Mi odiado vecino

Capítulo 15

Se despertó de buena mañana, apenas eran las ocho. Casi se muere de un infarto cuando la alarma del teléfono móvil había empezado a sonar. El objetivo de todo aquello era claro, conocer mejor a los padres de Francis. Caminó por el piso superior pero, aparte de puertas cerradas, no encontró a nadie con quien hablar. Bajó las escaleras y en la cocina se encontró a Simone tomando un café y unas tostadas. La mujer levantó la mirada y tras un segundo le sonrió y le hizo un gesto que le invitaba a sentarse con ella. Lo aceptó silenciosamente y, mientras, ella se levantó y empezó a preparar otro café para el español.

- Francis me ha contado que sois algo más que amigos, ¿no es así? -inquirió- Y si te lo pregunto es porque a veces mi hijo se hace demasiadas ilusiones con la gente y proclama cosas que no son.

- Ah, sí. Sí que somos más que amigos. Hace un año y pico que empezamos a salir.

- Qué idiota es mi hijo... Esperaba que si encontraba a alguien me hablaría sobre esa persona y no tendría que enterarme un año después.

- Lo siento. -dijo Antonio bajando la cabeza, sintiéndose culpable.

- No te disculpes. Es que, cuando conoció a Jeanne, no dejaba de hablar de ella. Después el tema siguió siendo ella también, claro que se hablaban de cosas diferentes. ¿Cómo está mi hijo? La muerte de esa chica fue algo horroroso.

- Al principio no parecía estar muy bien, luego poco a poco lo ha ido aceptando. Lo pasó muy mal cuando ocurrió todo aquello, ¿verdad?

- ¿Cuando dejó embarazada a esa muchacha? -preguntó. Antonio asintió- Por supuesto. Ahora porque los vecinos que en ese entonces vivían por aquí se han mudado, pero antes incluso nos miraban raro a nosotros. Poca gente entendió lo que había ocurrido. Ellos sólo veían que Francis había dejado embarazada a una menor. Lo que no comprendían es que él la quería. Fue horrible... Ver que se quedaba a ratos ausente, mirando a cualquier cosa. Observar como tu hijo se encierra en sí mismo y deja poco a poco de ir a cualquier sitio no es algo que le desee a ninguna madre.

- Me parece tan injusto... -comentó Antonio tomando la taza que Simone le ofrecía entre las manos.

- Eres un chico curioso.


Francis había dormido bastante mal. Primero no dejó de dar vueltas sobre la cama, enfadado con el comportamiento de su madre. A continuación se calmó e intentó pensar en lo que había ocurrido. Quizás había sido demasiado duro con Antonio. Le hubiese gustado poder mantenerse firme en sus convicciones; esas que establecían que estaba enfadado y que iba a permanecer así un poco más de tiempo. Sin embargo, ver al hispano, tan cerca de donde él se encontraba, le había hecho desear ir a su lado, abrazarle y perdonarle. Gran parte de su molestia, en el instante en el que le despertó para decirle que debía marcharse, era hacia sí mismo. Odiaba no poder estar enojado si lo tenía delante.

Había dormitado durante pequeños lapsos de tiempo. Luego despertaba y se encontraba solo en aquella cama que de repente le parecía muy grande. En los momentos en los que vagaba entre la vigilia y el sueño le venían a la mente pequeños detalles. Para empezar, el labio cortado de Antonio: una herida demasiado grande para que fuera una grieta por el frío del invierno. También rememoró la mejilla derecha, más roja que la izquierda. Otro detalle era que no había visto la maleta por ningún sitio.

Cuando miró el reloj, eran casi las nueve y media. Se asomó al pasillo, despeinado y aún llevando el pijama, y se percató de la puerta abierta de la habitación de invitados. Se escuchaba un murmullo de voces provenientes del piso inferior. Sigiloso como un ninja, o eso mismo era lo que pensaba él, bajó los escalones y se quedó al pie de la escalera, pegado contra una pared, escuchando a ver de qué hablaban.

- No sé qué hará hoy mi hijo. Ayer insistía en que iba a marcharse. -dijo la voz de su madre.

- Escuché cómo vociferaba... -confesó Antonio

- Claro, es que le dio por gritar mucho. No entiendo por qué te has quedado después de esto. A mí me hubieran dado ganas de pegarle un buen golpe e irme.

Se había hecho un breve silencio. Francis logró asomarse de modo que podía verles aunque ellos a él no. El hispano arqueaba ceja, como si estuviera planteándose la opción que le había dicho.

- No puedo hacer eso después de todo lo que he luchado para llegar aquí. -dijo Antonio sonriendo finalmente.

- Sé que sonará raro que yo diga esto pero... ¿Qué es lo que has visto en mi hijo? A veces deseo pegarle una colleja a ver si así se deja de tanto dramatismo. -el hispano rió la ocurrencia.

- Es en parte el motivo que me hace querer estar aquí con mucha fuerza. Cuando conocí a su hijo, yo estaba pasando por un mal momento. Uno de los peores momentos de mi vida, de hecho. Aunque a días estaba bien, tenía muchísimos en los que no entendía qué estaba haciendo con mi vida y por qué permitía mi situación. Su hijo me ayudó mucho entonces. Nunca había pensado en la idea de apoyarme tanto en una persona y Francis cambió todo eso. Descubrí su faceta cariñosa, su faceta divertida y cuando quise darme cuenta, me gustaban todas. Es verdad que a veces es muy dramático e incluso se comporta como un niño pequeño cuando no tiene lo que quiere, se le van los ojos en cuanto ve a una persona que le resulta atractiva y en ocasiones parece un acosador. Pero también es dulce, cuida a quien le importa, se preocupa... Tiene tantas cosas buenas que creo que no puedo enumerarlas todas. Odio haberle defraudado, pero no voy a quedarme callado. Lograré que me perdone. Estoy tan agradecido por que haya estado a mi lado este año... No sé dónde estaría ahora sin él. Quizás encerrado en una habitación sin ventanas ni puertas. O quizás muerto.

- ¿Muerto? -preguntó Simone alarmada.

- Es broma, es broma... -dijo jovialmente el hispano.

Francis había vuelto a esconderse y apoyó su cuerpo contra la pared. En su rostro había una expresión seria. Él lo sabía: no era broma. Si el galo no hubiese estado allí, ¿qué habría sido de Antonio? Quizás otro día, en otras circunstancias, David hubiese venido a llevárselo tal y como había intentado hacer. O tal vez en alguna pelea se hubiera enajenado y le hubiese matado en un arrebato. Recordó el momento en el que había entrado en el piso de Antonio y lo había encontrado inconsciente en el suelo. Un escalofrío le recorrió la columna vertebral. Suspiró de manera inaudible y cerró los ojos mientras aún podía escuchar lo que el hispano había dicho. Tan sigilosamente como había llegado, se marchó. Subió de nuevo las escaleras y se escabulló dentro de su habitación.


A las diez habían dejado de hablar. Simone le dijo que podía tomar una ducha y que seguramente le sentaría bien tras la horrible jornada que había sufrido el día anterior. En media hora se encontraba en la habitación de invitados con ropa que la madre de Francis le había prestado. Eran prendas de Stéphane y le iban un poco grandes ya que Antonio era más delgado. Observó la puerta cerrada de la habitación de Francis. Aún no lo había visto en lo que iba de día. ¿Estaría bien? Se plantó delante y observó la madera con fijación. Levantó el brazo y estaba apunto de llamar cuando la voz de Simone pronunció su nombre. Suspiró y, tras decirle que ahora iba, bajó los peldaños de la escalera.

- Ha venido la policía. ¿Quieres que esté contigo? -preguntó.

- No hace falta. -replicó el hispano con una sonrisa conciliadora- Gracias por avisarme.

La luz del sol le molestó en los ojos. Los dos hombres, uniformados de pies a cabeza, le observaron fijamente. Se sintió mal por un momento. Empezaron a hablarle en francés y Antonio tuvo la impresión de que estaba viviendo lo mismo que el día anterior. Le desagradaba mucho la sensación de no comprender nada de lo que le estaban diciendo.

- No entiendo nada. -dijo Antonio.

Los hombres ahora incluso gesticulaban, lo cual podía resultar hasta insultante. Hablaban lento y moviendo los brazos. Sus gestos se entendían igual de bien que sus palabras. Llegó a inquietarse. Notó que uno le asía un brazo y tiraba un poco de él mientras que con la otra mano le señalaba el coche de policía.

- No. -dijo el español apartándose y observándoles con respeto.

¿Ir a la comisaría? ¿Y si nadie hablaba español qué? ¿Resignarse a ser interrogado por un montón de gabachos hablando lento y gesticulando como si no hubiese mañana? No, gracias. Aunque quería su maleta... El policía parecía estar molesto y su compañero hablaba por un walkietalkie.

- Lamento el malentendido. Yo le acompaño. Además, sé hablar castellano así que no tendremos problema alguno. -dijo Francis, el cual acababa de asomarse a la puerta observando de manera seria a los agentes.


La puerta de la habitación de Francis se abrió de sopetón, su madre entró y le observó con semblante preocupado. Se acercó a él dando dos grandes zancadas, le agarró de la camisa y le observó críticamente.

- Han venido los policías seguramente para preguntar a Antonio. Me ha dicho que no salga, pero me he asomado y no se está entendiendo con los policías. Ayer me contó lo mal que lo había pasado al no entenderse al ir a poner la denuncia. Le hicieron esperar hasta que llegó un policía que sabía hablar español

- No hacía falta que me lo dijeras. Me estaba acabando de arreglar cuando has entrado. ¿Puedes soltarme la camisa, mamá?

Simone dejó ir a su hijo. Parecía serio pero más calmado que antes. Le siguió con la mirada cuando caminó por el pasillo hasta llegar a las escaleras.


- Quieres recuperar tu maleta, ¿no? Pues tendremos que ir a prestar declaración de nuevo. Yo te haré de traductor. -dijo Francis mirando a Antonio.

Afirmó con la cabeza y le siguió a poca distancia. Cuánto deseó el hispano mover su brazo y agarrar la mano del francés, que se balanceaba cerca de la suya... Fue de gran ayuda tenerle allí, le traducía todo lo que los policías decían y él contó de nuevo la historia. Fue la primera vez que Francis la escuchaba entera. A la hora salían del lugar. Se sentaron en unos bancos que había cerca, el uno al lado del otro, sin hablar. Al final fue Antonio el que se decidió a decir algo.

- Sigues queriendo que me vaya, ¿no? No te preocupes. -bajó la vista sonriendo- Mañana iré al aeropuerto e intentaré conseguir un billete de regreso. No te molestaré más. No quiero que te pelees con tus padres por mi culpa.

- ¿Por qué estuviste toda la noche en el aeropuerto y te gastaste ese dinero en venir aquí? Sabías que estaba enfadado. Creía que no querías conocer a mis padres.

- No es eso. En realidad quería conocerlos pero tenía miedo. Pensé que no les iba a caer bien y me aterró que eso pudiera apartarte de mí. Al final me armé de valor y me di cuenta de que todo eso no importaba nada. Te quiero y eso mueve montañas. -dijo sonriendo mirando a los coches pasar.

Francis no supo qué decir en ese momento. Era una extraña situación esa en la que se encontraba. Por una parte quería perdonarle pero tampoco quería comportarse despreocupado y parecer un insensible. Ladeó la mirada y se fijó en el labio cortado. Llevó la mano hacia la herida y la rozó de manera suave.

- ¿Te duele? -preguntó Francis.

- Casi nada. Cuando como un poco.

- ¿Te hicieron mucho daño? -preguntó al mismo tiempo que su mano se movía hasta la mejilla.

- Me dolió más que me dijeras que me fuera.

- Cuéntame lo que ayer no dejé que me contaras. Por favor. -pidió Francis

- Lo siento. De verdad... Si decía que no quería venir era por lo que ya te he dicho. Pero no me arrepiento de haber volado hasta aquí. Tu madre es muy agradable y tu padre, aunque tenemos problemillas para entendernos, también es muy majo.

- ¿Te gustan mis padres? -dijo con una pequeña sonrisa.

- Aunque no podré conocerles mejor ya que me iré esta tarde.

- No te vayas. -dijo de repente Francis.

- Pensaba que deseabas que me fuese.

- No debería haberte dicho eso tras todo lo que habías pasado para llegar. Yo estaba enfadado pero tú habías visto que no tenías por qué tener miedo y no debería haberte tratado tan fríamente. Pero es que te vi y no podía dejar de pensar en que quería abrazarte.

Antonio interrumpió aquello. Ambos lo deseaban, ¿por qué no lo hacían? Se fue hacia Francis y lo abrazó. Después se miraron al rostro y se besaron un par de veces. Y dejaron de ser conscientes de lo que había a su alrededor.


Era curioso como una persona podía cambiar su manera de comportarse en tan poco tiempo. Francis había dejado atrás su etapa rebelde en la que salía cuando quería y no avisaba a nadie y había entrado en una "edad del pavo" diferente. Era raro el momento en el que no se le encontraba sonriendo como un estúpido mientras observaba, a lo lejos, a su novio español charlando con su madre. Ambos se encontraban en la cocina, al lado de la vitrocerámica que habían comprado la última vez que Francis estuvo en Reims. Antonio llevaba un delantal que había despertado en su novio francés el deseo de hacerle muchas cosas impuras aún estando su madre presente. Charlaban de cuáles eran los ingredientes idóneos para hacer una paella y los pasos a seguir. Actualmente debatían animadamente sobre el tiempo de reposo para el arroz. Ya le gustaría a él "reposar otras cosas". El de cabellos rubios les observó encantado. Entonces Antonio se percató de su presencia y le sonrió.

- Voy a preparar una paella que te vas a chupar los dedos. -dijo arremangándose el jersey rojo que llevaba, el cual antaño había sido de Francis.

El galo se acercó a él y con un brazo rodeó su cintura. Antonio, ajeno a los pensamientos sucios de su amante, le observó arqueando una ceja. Francis se inclinó y habló sobre su oreja en un susurro.

- Preferiría chupar otras cosas. Por ejemplo a ti... -Antonio de repente tenía cara de póquer. A él no se le olvidaba que Simone estaba allí- No me mires así~ Aunque fuese sobre esta mesa. Te dejaría sólo con ese delantal encima y...

Y Francis se llevó un codazo en el estómago. Antonio sonreía, tenso y avergonzado, y hacía ver que nada había ocurrido. Simone les observó cuando escuchó el golpe y a su hijo quejarse posteriormente. Suspiró resignada. Menuda cruz le había caído... Y no se refería a que a su hijo le hubiese tocado un sambenito, más bien al contrario. Acabó por sonreír mientras les veía interactuar.

Hacía mucho que no había visto a Francis de ese modo; feliz realmente. Por muchas conquistas de una noche que hubiese tenido, su hijo era muy cariñoso y eso de amar a alguien siempre había formado parte de sus puntos encantadores.

Comieron, en familia (a excepción del hermano), y Francis se lo pasó bastante bien escuchando los intentos de conversación entre su padre y Antonio. Lo que ocurrió más tarde, y que no le hizo gracia alguna, fue cuando su madre sacó álbumes de fotos y se los enseño al hispano.

- ¡Pareces una niña! -exclamó Antonio riendo a carcajadas- ¡Calla! ¡Que aquí sí llevas vestido!

- Era moda entonces. ¡MO-DA! -espetó avergonzado.

- Con su padre a veces nos apostábamos dinero a que si le decíamos a la gente que era una niña, nadie se daría cuenta. Casi siempre fue así.

- Lo que pasa es que me tenéis envidia porque yo era tan bello que no podías saber si era un hombre o mujer. Etéreo como un ángel.

- Luego, más tarde, te convertiste en un ángel caído. -comentó muerto de risa el hispano. Simone se unió a sus carcajadas.

- ... Desde luego... -dijo Francis encogiéndose de hombros y sonriendo con superioridad- Qué mala es la envidia~

Fue vilmente ignorado. Su madre le enseñaba un álbum y Antonio proclamaba lo adorable que estaba. El francés, con su pose de suficiencia, adquirió una sutil tonalidad roja en las mejillas. Es que no estaba acostumbrado a aquello. El español no era demasiado dado a ese tipo de hechos. Tampoco había que malinterpretarlo, que no fuera dado a decir que era mono o que quería achucharlo hasta que se pusiera azulado no quería decir que no halagase. Era, de hecho, algo que le salía con demasiada facilidad. Lo difícil era saber cuándo lo decía de verdad y cuando no. Francis solía quedarse satisfecho de cualquier manera. Le gustaba que lo halagaran fuese por cumplir o no. Suspiró pesadamente y se sentó en uno de los sillones. Se rendía, ellos eran más fuertes y él un pobre francés débil que se sentía inmensamente feliz al ver que su pareja se llevaba bien con sus padres.

Por aquella vez, se sentía más que satisfecho. Ya, en otra ocasión, le presentaría a Antonio a su hermano. Al principio del viaje había pensado en la idea de ir a verlo, aunque sabía que se arriesgaba a aquellas miradas de desprecio, a sus comentarios sarcásticos y a las críticas ácidas hacia el trabajo que desarrollaba en la empresa. Si su madre era un buen rival, su hermano era un peso pesado. Llámale otra cosa que no sea hermano o Jean Claude... Estabas predestinado a llevarte una buena hostia.

Entre pitos y flautas hacía ya casi dos semanas que estaban en Reims. Simone se había quejado de que Jean no había venido a verles. Antonio había intentado decir que le llamaran pero Francis se apresuró a cubrir con la mano su boca. Recibió un mordisco.

- No seas guarro. No me babees la mano.

- Mira quién habla... -dijo Antonio observándole inflexiblemente de reojo- ¿A qué ha venido eso?

- Ya conocerás a mi hermano en otra ocasión. La semana que viene iremos a París. Disfrutemos de estos tres días y no tentemos al diablo.


Al día siguiente dejó a Antonio durmiendo plácidamente sobre la cama. Estaba tan mono... Le daban ganas de... De... Uf... Estar sin tener relaciones por mucho tiempo le tenía como un perro en celo. Sin embargo, el español había sido muy claro: mientras estuvieran en casa de sus padres, no se lo iba a tirar. Oh, cruel Antonio con ese cuerpo de infarto que deseaba ver moverse por la inercia de su cuerpo golpeando contra él. La ducha matutina le ayudó a bajarse los ánimos. Un breve "saludo" de su mano y aquello se hacía menos difícil de soportar. Cuando bajó a desayunar se quedó mirando la escena con el rostro desencajado. Lo había invocado... Antonio lo había invocado al decir que le llamaran.

- ¿Es que has perdido la poca educación que te quedaba? -le preguntó con aquel típico tono de voz que forzaba para hacerlo sonar más grave.

- Hola, Jean. ¿Y cuándo dices que te vas?

- ¿Qué te pasa? ¿No dejarás que conozca a tu novio y le haga llorar un poquito? -dijo con sorna. Francis había fruncido el ceño.

El silencio inundó la sala. Sus padres no estaban y ellos eran los únicos que se encontraban allí y tan sólo se miraban. Cuando se escuchó de nuevo una voz en la cocina, Francis se sintió helado.

- Buenos días. - dijo Antonio curioso.

El hispano observó con intriga a la persona que estaba junto a Francis. Su cabello estaba un poco más corto que el de su novio, sus ojos eran azulados y llevaba unas gafas con montura de color negra. Su camisa era gris y ancha y cubría gran parte de un cinturón rojo. Sus pantalones eran blancos e impolutos y caían sobre unos zapatos negros de piel.

- ¿Así que tú eres el novio de Francis? Yo soy Jean, su hermano.

El español se apresuró, torpemente, a tomar la mano que le ofrecía mientras le decía su nombre. Su zapatilla resbaló con algo que había en el suelo, cayó hacia atrás y se llevó consigo al hermano el cual cayó encima de su cuerpo. Francis observó asombrado la situación. Aunque no fue el único, Antonio había notado algo, su pierna rozaba en la entrepierna del hermano que, curiosamente, no tenía pene alguno, ni testículos. Además, cuando sus torsos chocaron pudo notar dos pequeños montículos.

- Tú... -empezó el hispano.

Jean se sonrojó profusamente y le miró con tal enfado que le provocó un escalofrío.

- No te trago, español. Prepárate, porque vas a desear dejar a mi hermano.

Francis llamó a Jean para decirle que se detuviese pero, para entonces, él ya le había pegado un golpe a Antonio


Cuando volvió a apoyarle el trapo que cubría una bolsa de plástico con hielo, Antonio puso una mueca y se apartó por instinto. El francés le miró con reproche, aquella era la quinta vez que hacía algo por el estilo.

- O te estás quieto de verdad o juro por mi madre que te ataré la bolsa a la cabeza para que no puedas apartarte.

- Es que está muy fría y me duele... -se quejó Antonio.

- El objetivo es que esté fría y así evite que se inflame esa bonita mejilla tuya.

- ¿Me vas a explicar ya lo de tu "hermano"? Porque, claramente, no es tan "hermano" como me quisiste hacer pensar.

El francés suspiró pesadamente. Ya que Jean le había declarado la guerra, no había mal añadido en explicarle de qué iba el asunto y la magnitud de la fallida presentación.

- En realidad se llama Mónica. Mi madre se quedó embarazada de ella cuando yo tenía cinco años, en un viaje a Mónaco con mi padre. Cuando empezó la adolescencia tuvimos en casa la de Dios. Ella insistía en que se sentía como hombre y que la genética se había equivocado. Mis padres no podían estar más asombrados. Incluso se fue de casa una nochebuena y nos la pasamos buscándola por Reims. Entonces se cortó la larga melena que llevaba por aquella época (Y créeme cuando te digo que era larga. Casi le llegaba por el culo.) y de repente anunció que sólo respondería al nombre de Jean Claude. Me he llevado hostias por llamarla Mónica sin querer. Y ya has visto, tiene una fuerza endemoniada. Creo que ha estado yendo al gimnasio. Además, tiene la extraña afición de meterse con todos mis ligues masculinos y si ya son pareja...

- Vamos, que me ha tocado el premio gordo. -dijo Antonio exasperado.

- Shh... Vamos... -dijo Francis inclinándose y besando su cabello- Dos días y nos vamos a París. Con el enfado que tiene, seguro que no le veremos. Cuando venga a fastidiar, nosotros ya estaremos disfrutando de nuestro amor paseando por los Campos Elíseos. ¿No te anima eso?

El galo retiró el trapo de la mejilla. Antonio le miró para tratar de detectar cualquier expresión que le hiciera pensar que se le estaban saliendo las tripas. No entendió nada de lo que expresaba su rostro.

- ¿Y bien? ¿Voy a quedarme desfigurado para siempre y vas a abandonarme porque soy feo?

Francis soltó una risotada.

- Después soy yo el dramático...

- Lo eres.

- Estás bien, estás bien... Tienes la mejilla bastante roja pero sigues igual de atractivo que siempre~ -le dijo. Al final le guiñó un ojo y guardó los hielos en el congelador.


Estaba empezando a pensar que debería aprender a mantener la boca cerrada mientras aún estuviesen en Reims. No es que ya sirviese de algo, pero bueno. El horror había ocurrido. Aquella noche, Simone y Stéphane habían regresado de un día entretenido en la capital parisina. Sin anestesia le dijo a Francis:

- Mañana vamos a comer a casa de tu hermano.

Hasta aquí la frase era inofensiva y no le alteraba.

- Vosotros también venís.

Aquí su cara se había tornado un cúmulo de enfado, sorpresa y desagrado, digno de retratar por cualquier artista enamorado de los rostros que podían expresar más de dos emociones al mismo tiempo.

- ¿Por qué? -fue lo único que pudo pronunciar.

- Porque me ha dicho que quería comer en familia, que también quería poder hablar mejor con el novio de su hermano...

- No ha dicho "el novio de su hermano"...

- Primero dijo "el nuevo juguete sexual de mi hermano" y luego, cuando le regañé, lo cambió a: "ese que mi hermano se tira cuando le apetece"... Ahí ya no supe qué era peor así que le regañé de todos modos.

- No vamos a ir.

- Vamos, cariño, tu hermano quiere conocerle bien y comer en familia. ¿Por qué no le das una oportunidad? A mí me haría muy feliz también.

- No me hagas chantaje... Hoy estuvo aquí y cuando Antonio se percató de que era mujer le golpeó.

A partir de aquí empezó una discusión que acabó por alertar a Antonio, que se encontraba en el salón viendo el fútbol con Stéphane. Su mejilla aún estaba tenuemente rojiza, aunque parecía más un sonrojo que otra cosa.

- Antonio~ Llegas en el momento oportuno~ -dijo Simone yendo hacia él y agarrándose a su brazo. Francis miró a su madre disgustado.

- Oh, no te atrevas...

- ¿Qué pasa? -preguntó el hispano con una sonrisa, claramente confundido con la situación.

- Mañana Jean nos ha invitado a todos a comer, incluidos vosotros dos. Pero mi insensible hijo quiere negarle a su madre el deseo de vernos a todos juntos, como una gran familia.

- Mamá, ¡le pegó! No pienso darle la oportunidad de nuevo.

- Francis, está bien. Tuvimos un malentendido y me gustaría poder solucionarlo. Vamos a comer con ellos, por favor.

Eran las doce y media y estaban caminando hacia el apartamento de Jean. Aquella petición de Antonio había logrado que Francis también se molestara con él. El rubio caminaba por delante, al lado de su padre, charlando en voz baja y rápida con éste. El hispano iba unos cuantos pasos atrás, al lado de Simone. Con gesto algo preocupado observaba la espalda de su novio.

- Se le pasará pronto. Conmigo quizás esté enfadado más rato, pero seguro que a ti te perdona nada más llegar.

Aunque no lo dijo con palabras, ciertamente le perdonó. Cuando se plantaron delante de la puerta, Francis, silenciosamente, se colocó a su lado. Llamaron al timbre y, tras unos segundos, les abrieron. Jean, vestido con una camiseta ancha con la torre Eiffel y unos tejanos claros de pitillos, les examinó durante medio segundo y les fue saludando y haciéndoles pasar. Primero Simone, a la que besó en las mejillas con cariño. Luego Stéphane, al cual abrazó durante un breve segundo. A Francis le dio una palmada amistosa en la espalda. Entonces cerró la puerta y Antonio se quedó fuera con cara de tonto. Fingió una sonrisa y no había pasado un segundo cuando la puerta fue abierta de nuevo por Francis. Simone estaba sermoneando a Jean, el cual sonrió con suficiencia al español.

- Lo siento. Eres tan poquita cosa que no te había visto y pensé que te habías acobardado~

De manera imperceptible, Antonio apretó el puño. Aquello, sin embargo, no hizo más que empezar. Primero los sentó bien apartados. Tuvo que recibir pequeños y "accidentales" puntapiés que Jean, enfrente de él, le daba (¿pero qué iba a decir? 'Franciis, tu hermano me está dando patadaas...' Eso hubiese sonado patético y aún le hubiese dicho que él le había advertido). En un momento que fueron a la cocina, Francis se acercó a él y abrazó al español. Jean entró y, al notar su mirada, Francis se apartó. Lo sorprendente fue cuando Jean se acercó a Antonio y se abrazó de la misma manera en la que había estado antes Francis.

- ¿Se puede saber qué haces? -preguntó el mayor de los hermanos, sonriendo con un leve tic en el párpado derecho.

- Todo lo que le hagas, lo haré yo. Controla tus hormonas, hermanito.

- Haya paaaaz... -dijo Simone cuando entró en la cocina y se encontró aquel curioso panorama.

Francis tiró de Antonio, salvándole de entre los brazos de su hermano. Puso sus manos en los hombros y le preguntó si se encontraba bien. El hispano sonrió conciliador y le dijo que no era para tanto. Francis le dio un beso suave en los labios y entonces alguien tiró de Antonio y lo apartó de él. Lo siguiente que supo es que su novio estaba siendo besado por su hermano. Antes de que al español le diese tiempo de apartarlo, Francis se había movido y bruscamente empujó a Jean.

- Te dije que lo haría. A ver si escuchas mis palabras. -dijo Jean molesto.

- Acércate de nuevo a él y te juro que te dejo sin dientes.

Simone se apresuró a sujetar a Jean que, como no deseaba hacer daño a su madre, no opuso mucha resistencia. Antonio, aún deseando ser él quien golpeara al hermano de Francis, no quería provocar discordia así que se apremió a detener a su novio.

- Francis, ¡ya está bien! No te rebajes a su nivel. Si te peleas, me enfadaré contigo. Vamos, tú eres mejor que eso.

Aquello calmó los ánimos del galo. O esa impresión le dio. Pero, desde ese momento, no participó en nada de lo que se hablaba. El español había vivido momentos mejores. A mitad de la tarde, Francis se excusó al baño y le dejó a solas con su familia. Cuando pasaron cinco minutos, aún no había regresado. Se levantó y dijo que iría a buscarle y hablar con él. Su sorpresa fue encontrar el baño vacío. Anduvo por el pasillo, llamándole y entonces una puerta se abrió y una mano tiró de él a una pequeña habitación oscura que olía a polvo.

- ¡Francis, un día me matarás de un susto! Deja de hacer eso de arrastrarme a los sitios como si fueses un violador.

Silencio.

- Deja de comportarte como un crío y volvamos.

De repente recibió un beso agresivo e invasivo. Su cuerpo fue rodeado por sus brazos y apretado contra el de su compañero en la oscuridad.

- ¿Comportarme como un crío? Te ha besado. ¡Te ha besado...! No se lo tolero. Que pruebe tus labios sin sentir ni una pizca del amor que yo siento... No lo acepto.

Con delicadez y cariño, el español apartó las manos de su amante, le sujetó la izquierda y se dio la vuelta.

- Si intenta algo de nuevo, yo mismo le atizaré. Entiende que quiero que tu familia me acepte y eso incluye a tu hermano.

Empezaba a abrir la puerta cuando la otra mano de Francis se apoyó contra la madera y la cerró. El cuerpo del galo se pegó al del hispano y olió su cuello. Antonio se quedó estático.

- No salgas. No quiero verles ahora.

- Parece un armario para chaquetas. No es el sitio ideal para quedarse... -de repente se quedó tenso- ¡Oye! ¡No me metas-!

- Shhh. No chilles. -murmuró Francis sobre su cuello.

Con maña, las manos del galo se habían colado bajo su camisa y acariciaban el torso aplicando tan poca presión que le hacía hasta cosquillas. Trató de detenerlas con las propias pero fue inútil. Francis quería fastidiar a su hermano, hacerle ver que con él no funcionaban aquellos aires de grandeza. Pero lo que realmente deseaba era a Antonio. Ahora que lo tenía tan cerca que podía oler ese aroma característico suyo, ahora que sus manos podían tocar su cuerpo y escuchar incluso la más leve alteración de su respiración. Cuánto anhelaba escucharle jadear y temblar por influencia de sus caricias...

- Francis, n-no podemos...

- Sí que podemos... ¿Es que no habías echado de menos mis manos? ¿Mis besos? ¿No echas de menos sentirme dentro de ti?

- Claro que lo echaba de menos pero... -respondió después de un silencio.

- Entonces no digas nada más.

Sintió la cadera de Francis sobre su trasero y su miembro erecto a través de la ropa. Una mano descendió a su entrepierna y la otra le sujetó el mentón y le obligó a echar la cabeza hacia atrás para poder mordisquear su cuello. La respiración y aquellos jadeos ahogados le encendieron por completo. Los besos se volvieron más intensos y las caricias más frenéticas. Le subió el jersey por encima de los pezones y desabrochó el pantalón. Sintió un tirón en su miembro cuando escuchó la voz semi-extasiada de Antonio llamarle por su nombre. Mientras seguía acariciando su entrepierna, coló la otra mano por la parte de atrás y con su dedo presionó en su entrada y empezó a vencer la resistencia que sus músculos oponían.

- F-Francis... No... E-eso no...

- Shhh...

Y se esforzó por acallar sus jadeos y quejidos. Todo parecía ser más intenso debido a que estaban privados de la vista. Antonio siguió diciéndole que si su hermano, que si no... Pero el francés no iba a parar cuando tenía de ese modo al hispano, su adorable presa. Tiró del pantalón y el calzoncillo y dejó al descubierto ese glorioso trasero que no podía ver. Guió su miembro hacia él y empezó a abrirse paso hacia su interior. Se esforzó por que sus propios gemidos no fuesen fuertes. En cambio, Antonio tenía más dificultades. Escuchaba aquellos ruiditos, que casi parecía que estaba llorando y no eran más que gemidos ansiosos reprimidos. Oh, por Dios, cómo le excitaba. Cuando estuvo dentro, esperó a que se recuperara un poco. Eso, sin embargo, le permitió al hispano volver a decir que si no, que si sus padres, que si su hermano...

- Shhh... Escucha, Antonio... Estoy así de duro por ti... Y con lo que me ha costado por fin estar de nuevo dentro de tu cuerpo, ahora no me voy a ir sin disfrutarlo y hacerte disfrutar a ti en el proceso.

- P-pero...

- No hay peros. Sólo tú y yo.

Lo maldijo cuando le tapó la boca. Estúpido Francis. Él también quería eso, ¡pero no allí! La otra mano del galo le sujetaba la muñeca derecha y tiraba de él para penetrarlo repetidamente, cada vez con más fuerza. Francis sentía cada gemido sobre su mano. La ropa interior de Antonio presionaba a su miembro de una forma casi dolorosa. El galo estaba en su paraíso personal. Oh, ojalá pudiese ver su cara. De repente la puerta se abrió. La luz les cegó un instante, al siguiente vieron la cara del hermano de Francis. Les observaba con gesto desencajado. De repente su mirada se centró en el hispano, cargada de odio.

- Tú...

- ¿¡Yo! -replicó indignado apartando la mano de Francis de su boca para poder hablar- ¿Por qué yo? ¡¿Es que no ves cómo me tiene tu hermano?

- ¡Cállate!

Francis aún no había aportado nada a la conversación. Antonio necesitaba defenderse: ¿por qué era él el que tenía que recibir más odio cuando era el que tenía un pene metido en su recto? Simplemente no le parecía justo. ¿Es que no se había fijado en el detalle de la mano de Francis cubriendo su boca para que no se escuchara nada? Él no era el más culpable ahí. De repente, el mayor de los hermanos susurró al oído de su amante español pidiéndole que sujetara la puerta y la cerrara a su señal. Jean Claude seguía mirando asesinamente a Antonio.

- Ya. -murmuró Francis.

El de cabellos castaños agarró la puerta, tiró de ella y la cerró para asombro de Jean. En cosa de un segundo, Francis había cogido una escoba que había y la atravesó de modo que la puerta quedó bloqueada. Fuera, el hermano menor trató de abrir y, al ver que no podía, golpeó la madera.

- ¡Sal de ahí, Francis!

Antonio intentó apartarse. Aquello se había cargado definitivamente el ambiente. Pero esos no eran los planes del galo. Con cuidado, plantó su mano en la nuca del español y empujó su cabeza hasta que estuvo contra la puerta. La otra mano se apoyó contra su vientre.

- No, no, no... -susurró Francis sobre su oreja mientras los gritos de su hermano sonaban- No vamos a dejar esto a medias... No te pienso dejar ir, mon amour. No hoy.

- ¡Francis! Cuando salgas... -dijo amenazante Jean.

- ¿Y si no salgo? -inquirió con tono jovial- ¿Y si me quedo en este armario para siempre -con fuerza movió su cadera, provocando un gemido sobresaliente por parte del español- tirándome a Antonio una y otra vez?

- T-te voy a matar cuando salgamos. -dijo el español. Había una sonrisa en sus labios a pesar de que estaba enfadado.

- Cada vez es más tentador quedarnos dentro. Viviremos en tu armario, Jean. Y me tiraré a mi querido novio español todos los días hasta que se quede afónico de gritar mi nombre. -siguió moviéndose lentamente. Su propia voz sonaba jadeante- Quizás no te dejaremos dormir. No será mi culpa.

Jean golpeó la puerta y sus pasos, fuertes y decididos, se alejaron. Antonio suspiró pesadamente. No podría mirar a Jean a la cara de nuevo y, seguramente, tampoco a los padres de Francis, que se enterarían en cosa de segundos.

- Después de esto, ya no les voy a caer bien... -dijo el hispano con un tono de voz triste.

El galo buscó sus labios y los besó con mimo. Luego fueron sus mejillas. La mano que había estado sobre el vientre bajó hasta su entrepierna y la liberó de la presión de la ropa interior. Antonio gimió ahogadamente de alivio. La otra mano se aferró a su cintura para propiciar mejor vaivén.

- No te preocupes, Antonio... Eres una persona agradable. Mis padres te han conocido tal y como eres. No van a odiarte por esto... Es normal que nos deseemos de este modo. Yo te necesito tantísimo... ¿Tú también me deseas, Antonio?

- S-sí...

- ¿Quieres que te haga mío y sólo mío? Puedo hacer que te sientas muy bien...

- Hazlo... Hazme sentir bien.

Francis dibujó una sonrisa. Tomó con ambas manos su cintura y se adentró todo lo rápido que pudo. El ritmo fue ese a partir de entonces. Antonio, con las manos apoyadas contra la puerta, trataba de controlar sus gemidos. El galo se acercaba aún más a su cuerpo, tibio en la zona de la cintura, que era el único trozo en el que sus pieles chocaban. En ese momento pudo sentir los fuertes temblores que sacudían a Antonio, esos que ya conocía tan bien, los que eran la antesala del orgasmo. Posicionó su mano delante del miembro y recibió en ella el semen del hispano cuando éste alcanzó el clímax. En ese momento, el propio miembro del francés se encontraba tan rodeado por el interior del español que no pudo aguantar más de tres embestidas sin venirse.

- ... Lo has hecho dentro.

- Lo siento. -dijo Francis respirando agitado- No es que me haya dado tiempo a ponerme un condón esta vez. He actuado por impulso. Además, no te preocupes~ Eso acaba por salir solo~

Antonio sonrió molesto aunque Francis no pudo verlo en aquella oscuridad.

- Oh, claro. Ahora me quedo más tranquilo sabiendo que en cualquier momento expulsaré semen por el culo. Espero que sea en el transcurso de esta visita. Así será aún más reconfortante.

- No te enfades~ No es como si lo hubiésemos hecho alguna vez sin condón. Créeme... Ha sido como de otro mundo. -dijo meloso. Se acercó a su oído y lo besó

- ¿Puedes sacarla ya?

- ¿Con el tiempo que me ha costado meterla? Además tu interior está más caliente que antes. Me gusta saber que esta calidez es única y exclusivamente para mí.

- Me parece muy bien que creas estas cosas pero sal ya. Quiero ir al baño a asearme un poco y te recomiendo que tu no vuelvas al salón con mi semen en tu mano.

- Está bien... -dijo resignado.

Después de salir de dentro de él, Francis entreabrió la puerta, estiró el brazo y tomó la mano de Antonio. De repente ambos se quedaron con cara de póquer.

- Tenías que darme ESA mano... -dijo el español.

- No lo he pensado detenidamente. -replicó sonriendo con resignación.

Con la ropa medio desabrochada, se escabulleron por el pasillo hasta llegar al baño. Frente al espejo, se lavaron las manos y asearon un poco. Rieron cuando, con el precepto de abrocharle la ropa y adecentarlo, Francis trató de meterle mano y Antonio trataba de esquivarle.

Iban de camino al salón cuando el hispano se paró en seco. Sentía sus mejillas calientes por la vergüenza que lo embargaba. Francis le tomó de la mano y le sonrió con confianza, tratando de transmitírsela al español.

El ambiente estuvo bastante distendido hasta las cinco y media, hora en la que se habían excusado y se habían marchado. Los padres de Francis hacían ver que no sabían nada (o no lo sabía de verdad) y Jean estaba malhumorado. Antonio se resignó. No le caería bien al hermano y tenía que vivir con ello.


Este capítulo está dedicado a Kitshunette porque es awesome y se lo merece por aguantarme ;v; Tu est très mignonne, ma chèrie... ;v; *hugs*

honhonhonhonhon 8D Pooorn... Ok, ya. Comentar lo del herman de Francis. La verdad es que no sabía a quién poner de su hermano. Primero pensé en Canadá pero es que me parecía como tan típico... tan obvio... Tan poco sorprendente... Incluso pensé en Arthur pero me dije: ¡Mierda, ya lo has sacado! Y de repente pensé en Mónaco pero... uff.. Es que estaba leyendo el fic de mi querida Pyon y en él estaba Mónaco como su hermana y no quise hacerlo igual. Fue un: Ahh... Pero quiero que tenga un hermano... ¡Y de repente se me ocurrió travestir a Mónaco! XDDDD No sé si alguien ha escrito algo así antes pero, me daban ganas de cambiar y sorprender (o intentarlo al menos). Ya queda menos fic o3o... Esto es la página 188 de 259. Así que os podéis hacer una idea de aproximadamente cuánto fic queda xD.

Paso a comentar los reviews. Se nota que este capítulo volvía a acabar mal porque habéis empezado a dejar reviews ;_; ¿Qué pasa? ¿Si no hago drama no me dejáis comentario o cómo va la cosa? XDDDD Mala gente ;3;

Candy Darla, bueno, Antonio también es insistente cuando quiere xD Obviamente Francis se iba a ablandar. No era para estar mucho más rato enfadado en realidad. Ha tenido que pensar fríamente de nuevo. Bueno, es que me dio mucho arrebato de hacer estudio de campo y lo del hospital me salió cuadrado de rebote, la verdad xD. Me alegra que te hayan gustado los padres de Francis ouo

Ariadonechan, yey, reviews *llora emocionada* Bueno la parte de la madre y la cuna era para hacer un poco de risa si podía ser. No era para darle drama eso xDDD Se me coló. Jo... en serio voy a pillar trauma si decís que es tan dramón telenovelesco... OTL... Además, Francis ya le pidió perdón xDDDD Espero que te haya gustado el capítulo ouo

Kitshunette, omg don't cry ;A;! AWWWWWW... You know Simone Veil... omg I'm even happier ouo... I don't know xD I searched for a famous french guy and that Stéphane appeared so... meh xDDD I'm glad you loved this chapter. It got better ;3; They're not going to be mad at each other for long time! XDDD This chapter is only for you ouo

Hethetli, lol a lo de que Simone suena a Limón. Pobre mujer xDDD Bueno, es su madre. A ella la elegancia le importa un pimiento. Si se comporta como estúpido no va a callarse. Le robaron gente random xDDD Bueno, Francis no pudo estar mucho rato apartado de él tampoco. Le quiere, está claro. XD

Nightview, xDDD te tiene revolucionada. Pobre. XD Ahora ya se calmó y vuelve a ser el pervertido adorable de siempre XDDD... JOOO! Qué trauma con lo de culebroneees -se va a un rincón- Bueno, yo me pongo en el lugar de ambos, la verdad. Pobre Francis ha pasado mucho también. Me da pena. Y como está explicado, Francis estaba ya más enfadado consigo mismo que con Antonio en ese punto. Ah esos malditos asientos incómodos.. xDDD

Misao Kurosaki, omg xDDD no te mueras XDDDD La amenaza de Simone es efectiva :D Bueno, ambos han exagerado un poco. Son unos tontitos. Espero que te guste el capítulo y cumpla tus expectativas. Un saludo :D

SonneDark, lol... me abandonas xDDDD No sé, con este fic me pasé un montón XDDD Ya te digo que son 259 páginas. No sé por qué pero me enrollé como una persiana xD. Awwwn... me alegra que te guste el Francis que escribo. No quiero tampoco maltratar mucho su carácter y creo que es más de lo que la gente le escribe. Antonio lo pongo un poco más serio porque creo que no puede ser tan despreocupado. Y te digo que en los siguientes fics, por la situación, lo será más. Pero en el fondo distingo el Antonio de los AU al de los fics no AU. Seh, los dos tienen culpa xDDD Se solucionó pronto :D

Hikaru in Azkaban, lol... me abandonáis XDDDD está visto... xDDDD :D Yey... chute de Frain xDDDD. Francis se ha calentado un poco xDDD sobre todo lo que no tiene tanto perdón es que después de lo que pase le quiera echar, pero ya habéis visto lo que le ha durado. Ah, a mi me pasaba escribiendo que me quedaba... Gilberto español...todo esto es raro xD Aunque me acabé acostumbrando hacia el final.

Yuyies, parece que os han gustado los padres de Francis ouo Great. Podría haberla liado más pero le interesaba ir a París así que mejor se controlaba XDDD Sí, te has dado cuenta. Son como niños XDDD Claro que conseguirá que su novio le perdone. Si el novio estaba jodido porque quería perdonarlo ya xDDD

Tomato-no-musume, bueno, me alegra ser una distracción agradable óuo Awwwn.. es que le tengo demasiado cariñito a Pierre y lo voy sacando en todos los fics xD Soy una pesada de cuidado xDDD. Jajaja pareja de casados xDDD qué bueno xDDD. Puedes pegarles a los dos porque ambos se lo merecen XDDD

Y eso es todo por esta vez.

Nos vemos en el siguiente capítulo.

Miruru.