano bajaba la mirada y la acababa dirigiendo hacia la pierna del francés. El cincuenta por ciento de las veces acababa preguntándole si le dolía la herida que tenía. Francis insistió en un montón de ocasiones en que estaba bien. Después de comer, Antonio estaba somnoliento y daba cabezadas en el sofá. El galo se había inclinado hacia él y le había dado un beso en el pelo.

- Ya vendré en otra ocasión. Duerme. No te molesto más. -le había dicho en un tono amistoso, sonriendo.

Francis había reído al ver que Antonio se llevaba la mano al pelo, justo en el lugar en el que había dejado reposar sus labios, y le miraba extrañado. El segundo día, se presentó a media tarde en el piso del español y le pidió que le acompañara a dar un paseo por ahí. Los ojos verdes habían descendido hasta el suelo y habían vagado por ahí, indeciso. El rubio insistió en que no debía quedarse encerrado para siempre y que le haría bien tomar el aire. Estuvieron dando un paseo cerca de la puerta del Sol y finalmente habían pasado por El Retiro. Había logrado que el español riese cuando, en un alarde de originalidad, había comprado pan para las palomas y de repente se había visto rodeado por una horda de pájaros hambrientos. Antonio había estado observando atónito como cada vez había más y más animales. Pero ya fue demasiado cuando el galo había entornado el rostro y le había dicho.

- Socorro, Antonio. Me van comer.

La carcajada resonó por los alrededores. Se llevó los brazos al estómago y siguió riendo. Francis le miró hechizado por el timbre de su voz y aquel gesto en su cara. El español se acercó hasta su amigo y espantó de dos palmadas a todas las palomas. Dejó la mano en el hombro y le observó aún risueño.

- ¿Estás bien? -le había preguntado.

- ¡Antonio! ¡He pasado mucho miedo! -dijo de manera dramática el francés. De sopetón se abrazó a él y siguió fingiendo que lloriqueaba.

El español volvió a reír y mientras le daba palmaditas en la espalda intentando que se tranquilizara. En ese instante, Francis sonrió de manera imperceptible, sintiéndose feliz de escuchar de nuevo la risa de su vecino. Era sábado y el galo acababa de regresar de trabajar (después de haber perdido horas por culpa del asalto del estúpido de David, las había tenido que recuperar). Abrió el buzón y encontró cuatro facturas y un sobre con pulcra caligrafía y olor a lavanda. Perdió de repente cualquier expresión en el rostro. Dio la vuelta a la carta y llevó el dedo índice de la mano derecha para abrir el sobre pero entonces se detuvo. Lo dejó todo sobre la mesa y se fue hacia su habitación.

Media hora después se encontraba duchado, peinado y vestido elegantemente. Salió de su piso echándole un último vistazo al mueble donde había dejado la correspondencia. Llamó al timbre del segundo segunda y esperó pacientemente. Cuando abrió la puerta, Francis señaló al hispano y proclamó en voz alta su gran y magnífica idea.

- ¡Ponte algo elegante y vámonos! ¡Iremos de fiesta!

- … ¿Eh? No me apetece salir de fiesta, Francis. -dijo Antonio arqueando una ceja. Francis se le echó encima y agarró su brazo mientras le ponía mirada de pena.

- Vamooos... No seas así. Te juro que pagaré todo lo que bebas. ¡Todo! ¡No hay límite! Tu adorado vecino francés ha recibido su paga doble y tiene dinerito en el banco. Podrá pagar por todo lo que bebas.

- No estés tan seguro. Puedo beber mucho. -replicó el español.

- Venga~ Un poco de música te hará bien para que dejes de pensar en ese psicópata jefe tuyo. Seguro que el juicio te será favorable y ese hombre tendrá que apartarse de ti. Posiblemente encuentre otra persona a la que acosar y tú ya podrás ir a trabajar sin tener que temerle. Por eso sería bueno que salieses, te despejases, fueses feliz. Este pobre francés sólo intenta animarte.

Antonio arqueó una ceja y observó a su vecino en silencio. ¿Por qué se estaba esforzando tanto? En todo aquel tiempo sólo había recibido una llamada de la enfermera que le ayudaba en el trabajo. Eso era todo. Ningún compañero más se había dignado a intentar averiguar cómo se encontraba. A su familia no le había dicho nada, por supuesto. Y después, destacando entre toda esa indeferencia, se encontraba Francis. No sólo le había traído comida, también le había llevado a pasear y había intentado a su manera distraerle. Era un tipo extraño, pero había acabado por disfrutar de su compañía. Era bastante egocéntrico, a ratos un llorica y un ligón empedernido, pero Antonio se divertía estando con él. Suspiró resignado y acabó por ceder.

- Espera diez minutos. -dijo y seguidamente cerró la puerta.

- ¡Es muy maleducado dejar al hombre que te va a llevar de paseo esperando en la calle como si se tratara de un animal! -gritó Francis haciéndose oír.

No tardó ni ocho minutos. Cuando habían pasado seis, la puerta hizo ruido y Antonio salió al rellano. Llevaba unos pantalones de color beige y su torso estaba cubierto por una camisa de color negra. Los primeros tres botones estaban abiertos y dejaban a la vista ese cuello ligeramente bronceado. Olía a un perfume tan atractivo que Francis estuvo tentado a acercarse a olerlo directamente de su piel. Logró controlarse a tiempo. No era plan recibir una hostia al empezar. Tenía toda la pinta de que las leches que Antonio podría repartir dolerían.

En un momento de aburrimiento en el trabajo, Francis había buscado lugares en los que tomar copas y se había encontrado con un lugar que se llamaba Artebar La Latina. Estaba situado en el centro y tenía una oferta bastante interesante. No sabía si a Antonio le gustaría el flamenco, el tango o el jazz, si no siempre podían marcharse antes. Cuando llegaron, la música salía al exterior y al español se le iluminó la mirada.

- ¿Vamos ahí? -preguntó con una sonrisa cada vez más ancha adornando su rostro.

- Sí. ¿Te gusta el flamenco?

- ¡Sí! Me gusta bastante. No sabía que a ti también te gustara. No pareces el tipo de persona que escucha flamenco.

- No soy un gran devoto pero me gusta escucharlo de vez en cuando. -respondió con una agradable sonrisa el galo.

La mesa que les dieron estaba bien situada y pudieron ver el espectáculo mientras cenaban. Intercambiaban opiniones sobre las canciones que se tocaban, sobre la apariencia de los músicos y reían. El vino sucedió a la cerveza, el Martini al vino y finalmente acabaron bebiendo Brandy mientras daban palmas a unas mujeres que bailaban una tonada que un hombre con barba de tres días y un sombrero cordobés tocaba.

A las dos el sitio cerró y Francis, medio sujetando a Antonio, el cual ya se tambaleaba, puso rumbo hacia el nuevo pub en el que siguieron bebiendo. Por un momento se pelearon porque Antonio insistía en que esa canción era muy buena y que quería bailarla. El galo le reprochaba que apenas se podía mantener en pie. No tenía sentido que intentara bailar. Al final tuvo que acabar cediendo bajo la condición de que Francis le acompañara. Le sujetó por la cintura y fueron moviéndose al ritmo de la música. Antonio apoyó los brazos alrededor del cuello del francés. ¡Cómo se rió el hispano cuando el rubio gritó a causa del pisotón que le había pegado en su torpe ebriedad el de cabellos castaños! Sonriendo resignado, Francis tiró de su embriagado vecino y lo condujo hacia los asientos. Cuando estuvieron a punto de pegársela contra un taburete, el galo decidió que él ya había bebido suficiente. Antonio tenía el mismo equilibrio que un niño de cinco años y él no estaba mucho mejor.

A las tres de la mañana, el español se quejaba a pleno pulmón de que Francis ya no le estaba invitando a más copas y al final logró convencerle de que era hora de volver a casa y que le invitaría a una última copa allí. Les costó un montón caminar y finalmente coincidieron en que no sería una mala idea pedir un taxi. Antonio se sintió tremendamente cansado en el instante en el que se dejó caer sobre el sofá de piel del piso del francés. Al segundo regresó él, cargando dos copas de vino.

- ¿Te he...? ¿Te he contado alguna vez por qué vine a vivir a Madrid? -preguntó Antonio divagando él solo.

- No. Aunque me gustaría escucharla si tú deseas contármela. Desearía saber qué te impulsó a permitir que ese despreciable jefe tuyo te hiciese desgraciado.

- Mis padres hicieron muchos sacrificios para que yo pudiera lograr terminar mis estudios. Era una universidad privada, pues no había otra cerca. La carrera fue larga y dura. Tuve muchos problemas para terminarla. Por eso, cuando por fin acabé, quise pagarles todo lo que les debía. Pensaba que en el trabajo en el primer hospital conseguiría el dinero pero entonces lo cerraron y de repente me encontré en el paro. Para entonces yo había cometido el error que me guío a los siguientes: había pedido un préstamo. Como era la época de bonanza, me lo concedieron sin problemas. Les devolví el dinero a mis padres y yo pagaría las cuotas con lo que ganara.

- Claro, de repente no tenías trabajo.

- Exacto. No pude encontrar nada que cubriera el pago y los intereses. Entonces este amigo mío me dijo que había una estupenda plaza en ese hospital de renombre de Madrid y me vine para aquí con el poco dinero que tenía guardado. Ese día conocí a David. Pensaba que era un enfermero y estuvimos hablando. La verdad es que fue bastante agradable. Luego lo vi en el grupo que era el encargado de decidir qué candidatos aceptaban. A la media hora vino hacia mí y me confesó que la cosa estaba muy difícil. Al ver la cara que puse, apoyó su mano en mi hombro y me dijo que intentaría hablar con ellos para que lo pensaran de nuevo. Ahí empezó.

- Sí te lo dieron, ¿no?

- Por supuesto. Aún no sé qué les dijo pero me dieron el trabajo. Yo estaba feliz y el primer día fui a agradecérselo personalmente. Creo que hasta se me saltaron las lágrimas de la felicidad. Necesitaba ese dinero. David empezó a ser amable, pero no le di demasiada importancia. Pensaba que era normal... Hasta que ya empezó a acercarse más. El primer día que me tocó de manera más íntima, estuve apunto de pegarle hasta que me dijo que si le peleaba, haría que todos se enterasen y que me despedirían. Al igual que contigo, había estado investigándome y de repente sabía que yo tenía un préstamo que cubrir.

- Qué cabronazo... -murmuró Francis con desprecio. Antonio tomaba un trago a la copa de vino.

- Cualquiera que se me acercara demasiado, él se encargaba de espantarle. Ya no quise ni hacer amistades, ni entablar una relación fuera del trabajo con mis compañeros por miedo a lo que él pudiese hacer. Había días en que no me dejaba tranquilo ni a sol ni a sombra. Días en los que todo era tan jodidamente agobiante que deseaba poder huir de esta ciudad. Luego me dejaba tranquilo durante unos días y yo pensaba que no estaba tan mal. Pero volvía, siempre lo hacía.

- ¿Cómo pudiste aguantarlo? -dijo Francis observando al español con asombro- Nadie sabía nada, ¿verdad?

- No podía decirle a mis padres que había pedido un préstamo. Mi familia no sabe nada. Aquí tampoco tenía amigos, no hace tanto que estoy en la ciudad... Así que no, nadie lo sabía.

- ¿No te sentías solo? ¿Cómo pudiste ser tan fuerte? No sé si yo hubiese podido comportarme como tú si estuviese en tu situación. -en ese momento Francis entendió que quizás sus preguntas estaban incomodando a Antonio. Sus manos se habían apretado alrededor de la copa ya vacía- Lo siento. Es que me sorprende. Nos conocemos desde hace poco pero considero que eres un buen hombre. Eres amable y agradable. Sólo pensando lo que has tenido que pasar, me molesto. ¿Por qué nadie se había dado cuenta antes? En tu trabajo alguien se podría haber descubierto que estaba ocurriendo algo raro.

- Quizás nadie quiso ver. Es más fácil.

- Pues que después no intenten ser simpáticos y amiguitos contigo. Son todos unos hipócritas. -dijo molesto el francés.

- Qué enfadado estás... -dijo Antonio acercándose al galo con una sonrisa sutil.

- Es que son todos idiotas.

- Tú eres un tipo raro. Nadie se ha preocupado por mí. Esa gente me conoce desde hace meses y tú, que me conoces desde hace menos, me ayudaste a escapar de él. Después viniste a mi casa a ver qué ocurría y saliste herido en el proceso. Y aún a pesar de todo eso, te enfadas con los demás por no haberse dado cuenta de mi situación. ¿Por qué?

- No lo sé. -se encogió de hombros- Lo que sí tengo claro es que eres una buena persona y no quiero que lo pases mal. -se estaba empezando a sentir nervioso. El español le miraba fijamente, cerca- Supongo que es sólo porque somos amig-

Francis no pudo terminar la frase. Repentinamente los labios de Antonio estaban sobre los suyos. No había sido capaz de imaginar lo tibios que estarían y lo carnosos que serían. Al contrario que los ojos del hispano, que estaban completamente cerrados, los suyos estaban más abiertos de lo normal, sorprendidos. Se separó unos centímetros aunque Francis no había sido capaz de moverse ni un solo milímetro desde que su vecino le había besado de imprevisto.

- Somos amigo-

Otra vez volvió a ser acallado por los labios de Antonio. La expresión de sorpresa no desaparecía del rostro del galo. ¿Es que no deseaba que terminara esa frase? Aunque ese destello de ilusión desapareció cuando recordó que el español estaba ebrio por completo. Y por mucho que los labios de Antonio se moviesen contra los suyos, deseando que el galo participara, aquello no significaba nada. Era un deseo momentáneo que desaparecería cuando se consumiese el alcohol que corría por sus venas. Después todo sería un horrible error y la amistad se iría a pique. Francis deseaba pasar tiempo con su vecino y más en un momento tan difícil para él. Besarle sólo sería aprovecharse de su debilidad. Aunque ahora parecía que era al contrario y que él abusaba del francés.

De nuevo intentó pronunciar la palabra que de repente parecía ser tabú en aquella habitación. Los ojos verdes de Antonio brillaron con coraje por una décima de segundo antes de lanzarse a besarle con más ímpetu que antes incluso. Los labios del español estaban entreabiertos y podía notar su cálido aliento sobre sus propios labios. Su mirada era profunda y aún así le comunicaba de manera efectiva que quería que aquello ocurriese. El español se rindió y se apartó, suspirando frustrado. Sus mejillas tenían un suave tinte carmesí (ya no sabía si del alcohol, de los besos o de la vergüenza). Los ojos verdes observaban con descaro al francés que no lo había rechazado una vez, sino tres.

- Sólo amig-

Esta vez nadie había callado a Francis. Él se había incorporado lo suficiente para acercarse a Antonio, empujarle contra el sofá de piel, posicionarse encima de él, colocar los brazos a cada lado de la cabeza de su vecino y besarle con deseo.


Antonio Fernández Carriedo, médico de profesión, acababa de despertar con un épico dolor de cabeza que le penetraba hasta lo más profundo de su cerebro. Notaba la boca seca, como si acabase de comerse una caja entera de polvorones de una sola vez. La habitación estaba sumida en una agradable penumbra y la almohada le parecía más cómoda de lo que podía recordar. Se movió hacia un lado y sintió dos cosas.

En primer lugar notó que las sábanas tocaban su piel directamente y le proporcionaban un cosquilleo interesante. Lo que no fue tan interesante fue aquella punzada de dolor que sintió en su trasero. El español se quedó congelado por un segundo. ¿Qué había ocurrido? Ahora que se fijaba, aquella no era la pintura de su habitación. Buscó por cada recoveco de su mente la solución a su pregunta y de repente notó lo que temía, una presencia a su lado. Poco a poco se giró para ver de quién se trataba y tuvo de frente el rostro relajado de su vecino, que dormía.

Levantó una mano, la llevó a su pelo y se lo empezó a frotar. Sí, Francis no era ningún espejismo. De hecho, respiraba y todo. Podía notar el calorcito de su aliento. El español levantó las sábanas ligeramente y echó un vistazo. Después las dejó de nuevo donde estaban. Sí, Francis iba desnudo también. Como un flashback digno de película (le faltó la música) Antonio pudo recordar el gesto turbado por el placer de Francis, pudo recordar esa cara que le observaba con deseo antes de acercarse y besarle y también pudo recordar que, después del sofá, el galo lo había cargado en brazos, mientras seguían besándose con deseo, hasta llegar a su habitación y dejarlo caer sobre el lecho.

Se dio la vuelta y quedó bocarriba. ¿Qué es lo que había hecho? ¿Cuánto había hablado? Hubiese deseado poder culpar a Francis de todo lo que había ocurrido pero no hubiese sido justo. Suspiró pesadamente y se sobresaltó cuando escuchó una suave voz cerca de su oído.

- ¿Cuántos segundos quedan hasta que te acabes de arrepentir y salgas corriendo por la puerta? -preguntó Francis, que después de tanto movimiento se había despertado.

- ¡Qué susto, joder! -exclamó Antonio llevándose una mano al pecho- No pensaba salir corriendo. ¿Por qué clase de persona me tomas?

- Deduzco que no recuerdas nada. -dijo el francés con algo que al de cabellos castaños le sonó casi a decepción.

- Recuerdo algunas cosas puntuales. Como imágenes borrosas de una película.

- Mira, Antonio, sé que podría haberte detenido y haber evitado esto... Lo sé. Pero me besaste tantas veces... Y yo no soy de piedra. Ya deberías saberlo. No pude aguantarme por más tiempo y tú, borracho, tampoco lo hiciste. De lo único que me arrepiento es de que no estuvieses sobrio. De lo demás, yo no me arrepiento de nada.

- Debería haberte avisado... -dijo el español suspirando con resignación- Cuando bebo me vuelvo muy pesado. No puedo culparte. Aunque me gustaría poder encontrar a quién cargarle mi culpa, la acepto. Siento lo ocurrido.

- No tienes que pedir perdón por nada. Te lo he dicho, no me arrepiento de lo que ha ocurrido. Si tú lo haces, es cosa tuya. Tu ropa está en esa silla. Eres libre de irte.

Francis se levantó de la cama y Antonio, por dos segundos, estuvo mirando su cuerpo desnudo. Cuando se fijó en lo que hacía, desvió la mirada ruborizado. Se apresuró a levantarse y coger sus vestimentas. Francis se miraba al espejo y con un cepillo desenredaba su cabello. Estaba de espaldas a Antonio para hacerle más fácil la tarea de irse. Si miraba seguramente le haría sentirse culpable.

El español, ya vestido, observaba la espalda ancha y bien formada de su vecino. No le había vuelto a mirar desde que se despertó. Ahora que lo pensaba, quizás aquella era una invitación a que se marchara. Francis tenía una larga lista de amantes y, que supiese, no había repetido con ninguno. Le había dejado quedarse a dormir por compromiso, pero ahora no sabía cómo decirle que deseaba que se fuese de allí. Seguro que era eso. Algo se le retorció por dentro. No dijo nada, ni tan siquiera se despidió. Salió de la habitación a paso ligero.

Francis dejó el peine en la cómoda y se inclinó hacia delante, apoyando las dos manos sobre ésta. Observó su reflejo, serio e inexpresivo, en el espejo. Ya había ocurrido lo que esperaba. El hispano se arrepentía y no podía con la situación. Sólo le había abierto una puerta para que no tuviese que tirarse por una ventana (siempre metafóricamente hablando)


Hooolas~

Ya he vuelto. Una semanita (no llega), tal y como prometí. Hay que ver. Os he dejado con la intriga o algo xD Por cierto, en este capítulo, el local al que van, con la música, existe realmente y estuve mirando información xD Nada, detalle random a más no poder.

Creo que no sé qué más contestar así que paso a contestar vuestros reviews owo Me habéis sorprendido. Han sido bastantes óuo. Os lo agradezco un montón :'D

Kitshunette, xDDDDD I loved the first sentence xDDD When you sent David to hell xDDDD We all hate David. He's stupid xDDDD But it's not nice that you feel like sending your own brother to hell xDDDDDD Yeaah~ Francis' hugs are special~ ouo

Tenten-Montse, uaaah te lo has leído al final xDDDD A por David xDDD Francis no puede dejarle solooo... Él es amor òwo. Jooo es que cojo unas 10-11 páginas y terminaba así! No es mi culpa xDDDD Este no acaba mucho mejor, lo sé... xDU Gracias por el revi, 1010, eres puro amor -hearts-

Ariadonechan, xDDDDD Lo siento! Como dije, cojo unas 10-11 páginas y corto XD Es telenovelilla pero sé que os ha gustaaaadoo xDDDD Que me lo decís. Ay no mujer ;_; No te mueras de ansiedad. Aquí tienes el siguiente capítulo ;w;

Nightview, ahahaha creo que me voy a pasar el rato pidiendo perdón por dejar el fanfic tan mal xD... Da miedín David, seh. Es un psicópata a más no poder u_u xD Gracias por leer ouo

Tanis Barca, ¿no te lo esperabas? Aw yeah! Me siento feliz ahora mismo. Hombre claro. Francis tiene cojones cuando los necesita. Jodeeer los dedazos y las horas a las que subo fic no son buenas... xDDDD Sí, se me ha ido un dedo ;_;b Thankies.

Eakeles, bueno... hay gente muy ida de olla así que no se puede decir que alguien no haga eso con alguien. Hombre, le tiene una envidia a Francis que no se la quita nadie. Ojalá tuviésemos un médico como Antonio. Aunque arruinaríamos entre todos la Seguridad Social aún más XDDD

Atsun, claro que es difícil pero también tiene su gracia. Así reaccionas con más intensidad que si pudieras seguir leyendo ouo Heeey, yo quiero saber qué leíste en esa frase. Me hace gracia xD. Francis es bueno =w= Es amorcín -hearts- Hostias lo de Gilbird... ¡Me lo pensaré para algún AU! XD PierrexGilbird... hum... -la mente de Miru está volando mucho- Francis muriendo es una drama queen. Yo lo sé. Lo es. Saray y Rosa OTP? Me matas. Me matas muchísimo xDDDD... Me encanta la reacción a todo el tema de David xDDDD. Uooh! Estoy haciendo que Francis sea tu favorito en este fic. AI KENT VILIV IT! -el diccionario de inglés sangra-Gracias por tu extenso review, Atsun, estos así se valoran muchísimo y es una delicia escribir y recibir un feedback tan bueno, de verdad. Te guiño el ojo de vuelta también de manera seductora ;D XD

Candy, uouo estuviste atenta con los detallitos. Claro que sí. Francis puede proteger a alguien, ¡con un par! Traficante de órganos no, por suerte. Pero sí es un psicópata raro... xD Bueno ya en este capítulo se explica un poco. Exacto, no se presentó así que lo averiguó él solo... Da miedín xD Estoy totalmente de acuerdo en que lo del esclavo sería interesante si fuese con Francis -cejitas- xD

Misao Kurosaki, es un hijo de fruta xDDDD Yo misma odio a David xD Os doy capítulos variaditos para que tengáis muchas emociones ouo Jojo -hearts- Ale, me adelanto al sábado y lo pongo hoy mismo. Para que no me matéis mucho.

Tomato-no-musume, bueno si te gustan las novelas de color rosa entonces me quedo un poquito más tranquila xD. ¡Vamos a castrarlo! Yo te ayudo ò_ó. Exacto, todos los momentos de ligera depresión de Antonio iban a esto. Os hice Cliffhanger para ver cómo reaccionabais. Y juro que porque cojo 10-11 páginas y tocó ahí ;_; No lo hago para sacar más reviews y dejaros jodidas ;w; Lo juro.

Hethetli, bueno eso de operar no es nuevo... XD viene de hace ya un tiempo. Por eso estamos tan jodios en la Seguridad Social. Ahora nos harán pagar a nosotros... hahaha... en fin xD Antonio es de Francis, ya pateé a David de la ecuación xD Un opening xDDDD No sé cómo sería XD. Exacto. Por eso no quería llamar a un ATS. Me gusta que descubráis los detallitos ouo -happeh-

Hikaru in Azkaban, jajaja gracias por dejar reviews en casi todos los capítulos XD Y siento el cuelgue pero era necesario porque si no se hacía un capítulo muy largo. Yo sé que eso os gusta pero luego se me descuadraría XD sorry. Exacto ò_ó Comía tomates para alegrarse y no pensar en su acosador jefe ù.ú

Yuyies, jajaja xD bueno no ha durado mucho el malo malísimo pero ahí ha estado XD Exacto... todo el comportamiento de Antonio era por el jefe. Waaah~ me alegro tanto de que os percatéis de los detallitos. Bueno Francis supongo que ha visto que Antonio no lo está pasando bien aunque no lo exprese y está solo. Le da cosita dejarlo tirao. No han habido tiros, lo siento XDD

Y eso es todo por esta vez...

¡Lo seeeeé! No ha terminado tampoco muy bien esta vez. Juro que hago lo que os he dicho. Bajo ningún concepto lo hago por putearos y dejaros ahí comiéndoos las uñas o algo por el estilo. Prometo actualizar la semana que viene ;w; Que no lo hago un poco antes porque trabajo toda la semana u_u sorry.

Un besoo~

Miruru.