Mi odiado vecino

Capítulo 20

Estaba tan frustrado aunque le habían dado ya el alta médica... (con la condición de regulares visitas para hacer seguimiento del estado de su pierna). No podía siquiera quejarse de Antonio, siempre atento y servicial cuando estaba en casa. En el momento de marcharse a trabajar, se aseguraba de dejarle cerca cualquier cosa que pudiese necesitar y le aconsejaba que se moviese lo menos posible. Había adaptado también sus horarios para poder volver a casa y prepararle la comida.

Se sentía un poco mal viendo todo el sacrificio que estaba haciendo por él, aunque se sentía como un rey. Sin embargo esa atención le impedía hacer una cosa simple: Preparar su sorpresa.

- Esta mañana voy a llamar a Gil a ver si viene a pasar el rato conmigo. Me aburro demasiado. Así que hoy puedes quedarte a comer en el hospital, le diré que me prepare cualquier cosa.

- ¿Quieres morir? Gilberto no es el mejor chef del mundo. De hecho, no sé ni cómo sigue vivo cuando su dieta se reduce a patatas y cerveza.

- ... B-bueno, tú no te preocupes. Además, si te quedas allí, podrás salir antes.

- De acuerdo. -dijo Antonio acercándose a él y besando su mejilla.

Cuando se marchó, agarró el teléfono y marcó el número de Gilberto. Tardó en cogerlo lo que le pareció una eternidad. De hecho, al escuchar ruido, pensó que había saltado el contestador.

- Mmmdiga, al habla el increíble Gil.

- Sí... El increíblemente dormido Gil. Pensaba que no ibas a cogerlo nunca.

- No quiero recibir una llamada de un pervertido de buena mañana. A estas horas no están puestas ni las calles.

- Entonces me pregunto si Antonio habrá caído al vacío al salir a trabajar.

- ¿Y bien? ¿Me has llamado para decir tonterías únicamente? Porque, si es así, cuelgo.

- ¿Quieres venir a visitarme?

- No. -sentenció presto y tajante.

- ¿¡Cómo eres tan sumamente cruel? Estoy convaleciente y no has dudado ni un solo segundo. Necesito que me lleves a un sitio y sé que tienes un coche de sustitución con el que ir. Además, le dije a Antonio que estaría contigo. Si no vienes, moriré de hambre y encontrarán un hermoso cadáver.

- Sí... Claro...

- Y ya sabes lo que ocurrirá. Antonio no estará contento de perder a su prometido y jurará vengarse de ti. Te matará, Gil. Lenta y dolorosamente... Ya sabes que enfadado es terrorífico.

Y Gilberto se quedó en silencio. Francis sonrió victorioso, jugar la carta de: "vas a hacer que Antonio se mosquee y eso da miedo" era algo que no hacía demasiado. Más que nada porque era un acuerdo entre Gil y él. Tanto les aterrorizaba, que sabían que aquello sería una espiral de pánico constante. Mejor no tentar al diablo. Aunque en otras ocasiones el francés exageraba como si la vida le fuese en ello, esta vez era un razonamiento sólido. Si Antonio se quedaba sin su querido barbudo gabacho por su culpa, a saber lo que sería capaz de hacerle.

- Está bien. -dijo suspirando con pesadez- Dentro de unas tres horas me tienes allí.

- ¡Gracias~! Eres un solete~ ¡Te quieroo~!

- ¡No digas esas cosas! ¡Das grima, hostia puta!

Se rió al escuchar el timbrecito de llamada desconectada. Bueno, al menos había conseguido realizar el primer paso de su plan. Después de vestirse, Francis, haciendo uso de sus muletas, caminó hacia la calle bajo la atenta mirada de Gil, que vigilaba que no fuese a caerse. Probablemente lo más difícil fuese ayudarle a subir al coche.

Una vez logrado esto, Francis se puso a mirar por la ventana ilusionado. Con eso de que no tenían coche, Antonio no le había llevado demasiado lejos ya que era aún muy pronto. Las ganas de comprar un utilitario aumentaron.

- Pareces un perro. Sólo te falta sacar la lengua.

- Eso es muy grosero. -dijo Francis con tono ofendido- Hace semanas que no salgo y me apetecía.

- Cierto, ¿a dónde vamos?

- A una joyería.

Después de largos minutos para encontrar aparcamiento, dieron un lugar por pura casualidad. ¡Cuántos gestos había hecho el galo para saber si el tipo que acababa de montarse en aquel Renault se marchaba o no...! Fue otra batalla épica el tratar de sacar al galo del coche. Parecía el inicio de un chiste malo y xenófobo: "Esto es un español intentando sacar a un gabacho de un coche..."

La joyería a la que había ido se veía imponente. Sólo la mirada de la dependienta hizo que Gilberto se sintiese cohibido. Sin embargo, Francis parecía en su salsa. Se puso a mirar vitrinas en busca de algo que no sabía qué era. Se acercó a él y habló en voz baja para que la dependienta no les oyese (aunque dudaba que en ese silencio sepulcral no se enterase de nada).

- Oye, ¿se puede saber a qué hemos venido? Este sitio tiene pinta de ser carísimo. Como Antonio se entere de que te has gastado un dineral en tonterías... Ya sabes que desde que decidisteis casaros se ha puesto en modo dictador respecto a gastar dinero.

- ¡Lo sé! -susurró Francis- Pero es algo que tengo que comprar como sea. Es un gasto necesario.

- A ver, cuenta. Si me parece buen motivo, quizás te cubra las espaldas.

- Un anillo como el mío. En las parejas heterosexuales el hombre le compra el anillo a la mujer y ya está. Todos contentos. Pero nosotros somos diferentes. Yo luzco este anillo, distintivo del compromiso espiritual y sexual con alguien. Pero... ¡Él no lleva nada! La gente se va a pensar que está libre. ¿Tú lo has visto? ¿Eh? Está tremendísimo... Todo el mundo lo deseará.

- Yo no le deseo.

- Todo el mundo menos tú (porque eres idiota, ciego y no tienes apetito sexual ninguno) le deseará.

- Vamos, que le vas a poner un anillo porque él no permitiría que le pusieras una correa al cuello que tuviese inscrito: Propiedad de Francis.

- ¿Por quién me has tomado, Gilberto? Esa es una parte pequeña. La otra tiene que ver con mi deseo de pedirle también que se case conmigo. Le quiero. Deseo que lo sepa.

- Ya lo sabe... -dijo cansado Gil, revolviéndose el pelo por la nuca.

- Quiero comprarle un anillo. Quiero que cuando lo vea piense en mí, piense en todo lo que le quiero, en todo lo que me quiere y que sonría enternecido ante toda la situación y los recuerdos de lo que hemos vivido.

- Tú haces todo eso, ¿verdad? -dijo el español mirándole con incredulidad. El francés se quedó estático y se ruborizó- Lo haces.

- E-eso no tiene importancia ahora. -dijo haciendo un gestito con la mano- Le voy a comprar ese.

Gil entornó el rostro para ver cuál era el anillo que señalaba: se trataba de uno de oro y tenía un enorme pedrusco que refulgía casi como una bombilla de ocho vatios. Se lo quedó mirando durante unos segundos, esperando que se transformara por arte de magia en otro tipo de alianza.

- Me parece que después de todo no tienes claro el sexo de Antonio. Es un hombre, ¿sabes?

- ¡Claro que lo sé! Y bastante mejor que tú, además. Ese anillo es perfecto.

- Sí... Perfecto para cuando Antonio se haya hecho la operación de cambio de sexo.

- Qué pesado...

- Mira, franchute, conociendo a Antonio como lo conozco, gástate más de mil euros en ese anillo y lo usará para abrirte en canal con el pedrusco, que tiene pinta de estar afilado.

- No seas sádico. -replicó espantado.

- Vale. ¿Me quieres decir que, si piensas en su reacción seriamente, no le ves estampando ese diamante en tu cara?

- ... Sí, lo hará. -dijo Francis cerrando los ojos. Se llevó la mano a la cara y admitió la derrota.

- Bien, me gusta que de repente des signos de inteligencia.

Gilberto empezó a pensar que aquella había sido una idea horrible. Francis era idiota y no dejaba de señalar anillos raros. Estuvo a bien poco de dejar que comprase uno horrible y que Antonio se encargase de matarle.

- ¡Este! -gritó señalando un sello- Le pediré que le graben su inicial y la mía.

- ¿Le has visto cara de gitano? No se lo va a poner. Y el precio de éste, más que le graben esa chuminada será desorbitado. Te matará. Compra algo normal.

- ¡Pero quiero que sea algo especial!

- ¡Pero te va a matar si compras estupideces! Y estoy empezando a saber por qué te amenaza de este modo. Menudo plomazo de tío...

- Por favor, Gil. Tienes que ayudarme. Tienes que ayudarme a decidir qué comprarle. Nada me parece suficiente para expresar mi amor.

- Si quieres que te ayude debes dejarme tomar decisiones. ¿De acuerdo?

Con cara de animalillo abandonado, Francis afirmó con la cabeza. Se sentía desesperado. Había dicho un montón de anillos pero en realidad ya sabía que a Antonio no le gustarían.

- Está bien. Por favor, traiga los anillos baratos, los de los pobres.

- ¿¡Quieres que le compre un anillo de esos que dicen que cambian de color según tu estado de ánimo y que valen tres euros?

- Tío. ¿¡Tú has visto a la puta tienda que me has traído? ¡Que no me extrañaría que tuviesen a un tipo contratado única y exclusivamente para que te probara los anillos! ¡¿Cómo pretendes que vendan esas mierdas? ¡Los baratos son caros para mucha gente!

La mujer sacó una bandejita de anillos cuyos precios no sobrepasaban los doscientos euros. Todos eran bien sencillos aunque seguramente eran el tipo de anillo que Antonio aceptaría ponerse. Después de un par de discusiones más con Gilberto, se decidió por uno de plata algo más fino que el que él llevaba, aún así era lo suficientemente grande como para no parecer de mujer. Como colofón, puesto que el anillo era demasiado barato (y Gilberto no estaba nada de acuerdo con esta afirmación), le pidió que le grabara en el anillo la fecha en la que habían empezado a salir, sus iniciales y la fecha en que Antonio le había pedido que se casaran. Les dijeron que por la tarde lo tendrían y que se pasaran a eso de las cinco.

Salieron y decidieron ir a comer a algún sitio. Mientras el español conducía, Francis se entretenía intentando averiguar a dónde le estaba llevando y de repente le vio entrar en un McAuto. Se le quedó cara de horror puro.

- No me digas que me traes aquí... -dijo Francis.

- ¿Por qué no? La comida está buena.

- No. No lo está. Mi paladar se niega a comer esta bazofia. Vamos a otro sitio.

- Tu paladar se negará, pero tus piernas no pueden sacarte del apuro, Francis~ -dijo con una sonrisa traviesa Gilberto.

- ¡Esto es maltrato! Se lo contaré a Antonio.

- Y yo le contaré que le querías comprar un anillo de casi dos mil euros y que si no llego a estar yo lo hubieses comprado. ¿A quién crees que le va a dar las gracias? Jaque mate.

Se le quedó un gesto desencajado. Era cierto, puesto de esa manera, Antonio le agradecería a Gil su gran acción y él quedaría como el malo. Por fin pararon delante de la ventanilla, ésta se abrió y un rubio de ojos azules y con gafas apareció.

- Hello, welcome to Mc Donalds. What's your order?

La cara de asombro e incomprensión de Gilberto y Francis era digna de fotografiar. ¿Qué demonios era aquello? ¿Desde cuando se habían ido al extranjero? De repente una voz gritó en el interior del recinto.

- ¡Alfred! ¡Te tengo dicho que atiendas a los clientes en español! ¡No estamos en América!

- ¡Lo siento, boss! -dijo el chico tras reír, con un fuerte acento inglés- Bienvenidos a Mc Donalds, ¿qué van a tomar?

- Pues yo quiero un menú, con una Cheeseburger con patatas Deluxe y una Coca cola. Y él querrá...

- ¡No pienso pedir nada! ¡Cancela tu orden! ¡No quiero comer aquí! ¡Te lo he dicho ya!

- Él querrá lo mismo. -dijo Gilberto.

El chico que les atendía rió y empezó a gritar a pleno pulmón. Francis tenía de nuevo cara de estupefacción. Agarró de la camisa a Gilberto y empezó a zarandearle mientras le gritaba cosas como que iba a hacer que se cebara, que moriría por el colesterol que esa comida llevaba, que no tenía gusto culinario alguno, etc.

- Aguanta. -dijo sin inmutarse Gil y le fue pasando las cosas que el chico de caja, Alfred, le iba dando.

- Seventeen euros, please~ -dijo el chico cantarinamente. Francis y Gilbert volvieron a mirarle con cara de desconcierto. ¿Por qué? Simplemente, ¿por qué tenía esa manía? Ya le habían dicho que no hablara en inglés.

- ¡Alfred! ¡El inglés, cojones! -se quejó el hombre del interior.

- Ah, sorry. Diecisiete euros.

- Tiene más acento que yo, que ya es decir. -dijo Francis asombrado.

- ¡Paga! -exclamó contento Gilberto.

- ¿¡Estás loco! ¡Te he dicho que no quiero comer esta basura! ¿¡Encima pretendes que la pague! ¡Se te deben haber frito las pocas neuronas sanas que te quedaban!

- Eres un soso.

- Y tú un necio. -dijo Francis indignado. Desvió su rostro y miró hacia la ventana, demostrando así su disgusto.

Aquel día, Antonio consiguió terminar su jornada a las seis y media de la tarde. Tras el ajetreo de gente en el metro y su ratito de camino hasta casa, sacó las llaves y se adentró en el piso. En el sofá se encontró a Gil y a Francis, cada uno con un mando de la consola que descansaba en el suelo.

- ¿Y esa consola de dónde la has sacado? -preguntó Antonio mirándoles interrogante.

- La ha traído Gil de su casa. Decía que no quería ver ninguna película y que esto sería más divertido así que fuimos a buscarla.

Gilberto, sin despegar sus ojos de la pantalla, levantó la mano a modo de saludo. Antonio arqueó una ceja y fue hacia la cocina para dejar unas bolsas del supermercado, por el que había pasado antes de llegar a casa. El galo, sacando fuerzas de flaqueza, se levantó y le siguió hacia la cocina.

- Ah, por cierto, vamos a tener que invitar a Gil a cenar. -de repente el hispano le miraba interrogante- Es que ha dicho que le he dado un montón el coñazo y que quiere compensación por daños y perjuicios.

- No sé ni cómo te apetece quedar con él. Cada vez que os veis sin estar yo, luego te llama pesado y te pide compensaciones.

- En el fondo no es mal tío. -ahora su expresión se tornó enfurruñada- Aunque me ha hecho comer en McDonalds.

- ¡Ay, mi pobrecito Francis! -dijo Antonio medio riendo, yéndose a abrazarle.

El galo aprovechó para acabar de buscar el consuelo que le faltaba tocando el trasero de su prometido. Lamentablemente, Antonio se apartó y con él esas redondeadas nalgas. Toda una pena, la verdad. Francis introdujo la mano en el bolsillo y sacó la cajita de color oscuro.

- Esto es para ti.

El español abrió la caja y se encontró la sortija. La observó atentamente y acabó por funcir el ceño un poco.

- ¿Es que quieres que yo lleve un anillo para que no se me acerque nadie? No tenías que gastarte dinero en esto. Lo devolveremos.

- Hala, ¿por qué todos pensáis en lo mismo? Ya puestos, ¿por qué no devolvemos también mi anillo? Seguro que así todo sería mejor.

- Pero ese anillo es de cuando te pedí que nos casáramos.

- Pues este es de cuando yo te lo pedí a ti.

- No sé...

El galo empezó a refunfuñar. Aún peor, lo hacía en francés, rápido. Antonio lo ignoró. Sabía que si intentaba entender qué decía, se frustraría al encontrar que no comprendía una sola palabra. Sacó el anillo y lo examinó. Fue en ese momento que vio que dentro de la alianza había algo inscrito. Cuando lo hubo leído, el español se puso la sortija al dedo que le tocaba y cerró la cajita.

- Por si algún día la busco, dejaré la caja en este armario.

Francis paró entonces de quejarse y le miró incrédulo. Vio la alianza de plata en su mano y sintió que la felicidad superaba a la sorpresa.

- ¿No decías que querías devolverlo a la tienda? -preguntó el rubio con una sonrisita.

- ¿Yo? No he dicho eso en ningún momento. Lo habrás escuchado mal. Venga, mueve ese culo y cojea hasta el salón. Os prepararé mientras algo para cenar.

- Te puedo ayudar. -dijo con aura radiante el francés.

- Tira. No fuerces más esa pierna por hoy.

Se resignó y salió de la cocina. Pero, inquieto como él solo tras la gran alegría que había recibido, Francis se asomó de nuevo, con sigilo. Antonio estaba apoyado de espaldas contra la encimera, tenía el anillo en las manos y le daba vueltas, tratando de leer de nuevo la inscripción. Francis sintió que se le fundía el cerebro cuando le vio sonreír con tanto amor a la alianza.

El español levantó la mirada y se encontró el rostro asomado de su futuro marido mirándole como si fuese en realidad un ídolo de masas y él el fan más fiel de todos.

- Tienes una cara horrible ahora mismo... -dijo Antonio con cara de póquer.

- Yo también te quiero, mi amor~ -dijo Francis sonriendo galán. Guiño un ojo y antes de marcharse le lanzó un besito.

El de cabellos castaños suspiró resignado. No iba a cambiar nunca, estaba visto. Aunque también era cierto que le quería tal y como era, incluso con esa larga lista de comportamientos incorrectos.


Habían pasado ya tres meses desde el accidente. La pierna del Francis ya estaba bastante sanada, aunque ambos comprobaron que la cicatriz que le iba a quedar sería, si no hacían nada, permanente. La mayor parte del tiempo, Francis no le daba importancia e incluso bromeaba con que podría impresionar a la gente diciendo que en realidad era inmortal y que había combatido en la batalla de Waterloo. Antonio le había visto hacer este tipo de bromas y lo único que había hecho era sonreír tímidamente, como el que escucha un chiste racista que no le hace gracia pero no quiere que el que lo cuenta se sienta mal por ver que no reía.

Y es que él no era ciego. A veces lo había encontrado frente al espejo de su habitación, mirando el reflejo de la pierna descubierta. El verano había hecho que Francis fuese consciente de que esa herida estaría ahí, por mucho tiempo que pasara. En esos momentos, Antonio sentía una punzada de tristeza al ver que suspiraba y dejaba pasar allí el tiempo. Cuando no lo podía aguantar más, hacía una casual aparición en la habitación, le hablaba de cualquier otro tema, veía a Francis sonreír como siempre y Antonio le abrazaba.

Le producía angustia saber que, aunque sufría por ello, Francis se negaba a explicárselo y pretendía que todo estaba bien. Un día, finalmente, no lo pudo aguantar más. El galo esperaba el típico abrazo que Antonio daba porque sí, y que le ayudaba a sentirse mejor, pero en vez de eso se fue hasta la cama y se sentó dándole la espalda.

- Si no estás bien no hace falta que hagas ver que sí lo estás. -había dicho Antonio en un murmullo- Se hace duro ver lo mucho que te esfuerzas en pretenderlo.

En ese instante, Francis suspiró, cojeó hasta la cama y se sentó en ella. Apoyó su espalda contra la del español y miró ido a una de las paredes.

- En realidad no estoy tan mal. Ya sabes que estoy muy orgulloso de mi cuerpo y esa herida no se va a ir.

- Siempre puedes operarte. Seguro que hay algo que te pueda dejar más disimulada la cicatriz.

- No hace falta. También es un recuerdo de que estuve a punto de morir. Y, además, de que me pediste que me casara contigo.

- No seas ridículo. -dijo Antonio. Se giró y le abrazó por la espalda- Si quieres recordar que te pedí que te casaras conmigo entonces mira el anillo pero no una estúpida herida.

- Oye~ -dijo después de reír por un segundo- No es tan estúpida. En su momento dolía un montón.

- Lo sé. Por eso mismo. -aún lo estrechó más entre sus brazos- Ya te ha dolido suficiente. Pediré información a los cirujanos del hospital a ver qué aconsejan y si saben de algún lugar.

En ese instante, Francis no dijo nada. Se limitó a asentir con la cabeza. El abrazo del español era cálido y le hacía sentirse bien. Notaba las manos acariciar sus brazos con mimo y eso hizo que aumentara la sensación de protección. Echó la cabeza hacia atrás, acercándose más a él, y la apoyó contra la suya. Cerró los ojos y dejó que Antonio siguiese besando su mejilla, su sien, su cabello...

Cuando ya se informaron, les dijeron que seguramente sería más prudente dejar algún mes más antes de realizar la intervención. Tuvieron una larga charla, sopesando pros y contras, y Francis le dijo que no le importaba esperar un año más. Tenían la boda por delante y prefería concentrar el dinero que tenían y ahorraban en eso. Luego ya le quedaría tiempo para lo otro.

Francis estuvo más animado desde entonces. Saber que en un futuro se desharía de la marca le dejaba satisfecho. Además, el médico le recomendó que fuese haciendo ejercicio para ir recuperando movilidad. Esto se tradujo en unas ganas irrefrenables de tener relaciones con Antonio. Y, para ser sinceros, no es que el español rechazara la idea la primera vez. Llevaban tres meses en los que, con cierto cuidado, se habían abrazado bien juntos y se habían estado tocando. Pero nada más. Penetración ninguna.

Cuando llegó Antonio, Francis, escondido en la habitación, le llamó. En cuanto se asomó se las apaño para echarlo contra la cama. Una explicación y todo intento de resistirse se había desvanecido. ¿Cómo hacerlo si hacía tanto tiempo que no le sentía de aquella manera? El español reaccionaba rápido y de manera intensa a las caricias. Aquello hacía que Francis se excitara más y, tan triste como cierto, ambos habían terminado lo que se dice bastante pronto. Pero no fue algo que les hiciera parar o avergonzarse. Bien poco tardó Francis en estimularlos a ambos para una segunda e incluso tercera ronda. Antonio le tuvo que dar el alto al comprobar que hacía muecas de dolor por la pierna.

- Con que luego le vaya a doler algo sólo a uno es suficiente.

Día sí y día también probaban nuevas posturas en las que no forzaran la pierna del galo demasiado. Y cuando le dolía: o se acababa ya el sexo o, si estaban a medias, Antonio se encargaba de ponerse encima. Eso era algo a lo que nunca se negaría el francés. Era una imagen demasiado atractiva.

Lo tenía un poco agotado, era consciente de ello. Pero es que no podía resistirlo. ¡Estaba tan bueno y le atraía tanto...! Él iba con la idea de dejarle descansar esa noche pero entonces llegaba él, con ese cuerpo de infarto, y no podía resistir ese deseo urgente de poseerlo.

No era su culpa, no.

Cuando ese día Antonio le llamó pegando un grito desde la habitación, juraba haberse asustado un montón. No era normal el tono de voz que el español usaba. Deseaba poder correr pero por el momento se tuvo que conformar con cojear lo más rápido que podía con la ayuda de su inseparable muleta.

- ¡¿Qué? -exclamó abriendo la puerta de sopetón, y cargando la muleta como si fuese un bate de béisbol.

Había pensado que quizá había entrado algún ladrón. Aunque por dentro estaba muy nervioso, no podía abandonarle de ese modo. Por suerte no había nadie aparte del hispano. Suspiró pesadamente, bajó la muleta y le miró interrogante.

- ¿Por qué gritas de ese modo? Me has asustado. Pensé que había alguien que intentaba hacerte daño.

- No tenemos nada... -Francis le miró confundido tras esta declaración y como autómata repitió la frase. Antonio chasqueó la lengua a disgusto y añadió- ¡Me refiero para la boda! Dijimos de hacerla en un año y medio para que tú estuvieses recuperado y que pudiésemos prepararlo todo con calma. Pero han pasado ya casi seis meses y no tenemos nada de nada. Va a ser una boda horrible. Seguro que será tan mala que nos abuchearán. ¡Nos tirarán tomates! ¡Y yo soy alérgico!

- Calma... -dijo Francis y seguidamente abrazó al español- Sé que da un poco de miedo ver que ya queda sólo un año, pero todo va a ir bien. No hace falta tanto tiempo. Tómatelo con calma. Nadie nos va a tirar tomates, ¿de acuerdo?

- ¿Seguro? Porque yo lo he soñado y te aseguro que lo arruinaría todo.

- ¿Lo has soñado? -dijo tras reír brevemente- ¿Y no has soñado por un casual con la noche de bodas?

- Esto es serio, Francis. Me tiraban tomates y me daba alergia y me costaba respirar. Ha sido un sueño horrible. Después me desperté y estabas durmiendo casi encima de mí.

- Vaya. Eso es extraño. Ya sabes que suelo mantenerme quietecito. -se fijó en que el español parecía realmente afectado por el sueño. Lo abrazó de nuevo- Vamos~ Te prometo que si alguien tira un solo tomate en nuestra boda, le patearé hasta que suplique clemencia.

- Vale. Confío en ti. -dijo Antonio por fin sonriendo.

- Eso está mejor. Pensaba que no ibas a regalarme nunca una de tus bonitas sonrisas. No te preocupes. No te estreses. Todo irá bien.

Antonio se acomodó en el abrazo y sentenció que tenía razón. No era tiempo para estresarse.

Tiempo para la boda: 12 meses y 2 semanas.


Cuando llamaron al timbre y el cartero apareció en el rellano con un paquete, la cara de Francis se iluminó. Firmó el papel y aguardó a que Antonio volviese de comprar el pan. En el momento en que escuchó las llaves entrar en la cerradura, se apresuró a dejarlo todo en su sitio.

- Ya he vuelto~

- Antonio~ Tengo una sorpresa para ti~

Aunque intentaba disimularlo, en el rostro del hispano se leía la intriga. No eran usuales las sorpresas y sabía que era culpa suya, que ahorraba como si la vida le fuese en ello cada euro que podía para la boda y la luna de miel. Francis también era un mano rota si no se le paraban los pies.

- Cúbrete los ojos.

Puso las manos delante de sus párpados. Sonreía irremediablemente mientras imaginaba qué sería. Desde bien pequeño le habían gustado las sorpresas y aquella no sería una excepción.

- ¿Te acuerdas de que dijiste que yo me encargaría de los trajes? Pues hoy me ha llegado el tuyo. Vas a estar tan guapo~

- ¿Puedo abrir ya los ojos? Estoy intrigado.

- Sí. Ábrelos.

Le hizo caso y se quedó sin expresión al observar un vestido blanco. No un traje, no. Un vestido de novia blanco y largo con detallitos estúpidos que gustarían a cualquier chica.

- Devuelve eso.

- ¿¡Eh? ¡No puedo hacer eso! La tienda donde lo compré no admite devoluciones. Pero, vamos, es bien bonito~ Seguro que vas a estar bien adorable.

Antonio se fue hacia él, le dio una palmada bastante fuerte con cada mano sobre las mejillas del galo y a continuación le tiró de las orejas con fuerza.

- ¿¡Y vas y te gastas un dineral en un puto vestido de novia? ¡¿Has visto que se me hayan caído los testículos en estos meses?

- ¡Ay, ay, ay! ¡Me haces daño! ¡Me haces daño!

- Es que, ¿cómo se te ocurre? Parece que tienes serrín en esa cabezota tan grande, joder. -y seguía agarrando sus orejas y sonriendo de esa manera terrorífica.

- N-no. En serio. Suelta. Espera que te cuente. Es una broma. Me ha costado 10 dólares por Internet a unos de China o por ahí. Te lo juro. Te puedo enseñar la factura.

El galo tenía gesto de puro terror y unas pequeñas lágrimas asomaban por la comisura de sus ojos del daño que le estaba haciendo en las orejas. Antonio le soltó y le hizo un gesto. Lo más rápido que pudo, Francis fue a coger el portátil para demostrar que el total ascendía a unos 20 dólares junto a otra cosa.

- ¿Qué es eso otro que has comprado? -inquirió señalando. Francis le enseñó lo que parecían unas extensiones de pelo- Estás enfermo.

- Por favoor~ Póntelo. Te juro que si te lo pones no me comportaré como un idiota y para la boda te compraré un traje normal y corriente.

- ¿Y prometes que me comprarás un traje normal y corriente y no tratarás de comprarme uno de mujer?

- Te lo prometo.

- Bien. De acuerdo.

El español le arrebató de las manos las extensiones de cabello y cogió el vestido de novia. Se metió en la habitación mientras el francés proclamaba lo mucho que le quería. A medida que los minutos pasaban, más expectante se encontraba Francis. Escuchó la voz de Antonio tras la puerta decirle:

- Ni se te ocurra reírte. Estoy ridículo...

La puerta se abrió y Francis pensó, al cabo de dos segundos durante los que tuvo la mente en blanco por completo, que no podía estar más en desacuerdo. Las extensiones de cabello se confundían con el propio, caía por sus hombros y descansaba sobre su espalda y parte de su busto. Quedaba ondulado por las puntas. Realmente parecía que en esos minutos le hubiese crecido el pelo de esa manera.

El vestido llegaba hasta los pies y la cola algo más de medio metro. Dejaba al descubierto sus hombros y, aunque le quedaba algo holgado de la zona del pecho, tampoco demasiado ya que era para una persona con poco busto. Justo por encima del trasero había un gran lazo.

- Dios mío, Antonio... -dijo finalmente Francis.

- No digas nada. Ya lo sé. Estoy fatal y dan ganas de burlarse de mí. -le observó con mirada suplicante- No te rías de mí.

A Francis se le murieron muchas neuronas con esa frase. Es que lo decía con un tonito que en su mente había sonado casi como si le implorase. Y, además, su imaginación voló y empezó a ver cosas cada cual más censurable.

- ¡Joder, Antonio! -exclamó de repente con tono molesto. Estiró las manos y gesticuló frustrado con ellas- ¿¡Por qué! ¿¡Por qué no te pones este vestido! ¡Estás tan jodidamente adorable...! ¡No tienes corazón!

- ¡No me pienso poner un maldito vestido de novia! ¡Esto no es estar adorable! ¡Es estar ridículo! -se quejó el hispano sonriendo forzadamente y con un ligero rubor adornando sus mejillas.

- Como tu futuro esposo, te lo ordeno.

- Como tu futuro esposo yo te ordeno que dejes de ordenarme gilipolleces si no quieres seguir soltero.

- ¡Pero...!

- Ni pero, ni manzana. No me da la santa gana de llevar este vestido.

- No me refiero a éste. Te compraríamos uno nuevo y mejor. Más bonito. Y un liguero que yo luego te pudiese quitar con los dientes.

- No. Voy. A. Llevar. Vestido. Alguno. Llevaré un traje chaqueta y si no, no iré.

- Eres tan... Tan... -Francis hacía un gesto con la cabeza con la esperanza de que le ayudase a acabar la frase. Su mente llevaba un rato perdida en su novio, delante de él, especialmente adorable- intransigente, joder.

En ese momento, el galo ya no pudo aguantar más rato sus impulsos. Se avanzó hacia él, rodeó con sus brazos su cintura y lo atrajo hacia su cuerpo. Posó con rapidez una mano en su nuca y entonces le dio un beso fiero y anhelante. El español no esperaba aquello en ese momento. Quizás más tarde, pero no ahora. Suspiró cuando se separó y pudo recuperar el aliento. El rostro de Francis seguía cercano al suyo y sus ojos azules escrutaban sus facciones intentando memorizar el momento. Sintió un pellizco en el pelo y de repente el aire rozando su cogote.

- Me gustas más con el pelo corto. Así estás mejor.

- No. Estaría mejor si no estuviese disfrazado de mujer. Si quieres tener una, te equivocaste al escogerme como novio.

- Qué idiota eres, Antonio... No te pongo este vestido para que parezcas una mujer. Quería verte en él para ver si te quedaba bien o no. Y he acertado, te queda bien.

Otro beso agresivo y ajetreado. Aunque participó activamente, Antonio fue el encargado de romperlo y continuar la conversación.

- ¿No prefieres a una mujer?

- ¿Para qué? Tú no sólo satisfaces mis necesidades físicas, también las psicológicas. ¿Para qué querría ahora yo cambiarte por una mujer?

Francis se acercó más a él, besó el lóbulo de su oreja y la mano derecha se movió hacia delante y presionó el vestido contra la entrepierna del español.

- Me gusta la sorpresa que escondes ahí debajo~ -dijo Francis en tono juguetón- Oh là là~ Me parece que alguien empieza a sentirse excitado~

- ¿Y qué esperas? -dijo Antonio suspirando al sentir un beso sobre su cuello y esa mano moverse más, acogiendo en su palma sus testículos- No dejas de decir cosas agradables y otras subidas de tono. Y, además, esto. N-no soy de piedra, hostias. Queda muy irónico que lo digas tú, que hace más rato que estás así.

- No lo puedo evitar. Adoro ver que puedo excitarte de esta manera. Por muchas veces que ya lo hayamos hecho. Cada nueva vez que consigo que te pongas así, cada nuevo gemido, cada vez que vuelvo a ver tu rostro congestionado por el placer, es una nueva victoria que añadir a mi lista.

Esa que antes se había compuesto de los logros con un montón de gente diferente y que ahora eran diferentes cosas con una misma persona. Aquel día pudo añadir cosas que nunca pensaba olvidar: como el momento en el que se coló debajo de la falda del vestido y bajó la ropa interior y empezó a besar y lamer el miembro del español. O de su rostro, algo avergonzado al apoyarle contra la mesa y levantar la falda y dejar al descubierto su apetecible trasero. O de la manera en que gemía y llamaba su nombre cuando chocaba con fuerza contra su cuerpo y se aferraba al vestido, rodeado del blanco nupcial. Puede que no fuese a tener a Antonio vestido novia en la fecha de boda, pero lo había tenido y lo había poseído.

Respetaría lo que le había prometido: le compraría un traje normal para cuando se casaran. No quería morir antes de darle el "Sí, quiero".


Antonio se encontraba echado sobre el sofá viendo una de esas películas de sábado por la tarde que nadie quería ver pero que, a falta de algo mejor, terminaban viendo. Lo curioso es que se había enganchado y ahora no pensaba dejarla a medias. Escuchó a Francis hablando casi a voz de grito. No le prestó atención. A veces le daban este tipo de ataques estúpidos. Era posible que todo ese griterío se debiese a que alguna prenda de ropa estaba sucia, arrugada o rota. No sería la primera vez que algo así ocurría, eso seguro.

El volumen de las quejas subió y con él el de la televisión. Como se perdiese el desenlace de la película por una prenda de ropa, le iba a pellizcar el brazo hasta que le sangrase.

Pasos hacia allí le indicaron que el galo estaba transportando sus quejas hasta el salón. De repente ahí estaba, delante de su campo de visión, impidiendo que viese la pantalla del televisor. Frunció el ceño y se echó a un lado tratando de ver qué era lo que estaba ocurriendo con la hija de la protagonista. Francis volvió a interponerse entre él y la tele.

- ¿Es que piensas ignorarme? -dijo el galo con tono indignado.

- Es que quería ver quién era el asesino... -dijo el español señalando la pantalla.

- Esto es importante. ¿No puedes apagar eso un rato y escucharme? Lo estoy pasando realmente mal.

Antonio abrió la boca, aún señalando a la pantalla. Se fijó en que la indignación crecía y se resignó. Francis estaba molesto a saber por qué loca razón y él se iba a quedar sin conocer quién fue el asesino del padre de Melissa. Una hora de trepidante argumento al garete. Suspiró y tomó el mando. Apretó el botón rojo y las voces de los actores y la imagen se desvanecieron.

- ¿Qué te pasa? -dijo Antonio intentando que pareciese que estaba realmente interesado y que no le molestaba estar perdiéndose la película.

- Faltan tres meses y aparte de la hora en el Ayuntamiento y la reserva aproximada del restaurante, no tenemos nada. ¡Nada! ¡No hemos mandado invitaciones! ¡Ni sabemos a quién vamos a invitar! No tenemos los trajes, no hemos contratado a nadie que cante o ponga música. No hemos mirado fotógrafos para inmortalizar el momento.

- Anda, pues es verdad~ ¿Ya queda tan poco tiempo~? -dijo Antonio sonriendo casualmente.

- ¡Estás demasiado tranquilo!

- Tú me dijiste hace meses que debía calmarme y que todo iba a salir bien. Así que me tranquilicé.

- ¡Te has calmado demasiado! ¿A qué vas a esperar para ponerte nervioso de nuevo?

- No sé. Al día de la boda o la noche anterior.

Francis empezó a balbucear de manera atropellada. El pobre no podía dar crédito a lo que había escuchado. Él al borde del ataque de nervios, y con razón, y Antonio tan tranquilo como si estuviese tomando cóctel en las Bahamas. El hispano se levantó, tomó las manos de su pareja y le hizo sentarse en el sofá. Eso no le calmó. Le dio besos en la mejilla y viendo que no lograba nada suspiró pesadamente y se apoyó en su hombro.

- Está bien... ¿Te calmarás un poco si hacemos la lista de invitados? -vio que Francis afirmaba- De acuerdo. Hagamos eso entonces.

Se levantó del sofá y fue a buscar bolígrafo y papel. Francis estaba sentado tenso aunque por el momento había dejado de gritar. Se dejó caer a un lado suyo y buscó una hoja limpia en esa libreta.

- Sólo te pido que no pongas a mi madre junto a tu hermano porque desde lo del hospital no es que le caiga muy bien. No me gustaría que le dijese algo y que tu madre saltase y tener una pelea campal de madres. Que ya se sabe que les tocan a sus hijos y se transforman en hienas.

- Sinceramente, había pensado en no invitar a mi hermano. Así nos evitamos problemas.

- ¿Qué? Francis, por mucho que hiciera, no deja de ser tu hermano. Tendrías que invitarle. Seguramente no le interesará venir.

- ¿Y si decide que quiere hacerlo para arruinarnos la boda? No. No me arriesgaré.

- Francis... -insistió

- Que no.

- Escucha. A pesar de todo lo que ha intentado, no ha logrado separarnos. Por eso creo que si le invitamos a la boda le fastidiará más que si no lo hacemos porque será como restregarle nuestra victoria por delante de la cara.

El rubio, que había estado con la boca entreabierta, dispuesto a exponer un contraargumento, se quedó estático. Se llevó el dedo índice de la mano derecha al mentón, cavilando por un instante en lo que Antonio le acababa de decir. Después le observó como si le viese por primera vez.

- Es retorcido. Me gusta. Eres tan calculador cuando quieres... Por estas cosas me caso contigo.

El hispano examinó a su prometido mientras éste, con ánimos renovados, empezó a escribir nombres en una lista. En realidad era calculador pero no del modo que él estaba implicando. Le había dicho todo aquello para conseguir que le invitase y así ahorrarse problemas. ¿Qué hubiese pasado si no invitaran a Jean? Seguro que se enteraría y, hecho una furia, iría a contárselo a Simone, la cual intentaría de manera inútil hablar con su hijo. Al no conseguir nada, intentaría hablar con él y le tocaría tratar de convencer a Francis. Pues mejor lo lograba ya y se ahorraba la vergüenza de tener que explicarle a la mujer por qué su hijo no había sido convidado a la celebración.

- He pensado en invitar a alguien del hospital. -se dio cuenta de la mirada que le dirigía el galo- O puede que no...

Antonio se enfurruñó y miró hacia otro lado. Si no podía invitar a quien quisiera, entonces no comprendía qué significado tenía hacer la lista de invitados los dos. Que la hiciese Francis solo. El rubio se acercó y le abrazó.

- No te pongas así. Te lo digo porque esa gente no te ha apreciado demasiado. Pero si te apetece que venga alguien, puedes invitar a un par. -dijo Francis soltándole. De repente sonrió como si acabase de tener la idea del siglo- Podríamos invitar a David.

Antonio parpadeó anonadado y no dijo nada. Seguramente había escuchado mal. Era imposible que hubiese dicho eso, ¿verdad?

- Después de todo, se puede decir que gracias a él estamos juntos, ¿no?

- ¿Gracias a él estamos juntos? -preguntó Antonio dibujando una sonrisa forzada.

- Hombre, ten en cuenta que...

- Antes de que sigas. Para por un segundo y piensa fríamente en lo que estás diciendo y decide cuidadosamente qué va a ser lo siguiente que vas a decir.

Se hizo un silencio de unos cuantos segundos. De repente se dio cuenta de que la broma que en un principio pensó que podía ser graciosa, tenía de divertida lo que él tenía de inglés. Decir que estaban juntos gracias a que Antonio fue acosado durante un considerable tiempo por su jefe era algo que no era para nada gracioso. Mejor no llamar a los demonios ahora que ambos estaban tranquilos.

- Te quiero. Por favor, no decidas que ya no quieres casarte conmigo por haber dicho esta gilipollez.

- Me lo pensaré. -dijo Antonio por decir. En realidad, con que se hubiese dado cuenta y hubiese rectificado, tenía más que suficiente- No te olvides de Gilberto.

- No podría. Aunque no aceptaba nuestra relación, ahora está todo pesado insistiendo en que no se me olvide invitarlo. Es capaz de presentarse y armarla bien gorda. Es como un niño pequeño.

- Mira quién fue a hablar...

- ¡Yo no soy como un niño pequeño! -espetó. Viles mentiras.

- El día que me demuestres lo contrario, juro que lo retiraré. Pero no va a llegar nunca ese momento.

Largas horas pasaron en la sala de estar. Caminaron por la estancia, se echaron en el sofá, incluso en el suelo, mientras pensaban en quién debía asistir y más o menos cómo organizarlos en el restaurante. Francis acabó con dolor de cabeza y Antonio sentía punzadas en la espalda del largo rato que había pasado tumbado en el suelo.

Al menos les quedaba una cosa menos por hacer. Y esta vez Francis no iba a permitir que las cosas se siguiesen postergando.


Se encontraban en el piso de Gilberto y Francis sentía que sus piernas tenían la misma consistencia que la gelatina. Por supuesto era todo producto de su imaginación. Una reacción más que obvia a la fecha en la que se encontraba. Por un par de minutos se dedicó a lloriquearle a Gil porque le daba la impresión de que el chaleco había encogido y que le iba pequeño. Aún chilló más cuando le dijo que quizás se había engordado. Rectificó a tiempo y le dijo que no, que había encogido. Eso hizo que dejara de chillar como un cerdo en el maletero.

Gilberto le ayudó a hacerse el nudo de la corbata ya que su pulso le estaba jugando una mala pasada. Le hacía gracia. Antonio estaba en otra habitación y no estaba ni un tercio de nervioso. O eso, o lo sabía disimular mucho mejor que Francis.

- No sé si puedo hacer esto, Gil. -dijo el galo sonriendo de manera tensa- Me tiembla todo. No creo que pueda mantenerme en pie. Me caeré, haré el ridículo y Antonio me plantará. Para eso, no lo hago y me ahorro el mal rato.

- Ni se te ocurra rajarte ahora. Después de un año y pico durante el que has tenido tiempo, a dos horas del evento no es el momento de decidir que no quieres casarte.

- Tengo miedo. No quiero. No.

- ¿Que qué? -dijo la voz de Antonio.

El español, repeinado de manera elegante y desenfadada, tenía una sonrisa pasivo-agresiva en el rostro. El traje de Antonio era blanco y su chaleco también. Llevaba un pañuelo asomando de un pequeño bolsillo a la altura del pecho. Sus manos estaban crispadas a la altura de sus caderas.

- No... No puedo... Estoy muy nervioso.

- ¿Y te crees que yo no lo estoy? Tanto que creo que me chirrían los huesos de lo tenso que estoy por los nervios. Así que ahora mismo vas a demostrar que eres un hombre, que te cuelgan pelotas por la misma razón y vas a ir a ese sitio a casarte conmigo.

- P-pero va a haber mucha gente... -lloriqueó Francis. El ataque de pánico era de proporciones épicas.

- Mira... Voy a salir por esa puerta y de algo te aviso: como no te presentes, te buscaré y daré contigo. ¡Entonces te arrancaré los cojones que solo te sirven de adorno y me casaré con ellos si hace falta! ¡Pero ten en cuenta algo, yo hoy me casaré aunque sea con una parte de ti y ya puestos a mutilar te arrancaré lo que más te dolerá perder! ¿¡Está claro! Ahora deja de ser marica y mueve tu trasero de gabacho.

Las caras de Gil y Francis eran todo un poema. Antonio se fue no sin antes pegar un señor portazo. En ese momento, el galo se llevó las manos delante del rostro y se echó a llorar dramáticamente.

- Tío... No me acaba de amenazar a mí pero estoy acojonado. -murmuró Gilberto- Y te vas a casar con él.

El rubio de repente apartó las manos y, aunque había rastros de lágrimas en la comisura de los ojos, ya había dejado de llorar.

- Lo sé. Al menos, con el miedo que me ha dado la idea de quedarme sin testículos, ya se me han pasado los nervios. Además me ha dado pena. ¿No te has fijado en que el pobre temblaba?

- No me he dado cuenta.

Francis sonrió con confianza y se puso una pequeña flor en el bolsillo de la chaqueta.

- Por eso mismo soy yo, y sólo yo, el que va a casarse con él.


Pues nada, aquí está el último capítulo. Ahora sólo falta un pequeño epílogo que espero subir el lunes o así (no os haré esperar una semana), ya que es cortito. Espero que me dejéis review en ambos capítulos ya que no tienen mucho que ver uno y otro (hay un saltito) Os lo agradecería mucho, la verdad.

Lo siento si hoy he tardado más pero es que he tenido asuntos entre manos y tal. En fin, no me demoro más y paso a los reviews, que se nota que pasó lo del compromiso, de repente hay más xDDD Gracias ouo.

Tanis Barca, awnnn... ¿has llorado? ¿En serio? Omg... Me alegra que el fic pueda llegarte tanto ;w; Me siento completa *emocionada* Awnnn... *abrazo* Me llena de satisfacción ver que pueda llegarte tanto lo que escriba. La verdad es que a mí también me da pena terminar de subirlo (y eso que hace bastante que lo escribí) pero bueno... Espero que el resto te gusten igual :D

Nanda18, omg xD yeahhh... Puedes comentarme lo que sea, intentaré contestar si me empano. Que a veces estoy en mi mundo xD. Así que lo sabías... 8D XD

Candy Darla, bueno quise cambiar un poco y la verdad es que lo cambié sobre la marcha XD Mientras te parezca bonito, está bien ouo.

Hethetli, me encanta y me sorprendes porque siempre que te saltas review me sueles dejar luego los dos :'D you're so lovely... Si tiene que buscarlo sería "Buscando a Carmen Sandiego" pero en versión Hetaliense xDDD Hizo aparición triunfal xDDD Bueno, quedaba claro ouo Pero no lo decidí casi hacia el momento de escribirlo xD

Kirsu, xDDD es que cantaba mucho cuando se agachó xDDD... Me apetecía. Si te fijas el fic ha ido desde que no se conocían hasta que ahora se casan, so es una vida ouo

Nightview, ¿no te lo esperabas? Me asombra que algunas lo esperabais, otras no xD Es curioso y entretenido. No sé por qué no se ha operado, a tanto no he llegado a pensar, la verdad. Pero algún motivo tendrá. ¿Le faltará el dinero? XD No sé.

Ann Aseera, Claro que síii! Imperio francohispano! Suena tan rematadamente bien eso... *delira severamente * Ejem... perdón xDDD El caso es que me alegra que te haya parecido bonito ;v;

RinYue, Hola Rin :D O RinYue... O como quieras que te llame :'D ... Uah... Me hace alucinar bastante que te enamoraras de este pairing por uno de mis fics y gracias por leer :') Gracias por todos tus cumplidos ;v; Me hacen feliz y me animan a seguir escribiendo y publicándolo aquí en fanfiction. Gracias a vosotros por dejar tantos reviews porque es simplemente increíble. Me hacéis muy feliz y no por el contador de reviews sino porque adoro ver cómo reacciona la gente con lo que escribo y le da aún más sentido :) Así que gracias a ti también, de verdad. Pueees me temo que no vas a saberlo. Quizás no se quede con ninguno de los dos xDDD

Misao Kurosaki, Claro que no, yo voy actualizando ouo. Antonio corriendo por su vida xDDD Aquí de momento está permitido, esperemos que no cambie porque me parecería como volver al pasado xDU Claro que sí. Traeré más cosas. Ni te cuento 8DD Pero tengo unas cuantas ;D Gracias por leer ouo

Yuyies, Antonio se toma las cosas muy a la tremenda, sí. En este fic odia fallar a la gente xD. Bueno, sigue siendo su madre y sabe que en el fondo Jean no lo ha tenido fácil y que no es que sea tan malo es que no sabe expresarlo. Sigue siendo su hija. No te preocupes, traeré más fics ;D

Ariadonechan, awnnnn~ ouo Me encanta que reaccionéis tanto es simplemente amazing. Me llena mucho ;v;. Bueno, ya es bastante largo así que ya le tocaba terminarse. Además, están avanzando. Ha llovido mucho desde que se putearan o desde lo de David o Jeanne. Si lo piensas, es un paso grande XD

Hikaru in Azkaban, ahaha xDDD Se casan~ ouo. Jojo... Pues la verdad es que pensaba hacer que fuera Francis quien se declarase. Pero tal y como estaban las cosas, lo pensé mucho y de repente me vino esto y decidí que se salía de lo esperado y que quedaría mono (según mi criterio) así que lo puse xD. No te preocupes, volveré con más fics 7

Tomato-no-musume, xDDDD recaudemos dinero xDDDD No podía dejar a Francis sin Antonio, es la realidad. Eres de las que no esperaban boda xDDD . Bueno no todas las familias iban a ser perfectas, es lo que hay. Awn, gracias ouo. Si son traumas positivos me alegro porque no quiero dejaros hipertraumadas XD

Swk111, xDDD no te preocupes, tampoco os voy a pegar si no me dejáis review :'D Aunque me gusten no soy de las que obligan a un número de review para publicar. No te angusties owo. El mensaje para Mónica me ha matado xDDDD Epic. Pues claro que sí, matrimonio~ Creo que es en el único fic en el que los he casado XDDD Aquí tienes la actualización. Perdón por las horas de más óuo'

Y eso es todo por esta vez. Nos vemos en 2 días con el epílogo del fic. Haré un comentario más profundo y resumen, como suelo hacer, y os explicaré qué viene a continuación :D

Hasta dentro de 2 días~

Miruru.