Mi odiado vecino

Capítulo 19

- ¿Cómo que qué? Te estoy diciendo que dejes de hacer daño a mi hijo. Si tanto le odias por haberse quedado paralizado cuando llegaste al hospital, díselo y déjale marchar, pero no le digas a través de tu hermano que no quieres verle. No come y está diciendo cosas muy serias. Asegura que quiere dejar la medicina. No deja de repetir que le dejemos estar solo, se pasa el día durmiendo y no va ni a trabajar. Si te queda un mínimo del cariño que supuestamente le tenías, no le hagas esto.

Francis estaba helado y no había dejado de boquear. Intentaba interrumpir en algún momento pero tenía un gran nudo en la garganta que no le dejaba pronunciar palabra. Estaba tremendamente confundido. ¿Qué era todo lo que esa mujer le estaba diciendo? ¿Pero Antonio no estaba trabajando y por eso no venía? ¿Qué era todo eso de que hacía días que no iba a trabajar? ¿Que no comía y se pasaba las horas durmiendo? Entonces se le repitió en la mente las palabras "a través de tu hermano".

- Escuche, por favor, un segundo. -dijo Francis carraspeando tras encontrar finalmente la fuerza de voluntad para interrumpir- No sé nada de lo que me ha dicho. ¿Que yo no quiero verle? Créame, no hay nada que desee más. Ojalá pudiera verle. Lo he estado pensando estos dos últimos días. Lo he anhelado, le echo tantísimo de menos... Le necesito a mi lado. Estoy con mi familia pero esto es muy duro sin él. Algo de lo que me ha dicho me ha llamado la atención sumamente. ¿Mi hermano?

- Sí. Antonio me dijo que había hablado con él y que le había dicho que no querías verle, que no entrara y que si venía se lo haría pagar. También que tus padres tampoco querían verle por el hospital.

Apretó tanto el móvil que por un momento le pareció que crujía.

- ¿Puedo volver a llamarla de aquí a unos minutos? Necesito hablar con mi hermano primero para ver qué es lo que ha pasado aquí.

- De acuerdo. Puedes llamarme a este número.

Cuando Simone regresó a la habitación, antes que el resto, se encontró con Francis mirándole de una manera que le hizo estremecerse por un momento. Había visto al rubio enfadado muchas veces, pero nunca tanto rencor había destilado su mirada.

- ¿Que Antonio estaba trabajando? ¿Qué mentira es esa? -dijo Francis con el enfado haciendo temblar brevemente su tono de voz.

- Escucha, Francis. Lo siento. No quería contarte la verdad, cielo.

- ¿Y cuál es esa verdad? -espetó.

- Que Antonio no ha querido venir a verte. Decía que todo era muy duro para él y que no podía. No quise que esto te afectara. Estás débil aún y lo que menos necesitabas era saber que a quien quieres te estaba dejando tirado de este modo.

- ¿Ah sí? ¿Te dijo eso? -con cuánta ira pronunciaba todas y cada una de sus palabras. Le estaba mintiendo de nuevo. ¿Es que se creía que era imbécil?

- Se lo dijo a Jean. -replicó su madre.

Y de repente todo le cuadró. Su madre no era la culpable y seguramente su padre tenía la misma versión. Cuando la puerta se abrió, Francis dirigió su mirada hacia allí, como si acabara de ver a un asesino regresar a la escena del crimen. Agarró el bolso de su madre y lo lanzó con fuerza contra su hermano, que lo agarró a tiempo para no recibir un golpe demasiado fuerte.

- ¿¡Se puede saber qué haces! -gritó molesto Jean.

- ¿¡Cómo te atreves, proyecto de hombrecito! -aquel calificativo le sentó mal a su hermano y lo pudo percibir por cómo se crispaban sus manos- ¿¡Cómo te atreves a decirle a Antonio que no se pase por aquí! ¡Aún más! ¡¿Cómo te atreves a decirle que yo no quiero verle cuando no he deseado otra cosa desde que me desperté? ¿¡Qué barbaridades le dijiste! ¡Estás podrido, Jean! ¡Eres un ser bien despreciable!

- ¡Él no hizo nada! ¡Me lo contaron los médicos! ¡Cuando llegaste, se quedó como un pasmarote mirando! ¡¿Que te quiere? ¡Menuda broma! ¡Hice lo que tenía que hacer! ¡Lo que tú deberías haberle dicho pero que no hubieses hecho porque chocheas por ese español!

- ¡Francis, quieto ahí! No puedes moverte -dijo la madre apresurándose para agarrarle. Parecía dispuesto a levantarse para poder golpear a su hermano.

- ¡Eres un idiota, Jean! ¡Es mi vida! ¡Es mi maldita vida y sin él no tiene sentido! ¡Si no pudo reaccionar, no voy a dejar de querer verle por eso! ¡Estoy vivo! ¡Y tu estúpida compañía no me hace sentir bien! ¡Llevo días en que no dejo de pensar en que no ha venido y estaba dudando de él todo por tu culpa! ¿¡Por eso no me dejabas coger mi teléfono? No querías que le llamara y descubriese el engaño, ¡¿verdad? ¡Pues escúchame bien, Jean! Esta frase te la voy a decir en español, que suena mejor y más contundente. Vuelve a tocar mi móvil y te corto las pelotas. Más te vale que pueda arreglar todo esto. Porque como Antonio no quiera saber más de mí por tu culpa, que no me extrañaría porque eres una persona que sabe como cansar a las demás, te juro que haré tu vida imposible.

- Eres estúpido, Francis.

- Salid todos fuera de mi habitación. Necesito estar solo. -dijo finalmente, con tono más calmado.

Stéphane había salido tras Jean, quería explicaciones y además sabía que le iba a caer una reprimenda. Todo esto que habían discutido eran cosas muy fuertes. Si realmente había hecho eso, era imperdonable. Simone miró a su hijo apenada, pero le dejó a solas. Sabía que ahora mismo Francis no podía estar con nadie, temblaba un poco de toda la ira que tenía acumulada y respiraba incluso ajetreado. Tras un par de minutos, cuando ya sentía que podría hablar con normalidad, Francis miró el historial de llamadas y le dio a volver a marcar el número de la última recibida.


Si había de ser sincera, pensó que eso de: "te llamaré" había sido una treta para deshacerse de esa llamada incómoda. Al menos había logrado su objetivo, hablar con él y decirle cuatro verdades bien dichas. Lo que sí le había llamado la atención era el tono de sorpresa. Minutos más tarde, el teléfono vibró en su bolsillo. Se apresuró a salir a una habitación en la que poder hablar sin tener estar pendiente de que su tono no fuera muy alto y descolgó.

- ¿Sí?

- Soy Francis Bonnefoy, señora Carriedo. Debo pedirle disculpas. A mi hermano nunca le cayó en gracia su hijo, no sé por qué. Será simplemente que tengo un hermano imbécil. Le dijo cosas que no eran verdad. Quiero a Antonio y quiero verle. Es lo que más deseo ahora mismo. Le añoro tanto que es incluso más doloroso que cualquier otra herida que tenga del accidente.

- Dice que quiere dejar la medicina. -insistió.

- ¿Qué tontería es esa? -dijo con indignación- ¿Podría pasarme con él? No le diga que soy yo, simplemente, pásele el teléfono.

- De acuerdo.

Anduvo hasta la habitación donde el hispano yacía. Otra vez había vuelto a bajar la persiana, sumiendo el cuarto en la penumbra.

- Tienes una llamada, toma. -dijo Isabel tendiéndole el teléfono.

- Dile, a quien sea, que no estoy.

- No he puesto la llamada en espera. Ahora mismo te está escuchando hablar, ¿de veras crees que puedo decir que no estás y que se lo crea?

Un segundo de silencio antes de que levantase la mano para que le diese el aparato. Se lo llevó al oído a desgana. Como todo saludo, murmuró algo sin sentido de manera breve.

- ¿Qué es todo eso de que no estás~? Es bien cruel por tu parte, Antonio.

Cuando cerraba la puerta vio que el cuerpo de su hijo se tensaba. Seguramente ya había reconocido a su interlocutor

- F-Francis... ¿Cómo...?

- Si tu frase a medias es un "¿Cómo estás?", te diré que no estoy para tirar cohetes pero que sobreviviré. También te diré que estoy triste porque no te he visto desde entonces.

- Dijiste que no querías verme. Comprendí y obedecí, así de simple.

Francis se sorprendió de la falta de ilusión en general de Antonio. No pudo más que imaginarse cómo debía estar físicamente cuando ya estaba así mentalmente. Suspiró con pesadez.

- No es verdad, en ningún momento dije que no quería verte. Fue todo algo que mi hermano se inventó. Estoy tan enfadado con él... No pienso volver a dirigirle la palabra en la vida.

Silencio.

- ¿Vendrás? Te echo de menos. Y estas cosas me suele dar vergüenza decirlas en serio. Puedo decirlas bromeando y es sencillo.

- Yo también te echo de menos, pero no puedo ir.

- ¿Por qué? Todo eso de que vas a dejar la medicina también es una tontería. Sólo fue un tropezón lógico dado que era yo el que podría haber muerto.

- ¡No! ¡No es lógico! Esa no era la manera en la que tendría que haber reaccionado.

- Pues yo creo que es bien normal.

- ¿Te he contado por qué decidí convertirme en médico?

- No, no lo has hecho. Hablamos de las posteriores deudas y la necesidad de trabajo. Nunca me has contado qué te impulsó a esto.

- Fue por mi abuela. Siempre, cuando era pequeño, estaba con ella y desarrollé verdadera pasión por estar a su lado. Cuando yo tenía 12 años, ella enfermó. De repente decían que le quedaba menos de un año y que no podían hacer nada para salvarla. Dijeron que era extraño que su médico no hubiese visto nada. Mi abuela decía que sí que lo había hecho, pero que nunca se había decidido a dar diagnóstico y le dijo que seguramente era benigno. Entonces, un martes se desplomó y cuando vinieron los de la ambulancia llegó este tipo. Se quedó en blanco. Su compañero tuvo que llamarle la atención hasta que por fin se movió. Y mi abuela no sobrevivió. Dicen que la ayuda le llegó tarde. Entonces me decidí, yo sería un médico que no dudase. Así, si alguien se bloqueaba, yo sería diferente a aquel tipo que considero que mató a mi abuela. Sin embargo, cuando te vi llegar, no pude pensar ni moverme. Sólo supe que estaba aterrorizado ante la idea de perderte. Y después me horrorizó descubrir que yo no era mejor que aquel médico. He fallado en el momento que era más importante.

- Pero es lógico. Si yo te viese herido, a punto de morir, no podría reaccionar. Creo que me quedaría paralizado y empezaría a chillar.

- Eso hice.

- ¿Lo ves? No es tan horrible.

- Sí lo es. Prometí no hacer eso nunca. Para eso me hice médico. Por eso no puedo ir. Te he fallado. No merezco tampoco trabajar de doctor.

- Antonio, escúchame bien. Ven. Quiero que vengas. Desearía que hoy, aunque tengo la certeza de que no vendrás. Por eso, ven mañana. Hablaremos de todo esto en persona. Además, me han dicho que no estás comiendo bien, tengo que regañarte por eso.

- No voy a ir.

- Por favor. Ven.

- No. Por mucho que te quiera, soy incapaz de protegerte cuando lo ha requerido. Me odio.

- Antonio...

- Voy a colgar. Buenas tardes, Francis.

- Ven mañana. Te voy a estar esperando. Ni se te ocurra darme plantón. Si no vendré a por ti.

- Adiós.

La conversación le dejó un mal sabor de boca. Pero, de cualquier modo, Francis no pensaba perder la ilusión. Vendría y entonces podría quitarle esas ideas estúpidas de la cabeza. Desearía tanto que se presentase allí en ese mismo instante... Estuvo esperando pero el horario de visitas finalizó. Bueno, le había pedido que viniese mañana.


- ¿Está Antonio ahí? -preguntó Isabel después del saludo de rigor. La pregunta pilló por sorpresa al galo, el cual miró a su alrededor para buscarlo.

- No, no está. ¿Es que viene hacia el hospital? -dijo con aire ilusionado.

- Eso creo, pero no lo sé porque me lo haya dicho él. Cuando nos despertamos ya se había ido. Ah, espera. Mi marido ha encontrado algo.

Francis esperó pacientemente, consumido por la curiosidad. ¿Qué habría encontrado? De repente escuchó ruido, como si estuviese llevándose el móvil a la oreja de nuevo.

- Te llamo en un rato. -el tono de Isabel ya no parecía tan tranquilo y casual como antes.

- ¿Ha ocurrido algo? -preguntó Francis inquieto.

- Aún no lo sé. Te llamo en unos minutos. No te preocupes.

El galo observó el teléfono, con su ya habitual fondo de pantalla. ¿Cómo pretendía que no se inquietara? Estaba a unos cuantos kilómetros de su casa y no sabía qué era lo que habían encontrado, pero había sido suficiente para cambiar por completo la actitud de Isabel.

Su madre entró en la habitación y empezó a hablarle. Francis ni se molestó en escuchar lo que decía. Por la cara que ponía, estaba seguro de que volvía a hablar de su hermano. Insistía en que debía dejarle entrar, que a pesar de que lo que había hecho era imperdonable, se preocupaba por él y deseaba lo mejor. Francis disentía por completo. Si de verdad quería lo mejor para él, sabría que necesitaba a Antonio. ¿Cuál sería el siguiente plan? ¿Secuestrarlo, asesinarlo "por accidente" y tirar su cadáver a una ría? No quería que volviese a acercarse a su pareja. Y, como él tenía planes de seguir con el español, que no se acercase a él tampoco.

- ¿Me estás escuchando? -preguntó molesta Simone.

- ¿Sinceramente? No. Estoy esperando una llamada y tengo la cabeza en otra parte, mamá.

- Esto mismo te lo dije ayer.

- Ya. Pues ayer también tenía la cabeza en otra parte. Concretamente en la parte de que mi hermano le había mentido a todo el mundo por un capricho puramente egoísta. No me digas que lo hizo por mí. Es mentira. Que se meta en sus asuntos. Su vida está hecha una mierda. Que empiece por intentar arreglar eso primero.

Simone empezó a hablar en el justo momento en el que el teléfono volvió a sonar. Le hizo un gesto para que no dijese nada ahora y apretó la tecla verde.

- ¿Ha llegado Antonio en este tiempo durante el que no hemos hablado?

- Me temo que no. -escuchó murmullos y se puso nervioso de nuevo- ¿Qué ocurre?

- Creo que Antonio se ha ido. Ha escapado.

- ¿Escapado? ¿Adónde? ¿Por qué? Esto no tiene sentido. -dijo el galo sintiendo que los nervios aumentaban y que su corazón martilleaba con fuerza en su pecho.

- Ha dejado una nota que ponía: "Me voy. No intentéis buscarme." Falta ropa. No contesta al teléfono.

- P-pero... ¿Por qué tendría que irse?

- Odia fallarle a la gente y entonces siente que merece estar solo. Aunque les quiere, piensa que estarán mejor sin él. Mientras, él lo pasa mal solo y paga por lo que ha hecho.

- Eso es idiota.

- Lo sé. Ese es mi hijo.

- Pero no se irá lejos, ¿verdad? N-no me abandonará, ¿no?

- No lo sé, Francis... Cuando tenía solo diez años su padre le pidió cuidar un pequeño perro que teníamos. Se lo llevo a la calle, se le escapó y atropellaron al animal. Aunque mi marido le dijo que estaba bien, Antonio lloró como si se le hubiese muerto un pariente. No dejaba de pedir perdón una y otra vez. Al día siguiente se había ido. Casi nos mata del susto. Con diez años, el niño se las apañó para viajar como 50 kilómetros sin una moneda. Ahora que tiene dinero, no sé hasta dónde sería capaz de llegar.

Su corazón latía tan fuerte que se hacía hasta molesto. Estaba apretando en exceso el teléfono. ¿Iba a abandonarlo? ¿Por una tontería así? Él no le reprochaba nada por lo que había ocurrido. ¿Por qué tenía que reprochárselo él mismo? ¿Con qué derecho se creía para desaparecer de ese modo de su vida?

- No te preocupes, Francis. Su padre y yo vamos a ponernos a buscarlo ahora mismo. Intenta calmarte. Seguro que lo encontramos. Entonces ya le daré yo un buen golpe de tu parte.

No pudo ni despedirse. Temblaba de rabia e impotencia. Simone le miraba sin comprender qué es lo que estaba ocurriendo. Lo que sí vio y la alarmó fue ese intento de levantarse que hizo el rubio.

- ¿Se puede saber qué haces, Francis?

- Voy a ir a buscarle.

- ¿Qué estás haciendo? No puedes levantarte. Se te van a saltar los puntos. -vio que se arrancaba las vías y se quitaba la pinza que marcaba su ritmo cardíaco- Ahora van a venir las enfermeras... ¡Francis, por favor! Vuelve a echarte en esa cama.

El galo se había levantado usando el gotero como apoyo. El esfuerzo que estaba haciendo era tremendo, pero no se iba a quedar allí quieto.

- D-dime lo que quieras. -dijo resoplando por forzarse de esa manera- No puedo quedarme de brazos cruzados mientras se va y cree, de manera estúpida, que puede abandonarme de este modo. ¡No me importa cuánta tierra tenga que remover! ¡No me importa que mi pierna sangre y duela a horrores! ¡No voy a permitir que se vaya sin mí!

Un par de enfermeras le gritaban que regresara a la cama e intentaban hacerle volver sin ser bruscas. Francis las observó molesto. Era tan triste que ellas fuesen ahora más fuertes que él...

- ¡Dejadme! ¡Tengo que ir!

- ¿Se puede saber qué está pasando aquí?

Francis se detuvo por completo. Miró hacia la puerta y allí observó la figura conocida de Antonio. Tenía una ceja arqueada y Francis pudo apreciar unas marcadas ojeras bajo sus ojos verdes, hermosos como siempre. La ropa que llevaba no le resultaba nada familiar, aunque le venía un poco grande. No sabía si es que había ido a comprarla nueva.

- M-me dijo tu madre que te habías escapado.

- Tenía cosas que hacer. -dijo encogiéndose de hombros y acercándose a él.

- Me has asustado un montón, idiota. -dijo Francis abrazándole una vez lo tuvo cerca. Frunció el ceño ligeramente- Estás más delgado. Debería pegarte una hostia por no comer bien. ¿Y esas ojeras?

- Perdón.

- ¿Y a dónde vas con esa ropa?

- Si voy a quedarme contigo aquí por la noche, necesitaré ropa, ¿no crees?

- Supongo que tienes razón.

- Vamos, siéntate en la cama. Tengo que decirte algo muy serio.

Aunque no lo expresó, aquello le hizo sentir miedo. Antonio estaba allí, sonreía con cierta naturalidad, pero parecía que aún escondía cosas. ¿Y si había venido a despedirse y luego se iba mientras dormía? Sin embargo, aunque estaba aterrorizado, le hizo caso. Las manos del hispano eran cariñosas y le trataban con delicadeza y mimo. Una vez sentado, Antonio se puso de cuclillas frente a él.

- Llevo días que no dejo de pensar y pensar. Creía haberte fallado a ti e incluso a mí mismo. Y es cierto, te he fallado.

- Pero no es tan grave como piensas. No tienes por qué irte... -dijo Francis angustiado.

- Lo sé. Quizás me pedí demasiado a mí mismo. Yo quería salvar a todo el mundo y en ese momento no pude ni reaccionar por tratar de salvar a quien más me importaba. He pensado mucho en nosotros, en si esto quería decir que yo no te quería lo suficiente, en si significaba que no era bueno para ti. - Antonio se sentó en el suelo, aún con las rodillas sobre el mismo y puso la bolsa con la ropa entre sus piernas. Su sonrisa era melancólica- No has hecho más que cambiar mi vida. Me ayudaste, me hiciste salir, vivir el minuto, después me enseñaste a amar, no a un sexo, a una persona. ¿Qué había hecho yo por ti? Intenté apoyarte cuando ocurrió lo de Jeanne pero no sé si realmente logré algo.

- Sí. ¡Claro que lo hiciste! Me has dado muchas cosas también. -se le aceleró el corazón al ver la tierna sonrisa que se le dibujó a Antonio.

- No quiero huir. No quiero perderte. Tampoco quiero huir de la medicina. Trabajaré para que no vuelva a ocurrir, me volveré más fuerte. Y quiero seguir viviendo contigo. Quiero estar contigo hasta que te recuperes, ayudarte cuando te encuentres mal, escuchar lo que te inquieta. No me aterré porque no te amase lo suficiente, sino porque lo hacía demasiado. He pensado y pensado y esta mañana me he dado cuenta de que hay una respuesta sencilla. Hay una manera de que supieses todo lo que siento.

Antonio metió la mano en la bolsa, sonrió y de allí sacó un anillo de plata.

- ¿Quieres casarte conmigo? -dijo el hispano.

Francis estaba sin palabras, con una expresión de pura sorpresa. No podía dejar de mirar a Antonio, con esa sonrisa tan cálida, tan suya, sosteniendo entre sus manos ese anillo de plata reluciente. El galo se llevó la mano derecha al brazo izquierdo y se lo pellizcó. El hispano rió.

- Oye, te lo estoy diciendo muy en serio. Es de plata de pura ley. Lo he comprado hoy.

- ¿De verdad? -preguntó Francis sin poder creerlo. El corazón le iba a mil y sus mejillas se habían sonrojado de repente. Antonio se levantó y se sentó a su lado.

- Aquí es legal. -dijo encogiéndose de hombros. Rió después de un par de segundos en silencio- Tienes una expresión bien divertida, Francis. ¿Es que harás que te lo vuelva a repetir?

- E-es que creo que no he escuchado bien...

- Eres tan egoísta cuando quieres... -dijo sonriendo resignado y suspirando. Se acercó a su mejilla y la besó. Se quedó cerca de él, tomó una mano y deslizó el anillo de plata por el dedo que correspondía- ¿Quieres levantarte conmigo cada día? ¿Quieres pasar el rato en mi compañía? ¿Quieres que te quiera, incondicionalmente, cada día y hora? ¿Quieres que proclame al mundo que en mi mente sólo tú tienes un lugar especial? ¿Quieres casarte conmigo?

- Joder, Antonio. Eres tan romántico cuando te lo propones... Sí. Quiero casarme contigo. Una, dos, tres, cuatro, mil veces. Todas las que necesite la gente para entender que te quiero.

Se sonrieron el uno al otro y se acercaron para besarse con pasión. Era curioso que, aunque se habían besado en infinidad de ocasiones, aquel tuvo un regusto especial. Les produjo el mismo cosquilleo que sintieron la primera vez que se besaron. Cuando se separaron, se observaron durante unos segundos más y, finalmente, Antonio se fue a rozar con su mejilla la del galo, en un gesto mimoso. De repente, el hispano suspiró pesadamente.

- Dios mío, qué tensión... ¡Por un momento pensé que quizás me dirías que no y estaba cagado! -de repente sonrió triunfal- Vamos a casarnos... -rió brevemente- ¡Vamos a casarnos!

Se levantó de repente. Era como si en ese instante hubiese sido consciente de lo que todo significaba. A pesar de su aspecto cansado, era un cúmulo de energía. Desprendía felicidad. Y, como siempre, Francis se veía contagiado por ella. El español movía los brazos, inquieto, y andaba de un lado a otro repitiendo la misma frase. El rubio sonrió con ternura.

- ¿Quieres estarte quieto? Vas a marearme sólo de verte dar tantas vueltas.

- ¡Ya lo tengo! ¡Voy a salir a correr por los pasillos y se lo gritaré a todo el mundo!

El francés le miró sorprendido.

- ¡Vente conmigo!

- Hace cosa de minutos me decías que no debía caminar, ¿y ahora pretendes que me vaya a correr contigo? -pero Antonio tenía tal cara de ilusión que le daba pena privarle de ello. Si pudiera andar con normalidad, claro que iría con él. Se sentía feliz a más no poder. Deseaba que todo el mundo lo supiese- Anda, ve. Reparte la buena noticia por mí.

Francis guiñó un ojo y le sonrió. Hizo un gesto con la mano para que se animara a ir. Sin embargo, el hispano no parecía del todo convencido. De repente su rostro se fue tornando más y más sorprendido. Sonrió deslumbrantemente.

- ¡Ya verás!

Sin dar más detalles, se marchó corriendo. En ese instante se dio cuenta que las enfermeras se habían ido y que incluso su madre tampoco estaba allí. Suspiró y pensó en la idea de volver a la cama cuando la puerta se abrió de par en par y pegó un golpe fuerte en la pared. Se asustó muchísimo, pegó un bote y miró hacia allí. Antonio respiraba agitadamente y traía una silla de ruedas.

- ¡Y-ya está! ¡Ya podemos ir los dos a gritar y ganarnos el odio de todo el hospital!

- ¿En serio? ¿Vas a pasearme por ahí?

- ¡Vamos ~! No seas soso. Sé que quieres -dijo Antonio acercando la silla de ruedas.

Francis se movió y dejó que le ayudase a ponerse sobre ella. La verdad es que cuando tenía ese entusiasmo, no sabía negarse a él. Minutos después, el rubio volvía a pedirle por enésima vez a su prometido que dejara de correr tanto, que casi parecía que viajaba en un monoplaza de Fórmula 1. Sin embargo, no podían dejar de reír: cuando gritaban que iban a casarse, cuando alguien salía y les reñía o cuando algunos le habían dado la enhorabuena.


Bueeeeno,

Ya las cosas han ido mejor para este par de dos y se casarán ouo jojojo. Como podéis comprobar, ya se acerca hacia el final ouo. No sé, el fic en su momento lo fui haciendo sobre la marcha y le tengo cierto cariñito. Además estaba con la pata tiesa entonces y me entretenía mucho por las noches xD La semana que viene puede que hasta la noche del viernes, bien entrada la noche, o hasta el sábado no pueda publicar. Igualmente, intentaré poner el epílogo el lunes o el martes (que yo tengo fiesta). Me gustaría pediros que, entonces, dejéis review en los dos capítulos porque son temas muy diferentes para unificarlos en uno (o eso creo) y me haría ilusión ;v; En fin

Comento vuestros reviews,

Nightview, ¿has llorado? D: Perdón ;v;' Tampoco era esa la intención. Jean no tiene motivo trascendental. Intenta proteger a su hermano, mal, y además está amargado porque al ser chica que se siente chico lo tiene más chungo. No sé, es complicado. Pero no quise meterle mucho más de por medio. Simplemente pensé que no podía caerle bien a todo el mundo, como en la vida real.

Candy Darla, hombre, si no le defiende su madre, ¿quién lo hará? XDDD Hombre, la llamada de la madre de Antonio lo que hizo fue reordenar las cosas para que todos supieran qué era lo que estaba ocurriendo.

Nanda18, xDDDDDD Es el personaje más odioso de todo el fic, creo. ¿Pensabais que Jeanne la liaba? ¡Jah! XDDDD Pues ya es viernes por fin, ¡yuhu! Yo tampoco puedo esperar a que lleguen y tener fiesta XDDD

Ann Aseera, no lloreees *abrazo* Aish, sorry por esa ansiedad ó.ó' Sí, entraron en acción, juas xD. Sí~ Los reyes católicos. Es que tenía ganas de hacer esto y darles a ambos unos padres famosetes relevantes XDDDD De hecho siempre pensé en hacer algo rollo: sois como los reyes católicos y que ellos dijeran algo como: la misma broma nos hacen siempre. Pero al final no tuvo cabida y nunca lo puse xD

Ariadone, óuò Bueno, has vuelto y eso ya es algo... xD Bueno es que cada uno tenía su malestar y era diferente. No pegará tanto a su hijo, pero es que a veces Antonio se las merece xDDD... Pues, como ves, no tendrá que trabajar de frutero xDDD

Misao Kurosaki, no pongo spoilers en twitter xD Lo que a veces pongo es que estoy escribiendo tal fic, que me queda largo, cosas así XD. Jean no es bueno y no va a serlo, punto xD Siempre hay ovejas negras en la familia. Aquí ya está localizada XD. Vendré con más, lo prometo ouo. No te dejo sin lectura. Tengo unas cuantas cosas escritas :)

Hikaru in Azkaban, D: ¿Necesitas que haga que funcione de nuevo tu corazón? ¿Ha ayudado este capítulo a ello? Espero que sí ;v; Es que cuando me decías que os hacía gracia, a pocas, pensé :3 Pues ya verás cuando empiece a ser un capullo... xD Queda poco pero pondré nuevo fic Frain. Promesa :)

Tomato-no-musume, omg ¿te lo has leído tantas veces? Me dejas sorprendidísima... o-o Y lo de Sailor Moon me ha hecho muchísima gracia. Me has parecido bien adorable xDD. No ayuda del todo bien a su hermano, no. Jean es lo peor XDDD. Reyes alcohólicos XDDDD Bueno, sobre todo posteo Frain el fin de semana que es cuando tengo acceso a mis imágenes. Cuando quieras dejarme un mensaje :) Sin prisas owo. Soy más de Frain y es la realidad. Todo lo que he escrito ahora es así. No significa que algún día no haga un Spance. No te traumes más ouo Ya se solucionó xD. Esta es la historia más larga de las que he ido escribiendo, de hecho.

Yuyies, no, Francis tuvo suerte y no fue demasiado grave. Bueno, Antonio tiene otros motivos que ya se han visto en este capítulo y sí, Jean Claude es cabrón y creo que no tiene más XD. Sí, yo creo que seguro que se puede morir de pena, aunque no creo que Antonio hubiera muerto de ello. De hecho, ha salido solo de eso y ha llegado a su conclusión. Es fuerte.

Kirsu, ... ¿han cambiado la barrita? Le echaré un vistazo. Sé que es uno de los capítulos más jodidos y sobre todo con ese final xDU Lo lamento. Es que si le daba más entonces el último capítulo, el 20, quedará más corto. El epílogo quiero que vaya específicamente aparte. Queda el siguiente capítulo y el epílogo. Que ya he dicho que intentaré ponerlo en menos de 7 días :D Empezaré otro. Tengo bastantes cosas escritas y finalizadas en realidad. Así que no dejaré ir el Frain tan fácilmente xD

Y eso es todo por esta vez.

Nos vemos en el siguiente capítulo.

Miruru.