Los personajes de esta historia no me pertenecen, son obra de las magníficas chicas de Clamp, quien me diera mi tener una imaginación tan grande como la de ellas.
Capítulo 1: En las alas del destino*{ella}
"…que tengo que hacer cuando las luces me golpean
y me despierto para encontrar que no estás aquí…"
Japón, Tomoeda
El cielo estaba radiante, de un azul intenso y perfecto, como una acuarela de una tarde de otoño. Una suave brisa mecía las flores de los cerezos. Impregnado en el aire, un olor a flores, tierra y césped segado. Sakura exhaló un suspiro de placer, se acomodó en el banco del paseo y, simplemente, contempló el paisaje.
Le costaba creer que, finalmente, Yukito se diera cuenta de que ella sentía algo por él, y aun más, que la citara, justo en el lugar donde ella esperaba, ansiosa, en estos momentos.
No paraba de pensar que se había pasado, en todo; en el caro maquillaje que nunca usaba, la ropa de marca a base de unos jeans excesivamente apretados, camiseta rosa ajustada y bailarinas rosas, el corto cabello recogido en un refinado moño – por el que, para que quedara de ese modo, había estado hora y algo perfeccionándolo – y un bolso de su madre, que esta ya no utilizaba.
Comenzaba a recapacitar, habría sido mejor haberle dejado a Tomoyo que la vistiera, mas después de súplicas y más súplicas, Tomoyo se había rendido. Había tenido la astucia de decirle que era su primera cita – si, realmente contradictorio, 17 años y la primera cita – y que quería hacerlo sola, pero ahora de verdad creía que debería haberla dejado prepararla. Tomoyo tenía más experiencia en estas cosas, por lo de la carrera de estilista en un futuro, y que además ya había tenido miles de citas ¿con quién? ni la misma Sakura lo sabía.
Tan sumida estaba en sus pensamientos que no notó la presencia del hermoso hombre que se aproximaba a ella y quien además, era su cita.
-Sakura – la saludó. Esta levantó la vista sorprendida de que no hubiera notado la apariencia de Yukito. – Siento haberte hecho esperar – la miró de arriba abajo – te ves hermosa.
Acompañó la frase con su típica y cálida sonrisa, haciendo que ella se sintiera contagiada por su excesiva felicidad.
Ya sentado, Yukito, al igual que ella, exhaló un suspiro por la paz del ambiente.
-Nn…no, he sido yo la que ha llegado antes de tiempo - se excusó, sonrojada, mirando sus manos entrelazadas, descansando sobre sus muslos.
Pasados unos incómodos segundos se dio valor, alzó la vista a sus dorados ojos y preguntó.
-Y… bueno, ¿A dónde te apetece ir?
Le sonrió al mismo tiempo que se levantaba, tiró de la frágil mano, provocando que también ella se levantara y echó a andar sin previo aviso, lo que hizo que Sakura, todavía inmóvil, trastabillara con sus pies, cayendo al pedregoso paseo.
Cerró los ojos y puso su mano libre delante de ella, con intención de frenar la caída que nunca llegó. Abrió sus ojos, sorprendida ante el no dolor y alzó su vista hacia su acompañante, haciéndola percatarse por primera vez, de lo guapo que estaba; llevaba una camiseta gris y negra, con unos vaqueros negros y… los esmeraldinos ojos descendieron, unos tenis de deporte.
De nuevo posó su mirada en la de Yukito, quien le sujetaba una mano con firmeza y con la otra le agarraba su delicada cintura. Le mostró una amplia sonrisa y ella, aturdida por la belleza de él, se la devolvió.
-Aii Sakuriitaaa - suspiró mientras la ayudaba a alzarse – tienes que fijarte un poco más por donde pisas, no siempre estaré yo para amortiguar tu caída.
Echaron a andar. Ella fijó la mirada en el suelo, para no volver a tropezar.
No se lo dijo como un reproche, más bien, a ella le pareció que estaba preocupado por su salud. Y bueno ¿Cómo no estarlo? Además de que era el ser más torpe del planeta, se conocían desde hace muchos años, cuando él había entrado a su casa, rezagado, tras Touya, y este había anunciado que era su nuevo mejor amigo, Yukito.
Ella era, a fin de cuentas, como una hermana para él, se recordó con pesar, al mismo tiempo que golpeaba una traicionera piedra, tan sólo una estúpida e insignificante hermana.
Yukito se detuvo, y Sakura, que iba caminando tras de él, se chocó con su espalda. Incrédula por la súbita parada de su amigo, volteo pare ver sus hermosas facciones, que reflejaban visiblemente una inocente sorpresa.
Siguió la mirada de Yukito, y esta le dio a parar a un muchacho, bien parecido a su acompañante, con la excepción de que el muchacho tenía el pelo unas dos veces más largo y claro que Yukito y unos preciosos ojos azules claros.
Murmurando un leve "perdona", Yukito echó a correr hacia el joven, que ahora que lo recordaba, era el hermano gemelo de Yukito, Yue. Por lo que le había contado Touya, Yue se fue de Tomoeda hace un par de años por no sé que de un trabajo en Hong Kong, y sólo visitaba Tomoeda cuando le daban unas de sus escasas vacaciones, además, eso de viajar de un lado a otro costaba mucho dinero. Ella le había dicho a Touya que si iba a trabajar tan lejos era para ganar dinero, por lo que eso no sería un problema, el había gruñido un "sabionda". Ahora esa charla se le antojaba lejana y confusa.
Como sabía el afecto que ellos dos se tenían, resignada, decidió esperar, retroceder, y sentarse en un banco de los del paseo.
Apenas había dado dos pasos marcha atrás, observando como Yuki y Yue se daban un abrazo de gitano, chocó contra alguien, haciéndola tambalearse y perder el equilibrio mientras se repetía mentalmente "tooorpeee".
Unos brazos la sujetaron algo más arriba de la cintura, a ella re recordó esa frase tan común que se dice en esos momentos, "Mi héroe". Rió internamente, con la frase en los labios, pero al ver a "su héroe" su quedó sin respiración.
Tuvo un flashback, en un primer momento le pareció ver a un joven de ojos ámbares y mechones castaños, con una radiante sonrisa. Pero fue solo un destello, una ilusión, un pestañeo, una milésima.
En su lugar, acertó a ver a un muchacho de que rondaba su edad, de cabellos rubios y ojos… vaya, que ojos, parecía que en su mirada encerrara un desierto, profundo y sin final evidente. Exploraba el verde de los suyos con diversión. A Sakura, esa simple mirada la consumió por completo. Le llamó la curiosidad de que, aunque estuvieran en finales del otoño, él todavía llevara una chaqueta visiblemente fina.
"Oh, no, por favor que no sea de esos que no se quitarían su cara chaqueta de Victorio & Luchino ni en su funeral", pensó Sakura.
Embriagada por la belleza y el escrutinio de la mirada del joven, no acertó a moverse.
-Sakura Kinomoto. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez, tres meses si no me equivoco, aunque si ahora me preguntaran, habría dicho que hace tan solo un par de semanas que no te veo.
Empezó a sentir aquella sensación, ya sabéis a que sensación me refiero: te encuentras a alguien que te conoce y empiezas a repasar a toda velocidad las montañas de archivos que no has ordenado alfabéticamente desde el principio de los tiempos, intentando ponerle nombre a una cara, o cara a un nombre, mientras piensas: "Maldita sea, ¿de qué te conozco?"
Una sonrisa sagaz se deslizo entre sus labios al finalmente reconocer al adolescente.
-Parece que tu novio te ha dado plantón - dijo en tono burlón, apartando de una vez su mirada en la joven para posarla en su supuesto "novio".
Con esas últimas palabras, Sakura recobró el sentido, se llenó de una mezcla entre rabia y tristeza, anhelando lo que jamás podría tener, porque Yukito jamás - por mucho que lo deseara – sería algo más que un buen amigo, se enderezó, apartó los brazos masculinos de su cintura, bajó la vista para chequearse la camiseta, arrugada. Tiró de ella hacia abajo para disimular un poco los pliegues que ahora contenía y ajustó el bolso a su hombro. Después, alzó lentamente la vista al joven, que estaba mostrándole un ceño fruncido en señal de desaprobación.
-¿¡Qué! -preguntó, aterrada porque se le hubiera visto el fino sujetador. Tras otro chequeo a sí misma, dio por sentado de que no era así. Lo intentó de nuevo. - ¿Qué es lo que tengo, Kero?
-Es que no se si debería… Podrías enfadarte… y eso traería consecuencias para toda la humanidad – dijo él, muy serio.
-¡Cerberos! – roja de rabia, le propinó un puñetazo seco en la cabeza.
Muerto de risa, Kero echó a correr paseo abajo.
-¡Gruñona! – le sacó la lengua – ¡Va que no me coges!
-¿Qué no? – replicó con ironía - ¡Verás cuando te pille, desearás haberte comido tus palabras en el momento idóneo!
Riendo a más no poder, persiguió a Kero, hasta que este cayó exhausto en el césped que ladeaba el paseo. Ella se tiró a su lado, sin ser consciente, al principio, de lo que estaba haciendo.
-En serio Kero, ¿qué es lo que tengo?
-Una sobredosis… de… de maquillaje…
Una risotada emergió de lo más profundo de sus gargantas. Feliz de que no fuera nada más que eso, Sakura se dejó llevar por los instintos de la naturaleza que les rodeaba y dio una vuelta en el fresco césped.
Pasados unos escasos segundos de reflexión entendió lo que había pasado.
-¡Yukito! ¡Le he abandonado! – se sentó y miró su reloj con horror, percatándose de que la manga de su camiseta y su ropa en general habían adquirido un tono verdoso – genial…- ironizó entre dientes.
-Pero si él… te abandonó… primero… - replicó Kero, sin aliento, se fijo en las ropas de ambos y rió al tiempo que fruncía el ceño, segundos después dio un largo suspiro de empacho.
-Tu madre te matará por manchar de esta manera tu ropa.
Se volteó para verle observando el cielo. Seguía siendo el mismo Kero, su ex–vecino y mejor amigo, que se había cambiado de instituto debido a la proximidad de éste a nueva casa.
Había echado tantísimo de menos a Kero y esas tardes que habían pasado juntos, comiendo chocolate con fresas, bebiendo té o simplemente jugando a "tarot", en honor a los viejos tiempos.
Lo realmente confuso y desconcertante era que ni siquiera ellos sabían cómo o qué eran los viejos tiempos, el recuerdo estaba ahí, pero tapado por unas enormes nubes negras, que solo en ocasiones, les dejaban vislumbrar tenuemente lo que había pasado. Como el sol que tímidamente se abre paso entre las nubes para rápidamente volverse a ocultar.
Así que la pregunta era, si recordaban a ciencia cierta que había algo, ¿Qué era ese algo?
Recordando lo que había dicho Kero, corrigió.
-Eres un exagerado, ha pasado poco más de un mes, y es simplemente debido a que ha coincidido con los exámenes.
Él la miró como si le hubiera dicho algo sin importancia y el fingiera que la escuchara, como cuando su profesor de matemáticas explicaba una lección y preguntaba si la había entendido, ella contestaba que si con la misma cara que le estaba dando ahora Kero.
-¿Puedo…? – miró sus labios y ella captó la indirecta.
-¿Desde cuándo es que lo pides? – aceptó, bromeando.
Se acercó a ella y le propinó un corto beso en los labios. Una simple unión de sus labios, nada más.
-¡Dios! Qué bien sienta besar a una chica – la miró algo sonrojado - lo había olvidado.
-Exagerado - con renovada confianza se decidió a hacer la pregunta del millón – Entonces, eso quiere decir que… - le miró con una sonrisa maliciosa y alegre - …¡sigues detrás de Spinnel!
-Si… - él le sonrió
-Ei, ¡ya sabes que si necesitas un beso femenino siempre puedes acudir a mí! – le dio un empujón amistoso – en serio, mejor que acudas a mí, Spinnel haría lo mismo – soltó una risilla malvada.
-Es que él y yo te tenemos mucho cariño, a ti y a Eriol, ¡fuisteis quienes nos presentasteis! Pero besar a Eriol sería como besar a Spinnel, y primero quiero conseguirlo antes que nada. No, más bien sería realmente asqueroso – ensanchó su sonrisa – pero para eso estás tú ¿no? – se le escapó una estruendosa carcajada. – Hablando de Eriol… ¿Cómo le va? – Kero se incorporó, quedándose sentado.
-Pues supongo que bien – encogiendo sus delicados hombros, la duda, entró en su mente – hace un par de semanas estaba con Naoko, sigue sin darse cuenta de lo que pasa a su alrededor.
-Entiendo… Eso quiere decir que Tomoyo todavía no le ha contado lo que siente por él… - bajó la vista a sus rodillas cruzadas al más puro estilo indio, meditando.
Sakura suspiró pesadamente, cruzando también sus piernas.
-Ni siquiera sé si Tomoyo sabe lo que realmente siente – incluyó, pasándose una mano por el flequillo que ya empezaba a molestarle.
Un ritmo de Jazz se filtró en el aire, sobresaltándolos. Sakura miró extrañada a su alrededor, intentando descifrar de donde salía el envolvente sonido.
-Sakura, te suena el móvil.
"Que despiste más bruto", pensó ella, al mismo tiempo que introducía la mano en su bolsillo derecho, llaves, lo intentó en el izquierdo, nada, probó en el bolso, no, ahí definitivamente no estaba. Asustada se incorporó del todo.
-Kero, ¡que he perdido mi teléfono!
-¿Estás tonta? Te está sonando, ¡como lo ibas a perder! – despotricó, alzándose el también, para revolver el bolso de Sakura, sin resultado observó el suelo por si se le pudiera haber caído - ¡Ostras! ¡Que es el mío! – Hizo una pausa, para ofrecer una mueca que decía: "¿desde cuándo tengo yo un teléfono?" – Kero al habla… ¡Spinnel! - le guiñó un ojo a Sakura – Justo te iba a llamar ahora para decirte que acabo de pasarme el quinto nivel de… Pues con Sakura… en el paseo que lleva desde su casa hasta mi antiguo instituto… Pues, al lado de la mía de antes…¡Qué no! Vienes tú, no me pienso mover de aqui… - risita furiosa - entonces vale… Si te pierdes pues te buscas un guía… Que si, venga ala, adiós, Spinnel.
Con una gran sonrisa burlona, Kero cortó la comunicación y guardó el móvil en su bolsillo. Un segundo después, bajó la vista hacia Sakura. Kero abrió la boca para hablar, pero ella le cortó.
-Así que… Ya te llevas tan bien con Spinnel que hasta os haces llamaditas ¿Eeh? – alzó las cejas sugestivamente, provocando que Kero ladeara su cabeza por la vergüenza. Un segundo más tarde volvió su rostro al frente, ignorándola.
-Spinnel viene hacia aquí, y quiere verte, prepárate, Cardmaster. – llamándola así en honor a los confusos viejos tiempos y su mote en el tarot. Ni siquiera sabía por qué la llamaba así. Al nombrarla de esa manera, unos ojos ámbares ocuparon sus pensamientos, pero fue solo un segundo, pues Kero cerró un ojo a modo de guiño - Sé que a él le cae mejor Eriol que tu, de la misma forma que a mí me caes mejor tu que Eriol. – risilla tonta.
-¿Que acabas de decir? GuardiánCerberos – de nuevo los nublados viejos tiempos y mote de Kero en el tarot. Tampoco ella sabía el por qué de ese mote. Simplemente sabía que tenía que llamarle así, "como un instinto, o una cabezonería", razonó ella.
-Ni yo mismo lo sé, querida mía.
Y de esa forma echaron a reír irrefrenablemente. Revolcándose en el suelo como dos locos.
-Vaya, creo que debería llamar a Yukito, no me apetece moverme - dijo Sakura, escupiendo una risita - me duele la barriga de tanto reírme – de nuevo, risita. Dicho eso, Sakura introdujo la mano en su bolsillo, recordándose que su móvil había desaparecido. – ¡Maldición! Tengo que volver en mis pasos y buscar mí…
-Esto… – una voz desconocida irrumpió en el espacio de los adolescentes – …es tuyo ¿cierto? He visto como se caía de tu bolso y me pareció que una jovencita tan encantadora no debería ser privada del contacto con el mundo digital – un muchacho de la edad de ambos con el pelo gris oscuro, meciéndose suavemente al viento, y ojos cerrados por la amplia sonrisa, sostenía en su mano el móvil perdido de Sakura. - ¿Sabíais que el teléfono lo inventó el bielorruso Abraham Lincom ? cansado de tener que cobrar el los teléfonos de calle, decidió arrancar uno, modificando su sistema, consiguió hacer lo que hoy en día llamamos teléf…
Una jovencita con dos coletas, decidió acabar con la sarta de mentiras que la boca de Yamazaki estaba soltando, propinando un golpe seco en la cabeza del muchacho.
-Perdonadle chicos, ya sabéis como es. Y tú, ¡deja de decir mentiras! – inesperadamente, Yamazaki sostuvo la nuca de Chiharu, su novia oficial, y la besó. – No te preocupes, no estoy enfadada, tonto – murmurado esto, es ahora Chiharu la que besa a Yamazaki.
Ah, ¿que era mentira? – preguntó Sakura de fondo.
-Oh, por favor ¿no me digáis que se están besando de nuevo? – una chiquilla de ojos negros tras unas gafitas y pelo liso bajo una diadema interrumpe la hermosa escena – sabéis que, si seguís morreándoos todo el día, se os van a hinchar los labios y luego pareceréis…- Naoko, una muchacha intelectual, empezó a rascarse la cabeza, en la procura de un sustantivo ideal - ¿…monos?
-Naokitaa, debes saber que provenimos de los monos – como surgida de la nada, una joven de su misma edad, de cabello negro y lacio y con ojos rojizos, similares a un demonio, apareció tras Naoko, quitándole las gafas.
-¡Meiling! Devuélveme mis anteojos, ¡ahora! No veo nada sin ellos…
Dicho esto, Naoko comenzó a palpar ciegamente a su alrededor, en la procura de sus gafas. Al mismo tiempo, Sakura arrancó de las manos de Yamazaki su móvil.
Poco a poco, se sentaron en corro al lado de Sakura y Kero, exceptuando Naoko, que seguía buscando sus preciadas gafas que se encontraban en la cabeza de Meiling
-Valla, ¡HOLA KERO! Cuanto tiempo sin vernos, chico – saludó Yamazaki, propinándole una "palmadita" amistosa a Kero en la espalda.
-Aggh, no seas bruto, Yama.
Kero se frotó el lomo en un claro signo de dolor, segundos después, agarró a Yamazaki de la cabeza y empezó a frotar su puño contra esta, provocándoles a ambos una caída hacia atrás. Momento en el que las chicas aprovecharon para cotillear.
-¿Donde están Rika, Eriol y Tom? Es extraño que vayan sin ellos – Aprovechando un despiste de Meiling, Sakura cogió de su cabeza las gafas de Naoko, alzándose para entregárselas. Esta se las puso y ambas se sentaron de nuevo.
-Rika por fin ha conseguido una cita con nuestro profesor Terada. Tomoyo fue de compras y no nos deja acompañarla, dice que es sorpresa, Eriol… - a la mención de ese nombre Naoko bajó la cabeza – Eriol estará enrollándose con una pava que se encontró en el camino, no coge el teléfono. – Clara y precisa, Chiharu resumió el estado de sus amigos. - Naoko, supéralo, ya todas te avisamos de que Eriol es un mujeriego pero, ¿nos hiciste caso? Pues claro que no, ahora te toca sufrir por no prestar atención a nosotras, tus amigas, que solo queremos lo mejor para ti.
-Vaya, Chiharu, te has pasado, nuestra amiga ahora está sollozando.
Naoko comenzó a llorar, cada vez más fuerte y caprichosamente. Todos se sorprendieron, nunca la habían visto llorar, incluso los muchachos, muy distraídos golpeándose en el suelo, reaccionaron ante los lamentos y detuvieron su estúpida e improvisada pelea, para ver el gran prodigio de la naturaleza.
-Oh, no – dijo Meiling muy lentamente – Naokita está llorando… Corred todos, ¡es el fin del mundo!
Accionados por un resorte invisible todos exceptuando Naoko se alzaron inmediatamente, algunos –Meiling- echaron a correr por la estúpida frase de Yamazaki. La pareja se miró muy fijamente, y, finalmente, estallaron de la risa. Kero y Sakura se miraron sin comprender.
Naoko muy lentamente levantó su cabeza. Tenía los ojos rojizos y las gafas empañadas.
Miró a su alrededor, buscando a alguien que no estaba.
-Naoko… no sé como… has conseguido… llorar de esa forma… pero gracias a ti… esa por fin… se ha ido – muerta de la risa y de nuevo en el suelo, Chiharu dijo lo que todos pensaban.
-¡Es una pesada de campeonato! Habíamos quedado Chiharu y yo, nos la encontramos por la calle y se acopló, ¡Si hay alguien ahí arriba, por favor, dadnos más intimidad a mi novia y a mí! Y gracias…
Ante estas últimas palabras, las mejillas de Chiharu se volvieron algo rosadas.
-¿A, si? Entonces, era todo una mentira, planeada con antelación, por lo que veo, en la que… ¿Naoko lloró? – dijo Sakura, sentándose de nuevo al lado de su mejor amigo, al tiempo en que Naoko buscó algo en su bolsillo y finalmente lo encontró. Era un frasquito de lágrimas. A Sakura y Kero se les escurrió una gotita de sudor. – Ah, fue eso… Y otra cosa, si es que quedarais vosotros dos – dirigió su mirada esmeralda a la amorosa pareja, que había aprovechado el momento de despiste para rozar sus narices cariñosamente – si ellos quedaron y Meiling se acopló… Naokito, ¿tú de dónde sales?
-Ah, muy fácil, había ido a la compra para mi madre y me los encontré, entonces me suplicaron que les acompañara para distraer un poco a Meiling, que como ya sabrás, es una misión imposible, a cambio de que ellos, más tarde me harían los recados de mi mamá. Lo que me recuerda… - Naoko, relató con un dedo en alto su hazaña, una vez terminada, miró a los enamorados, ignorantes de su entorno, susurrando un leve "Sabesquetequiero¿verdad?" – Oigan ustedes dos, ¿no tienen que hacerme un recado? Ya se está haciendo tarde y quiero estudiar, mañana hay examen.
-¿¡Que examen! – Sakura, Chiharu y Yamazaki se enderezaron al mismo tiempo.
-Ese en el que ustedes probablemente no prestaron atención a la explicación porque estuvieron haciéndose arrumacos, y tú, estabas muy ocupada hablando con Tomoyo, por lo que seguramente ella tampoco sepa nada…
-¡Naoko! ¿Por qué diablos no nos dijiste eso el viernes? Es domingo casi noche, y si el examen es mañana ¡no me sé nada! – Se desesperó Sakura.
-¿Cómo puedes saber eso si siquiera nos dijo la asignatura que era? – rió Chiharu.
-Matemáticas. – asintió Naoko.
-¡Ves! Si es que siempre que sale esa palabra tengo problemas, nunca antes no había estudiado de un examen para el dí…
-Sakura.
-Si, Kero.
-Se han ido todos.
A ella se la cayó otra gotita de sudor y miró a su alrededor, fue ese el momento exacto en el que se percató de que el cielo tenía un tono anaranjado, indicando que pronto anochecería. Se levantó y sacudió las ropas llenas de hierba, y dio un paso, con intención de irse a su casa.
-Si quieres te acompaño, ya pronto será de noche y dicen que anda un violador suelto por ahí. – Dijo Kero, mirando hacia otro lado visiblemente incómodo.
-No me creo nada.
-Bueno, cuando seas raptada y sometida a torturas sexuales no digas que no te lo advertí. – Kero la miró fijo e hizo un amago de irse. Sakura lo retuvo con ojos suplicantes.
-¿Y Spinnel? ¡Oh! – al recordar a Spinnel recordó a Yukito y sacó su teléfono del bolsillo. Escribió rápidamente.
"Lo siento, viejs amgos d clas, tard prdida, ¿pr la mañana n l paseo?".
-Cierto, parece no llegar, le llamaré – al extraer el teléfono Kero se fijó en las 12 llamadas de Spinnel y el sms que le decía
"N puedo ir, mañna t xplico".
Kero le respondió un rápido "Ok" y miró a Sakura.
-No vas a tener el honor de presenciar a Spinnel – murmuró entre dientes. – Así que te acompaño a tu casa.
Sakura miró el suelo, percatándose de que Meiling se había olvidado su caro bolso echo exclusivamente para ella de parte de un familiar. Se agachó a recogerlo y lo colgó en su brazo, dispuesta a devolvérselo al día siguiente, en las clases.
Echaron a andar.
Mientras iban por el camino de regreso a la casa de Sakura, ella no paró de pensar en la tarde perdida con Yukito, en que ese podría haber sido su primer beso, en lo bien que lo habrían pasado ellos dos juntos tomando un helado, yendo al parque pingüino o incluso dando un simple paseo y hablando de sus cosas, como una pareja ordinaria.
Un zumbido en su pantalón la despertó del estado de semi-inconsciencia.
Extrajo del bolsillo el busca que su hermano le regaló, pensando ¿en qué momento me ha metido Touya esto en mi chaqueta? Sin ganas de pelea lo tiró al suelo y apenas lo rompió, le dio un fuerte pisotón, enojada.
Sacó esta vez el teléfono de su bolsillo y vio que tenía un mensaje, "plasta de hermano" pensó. Pero no era su hermano, era Yukito que le respondía un simple "Vale".
"Podría haber puesto una disculpa, como mínimo, por dejarme tirada". -Pensó ella, agotada. – "Bueno, ya que estamos, yo también debería hacerlo".
Sin previo aviso Kero se detuvo. Sakura lo miró confusa a lo que él dijo:
-Ya estamos en tu casa. – ella asintió débilmente, buscando en su bolso sus malditas llaves. – Oye, Sakurita, quería pedirte algo.
-Oh, claro que si – se acercó a él con intención de besarle. Este la detuvo con un leve empujón en el hombro, sonrojada por la vergüenza, le preguntó - ¿Qué… es?
-Me gustaría poder venir mañana en la salida de la escuela a recogerte, para que jugáramos a tarot, claro, si no tienes exámenes.
-Pues creo que no, pero mejor asegurarse. De acuerdo, ¡entonces nos vemos mañana en las puertas de la escuela Tomoeda! – al fin encontró la llave y la introducció en la cerradura, dándole una vuelta y abriendo la puerta. Se volteó, besó la mejilla del chico, levantó la mano y gritó con una amplia sonrisa - ¡Hasta mañana, Kero!
Devolvió rápidamente la vista al frente y cerró la puerta. Fuera, Kero comenzó su caminata de vuelta a casa, pensando "Esta mi Sakura no tiene precio" con una gran sonrisa adornando sus labios.
Ese, fue el inicio de los acontecimientos extraños que estaban ya llamando a la puerta de Sakura, ansiosos por entrar a invadir lo cotidiano.
Konichiwaa! Aqui Psichomix!
Bueno, aqui les traigo el primer capi de esta mi historia, porfaa díganme como está quedando, si les gusta o no, se aceptan críticas de todo tipo! Mil perdones por las faltas de ortografía, buf, si, en la nota anterior la pifié precisamente en la única palabra que devería ser decente u.u''
Sobre el cap digo simplemente que esto nada más es la presentacióon, absolutamente necesaria! Ya en el próximo capítulo se darán señales de vida de Shaoran */*
Gracias por los reviews! No esperaba niguno en mi primera publicación, mil gracias, de verdad, me emocioné máas! jajaja
Pues eso gracias a: darck-sakura21, kimbe-chan, Sasha Kinoli y Stellar BS por sus encantadores comentarios! Les espero en este capítulo ;)
Estoy segura de que se me olvida alguna cosa, pero mi nanocerebro no da para más. Hasta el siguiente capii.
Con cariño, LadyPsichomix.
