Capitulo 13

El adiós

El tiempo paso volando, Blaine y yo disfrutábamos de cada momento juntos, despertábamos temprano por la mañana y paseábamos por el campo, a Blaine solía gustarle escalar los arboles del lugar pero el que más amaba era el duraznero, aquel que se encontraba en la entrada del campo. Ambos nos trepábamos a él a diario y esperábamos a que el sol se ocultara para bajar.

Una tarde Blaine tomo una navaja y gravo "Kurt + Blaine por toda la eternidad" en el árbol, yo creía que era algo tonto, pero en el momento que lo hizo creí que esas palabras se harían realidad.

Nos encontrábamos desayunando en el parque, hacia un día hermoso.

-si pudieras hacer algo que jamás hiciste-le dije al moreno- ¿Qué sería?

El moreno me sonrió sorprendido, luego se quedo pensativo por unos segundos.

-siempre quise saber lo que se sentía andar en una bicicleta y sentir el aire sobre el rostro, creo que sebe sentirse como ser libre.

Lo observe extrañado por unos segundos.

-¿jamás has andado en bicicleta Blaine?- el moreno negó revoleando sus risos desordenados.

-nunca tuve una-me explico. Salte de mi silla y lo tironee por el brazo- ¿Qué haces?

Le sonreí.

-Blaine Anderson Hummel hoy aprenderás a montar en bicicleta.

Tardamos un rato en que Blaine lograra mantener el equilibrio en la bici, pero finalmente lo logro.

-no tenía idea que mi abuela tuviera bicicletas-dijo este mientras pedaleaba cada vez más veloz por la calle deshabitada. Yo lo seguía en otra bici, observándolo y cuidando de que no callera.

En un segundo Blaine soltó el manubrio de la bicicleta y cerro los ojos dejando que el aire azotará su rostro y moviera sus risos con ferocidad hacia atrás. El moreno extendió los brazos a los costados como si fuera un ave. Pude observa la cara de Blaine, la paz que tenia este, su sonrisa, era feliz.

-¡soy el rey del mundo!-grito, yo reí junto a él.

Repentinamente volvió sus manos al manubrio y freno, yo lo imite.

-esto es genial-su sonrisa era inmensa y su respiración agitada, pero podía notar que realmente lo estaba disfrutando- volvamos, con una carrera.

Nos largamos a andar velozmente por la carretera desierta hasta la casa de campo. Blaine gano, pero solo porque él no tenía miedo a caer o a chocar contra algo.

Luego de la agotadora tarde, cenamos y nos recostamos sobre la cama.

-soy el chico más afortunado del mundo ¿lo sabías?- le sonreí volteándome para que nuestros rostros quedaran uno frente al otro.

-¿en serio?-acaricie su rostro.

-pues si-dijo orgulloso- tengo al chico, tengo la casa, tengo la felicidad, me siento genial ¿Qué más puedo pedir?

Bese sus labios, el tacto era dulce, como ningún otro.

-pues entonces yo también soy el chico más afortunado- el moreno me observo con curiosidad.

-¿Por qué?-indago sonriendo.

-porque te tengo a ti y tú me amas.

Blaine rodeo mi cintura con sus brazos acercándome más hacia él, pegando nuestros cuerpos completamente, beso mis labios mientras acariciaba mi cuello.

-te amo-me susurro con las vos entre cortada y la respiración agitada- eres mi vida, nada se puede comparar con un segundo junto a ti.

Coloque mis manos en sus risos rebeldes y lo bese intensa, dulce y pasionalmente, dándole todo lo que podía, expresándole todo el amor que tenia, porque lo amaba más que a nada ni a nadie y eso era lo menos que se merecía.

Me desperté a la mañana siguiente por un leve rayo de luz que entraba por la ventana, observé el rostro de Blaine dormido, tenía una sonrisa en su rostro. Sus labios se entreabrieron por un instante.

-Kurt- susurro el moreno y volvió a sonreír. Soltó un suspiro cansado.

Las lágrimas comenzaron a caer de mi rostro.

Jamás volvió a respirar.