Mi odiado vecino

Capítulo 11

Rodrigo observaba a Antonio con atención aunque no estaba escuchando lo que estaba explicando. ¿Cuánto hacía que se sentía atraído por él? Uff, años. Bastantes. Pero siempre había pensado que no tenía oportunidad alguna. Él era un muy impulsivo y si lo comparaba con su comportamiento, Rodrigo era todo lo contrario. Por culpa del caprichoso destino, lo encontraba atrayente. Ya lo decía el dicho ese de los polos opuestos.

Cada vez que se encontraba con él, Antonio le hablaba de una chica, nueva o no. Rodrigo escuchaba su historia mientras sentía un nudo en el pecho. Pero el de cabellos castaños y ojos verdes nunca se había dado cuenta. Él seguía ajeno a todo. Eran muchas las ocasiones en las que alguien le iba detrás y él no se percataba de nada. Quizás aquello era parte de su atractivo. Pero, de repente, empezó la historia de Sergio. El pellizco de esperanza desapareció cuando supo que habían intentado tener una relación fructuosa. Más tarde había llegado la ruptura y Antonio había venido psicológicamente hecho a jirones.

Durante la estancia en su casa, se esforzó al máximo para animarle y, cuando volvió a sonreír con normalidad, Rodrigo sintió que la calma por fin tomaba las riendas y apartaba al nerviosismo y la inquietud. Después de aquello, Antonio se había mudado al centro de la capital española y habían perdido el contacto. Pero seguía pensando en él. Seguramente el capricho de Sergio se le había pasado y él nunca tendría oportunidad. Estaba acostumbrado a tener todo lo que deseara sin tener que pedirlo, pero eso no funcionaba con Antonio. Se dio cuenta de que, cuando se trataban de cosas importantes, no tenía el valor suficiente para hablar y explicarle qué pasaba por su mente. Y él no se daba cuenta de todos los sentimientos que se hallaban en su interior.

Pero de repente había venido a su casa y se había enterado de que otra vez tenía novio. En ese momento se dio cuenta de que no podía seguir así. Todos los hombres con los que Antonio estaba saliendo le hacían daño. Y él, que seguramente sería su mejor opción, no se atrevía a contarle lo que sentía. Aquel era su momento. Debía ser valiente. Debía contarle lo que sentía.

Volvió a mirar a su amigo, el cual reía por a saber qué historia que había contado. Rod sonrió débilmente ya que no estaba acostumbrado a hacerlo pero se veía contagiado por su efusividad.

No iba a rendirse ante un francés que no sabía apreciar lo que tenía.


En otra ocasión, en otras circunstancias, quizás Francis hubiera comentado algo a mitad de la historia que Gilberto le estaba contando. Sin embargo, no había podido pronunciar palabra. Sentía que el corazón, en el pecho, le latía más rápido, con nervios y algo que no supo, ni se esforzó en descifrar. El español le observó con el ceño fruncido. Vale que no era muy bueno contando historias pero ¿la había comprendido?

- A ver si he entendido bien... -dijo finalmente Francis. Tenía la boca seca y todo- Antonio está en casa de un amigo, el cual lleva años detrás de él sin que Antonio se dé cuenta y le has llamado y te ha dicho que tiene que hablar con él y que no le dirá que me llame.

- Ese es el resumen, sí.

- ¿Crees que se va a declarar?

- No soy muy experto en el comportamiento de vosotros los gays pero yo diría que sí.

- No eres muy experto en el comportamiento de las personas en general, Gil. Déjate de engañabobos. Joder... ¿Crees que Antonio le dirá que sí?

- ¿Eres gilipollas? ¿Cómo le va a decir que sí? Antonio está saliendo contigo y a diferencia de ti, es un tío fiel.

- ¡Oye! Yo también soy fiel. Desde que empezamos a salir que no he tocado a nadie más que a él. Sé comprometerme con una relación. ¡Soy un buen amante! Pero teniendo en cuenta lo enfadado que está...

- A mí me preocuparía más el niñita de Rodrigo. Hasta ahora ha sido un cobarde pero de repente le ha dado el valor. A saber qué hace.

- Hostia... -dijo de repente Francis, con los ojos muy abiertos.

- ¿Qué?

- Ya sé por qué hoy ha sido más cruel que de costumbre con esa mujer. Hoy hace un mes que salimos.

- Bonito regalo le has hecho. ¡Toma cariño, una visita de unas de mis ex! ¡Seguro que os lleváis bien!

- Jodeeer... ¿Dónde vive ese tío? ¡Tengo que ir ahora mismo a por Antonio!

- Tranquilízate. Ahora es tarde, ya mañana vamos a buscarle.

- ¡Y un jamón! -Francis pensaba rápidamente y se mordía el labio inferior, ansioso- Non. Je ne peux pas faire ça.

- Oye, gabacho, cálmate y habla un idioma que entienda porque se te está yendo la olla y estás hablando francés.

- ¿¡Es que no lo entiendes! La noche es el momento en el que la gente pierde la vergüenza y se atreve a hacer cosas que no harían de otro modo. ¡Si emborracha a Antonio, hará lo que quiera con él! ¡No lo pienso permitir! No lo puede tocar. ¡Antonio es mío! ¡No, no y no! ¿¡Dónde!

Gilberto ya le dijo que no quería tener que ver nada en el asunto cuando escribía la dirección en una nota y le explicaba cómo llegar. Francis tomó el coche del español prestado, a pesar de la renuencia de éste. Apretó el acelerador como si no hubiese mañana. Para ser sinceros, Francis no había conducido nunca por España desde que había llegado y esta vez ni siquiera se sintió nervioso por eso. Sólo quería llegar a esa casa y sacar a Antonio de allí.

Se quedó mirando la vivienda atónito. ¡Encima era rico! ¡Con eso no iba a poder competir! ¡No quería perder a Antonio de esa manera tan patética! Después de tantos años, por fin había encontrado a alguien con quien de verdad deseaba pasar los días y no iba a rendirse ante nadie. Esperaba que Rodrigo no estuviese muy cachas. Aunque estaba dispuesto a recibir una paliza si eso significaba recuperar a su novio. Apretó el botón del timbre y no sonó. ¿Lo tenía desconectado? Dio la vuelta a la casa hasta que encontró una ventana iluminada. Se asomó y vio a Antonio con gesto consternado y avergonzado. El otro tipo, le observaba fijamente. Bueno, estaba esmirriado, podría con él.

De repente le dio el pánico. ¡Se estaba acercando a él! ¡Se acercaba a su hermoso e indefenso español! Empezó a mirar hacia los lados. Devolvió la vista al interior. ¡Hijo de putaaaa! ¡¿Es que no estaba viendo que Antonio retrocedía? ¡Pues que dejara de avanzar ya! Su rostro se quedó serio a más no poder y apretó los dientes con fuerza. Le besaba. Le estaba besando. Vio una figura de jardín: era un enano cargando un pico a su espalda. Fue hacia él, lo cogió, corrió hacia la ventana y lo lanzó con fuerza, rompiendo el cristal en añicos. Tanto Antonio como Rodrigo se sobresaltaron y miraron hacia allí asustados por el ruido.

- ¿Francis? -preguntó Antonio atónito.

- ¡Aléjate de mi novio ya! ¡Vuelve a besarle y te quedas sin labios! …. ¡Uuuuuuuuffff! ¡Mi espalda! ¡M-mi espalda! Creo que me he hecho daño. -lloriqueó el francés llevándose las manos a las lumbares.

- Vas a tener que pagarme esa ventana. -dijo Rodrigo con el ceño fruncido.

- Y tú vas a tener que pagarme por el daño moral que he sentido al verte besar a MI novio. ¡Que no el tuyo! ¡MÍO! -Francis pateó los cristales de la parte baja y entró por la ventana. Antonio seguía alucinando.

- ¿Ah sí? ¿A ese novio al que valoras tanto que le pides que quede bien con tus ex? Permíteme considerarte un completo idiota.

- No te lo permito.

- Lo haré igual.

- ¡Me importa bien poco! Si quiere gritarles a mis ex y decirles de todo, que lo haga. Está en su derecho. Y voy a intentar que no vuelvan a llamarme ni a venir a casa. -dijo ahora mirando a Antonio- No voy a pensar en que va a ir mal. Porque no creo que ocurra.

Francis se acercó a Antonio, tomó la copa de vino que tenía en las manos, se la bebió de una sola vez y se la dio a Rodrigo. Acto seguido agarró a su pareja y lo levantó en volandas.

- Vuelve a tocar así a mi novio y te enteras, Rodrigo. -dijo molesto.

Salió por la ventana de nuevo y él mismo consideró un milagro no haberse estampado. Antonio estaba sin palabras. Le observaba con casi admiración. ¡Es que estaba siendo muy macho! Tan valiente y masculino, además iba rompiendo ventanas, diciendo frases guays y cogiéndole en brazos. ¡Joder que parecía que había salido de una película! Le parecía bastante atractivo y ya no se sentía enfadado.

Estaban alejándose de la casa cuando Francis empezó a encorvarse hacia delante.

- Au... Au... Auauauauauau...

Soltó las piernas de Antonio, el cual aprovechó para estar ya sobre el suelo y observarle arqueando una ceja.

- Mi espalda... No debería haber lanzado al enano... Pesaba mucho. Y, no te ofendas, tú también. Mi espalda... Mi espaldaa... -lloriqueaba el francés con el torso inclinado hacia delante haciendo noventa grados con sus piernas. De repente Antonio se estaba riendo a carcajadas- ¡No te rías! ¡Serás cruel! ¡No sabes la rabia que me ha entrado cuando le he visto besándote! ¡Deberías habérselo impedido más bruscamente!

- Perdón... Me pilló por sorpresa. -dijo aún riendo. Se había esfumado su momento de macho alfa.

Antonio se plantó delante de Francis, giró sobre sus talones y le dio la espalda.

- Sube.

- ¿Eh?

- Que subas. Apenas puedes andar. ¿Te ha traído Gil? Te llevaré hasta el coche.

- Pero...

- Tú me has cargado en brazos un montón de veces.

- ¡Te has quejado igualmente!

- Pero he acabado cediendo. -insistió- Vamos, sube.

Tuvo que aceptar su ayuda. Se encaramó a su espalda y se aferró a su cuello como si en cualquier momento pudiera caer y morir. Le dolía la espalda un montón. ¿A quién se le ocurría hacer estupideces como esas? Él no era un héroe de película de acción.

- ¿Te duele mucho? -preguntó Antonio.

- Tanto que creo que voy a morir. ¿Has visto de lo que soy capaz por ti? Aunque no me sepa expresar, me importas mucho y creo que nos irá bien.

- Has estado increíble, parecías sacado de una película de Arnold Schwarzenegger. -dijo jovialmente el español- Cuando lleguemos a casa te daré un masaje y te pondré algo calentito para que se te pase el dolor.

- Ah~ Soy un hombre tan afortunado teniendo como novio a un médico como tú~ ¡Eso sin contar lo atractivo que eres! -dijo Francis exagerando. Antonio rió- Oye. ¿qué le vas a decir?

- ¿A quién?

- A tu amigo. Se ha declarado, ¿no? -preguntó

- Sí, se ha declarado. Pero ya se lo he dicho: por muy idiota que sea mi novio, le quiero.

- ¿No podrías hablar mejor de mí a tus amigos? -dijo sonriendo resignado.


- Últimamente trabajas mucho y no tienes tiempo para mí~... Me voy a sentir abandonado y al final acabará apareciendo alguien en mi vida que intentará satisfacerme y ocupar el lugar de ese novio que no deja de trabajar y trabajar, desatendiendo a su hermoso, vigoroso y fantástico novio.

- ¿Sigues hablando de ti?

- Uah... No tienes delicadeza ninguna, ¿sabes? ¡Claro que hablaba de mí! ¿De quién iba a estar hablando?

- No sonaba a ti. -dijo Antonio. Tras eso volvió a pegarle un bocado a la tostada que tenía entre manos- Como sea. No puedo dejar de trabajar porque sí. Hay mucha faena en el hospital y todo el mundo está esforzándose al máximo para atender al mayor número de personas posibles.

- Pero~... Me siento solito~ Ahora hace ya casi una semana que no dormimos juntos~ Te oigo llegar sobre la una o las dos. Y la mayoría de los días luego te levantas a las siete. Seguro que no has estado desayunando nada. Suerte que hoy, tu hermoso y maravilloso novio tenía fiesta y se ha levantado expresamente para prepararte este magnífico desayuno.

- Empiezas a sonar como Gilberto con tanto halago para ti mismo. -dijo curioso el español. Se fijó en el gesto enfurruñado de Francis- ¡Perdón, perdón! Te lo agradezco mucho~ De verdad~ Aunque eso de intentar entrar a ducharte conmigo creo que sobraba.

- Lo que segurísimo que sobraba era el codazo que me has pegado para impedírmelo. Aún me duele el estómago.

- Es que no atiendes a razones. Sólo piensas con la entrepierna a veces. -murmuró Antonio mientras tomaba un sorbo de café.

- Tú no te has visto con mis ojos. Pero no nos desviemos del tema. ¿No te tocarían por ley unos días de descanso? Estoy seguro de que tienes todo el derecho.

- Ya... Pero hay mucho trabajo, Francis. No sé si debería y menos cuando no tengo tampoco nada que hacer. Si tan solo te sientes, te juro que me esforzaré por encontrar un hueco para pasar más tiempo contigo.

- La última vez que hiciste eso, acabaste dormido sobre mi hombro en el sofá.

- Te juro que encontraré esas fotos que dices que me hiciste y las borraré. -Francis rió brevemente ante ese comentario.

- No quiero que tengas que forzarte hasta esos extremos. Si lo haces, enfermarás. Y aquí el médico eres tú. Te advierto que no soy nada bueno cuidando a gente que no se encuentra bien

- Eso no me lo creo.

- El día que lo descubras, no quiero que me eches bronca. Ya te avisé. -dijo Francis- Además, dices que no tienes planes pero ¿y si te dijera que tengo uno?

La sutil sonrisa de Francis le intrigó. El galo pudo leerlo en el rostro de su pareja. De repente había dejado la taza en la mesa, apoyó las manos sobre ella y le miró como si fuera el mejor acontecimiento de la historia. Aunque sabía que todo se debía a lo que acababa de decir, Francis empezó a delirar imaginando que le miraba así porque admiraba su físico y lo consideraba su nuevo Dios.

- ¿Vas a contarme o no a qué viene eso? -preguntó Antonio.

- Me gustaría llevarte tres días por ahí. De hecho tengo hechas las preparaciones necesarias. Sólo me falta que me digas que te podrás tomar el fin de semana que viene libre para que pueda saltar de alegría, abrir la ventana y gritárselo a todo el vecindario.

- Si vas a hacer eso, te digo que no. -replicó riendo.

- ¿Y si prometo no hacerlo? -le preguntó sonriendo con fingida inocencia.

Antonio pronunció un murmullo pensativo y fue hasta el fregadero con el plato ya vacío y la taza. Se acabó de beber el café y lo dejó todo allí. Se giró y miró el reloj. Debía marcharse ya.

- Tengo que irme. Esta noche cuando llegue me paso por tu casa y te digo si me han dado permiso. Pero quiero tomarme unos días, así que es muy probable que logre que me den fiesta.

- Estupendo. Te esperaré esta noche.

- Pensaba que ibas a saltar de alegría.

- Estoy esperando a que te vayas para conservar mi dignidad.

Antonio rió mientras se ponía los zapatos y ya salía de casa. Cuando estuvo fuera, escuchó un golpe y un "Toma ya" que provenía del interior de su piso. Estalló en una sonora carcajada. Tenía un novio que a veces era un payaso.


¡Se iban tres días de vacaciones! Francis no podía estar más contento. De hecho, hasta que había llegado el día, de repente se encontraba a sí mismo canturreando animado. Pero lo peor había sido ese momento en el que se había puesto a bailar solo por el pasillo de su piso de buena mañana mientras pensaba que al día siguiente, a esas horas, estarían ellos dos solos en algún sitio idílico.

Dos días antes ya tenía la maleta preparada. Antonio no dejaba de preguntarle que a dónde irían. No había soltado prenda. Y mira que lo había intentado de diversas maneras: soltándolo de repente a ver si lo decía sin querer, preguntándole por qué letra empezaba, buscando entre sus papeles... Pero conociendo lo inquieto que era, Francis había previsto aquellas tácticas y se había preparado. Antonio había bufado exasperado en un montón de ocasiones y le había dicho que era cruel y que algún día le devolvería ese trato.

El día anterior, el galo había al piso del hispano y había comprobado que aún no tenía las cosas preparadas. Mientras iba de un lado a otro, sacando ropa, cogiendo enseres, Francis le observaba. Al principio era con la idea de recordarle que se dejaba por coger eso o aquello. Después vio su trasero y decidió que su cuerpo era algo mejor que observar. Se quedó inclinado hacia delante, con el culo hacia afuera. Oh, por, dios. Se puso detrás de él y le hizo lo que el español había hecho ya en infinidad de veces, con las rodillas golpeó detrás de sus piernas para hacer que las flexionara. Entonces se pegó a su cuerpo y lo empujó hacia delante, logrando que quedara de rodillas sobre el lecho.

- Francis, estoy intentando preparar la maleta. -dijo Antonio riendo.

- Deja que primero te prepare yo a ti. -replicó con sensualidad sobre su oído.

- Que no voy a poder guardar bien las cosas para poder ir a...

- Buen intento, querido~ Sigue intentándolo las veces que desees. No te lo voy a decir~

El galo mordisqueó con suavidad la oreja del español, logrando estremecerlo. Acarició su torso y pegó su cintura más a ese bien formado trasero. ¡Lograba encenderle tanto! Con un movimiento más brusco, logró sacarse a Francis de encima, el cual quedó sobre la cama, tumbado bocarriba sobre la vestimenta del hispano.

- Vas a volver a doblarme tú esa ropa. Por tu culpa ahora está hecha una mierda. Luego llorarás porque estoy poniéndome una camiseta arrugada.

- ¡Es que no puedes! ¡Quiero que vayas impecable para que los demás se mueran de la envidia porque eres mi novio! ¡Y ya puestos, eres un aguafiestas!

- Sí, sí... Yo también te quiero~ -dijo Antonio mientras continuaba guardando cosas en la maleta.

- … Yo también. -dijo Francis sin poder resistirse. Aunque fuera para que se callara, le había dicho que le quería y contra eso no podía luchar.

Suspiró pesadamente, rindiéndose y había pasado el resto de la tarde ayudándole con la maleta. Claro que el premio había sido que Antonio le preparara la cena y tras unas copitas de vino se lo había llevado a la cama.

El despertador sonó a las ocho con el pitido de la radio que anunciaba la hora en punto. Francis estiró la mano y apagó el aparato. Antonio se había dado la vuelta y había proseguido durmiendo como si nada. El francés se levantó de la cama, despeinado y con cara de estar desorientado. Cogió la ropa y antes de ir al baño, miró a Antonio.

- No te vuelvas a quedar dormido, Antonio. Cuando salga de la ducha te quiero ver como mínimo sentado en esa cama.

Lo único que contestó el español fue un murmullo. ¡Cómo le costaba levantarse por la mañana! La ducha fue mano de santo. Sentía que se iba despertando y que su cerebro empezaba a funcionar con claridad. Se peinó con mimo cada hebra de cabello, se lo secó, se recortó la barba, se atavió con las ropas que había traído y se miró al espejo tras echarse colonia. Estaba perfecto. Seguro que cuando entrara en la habitación, se le aflojaría la mandíbula al español.

Sin embargo, al que se le aflojó la mandíbula fue a él. No sólo no estaba sentado, ni siquiera estaba despierto. Suspiró con pesadez, tomó la puerta, la balanceó y la cerró con fuerza provocando un ruido ensordecedor.

- Nhyo no he sido.. ¡N-no fui yo, lo juro! -dijo Antonio abriendo los ojos sobresaltado e incorporándose.

- Mira qué bonito... Yo listo para nuestro viaje y tú aún durmiendo... -dijo con tono ofendido el galo. No es que lo estuviera mucho, pero esperaba que fuera una manera efectiva de despertarle del todo y que empezara a moverse.

- Me diste mucha caña anoche... -dijo el español bostezando. En el rostro de Francis se había dibujado una sonrisa perversa. Claro que le había dado caña. Pero era su culpa. Si no le hubiese rechazado mientras hacía la maleta, no hubiese acumulado tanta tensión sexual hacia él.

- Está bien. Voy a hacer un desayuno que te vas a chupar los dedos. Tú ve a darte una ducha mientras.

- Sí, ahora iré. -dijo volviéndose a echar- Un minuto.

Francis arqueó una ceja. ¿Esperaba que se lo creyese? Miró el reloj. Podía darle ese minuto. Salió de la habitación y fue a buscar su teléfono móvil, el cual se había dejado en el salón la última noche. Volvió a asomarse al cuarto. Observó el reloj. Había pasado más de un minuto.

- Antonio, la ducha~

- Msiii...

- Como no vayas ya, yo mismo te sacaré de la cama, te llevaré a la ducha y te limpiaré. A FONDO. ¿Prefieres eso~? Yo lo prefiero~

Silencio de diez segundos hasta que finalmente el español suspiró y se levantó mientras refunfuñaba cosas que no se entendían. Francis sonrió satisfecho. Costaba muchísimo despertarle pero él podía sentirse orgulloso de lograrlo más del noventa por ciento de las veces. Aunque hubiera deseado que no lo hubiese hecho y tener que arrastrarle él al baño. Bueno~... Ya tendrían tiempo.

Cuando estaba terminando el desayuno, Antonio apareció como zombi en la cocina y se fue hasta su taza de café. Era una de un par a juego que había encontrado por casualidad en una tienda en el centro. La taza del hispano era blanca y tenía una media mancha rosa y escrito "Te". La suya era del mismo color, tenía una mancha idéntica pero reflejada y ponía "Amo". Si las ponías juntas las dos manchas se tornaban un corazón y se podía leer "Te Amo". ¡Poco contento había regresado Francis con las dos tazas...! Se sentía tan eufórico como si hubiese descubierto la penicilina. Antonio le había observado con indiferencia mientras hacía el truco de juntarlas y revelar el mensaje que ocultaban. Luego, después de un momento de silencio, se había empezado a reír a carcajadas. Le perdonó porque le dio un beso en la mejilla y le agradeció el regalo. Después, siempre que habían estado en su piso, la había usado. Francis se sentía contento cada vez que le veía beber de la taza.

Con un plato en cada mano, Francis caminó hacia la mesa. Primero depositó uno delante de la silla vacía en la que se sentaría él. El otro lo dejó delante de Antonio, que seguía bebiendo café con aire ausente. El galo se inclinó y le dio un beso en la mejilla.

- Desayuna un poco y vuelve al mundo de los vivos, dormilón~

Era curioso el cambio que obraba en Antonio un buen desayuno. Los primeros bocados los tomaba desganado. Entonces se percataba de lo mucho que le gustaba y empezaba a comer con más ganas. Se le iluminaba la mirada y entonces empezaba a andar comentando lo primero que le iba viniendo a la mente. Era bastante gracioso. Tras dejar todo recogido, Francis bajó las escaleras cargando su enorme maleta. El hispano se había reído por sexta vez de lo grande que era. Pero es que no era para menos. Le había preguntado, la primera vez que la vio, qué era lo que llevaba y el francés empezó a hacer una extensa lista en la que se encontraban las cosas más inverosímiles. ¡Cuánto se había reído al descubrir que llevaba un bote con maquillaje! ¡Maquillaje! Se pasó las siguientes dos horas llamándole Francine. El rubio insistía en que si por un casual le saliera una espinilla, con eso lograría disimularla. Por supuesto, las espinillas se añadieron a la broma de Francine.

A los dos minutos bajaba Antonio con su maleta, de un tamaño más normal. Se quedó anonadado mirando el coche que tenía delante y cuyo maletero estaba abierto. El monovolumen que había alquilado estaba como nuevo y parecía tener un montón de cachivaches que despertaban su curiosidad. Le pasó la maleta a Francis, el cual estaba con la mano extendida a la espera.

- Está bastante bien el coche... ¿Cuánto dices que te ha costado?

- No te lo voy a decir, Antonio, igual que no pienso decirte a dónde vamos. Este es un regalo que te hago. No voy a dejar que pagues nada y sé que lo harás si te digo el precio. Eres capaz de meterme el dinero en los calzoncillos como si fuese una stripper.

- Pero es que seguro que esto te ha salido caro y me gustaría aportar un poco de dinero... -se quejó el español haciendo un mohín.

- Puedes poner todas las expresiones adorables que se te ocurran, no te voy a dejar pagar. Tengo dinero. Durante estos años he estado ahorrando lo que no me gastaba y tengo más que de sobra para pagar estas vacaciones.

- Está bien... -dijo no muy convencido Antonio.

- Y ahora... -murmuró Francis llevando una mano al bolsillo derecho de su pantalón. De allí sacó una tela negra- Tadah~

Sin decir una sola palabra, el español le observó con cara de póquer. Esperaba algún tipo de reacción, aunque fuera negativa. Sonrió nerviosamente. ¿Por qué no decía nada? En serio, el silencio le estaba empezando a inquietar.

- No me pienso poner eso.

La cara de decepción de Francis fue de proporciones épicas.

- ¿¡Por qué! ¡N-no seas así! -lloriqueó agarrándole de la camiseta y zarandeándole.

- ¡No quiero! ¡Parece que me vas a secuestrar y vas a abusar de mí sexualmente mientras llevo esa venda!

Se hizo un silencio largo mientras Francis parecía de repente pensar en esa idea. Hombre, no sonaba mal y la imagen mental de Antonio, temblando por el placer, llamándole por su nombre, mientras esa tela cubría sus ojos privándole de la vista pero agudizándole los demás sentidos, era de lo más excitante. Despertó cuando se dio cuenta de la mirada de desaprobación que el español le dirigía.

- No es eso, ¡te lo prometo! Lo hago para que no veas el camino que tomo y así no sepas al lugar al que vamos. Cuando lleguemos allí te juro que te la quito.

- Está bieen... -dijo a disgusto el español. Francis sonrió deslumbrante mientras se posicionaba detrás de su novio y le empezaba a ajustar la venda.

Una vez hecho eso, el rubio guío al hispano al interior del coche, cuidando que no se golpeara la cabeza al entrar. Puso música y arrancó el motor. Antonio se aburría cosa mala. No podía ver nada y su único entretenimiento era la charla con Francis, el cual se negaba a darle pistas, ni detalles sobre el lugar al cual iban. Después de aproximadamente media hora, Antonio pasó a estar callado, mucho. Ese hecho extrañó al francés, pero tampoco se atrevía a decir algo. Y de repente el de cabellos castaños rompió el silencio.

- Francis... Estoy muy mareado.

- ¡¿Qué?

- Estoy muy mareado. ¿Podemos parar y me quitas esto? No sé cómo has hecho el nudo pero he intentado quitármelo y se ha puesto más fuerte y no puedo bajármelo sin arrancarme los párpados.

- Mierda, mierda, mierda... Espera, ahora mismo paro. -dijo Francis mientras buscaba nervioso un lugar en el que pudiera detenerse sin poner en peligro el tráfico y a ellos mismos- ¿Estás seguro de que no puedes aguantar? Ya hemos hecho la mitad.

- A ver, ¿qué parte de "estoy muy mareado" no entiendes? Porque creo que el mensaje está bien claro.

- ¡De acuerdo, de acuerdo! Lo capto.

Puso el intermitente y salió de la carretera para adentrarse en un área de servicio. Sin quitarse el cinturón siquiera, tras poner el coche en punto muerto y clavar el freno de mano, se estiró hacia el lado y le quitó con ciertas dificultades la venda de los ojos. Realmente se veía pálido, sí...

- Espera, deja que abra la ventana.

Apretó el botón y el cristal se deslizó, produciendo un sonido mecánico, hacia abajo. La brisa entró por esa obertura y le acarició el rostro perlado de sudor frío del español. En las películas salía ese tipo de escenas en diversas ocasiones. ¿Por qué a él no le había salido? Bueno... Quizás en las películas no iban tan lejos. Y quizás el motivo más importante era que las películas eran ficción. Encendió también el aire para que le diera.

- ¿Te encuentras mejor?

- Un poco... No quería decírtelo porque sabía que te hacía ilusión pero tampoco quería vomitar en el coche de imprevisto. Hubiese sido una sorpresa pero no de las agradables.

- Deberías haberme avisado antes. Perdón. Sólo a mí se me ocurre una idea tan estúpida. -se quitó el cinturón y abrió la puerta del coche- Espera un momento, ahora vengo.

El español se quedó solo en el vehículo, con la cabeza apoyada sobre el asiento y los ojos cerrados, deseando que el airecito le hiciera desaparecer el mareo. Al rato, notó algo frío en su mejilla y abrió los ojos sobresaltado. Fuera del coche, Francis le había puesto una lata de Coca cola en la mejilla y sonreía.

- Te irá bien un poco de azúcar. -dijo el rubio.

- Gracias.

Antonio sonrió y el galo se dio por satisfecho. Dio la vuelta al coche y se subió al asiento del piloto.

- ¿Quieres esperar un rato más aquí?

- No hace falta. Estoy mejor. Podemos seguir. No quiero que lleguemos más tarde por mi culpa. Además, ahora podré ir yendo el paisaje y me distraeré.

Francis le sonrió y arrancó el motor. Mientras, Antonio seguía bebiendo de su refresco observando el paisaje. De repente vio un cartel que anunciaba que a unos veinte kilómetros había un destino bastante conocido. El hispano observó atento el cartel hasta que lo sobrepasaron y lo perdió de vista. De repente entornó el rostro y miró al francés.

- ¿Vamos a Toledo?

- ¿Has estado alguna vez?

- No. Nunca he tenido tiempo desde que me instalé en Madrid. Y eso que está relativamente cerca... ¿Vamos a Toledo?

- Sí. Y me alegra mucho que no hayas estado porque eso me daba un poco de miedo.

Francis se echó a reír cuando su adorable vecino levantó con ímpetu los brazos mientras exclamaba un "¡Toma ya!" y de repente se preocupaba porque podría haber tirado el refresco y manchar la tapicería del vehículo.


Media hora más tarde habían llegado al hotel. Antonio se había escandalizado cuando había visto que el precio del parking era de 12 euros. Después de escucharle decir que le iba a pagar la mitad como veinte veces, Francis le dijo que se callara la boca o lo mandaría a dormir al maletero. No supo cómo fue eso, pero la amenaza surgió efecto y dejó de quejarse. Una vez aparcado, salieron y sacaron las maletas. El hotel se encontraba enfrente de la Plaza de Toros y, según le había contado Francis, podían ir caminando al casco antiguo. Antonio observaba maravillado el lugar. A pesar de ser un hotel, tenía la apariencia de las típicas masías que se encontraban en el norte, en Cataluña. La pared estaba recubierta con piedras, dándole un ambiente aún más rural. Había una escalinata que llevaba a la puerta principal y éstas estaban cubiertas por un techo amplio que estaba sujetado por unas columnas blancas con aire antiguo. Encima de este techo había tres grandes letreros en el que rezaba el nombre del hotel.

- Se ve bonito, ¿te ha costado muy caro?

- Como no dejes de hablar de dinero, te aseguro que la próxima vez invitaré a Gilberto. -dijo Francis observándole con los ojos entrecerrados.

- Es que me preocupa que te hayas gastado demasiado dinero por traerme de vacaciones y...

De repente no pudo hablar ya que Francis le había metido la venda negra en la boca para que se callara. Antonio escupió la tela y le observó ofendido. No tenía que ser tan bruto... Arrastró su maleta y siguió a Francis. Cuando entraron, el español se quedó prendado por el lugar. El suelo estaba cubierto de baldosas de gres (o esa impresión le daba). Las estructuras estaban todas hechas de madera y, como en el exterior, las columnas tenían un aire antiguo que le encantaba. De los techos caían los potentes haces de luz de los ojos de buey. Se quedó plantado en la entrada, embobado, mientras Francis se dirigía al mueble de recepción, redondeado. Después de dar sus datos, el hombre, el cual vestía un elegante traje chaqueta negro con una sobria corbata a conjunto, le indicó cuál era la habitación, cuándo se servían los desayunos y les deseó buena estancia. Se giró y vio al español aún en el umbral de la puerta, mirando todo con ensimismamiento.

- ¿Piensas quedarte a dormir en la puerta o prefieres que vayamos a ver la habitación?

- ¡Sí, vamos! -corrió tras él hasta que le dio alcance.

Antonio no paraba quieto y de vez en cuando Francis se tenía que reír ante su impaciencia. Cuando introdujo la llave magnética en la puerta y abrió, el hispano entró como si tuviera una jauría de lobos persiguiéndole. Encendió la luz y exclamó admirado. Cómo hubiese deseado tener una cámara de filmar para poder grabar las reacciones de Antonio...

- ¿¡Has visto! ¡Tenemos caja fuerte!

- Claro~ Casi todos los hoteles decentes tienen un-... a... -Antonio se había ido hacia el baño.

Lo siguió y lo vio embobado mirando todo. Una bañera con una mampara de cristal para evitar que el agua se saliera, pastillas de jabón y diversos utensilios. Un espejo pequeño colgado de la pared al lado de un secador de mano. Un espejo más grande encima del lavamanos y el lavabo a la izquierda. Enfrente un pequeño bidé. Casi le atropella Antonio al salir. Se sentó en la cama, tomó el control remoto y encendió la televisión. El lecho era amplio, de matrimonio y estaba cubierto por una colcha blanca y una pequeña manta de color verde a rayas también blancas. Justo al lado estaba la ventana con unas cortinas finas claras y otras más gruesas corridas a cada costado del marco. Delante de la cama se encontraba una mesa larga en la que había diferentes panfletos con información sobre el hotel, una televisión plana de unas diecisiete pulgadas, una silla del mismo color oscuro del escritorio, papel y un lápiz. Los armarios se encontraban empotrados, en la pared que quedaba enfrente de la ventana.

Francis se sentó al lado de Antonio y esperó pacientemente a que se diera cuenta de su presencia y le prestara atención. Sin embargo, él seguía cambiando de canales y viendo qué daban por ahí. No sabía a qué venía tanta fascinación. La mayoría de ellos se veían también en Madrid. Que no se habían ido tan lejos. Se decidió por atacar. Le abrazó por la espalda, apoyó su mentón en su hombro y esperó pacientemente. Aún ninguna reacción. Empezó entonces a besar su cuello.

- Antonio~

- ¿Qué~? -dijo el hispano imitando ese tonito de voz que había usado el francés.

- ¿No quieres que celebremos que hemos llegado sin problemas mayores al hotel? Podríamos celebrarlo una vez~ Y luego podríamos celebrar que el hotel te gusta tanto y que la habitación es hermosa~

- Francis, aún no es mediodía. ¿No sería mejor que fuésemos a dar una vuelta y hacer turismo por la ciudad? Me gustaría verla ya que estamos aquí. Además, eso de celebrar es una excusa pobre. Claro y si te parece podemos celebrar que vamos a comer. Y luego que vamos a cenar. Y luego podemos celebrar que la cama es cómoda. Y que se ha puesto el sol. Y mañana celebrar que ha salido el sol y seguimos vivos.

- A mí me parecen motivos excelentes para celebrarlo. -dijo Francis arqueando una ceja, creyendo firmemente en lo que estaba diciendo.

- Ahora no es el momento, si eso luego.

- Ahora tampoco es el momento de mirar la tele y tú estás viéndola~ -lloriqueó Francis

- Ale, apagada. -dijo después de apretar el botón del mando. Vamos a prepararnos e ir a hacer turismo.

Francis aprovechó el momento para tomar las manos de Antonio y empujarlo con fuerza sobre la cama hasta que logró tumbarlo contra ésta. El español le observó curiosamente, como si aquello no hubiese sido nada del otro mundo.

- ¿Y si te atara con la venda y no te dejara escaparte de habitación en los tres días que quedan?

- Soy una persona y aún no es que haya decidido prescindir de comer, ¿sabes?

- Yo te daría de comer y luego lo haríamos. Dormiríamos y quizás lo volveríamos a hacer antes de cenar y después hasta que estuviésemos tan agotados que necesitaríamos volver a dormir. Y así durante tres días.

- Eso es denunciable, ¿lo sabes? -le dijo Antonio tras parpadear anonadado en un par de ocasiones.

La decepción barrió la expresión seductora del francés. ¿Por qué tenía que cargarse el ambiente de esa forma? Era tan frustrante cuando hacía eso... Se apartó y se quedó encogido, bocabajo, sobre el colchón mientras lloriqueaba por su desgracia. Antonio se levantó, buscó entre las cosas una gorra y su cámara de fotos.

- ¡Francis!

- ¿Qué...?

El galo ladeó el rostro, observándole como si fuese la persona más desgraciada del mundo, con unos restos húmedos en la comisura de los ojos. En cambio, Antonio era su antítesis. Un aura brillante a su alrededor, con esa gorra con el escudo de su club deportivo favorito un poco torcida, la cámara de fotos en la mano y esa sonrisa deslumbrante que tanto le gustaba.

- ¿Nos vamos?

Francis suspiró con resignación en el rostro. El español arqueó una ceja, confundido por esa expresión que casi era hasta de desagrado.

- ¿A qué viene esa cara?

- No sé cómo lo haces pero no puedo estar molesto y negarme a lo que me pides cuando pones esa expresión... -se resignó del todo y se levantó. Atusó su ropa y se peinó el pelo con la mano un poco- Vamos a hacer turismo~

- ¡Bien! Quizás esta noche, si eres bueno y me acompañas a ver sitios que estén bien, me baño contigo.

- ¡Bien! ¡Va a ser la mejor ruta turística que hayas hecho en tu vida! ¡Y DESPUÉS TE BAÑARÁS CONMIGO!

- Grita eso otra vez en el pasillo y te vas a bañar solo. Te aviso. -dijo Antonio tranquilamente mientras salía de la habitación.


Bueno... Iba a cortar en el trozo anterior pero hago este capítulo más largo. ¿Qué taal~? ¡Omg! ¡Un capítulo que no acaba mal! Merezco un premio ;v; No sé qué comentar del capítulo. Francis tirando un enano contra una ventana. Sabéis que ha sido todo un macho. Lo sabéis. XDDDD Paso a comentar los reviews que van disminuyendo... Me resigno *suspira tristemente * Gracias a los que me dejáis review ;v;

Ariadonechan, jajaja XDDDD como le gustan tanto los pollos pues es el mote perfecto. Bueno, si a Antonio le gusta, ¿por qué no iba a tenerla? Lo que dijo Gilbo capis atrás era verdad. Le va detrás XD. Lo siento es que estuve haciendo otras cosas y tardé más. Hoy un poquito menos XD. Pues sí fue a salvarlo like a boss xDDD

Candy Darla, bueno, Francis y Gil se irán haciendo amigos, eso no se va a perder xD. Antonio es un celoso bastante peligroso en realidad xD Me alegra que siendo uno de tus personajes favoritos te guste como lo caracterizo. Eso es muy importante. Claro, Francis no quiere dejar puertas cerradas pero bueno, tendrá que aceptarlo XD

Kirsu, awww gracias. Me alegra que te guste. Este pairing es looove~ -happeh- La cagó pero bueno, todo el mundo la caga alguna vez XD Mientras lo arregle... No, coqueto cero, pero bueno, sinceridad por delante. Aunque no le haya servido de nada XD

Misao Kurosaki, bawww gracias por no irte ;u; xDD Ah sí, el aviso de fanfiction XDD Doy entonces gracias por él. *se sonroja por los halagos * g-gracias de nuevo ;u;... Gilberto tiene paciencia para tener a Antonio como amigo. Con sus arranques de enfado peligrosos... xD Jajaja me alegra que te haga un poco más llevadero el lunes, que siempre cuesta. Un saludo~

Nightview, ... omg menuda descripción de cómo te he dejado xDDDD ¿Antonio da miedo? Es lo que hay~ Que sea terrorífico es parte de su encanto (XD). Sí, el amigo Rodrigo era él~ Nombres hispanizados rules XDDD

Hethetli, Me hace gracia que a todas os ha gustado el mote de polluelo XDDDD... ¿Para qué dejar un sitio sin mancillar? Eso sería deshonrar el sitio *XD * Francia y España son inquietos y eso hace que sean hot a más no poder. Antonio es peligroso con los celos xDD Pero no me creo que no sea nada celoso. Me es inconcebible xD Hombre, el amor es algo muy serio. Lo de la silla la segunda vez me ha matado. Seguro que ganas de usarla no le faltaron a Antonio XDDD. Es que le pegó porque Gilbert no estaba siendo transigente... xDDD

Yuyies, Pero si ya dijo Gilbert hará capítulos que Rodrigo le iba detrás XD ¡¿Es que no le escucháis! XDDD pobrecio polluelo... XDDD Claro que no le iba a dejar tan fácilmente. Aunque dijera una estupidez, le sigue queriendo. Si no, no le afectaría tanto. No te montas ninguna película ouo... No le gusta porque lo dice como si se metiera con los polluelos de verdad y no quiere que se meta con ellos (¿) XD Un saludo ouo

Y eso es todo por esta vez.

Nos vemos en el siguiente capítulo~

Miruru.