Mi odiado vecino
Capítulo 17
Francis estaba en casa, preparando la cena, cuando recibió una llamada de su novio. El mensaje había sido extraño y le tenía intrigado.
- Tengo llaves pero llamaré cuando llegue a casa. Atento al timbre.
Cuando sonó eran las nueve de la noche. Llevaba un cucharón en la mano que no se molestó en soltar. Con un delantal con una rosa dibujada a la altura de sus partes nobles, Francis fue a abrir la puerta.
- Buenas noches, cie-
El galo se quedó atónito y se le cayó al suelo el cucharón cuando vio que Antonio, en el rellano, estaba vestido al completo como lo hacía en el hospital.
- ¿Había llamado usted a un médico? -le guiñó el ojo.
Casi le da otro soponcio a Francis. Como decían los españoles: Ay omá qué rico. El francés se había quedado como si le hubiesen dado al botón de pausa. A los dos minutos, Antonio ya estaba impaciente por entrar. Como alguien le viese, a saber qué tendría inventarse.
- ¿Me vas a tener en la calle toda la noche? -preguntó arqueando una ceja.
Fue como si todo un sistema de poleas y cuerdas, perfectamente temporizado para ese momento, hubiese tirado de Francis hacia el lado izquierdo. Sin embargo, no fue capaz de articular un solo vocablo. Con aire señorial, Antonio caminó hacia el interior de la casa, entornó el rostro y vio al rubio cerrando la puerta atropelladamente. Entonces se giró y pudo leer en su cara un gesto de depredador.
- ¿Has venido así todo el camino hasta casa?
- Qué va. -dijo negando con la cabeza- Me he cambiado en el ascensor. ¿Te gusta?
- Hablando de manera ordinaria y nada romántica: Estás buenísimo y me pones un montón.
- ¡Vaya! -dijo el hispano tras reír- ¡Me alegro!
Francis no decía nada más. Lo repasaba con la mirada, una que denotaba que no estaba pensando nada bueno. Se fijó entonces en que el cucharón seguía en el suelo. Arqueó una ceja.
- ¿No vas a recoger eso?
- Da igual, ya compraremos otro.
- ¿Cómo que comprar otro? No estamos como para desperdiciar el dinero. Sólo se te ha caído, no ha sido utilizado por nadie para recoger mierda de perro.
Pero Francis otra vez no contestaba. Juraba que no quería saber qué era todo lo que pasaba por su mente. Dado su estado actual seguro que era algo bien sucio. Se agachó a recoger el utensilio de cocina y escuchó una exclamación ahogada de sorpresa por parte del francés. Se incorporó y le miró interrogante. Se había llevado las dos manos delante de la boca y le observaba como si estuviese en presencia de la mejor maravilla del mundo.
- Eres un exagerado. En serio.
De repente lo tenía pegado a él, sus manos rodeando su cintura por dentro de la bata y su rostro a escasos centímetros.
- Por favor dime que me dejarás meterte mano con esto puesto...
- Lo he traído por ti, porque una vez me lo pediste y me apetecía darte la sorpresa.
- Ya. Y no sabes cuánto te lo agradezco. Pero dime, ¿podemos hacer ver que esto es la consulta del médico y que vengo a examinarme pero acabo examinando yo al médico porque está muy bueno y no soy de piedra?
- Suena a película porno.
- Puede que alguna vez viese alguna por el estilo. Sólo que tú estás mucho mejor que ese actor.
- Calla~ Aún me harás sonrojar~ -dijo el español sonriendo tontamente.
- Eso pretendo, español mío~ -replicó el galo aún más cerca, con sus labios casi rozando los del hispano- ¿Qué me dices?
- Bueno, vale. -dijo tras pensarlo unos segundos.
Dio la impresión que Francis iba a besarle apasionadamente pero se apartó y le dejó con las ganas. Observó como, apresuradamente, cogía los primeros papeles que pillaba y los dejaba sobre la mesa, desparramados, como si fuesen los informes del doctor.
- La calle será la habitación, ¿vale?
- Vale. Pero no comentes todo o no me va a salir esto de interpretar que esto es mi consulta o que no te conozco.
- De acuerdo. -guiñó un ojo y se metió en la habitación.
Antonio suspiró tratando de centrarse. ¡Ya, claro! ¡Como si fuese posible! Ya sabía de antemano el final de ese "teatrillo". El golpe de los nudillos contra la puerta de la habitación le sacó de su ensoñación.
- Adelante~
Hizo su aparición Francis. Antonio tuvo que aguantarse la risa cuando vio que el rubio, al verle, hacía un gesto sorprendido, como si no hubiese esperado que fuera tan guapo. Es que era un teatrero. Se le daba bastante bien todo aquello.
- Bienvenido. Siéntese, por favor. -señaló una silla y él tomó asiento justo en la que quedaba enfrente- Bueno, ¿qué le ocurre, señor?
- Verá... Últimamente he sentido cosas muy raras a ratos. De repente, como ahora mismo, siento calor por todo el cuerpo, toda la sangre parece concentrarse en un punto, me siento como mareado.
- Por favor, siéntese en la camilla. -se levantó y señaló la mesa tras apartar parte de los papeles, sin preocuparse de dónde caían.
Antonio se acercó a él, y tras pedirle permiso educadamente, desabrochó un par de botones de la camisa. Posó el estetoscopio sobre la piel. Francis se estremeció.
- Está frío. -Antonio le chistó así que obedeció. Después de unos segundos en silencio, volvió a hablar- ¿Y bien?
- El ritmo cardíaco está un poco acelerado, pero no es nada de lo que deba alarmarse.
- Creo que el problema está más abajo. ¿Podría echarle un vistazo?
- Claro, es mi trabajo. ¿Puede descubrirse la zona?
Francis sonrió con picardía. Desabrochó su pantalón y bajó la ropa interior hasta que dejó al descubierto el miembro erecto. El hispano se agachó y tocó con la mano, suavemente. El rubio jadeó un poco.
- Está bastante caliente... -dijo el español fingiendo que eso era relevante.
Francis se estremeció cuando sintió el frío estetoscopio encima de su miembro pulsante. Y eso fue lo que Antonio escuchó, la sangre corriendo con fuerza por su pene, manteniéndolo firme. El hispano finalmente se incorporó.
- Le recomiendo reposo, usar su mano, todas esas cosas. Le recetaré un relajante muscular.
Francis suspiró inaudiblemente. Ahora le había perdido la profesionalidad a Antonio. Cuando estuvo girado se fue a por él. Se pegó a su espalda y le acarició el torso.
- Oye Francis que esto no...
- Shhh... No se ha terminado. ¿Le he dicho que también asalto a la gente, doctor Antonio? Usted es tan apetecible... Desde que lo he visto... Con ese cuerpo y ese adorable rostro...
Las manos del francés habían desabrochado la camisa y ahora iban a por el pantalón. Su mano se deslizó con habilidad por dentro del calzoncillo y estimuló el miembro semierecto del español, acariciando la punta con pulgar e índice. Luego lo tomó entero. Su otra mano acarició el torso y su boca besaba la oreja y dejaba algún mordisquito.
- Debe ser contagioso, doctor~ Usted empieza a presentar mis mismos síntomas.
Las dos manos abandonaron por un momento el cuerpo del de cabellos castaños, que a cada segundo que pasaba respondía mejor, y se asieron a la cintura del pantalón. Se separó de él, se agachó y con un tirón bajó la prenda hasta los tobillos.
- ¿Cómo has hecho eso? -preguntó anonadado.
- Experiencia, mi doctor. Ensayo y error. Mucho ensayo, cada vez menos error~
Hizo lo propio con la prenda que le quedaba cubriendo su entrepierna, sólo que esta vez más lentamente, dejando que las fibras que conformaban el tejido rozasen la piel sensible. Le quitó los zapatos y finalmente le desprendió de esa ropa. Se incorporó y observó lo que tenía entre manos: el cuerpo de Antonio, excitado, esperando por él, apoyado contra la mesa, su rostro entornado para poder mirarle con esos vivos ojos verdes. Y el añadido que le ponía aún más, la bata de médico que cubría su trasero perfecto. Si le daba muchas vueltas a la cabeza, podía sentir un escalofrío de la excitación acumulada. Se acercó a él, adhiriendo su cuerpo al suyo.
- Doctor~ Ha notado lo caliente que está, pero tiene que sentir lo dura que se pone...
- Francis, vamos a la habitación, los condo-
- Shh... - se llevó una mano al bolsillo del pantalón, que aún llevaba puesto y de ahí sacó un condón- Voilà. No hice que la habitación fuese la calle en vano.
Abrió el envoltorio mordiéndolo, con ambas manos lo posicionó en la punta y, con una mano y la otra de vuelta en el miembro de Antonio, bajó el condón.
- Ya está puesto. ¿Entonces ya puedo enseñarle?
- D-de acuerdo. -jadeó el español afectado por las caricias y los besos en su oído.
Previsor, el condón no era lo único que había cogido en su viaje a la habitación. Del otro bolsillo sacó un tubo de lubricante y se embadurnó los dedos. Levantó con la otra mano la bata, dejándola a la altura de la cintura. Sus dedos tocaron la entrada, pringándola de la sustancia. Con relativa facilidad, un primer dedo se abrió camino hacia en interior.
- ¿Lo nota, doctor? Esta es la dureza de un dedo. Pero no es nada comparada con la otra. Firme por usted.
Antonio iba a hablar pero Francis no le daba demasiada tregua. Cuando menos lo esperaba movía el dedo de manera sorpresiva y jadeaba pesadamente tratando de acostumbrarse. Uno, dos y hasta tres dedos en el tiempo que normalmente le tomaría meter menos. La impaciencia del galo se notaba, no dejaba de atacar la zona del cuello y al mismo tiempo su entrepierna. Tuvo que acabar pidiéndole que se calmara un poco si no quería que terminara en pocos segundos. Aquello terminó por encender al francés. ¿Quién era él para negarle sentirle? Estaba claro que lo necesitaba. Su cuerpo temblaba casi lo mismo que su tono de voz. Era como si todo en conjunto gritase su nombre: Francis, Francis, Francis. Y él se sentía el actor principal del espectáculo. Ojalá pudiera enseñarle al mundo qué joya les había arrebatado. Aunque tampoco deseaba que nadie viese a Antonio de aquel modo, eran sentimientos encontrados.
Retiró los dedos del interior y con sus brazos rodeó el cuerpo de Antonio. Una de las manos bajó y acarició el bajo vientre. La otra ascendió por su pecho, sujetó su mentón e hizo que ladeara el rostro. Oh, qué perfecta expresión embriagada de sensaciones y deseo. Besó su mejilla, lamió el lóbulo de su oreja y sonrió con perfidia cuando oyó ese suave jadeo que el hispano pronunció cuando sintió el miembro del francés contra su trasero, entre sus nalgas.
- ¿Estás impaciente, Antonio? - susurró en voz baja. Movió la cintura para hacer fricción entre los cachetes del trasero. La respiración del español se entrecortó- ¿Quieres que lo haga?
- S-sí, por dios... -dijo Antonio con voz medio ronca de la excitación.
- ¿Sí a qué? ¿Estás impaciente? ¿Quieres que lo haga?
- Sí a todo, ¡joder! -espetó finalmente.
Francis se sorprendió medio segundo antes de dibujar una terrible sonrisa en su rostro. Cómo adoraba cuando se ponía así de agresivo y pasional. Puso las dos manos sobre sus caderas, las bajó hasta las nalgas, las separó para ver la entrada dilatada, de color rojizo, pringada con el lubricante. Empezó a adentrarse, jadeando al sentir la calidez que le recibía.
- ¿Lo sientes?
- ¿C-cómo no voy a sentirlo, idiota? -dijo con desdén.
Una vez dentro, Francis se movió un par de veces, tanteando. Pero desde esa posición no podía ver el rostro del hispano y por su respiración y sus suspiros supo que debía ser algo digno de enmarcar. Salió de su cuerpo y le hizo girarse, sentarse sobre la mesa, lo inclinó hacia detrás un poco y volvió a penetrar en su interior. Ah, aquello era maravilloso. Había hecho suyo al doctor sobre la mesa, desnudo de torso para abajo y con la camisa desabrochada, la bata aún puesta y el estetoscopio colgando de su cuello.
- Dieu, Antonio... Pensaba que no podías ser más sexy, pero mírate... Ahora mismo creo que no podría encontrar nada que me encendiese más que tú tal y como estás.
- Entonces -bruscamente le cogió de la ropa y lo acercó más- ¿vas a hacérmelo como toca o voy a tener que ir a otro sitio a buscar lo que necesito?
- Ir a dónde a buscar qué. -la idea parecía no haberle gustado.
- Tendré que irme a algún sitio, solo, a tocarme porque no me has dejado satisfecho por haberte quedado mirando las musarañas. En el silencio de la noche, pensando que mi mano es en realidad la tuya que me toca. Ah, qué cruel destino~
- Eres un cabrón cuando quieres. -dijo Francis con una sonrisa ladeada y de repente lo penetró con fuerza.
La siguiente vez que salió le hizo incorporarse un poco más, movió los brazos del español hacia su cuello y aprovechó el ímpetu con el que se abría camino hacia dentro para agarrarlo y cargarlo en brazos. El gemido del español resonó por todo el salón.
- V-vamos a la habitación y te vas a enterar de lo que pasa cuando despiertas a la bestia.
- P-pero la habitación es la calle... -dijo Antonio desorientado tras el intenso placer que le había invadido.
- Pues vamos a "la calle" a que todos vean lo mucho que nos amamos.
Una vez en la estancia, Francis lo elevó para sacar su miembro de dentro y lo dejó caer sobre la cama. Sintió un tirón de excitación cuando le vio echado sobre la colcha, tumbado sobre la bata, la cual tenía ya medio caída, el estetoscopio por encima de su hombro, de cualquier manera y sobre todo su rostro. Tenía esa mirada de hombre que domina la situación a pesar de que hacía un segundo le tenía dentro.
- Te has vuelto a quedar en tu mundo.
- Esto no me pasa cada día, ¿sabes? Estoy intentando guardar cada detalle en mi mente para la posterioridad. -se quedó en silencio un par de segundos- Ojalá te vieses con mis ojos. Entenderías muchas cosas. Y ahora te voy a hacer mío sin compasión.
- Eso es lo que estaba esperando... -dijo Antonio sonriendo con pillería.
Subió una de las piernas por encima de su hombro, la otra la sujetó en su brazo. Se posicionó, miró a Antonio, sonrió de lado y de una sola vez se adentró en él. No le dio tregua ni un solo segundo, embistiendo una y otra vez sin piedad, empujándole con fuerza contra la cama. El vientre de Francis frotaba repetidamente contra el miembro del español y propiciaba aún una estimulación más intensa. Parecía que estaba a punto de ahogarse en sus propios jadeos y gemidos. Llamaba al galo con una voz que en ese momento no reconocía ni como suya. Sólo podía percibir la presencia del francés y escuchar e identificar su voz, gimiendo del mismo modo, llamándole.
Francis pagaría todo lo que fuese necesario por escuchar a Antonio llamándole de esa manera continuamente, por sentir su cuerpo derretirse bajo el suyo. Notar como los espasmos por el placer le hacían rodear con más fuerza su miembro y como esa fuerza se prolongó por más tiempo cuando alcanzó el orgasmo. Resistir aquello no fue posible y Francis también se vino y apoyó la mano con fuerza sobre la cama para no caer sobre el de cabellos castaños.
Ahora lo único que se escuchaba eran sus respiraciones irregulares pugnando por recuperar el oxígeno que el cuerpo necesitaba de más por el esfuerzo. Antonio trató de hablar pero un jadeo fue lo único que salió de su boca. Francis salió del interior del español, se quitó el condón, lo ató y, con una puntería digna de Michael Jordan, encestó el plástico en la papelera. Finalmente Antonio pudo decir lo que le rondaba por la cabeza.
- Dime que no he manchado la bata.
La cara de sorpresa de Francis fue digna de ver. Acabó por reír brevemente.
- ¿Qué dices?
- Es que no se puede manchar. ¡Me la tengo que poner mañana! -dijo con gesto preocupado.
- ¿Te la has traído aún sabiendo que te asaltaría y podría mancharse? -dijo sonriendo divertido.
- E-es que sabía que te hacía ilusión y me apetecía darte una sorpresa... -expresó con timidez.
- ¡Eres lo que no hay! -dijo tras reír el rubio- No te preocupes. Todo tu semen está sobre tu vientre. Sólo está un poco sudada. De momento no huele mal.
- ¿De momento? ¡Tengo que estar seguro!
- Ay, Antonio. Eres tan adorable~ Anda, trae. Soy un tiquismiquis con la ropa así que sé lavar prendas y que a la mañana estén limpias, secas y no necesiten plancha. -dijo mientras le instaba a moverse y le retiraba la bata.
- ¿En serio? Yo quiero ver cómo haces eso, ¿puedo?
Francis dejó la bata sobre la cama, abrió un armario y sacó un batín. Se lo lanzó al de ojos verdes.
- Póntelo, no quiero que te constipes de nuevo. Aún no hace tiempo para ir así tras hacerlo de manera tan espectacular y salvaje.
Antonio rió mientras se incorporaba y se ponía la prenda. Se la cruzó delante y ató el cinturón. Francis lo examinó al detalle.
- Ese batín te sienta bien también. ¿Podemos repetir?
- No. La última vez que te dejé, al día siguiente cojeé muchísimo y todo el mundo me preguntó. Y muchos no me creyeron.
- Eres un estrecho.
- Repite eso y no vas a volver a acostarte con el doctor en la vida.
- Perdón. Disculpe mi insolencia mi amo y señor. No destruya mis fantasías sexuales e ilusiones, se lo ruego.
No lo pudo evitar. De camino a la cocina, Antonio estalló en una carcajada.
No le gustaba estar en Urgencias demasiado tiempo. Si bien era cierto que te daban más vacaciones si trabajabas horas allí, también era verdad que en los días que te tocaba currabas un montón. Los turnos de Urgencia eran una infinidad de horas, sin apenas descanso, de gente enferma, con cortes, abrasada o con síntomas que ellos no se molestaban en describir. Suerte de su gran paciencia, si no ya le hubiese lanzado un estetoscopio a alguien para sacarlo fuera de allí.
Las paredes verdes de Urgencias le sacaban de quicio. Bueno, en general casi todas las paredes de ese hospital. Estaban pintadas con esos colores monótonos y que al parecer estaban establecidos por convenio. Ese verde ligeramente azulado sería para él siempre el color de un hospital y sinónimo de enfermedad.
Llevaba toda la semana trabajando una ingente cantidad de horas en franjas diferentes cada día. Su sueño estaba jodido y apenas descansaba. Y ya había tenido una riña con Francis hacía dos noches por eso mismo.
No hacía falta que le dijese que últimamente dormía poco y trabajaba mucho. Antonio no era ese tipo de persona, adicta al trabajo, que no se percataba que le dedicaba demasiadas horas a éste. Y si le contestó mal no fue porque tuviese ganas de añadir más leña al fuego, no. Lo hizo porque si estaba trabajando tantas horas era por él y su estúpido plan.
Se acercó al mostrador y pidió una nueva ficha para atender al siguiente paciente. El resto de los doctores usaba un teléfono móvil, pero su fortuna había hecho que el suyo dejase de funcionar el mismo lunes que empezó. Podría ser peor, podría estar trabajando de madrugada. Al menos había dormido ocho horas, era algo. Aunque tenía mucho sueño acumulado, se había levantado peor que el día anterior.
- Deja eso. Llega una ambulancia. -dijo una enfermera.
- ¿Qué ha ocurrido? -preguntó dejando el portafolio que le habían dado. Caminó hacia la puerta por la que las ambulancias llegaban.
- Según he escuchado, un accidente de tráfico. Tres personas vienen de camino a Urgencias y una va de camino a la morgue.
- Joder.
- Hay dos inestables. Uno con un golpe en la cabeza que sangra profusamente y que no ha reaccionado desde el accidente. Hay uno que... Llegan por ahí. Mejor ya lo ves tú.
Otro médico se unió a ellos. Era importante que en estos casos hiciesen una evaluación rápida y decidiesen qué procedimiento seguir. Entraron al hombre del golpe en la cabeza, en cuestión de tres segundos, sin parar de andar, decidieron qué hacer con él. Camino a la puerta de nuevo vio pasar una camilla con una mujer. Y en la última que entró vio a Francis. Al español le dio la sensación de que su corazón se paraba.
Dos días antes
Se dejó caer pesadamente sobre el sillón del comedor y suspiró. Estaba agotado. El lunes había trabajado de madrugada y ese día, martes, había trabajado desde el mediodía. Cerró los ojos y dejó que el cansancio le adormeciese lentamente. Tenía las articulaciones entumecidas y los ojos le ardían a pesar de tenerlos cerrados. Se sobresaltó cuando sintió algo caliente contra su mejilla. Abrió los ojos y se encontró con el rostro del francés. Parecía preocupado.
- Te iba a hacer un café pero creo que lo mejor es que descanses, así que lo he sustituido por un chocolate. Tómatelo. Te sentará bien.
Cuando vio que Antonio cogía la taza, Francis la dejó ir y se sentó a su lado. Hacía ver que no le prestaba atención, pero lo hacía, miraba de reojo de vez en cuando. Examinaba si bostezaba o no, las ojeras bajo sus ojos, su expresión de cansado. Cuando vio que terminaba, le quitó la taza de las manos y la dejó en la mesa. Pasó un brazo por encima de su hombro y lo atrajo hacia él. Antonio, cansado y agradecido por ese gesto, apoyó su cabeza contra la del francés, acurrucándose más en aquel abrazo, y cerró los ojos. Francis ladeó el rostro y besó su sien, luego su mejilla y así unas dos o tres veces. Vio que el español no se inmutaba y se dejaba mimar sin oponer ningún tipo de resistencia. Una mueca de preocupación contrajo su rostro un segundo.
- ¿Es obligatorio que trabajes tanto? -dijo Francis con un tono suave de voz, tratando de no molestarle.
- No empecemos con el tema de nuevo. Sabes que tengo mis motivos. No tengo ganas de discutir algo que ya hemos hablado. Quiero que sigas siendo cariñoso un rato más.
El galo suspiró y apoyó su cabeza contra la de su pareja. Habían hablado de esto mismo el domingo y Antonio le había dicho que era algo que tenía que hacer si quería cumplir con su plan loco. No era loco...
- Pero para mi cumpleaños estarás libre, ¿verdad? -inquirió tras poner un puchero.
- Ya te lo dije, Francis. No me voy a perder tu cumpleaños. Con lo que lo repites, es imposible que se me olvide.
- Pero ya sabes que tienes que pedir dos semanas de vacaciones.
- Las voy a pedir... -dijo pesadamente- No seas cansino. He escuchado tu plan de ir a Hawaii a celebrar no sólo tu cumpleaños sino que hace más de dos años que salimos.
- Lo dices como si fuese una locura. Siempre.
- Es que, teniendo en cuenta el gasto que realizamos en las obras del piso, no deberíamos ir tirando el dinero así.
- No es tirar el dinero si lo gasto en ti o en celebrar que te quiero.
- Está bien. -dijo Antonio percatándose del tono de voz algo resentido del rubio- Lo siento. -levantó la cabeza y besó su mejilla- Yo también te quiero.
El francés sonrió contento por esa muestra de cariño y lo abrazó más. Sería genial y ya deseaba que fuese julio. Recordó entonces algo.
- Ha estado llamando un número que no conozco. No ha dejado mensaje en el contestador así que no tengo ni idea de quién puede ser.
Le recitó el teléfono, dígito tras dígito, que había logrado memorizar después de largo rato meditando quién podía ser. Le resultó curiosa la expresión que Antonio adoptó.
- ¿Qué? ¿Lo conoces? -preguntó sin poder resistir la intriga.
- Es mi madre. Insistiendo otra vez con la misma canción de siempre. Que si quiero podemos vernos, que están cerca de Madrid y van en coche.
- ¿Están cerca de Madrid? ¿Por qué no les has invitado? -reprochó el galo. Le hacía ilusión conocer a los padres de Antonio y éste ni siquiera había propuesto ir a verles.
- Porque están visitando ciudades de los alrededores. Si cada día que terminen tienen que meterse en Madrid, van a perder mucho tiempo. Tú y yo estamos trabajando. Por último, y no menos importante, sólo tenemos una cama. ¿Dónde pretendes que duerman?
- Ellos en nuestra habitación y tú y yo nos podemos apretujar en el sofá. Estoy seguro de que perderán más dinero si se van a hoteles.
- No, Francis. Además ya han reservado. Si tanta ilusión te hace ya los invitaremos otro día. -dijo bostezando sonoramente.
- Sí, claro, estoy seguro de ello~ -dijo con tono irónico el francés. Se levantó del sofá y le tendió la mano- Vamos a dormir, anda. Más que un novio parece que tengo un zombi últimamente.
El español puso su mano sobre la suya y dejó que tirara de él para ayudarle a levantarse. Una vez en pie, Antonio se fue a la espalda del rubio y se enganchó a él apoyando gran parte de su peso.
- Voy a comer tu cerebro~ -dijo el de cabellos castaños apoyando su rostro en la conjunción del cuello y el hombro.
No pudo evitar una risa cuando le escuchó decir aquello. Decía de él, pero Antonio a veces también se lucía.
El despertador tronó en la habitación con una canción de Pitbull en la radio. Cardíaco, Francis estiró el brazo tratando de apagarlo. Al tercer intento apretó el botón correcto. Miró a su izquierda y vio a Antonio, acurrucado entre las sábanas, moverse hasta encontrar una nueva pose en la que estar cómodo. Se estiró sobre su cuerpo, con cuidado de no chafarle, y besó con mimo su mejilla.
- ¿Aún no te toca levantarte? -susurró.
- No. Hoy entro a las tres. Mañana a las once.
- Tienes un horario bien asqueroso... -murmuró a disgusto- ¿Sobre qué hora llegarás?
- Doce y media. -murmuró somnoliento.
Aún con los ojos cerrados, el hispano pudo visualizar perfectamente cuál era la expresión que tenía en el rostro su amante cuando escuchó aquel suspirito disgustado. A él tampoco le gustaba ese horario. Pero, si lo hacía, tendría más posibilidades de conseguir las dos semanas de vacaciones. Antes de dejar que se levantara, estiró la mano bruscamente y agarró el pijama del francés.
- Acércate, anda.
- ¿Qué? -preguntó el francés sin mucho interés realmente.
Los ojos verdes de Antonio se abrieron, enfocaron el rostro de Francis y los volvió a cerrar justo cuando se inclinaba para darle un beso. Después se dejó caer de nuevo sobre la almohada- No te enfades. Te quiero.
Ahora el suspiro fue resignado. Una derrota francesa y una nueva victoria española. Aunque lo que le hacía más feliz era saber que ya no estaba molesto. La prueba era que Francis se inclinó y le dio un beso en la sien.
- Yo también te quiero.
La ducha le había sentado genial, de repente se sentía despierto y de buen humor. Está claro que tener a tu atractiva pareja española, con cara de sueño, preparándote el desayuno siempre ayudaba a que el humor mejorara. Se acercó a él y rodeó su cintura desde la espalda. Apoyó sus labios sobre el hombro.
- No tenías que haberte molestado. Ya estoy bastante acostumbrado y tú deberías descansar.
- Está bien. En cuanto te vayas me echaré a dormir hasta la una y media. Toma. -dijo y le pasó un plato con tostadas.
- Gracias~ -dijo soltando su cintura y tomando el plato- Eres un cielo.
Medio minuto después, se sentó a su lado con su propio plato para desayunar. Aunque no hizo comentario al respecto, Francis se fijó en las crecientes ojeras y los constantes bostezos del hispano. No le gustaba nada que trabajara tanto. Ya no porque no pudiera pasar mucho rato con él; que también. Era el hecho de ver como día tras día el cansancio iba haciendo mella en él. Había visto a Antonio completamente agotado y se volvía como un pequeño animalillo en terreno enemigo, a la mínima dispuesto a atacar, enfadado la mayor parte del tiempo, pegando cabezadas en cualquier sitio y despertándose como si de repente hubiese sonado una alarma nuclear. Y serio, siempre serio. No le gustaba que el trabajo le empujara hasta esos extremos cuando no había necesidad de que estuviese así.
- ¿Hoy vuelves a tener que llevar cosas a ese sitio cerca de Callao? -preguntó Antonio.
- Sí. Gil me ha dejado el coche de nuevo. Aún quedan bastantes cosas por llevar. Supongo que mañana me tocará también. Me hace desear comprarme un coche, pero no tengo dinero.
- Cuando me hagan la revisión de sueldo podemos comprar uno entre los dos. Quizás nos concedan un préstamo si me pagan más y tenemos más facilidad para devolverlo.
- A ver si primero nos lo conceden, que con la crisis que hay...
Pero Francis empezaba a pensar que, por muy caro que resultase mantener un coche, era algo que necesitaba. En la empresa tenía parking y podía desplazarse. Tendrían que alquilar un garaje cercano o, en última instancia, arriesgarse a dejarlo en la calle. Era mejor que tener que pedir el coche al amigo de tu novio (ya que Gilberto se negaba a admitir que fuesen amigos. Era más raro que un perro verde). Aquello era lo que ocurría de tanto en tanto: el proveedor de turno se equivocaba y mandaba los materiales a la sede cuatro días antes de la presentación a los clientes. Entonces, no daba tiempo a contratar otra mensajería para enviar las cosas y les tocaba a ellos cargar con todo.
No podían pasarse un día haciendo viajes de aquí para allá puesto que había faena por hacer. Así pues, llevaban materiales importantes, montaban cosas y así iban tirando. Suerte había tenido de Gil, que mucho ruido y pocas nueces. A la hora de la verdad le había prestado el coche. Si no a saber, quizás le hubiese tocado hacer los viajes en metro.
Iba a recoger las cosas cuando Antonio le hizo un gesto para que lo dejase todo donde estaba. Francis arqueó una ceja. Aún tenía margen.
- Ya recogeré yo. Vete o llegarás tarde.
- Pero me apetece recogerlo y aún tengo tiempo.
- Si tanta ilusión te hace no te preocupes, lo dejaré ahí para que cuando llegues lo puedas recoger. Pero deberías salir ya. -se fijó en que Francis le observaba interrogante. Se levantó y bostezó- Hay huelga de Renfe. Va a haber más tráfico ya que la gente irá en coche. Se lo oí decir a un abuelo ayer.
- Mierda. -dijo corriendo a buscar la chaqueta de su traje.
- Que vaya bien el día~ -le medio gritó.
Con el agobio escrito por toda su cara, Francis corrió de vuelta a la cocina y le dio un beso a Antonio, que rió brevemente. Aún con prisas, no perdía esa bonita costumbre de darle un beso antes de marcharse.
- Nos vemos luego. -dijo antes de correr hacia la calle.
Llevaba un buen rato dando vueltas en el salón. Empezaba a estar preocupado. Le dijo que vendría sobre las doce y media. Sin embargo, el reloj de muñeca marcaba ya la una y media. Se sentó por enésima vez sobre el sofá y suspiró pesadamente. Quizás era demasiado agonías.
Abrió los ojos cuando escuchó unas llaves introducirse en la cerradura de la puerta. Se incorporó en el momento en el que se cerraba de nuevo.
- Ya estoy aquí. -anunció Antonio no demasiado alto. No sabía si el francés estaría ya dormido y, si era así, no quería despertarle.
- ¿No dijiste que regresarías a las doce y media? -dijo Francis con tono molesto.
- Lo dije, pero surgió algo y no puede venir antes. -dijo Antonio con indiferencia. Podía sentir que el galo estaba enfadado y no estaba de humor para tener otra pelea por el mismo tema de nuevo.
- ¿Qué surgió?
- Esteban quería hacer su descanso de media hora así que me tuve que quedar para cubrir la ausencia de médico.
- Tu turno se había acabado, podrías haberle dicho que no y ya está.
- Me había pedido el favor. No podía.
- ¡Claro que podías! Ese tipo se aprovecha de ti y tu bondad. Cuando tú has necesitado favores, ha girado la cara y ha mirado hacia otro lado. Ahí son todos unos interesados y tú quedas como el primo en todo este asunto.
- ¡Porque ellos sean unos gilipollas no significa que yo tenga que serlo también!
- ¡Pues no seas tonto y no te cargues de trabajo que no te toca!
- ¡Si me cargo de trabajo es únicamente por ti y por esas dos semanas! Necesito tu apoyo en esto...
Se dio cuenta que Antonio parecía abrumado, un poco pálido y sudoroso. Se acercó hasta él y asió su brazo.
- ¿Estás bien?
- No. Estoy cansado y tengo hambre y de lo que menos ganas tengo al llegar a casa es de pelearme contigo. Pero continúa ocurriendo.
- Ven, anda. Échate en el sofá un momento. Estás pálido. -dijo guiándole hacia el mueble- Te traeré cualquier cosa para comer.
El español se sentó en el sofá y se dejó caer hacia un lado. El rubio regresó pronto con un sándwich y un refresco que se apresuró en acercarle. Conciliador, se sentó a su lado y acarició sus cabellos castaños.
- Entiéndeme, Antonio, no me gusta verte así. Cada día más cansado, cada día con otro horario... Sé que lo haces por mí.
- Pues a veces no lo parece. -dijo el hispano haciendo un mohín.
- Quiero ir a ese viaje, tengo muchísimas ganas. Lo que no me parece bien es que por esto tú lo estés pasando mal. No quiero que te tengas que sacrificar tanto. Quizás, cuando me enfado, también lo estoy conmigo mismo por permitir esto y no encontrar una solución.
- No puedes solucionarlo todo.
- Pero quiero. Si no, siento que fallo.
- Eres estúpido.
- ¡Oye! -exclamó ofendido- Yo aquí contándote mis dilemas más profundos y tú vas y me llamas estúpido.
- O lo eres tú o piensas que yo lo soy. He preferido asumir lo primero. Te lo digo porque sé que no puedes hacer nada y no te culpo. Igual que sé que esto es necesario. Lo que quiero que entiendas es que yo también quiero hacer este esfuerzo. Quiero ir contigo a Hawai, quiero celebrar tu cumpleaños, quiero volver a celebrar nuestro aniversario. ¿Aceptarás que termine esta semana? De veras creo que podría lograrlo si lo hago. Incluso que me las dieran ellos sin tener yo que pedirlas.
- De acueeerdo... -dijo con resignación. Francis se echó sobre Antonio, chafando un poco su cuerpo contra el sofá- Pero sigue sin gustarme.
- Pesado. En todos los sentidos. -dijo el de cabellos castaños después de reír.
Dormía profundamente y el despertador le arrancó de ese plácido sueño. Bostezó, echó la mirada a su derecha y vio la cama vacía. Francis ya se había marchado hacía rato. Se incorporó y le llamó la atención una nota pegada en el cabezal de la cama. La arrancó y se echó sobre el colchón a leer.
"Estabas tan mono esta mañana que no pude despertarte ni intentar darte un beso. Para suplir eso, he dejado uno en el centro del corazón que he dibujado. Asegúrate de cogerlo y que nadie se lo quede.
Te quiero.
Francis"
Había un corazón dibujado, sí. Además la carta olía al perfume del francés. Se acercó la misiva al rostro y besó el centro del corazón, tomando lo que era suyo.
- Yo también te quiero, pero me haces hacer unas idioteces de buena mañana... ¿Cómo puede tener esta caligrafía? Parece una tía a veces...
Miró el reloj y comprobó que tenía el tiempo pegado al culo. De un salto se posó en el suelo y se apresuró a arreglarse.
Lo sientoooo xDD La verdad es que el capítulo debería haber terminado en el primer flashback, pero me parecía que no poner todos lo dejaba un poco raro. Sé que no acaba bien y que os debéis estar preguntando muchas cosas. Al menos ya sabéis que iba en coche porque se lo prestó Gil para hacer cosas del trabajo. En el siguiente capítulo, continúa el tema. No me matéis :'D
Misao Kurosaki, uah, se hace raro que seas la primera en dejar review ouo Jajaja entiendo que a veces resistir la tentación es demasiado complicado xDD ¡Es Francis! Le da igual el sitio mientras esté con quién quiera :D Bueno, no pasa nada si el triángulo no te gusta, está mencionado pero no saldrá extendido. Espero que te haya gustado el capítulo.
Candy Darla, bueno, tienen que montarse su pequeño hogar donde vivir y ser felices xD Y es obvio que invitarán al que es su mejor amigo fuera de la pareja. Francis es amoroso así que eso de cuidar se le da bastante bien. Aunque le entra el pánico tratando a enfermos xD.
Kitshunette, he's the perfect wife, I know xDDDD lol xDDD dafuq did I just read? XDDDDD The Eiffel Tower has side effects o_o omg scaryyy xDDD Of course he would take care of sick Antonio. He's Francis ò.ó awwww ;w; You're making sense to me, darling *hugs * you're great ;v;
Hethetli, con una amiga llegamos a la conclusión mental de que se enfada con los novios porque ella como mujer-hombre lo tiene difícil para ligar con mujeres y Francis que lo tiene fácil lo desperdicia XD Me alegra que te gustara el lemon xDDD Es que la mano... Francis tenía la mente en Narnia y le dio la que no era XD Es que Francis tiene energía inagotable para los polvos XDD Pues tú eres sorprendente, yo no soporto bañarme con agua fría se me queda mal cuerpo XDDD Putear a Gil es divertido :D Lol, el trío es una buena solución pero dudo que a Gil le guste XDDD
Hikaru in Azkaban, los muebles no son de Ikea, la cama ya era suya pero el torpe con el bricolaje es Francis XDDD. Hombre, claro que le quiere y sabe que es más tozudo que una mula. Como no quiere que se muera, se mete con él XDDD. Te lo dejo a tu imaginación. Espero que me digas cómo termina en tu mente el triángulo XDDD
Tomato-no-musume, jojojo escenas pornooo~ xDDDD Lo siento, soy una cerda y no tengo conciencia :D El pobre Gil no gana para disgustos XDDD. La verdad es que no me motiva hacer un extra de esos tres. Sé que no me saldría natural y para forzarlo y que no quede bien... uff creo que no xDU Puedes imaginar lo que pasó y ya me cuentas cómo crees que fue xD
Yuyies, la cama era de Antonio así que el torpe es Francis XD La verdad es que no le imagino haciendo ese tipo de cosas XD. Antonio enfermo va siendo bipolar, a ratos está hecho mierda, a veces se recuperaa XDDD Bueno, Gil es torpecillo y se mete en problemas xD Pero es lo que hay xDDD
Kirsu, aunque no sea registrado, amo cada review ;u; Disfruta en ellas, no montándolas. No es lo mismo xDDD. Quered a Antonioo~ xDDD No sé qué pasará. ¿Qué crees que pasa tú? En serio, no lo he pensado xD No está mencionado más allá de esto XD
Swk111, uah, review. Me da la impresión que hacía siglos que no me ponías nada. Tengo memoria pez XDDD... Es que a ratos me abandonáis ;w; Es raro... No sé si es que no os gusta o que la tranquilidad no os motiva a dejar reviews o qué *lloriquea * Omg el corazón encogido una semana? O_o En serio? Perdón? ;A;! Bueno, posiblemente Jean Claude no dijo nada (en mi mente no lo hizo XD) Wifi rules! XDDDD Soy sincera, no menciono más el triángulo XD Así que me parece curioso escuchar qué opináis vosotras XD . Juas xDDDDD la canción del final xDD
Y eso es todo por esta vez.
Adieu~
Miruru.
