Mi odiado vecino

Capítulo 12

- Lo has visto, ¿verdad? ¡Tú también lo has visto! ¡Ese tío es gilipollas!

- Es el guía turístico y vamos a tener que aguantarnos, Antonio. Está pagado y no salió precisamente barato.

- ¡Pero...!

- Lo sé, es un gilipollas. A mí tampoco me cae bien pero, te lo digo de verdad, me costó bastante caro contratar al guía turístico.

- ¡Me llamó idiota por toda la cara!

- No lo hizo...

- ¡Lo insinuó!

- Pero quedó muy extraño que, sin haberlo dicho realmente, tú de repente le respondieras que el idiota era él.

- Se cree muy listo porque es inglés. Pues tiene un acento ridículo y a ver si aprende de una vez a hablar español como Dios manda.

- Oye... Yo también tengo acento... -dijo Francis sonriendo por no llorar. Aunque llevara algunos años en España, su acento se resistía a marcharse.

- Pero el tuyo no es ridículo, es sexy. El suyo suena idiota. Es un subnormal.

- ¿Te gusta mi acento, Antonio? -inquirió contento el galo. Era la primera vez que le escuchaba decir eso en el mes y medio que llevaban saliendo. Para qué negarlo, se había emocionado.

- ¿Cómo no puede saber eso, señor Fernández? Por favor, no se pierda, señor Fernández. No me gustaría tener que irle a recoger a la oficina de objetos perdidos. -exclamó con rintintín el español, imitando el acento inglés mientras cogía cosas de la maleta.

Antonio fue a grandes zancadas al baño, cerró la puerta con demasiada fuerza y después se escuchó el cerrojo. Francis abrió los ojos con sorpresa. ¿Qué demonios...? Fue para allí y comprobó que sí, había cerrado. Pero... ¡PERO! ¡¿Por qué?

- Oye, Antonio, me dijiste que...

- ¿Qué quieres ahora, Francis~? -preguntó con un tono suave que ponía el vello de punta. Se podía casi palpar su aura de molestia.

El galo se debatió entre el recuerdo de la promesa que le había hecho y el miedo que sentía ante ese tono de voz. Sabía que el hispano, cuando estaba tan enfadado, no distinguía enemigo de aliados. En realidad, había sentido tanto pavor que le había dado la impresión de que sus testículos se retraían hacia dentro. Se le habían puesto de corbata, vamos. Suspiró con pesadez.

- Nada...

Francis se echó en la cama como si deseara morirse. Apretó con fuerza la mano contra la sábana del hotel y entonces se mordió el dorso de su puño. Maldito inglés, maldito inglés, maldito inglés. ¡Por su culpa se quedaba a dos velas! Su querido novio español, que le había prometido que dejaría que se bañara con él, estaba demasiado enfadado... ¡Ese maldito inglés cejudo le había transformado en un ogro! Y tan centrado estaba en su ira que le había cerrado la puerta y él se había quedad fuera. ¡Solo! ¡Oh, tan solo! Y algo tenía claro: cuando Antonio saliese por esa puerta, aún no estaría de humor. Se acostaría y pobre de Francis que intentase hacer algún acercamiento. Era capaz de morderle la mano. Y eso sería lo más suave.

¡Qué gran error había sido contratar a un guía para hacer la visita más rica! En un principio Francis hubiese deseado quedarse con Antonio en la habitación, sin hacer nada, sólo los dos y sus cuerpos desnudos. Aunque después había tenido que ceder a sus caprichos sólo porque tenía una cara bonita a la que no podía resistirse cuando le miraba de esa forma. ¡Maldito fuera él y sus instintos básicos! Y entonces se habían encontrado con el guía turístico, un inglés que había dicho que se llamaba Arthur Noséquémás. En ese momento Francis había arqueado una ceja y había pensado que era muy irónico que un inglés les fuese a guiar en la visita a una ciudad española. Los primeros minutos habían sido tranquilos. Después había empezado poco a poco el horror, que se había hecho insoportable hacia el final.

La diferencia entre Francis y Antonio era una muy simple: el galo sabía mantener la compostura con más eficacia que su pareja. El hispano se encendía como si estuviera rociado con gasolina. Y, eso de encenderse rápidamente, no se limitaba únicamente a la ira. En la cama era lo mismo. Pero ese era otro tema que nada tenía que ver con el actual. Al parecer el guía encontraba muy divertido cómo se molestaba y no había dejado de provocarle. Francis había ignorado mayoritariamente sus puyas. En alguna ocasión le había devuelto una. Aunque sí que admitía que había deseado despellejarlo cuando había interrumpido su romántico almuerzo con Antonio para decir que Toledo no se veía sola y que lo único grande que iban a ver era el culo que se les iba a quedar de estar tanto rato sentados comiendo. ¡Oh, cómo se había molestado el español! Tuvo que agarrarlo de la camiseta de color azul que le había regalado Francis hacía un par de semanas. Se las habían regalado en el trabajo y él no hacía nada con tres iguales.

- No me gusta esa boca de pirata que tienes de vez en cuando, Antonio~ -había dicho mientras seguía sujetándolo y escuchando los improperios que soltaba.

- ¡Me la suda! ¡Y si no te gusta, no vas a besarla más! -le había contestado con una falta de dulzura impresionante.

¡Ah, qué injusta era la vida! ¡¿Por qué tenía que pagar él que el guía fuera un imbécil? Había tenido que intervenir en un par de ocasiones y se había llevado él la hostia verbal en todas. El estúpido inglés encima había sonreído con sorna. ¡Era la peor elección que había realizado! ¡Si no se hubiese gastado tanto dinero, lo patearía hasta morir! ¡Por su culpa él estaba fuera del baño y Antonio desnudo tras una fina pared! Otra cosa que había hecho era interrumpir cada beso que había presenciado. ¡El muy hijo de puta! ¡Y mira que Francis no era muy dado a ese tipo de insultos porque él era francés y esas palabras no existían en abundancia en su idioma, pero ese tío era un hijo de puta!

Antonio salió finalmente del baño: cabello húmedo, algunas gotas resbalando por su cuello, la piel calentita por el agua, las mejillas un poco más sonrosadas por el mismo motivo, oliendo a menta... ¡Y pensar que no podría tocarlo! Se moría de rabia por dentro. Antonio ya de por sí ofrecía una imagen muy erótica según su punto de vista. Pero, acabado de salir de la ducha, era una imagen erótica a rabiar. Deseaba hacerle tantas cosas, hacerle decir otras muchas... Pero refunfuñaba y eso era la prueba de que la bomba aún seguía activada. Dejó su ropa en la maleta y se echó en la cama bruscamente. Francis sintió un leve escalofrío cuando pudo notar la calidez que su cuerpo desprendía y el olor a menta. Suspiró y se incorporó. No era suicida y hacer algo hubiera sido demasiado inconsciente. Se pegó una ducha bastante fresca, tratando de calmar las ideas.

Cuando regresó a la habitación, Antonio ya estaba completamente dormido. Suspiró resignado mientras terminaba de acomodar su cabello. Se agachó a su lado, quedando frente a su rostro.

- No pienses que voy a olvidar que me debes un baño. -susurró.

Besó su mejilla con dulzura.


Francis estaba acostumbrado a pasar días sin mantener relaciones. Incluso había pasado semanas sin hacer nada. Pero eso era antes, en esa época en la que no se ataba a ninguna persona y era un alma libre. En esos momentos, Francis no dependía de nada ni nadie. Ahora la cosa era muy diferente. Había decidido dedicarse únicamente a Antonio y aquello le había resultado satisfactorio, sí, pero se había malacostumbrado. De algún modo u otro, siempre que deseaba sexo, lo podía tener. No significaba que se acostaran todos los días, aunque el tanto por ciento de encuentros superara el noventa. Y pensar que había perdido la oportunidad de hacerlo suyo en la bañera...

Aunque no era lo que más le molestaba, no. Lo que de verdad le hacía perder los nervios es que el estúpido inglés no les dejaba ni besarse. Ahora Francis también empezaba a estar enfadado. ¿Por qué el guía estaba tan amargado? Era algo que no alcanzaba a entender.

En un momento dado, Antonio se dio la vuelta y Francis no estaba. ¡Oh, perfecto! ¿Le había dejado a solas con el guía? Porque si era así, se lo haría pagar muy caro. ¡Ya sabía que no lo soportaba!

- ¿Ha perdido a su pareja? -comentó Arthur con sorna- Si es que no está atento, señor Fernández.

- Voy a buscarlo.

- Haré lo mismo. Nos encontramos aquí en un rato.

Antonio observaba a su alrededor atentamente, buscando a Francis. Juraba que, como le viese tomando algo en algún bar o terraza, le pisotearía hasta que pidiera clemencia. Si se había ido y lo había dejado a solas para librarse del tostón del guía, era una acción muy fea por su parte. De repente, de un callejón en el que no había reparado a simple vista, una mano salió y tiró de él bruscamente. Entonces ese alguien le había empujado contra la pared y le besaba agresivamente. Sintió repentino pánico. No había escuchado nunca que hubiesen violadores en Toledo pero aquello no había sido definitivamente normal. Golpeó a su atacante en el estómago y éste por fin se apartó.

- ¡Francis!

- Shhh... ¿Es que quieres que nos vean? ¿Y a qué ha venido ese golpe? -se quejó con las manos sobre el estómago- Podrías haberme hecho aún más daño y hubiésemos tenido que ir al hospital.

- Pensaba que algún pervertido sexual estaba atacándome. -replicó Antonio- Bueno, no estaba muy equivocado...

- … Esa me ha dolido. Pero es que estaba harto de ese cejudo que no deja de hablar con su estúpido acento inglés y que no deja que me acerque a ti ni que te bese~ -lloriqueó molesto abrazándose al español.

- Has escogido al peor guía del mundo. Le odio.

- Yo también. -dijo Francis besando el cuello de Antonio con parsimonia.

- Estamos en la calle.

- Pero si no me has visto hasta que te he agarrado~

- Seguimos estando en la calle, Francis. -insistió.

- Sólo unos besos... Tampoco pido demasiado, ¿verdad? -dijo el galo mientras bajaba la vista, con la yema de los dedos rozaba los del hispano y los entrelazaba. Levantó ambas manos. La apoyó contra la pared, cerca del rostro de Antonio, el cual le observaba con una expresión que le fundía las neuronas por momentos- No es muy egoísta. -se acercó más, pegando su cuerpo al de él, apoyando la rodilla entre las piernas del español. Su voz se estaba tornando cada vez más suave, más provocativa- ¿verdad?

- Supongo que no... -dijo Antonio ausentemente, observando cada gesto y cada movimiento.

- Eso creía yo. Entonces...

Dejó la frase a medias y se inclinó de nuevo sobre el cuello, besándolo con lentitud, dejando que notara la calidez de éstos sobre su piel. Respiró sobre ella y luego pegó un suave mordisco. Mientras, su otra mano había descendido y se había entrelazado con la del hispano. Esta también la levantó y la apoyó al lado de su cabeza. Siguió besando su cuello y sonrió de lado cuando notó un estremecimiento en el cuerpo de Antonio.

- ¿Dejarás que te bese? Una vez... Y otra... En el cuello... -dejó un beso ahí y fue subiendo hasta llegar a su oreja- Aquí también. Y luego en esos labios tan atractivos que tienes.

- ¿Y el guía? ¿Y si nos encuentra?

- Nos ha estado fastidiando mucho. Si nos encuentra así seguro que se muere de rabia. Si no nos encuentra dará vueltas y vueltas refunfuñando porque ha perdido a sus clientes. Y mientras nosotros disfrutamos de nuestra compañía, él estará pagando por los dos días que nos ha dado.

- Vale.

- ¿Vale? -dijo Francis arqueando una ceja. La respuesta era un poco confusa de repente.

- Bésame.

¿Cómo no responder a esa petición de manera instantánea? Deseaba saltarle encima y besarle hasta que le succionase el alma si fuese necesario. Pero había visto esa mirada de Antonio, cada vez más interesada, seria, cada vez más metido en el momento. Ese instante en el que la tentación empezaba a crecer en su interior y dejaba de pensar en la gente o en las apariencias. Por eso no se había apresurado. Cuanto más tentara al español, más participaría y aquello le gustaba demasiado. Los primeros segundos fueron un juego de tentación. Acercaban el rostro, se quedaban a poca distancia de los labios, sintiendo su respiración y el calor que desprendían. Finalmente, Francis se acercó y besó a Antonio. Subió las manos del español hasta que estuvieron por encima de su cabeza, aprisionándolo de este modo contra la pared.

Se besaron suavemente, de manera breve y luego cada vez de manera más intensa, deseándose más a cada segundo que pasaba. Cuando más animado se encontraba Antonio, Francis se apartó. Por un momento tuvo ganas de agarrarlo y pegarle una hostia por dejarlo a medias de algo que le gustaba.

Después de la desaparición, el guía se había tranquilizado bastante. Sólo hablaba para explicar las diferentes cosas y no se había metido con ellos. Antonio estaba bastante sorprendido de que hubiese surgido efecto. ¡Deberían haber ido a besarse antes! En dos o tres ocasiones el español buscó al francés para conseguir alguna muestra física de cariño. La primera vez se fue para él y le cogió la mano. Francis le miró, le sonrió y ya está. Se sintió tremendamente decepcionado.

Después le había estado mirando fijamente y no se había dado ni cuenta de ello. Lo más fuerte es que el guía sí se dio cuenta. ¡Mandaba narices que se diera cuenta el guía inglés que no le interesaba un mínimo! Lo peor fue cuando en la cena Antonio le había puesto la mano sobre la pierna y de repente el francés le había pegado una hostia pensando que era algún bicho que se le había subido. ¡UN BICHO! ¡Lo había comparado con un insecto feo y peludo! Cuando llegaron a la habitación del hotel, Francis bostezaba. Entró el primero, fue hacia la cama y se tumbó. El español se encontraba atónito. ¿Dónde estaba aquella pasión que había vivido en el callejón?

- Creo que voy a dormir tan bien esta noche~ -dijo el galo acurrucándose mejor sobre la cama.

- "Hijodeputa..." -pensó mientras apretaba el puño imperceptiblemente- Francis~

- Dime~

- Voy a ducharme.

- Vale, luego entro yo. -dijo con calma el francés. Se incorporó un poco- ¿Dónde está el mando de la tele?

Aquello colmó su paciencia. Se fue hacia él, lo empujó contra la cama, se puso encima y le miró fijamente. ¿¡Pues no estaba mirándole sorprendido! Le daba tanta rabia... Le agarró de la camisa y empezó a zarandearle.

- ¡Eres imbécil! ¿Por qué de repente estás tan tranquilo y hablas de dormir?

- Es que hemos andado bastante... -dijo Francis sin poder parar ese ataque.

- ¡Pero yo quería que siguiéramos lo del callejón! ¡Quería más besos! ¡Incluso iba a proponerte que nos bañáramos juntos! ¡Yo deseándote y tú queriendo ver la televisión! ¡Qué idio-!

Francis sujetó con fuerza al español y se levantó de la cama con él enganchado a su cuerpo como si se tratase de un koala. Antonio sintió miedo de caerse así que rodeó con fuerza la cintura del francés con sus piernas.

- ¡Nos vamos a caer!

- ¡No pienso perder otra vez la oportunidad de bañarme contigo! Deja de refunfuñar. -lo bajó en el suelo del baño- Ahora... quítate la ropa...

- Wow tienes una expresión horrible...

- Desnúdate...

Suspiró. Bueno, se lo había buscado. Él le había dicho que deseaba hacer cosas y que pensó en bañarse juntos. Sin mirar, Francis le dio al grifo. Sentía cómo los ojos azules le desnudaban mentalmente. Los notaba recorrer cada porción de cuerpo que descubría. Ya que tenía toda su atención, lo haría lentamente para que no pudiera pensar en otra cosa que no fuese él. Era seguro que lo estaba logrando, Francis apenas pestañeaba y miraba su cuerpo como si fuese un libro de Buscar a Wally. Aunque él ya sabía dónde se encontraba "Wally" ... Sí... "Wally" estaba bajo esos calzoncillos y deseaba verlo. Cuando iba a bajarse la prenda, Antonio paró en seco. Estuvo a nada de gritarle para que siguiera, como si hubiesen cortado su serie en el momento más intenso para ir a anuncios.

- Tú también te puedes ir quitando la ropa, ¿eh?

- Sí, ahora voy. -dijo ausentemente.

- Francis...

- Está bien. Pero tú vete quitando los calzoncillos.

El galo se quitó la ropa en tiempo récord. El español le observó atónito. Suerte que después, en la cama, no era tan "rápido", sino vaya pena. Finalmente la ropa interior de Antonio cayó sobre el suelo y pudo apreciar todo su cuerpo. Se adentró en la bañera y tendió la mano para ayudar al hispano a entrar. Una vez se habían mojado del todo, Francis cerró el grifo y se echó, dejando que el agua le cubriese hasta los hombros casi. Estiró una mano y asió la muñeca de Antonio. Tiró de él hasta hacerle sentar entre sus piernas y que su espalda estuviese apoyada contra su torso.

- Esto es la gloria~

Antonio apoyó la nuca sobre el hombro del galo y cerró los ojos. Pronunció un murmullo afirmativo. Francis era un gran 'lugar' sobre el que echarse a descansar. Estaba blandito y le rodeaba de manera protectiva. Entretenido se encontraba ahora el rubio, observando el cuerpo mojado del hispano, envidiando aquellas gotas que resbalaban por su piel, más morena que la suya. Besó su mejilla, luego le dio un suave mordisco y descendió con sus labios por aquel cuello tan apetecible hasta que llegó a su hombro.

- ¿No vas a esperar un poquito a que nos relajemos? -preguntó Antonio

- ¿Relajarnos para después perder toda la relajación? No tiene sentido, mi querido español~ No tiene ni pies ni cabeza.

- En mi cabeza tenía sentido.

- En mi cabeza ya lo hemos hecho cinco veces.

- Eres rápido... -dijo Antonio sorprendido.

- Esta vez seré más lento... -dijo Francis bajando el tono de voz a uno más sensual. Una mano acarició su torso, descendiendo- Para que te des cuenta de todo lo que te hago y pienses sólo en mí.

La mano alcanzó la entrepierna, rozó su miembro, con los dedos presionó sobre la punta, buscando y consiguiendo un estremecimiento por parte del español. Pronto la excitación de Antonio empezó a elevarse, como la espuma. Su respiración se agitó y la longitud que era masajeada por la mano del francés se endurecía a cada nuevo movimiento hasta quedar totalmente erecta. Francis seguía besando su cuello y luego su oreja. Evitaba por completo sus labios ya que deseaba escuchar cada suspiro, cada jadeo, cada sonido que salía de entre ellos. Rozó su erección contra su trasero y tuvo que morderse el labio inferior para controlar el deseo irresistible de hacerlo suyo, sin preparación alguna. Una mano lo movió un poco hacia delante mientras la otra seguía acariciando intensamente su entrepierna. Después. la que no tenía nada que hacer. descendió por la espalda y se coló entre las nalgas. Ah, aquel jadeo tan adorable... Fue tanteando aquel lugar que pronto se abriría a él y lo aceptaría. Fue presionando, suavemente, dejándole tiempo a acostumbrarse y a que su cuerpo fuese admitiéndolo dentro de él. ¡Y cómo llegaba a temblar Antonio a ratos, cuando las sensaciones lo sobrepasaban...! Su interior presionaba sus dedos de una forma que le hacía sentir un tirón de excitación sobre su erección. Deseaba tantísimo sentir eso sobre su miembro... Le hizo apoyar las rodillas sobre la bañera, pasando las piernas por debajo de sus muslos.

Guió el cuerpo mientras admiraba esa espalda bien construida, morena, con gotas deslizándose hacia su rabadilla y aquellos glúteos tan redondos y tan perfectos. Apoyó su miembro contra la apertura, dilatada, más rosada que normalmente, y esperó. Era lo que llevaba anhelando tanto rato y aún así quiso saborear el instante. Poco a poco, le hizo bajar. La frente permaneció apoyada contra el cuerpo del español que sufría algún espasmo involuntario a veces.

- No puedes i-imaginarte... -jadeó el francés- cuánto deseo entrar de una sola vez.

Antonio no pudo contestar. Estaba concentrado en relajarse e intentar evadirse de la molestia. Si Francis se contenía era porque al día siguiente tendrían que ir a ver más cosas y si el español no podía andar con normalidad iba a estar refunfuñando. Le dejó respirar cuando estuvo dentro del todo. Él también lo necesitaba. La manera en la que el cuerpo de Antonio se apostaba contra el suyo le había hecho sentirse al borde del orgasmo. No quería dejar su nombre en mal lugar. Le había dicho que no sería tan rápido en terminar y no lo sería.

- Es muy interesante que puedas metérmela entera, sí... -dijo Antonio tras un rato- Aunque no se trata de sólo eso, ¿sabes? Podrías moverte... -levantó su trasero y lo bajó de nuevo. Se mordió el labio inferior. Incómodo pero también algo placentero- u-un poco...

- Para eso te he dejado así, querido Antonio~... Para ver cómo te mueves contra mi cuerpo. Para ver cuánto necesitas sentirme dentro de ti. Te prometo que te ayudaré.

- Eres un degenerado.

Pero él también lo era. Se sujetó a los bordes de la bañera con fuerza y empezó a moverse arriba y abajo. Por el momento, Francis le dejó a él imponer el ritmo y la intensidad. Él se entretenía escuchando su voz gemir, oyendo sus jadeos, acariciando su torso y su miembro al mismo compás que él imponía, observando como su miembro aparecía entre las nalgas perfectas del español y cómo, con intensidad volvía a tragarlo, produciendo una intensa descarga de placer. Era una bonita imagen, más erótica que muchas otras cosas que Francis hubiera visto. No comprendía cómo Antonio podía dotar de erotismo todas sus acciones.

Agarró los cachetes del trasero y lo hizo apartarse de su miembro. Logró moverse y ponerse de rodillas entre las piernas de Antonio. Lo empujó suavemente hacia delante, inclinándolo para exponer su trasero y entrar en él de una sola vez, con fuerza. Ese ritmo había estado bien pero se hacía insuficiente. La necesidad de sentir con más intensidad era mayor, ese deseo de escucharle exclamar su nombre. El gemido fue fuerte y le hizo estremecerse. Se sentía tan bien sabiendo que invadía su mente y su cuerpo de esa manera... Antonio era suyo y cuánto deseaba hacerle saber que todo su ser clamaba por el español. Sin tregua, empezó a embestirle con ímpetu y rapidez. A ratos se mordía el labio inferior para tratar de calmarse y aguantar más tiempo. Sus manos sujetaban con fuerza su cintura mientras seguía chocando contra su cuerpo repetidamente. Ay, la voz del hispano... Ay esos gemidos descompuestos... ¡Y aún no era suficiente! Porque quería ver su rostro, deseaba besarle y que aún le llamase más. Salió de él de nuevo.

- D-date la vuelta... -murmuró con la voz deshecha el francés.

Él mismo le ayudó a girarse. Lo apoyó contra la superficie blanca de la bañera con fuerza, encerrándole allí con su propio cuerpo. Le abrió las piernas y las sujetó en sus brazos. Apoyó de nuevo su miembro en la entrada, medio segundo. Se miraron a los ojos, brillantes del deseo, sabiendo qué tenía que venir pero aún esperando. Como el que se sube a la atracción de caída libre y espera unos segundos en las alturas. De ese modo, de repente y de una sola vez, rápido y fuerte, volvió a entrar. Ahora ya no había treguas que valiesen. Aquel ritmo frenético sólo terminaría con el clímax. Y eso era lo que había querido: su respiración sobre su oído, llamándole entre bocanada y bocanada de aire. Los brazos del español estaban alrededor de su cuello y sus manos descansaban cerca de las cervicales y le sujetaban con fuerza, necesitando asirse a algo que no fuese a caer dentro de toda aquella locura. El ruido del agua se combinaba con sus jadeos, sus gemidos, sus voces llamándose mutuamente. El roce de su entrepierna contra el vientre del galo empezó a ser la sensación estimulante que le estaba llevando a la locura. Apoyó la frente contra el hombro del francés, apretó los dientes y gimió con fuerza mientras le sobrevenía el orgasmo. Francis siguió penetrándole y cada nueva estocada era una oleada de placer aún más intensa ya que de repente el interior del español se había estrechado. Sin poder moverse mucho más, el galo se vino y terminó por quedarse quieto, respirando agitadamente.

- Así que... ¿Esto imaginabas? -dijo Antonio entre respiraciones agitadas.

- Sólo que ahora deberíamos hacerlo cuatro veces más.

El hispano rió ahogadamente.

- No creas que va a pasar, Francis.

A la mañana siguiente, Antonio no se despertó cuando el reloj empezó a bramar como un poseso. El galo le observó y sonrió resignado. Se levantó y tomó el teléfono móvil. En el pasillo del hotel, vacío, marcó el teléfono del guía.

- Hola, soy Francis Bonnefoy. Le llamaba para cancelar lo de hoy.

- Lo tiene pagado, el dinero no es reembolsable. -dijo Arthur al otro lado del teléfono- ¿Seguro que quiere malgastar así su dinero, señor Bonnefoy? -detectó sorna. Estúpido inglés.

- Sí, lo quiero malgastar. Mi novio no se despierta ni a tiros, creo que está agotado.

- No tiene resistencia alguna el señor Fernández. No era para tanto.

- Yo creo que fornicar cinco veces en una sola noche agotaría a cualquiera.

Después de decir esa frase, una sonrisa maliciosa había adornado el rostro del galo. Era divertido joder a ese guía inglés estúpido y presumir de haber hecho el amor desenfrenadamente durante una noche a la misma vez.


¿Por qué había aceptado venir? Es que había pensado que seguramente estarían en el piso de Antonio, charlando tranquilamente los dos. Sin embargo, cuando llamó al timbre, se abrió la puerta del piso contiguo, el del estúpido novio de su amigo que le sonrió con esos aires de grandeza que tenía. Bien, pues él era aún más grande. ¡Que no se lo creyese tanto! En ese momento se dio cuenta de que no iban a pasar el rato en el piso de Antonio.

El sitio estaba bien. La decoración del francés era sobria y encajaba mejor que aquella que había en la destartalada casa que tenía el de cabellos castaños. Pasaron a la cocina y allí le vio, sonriente. No cambiaría nunca, no...

- ¡Gil! ¡Te estábamos esperando! ¡Llegas tarde!

- Lo dice el que nunca es puntual. Lo raro es que tú estés aquí. -comentó apático. No le gustaba que lo tacharan de impuntual. Su familia era muy estricta con esos temas y los valores se los habían inculcado desde bien pequeños.

- Fui a despertarlo de su siesta. Si no lo hubiese hecho, aún estaría durmiendo seguramente~ -dijo Francis.

- Muy bonito, ¿ahora te pones de su parte? -dijo Antonio fingiendo ofensa.

El galo se puso a preparar café mientras Antonio le iba comentando lo más destacado, según su punto de vista, del viaje. Las horas que habían tardado en regresar a Madrid fue una historia que duró largos minutos. Estuvieron hablando largo y tendido sobre el control policial que les había retrasado y empezaron a especular que quizás buscaban a algún peligroso criminal que andaba por la ciudad.

- Con esas conversaciones, animáis a este pobre francés a caminar solo por la calle, ¿eh?

- No te preocupes, nadie querría matarte. Hasta que lo hicieran, serías muy pesado. Todo asesino querría prescindir de la tortura que supondría tener que soportarte lloriqueando. -dijo Gilberto.

- Como si tú no fueras un pesado. -replicó Francis ofendido.

- Los dos lo sois. -murmuró Antonio hastiado. De repente ambos le miraron y él sonrió casual.

El galo asentó entonces todo en una bonita bandeja que había comprado en una tienda de decoración. Puso las tazas de café y unas pastas con crema que se trajo consigo de vuelta a casa. Dejó la bandeja en el centro de la mesa y se sentó a la izquierda de Antonio, el cual seguía contando cosas del viaje animadamente y tenía un fajo de fotos en la mano. Recordaba el día que habían ido a sacarlas a un Fotoprix. Tuvieron una pequeña riña allí, en mitad de la tienda, porque el hispano quería sacarlas todas y Francis le decía que era tirar el dinero ya que muchas sólo eran paisajes y no merecía la pena. Algunas fotos podían buscarlas por internet y encontrarlas igual o mejor. Al final llegaron a un acuerdo y sacaron aproximadamente la mitad. No estaba del todo contento con aquello pero Antonio jugó bien sus cartas y lo distrajo lo suficiente para que lo aceptara sin refunfuñar demasiado.

Sin decir nada, Francis cogió el café y se lo acercó a su pareja. Después cogió una pasta, la envolvió por la parte de abajo con una servilleta y se la dejó enfrente. Gilberto observaba de reojo los movimientos del galo. Si es que parecía su esposa. Lo más fuerte de todo es que Antonio no se daba cuenta. ¿Tanto se había acostumbrado? ¿En serio que no se percataba? Bueno... Era Antonio... Seguro que no se daba cuenta.

- Mira, aquí estamos en el Alcázar. -dijo enseñándole una foto. Francis estaba al margen, observando sin decir nada mientras comía y tomaba su café- Toma, Francis. Si le enseñas tú también fotos, terminaremos antes.

- Claro. Vamos a ver...

Era bien dócil. En serio, le daba repelús lo empalagosos que estaban. ¡Y no se daban cuenta! El galo de repente parecía animarse al ver ciertas fotos. Le mostró una.

- Esto es el cuarto de baño y Antonio haciendo tonterías con el secador. Por cierto, aquí lo hicimos.

- Y aquí está Francis con cara de susto porque un grupo de franceses le rodearon y empezaron a preguntar direcciones cuando él no tenía ni idea de dónde estaba nada. ¡Deberías haber visto su cara de pánico! Daba la impresión de que estaba rodeado de caníbales.

- Esta es la habitación, con la cama y un servidor tumbado sobre ella. Como bien te puedes imaginar, aquí también lo hicimos. -dijo con una sonrisa ladina el francés.

- Francis... Déjalo, anda. Ah, este es el gilipollas del guía. Le hicimos una foto para hacerle vudú. Aunque después no pudimos arrancarle ningún mechón de pelo así que quizás lo usemos de diana para tirar dardos.

- Este es el ventanal de la habitación y las vistas. Contra la ventana también lo hicimos...

- ¡POR DIOS! ¡Cállate yaa! -gritó Gilberto mientras se tapaba los oídos y su cara se contraía con sufrimiento.

- ¡Francis! ¿Quieres dejar ya de decir dónde lo hicimos o no? ¡Estás traumatizando al niño! -dijo a la par que señalaba al pobre Gil, que seguía sufriendo.

- Pero él ya tiene que saber de dónde vienen los bebés~ París es una ciudad bonita pero no hay fábricas de niños allí y las cigüeñas no los llevan a ninguna parte~ Sólo le hago crecer para que sea un buen adulto el día de mañana.

- Juro que os odio... -murmuró Gilberto escuchando ese diálogo.

- Francis, como vayas contando dónde lo hicimos a la gente y yo me entere... Destruiré las fotos y luego te destruiré a ti. Además, perderás la oportunidad de que vuelva a ocurrir algo así... incluso de que ocurra más de cinco veces... -dijo Antonio sin inmutarse.

El galo le observó con una expresión aterrorizada. Después bajó la vista a la mesa, a las fotos desparramadas de lo que constituían las pruebas visuales de sus hazañas sexuales en ese hotel. Se apresuró a recogerlas todas para ponerlas a salvo.

- ¡N-no! ¡Te juro que no se lo voy a contar a nadie más! ¡Pero no rompas las fotos! ¡Tampoco quiero perder la oportunidad!

Francis se apartó corriendo hacia un rincón de la cocina. Gil lo había seguido con la mirada pero ahora, aburrido, la devolvió hacia su amigo hispano.

- ¿Más de cinco veces?

- Bueno, es fácil. Con empezar antes seguro que nos da tiempo. -dijo despreocupado.

- No sé cómo sigues con él si hace estas cosas. Seguro que lo irá contando como si hubiese ganado la batalla de Waterloo.

- Tranquilo~ No lo va a contar. Está acojonadito. Aprecia sus pelotas lo suficiente como para saber que no debe hacer algunas cosas. Aunque estoy seguro que él moriría porque yo fuese contando la historia por ahí y explicando lo bien que estuvo.

- Es un imbécil.

- No pasa nada, no pasa nada... -dijo conciliador Antonio. Devolvió la vista hacia Francis, el cual estaba ahora viendo las fotos con una expresión tenebrosa en su rostro- Mírale qué feliz, viendo esas fotos con ese terrible gesto de degenerado mientras piensa en que tendrá oportunidad de hacerlo más veces. Está bastante gracioso.

- Antonio tú...

- ¿Yo qué? -preguntó mientras seguía observando a Francis con sus labios curvados en una sonrisa.

- Pensaba que era algo que se te pasaría. Que decías que lo querías pero que no era nada serio. Pero me acabo de dar cuenta de que estás pilladísimo por él. No sólo le quieres, estás enamorado.

Se aflojó su expresión facial y poco a poco entornó el rostro para mirarle. Gilberto le observaba atentamente. Era curiosa esa reacción. Balbuceó un par de veces antes de poder articular palabra. Ahora hablaba aún más bajo.

- No estoy enamorado de él. Le quiero y salgo con él pero enamorarse es una palabra muy seria y que implica muchas cosas.

- Estás enamorado de él. ¡Si hasta te parece adorable que tenga esa expresión que a mí me pone los nervios de punta! Si te gustara, simplemente, no pensarías eso. Le gritarías que dejara de tener pensamientos impuros viendo unas fotos de un hotel.

Se quedó pensativo mirando la mesa. Encontraba aquello bastante divertido. A Gilberto no se le daban demasiado bien las relaciones con las personas, pero de repente el que estaba en apuros era Antonio y eso era bastante nuevo. Decidió presionar más.

- No sé si lo has pensado pero hacéis cosas que parecen ya de matrimonio. Como cuando te ha preparado el café y la pastita. Sólo le faltó darte de comer.

- Eso a veces lo hace... N-no estoy enamorado... -dijo empezando a sonrojarse.

- Empiezas a tener un color rojizo en las mejillas muy llamativo, Antonio. Sigue intentando negar la realidad pero no va a cambiar. Te gusta, sí, y también estás enamorado hasta las trancas de él.

Era bastante gracioso verle. Parecía estar enfadado pero al mismo tiempo ese sonrojo suavizaba todo lo demás. Bueno, ya daba la impresión de haberse percatado de que tenía razón. De repente Francis regresó y abrazó por detrás a Antonio, el cual se erizó ligeramente.

- Tienes una expresión muy adorable, ¿de qué estabais hablando~? ¿No le estarías haciendo proposiciones indecentes a mi novio~?

- ¡Como si quisiera hacer eso! -replicó molesto Gil.

- Pues tiene un sonrojo adorable~ Despierta en mí un instinto protector tan fuerte~ -dijo besando su mejilla.

- Oye, gabacho, ¿tú estás enamorado de Antonio? -dijo de sopetón Gil.

El de cabellos castaños abrió de par en par los ojos. ¿¡A qué venía eso! ¡No le volvería a preparar patatas guisadas en la vida! ¡Estúpido Gilberto! Francis observó curioso al hombre con ojos de color chocolate (bueno, tiraban a rojo) sin decir ninguna palabra. El corazón le iba a mil a Antonio. Como dijera que no, se iba a sentir estúpido.

- Pues claro. -respondió como si fuera lo más obvio.

La contestación sorprendió a los dos españoles.

- ¿Y si él no estuviera enamorado de ti y sólo te quisiera de manera más superficial? ¿Entonces qué?

- Me da igual. Seguiría estando enamorado de él. No es que vaya a cambiarlo fácilmente.

- ¿No te intriga saber si él se siente igual?

- Claro que me intriga. -dijo después de reír brevemente- ¿Qué clase de idiota sería si no me intrigase? Pero no quiero que se sienta presionado. Si algún día llega a enamorarse de mí como yo de él, estaría a rabiar de felicidad. Cuanto más rato paso con él, más seguro estoy de que no puedo estar con otra persona. No importa si no está enamorado de mí ahora. Ya me encargaré de hacer que su corazón se acelere y que sienta una cálida sensación en su pecho cuando piense en mí.

Antonio hizo que le soltara. Se giró sobre el asiento, estiró los brazos y tiró de él asiendo la camisa cerca de su cuello. Cuando lo tuvo cerca, le dio un beso pasional. Gilberto ladeó la mirada, dejándoles intimidad. Ya podrían haber empezado eso en otro momento que él no estuviera. Aunque debía admitir que Francis le había sorprendido. Lo esperaba más cabeza hueca y sin embargo tenía unos sentimientos fuertes hacia Antonio. Eran tan sinceros que pensó que podía dejar a su amigo a cargo de ese gabacho. Hasta el momento, Gil no dejaba de pensar que en algún momento Francis la cagaría y le haría daño.

Antonio se retiró y el agarre sobre la camisa del francés se suavizó. Se miraron fijamente de cerca. El español sonrió.

- Ya lo hago.

- ¿El qué? -preguntó Francis embobado por aquel rostro tan cercano al suyo.

- Ya estoy enamorado de ti. No tienes que esforzarte para que me enamore de ti porque ya lo estoy. -replicó con aquella sonrisa sincera.

- ¿Y si quiero hacer que te enamores aún más de mí? -preguntó y acto seguido besó su mejilla cariñoso. Antonio levantó las manos y las posó sobre la cara del galo, cerca de sus oídos. Rozó mimoso sus mejillas.

- Puedes hacerlo si quieres. Yo voy a intentar lo mismo.

- Qué crueles somos~ Buscando enamorarnos aún más y más~ Aunque está bien por mí. No pienso dejarte escapar fácilmente.

- Pues ya somos dos entonces.

- Ahora vamos a dejar esto antes de que el polluelo esté tan incómodo que ni pueda avisarnos de que sigue ahí.

Ambos miraron hacia Gil y rieron. Se notaba que estaba avergonzado por la situación pero que no sabía qué hacer para que pararan sin romper el momento íntimo. A partir de ese momento, el resto de la tarde pasó con normalidad. Estuvieron viendo una película y jugando al Pictionary. Aún así, se percató de que de vez en cuando se miraban furtivamente, se tomaban las manos y se dedicaban breves gestos cariñosos.


Bueno, otro capítulo más. Ya ha aparecido Arthur. Pensé que podía ser como tercero en discordia por un momento pero después corroboré que eso era demasiado lo que ocurría en todos los fics normalmente así que al final lo que hice fue que apareciese fugazmente y poco más XD No sé muy bien qué comentar, si os quedan dudas y tal ya me las preguntáis.

Ariadonechan, xD awwnn... me alegra que te gustara. Bueno es que Francis es un hombre y tiene sus momentos macho, eso es inevitable xDD ¡Este fic tiene mucho Frain y aún no termina XD! Uy jugar a médicos dice XDDD No te adelantes a acontecimientos(?) Si mangó los jaboncillos y toallas te lo dejo a tu imaginación XDD No me siento acosada -happeh-

Candy Darla, Es que a Francis, en estado de pánico, se le va la olla XDDD. Bueno es que Antonio es bien feliz con poco y es gracioso verle hacer cosas así xD Ya has leído el baño *sonrisilla* Aunque haya costado xDDD

Misao Kurosaki, jajaja el sueño desapareció gracias a Francis... Eso suena interesante 8DD... Me alegra que os riáis con el capítulo, se intenta. Al menos no que os partáis pero sí que arranque una sonrisa. Es nena pero en el fondo es macho, pobrecito XDDD Solo no lo sabe proyectar como toca XDDD

Nightview, xDDDD Francine xDDDD Me gusta. Hombre, que esos gnomos de piedra pesan, ¿eh? XDDD Tiene fuerza XDDD Bueno, Rodrigo ya lo tiene asumido *XD* ¿Te ha salvado la vida? Wow me alegro ;v;

Hethetli, esos enanos de piedra pesan la vida, te lo juro xDDD Lo tuvo que pillar mal en el arrebato... XD Bueno vale, no puedo compararlo con lo del harrijasoketa XDDDD. Yo también quiero ver la escena animada XDDDDD Como no imaginarse toda esa descripción XDDD Su propuesta es muy denunciable XDD No me la salto ovo

Kitshunette, omg! Review in spanishhhh... *Dies of pure love* Francis is a machooooo honhonhon -hearts- xDDDD I loved your review, seriously, I just can't. YOU'RE TOO CUTE *hugs*

Yuyies, sí, Gil tenía razón, si al final será el más inteligente de los tres... xDDDDD Sí, el enano pesaba. ¿Es que nadie ha intentado levantar un enano de piedra? XDDD Pesan xDDDD. Es difícil hacer la maleta pero no es imposible. Antonio la hizo, aunque luego le diera caña XDDD... Claro que le gustó ouo

Tomato-no-musume, no te preocupes, me alegra ver que alguien regresa ;u;... Awnnn... ó_ò Espero que las cosas te vayan mejor y si mi fic puede darte un respiro me alegro mucho y no dejaré de publicar. Un abrazote! Claro, sin lio de pareja no sería un fic decente -?- xDDD Sufre pero es un buen amigo, aunque Gil sufre demasiado xDDD No te preocupes, gracias por dejar review, se aprecian demasiado.

Hikaru in Azkaban, xDDD awn... merci por comentar los dos xD Bueno es que Gilberto los tolera porque son amigos pero no es que le guste XDDD. Es que Francis es un hombre, no me canso de decirlo xDDD. Yo tengo que ir a Toledo algún día, objetivo de vida XD

Y eso es todo por esta vez,

Nos vemos en el siguiente capítulo.

Miruru.