Mi odiado vecino

Capítulo 13

El tiempo pasaba volando. Cuando menos se lo habían esperado, era el cumpleaños de Antonio. Francis lo había llevado a visitar Sevilla. Habían pasado un frío infernal pero había sido romántico. Siempre que recordaba aquel viaje, sonreía como un idiota. El fresco del invierno había dejado paso a una primavera bastante cálida. Y de repente era el cumpleaños del galo. Esa vez lo habían celebrado en Alcalá de Henares.

El calor veraniego de ese año en Madrid había sido insoportable. En muchas ocasiones Francis había visto a Antonio llegar del trabajo, caminar como zombi hacia el ventilador y desplomarse delante de él. Los días se habían tornado más frescos gracias a las primeras lluvias de septiembre y, sin comerlo ni beberlo, se habían adentrado en el invierno. Ya hacía más de un año que salía con Francis, las cosas en el trabajo iban bien, en general se sentía feliz.

Siguió presionando rápidamente las teclas del ordenador, acabando por fin de escribir todos los detalles sobre el paciente que acababa de salir. Entró la enfermera que le estaba ayudando aquella mañana, al menos a mantener el orden de entrada de los pacientes. Había un caos enorme aquel día. De repente se abrió la puerta y entró la que iba a ser la siguiente persona a tratar. Levantó la vista y se encontró con la sonrisa tímida de Francis. Parpadeó anonadado un par de veces.

- Hacía bastante que no venía, ¿eh?

- Francis, vete a casa. Tengo muchos pacientes que atender para que vengas sólo a verme. Te lo agradezco pero... Anda, vete.

- ¡Oyeee! ¡Que vengo porque me pasa algo de verdad! -lloriqueó Francis mientras se acercaba al escritorio. Entonces se fijó que tenía la mano envuelta en un paño- Me he quemado la mano.

- ¿Por qué no has ido a urgencias? Es más efectivo que esperar a que te den hora conmigo... -dijo el español arqueando una ceja.

- Es que tenía ganas de verte con esa bata de doctor y el estetoscopio colgado al cuello. Estás muy sexy. ¿Me va a tratar la enfermera simpática?

- No. Hoy estoy solo. Había mucha faena en urgencias y la llamaron. Estefanía me está ayudando con el orden de los pacientes. Pero, cualquier cura o vendaje, tengo que hacerlos yo también. Ven, anda. Siéntate en la camilla.

Antonio dio dos palmadas sobre la tela y mientras esperaba a que se subiese se puso los guantes de látex que había sacado de la caja. Descubrió la mano y se encontró con una quemadura por la que realmente venir al médico. Bueno, al menos la visita no era tan estúpida como había pensado.

- ¿Se puede saber cómo te has hecho eso? Menuda quemadura... -dijo mientras empezaba a tratarla.

- Estaba cocinando, me despisté y puse la mano donde no debía.

- Eres idiota...

- Tenía la mente en otros asuntos. -se defendió Francis.

Lo llevó hacia el grifo, esperó a que el agua saliese tibia y metió la mano bajo ésta. El francés puso una pequeña mueca ya que escocía. Después limpió la quemadura con jabón y la secó con cuidado. Le puso un apósito y se acercó hacia la mesa para escribir en el ordenador.

- Intenta no hacer demasiado con la mano. Puedes tomarte ibuprofeno si te duele. Si ves que es más intenso de lo que debiese, me lo dices y te recetaré alguna otra cosa. Cuando la herida esté mejor puedes darte alguna crema hidratante cada dos o seis horas. Durante unos tres o cuatro días. Te lo recordaré.

- Qué afortunado soy de tener un médico tan bueno como novio~. Aunque como mañana me escueza tanto la mano, el trabajo va a ser bien agradable.

- No exageres sobre lo de ser tan buen médico, Francis. -dijo sonriendo resignadamente- Te haré un justificante para el trabajo.

El galo volvió a sentarse en la silla esperando a que le diera el papel. Antonio le pasó la hoja después de firmarla con esa letra de médico que tenía. ¿Es que les enseñaban a todos a hacer una letra indescifrable para el resto de los humanos?

- Oye, Antonio... ¿Tú podrías traerte la bata, el estetoscopio y el resto de cachivaches que usas como médico a casa? -el español le observaba con cara de póquer y no contestaba nada aún- Es que te ves jodidamente sexy... -Antonio no contestó aunque había arqueado una ceja- Y tengo algo por los uniformes, ya me he tirado a otras personas uniformadas pero...

- Lo estás arreglando, Francis... -replicó sonriendo.

- Quiero decir. Q-qué... -se había dado cuenta de su error. Ese no era un buen método para convencer a nadie, ¿en qué estaba pensando?

- ¿Qué? ¿Qué quieres decir?

- Que estás tremendamente bueno cuando llevas eso y que si te lo pudieras llevar a casa me sentiría enormemente honrado ya que eres el más sexy de todos, Antonio. Eres el mejor y más sexy de todos. No me mates...

- Ahahaha... -había sido una risa tan falsa...- ¿Qué cosas dices? No puedo matar a nadie en un hospital. Te curarían tan pronto que sería un esfuerzo en vano. Ahora vete.

- Antonio... Por favor... -dijo poniéndole ojitos.

El español sonreía y le señalaba la puerta con los dedos de la mano extendidos y juntos. Francis seguía observándole suplicando por que aceptara su petición. ¡La había jodido! ¡Lo sabía! ¡Pero de verdad que quería enrollarse con él mientras llevaba esa bata de médico...! ¡La idea de hacerle una "revisión a fondo" al médico era tan, tan, tan, taaaan estupenda!

- No me voy a ir hasta que me digas que sí. -replicó en un arrebato suicida.

- Oh, pero yo creo que sí te vas a ir~ -dijo Antonio sonriendo y yendo hacia el mueblecito donde guardaba las cosas. El galo arqueó una ceja. No sabía qué iba a hacer ahora. Cuando giró sobre sus talones, Antonio llevaba una inyección con una aguja bastante exagerada- Si no te vas, te la pondré y mal...

Francis abrió los ojos mucho y se incorporó. Le daban pánico esas agujas tan grandes. Dolían y no quería que se la clavara. Lo veía capaz de hacerlo. Había aprendido a tomarse las amenazas de Antonio muy en serio. Una vez le dijo que le echaría a dormir en calzoncillos al balcón y lo había hecho. Suerte que era verano.

- Por favor... -siguió pidiendo por su deseo.

- Vete o te la pongo.

El francés retrocedió sin perder de vista la aguja, no fuera que se girase y se la clavara como una puñalada trapera. Finalmente salió y lo perdió de vista. Dejó la aguja en la bandeja de la que la había cogido y suspiró resignado. Mira que era pesado. No es que le gustara asustarlo cada dos por tres pero es que si no lo hacía se portaba peor que un niño pequeño. De repente llamaron a la puerta.

- Adelante.

Asomó una mano temblorosa, nadie apareció en el umbral.

- M-me he dejado la chaqueta... -lloriqueó el francés- No me pinches... La hubiese dejado ahí pero es que hace frío.

Se esforzó al máximo para no reírse ni mostrar una pequeña sonrisa. Agarró la chaqueta del galo, que descansaba en una de las sillas, y se la tendió. Hubo un momento en que ambos la agarraban. Pudo ver sus ojos azules a través de la rendija que había abierto. Pobrecito, estaba tan asustado... Por un momento se arrepintió de haberlo sobresaltado de aquella manera.

- Piénsatelo, ¿vale? La bata y eso.

Antonio entrecerró los ojos y Francis tomó la chaqueta de un tirón y salió corriendo. Pudo ver que una enfermera le regañaba por correr pero que él no se paraba. Después de un par de segundos en silencio, empezó a reír. Si es que era idiota...


Noviembre llegaba a su final y si no fuera por la calefacción ahora mismo estarían pasando bastante frío. A la derecha de la cama, el español se encontraba poniéndose a toda velocidad la camisa y encima un jersey. No quería ni pensar en el suplicio que iba a ser ponerse los pantalones. Francis se encontraba sentado sobre el lecho. Se había despertado para hacerle el desayuno pero Antonio le había dicho que quería pasar por su casa, cogería algo en la nevera y se iría al hospital.

- Antonio, no me gusta. -dijo del tirón.

El español detuvo el esfuerzo que estaba haciendo por tratar de abrocharse los botones de los puños de la camisa. Arqueó una ceja. Antes de saltar a conclusiones precipitadas primero preguntó.

- Esa frase que has dicho es: Antonio no me gusta o Antonio, coma, no me gusta.

- Era: Antonio, coma, no me gusta. -replicó mirándole extrañado.

- De acuerdo, es que has hablado tan rápido que por un momento me he quedado alucinando. No es muy agradable pensar que has dicho que no te gusto. -prosiguió con los botones de la camisa.

- ¡¿Es que no vas a preguntarme qué es lo que no me gusta? -exclamó indignado el francés.

- ¿Qué es lo que no te gustaaaa...? -inquirió sin interés Antonio. Tenía un poco de prisa y si quería pasar por casa aún más.

- ¡Esta habitación! No me había dado cuenta hasta ahora... Es pequeña y apenas hay espacio con la cama de matrimonio. Es un piso un poco pequeño para dos personas, ¿no crees?

- Siempre puedo irme a mi piso.

- No hagas propuestas estúpidas. No estoy echándote a tu piso. He estado pensando que es un fastidio tener que estar yendo y viniendo. Ese momento de decidir dónde vamos a estar es molesto. Podríamos vivir juntos.

- El piso no lo tengo pagado del todo, no quiero venderlo... -dijo Antonio con una mueca.

- No te estoy pidiendo que lo vendas. No lo haré tampoco. Pero había pensado que podríamos hacer obras. Yo tengo dinero ahorrado, te ayudaré a pagar la parte que falta de tu piso y podríamos hacer una reforma y juntar ambos. Tendríamos un piso grandioso para los dos y podríamos dormir siempre en la misma cama, despertarnos cada día juntos, no tener que pensar qué nevera está más vacía...

- Pero no podemos ponernos a martillear paredes. Habría que primero mirar los permisos de obras y ver si se puede hacer.

- Lo tenía en cuenta. Sé que es meterse en un montón de papeleo y problemas, pero he estado mirándolo por mi cuenta y lo tengo más o menos todo preparado. Lo único que me falta es lo más importante, que me contestes qué opinas.

- ¿Y si no sale bien?

- Oye, esto es muy injusto. Tú fuiste el que me enseñaste que no tenía que vivir pensando que no iba a funcionar. Llevamos más de un año y creo que nos va muy bien.

- Pero tú renunciaste a unos ligues, yo me quedaría en la calle.

- ¿En serio crees que va a salir mal? ¿Me quieres menos y sabes que me vas a dejar en poco tiempo?

- Por supuesto que no. Tampoco creo que vaya a salir mal...

- ¿Entonces qué es lo que te asusta? ¿Qué quieres hacer?

Antonio se quedó pensativo. Bajó la vista al suelo y permaneció callado unos segundos. Francis deseaba dar ese paso. Tendrían un espacio amplio en el que vivir y podrían dejarse de ir de un piso a otro. Si el español no quería, se sentiría algo decepcionado, pero podría vivir con ello.

- Está bien. Vivamos juntos. A mí también me gustaría dejar de ir de un lado a otro. Vivir en un mismo lugar, comprar cosas juntos para nuestro hogar... -Antonio sonrió- Me parece una idea estupenda.

- ¿En serio? -preguntó Francis incrédulo. El hispano rió brevemente.

- En serio.

Se fue hacia él y lo tomó en volandas, sonriendo radiante. Antonio se apresuró a agarrarse a su cuello para sentirse más seguro. Al ver su expresión de felicidad, rió contento. Iban a vivir juntos. Hasta que lograran unir los pisos quizás tendrían problemas con los obreros. Pero a pesar de cualquier inconveniente, se sentía increíblemente contento.


Esa semana empezaban las vacaciones de Antonio. Un mes entero de pura tranquilidad es lo que todo el mundo esperaría, pero ese no era su caso. Su novio y él mismo habían tenido la brillante idea de juntar ambos pisos en uno solo. Hacía un par de días que llegaba a casa y se encontraba algún obrero, cargado con material, que se adentraba en su piso y lo dejaba en cualquier sitio. El miércoles, sin ir más lejos, Antonio se había golpeado la espinilla contra unos sacos de cemento en su carrera hacia la calle. Esa misma noche, Francis se había quejado de que un par de obreros habían dejado unos sacos en casa sin cuidado alguno y habían levantado una oleada de polvo.

- Pues no te queda nada... Esa ola de polvo te parecerá poco con lo que falta por llegar.

Cuando pensaba en todo lo que quedada: los golpes fuertes a tempranas horas, la suciedad por todas partes, el desorden, los muebles tapados... Esas iban a ser sus vacaciones. Hasta esa mañana, la del jueves. Francis se fue hacia el lado contrario de la cama para estar más cercano a Antonio, que ya se vestía para ir a trabajar. El galo aún tenía tiempo antes de empezar a prepararse también.

- Mañana es el último día que trabajas antes de tus largas vacaciones, ¿verdad?

- Sí. Aún no sé si me tocará trabajar por la tarde pero el sábado ya estaré aquí, dispuesto a aguantar los martillazos y demás placeres de una gran obra.

- He pensado que podríamos ir a Francia, pasar allí unas semanas y alejarnos de todo este estrés que nos está dando por culpa de los obreros.

- Claro y después a Londres. -dijo irónico el español después de ponerse el jersey sobre la camisa.

- No lo digo en broma, Antonio. Podríamos ir a Francia.

- ¿Es que no has gastado suficiente dinero con el piso?

- No gastaríamos tanto. Me gustaría visitar mi ciudad, podríamos estar en mi casa y así podría presentarte a mis padres.

El español paró de inmediato lo que estaba haciendo. Se había quedado pensativo mientras observaba el jersey, el cual se estaba colocando bien. Francis le observaba curioso. Finalmente, Antonio ladeó la cabeza y le sonrió algo forzado.

- ¿No crees que es un poco pronto? Creo que no deberíamos hacer eso.

- ¿Pronto? Hay parejas que conocen a sus familias políticas (o sus futuras familias políticas, como quieras llamarlo) en los primeros meses de la relación. Nosotros llevamos más de un año, no me parece que sea tan pronto.

- Es que... Me parece que no es una buena idea. -dijo el español aún con ese intento de sonrisa conciliadora- Deberíamos esperar. Si tienes ganas de ir a ver a tu familia, ve. Pero no creo que sea el momento para que yo les conozca.

El rostro del francés había ido perdiendo gradualmente la expresión hasta quedar en una máscara seria de aparente indiferencia. Se hizo un silencio bastante extraño. A pesar de que sabía que era un poco feo que siguiera preparándose, Antonio terminó de vestirse mientras Francis seguía sin abrir la boca.

- ¿Me comprendes? -preguntó el hispano al ver que seguía sin reacción alguna.

- Claro, claro que te comprendo... -dijo Francis con un tono de voz que le sonó bien extraño- Quizás también es pronto para que vivamos juntos. Y también es pronto para que pasemos toda la noche juntos. Parece que no me doy cuenta de esas cosas. Perdón, perdón~

- ¿Pero qué dices? Sólo te estoy diciendo que aún no quiero conocer a tus padres. No estoy diciendo que no quiera que vivamos juntos. Y lo de pasar la noche me parece una soberana idiotez.

- Claro~ Si todo lo que hago son idioteces, una detrás de otra. Soy francés después de todo. Parece que estoy destinado a ser un bufón.

- ¿Qué estás-...?

- Vas a llegar tarde. -interrumpió Francis.

Antonio miró el reloj que había sobre la mesita de noche y vio que la luz roja del despertador marcaba casi las ocho. No le iba a dar tiempo ni a desayunar. Se fijó en la expresión del rostro del francés: indiferente pero a la misma vez parecía aborrecer todo lo que miraba. Suspiró pesadamente.

- Por la noche lo hablamos.

- No hay nada que hablar. Todo está bien claro, Antonio.

- Por la noche lo hablamos. -insistió el hispano.

No miró más a los ojos a Francis (tampoco es que éste le devolviese la mirada). Cogió la chaqueta negra que descansaba sobre la silla que había en la habitación. Corrió a través del pasillo, abrió la puerta y casi pegó un portazo. No pudo coger el metro que solía coger y tuvo que esperarse al siguiente. El corazón le latía muy fuerte. Aparte de los nervios que había sentido cuando Francis le había hecho aquella propuesta, una sensación muy desagradable se había instalado en su pecho. Estaba acostumbrado a las riñas suaves, pero no lo estaba a ese tipo de peleas. Además, normalmente el que hacía algo que enfadaba al otro era Francis. Sin embargo, el francés parecía bastante molesto. Tendría que hablar con él por la noche.


El trabajo se había alargado más de lo normal. Su horario, ya de por sí extenso, se había ampliado hasta las once de la noche. Estaba reventado. Le dolían los pies, le dolía la espalda y sentía las extremidades superiores acartonadas de tanto escribir en el ordenador, cosa a la que no estaba acostumbrado. Como añadido, tendría que hablar con Francis sobre lo que había ocurrido aquella mañana. Sacó las llaves del bolsillo del pantalón y entró primero en su piso. No había ninguna luz encendida pero aún así se adentró. Quizás Francis se había ido a dormir. Entró en la habitación y la encontró vacía. Dejó la chaqueta sobre la cama y salió fuera de su apartamento. Metió la llave en la cerradura de la puerta de su vecino, la giró y tiró de la puerta, la cual se quedó atascada después de haberla abierto cosa de dos centímetros. Una cadena de hierro se negaba a dejar que separara más al marco de su respectiva puerta. La cara de Antonio fue la perfecta expresión del anonadamiento. Tiró de nuevo de la puerta pero la cadena evitó otra vez que pudiera hacerlo. Nada se movió en el interior del piso del francés. Las luces estaban apagadas y no se escuchaba ningún ruido. Cerró la puerta y le echó la vuelta de llave. Ya intentaría hablar con él de buena mañana.

El teléfono de casa sonó a las tres de la mañana. Desorientado y con el corazón latiéndole más rápido, el hispano esperó a que Francis cogiese el teléfono, el cual seguía timbrando. Tres veces. Cuatro veces. Y entonces recordó que nadie podía coger el teléfono por él porque estaba durmiendo solo. Se levantó y corrió hacia el aparato. Cuando fue a descolgarlo, dejó de sonar. Le entraron ganas de llorar. Se quedó en ese mismo lugar, con la mano sobre el teléfono, esperando con los ojos cerrados. Efectivamente, volvió a sonar. Lo descolgó enseguida.

- ¿Diga? -preguntó con aire de dormido.

- Sé que no deberíamos llamarte porque hace unas cinco horas que te fuiste pero ha habido un accidente bastante grave y necesitamos doctores en Urgencias. ¿Podrías venir?

- Claro. Aunque el metro no está abierto y como tenga que ir corriendo creo que tendréis que atender a otro moribundo cuando llegue.

- No te preocupes, Saray tiene que pasar cerca de donde vives. Le he dado tu dirección y en cinco minutos estará allí. Gracias, Antonio.

- De nada... Hasta ahora.

Tras colgar, pasó por la cocina, enchufó la cafetera y mientras fue a vestirse. Cogió la ropa que se había quitado hacía escasas horas y se la volvió a poner. Sirvió el café en un vaso de plástico y salió al frío de los primeros días de diciembre. Cuando le dijeron que ya podía irse a casa eran las nueve de la mañana. Se sentía desfallecer tras horas de coser heridas y curar quemaduras. Cuando estaba ya delante de su piso, observó la puerta contigua. Lo que hizo fue una tontería. Llamó al timbre y esperó. Por supuesto nadie abrió, Francis estaba trabajando a esas horas. Suspiró pesadamente y apoyó la frente contra la puerta un par de segundos. Tras ese momento de flaqueza, se adentró en su piso. Se fue quitando la ropa por el camino a desgana, somnoliento, y envió un mensaje a Gilberto preguntándole dónde estaría en unas horas. Puso el móvil en silencio, se puso el pijama y se dejó caer sobre la cama. Durmió profundamente durante horas.

Eran las tres de la tarde cuando despertó con un hambre intensa. Estiró la mano y cogió el teléfono móvil. Tenía un mensaje de Gilberto que le decía que iba a estar en el bar en el que últimamente tocaba con su grupo. Tenían actuación a las seis así que estarían allí desde las cuatro y media para preparar todo al detalle. Tomó una ducha rápida, se puso ropa de abrigo y salió al rellano. Volvió a mirar la puerta del segundo primera brevemente antes de girar sobre sus talones y caminar hacia las escaleras que llevaban a la calle. El bar en el que solía tocar Gil últimamente estaba bastante céntrico y había ido obteniendo buena fama. La comida estaba a buen precio, la decoración era bonita y de vez en cuando ofrecían espectáculo musical sin cobrar un solo euro. Milagrosamente, Gilberto y su curioso grupo de música habían empezado a reunir unos cuantos fans que iban a verlos cada vez que tocaban y que ya habían comprado unas cuantas copias de aquella maqueta que habían grabado hacía ya un tiempo. Cuando llegó encontró una humilde mesa para dos personas vacía. Lástima que esta vez iba a estar solo. Se acercó la camarera a la que ya conocía bastante bien. Era una hermosa mujer de apariencia delicada. Sus manos eran finas y siempre llevaba las uñas perfectamente cuidadas y con la manicura francesa. Solía oler a un perfume de vainilla que siempre dejaba embobado a Antonio. Sus ojos eran de un intenso color verde y su cabello castaño le llegaba por la zona de las lumbares. Casi siempre tenía una dulce sonrisa en el rostro y sus palabras rezumaban amabilidad.

- Hombre, Antonio~ Hacía tiempo que no te pasabas por aquí. ¿Has venido a ver tocar a tu amigo?

- Algo así. -dijo sonriendo.

- Pero empiezan más tarde. ¿Quieres algo para tomar mientras llegan? -preguntó la muchacha.

- Me gustaría comer algo, aún no he almorzado.

- Ahora mismo te traigo la carta. -le guiñó un ojo y se fue a buscarla. Al poco regresaba y se la tendía- Te traeré para beber lo de siempre y te dejaré tiempo para que pienses qué es lo que quieres comer.

- Gracias, Elísabet. Eres un sol.

- Siempre tan halagador~

Estuvo comiendo mientras miraba distraído una de las pantallas de televisión. En ella se proyectaba el último videoclip de Shakira, cuya canción había llegado a aborrecer tras escucharla una y otra vez en el móvil de aquel tipo con el que siempre coincidía en el metro. Más de una vez había deseado agarrar el teléfono y hacérselo tragar con tal de que quitase la canción. Aunque el videoclip no le desagradaba: Shakira estaba buena y se entretenía viendo cómo contoneaba sus caderas. Una vez hubo terminado, pidió un café y después pagó la cuenta. Para aquel entonces, Elísabet ya se había acercado a él y le había dicho que su amigo, el del grupo estúpido de rock, ya había llegado y que cuando quisiera que pasara. Eso hizo; se adentró por los pasillos más profundos del bar y llegó a la pequeña habitación que no podía apelarse camerino pero que intentaba llegar a tal calificación. Estaba iluminada con unas bombillas amarillas que no producían una luz demasiado brillante pero que tampoco era demasiado triste. Había un viejo sofá de color marrón, una mesita baja y blanca delante con diversas revistas y una pequeña nevera con refrigerios que ahora estaban en diversos lugares de la estancia. Cuando entró, estaban pintándole los ojos de negro a Gilberto. Se le quedó cara de póquer, sacó la cabeza fuera de la habitación y empezó a reír.

- No es la primera vez que me ves así. ¡¿Por qué sigues riéndote? -exclamó ofendido.

Cuando actuaba se maquillaba para parecer más duro aunque a Antonio lo que le provocaba era risa. Después se ponía polvo de talco, o algo así, en la cabeza y su cabello se veía definitivamente blanco. Pulseras de pinchos y ropas negras. Todo un espectáculo, vamos. Los demás componentes del grupo se apartaron y dejaron a Gilberto a solas con Antonio, el cual se esforzaba por no reírse mientras veía cómo se pintaba la línea del ojo con un perfilador de color negro.

- ¿Has venido a participar en la actuación? Sabría que algún día me dirías que sí.

- No, no he venido a eso. Ya te dije que no quería. ¿Es que nunca te rendirás?

- Mi segundo nombre es "No-me-rindo-nunca"

- Eso no es un nombre.

- ¿Entonces qué te trae por aquí?

- Tengo problemas con Francis.

- Muy bien, gracias por venir, adiós. Tengo un montón de cosas que preparar...

- Pero Gil... -se quejó Antonio apretando los puños. No se esperaba una respuesta así.

- Es tu culpa. Si no te enamoras, se te acaba el problema. Enamorarse es de idiotas. Mírame a mí. Por eso soy increíble. Porque no me pierdo en esas tonterías.

- Tú estás colgado por esa chica.

- ¿Qué dices? ¿Qué chica? -dijo nervioso.

- ¿Quién va a ser? ¡Elísabet! He visto cómo la miras. Además, ¿te crees que soy tonto? Sigues viniendo una y otra vez a este local a pesar de que te quejas de que aquí tenéis menos audiencia que en ese otro cerca de Alcobendas.

- Pero porque haga más caja allí no significa que no vaya a venir aquí. Tenemos fans.

- Ya, claro...

- Mira, Antonio, ya bastante hago soportando parte de tus problemas. Ya tengo más que suficiente escuchando al marica quejarse.

- ¿Marica? ¿Francis?

- ¿Eh? -dijo observándole desorientado- Vale, podría entrar en esa descripción el gabacho pero no me refería a él. Me refería al estúpido de Rodrigo. No deja de llamarme para preguntarme por ti y saber si todo te va bien. Si no quieres hablar con él, díselo a la cara pero al menos no pases de todas sus llamadas.

- ¿Qué? Pero si no ha llamado...

- Pues él no deja de preguntar si estás enfadado con él y por eso no contestas. ¡Ya le he mandado a la mierda cuatro o cinco veces diciéndole que ni lo sé ni me importa! Pero como no tiene a nadie más a quien preguntarle, no deja de insistir. Por eso, no quiero escuchar ahora tus rollos con tu novio.

Dejó a Gilberto quejándose abiertamente de que era increíble pero que eso no significaba que todos pudieran ir a contarle sus problemas. Una vez en el pasillo, cogió el teléfono móvil y buscó en la agenda el número de Francis. La primera vez le salió el contestador, la segunda vez lo cogió.

- ¿Diga?

- ¿Rodrigo ha estado llamando últimamente a casa y se te ha olvidado decírmelo?

- No.

- ¿No ha llamado? -preguntó Antonio.

- No, sí que ha llamado. La primera en mayo. Otra vez en junio y luego en agosto.

- ¿Cómo se te ha olvidado?

- Simple. No se me ha olvidado, tan sólo no te lo dije.

- ¿Qué?

- Claro, es la mejor idea. Vamos a dejar que ese tipo que ya le besó una vez y declaró abiertamente su amor por él le llame insistentemente. Y tú, que eres tan idiota, aún le hablarás y te ofrecerás a quedar con él. Tengo una idea, ¡también podrías ir desnudo! Seguro que se alegra. Y tampoco te habrán llegado al móvil llamadas porque contacté con tu compañía y pagué para que las desviaran. Sorpresa. Feliz temprana navidad.

- ¿Por eso las facturas del teléfono no me cuadraban...?

- No pagaste de más, no te preocupes por eso. Tengo trabajo, voy a colgar.

- ¡Francis! ¿Por qué has hecho eso? Es muy fuerte.

- ¿Lo dice el que, de seguir por ese camino, parecía hasta capaz de pegar a mis ex? No te hagas la víctima, Antonio. Sí, yo me pasé haciendo eso. Tú te pasaste insultándolas y humillándolas. Es empate. Ale, que tengas un buen día.

No se escuchaba ya nada, Francis había colgado. Suspiró pesadamente y en ese instante justo se asomaba Gil, atraído por el último grito de su amigo. El de cabellos castaños levantó la mirada. Gilberto arqueó una ceja, preguntándole sin hablar qué había ocurrido.

- Bueno... Aparentemente las llamadas de Rod no me llegaban porque Francis se había encargado de ello. También se ha enfadado tanto que ayer cerró la puerta de su casa con cerrojo. Creo que voy a coger un Talgo hasta Sevilla y voy a ahogarme en el Guadalquivir.

- Espera, anda... Espera un momento... -dijo Gilberto agarrándole un brazo- Pasa. Siéntate. Explica.

- Francis quería que fuese a conocer a sus padres y le dije que era demasiado pronto. Él se ha enfadado y ayer se encerró en casa. ¡Mira que he visto veces esa cadena! Pensaba que nunca la usaría. Pues sí, la ha usado.

- ¿Es demasiado pronto para qué? Para pensar en tener hijos, lo entiendo. Incluso para pensar en matrimonio. Pero para conocer sus padres... ¿No crees que eso le puede ofender?

- Ya le dije que no era buena idea.

- Eso es peor, tío. Así parece que la idea de conocerlos no te gusta y que los desprecias como persona. Y te lo digo yo, que normalmente no me entero de este tipo de cosas.

- Pero es que no se trata de eso. Tengo mucho miedo, Gil. ¿Y si no les caigo bien? Una vez me dijo que su madre no aceptaba su manera de vida, pero también luego me enteré de que su madre no venía y era mentira. No sé si eso formaba parte o no. ¿Y si llego y me mira mal? ¿Y si su padre me odia? Quiero caerles bien. No estoy preparado mentalmente para esto.

- Mira. Cuando salí con Melania, hará unos años, decidió llevarme a casa para que conociese a sus padres. ¿Sabes lo que es tener a un armario de metro ochenta mirándote la nuca durante dos horas? Fue terrible. Y eso que yo soy increíble. Nunca vas a estar preparado. ¿Quiere decir eso que no quieres conocer a sus padres?

- No es eso...

- Nunca vas a dejar de tener ese miedo y nervios. Pero seguro que tendrá fotos de cuando era enano. También podrás ver el lugar donde creció. Aunque tengas a un tío de metro ochenta mirándote asesinamente, merece bastante la pena.

- Esa es la tía que te dejó a los dos días, ¿no?

- Es que pisé al gato de su madre y le rompí una pata sin querer... -dijo Gil suspirando resignado.

- Eres lo que no hay. -dijo Antonio riendo- Pero no das malos consejos. Me aterra pensar que quizás no me acepten pero Francis estará allí y no me da tanto miedo. Le voy a decir que me voy con él.

Ni se había dado cuenta de que eran ya las siete pasadas. Con la charla, su amigo empezaría su concierto tarde. Antonio caminaba más animado por la calle. Había encontrado por fin una respuesta. Pasado estaba ese terror. Los padres de Francis eran humanos y no ogros. No sería tan horrible. Cuando llegó al edificio, sacó las llaves e intentó abrir. La puerta esta vez no opuso resistencia. Entró llamando al galo pero nadie contestó. Era raro porque a esa hora ya solía estar en casa. Cerró la puerta y en el rellano se encontró a uno de los vecinos.

- Hombre, ¿tú por aquí?

- He cogido vacaciones. Un mesecito. No está nada mal. ¿Has visto a mi vecino?

- Sí, hace cosa de tres horas que lo vi salir de casa, creo que dio dos viajes. Se montó en un taxi... Quizás me aburro demasiado.

Se despidió del vecino y se quedó pensativo allí, al lado del felpudo. Tomó el teléfono móvil y llamó a Francis. Le saltó el buzón de voz y lo que le llamó la atención fue que el mensaje estaba en francés. Aferró la mano al aparato para no dejarlo caer de la impresión.

- … ¿Pues no se ha ido a Francia sin mí? -murmuró atónito.


Oook... Este capítulo termina un poco mal, lo siento xDU Pero volví a coger más de diez páginas para que terminara dentro de un trozo. Buena semana santa para todoos~ Bueno, sobre este capítulo quiero comentar que quería hacer que Antonio metiera la pata. Porque Francis puede meterla pero que veáis que Antonio también. No le echemos toda la culpa siempre al pobre gabacho, que no la tiene. Paso a comentar los review ouo

Candy Darla, oooh ¿lo volverás a leer? Vaya, eso es que te ha gustado supongo ouo Me alegra. Espero que este capítulo también te guste ouo Francia no puede desperdiciar el tiempo, eso iría contra su naturaleza, o algo xD.

Ariadonechan, el acento francés a mí me pone tontorrona xD. Es demasiado sexy. Seeeh... vamos... Un amor que no veas que le tienen al inglés. Lo de que los gabachos son palomas me mató de risa XDDDD. Hombre, irradia Frain porque es Frain ouo xDDD Gilbert no quiere verles en acción ni siendo empalagosos xD No le gusta, le pone nervioso xDDD. Francis es una buena esposa hohoho.

Kitshunette, don't worry, you can review in english if you prefer ouo I don't care. XDDD And his eyebrows. Now I've imagined the eyebrows being a guide by themselves... scaaary xDDD. Ooooh! So you were one of the tourists? :D XD Francis wanted to say how many times he had had sex xDDDD Yep, Gill can be useful xDDD

Kirsu, vaaa, que sabéis que adoráis lo azucarado xD Quería darle un papel inesperado a Arthur y espero haberlo logrado. Oish, me amas por escribir Frain -sonrojo- Lo expresaste aunque madre mía qué cantidad de interrogantes xDDD No sé si empezar a dudar de todo xDDDD Espero que te guste el capi~

Misao Kurosaki, jaja me alegra que Francis pueda arrancarte una risa. Intento meter algo para que sea un poco distendido. No quiero que sea un cúmulo de drama tampoco. Bueno, Arthur está amargado xDDD Creo que se notó bastante. Es un capullín (de alelí (¿)) Saludos :D

Nightview, son como adolescentes hormonados pero ¿qué más da~? XDDD Son monos e intento mostrarlos monos ouo

CaiPiPro, pues sí, la verdad es que hacía mucho que no se te veía el pelo. Juas, no sé si lo de que el capítulo lo merece desmerece al resto xDDDD... Intentaré no pensarlo raro. Bueno, prometí que saldría, no era en vano xD Digno de hacerle un doujin... Eso sería awesome... xDDDD Francis tiene corazoncito, jopé. Aprendedlo de una vez xDDDD Bah, su puntillo creepy no se le irá nunca XD. Bueno pobrecico que no puede ser tampoco un infantiloide. Gracias ;v; me alegra que os encante cómo escribo. *abrazo agradecido *

Hethetli, bueno, el viaje no tenía por qué ser perfecto xD Y no lo ha sido. Antonio enfadado es una fiera xD Da miedo. El nombre del álbum me ha matado muchísimo xDDDDD ¿Y si lo hace más de 69 veces entonces qué? ¿Ya termina el álbum? XDDD

Swk111, ay pobre... D: No puedo dejarte sin internet... Gracias por volver a dejar review ;v; omg xD Dejar de leer porque son monos xDDD ahahaha me encanta. Objetivo rules XD awwwn ;3; No tengas crisis emocionales! *abrazo* Exacto exacto Francis tiene lado masculino XD. Creo que es ilegal en algunos países, en el nuestro no por cierto. No he tenido tantos, el viernes y el lunes XD Trabajar suckea. Feliz semana santa~

Nanda18, lol, recaída fruk... xDDD Bueno, yo escribo mucho de ellos dos. De hecho creo que soy la más pesada en fanfiction con este pairing xD Y suelo actualizar cada semana :) Bueno, es que me gustó hacer cosas extraordinarias con este fanfic. Bueno, ya irás viendo lo que pasa jojo ouo Me alegra que no lamentes haber descubierto mi historia ouo No te preocupes, me leerás cada viernes ;)

Yuyies, No me gusta tampoco hacer a Gilbert un irresponsable. Yo pienso que es alemán en el fondo y que no puede ser tan cabeza hueca. Tengo esa manía xD Quiero que sea más de lo que parece en el anime (que es un loco XDU) Francis es cansino xD Muy insistente como se ha podido ver en este cap´tiulo también xD. Son esos zascas sin los que no pueden vivir XD

Y eso es todo por esta vez,

Nos leemos la semana que viene~

Miruru.