Mi odiado vecino

Capítulo 16

La estancia en París se había pasado como un suspiro. El último día que habían permanecido en Reims, Antonio había logrado recuperar su maleta. Se ganó miradas de reproche por más de la mitad de los policías y de Francis cuando se había abrazado al que le había entregado la maleta, dándole las gracias como si acabase de salvarle la vida. Después tuvo que pedirle perdón al galo ya que decía que no le quería y que prefería irse con tipos uniformados que no llegaban ni a un tercio de su belleza.

En París, aparte de visitar muchos monumentos, descubrió que Francis era una bestia sobrehumana sedienta de una única cosa: sexo. Había perdido la cuenta de las veces que lo habían hecho. Y no lo decía por exagerar, con el fin de dar a entender al interlocutor que eran muchísimas. No. Lo decía porque realmente había perdido la cuenta.

Lo fuerte es que no le importaba la hora. Luego al día siguiente estaba radiante y lleno de energía, mientras que Antonio cada día que pasaba se encontraba más cansado. Es que se tomaba tiempo para hacérselo... Claro que eso había logrado que a la mañana siguiente apenas le doliese el trasero. Igualmente, Francis se levantaba como si hubiese dormido doce horas seguidas y Antonio empezó a pensar que le estaba robando su energía vital.

El sitio más bizarro había sido en la calle, de noche, en unos arbustos cerca de la Torre Eiffel. Francis le había dicho: "¿No dijiste que querías verla iluminada~?" Aquella frase le sonó fatal. Aunque trató de decirle que hacía un frío de mil demonios para desabrocharse la ropa en la calle, a Francis no le importó.

Cuando quisieron darse cuenta, el tiempo del viaje se había acabado y tenían que volver a casa. Habían pasado tres semanas y al regresar les tocaría limpiar y adecentar la que sería su nueva casa, amplia y lista para que ambos vivieran su vida conjunta.

Tras abrir la puerta, la ilusión le duró al rubio medio segundo. Ese fue el tiempo que tardó en descubrir que todo estaba lleno de una capa espesa de polvo.

- ¡Vivimos en la mugre! ¡Seguro que si cavamos en la espesa capa de polvo, encontraremos fósiles!

- Deja de chillar o te mando de regreso con tu madre. Ahora no tengo piso al que huir de tus lloriqueos...

- No me dejes a solas con esta suciedad o me moriré. -le imploró al borde de las lágrimas.

Cuando se ponía dramático podía ser insoportable. Para que la dama con barba no llorara (porque empezó a lloriquear y Antonio temió el berrinche), el español, con la ventana abierta de par en par se puso manos a la obra y limpió la mitad de lo que anteriormente hubiese sido su piso y que ahora era una amplia habitación y un baño.

- Mientras limpio el salón, encárgate de montar la cama.

- ¡Claro! ¡Cuenta conmigo!

Diez minutos más tarde escuchó su voz llamarle.

- Antoniooo...

- ¿Qué...? -dijo sonriendo resignado al asomar por el marco de la puerta.

- No sé qué he hecho pero me sobran piezas. Temo haberla montado mal y que cuando te esté amando se rompa y nos ensartemos con los hierros del somier y muramos trágicamente...

- Joder. No digas esas cosas. A ver, ¿qué te sobra?

- Todo eso. -dijo señalando algunos tornillos y barras. Antonio observó perplejo las cosas.

- Vamos a morir. -sentenció observando la cama como si fuese un arma cargada que podía dispararse en cualquier momento.

- Te juro que he seguido todos los pasos lógicos.

- Pues está claro que algo no has hecho bien. Desmóntala y vuelve a montarla.

- Qué remedio...

Veinte minutos después, Francis volvía a llamarle. Cuando se asomó, el galo tenía cara de ser un hombre confundido.

- Ahora qué ocurre.

- Me faltan piezas... Ahora me faltan piezas. -se llevó las manos a la cabeza- ¡No entiendo qué tipo de magia es esta! ¡Mi hombría se está viendo severamente dañada con todo esto! ¡Me siento inútil como hombre!

- Para algo que te pido y mira la que estás liando... ¿Se puede saber qué se te da bien?

- Cocinar, las cosas de moda, limpiar cuando no está tremendamente sucio... ¡Ah, también sé zurcir calzoncillos y dejarlos como nuevos!

- Woah, realmente eres la esposa perfecta... -dijo Antonio con cara de póquer.

- ¡Oye! Yo... Yo... -pero no encontraba cómo defenderse- ¡Pues la esposa perfecta te folla cada noche!

- Ya se han oído casos de mujeres que violaban a sus esposos...

- Eres bien horrible... -dijo Francis ya sin saber qué decir. Se dirigió a un rincón.

- Anda~ Ven aquí, mujercita con barba. -dijo Antonio después de reír- Vamos a montarla entre los dos.

Francis le dirigió una mirada de "no te he perdonado aún", pero no pudo resistirse a esa expresión adorable y la sonrisa brillante del hispano. Suspiró pesadamente. Era débil y se odiaba por ello.

- Vamos a montar esa cama... Como no salga bien esta vez, la tiramos y compramos una nueva.

- Ya verás, esta vez la montaremos bien. Hacemos un buen equipo. -le dijo el hispano con decisión. Le guiñó un ojo.

- No sé yo... Somos buen equipo pero es una cama complicada... -dijo desganado. No le apetecía montarla por tercera vez.

- Si la logramos montar, podemos estrenarla... -dijo Antonio con rostro indiferente mientras veía el cabezal de la cama.

- ¡Vamos a ello! ¡Hasta que no esté montada no nos vamos de aquí!

Antonio suspiró inaudiblemente, con una sonrisa resignada curvando sus labios. Era bastante fácil lograr motivarle. Después del tiempo que llevaban juntos, se sabía ya unos cuantos trucos.


Debería haberlo visto venir. Las señales eran bien claras pero él las había malinterpretado todas. Al escuchar al español estornudar y moquear Francis había insistido repetidamente en que:

- Hay tanto polvo en este piso que has cogido alergia.

- No seas ridículo. -dijo Antonio, pañuelo en mano- Lo que pasa es que me estoy constipando por culpa de tu brillante idea de tenerme con el culo al aire en la fría noche invernal en París.

- La "Torre Eiffel" hizo diana en lo más profundo de ti... -dijo el francés con una horrible expresión en su rostro.

- Dime que no acabas de comparar tu minga con la Torre Eiffel...

Francis insistió hasta que, una mañana, Antonio, que había estado durmiendo pegado a su cuerpo, le zarandeó suavemente a eso de las cinco de la mañana. Por un momento el galo había pensado que el despertador no le había sonado y que llegaba tarde.

- ¿Q-qué ocurre? -preguntó con el corazón a mil por hora.

- Me encuentro muy mal. Creo que tengo fiebre. ¿Podrías traerme ibuprofeno?

- Ahora mismo.

Francis se levantó como si le hubiesen instalado un muelle bajo el cuerpo, el cual en ese preciso instante le había catapultado fuera de la cama. El hispano notó el rincón tibio que el rubio había dejado al levantarse y rápidamente se deslizó hasta ocupar su lugar. Rebuscó entre las cajas de cosas, aún por desempaquetar, hasta encontrarse las medicinas. También cogió el termómetro. Cuando regresó a la habitación, Antonio, entre las mantas, con las mejillas encendidas, la piel sudorosa y una mirada de corderito, le observó. Oh, qué degenerado era. El pobre estaba enfermo, con fiebre y Francis acababa de pensar que se veía bien apetecible. En su mente se recriminó.

- A ver, incorpórate para tomarte esto. He traído el termómetro también.

- ¿Y agua? -dijo sentado sobre la cama.

- ... Mierda. Aguanta. -dijo dándole lo que él llevaba en las manos y corriendo hacia la cocina.

Unos segundos más tarde, Francis volvía e intentaba pasarle también el vaso. Dado que Antonio tenía la caja de las pastillas en una mano y el termómetro en la otra (justo como el galo lo había dejado antes de irse a por el agua), aquello era muy difícil. El rubio refunfuñó al darse cuenta de la inviabilidad de la acción. Cogió con una mano las cosas que tenía, le pasó el vaso y dejó lo otro en la cama. Pegó un pequeño suspiro. Debía calmarse. Ya se lo había dicho en una ocasión: era malo cuidando a gente enferma. En realidad no era algo que ocurriese por no sentir ese instinto protector. Era malo cuidando a la gente porque se preocupaba demasiado. Eso le hacía perder la calma y hacía cosas que no debía, como dejar a su novio enfermo sentado en la cama con las manos ocupadas. Hubiese sido más sencillo dejarlo todo en una mesita de noche.

Antonio le miraba de aquella forma, como si estuviese desvalido y él por un momento se sentía su caballero de brillante armadura. Encendió el termómetro, le hizo levantar los brazos, lo metió por debajo de la ropa y se lo puso bajo la axila. El hispano bajó los brazos y le miró sin decir nada. Francis le puso la mano en la frente y le vio cerrar los ojos. Ughn, parecía uno de esos animalillos adorables y le aceleraba el corazón y todo. Deseaba estrujarlo y no dejar que nadie se le acercase nunca más. Lo haría el más feliz del mundo.

- Estás ardiendo.

- Por ti. -dijo Antonio.

- Buen intento para hacer la situación menos seria. Ya desearía que fuese por mí.

Sacó una pastilla y se la pasó. No hacía falta que esperara a que el termómetro se lo dijese: Antonio tenía fiebre, y bastante. Si se lo dejaba puesto era porque quería saber cuánta. El aparato pitó a los cinco minutos. El hispano metió la mano y, antes de que pudiera mirarlo, Francis ya se lo había quitado de las manos y le había echado un vistazo. Tenía 38 y medio de fiebre.

- Me parece que hoy te toca quedarte en la cama como un niño bueno.

- Pero me faltaba acabar de limpiar lo del salón... -dijo Antonio. Seguidamente tosió.

- No te preocupes, yo me ocuparé de ello. No soy un inútil con las cosas de limpieza. Aunque esté todo cubierto de porquería, me esforzaré y lo dejaré impecable, aún a riesgo de mi vida. -le dio un beso en la mejilla y le guiñó un ojo- Hasta ahí llega mi amor por ti.

Ahí se demostró que el hispano se sentía mal. En una situación normal en la que dijera eso, Antonio se hubiese echado a reír fuerte ante tamaña exageración. Sin embargo, lo único que hizo fue afirmar, acercarse a él y apoyarse en su hombro, como gato herido que busca mimos. Otra vez se le aceleró el corazón. Era tan adorable y le daba tanta penita...

- Venga, acuéstate. -hizo un gesto y lo guió hasta tumbarlo sobre la cama. Lo tapó y le dio un beso en la frente- Dormiré un rato más contigo, ¿vale?

- No te vayas ahora... -dijo el hispano pegándose a él y agarrando con las manos la camisa del pijama de su novio.

- Claro que no. Me quedaré hasta que se haga de día. Aún quedan horas. Y, si me lo pides, me quedaré incluso más tiempo.

- Gracias. -dijo Antonio somnoliento.

Rodeó con una mano el cuerpo del español, que se encontraba sumido en un sueño febril, y cerró los ojos. Durmió a trompicones. A las nueve, con el brazo izquierdo dormido bajo el peso de Antonio, Francis decidió que era buena hora para levantarse. Antes, acercó los labios a la frente del hispano. Aunque tenía fiebre, no era tanta como la de hacía unas horas. Con delicadeza, deslizó el brazo y se escapó de la cama. Se puso una camiseta y pantalón que pilló tanteando los cajones a oscuras, como si fuese un ladrón. Cuando se miró en el espejo del baño, se quedó con cara de póquer al ver que se había puesto una camiseta con promoción de naranjas. Una de esas horribles camisetas promocionales que Antonio se negaba a tirar por mucho que le había dicho que eran un atentado contra la moda. A su novio se la sudaba la moda. Es más, después de haberle dicho eso, se tiró toda una semana llevándolas día sí y día también dentro de casa. Francis había intentado establecer su victoria diciéndole: "Como te las pongas, no me acercaré a tocarte".

Pensó que era el mejor plan que se le hubiese ocurrido, pero estaba equivocado. Antonio no dijo nada y le dio la falsa seguridad de que le haría caso. De repente empezó a usar las dichosas camisetas hasta en la cama. El único momento en el que no las llevaba era cuando iba a trabajar y se la quitaba en el último instante. Como todo un hombre, Francis decidió mantener su promesa. En el baño le pillaría desnudo y ahí sí que podría tocarle. Se le cayó la mandíbula inferior cuando se lo encontró bañándose con una horrible camiseta de color blanco de una floristería. Antonio le observó con una sonrisa fría y triunfadora, casi digna del mismísimo Hernán Cortés, conquistando Las Américas.

- ¿Qué pasa? ¿Quieres algo? -le dijo con un tono suave y victorioso.

Negó con la cabeza. Aunque sus ojos no miraron su cara, estaban concentrados en esa camiseta blanca, empapada, que dejaba entrever la piel pero que, aún así, la ocultaba. Tampoco dejaba a la vista la entrepierna aunque sí se deducía su forma. El galo se estremeció hasta la punta de cada fibra de cabello. La frase que dijo, la cual Antonio, de vez en cuando, aún se encargaba de recordarle era: "Vale, lo admito, puedes estar igualmente sexy con una camiseta promocional. ¿Puedo meterme contigo en la ducha y hacerte mío ahí mismo?" Para su sorpresa, Antonio dijo que sí. El resto era otro delicioso encuentro sexual apasionado. Gratificante era sentir que él lo había echado de menos de igual modo.

Después de aquello, Francis no se había quejado más de las camisetas, aunque siguiesen sin gustarle. Gradualmente, el hispano volvió a su uso habitual, de vez en cuando, en casa. Y ahora ahí estaba él, con ese atentado puesto sobre el torso. Una camiseta naranja... Bueno, tampoco iba a salir y Antonio no diría nada porque estaba frito. Se lavó la cara, se peinó y, por culpa de ese mechón de pelo maldito que se resistía a peinarse, decidió sacar la plancha y pasársela para bajarlo. Una vez estaba perfectamente peinado, el francés fue a la cocina dispuesto a preparar el desayuno para él y el hispano. Se quedó helado, como si hubiese visto un fantasma. Antonio estaba por ahí, en pijama, peleándose por encontrar pan de molde dentro de un armario.

- ¿Se puede saber qué haces tú levantado?

- Preparar el desayuno. -respondió tras toser un poco.

- Claro, qué buena idea. Te recuerdo que tienes la gripe y que si haces tonterías volverá a subirte la fiebre. ¿Es eso lo que quieres?

- Pero si no estoy tan enfermo... -se quejó el español.

- Y yo no soy tan francés, no te digo. Ve a la cama. -se fue hacia él y le puso la mano en la frente- ¿Lo ves? Ya has estado haciendo tonterías y vuelves a tener.

- No estoy tan mal~ -lloriqueó- Sólo he ido a poner la lavadora y ahora iba a hacer el desayuno. Estoy bien. Puedo hacer cosas.

Francis se quedó a cuadros. ¿Cuánto tiempo había pasado en ese baño? Porque, con la torpeza de Antonio en ese mismo instante, era increíble que le hubiese dado tiempo a hacer todo eso. Se fue hasta él y sujetó con suavidad sus manos para que dejara lo que estaba haciendo.

- A la cama. Ahora.

- Eres un pesado. No quiero ir. Estoy bien.

- Y yo nací en Tunisia.

Dicho esto, lo cogió en volandas. Antonio se apresuró a llevar los brazos alrededor del cuello del rubio, para sujetarse bien. Una vez se sintió estable, bajó una de ellas al torso y se agarró de la camiseta.

- Francia eres tan pesado que te mandaré a Francis de una patada.

El galo se quedó sin expresión alguna en su cara. Su ceja se fue frunciendo y una cómica expresión confundida se instaló.

- "¿Acaba de llamarme Francia?" ¿Te das cuenta que me acabas de decir que me vas a enviar a Francis? ¿Y que me has llamado Francia?

El hispano le miró anonadado un par de segundos. Cuando por fin descubrió que era cierto, escondió su cara contra la tela y se agarró a esta con fuerza.

- No me gusta estar enfermo... Lo odio... Lo odio muchísimo... -dijo medio lloriqueando- E-estoy bien. A partir de ahora el país será Francis y tú serás Francia.

- No creo que el Parlamento apruebe esa idea, cielo. -dijo besando su cabello con mimo y después empezó a caminar hacia la habitación.

Con cuidado le dejó sobre el colchón y le vio quedarse hecho un ovillo sobre él. Ay su pobre español... Cuánto le dolía verlo así. Se cambiaría por él sin pensarlo. Lo tapó con la manta y acarició los cabellos de color chocolate.

- ¿Estarás bien si me voy un rato?

Antonio hizo un murmuro afirmativo como toda respuesta. Pasó media hora preparando lo que comerían cuando se dio cuenta de algo. ¡Le dijo que volvería enseguida y se le había ido el santo al cielo! ¡Si él no mentía cuando decía que era pésimo cuidando a gente! Corrió hasta la habitación y escuchó a Antonio murmurando flojito puras incoherencias.

Francis le quitó la colcha de encima, porque se la había subido hasta la cabeza. Antonio le miró, deslumbrado, con los ojos llorosos, la piel brillante y las mejillas encendidas.

- T-tengo calor, Francis...

El cerebro del francés se quedó totalmente inoperativo por unos segundos. Sacudió de su mente aquellos pensamientos fuera de tono. Le puso la mano en la frente y ardía más intensamente que antes. Cinco minutos después se encontraba con casi 40 en el termómetro. Le dio el pánico.

- Voy a llamar a una ambulancia. ¡No te mueras durante los próximos diez minutos! ¡Ni durante los siguientes 200 años!

- ¿Tú cuántos años piensas vivir? -preguntó Antonio desconcertado. Ya no sabía si es que la cabeza se le iba por la fiebre- No llames a ningún sitio. Necesito un baño con agua fría. Eso me ayudará.

- Deberíamos preguntar a un doctor.

- Soy un doctor. ¿Hola? A la ducha...

El momento de serenidad de Antonio se esfumó cuando se mareó al levantarse. Entonces dio la impresión de que cambiaban de roles. El galo se volvió la voz de la calma, con comentarios tranquilizadores, y Antonio se iba quejando y lloriqueando, odiando lo mal que se encontraba. El dilema no se terminó aquí. Aunque era él el que lo había dicho, cuando notó lo fría que estaba el agua, empezó a decir que ahí no se metía ni muerto de vino.

- Métete conmigo. -dijo mirándole como animalillo abandonado. Francis suspiró pesadamente.

- Tú quieres que acabe por pillar la gripe también, ¿verdad?

Dejó abierto el agua, buscando que estuviera fría pero tampoco helada, lo suficiente para que le bajara la temperatura a Antonio y que a él no se le congelara los huevos. Se metieron ambos, con la ropa puesta. El español le abrazó con fuerza. No pensaba dejarle escapar, no señor... Ambos jadearon sorpresivamente cuando el agua empezó a caerles por encima. Antonio se aferró con tanta fuerza a él que pensaba que se caerían. Pero sacó fuerzas de flaqueza y se mantuvo en pie. Maldita sea que fría estaba el agua.

- Si me constipo, vas a cuidar de mí y a tratarme como un rey. -dijo Francis tiritando mientras cogía una toalla y les rodeaba a ambos.

- Lo haré. G-gracias por estar conmigo.

- Qué tontorrón eres cuando quieres... No me las tienes que dar. Te lo he dicho otras veces: no lograrás apartarme de ti tan fácilmente.

Siguió secándole mientras fantaseaba cómo sería estar enfermo y que el español le cuidase. Aunque esperó y esperó durante las siguientes semanas, Francis no enfermó.


Después de dos largos meses, finalmente, el nuevo piso reformado estaba ya limpio y decorado. Algunos muebles los habían vendido, otros tirado y también habían comprado nuevos que habían elegido entre ambos. Lo primero que hicieron fue descolgar el teléfono y marcar el número de Gilberto. Tras mucho insistir, lograron que viniese un viernes por la tarde. Observaba la casa intentando ocultar su fascinación. Comparado con el pisito que era antes, que tampoco estaba nada mal, este de ahora era casi una mansión. La sala de estar era amplia a más no poder, contaba con dos sofás, de tres y dos plazas, puestos delante de un televisor de pantalla plana que había visto en casa de Francis un día, que reposaba sobre un mueble bajo, del mismo color que los sillones. Todo esto quedaba cerca de la ventana y al lado de una lámpara de pie que había sido de Antonio. Una mesa de madera oscura rodeada de cuatro sillas ocupaba el espacio a la derecha. Algunos cuadros adornaban las paredes, pintadas de nuevo tras las obras. La puerta de la derecha llevaba a una modesta cocina absolutamente nueva. No había mesa alguna dentro y Francis explicó que comían en la de madera oscura. La otra puerta llevaba a la habitación, un rincón que había estado claramente decorado por el galo. Una impoluta estancia de tonos negros, blancos y beiges. A la derecha de la puerta, en el rincón, tenían el lugar donde dejar la ropa. A la izquierda una papelera negra cuyo contenido no quiso mirar ni de refilón. La cama quedaba enfrente. La colcha era blanca, lisa y tenía encima cuatro cojines: dos blancos grandes y dos más pequeños sobre éstos, de color negro. Cruzado sobre la cama había un trozo de tela negra.

- Me tiene frito. Cada vez que hago la cama paso de ponerla. Y siempre me llevo la bronca del experto en moda. Es un plomo. -le había explicado Antonio.

Ignoraron ambos las quejas de Francis, que se elevaron en la habitación mientras gesticulaba de forma dramática. Por Dios, era una estúpida tela. Había una cómoda a la izquierda de la cama y un butacón que, por como lo había mencionado el galo, supo que ya había sido mancillado. A saber qué no lo había sido. Por si acaso mejor no apoyarse contra nada.

En la estancia había otra puerta que daba al baño. Una bañera triangular no demasiado grande, un váter y un mueblecito con espejo donde lavarse las manos.

Tras el tour por la casa, Francis fue a preparar café y Antonio y Gilberto se sentaron alrededor de la mesa del comedor, charlando sobre lo que había costado la obra. El galo regresó justo cuando el de cabellos casi plateados silbaba asombrado por la cifra.

- Sí. Somos mucho más pobres que antes. Estoy pensando en empezar a vender mi cuerpo.

- Y yo el mío. -dijo Antonio por seguir la broma.

- No, el tuyo no. -replicó Francis con el ceño fruncido y aire molesto.

- Ya lo hemos hablado otras veces. Si de verdad estuviéramos mal de dinero, sería una tontería que no lo hiciera.

- No, no lo es. No quiero que te toque otro tipo que no sea yo. Estoy dispuesto a vivir en la pobreza y tener que dormir en invierno acurrucado por no tener calefacción.

- Yo podría decir lo mismo de ti. -dijo Antonio indignado- ¿Por qué a mí no me puede tocar nadie que no sea tú y en cambio tú sí que puedes prostituirte?

- Oídme... Tenéis que buscar nuevas aficiones de las que podáis hablar. Estáis teniendo unas conversaciones muy surrealistas que dan grima.

- Aw~ Tú siempre tan inocente y tierno, Gil~ -dijo Antonio mirándole con una sonrisita.

- ¡Déjame en paz! -exclamó sonrojándose. Entonces se fijó en que ambos le miraban sonriendo maliciosamente- Sois ambos odiosos. No sé ni por qué he venido. Estoy enfadado contigo, Antonio.

El español fingió bastante bien una miradita conmocionada y se echó a los brazos de Francis como si estuviese llorando.

- No seas cruel con mi lindo Antonio~ -dijo el galo imitando el reproche. Movió la mano, sujetó el mentón de su novio y le hizo mirarle- Cariño, no llores. Yo siempre estaré contigo y te trataré con mimo~ -acarició su mejilla- Oh, cielo. Deja de llorar~ Gilberto es tan malo~ -habló suave y con un deje seductor- Yo también puedo ser malo~

- ¡Dejadlo yaaa! -gritó horrorizado Gil- ¡Os odio un montón cuando os ponéis así!

Antonio y Francis estallaron en una carcajada. ¡Y siempre caía ante algo similar! El francés prosiguió riendo mientras su novio trataba de calmar los ánimos de su amigo.

- Te lo digo en serio, Antonio. Por tu culpa estoy en serios problemas.

Ahora el otro par le miraba curioso. Gilberto, aprovechando el momento de atención, posó de manera interesante.

- Sí... Tú has hecho que presente a mi archienemigo. Rodrigo estuvo muy pesado tras enterarse de que ibas a vivir con el gabacho. Yo, que soy un pozo infinito de sabiduría y comprensión, le seguía el rollo y hablaba con él para tratar de que no se cortara las venas. Siempre he pensado que tenía algo de suicida y que un día: ¡pum! ¡A la mierda el marica de Rod! Total, un día le dije que tenía que ir a tocar y el tío me dijo que dónde tocaba, que vendría a verme.

- ¿Rodrigo? -dijo Antonio sorprendido- Pero si ese no pasa de la música clásica. Y tu música es infumable.

- Coincido. Y mira que muchos dirían del house lo mismo. Pero no, tu música es peor. No hay Dios que la soporte. Es como si cogiesen a un gato y le pasaran un palo de madera por encima pensando que es un violín.

- ... Os odio. Podríais al menos mostrar un poquito de compasión.

- Somos tus amigos, no tu madre. A ver si esperas que siempre te digamos que lo haces todo perfecto y que te queremos.

- Gil... -dijo Antonio serio tomando las manos del otro hispano- Te quiero.

- ¡Deja de hacer eso! ¡Me das grima! -exclamó apartando las manos rápidamente.

- ¡Antonio! -se apresuró Francis, imitando lo que su pareja había hecho, pero con él- Te quiero.

- Yo también. -dijo sonriendo cálidamente. Se le fundieron las neuronas al galo. Eso se notó por ese gesto de pervertido que puso.

- Dieu, taan mono eres~ -dijo lanzándose hacia él.

- Bueno, puedes seguir. -dijo Antonio echando la cabeza hacia atrás y parando con una mano la del francés, que trataba de besuquearle.

- ¿Quieres que te quite de encima a esa sanguijuela enorme con barba que tienes encima intentando pegarse a ti?

- No te preocupes. No me molesta. Si lo ignoramos se cansará. De hecho está tan concentrado que ni nos escucha.

- Pues no sé como puede no molestar.

- Vivo casi las 24 horas de día con él. Si no me acostumbrara a esto, no podría vivir. Ya puedo fregar, cocinar y casi barrer con éste colgado como si fuese un mono.

- Te juro que una patada sería más efectiva. -dijo Gil viendo que Francis ignoraba todo lo que habían dicho y seguía en su inútil intento de besarle.

- No... Después llora y es peor. Sigue con tu historia, anda. Quiero saber por qué estás enfadado conmigo.

- Pues le di la dirección del local donde tocábamos pensando que no vendría ya que mi música es demasiado selecta para sus oídos. Pues vino.

Francis, se echó hacia atrás, apoyó una mano contra la del español que trataba de pararle, entrelazó sus dedos y la apartó. Por fin encontró vía libre para su cuello. Antonio se encogió y rió un poco al notar las cosquillas que le producía su barba contra su cuello. Gilberto estuvo apunto de parar pero su amigo le hizo gesto para que siguiera, así que le hizo caso.

- Estuvo ahí sentado, mirando serio toda la actuación. ¡A ratos me hizo sentirme hasta incómodo! El caso es que cuando terminó se presentó delante de mí y me felicitó. Pero eso no es nada. Luego, Elísabet me preguntó que quién era y le dije su nombre. ¡Pues se ha enamorado de él y no deja de hablar de lo señor que es, lo atractivo y el saber estar que tiene!

- Y él está enamorado de ti. -dijo Francis con los labios a escasos milímetros de la piel rojiza y húmeda del cuello de Antonio. La cara de Gil fue parecida a la del cuadro de Munch. Era un claro reflejo de "El grito".

- No lo está.

- Ya lo creo que sí. -dijeron al unísono Francis y Antonio.

- Lo está, ¿verdad? -dijo a disgusto Gilberto. Los otros dos asintieron. Él suspiró- Si es que no puedo ser tan increíble... Yo, en mi intento de ser amable, le he hecho pensar lo que no eres.

- Pues a ver qué haces. Porque él está enamorado de ti. Tú de ella y ella de él. Estás jodido.


Ya aviso, no va a haber una explicación detallada de ese triángulo amoroso. Sólo era algo que quería explicar por encima y ya está. Más que nada porque no quiero imaginarme lo que se podría haber extendido el fic si llego a profundizar en el tema. Me dio la sensación de que el fic podía irse mucho por las ramas si lo hacía y, básicamente, ya me estaba yendo bastante por las ramas. Creo que no sé qué más contar del capítulo.

Paso a contestar reviews (que han disminuido otra vez, lol xDU)

Nanda18, jajaja pues no xDDD No dejaste review. Bueno pues si te alegra el drama, espero que un poco de humor tampoco moleste. Me alegra que te guste. Un saludo :D

Ariadonechan, fue muy diferente porque, en general, suelo hacer capítulos diferentes XD Hay "humor", drama, tensión... Dios, no te imagines a Francis así... Pobrecito D: Pierre quedó por el trabajo. Sintiéndolo mucho, Pierre no tiene mucho papel más en este fic. En el siguiente sí que sale más, la verdad. París me lo salté XD Es que no quería tampoco alargarme. No quería volver a hacer un viaje, ya lo hice así que meh... xDDD Tranquila que no te enrollas, a mi me encantan los review con chicha ouo. Jojojo... sólo yo sé cómo termina 8D

Nightview, awwwwn... al borde de la lágrima... qué mona ;w; *abracito * Jajajaja... ¡Bien! ¡Estupendo! Me encanta que no te lo hubieses esperado. La escena del armario... honhonhonhon 8DDD Soy una pervertida, lo sé. No me arrepiento de nada XD

Candy Darla, los padres tienen descaro, así ha salido el hijo, la verdad. XD Jo, perdón por casi derretir el pc escribiendo lo del armario. Mis dedos se fueron solos. Mea culpa XD

Kitshunette, you don't have to thank me ;v; Ooh... So I chose the right name for Francis' mother. I'm happy ouo. Hohoho Monaco 8D The mother wasn't listening to Francis talk about having sex with Antonio xDDD Gives you feelings? Feelings on what? About what? Owo Tell me! XD

Tanis Barca, jojojo. Adoro que os haya sorprendido lo de mónaco xDDD Jopé! Me he perdido tu cara XDDD Ahora me he quedado con la intriga. ¡Claro que se han reconciliado~! ¿Qué clase de persona sería si no lo hicieran? Jean... su problema es que se le está pasando el arroz *?* xDDDD Un abrazote ouo

Misao Kurosaki, ¡omg confeti! XDDD owo ... No te pegues tanto a la pantalla, no quiero que tengas que llevar gafas (o más dioptrías) por mí D: Claro que sí... No voy a hacer que se peleen y se divorcien (¿) jojojo Lo de Mónaco... 8D Me siento contenta de haberos sorprendido, demasiado xDDD Estoy happy de alegrarte un poco los lunes ouo. No te preocupes, terminaré pero empezará otro fiiic ouo y luego otrooo xDDDD En serio o_o Tengo 2 escritos XDDD Estoy viciada a los AU XDDD Así que cuando este acabe empezará otro fic XD Aunque confieso que me dio cosita terminarlo. Cuando se hacen tan largos se pilla apego a los personajes.

Hikaru in Azkaban, cada vez que me decís lo de Mónaco, me hincho como pavo real 8D Yeaaah! Aparecerán alguno más pero no muchos, la verdad. Francis es un pervertido pero pensaba que eso ya lo teníais asumido owo... Y si no quieres que Jean te pegue, llámale hermano o.o xDDD

Tomato-no-musume, jojojo mi imaginación es muy traicionera XDDD A veces se rebota y hace cosas impredecibles XDDD Ay, sublime. Aún me sonrojaré X/D Omg derrame cerebral por lemon o_o ¡Os estoy destruyendo ;A;! ¡Lo siento muchísimo! XDDDD Bueno, en pocos capítulos pueden pasar muchas cosas ù.ú Ya veréis ouo No hago adelantos XD

Yuyies, la verdad es que a mí me duele bastante verlos peleados. Estoy totalmente ghei con estos dos u-u' Pero bueno, no me importa. Lo tengo asumido. Estoy terminal XDDDD Con una amiga, cuando fui escribiendo (ella es mi beta argumental) lo hablamos y Mónaco le tiene rabia sobre todo a los novios porque, con lo fácil que sería para Francis conseguir una novia, no la consigue, pero él/ella, que le gustaría tener novia, no lo puede porque claro es una chica en realidad xD Así que se pica XD Por eso se molesta tantísimo. Y bueno ya desarrolla odio personal hacia Antonio así que ya luego es irracional. Francis no pensó ni recordó el semen de la mano .Simplemente tomó la mano de su amorcín xD

Y eso es todo por esta vez.

Nos vemos en el siguiente capítulo~