Mi odiado vecino
Capítulo 10
Estaba hasta los mismísimos de esperar. Mira que Antonio solía llegar tarde normalmente, ¡pero es que aquello era el colmo! Hacía ya como una hora que debería estar allí. De repente empezó a sonar en su móvil la voz rasposa y grave del vocalista de Rammstein cantando Keine Lust. Se metió la mano en el bolsillo de los pantalones tejanos y se peleó para sacar el teléfono. En la pantalla vio la fotografía de su amigo Antonio haciendo el lerdo. No supo ni por qué le había permitido hacerse una foto para ponerla de fondo cuando le llamase.
- Ya puedes ir inventando una excusa. Tienes medio minuto.
- Hola, al habla un francés sexy~ Lamento comunicarte que Antonio no va a acudir hoy. Tenemos mucho de lo que hablar.
- Francis, no seas maleducado y explícale un poco de qué va el tema, anda. -dijo la voz conciliadora de Antonio de fondo.
- Está bieeen~ A ver, polluelo...
- Te estás ganando una hostia, gabacho. Me tienes frito con tu gilipollez. No dejas de hacer daño a mi amigo.
Francis no respondió nada de golpe. La voz de Antonio tampoco se escuchaba, quizás no andaba por ahí. Escuchó por fin que suspiraba.
- Lo siento. Pero ya no voy a hacer eso. Yo también le quiero y voy a intentar que nunca más tenga que sufrir por mi culpa.
- Como le vuelvas a hacer daño, te juro que, aunque sea a la fuerza, lo apartaré de ti e iré a patearte las pelotas.
- Se supone que tú eras hetero, ¿no? Suenas a enamorado~ -dijo por fastidiar el francés. Gilberto bufó.
- Soy hetero. Antonio es un gran amigo y a los amigos se les protege. Es abierto con la gente y confiado y eso hace que le hieran un montón. Encima luego intenta disimular y fingir que todo está bien. Le protejo porque él no sabe hacerlo. Ahora te voy a encomendar esa tarea a ti. Como no la lleves a término bien, te las haré pagar.
- Eres mejor tipo de lo que pensaba, polluelo. -dijo Francis después de un silencio.
- ¡Que no me llames polluelo!
Escuchó la risa del francés y de pronto los tonos del móvil que indicaban que había colgado. Chasqueó la lengua, disgustado, y volvió a meter el teléfono en el bolsillo de los desgastados pantalones.
Después de una eternidad abrazados (que, aún así, a Antonio le supo a poco), Francis se retiró y le pidió que no se marchara con Gilberto. No hacía falta que se lo dijese de ese modo. Si lo hacía, no podría resistirse. El francés insistía en que deseaba hablar. Tenía tantas preguntas... Entraron en el segundo primera y tomaron asiento en la sala de estar. En ese momento Antonio le dijo que iba a llamar a Gil, Francis le arrebató el teléfono y llamó él. Mientras hablaban, el español había ido al lavabo y al volver Francis ya había colgado.
- ¿Se lo ha tomado bien?
- No.
- Ya me lo esperaba -dijo Antonio riendo y sentándose a su vera.
De repente se hizo un silencio extraño e incómodo. No sabían bien de qué hablar ni qué significaba ahora que se quisieran. Sí, lo hacían, ¿pero eso hacía que fuesen novios? ¿O sólo algo así como amantes? ¿Querría salir con él?
- ¿Cuándo te diste cuenta de que te gustaba? -preguntó de sopetón Francis, sin anestesia. Antonio abrió los ojos atónito y le observó ofendido por su falta de tacto- Perdón, es que no sabía cómo introducir la pregunta.
- Me di cuenta el día que te fuiste a Francia. Justo en el momento en el que me abrazaste y te despediste.
- ¡¿Hace tanto? -exclamó con sorpresa- ¡¿Por qué no me dijiste nada?
- ¡Porque me parecía hasta patético cómo te echaba de menos! O lo mucho que deseaba verte y que me dieras un abrazo... ¡Joder! ¡Parecía una puta adolescente y eso me tenía bastante traumatizado!
- A mí me parece bastante adorable. -dijo Francis riendo. Recibió un codazo suave en las costillas de parte de Antonio- Yo también te echaba de menos. Soy un hombre con pocas amistades.
- ¿Cuándo te diste cuenta de que yo te gustaba? -preguntó Antonio mirándole curiosamente.
- Propiamente dicho, hoy. -la cara del español expresó disgusto. Sonrió tenso- No me mires así. En realidad creo que lo he sabido desde hace más tiempo. Por eso mismo tampoco me di cuenta de que tú estabas igual.
- ¿Qué quieres decir? -inquirió Antonio arqueando una ceja.
- Creo que hace bastante que empecé a sentir algo por ti. Quizás no lo tenía claro pero supe que no quería apartarte como había hecho con otra gente. Eso me asustó un poco. No estaba seguro de qué era lo que sentía e intenté clasificarlo como amistad o instinto protector. Tanto intenté negarlo que no me di cuenta del porqué de tu comportamiento. Todo era más simple.
- Te podrías haber ahorrado lo de la tía esa... -dijo Antonio mirándole fijamente.
- ¿Qué hiciste después de aquello?
- Emborracharme. Ya lo viste.
- ¿Te sentiste mal? -Francis se acercó a Antonio y éste, a su vez, retrocedió avergonzado porque no quería hablar del tema.
- Anda, d-déjalo...
- ¿Te sentó mal?
- Claro que lo hizo. Me sentí muy mal. No voy a darte más detalles ya que no quiero despertar tu compasión. Si quieres saber más, le preguntas a Gil.
Francis siguió con su intento de acercarse más a Antonio. Finalmente terminó el español recostado sobre el sofá y el rubio encima de él, observándole seriamente, como si fuese la primera vez que le veía.
- ¿Quieres salir conmigo?
- ¿Eh? -murmuró sorprendido y algo sonrojado el hispano.
- ¿Quieres salir conmigo?
- ¿Adónde? -preguntó
- No seas tonto. No le des vueltas. Te estoy preguntando que si querrías ser mi novio, Antonio. Si te gustaría que te llevase al cine o a cenar. Si te gustaría que te besara y te acariciara. Si te gustaría que únicamente pensara en ti. A mí me gustaría. Pero me ha dado vergüenza preguntarte antes. Me quieres pero no significa na-
- ¿No significa nada? -interrumpió Antonio- He deseado tanto abrazarte, besarte y poder estar juntos... Sí que quiero que seas mi novio. También quiero ser el tuyo.
Francis lo miraba fascinado. ¿Por qué nunca se había percatado del todo de lo maravilloso que era? Todas sus palabras sonaban tan llenas de cariño... ¿Cómo no lo había notado? Aún peor, ¿cómo había ignorado todos aquellos sentimientos? Se inclinó y con mimo besó su mejilla. Antonio entrecerró el ojo cercano a la pómulo besado y lo volvió a abrir, observándole embobado por aquellos ojos tan azules tan cerca de él. Volvió a besar la mejilla y volvieron a mirarse. El siguiente beso fue en los labios. Uno suave, corto. Luego otro. Y, de repente, la calma había desaparecido. Sus labios chocaron con fuerza, con deseo y se entreabieron, buscando sentir más carne, más piel, más calidez. Ya no había nada que fuera a detenerles.
Un repentino peso sobre su cuerpo le sacó de su sueño. Antonio Fernández abrió los ojos y se encontró en una penumbra condescendiente con su vista. Benditas persianas que evitaban que se te quemaran las retinas nada más levantarte. Visualizó una mano suspendida en el aire y sintió que el brazo le rodeaba. El peso que le había despertado era el de su ahora novio Francis Bonnefoy. Novio... Sonaba bastante bien a pesar de ser una palabra seria.
Lentamente, se fue dando la vuelta hasta que tuvo de frente el rostro dormido del francés. Observó sus facciones con dedicación. Le gustaba la expresión relajada que adoptaba. Se acercó y le dio un beso en la mejilla más cercana a la almohada. Francis se movió y apoyó su cabeza sobre la del español. Ahora se encontraba atrapado entre la almohada y el francés. Sonrió con cariño.
Aún podía recordar vívidamente la noche anterior. Sobre todo a partir de ese momento en el que habían prescindido de las palabras porque lo decían todo con la mirada, con las caricias y con los besos. De repente Francis le había agarrado en volandas y Antonio había comenzado sus quejas alegando que se iban a caer. Entonces, el francés había empezado a besar su cuello, siempre vigilando de reojo el suelo que pisaba.
Escuchaba la respiración calmada de Francis sobre su piel. Contrastaba tanto con el desenfreno que se había apoderado de ellos hacía horas, cuando la ropa había volado en todas direcciones en cuestión de escasos minutos. En ese momento en que las manos se habían deslizado por la piel de su compañero intentando lograr un estremecimiento, un jadeo, cualquier muestra de que era un contacto bienvenido.
No era la primera vez que intimaba de ese modo con Francis y sin embargo todo parecía tan nuevo... La forma en la que besaba su cuello y su torso. Como una mano descendía casual hacia su entrepierna. La manera en la que con la otra mano le levantaba una pierna y la posicionaba en su cintura. Y luego, aquel delicioso vaivén que le había hecho sentirse casi desesperado por sentir más. No podía tampoco olvidar aquellas sensaciones que había deseado durante largo tiempo y que por fin lo embargaban y lo estremecían mientras pronunciaba el nombre del francés entre jadeos y suspiros. Y Francis le había observado, con sus ojos azules brillantes, atractivos, que contaban todas esas cosas que su boca se negaba a contar. En ese momento en el que sólo sonaban sus voces aquejadas llamándose, sus jadeos, sus gemidos, sus respiraciones, ajetreadas, y los crujidos de la cama bajo el ímpetu de sus cuerpos, Antonio pensó que no deseaba cambiar aquello por nada. Ojalá pudieran seguir así de unidos para siempre, sintiéndose de aquella manera tan íntima, tan sólo conscientes de la presencia de ellos mismos.
Lo único que le daba una prueba física de que había ocurrido todo lo de esa noche era su torso manchado, el condón con un nudo que estaba en la mesita y su trasero ligeramente irritado. Besó el hombro de Francis y cerró los ojos.
- ¿Te dedicas a mirarme mientras duermo? Me siento halagado.
Antonio abrió los ojos y se apartó un poco para encontrarse a Francis despierto y mirándole con una sonrisa ladeada. El español rió nerviosamente mientras trataba de encontrar una excusa para su comportamiento.
- Me acabo de despertar. Ha sido casualidad -dijo finalmente.
- Men-ti-ro-so~ -replicó Francis acercándose al hispano, rodeando su cintura con sus manos y besando su mejilla.
- ¿Por qué tiene que ser mentira? ¡No sé qué concepto tienes de mí! -insistió Antonio, pretendiendo estar ofendido.
- Porque llevo un rato fingiendo que duermo y estabas bastante cariñosito~ -dijo feliz el galo. El de cabellos castaños le miró con expresión desencajada.
- ¿Desde cuándo estás despierto?
- Desde que te diste la vuelta. Eres bien adorable~ -la cara de Francis expresaba tal perversión y adoración que Antonio se sintió avergonzado.
- Eres estúpido. -replicó pegándole un suave golpe en el estómago.
- No seas así~ Si yo te quiero muchooo~ -replicó Francis dándole un golpe en las costillas que hizo que el español se moviese bruscamente ya que le había hecho cosquillas.
Antonio volvió a contraatacar, esta vez buscando hacerle cosquillas también. Sin embargo, Francis se movió hasta ponerse encima de él y tener ventaja en aquella lucha. El español reía ante aquel ataque e intentaba evitarlo a toda costa. El rubio también se divertía y a veces no podía esquivar los ataques de su pareja. A los minutos ambos estaban tumbados sobre el lecho, mirando el techo, respirando agitadamente tras reír durante largo rato. Francis movió la mano y tomó la de Antonio.
Gil estaba harto de Antonio y su pesado novio francés. Era desagradable verlos tonteando a cualquier rato. Tenían sus momentos de tranquilidad en los que charlaban de temas tontos o en los que discutían sobre qué jugador era mejor. Pero, aparte de eso, estar con ellos era un maldito infierno. De repente el gabacho cogía comida, se la ofrecía a Antonio y entonces aprovechaba el momento para besarle. Y hubiese deseado que su amigo fuese un poco más recatado y le dijera que parase, que estaban en un sitio público y que, sobre todo, él estaba delante y no quería ver eso. Sin embargo, Antonio respondía con más ímpetu, le daba alas al francés, que intensificaba el beso. Entonces el de cabellos castaños se apartaba intentando huir, el galo seguía molestando, el español reía y le decía que se apartara y a Gilberto le subía el azúcar y le daban ganas de irse a vomitar al lavabo más cercano. Eran tan jodidamente empalagosos.
Pero, en contra de lo que uno pudiera imaginar, no era lo peor que podía ocurrir. En ocasiones, de imprevisto, los perdía de vista. No le importaba demasiado porque él siempre había sido un tío muy independiente y hasta estando solo se lo pasaba bien. En realidad se lo pasaba mejor solo. Al menos así no tenía que soportar un diálogo tan estúpido y edulcorado y esos besos en los que parecía que ambos intentaban sorberse el alma. Bueno, pues, en esos instantes les perdía de vista. Por mucho que intentara llamarles, no lograba localizarles. Y de repente regresaban. A veces respirando agitadamente, como si hubiesen corrido una maratón. En otras ocasiones venían con partes de ropa intercambiada.
- Lo siento, Gil. Nos hemos perdido. -decía jovialmente Antonio.
- ¡Mentirosos! ¡A saber qué lugar habéis mancillado esta vez!
Entonces, Antonio o Francis, daba igual quién, puesto que se turnaban, abría la boca dispuesto a informarle del lugar en el que habían dado rienda suelta a su pasión. Gilberto empezaba entonces a gritar y se cubría los oídos.
- ¡No quiero saberlo! -exclamaba sonrojado.
Los dos reían y comentaban lo tierno e inocente que Gil era. En realidad Antonio no podía pedir mucho más. Tenían sus momentos románticos de pareja, después parecía que únicamente fueran amigos, incluso en ocasiones comentaban los traseros de la mujer de turno que pasaba. Y luego estaba en sexo. Ooooh, bendición. La cama había pasado a ser el sitio habitual (que no el único) de la noche. Pero el día era demasiado largo. De repente la necesidad de la presencia del otro no era algo que pudiera esperar horas. Se iban a cualquier rincón, cualquier habitáculo pequeño, oscuro y estrecho, cualquier lugar en el que nadie les viese y daban rienda suelta a su pasión.
No importaba que durante el día lo hubiesen hecho en el baño del bar y luego se hubiesen metido mano en un callejón para posteriormente volverse a magrear en un rincón apartado en El Retiro, cuando por la noche llegaban a casa aún sentían deseos de más. Y volvían a cruzar esos pasillos otra vez, persiguiéndose, buscándose, besándose en un rincón hasta que llegaban a la cama y todo se volvía desenfreno y pasión.
El español de cabellos castaños se encontraba en el sofá de la sala de estar de su piso. Era un modesto habitáculo en el cual había un ventanal que daba a un pequeño balcón en el cual tenía cuatro tiestos con un par de tomateras y un par de geranios que había comprado por aburrimiento un día. La sala de estar tenía el sofá, de tres plazas y tela suave de color salmón. Al lado de éste había una estantería en la que tenía los pocos libros de los que disponía. A un par de metros enfrente del sofá se encontraba la tele de veintisiete pulgadas, la cual descansaba sobre un mueble de madera bastante plano, de color marrón oscuro. A la izquierda de la tele había una lámpara de pie que había comprado hacía un invierno. Una discreta mesa ocupaba el sitio que sobraba, con cuatro simples sillas a su alrededor.
En sus manos, Antonio tenía el diario "Sport" el cual ojeaba concentrado. La puerta del piso se abrió y escuchó a Francis llamándole. Habían intercambiado llaves de sus pisos hacía cosa de media semana. El español no se molestó ni en contestar. Había escuchado el tono de voz de su novio. No parecía demasiado contento. Seguramente ya se habría enterado.
Finalmente Francis apareció en el marco de la puerta. Tenía una mejilla roja y venía respirando agitadamente, como si hubiese corrido un buen trozo. El español le observó de soslayo y devolvió la vista al periódico. El francés se sintió irritado ante ese comportamiento. ¿Es que nunca iba a aprender que no podía hacer ese tipo de cosas? Al principio le había parecido chistoso pero ahora ya no le hacía gracia alguna.
- ¿Se puede saber qué es lo que has dicho esta vez? Porque me ha pegado una hostia. Me ha empezado a gritar en plena calle y encima por defenderte me ha pegado otra.
- ¿Es que te preocupa lo que le he dicho a esa putita tuya? -dijo Antonio sonriendo de esa manera que a Francis le daba la certeza de que estaba enfadado. El español se incorporó y le observó interrogante.
- ¡Cuando empezamos a salir ya asumiste que yo era un ligón!
- Lo asumí pero eso no significa que les vaya a dar la bienvenida cuando llamen a tu puerta buscando acostarse contigo. ¿Es que esperas que les prepare unos churros y charlemos sobre qué posturas son las que mejor dominas en la cama?
- Hombre, tampoco es eso... -dijo Francis poniendo los ojos en blanco.
Era la tercera vez que un ex-ligue intentaba contactar con él y que Antonio se había comportado como un capullo integral. A la primera le dio una detallada descripción de cómo se lo había tirado esa noche. La muchacha, ofendida, le había llamado a su teléfono móvil y le había estado gritando durante al menos media hora. La segunda mujer había llamado a su casa de buena mañana, en ese lapso de tiempo en el que Francis ya había salido hacia el trabajo y Antonio se quedaba durmiendo un rato más en la cama. ¡De qué humor tenía que haberse levantado! No le había contado los detalles, pero por lo visto la puso de puta para arriba con una tranquilidad que había puesto los nervios de punta a la mujer. Insistía en que su novio estaba loco. Bueno, quizás no iba desencaminada. Pero también entendía que la lista de amantes que Antonio tenía que enfrentar era demasiado grande y se le podían perdonar esos brotes de celos. Aunque, si le preguntabas a él, siempre te diría que no estaba celoso.
Ésta había sido la tercera. Al parecer Antonio había sido tremendamente desagradable. Le había servido una taza de café y mientras le servía la leche y la taza desbordaba, había empezado un interrogatorio de tercer grado. Con una sonrisa, el español le había preguntado por las habilidades de Francis en la cama, le había preguntado si sólo venía a por sexo y también se había ofrecido a buscarle el número de un gigoló que calmase esas necesidades que deseaba satisfacer con un tío que ya tenía pareja.
Francis suspiró pesadamente y se sentó en el sofá. No le desagradaba que Antonio estuviera celoso, lo que le inquietaba es que se comportara como si fuese un psicópata cuando sabía que él no era así.
- ¿No podrías al menos ser un poco más suave?
- Claro, puedo decirle: Oye, zorra, deja de mojar las bragas pensando en mi novio. -dijo Antonio con un tono de voz dulce y una sonrisa en el rostro.
- Wow, puedes ser bastante horrible cuando te lo propones.
Antonio suspiró pesadamente y se sentó encima de las piernas del galo, apoyando las rodillas a cada lado de su cuerpo, sobre el sofá. Su rostro mostraba enfurruñamiento y tristeza. Sabía que no se estaba comportando de manera modélica pero no podía evitar arder con celos y rabia pensando que a saber qué habría hecho con cada una de esas mujeres. El día que llegara un hombre quién sabe... quizás le pegaría un puñetazo.
- Vale, pues voy a invitar a mi ex. Le daré mi dirección y a ver si quiere venir a pasar un ratito conmigo.
- ¡Ni te atrevas!
- ¿Ahora me entiendes un poco mejor? -inquirió arqueando una ceja el español.
- Pero aún así podrías ser más suave. No tienes que hacerlas llorar.
- Es divertido.
- Antonio, cuando te pones así, me asustas un poquito.
- O hago eso, o te culpo, o me deprimo. No sé cuál prefieres. -dijo Antonio bajando la vista, apesumbrado.
- Pero no tienes que hacer que todas acaben odiándome.
- Ah, ¿es que no quieres que te odien? ¿Y eso? -preguntó el español con aire casual.
- Hombre, nunca se sabe si... -Francis se dio cuenta en ese instante de lo que estaba a punto de decir. Sus ojos se abrieron un poco más, con sorpresa, y cortó su frase.
- ¿Nunca se sabe qué...? -dijo al cabo de un par de segundos eternos el español. Francis acabó por levantar la vista y observarle. Sonreía, pero por alguna razón al galo no le tranquilizaba.
- Nada.
- No~ Ahora dilo, Francis~
- N-nunca se sabe qué nos depara el futuro... -tenía miedo.
- Claro. Entiendo.
Antonio se levantó. Por un momento el francés estaba completamente alerta a cualquier movimiento de su pareja. Podría lloverle la hostia en cualquier momento y quería estar preparado para minimizar daños. No es que le gustara la idea de que llevarse tres tortazos en un mismo día. Y sabía que el de Antonio le iba a doler más. Sin embargo empezó a caminar hacia la puerta de la sala de estar.
- ¿Adónde vas? -preguntó con miedo el francés.
- Al baño.
Francis suspiró pesadamente. A ver cómo salía del allí. Tenía que pensar en la manera ideal de disculparse. Aquello había sonado feo no, lo siguiente. Estaba en todo su derecho a pegarle. Se quedó con cara de tonto cuando escuchó la puerta de la calle cerrarse con un fuerte portazo. Después de dos segundos ladeó el rostro hacia el pasillo.
- Que se ha ido... -murmuró anonadado.
Hacía tiempo que Antonio no se sentía tan enfadado. ¡Francis era gilipollas y en su casa no lo sabían! Bueno, quizás sí lo sabían. Pidió un taxi y en poco tiempo se plantó en el apartamento de su amigo Gilberto. Llamó insistentemente al timbre y cuando éste abrió, Antonio dibujó una sonrisa que hizo que su amigo se estremeciera. Esa sonrisa era como si de repente hubiera saltado la alarma de fusión del núcleo en una central nuclear. Y, sinceramente, Gilberto no quería saber de qué iba el tema.
- ¿Podemos hablar? -preguntó el español.
- Estoy bastante ocupado, la verdad. Seguro que tienes problemas estúpidos con tu estúpido novio de nuevo, pero no estoy para eso.
- ¿Ah sí? He cogido un taxi para venir expresamente a verte para hablar contigo, ¿y estás muy ocupado?
- Ya has venido otras veces y siempre ha tenido fácil solución. Vas y hablas con él. En menos de una hora seguro que estáis follando como con-
Se llevó un golpe en la mandíbula de parte de la puerta. Antonio la había agarrado y a la fuerza la había cerrado. Se había llevado un buen impacto en el mentón. Desde dentro, sin abrir, Gil empezó a gritar.
- ¡Eres imbécil! ¡Podrías haberme hecho mucho más daño, joder! ¡Desde que sales con ese tipo que estás de un estúpido...!
- ¡Muérete! -gritó Antonio al otro lado- ¡No necesito tus consejos de mierda!
- ¡Muérete tú!
Pero Antonio ya caminaba a zancadas hacia la calle mientras llamaba por teléfono para pedir otro taxi.
Eran las ocho y media de la tarde cuando Antonio llegó a la dirección que le había indicado al taxista. Atrás quedaba Madrid y su estúpido novio. Lo mejor sería no verle o aún le partiría la cara. No tenía ganas de llegar a las manos con él. La casa que tenía delante de él se conservaba igual que había años, cuando había venido la última vez. Quizás el color blanco de la fachada estaba más sucio por las inclemencias del tiempo, pero el resto permanecía exactamente igual. Las tejas de color negro le daban un aspecto sofisticado y el pequeño porche, adornado con flores, era simplemente acogedor. Llamó al timbre y esperó a que le abriesen la puerta.
El hombre que lo hizo le observó atónito. Era aproximadamente igual de alto que Antonio aunque su cuerpo era más delgado y fino. Sus manos se asimilaban a las de las mujeres ya que sus dedos eran delicados y encajaban a la perfección con las blancas teclas del piano que siempre solía tocar. Su cabello era corto y de color chocolate. Siempre se le acababa produciendo un gracioso rizo que por mucho que intentara alisar volvía a su pose indomable. Sobre su nariz fina descansaban unas gafas de montura delgada con una graduación exagerada. Los ojos siempre le habían fascinado. A ratos le parecían azules, pero a ratos casi marrones. La mayoría del tiempo le parecían violetas, cosa que él reiteraba una y otra vez que era imposible. Llamaba la atención un lunar que tenía al lado de los labios.
- ¿Antonio?
- Hola, Rod... Siento venir tan tarde pero es que... -se le saltaron las lágrimas aunque su expresión era frustrada- ¡Mi novio es gilipollas! ¡Más tonto y no nace! ¡Y Gil es subnormal y me ha dicho que no quería escucharme! ¡No sabía a dónde ir! ¿Puedo pasar?
Rodrigo observó a Antonio detenidamente. Era difícil decirle que no a algo cuando lloraba. Se hizo a un lado.
- Claro, pasa. Te prepararé un chocolate. ¿Aún te gusta con tres de azúcar?
- Sí. Gracias, Rod. Eres un tío genial. -dijo Antonio secándose las lágrimas y entrando en la casa.
Los padres de Rodrigo eran ricos. Y no era una de esas cosas que se exageraban, no. Eran ricos de verdad. Tenían tantas casas repartidas por toda la península y parte del extranjero que Antonio había perdido la cuenta. Por eso Rod era el único que había disfrutado de un caserón como ese al apenas cumplir los dieciocho. Siempre había tenido lo que quería y Antonio le tuvo que decir que dejara de hacerle esos ostentosos regalos de cumpleaños o se acabaría deprimiendo. Aún así, él era un chico con muchos complejos y muy tímido. Aunque era un maniático del orden. Siempre tenía todo en su sitio y llegaba a puntos obsesivos. Cuando alguien dejaba algo fuera del lugar que tenía asignado, Rodrigo se transformaba en un ogro y daba sermones sobre la falta de pulcritud de la gente. ¡Cuántas charlas de esas se había llevado!
La casa estaba tan ordenada que Antonio se sentía mal por estar arrugando el cojín del sofá posando su trasero en éste. Esperó pacientemente a que Rod regresara portando una taza de chocolate caliente. La tomó en las manos y se lo agradeció. Se sentó en un sillón y observó sin expresión alguna a Antonio.
- ¿Me explicarás mejor qué es lo que ha sucedido? No sabía ni que tuvieras novio. ¿Qué energúmeno has escogido esta vez? Tu gusto es nulo. Deberías volver a las mujeres. Te evitarías problemas.
- No digas eso, Rodri.
- No me llames Rodri. Entre Rod y Rodri, a pesar de que no me gusta, prefiero Rod.
- Perdón. -dijo sonriendo con apuro- Tengo la esperanza de encontrar a alguien que no sea un capullo. Pero es que... Es que... ¡Se ha pasado! ¡Se ha pasado un montón! Mira, éste es él.
Antonio sacó el teléfono móvil, lo desbloqueó y le mostró la foto que tenía puesta de fondo de pantalla. Rodrigo tomó el aparato con sumo cuidado entre sus manos y observó la pantalla sin mostrar ningún tipo de reacción.
- Tiene pinta de ser un vanidoso que no sabe parar un segundo y va metiéndola en cualquier agujero que ve.
- ¡Me sorprendes! ¡Siempre has tenido buen ojo para estas cosas! -exclamó Antonio después de beber un sorbo de chocolate- Aunque tiene buenas cualidades. Es cariñoso conmigo y es divertido.
- Pensaba que estabas molesto con él.
- También es un completo gilipollas. -sentenció seriamente- Tal y como has dicho, es un ligón y sus novias están viniendo a buscarle. ¡Soy un tío! ¡Seguro que es más placentero estar con una mujer que conmigo! Como venga alguna que esté muy buena, me dejará y se irá con ella. ¡Tengo miedo y las despacho con desprecio y crueldad! Sé que no debería hacerlo.
- Estás en tu derecho.
- Pero el muy gilipollas me ha dicho que es que debería ser menos cruel, despacharlas mejor, porque en un futuro nunca se sabe.
- Bonita cagada. -murmuró Rod.
- ¡Insinúa que debo terminar bien con sus ex porque como en un futuro quizás no estemos juntos así tendrá donde ir a meterla de nuevo! ¡Se la tendría que cortar para ver si empieza a usar un poco esas neuronas que tiene en su hueca cabeza! ¿Por qué tiene que asumir que lo nuestro no va a funcionar y necesita comodines?
- No sé. ¿Es idiota?
- Es una buena explicación... -murmuró pensativo.
- ¿Y qué harás?
- No tengo ni idea... -dijo suspirando tristemente- Necesito despejarme y pensar. Es mi vecino, si me quedo en casa no me va a dejar ni a sol ni a sombra. Acabaré pegándole un puñetazo como no pueda pensar con calma.
- Eso sería digno de ver. -Rodrigo le devolvió el teléfono a Antonio y se incorporó del sofá- Puedes quedarte en casa. Tengo la Playstation muriéndose de asco. No me gustan mucho los últimos juegos. También puedes tomar un baño. Prepararé algo de cenar.
- Gracias, Rod. -dijo Antonio levantándose también y dándole un abrazo aunque su amigo se incomodó ante aquello- Eres un tío genial. Voy a pegarme un baño entonces.
Gilberto se encontraba viendo una escalofriante película de terror en el salón de su apartamento. Las luces estaban apagadas por completo y él se encontraba inclinado hacia delante como si en cualquier momento fuese a salir corriendo. Estaba en un momento tenso cuando de repente el teléfono móvil en su bolsillo empezó a timbrar y vibrar al mismo tiempo. Pegó un grito y dio un respingo. El corazón le latió a mil por hora en menos de un segundo. Quitó el volumen de la tele y presionó la tecla verde.
- Yo te maldigo, quien sea que llame.
- Yo también te quiero, polluelo. -dijo la voz de Francis al otro lado del interfono.
- ¿Qué tripa se te ha roto, gabacho? Acabas de interrumpirme, a mí, tan increíble, en el visionado de una película de miedo que no asustaría ni a un niño de parvularios.
- Pues suenas un poco asustado, pero ese no es el caso. ¿Está Antonio contigo?
- No. Vino, me pegó un golpe con la puerta y lo mandé a freír espárragos. Pensaba que ya habría vuelto a casa y habríais hablado.
- Me temo que no es así. Le he llamado al teléfono pero no lo coge. Al principio me lo ha colgado. Luego ha debido apagarlo y ya sólo salta el buzón de voz. No sé a dónde puede haber ido.
- Si lo pensamos fríamente, Antonio venía buscando consejo. La única persona que conozco a la que podría ir a pedirle opinión es a... Ah, joder. ¡Qué asco! Debería haberle dejado pasar.
- ¿Qué? ¿Quién?
- No sé. Espera a que confirme.
- Voy a tu casa. Nos vemos en un rato.
Francis había colgado. Marcó el número de ese estúpido niño rico al que tanto odiaba y esperó hasta que descolgó. El saludo tan educado le hizo sentir ganas de burlarse de él.
- Soy el increíble Gilberto.
- Vale, bien por ti, adiós.
- ¡Espera, espera! ¿Está ahí Antonio? Su novio me ha llamado preguntándome y es un pesado.
- No sabía que Antonio tenía novio. Podrías habérmelo contado.
- ¿Para qué? ¿Es que acaso te interesaba para algo? Es una información irrelevante.
- Para mí no.
- Está bien... Lo que tú digas. -murmuró Gil después de suspirar- Nunca te he entendido del todo. ¿Le dirás que Francis está preocupado por él y que le llame? Una vez se quede tranquilo ya hablarán cuando sea.
- No.
Gilberto arqueó una ceja. De todas las respuestas, esa no era la que había esperado. Se tomó tres segundos para procesar la escasa pero contundente información que había recibido.
- Perdón, ¿qué?
- Que no. No voy a decirle que llame a ese novio suyo de pega. Ni yo voy a llamarle. Antonio no se va de aquí esta noche. Además, tengo que hablar con él.
- No creo que sea el momento, ¿sabes?
- Tú cállate, Gilberto.
Después de aquella frase la llamada se había cortado. La cara de sorpresa del español era para inmortalizarla. ¿¡QUÉ! ¡No me digas que el señorito cobarde de repente había recuperado todo el valor que le faltaba! A los cinco minutos Francis estaba llamando al timbre del apartamento de Gil. Le observó con intriga, deseando saber si tenía o no información acerca de Antonio.
- Pasa. Creo que tenemos algunos problemas...
lulz, Rodrigo. Perdón por actualizar tan tarde pero me he entretenido demasiado xDDD Antonio siendo un destroyer por los celos que siente por las tías que vienen buscando a Francis me gustará siempre BD Es un radical cuando quiere. Porque si me dicen que Antonio no es celoso no me lo puedo creer. ¿Los españoles no somos celosos? Mmmm... ·_· XDDD
Paso a comentar los reviews que es tardísimo y mi cerebro no rula más para hacer comentarios sobre el capítulo con pies y cabeza.
Ariadonechan, p-perooo... perooo... ¿Me lo echas en cara? Si les he juntado ;w; NFHG ;w; Me alegra que te gustara tanto que por fin estén juntos ;u; Bueno pueees lo que hago es esto. Tengo argumento xD. Lo siento pero en este fic no saldrá Gilbird humanizado. Tengo otro en el que sí que sale :D Sé que esperabais esto desde que empezó el fic XD Un saludooo
Nightview, naaah Toño no es tan terriblee~ Es bastante gracioso creo yo. Lo que pasa es que el pobre estaba indignado xDDD Los documentales de la 2 eran el mejor somnífero cuando era más jovencita. Ahora... no sé, no los veo -yaoming- Of course :D Más capítulos~
Candy Darla, es que estos no pueden declararse como personas civilizadas porque son un par de merluzos los dos xDDD Bueno, no puedo imaginarme que Francis, al que le guste ser el centro de atención, no desarrolle "celos" al perder ese foco de atención. Me alegra haberte sorprendido porque eres de la que más lograba ver por dónde iban a ir los tiros xDDD Intentaré mirarme lo de tu fic este fin de semana, que estaré en casita. Un saludo~
Hethetli, omg pues me gusta que el Frain sea la excepción y que te gusten las ñoñerías xDDD... Juas pues a mí la actitud de Antonio no me parece tan vergonzosa XD Quizás soy un poco como él XD Bueno es que prefiere ayudarle que tener que aguantarle del otro modo, creo yo xDDD Antonio seguía el plan perfecto de Gil. Sigo diciendo que son idiotas xD declararse gritando es fial. Sí, es la mitad :D Este fic me quedó bastante largo xDDD Un saludo~
Hikaru in Akzaban, sii~ por fin son parejaa~ Y ya tienen problemas XD Pero bueno, era normal xDD... Gil seguro que lo pasó fatal y tenía hasta pesadillas porque es un tontorrón xD A mí también me da penita que Antonio llore ;v;U
Misao Kurosaki, pensaba que te habías ido ;v;U No se desaparecerá porque estará molestando un poquito por un tiempo más. La cosa era clara pero ellos se negaban a que lo fuese tanto. Joooo... xD Me lo comparáis con una novela y no sé si es bueno porque yo no es que sea muy de novelas... xD Me siento contrariada y confundida XDD
Yuyies, xDDD es un poco pesadito pero también creo que con la rallada mental que tiene, el pobre se pone así porque ya es demasiado lo que tiene por dentro. Aguanta demasiado XD. Antonio borracho dice tonterías :D XDDD Gilberto todo sea por no tener que aguantar a Antonio llorando acerca de que no se lo tira y que le quiere mucho xD Prefiere que lo aguante Francis. ouo Gracias por leer ouo
Y eso es todo por esta vez~
Nos vemos en el siguiente capítulo~
Miruru.
